(27) Etapa vigesimoséptima: SARRIA – PORTOMARÍN (Camino Francés a Santiago)

EN PREPARACIÓN

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EXPERIENCIAS PEREGRINAS

1.

Capilla de las Nieves

Pintada el 26 de Marzo de 2004

Tamaño: 18 x 22 cm

Hasta Portomarín llegué acompañado de un peregrino madrileño, Dani. Disfrutamos del paisaje comentando en voz alta cada cosa que nos llamaba la atención. Unas veces el propio paisaje o el revoloteo de los mirlos o el de los pequeños petirrojos que merodeaban tranquilos ante nosotros hasta entrar en Portomarín, pueblo anegado por las aguas del embalse de Belesar y construido de nuevo sobre su nivel superior. Después de instalarnos en el albergue salí a pintar esta escalinata que conduce a la capilla de la Virgen de las Nieves y nos deja junto a la calle que conduce a la reconstruida, piedra a piedra, iglesia románica de San Nicolás que salvaron de morir en el fondo del pantano.

- Camino en pintura de ANTONIO HURTADO -

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2.

Sarria-Ferreiros-Portomarin

A eso de las siete ya estaba preparado para ponerme en camino, pero el bar del Hostal se encontraba completamente lleno y yo tenía que entrar para liquidar mi cuenta. En vista de que la gente no se movía, decidí pasar como fuera. Abriéndome camino con los codos, pude acercarme a la barra. Allí no había quien pudiera entenderse. A mi lado estaba otro peregrino, que pretendía desayunar. Al verme dijo: estos gallegos son paranoicos. Yo asentí con la cabeza. Levanté mi brazo, mostrando el dinero, y el dependiente lo cogió y dijo: en paz. Salí para respirar el aire fresco de la mañana.

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CRUCEIRO

*enlace: Lycos Macardel

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Por la Rúa Mayor subí hasta el alto de La Magdalena; me paré, y quitándome el sombrero, ante el Crucero, pedí perdón a Dios, diciendo: no les tengas en cuenta su pecado. Te ofrezco el sacrificio de esta noche y los esfuerzos y trabajos de esta jornada en reparación de todos nuestros pecados. Madre Santísima, conoces lo mucho que te amo y lo mucho que he padecido con los insultos a tu Virginidad. Madre querida, alcanza de tu Divino Hijo el perdón para este mundo desorientado y enfermo y para mí las palabras de amor y reparación, que consuelen vuestro Corazón de Madre y el lacerado Corazón de mi Señor Jesucristo. Amén.

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CAMINO DEL CEMENTERIO DE SARRIA

- CAMINO DEL CEMENTERIO DE SARRIA -

(óleo a la venta 450€)

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Mientras rezaba, pasó el peregrino del comentario en el bar, me deseó Buen Camino y bajó por la cuesta, junto a las paredes del Cementerio, que era el punto de arranque de la etapa de hoy. Hice lo mismo y, como a unos 200 m, me desvié a la derecha por una carreterilla que enseguida abandoné para tomar una pista que cruza el río Celeiro. Ahora iba en paralelo con la vía del tren, que quedaba a mi derecha. Al fondo veía caminar con cierta dificultad al peregrino que me pasó. En menos de un kilómetro la pista pasaba por debajo del ferrocarril. Cerca está el mojón 109,5 para Santiago. Por un puente artesanal de troncos crucé un arroyo y me adentré en el bosque. Un centenario roble en medio del camino indicaba la proximidad de una fuente. Al poco di alcance al que me precedía. Nos saludamos y al observar que andaba con dificultad, me interesé por su salud. Entre tacos y alguna que otra blasfemia, me explicó que tenía los pies muy mal. Además de ampollas había cogido la enfermedad del pie de atleta y no creía que pudiera continuar mucho más allá del próximo Refugio.

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Yo le dije que llevaba botiquín y podía hacerle alguna cura, pero él pensaba que era mejor llegar a algún sitio donde hubiera sanitario y, quizás, quedarse allí hasta su completa curación. Añadió que tal como iba era mejor que yo siguiera mi ritmo. Le dije que no me importaba ir al suyo y anduvimos un rato juntos, mientras le comentaba la paranoia-gallega de Sarriá. Aproveché para decirle lo absurdo de la blasfemia y la degeneración y empobrecimiento del lenguaje que suponía el abuso de los tacos.

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De camino a Vilei

*enlace: De camino a Vilei (maravillosas imágenes)

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Como la pista encaraba una subida, él me pidió que continuara sólo, ya que en las subidas y, sobre todo en las bajadas, sufría mucho y tenía que ir más despacio. Nos separamos y le animé diciendo que se le veía fuerte no sólo por su constitución física sino también por su gran temperamento. Que pensara en que iba a llegar a Santiago y que poco importaba el cuándo. Al salir del bosque seguí por la pista a la derecha; pasado el mojón 108,5 salí a la carretera en las inmediaciones de Vilei.

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ermita en Barbadelo

*enlace: Sarria Cultural

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Antes de entrar en Barbadelo, me paré en el cementerio, que queda a la izquierda, para contemplar su ermita románica del s.XII. Una pequeña maravilla y en muy buen estado. Recé por los difuntos allí enterrados y por mis familiares y amigos.

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albergue de Barbadelo

*imagen: John

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El Camino cruza este pueblo; en las antiguas escuelas se ha construido un Refugio. Pensé en el peregrino de pies lacerados y me acerqué para preguntar si disponían de atención médica, pero no vi a nadie.

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Casa rural en Rente

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Pasado el mojón 107, la traza histórica vuelve a meterse por medio de las cuatro casas de Rente. A menos de un kilómetro me encontré de cara con el Mercado de Sarria; no me detuve por no tener necesidad de comprar nada. Si hubiera necesitado algo, aquí, en esta población, hay una tienda que lo mismo despacha bebidas que tabaco, ropa, tornillos, etc. La ruta continúa de frente
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Cerca de Leiman

*enlace: Cerca de Leiman dice John

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Siguiendo mi marcha, a ambos lados fui dejando casas; no se sabe a punto cierto si son agrupaciones con carácter de pueblos o continuidad de una población mayor, pero ¿cuál?, ¿la anterior o la siguiente? Este tipo de dispersión es muy característico de las tierras gallegas. Tras este laberinto, y ante unas hermosas praderas, crucé la carretera que une Sarria con Portomarín. La siguiente agrupación de casas ya corresponde a Peruscallo.

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Como a medio kilómetro localicé el mojón 102 y, pasado Cortiñas, me ocurrió lo que, a continuación narro. Antes de llegar a Cortiñas hay unas casas de reciente construcción. A la derecha queda Lavandeira y enseguida la aldea de Casal. Tras ellas se inicia una pista, que acorta el recorrido hasta Brea. En aquella zona, los ladridos de varios perros amenazaban a quienes se atrevieran a circular por ella. La pista bordea vallados y cercas de casas de labranza y huertos.

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Al fondo de una de ellas pude ver atados a unos perros mastines que ladraban furiosamente a mi paso por el camino entre cercas. De pronto, de soslayo advertí que uno de los mastines se había soltado y en veloz carrera se dirigía, saltando setos y cercas, hacia mí. Sentí cómo un escalofrío recorría mi espalda y, encomendándome a mi Ángel y al Apóstol, traté de mantenerme sereno, sin acelerar el paso y esperar con paz la llegada de mi atacante. Los ladridos eran atronadores y la carrera, que traía, frenética. En unos segundos le tuve a mi espalda y, en su frenada, me cubrió de polvo y tierra, mientras con su hocico golpeaba mis piernas y mano izquierda; en la derecha llevaba mi bordón del que seguí valiéndome sólo para apoyarme en él. Sus roncos gruñidos, el continuo golpear con su boca mi mano y muslo, la humedad de sus mandíbulas salpicando mis piernas, eran el presagio de un ataque inminente. Pero mi frialdad y desprecio ante su fiereza y, sin lugar a dudas, la ayuda de Santiago y de mi Ángel, apaciguaron al mastín, que se quedó parado en mitad del camino, totalmente desconcertado y, me atrevería a decir, con sensación de haber hecho el ridículo. Bien, ¡gracias sean dadas a Dios, que tan bien cuida de sus hijos!

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Un poco más adelante iba otro peregrino en el que se apreciaban su cansancio y dificultad para andar. Iba despacio y pisando con mucho cuidado. Me aproximé a él y me interesé por su problema. Efectivamente, tenía los pies lacerados y, como la pista, en ese trayecto, era muy irregular y el descenso se hacía entre piedras, debía bajar mirando bien dónde pisar. Le ofrecí mi bordón para que se apoyara y me dijo que no sabía cómo usarlo y le supondría un estorbo más. Insistí y aceptó. Yo le iba indicando cómo debía cogerlo, según los desniveles a salvar, y poco a poco se fue familiarizando, hasta reconocer que era de bastante utilidad. Le dije que se quedara con él y que yo buscaría otro. Se negó en redondo a aceptar mi oferta. Me lo devolvió y me aseguró que él buscaría, más adelante, uno acorde con su estatura. Dijo que iba a hacer una parada, para cambiarse de vendas y descansar un rato; que, por favor, yo siguiera mi camino. Así lo hice.

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enlace a camino

*enlace: Un Camino

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A través de una vaguada y terreno pantanoso, pisando por encima de las piedras para evitar el barro y agua estancada, pasé por delante de los mojones 101 y 100,5. Sobre una cerca del camino estaban sentados un matrimonio ingles, que también estaban haciendo el Camino. Ella era de Escocia. El paisaje que bordeaba la cerca era muy semejante al de su tierra. Se estaban cuidando mutuamente los pies. Les ofrecí mi botiquín, pero ellos iban bien preparados. Se extrañaron de que a mí no se me hubieran hecho ampollas en los pies. Les comenté que estaba acostumbrado a andar. Se interesaron por mi soledad, mis hijos, trabajo, etc. Es decir, que entablamos una sincera amistad. Ellos se quedaron todavía un poco más descansando y yo reanudé mi camino hacia Brea. En medio del laberinto de esta etapa, la ruta ahora se dirigía hacia un caserón, el de Morgade, donde está el mojón 99,5 y una fuente.
Me detuve a beber; ahora debía descender por una estrecha y difícil corredoira, que me llevaría hasta un arroyo, que salvé manteniendo el equilibrio entre las piedras naturales y otras, puestas como ayuda al viandante. Es esta una zona de prados en los que pasta el ganado plácidamente. En la corredoira también había que salvar la abundante suciedad que, tras de sí, deja el paso del ganado. Por supuesto que, una vez más, debía ascender. Todo lo que se baja, al otro lado hay que subirlo.

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La ruta por Galicia es como un tobogán dentro de un laberinto. De hecho aquí es más fácil perderse que por la zona de Castilla. Yo ya lo había probado una vez y, como se verá más adelante, tampoco sería la última.

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Cerca ya de Ferreiros, localidad de mayor presencia, con casas monumentales y evidentes vestigios de un afortunado pasado, vi a una señora con una rebeca en el brazo y que subía hacia la carretera. Su aspecto me hizo pensar que iba a Misa y así se lo pregunté. Me dijo que ahora a las 12 había Misa en la Parroquia.

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santa Mar�a

*enlace: humeao.org

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Esta se encuentra ubicada en el Cementerio de Ferreiros, como a unos 300 m Quedé sorprendido de su belleza. Se trata de una pequeña ermita románica del s.XII, dedicada a Santa María. Mientras nos acercábamos, le dije a la señora que íbamos a llegar tarde, pues eran las 12,15 h; me tranquilizó diciendo que no me preocupara, que el Cura siempre rezaba primero el Rosario, para dar tiempo a la gente que venía de lejos. Cuando llegamos el sacerdote estaba terminando el rezo del Rosario, pero ya revestido para oficiar la Misa. La ermita estaba llena, si bien no creo que cupieran más de veinte o treinta personas, vestidos de domingo. Fui rigurosamente analizado por las miradas de todos. He de reconocer que sentí un poco de vergüenza, aunque también era verdad que mi indumentaria era la apropiada para hacer un largo camino a pie. Esto fue al principio, porque inmediatamente me embargó la emoción al comprobar cómo el Señor salía todos los días a mi encuentro para darme su Cuerpo y Sangre en alimento espiritual para mi alma. La Misa, con este pensamiento, fue una inmensa acción de gracias de mi alma a mi buen Pastor, Padre y Amigo, Jesús nuestro Salvador. Al salir me esperaba la gente para despedirme; yo les correspondí saludándoles con el sombrero en la mano y dándoles las gracias. Ahora el peso de mi mochila parecía más ligero y mi andar más cómodo. Aún me quedaban unos nueve kilómetros para llegar a Portomarín.

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En menos de diez minutos llegué a Mirallos, sólo unas pocas casas en torno a la Iglesia. En poco más salí de Pena, localidad situada a 600 m de la anterior. Cogí una corredoira a la derecha en la que se encuentra el mojón 96,5 y, a partir de aquí, inicié el descenso hacia unas casas en la zona denominada Moimentos. Nada especial que ver, por lo que continué hasta Mercadoiro. Esta es una población formada por las casas de Cotarelo y las de Moutrás. Esta circunstancia le da el aspecto de mayor importancia que las anteriores, si bien carece de servicios de atención públicos. Alcanzado el mojón 94 seguí mi marcha hasta Parrocha.

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Los 4 cuñados

*enlace: 4 cuñados en el Camino

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Son poblaciones netamente rurales, que principalmente viven del ganado. Sus tierras son fértiles y en ellas abundan los maizales, castaños y frutales. El paraje es muy hermoso y digno de contemplarse.

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En dirección a Vilachá, el panorama se abre ante la progresiva inclinación hacia el valle del Miño, ya próximas las laderas de la otra margen, donde se encuentra Portomarín. En medio de Vilachá se encuentra el mojón 91,5. Puede resultar curioso estas referencias a los mojones del Camino, mas, para el que lo ha hecho a pie, le es fácilmente comprensible.

A estas alturas de la Ruta Jacobea, el peregrino siente que está muy cerca del final de su peregrinación. Cada paso que da, cada metro que avanza, cada minuto que cae, cada curva, cada recta, cada aldea que gana, siente que en su interior nacen nuevas esperanzas. Son muchas las horas, son miles los pasos, son cientos los kilómetros andados ¿cuánto le falta aún?; ¿cumplirá su promesa?; ¿podrá alcanzar el perdón y la Gracia, prometidos a los que responden a la llamada?

Desde el momento en que coronó con éxito el paso del Cebrero, comenzó su cuenta atrás ¿a qué distancia se encuentra ahora? Al iniciar este diario lo justifiqué con un título un tanto extraño: a unos 600.000 pasos. ¿De dónde?, ¿de qué?, ¿de quien?

Con este título trataba de comunicar que el peregrino tan sólo consulta el mapa y la guía para no desviarse o desviarse lo menos posible del Camino. Para él no cuenta ni el tiempo ni el espacio. Cada día es una oportunidad que Dios le da para acercarse a Él, la meta última de su Peregrinación. Dios le dará el tiempo necesario para cumplir el proyecto divino sobre su persona.

Este pensamiento, que se lleva en el peregrinar diario sobre el trayecto físico, viene advertido en repetidas ocasiones a través de monumentos, lápidas y pequeños altares, levantados a lo largo del Camino, en los que se leen epitafios como éste: Prosper Charles Remmy Hic peregrinationem suam peregrinans finivit.

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Enseguida apareció el mojón 91 y una serie de curvas; sentía muy próximo el final de esta etapa y la necesidad de poder descansar la alargaba de tal forma que llegué a pensar en que me había vuelto a equivocar. Pero no; ahí, al final de una fuerte pendiente apareció el embalse de Belasar.

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embalse de Belesar

*enlace: Mario Calvo

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Al otro lado, Portomarín ofrecía la más bella panorámica de Ciudad histórica, cuya visión invitaba a pasar rápidamente el viaducto, que une las dos orillas.

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Nada más cruzar el puente, a la izquierda, vi una gasolinera y a ella dirigí mis pasos para que me orientaran en cuanto a un hospedaje limpio y económico. El encargado del Servicio Estación se veía que no quería comprometerse, recomendando uno en lugar de otro, así que, como buen gallego, me lo puso para que yo eligiera el mejor entre dos, pero sin que pudiera decir que el otro era peor. Elegí el mejor, efectivamente, por trato y economía: Taberna-Fonda Perez.

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Portomar�n

*enlace: Macardiel Lycos

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Crucé y subí por la escalinata a San Joan y desde allí aún tuve que salvar un formidable desnivel hasta la plaza Aviación Española, al lado del Ayuntamiento. Entré en la Taberna y el propio José Pérez López me atendió y llamó a un zagal para que me condujera a la casa donde alquilaba las habitaciones. Dejadas mis cosas en la habitación, me preparé para ducharme. El cuarto de baño lo tenía enfrente y allí hice mi cambio de imagen. Como nuevo bajé para comer en la Taberna, pero, al ser domingo, había que esperar turno.

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Iglesia de SAn Juan

*enlace: Web Portomarín

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Pedí una botella grande de agua, bien fría, y me la fui despachando mientras me hacían sitio para la comida. La espera pudo ser del orden de una hora. Evité mirar el reloj. Me sentó muy bien y, despacito, me encaminé a mi habitación, esperando que aflojara un poco el calor. El sol a esas horas abrasaba. Dormí hasta las 18 h.
Como cada tarde, bajé a visitar el pueblo y a los peregrinos del Albergue. Por la calle de Santiago, la Rúa Nueva, Santa Isabel, entré en la gran Plaza, donde se encuentra la Iglesia de San Juan (hoy Parroquia de San Nicolas), Templo-Fortaleza de la Encomienda, románico del s.XII
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Algo más al fondo está la de San Pedro. Detrás de la Calle Mayor se han reconstruido también los Pazos del Conde de la Maza (s.XVI) y de los Pimenteles o de Berbetoros (s:XVII).

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ALBERGUE DE PORTOMARÍN

*enlace: imágenes del Camino

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Al lado de las escuelas está el Albergue, muy bien acondicionado y allí encontré a mi amigo peregrino, compañero desde Sarria. Se alegró muchísimo al verme. Nos sentamos para charlar un rato. Me comentó que había pensado mucho en lo que le dije durante nuestro corto recorrido por el Camino. Lo primero, sobre las blasfemias y los tacos; él también blasfemaba y hablaba mal, porque no creía en Dios. Era ateo y no daba importancia a las blasfemias, pero que se le quedó muy grabado lo de que las blasfemias solían decirse cuando algo salía mal, insultando a Dios como causante del mismo. Pero si Dios no existía, era absurdo inculpar a alguien que no es real, luego el blasfemo era un ser absurdo e irracional. Y lo de que las palabrotas empobrecen el vocabulario y por lo tanto las personas que abusan de ellas se hacen más incultas, también le había hecho pensar. Es más, me dijo, desde nuestra conversación, había empezado a corregirse.

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Mientras me hablaba, como era de esperar, se le escapaban algún que otro taco y alguna blasfemia. Yo le indiqué que había quienes, al hablar, cada cinco palabras pronunciadas, dos eran blasfemias y tres eran tacos, lo que no permitía mantener una conversación de interés social y ni mucho menos cultural. Se quedó muy pensativo, yo me reí y le dije que no tenía importancia, que lo verdaderamente importante era su actitud de querer cambiar.

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Le propuse que fuéramos a algún bar a tomar unas cervezas. Así lo hicimos y por el camino me aseguró que lo había pasado muy mal, con muchísimo dolor en los pies y que pensaba no continuar el Camino. Nos sentamos en un bordillo para ver cómo tenía las ampollas e infección. Las uñas de los dedos se la habían clavado en la base y esto era lo que más le molestaba. Le recomendé que con un frasco de Betadine, Yodo o Mercromina, separase un poco las uñas de las yemas de los dedos y los regase generosamente. Luego, que no se calzase y, al día siguiente, repitiera la operación. Me preguntó si era médico. Yo me reí y le dije que lo mío era la Publicidad y la Psicología. Continuamos andando hasta que vimos un bar con menos gente.

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Allí me insistió en que creía que debía dejar el Camino. Yo le apunté que lo mejor era no pensar en ello y, según tuviera mañana los pies, continuara o reposara un día más. Le dije que no hiciera locuras, como la de hoy, porque, entonces, sí podría tener consecuencias más graves. Quiso que le explicara por qué le había dicho en el Camino que él era también fuerte de temperamento. Le comenté que, si bien no hay caracteres puros, sin embargo él estaba incluido entre los de temperamento sanguíneo. Correspondía a la categoría de Pícnico. Yo, en cambio, era Leptosomático. Esto le encantó y estuvimos dialogando un gran rato.

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Le acompañé hasta el Albergue y, al despedirnos, me dijo que se encontraba bastante mejor, que iba a poner en práctica la cura y que me agradecía mucho la atención que le había dispensado. Pasé por la Taberna, sin ánimo de cenar; a lo sumo tomaría una ensalada. Sin embargo las atenciones que me dispensaron todos me hicieron cambiar de opinión. Una sopa muy rica, tortilla y ensalada; de postre un vaso de leche fría. Pregunté a qué hora abrían por la mañana y José me dijo que no me preocupara, que él madrugaba mucho. Si no estaba abierto, que le diera una voz. A la luz de la luna hice el camino de regreso a casa. ¡Gracias, mi Dios, porque aún significo algo para Ti!

- Diario de JUANJO ALONSO, Agosto/ 1997 -

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3.

Alfonso Biescas

10.04.99. Sabado. (XXIX)
Barbadelo-Hospital de Cruz (696.05km):

Salimos de buena mañana y en ayunas. Al menos hemos descansado. El día amanece con nieblas que van dejando paso a un sol que calienta. Al pasar por Brea vemos el mojón de los 100 kilómetros. Es increíble, ya no queda nada. Qué son tres días más después de casi treinta de Camino. Estamos tan próximos al final que ya nos entran los miedos a terminar. Es un sentrimiento confuso, doble, la ilusión por llegar, el vacío del final. Disfrutamos el momento. Entre bostas y barro nos hacemos las fotos. Juntos, por parejas, separados, uno a uno. Todo un rito. También me hago el retrato del día. Tengo curiosidad por ver las veintiocho fotos que me he hecho, que una me la hizo Fernando el primer día de Camino y otra Sandra en la Cruz do Ferro.

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En Ferreiros encontramos un bar abierto y nos tiramos a él. Es un buen momento, llevamos casi dos horas de marcha y no hemos tomado ni un mal café. El camarero es amable y silencioso, pero probablemente el más lento que existe en Europa. Me recuerda a los de las islas cuando éstas vivían aisladas y seguían sus propios ritmos, más lentos cuanto menor fuera. Finalmente nos sirve los cafés y unas madalenas sintéticas que devoramos. Arriesgamos y pedimos otra ración de todo, incluídos los cafés. Txemari dice que serán los de la merienda si esto sigue así.

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Aún es de día cuando terminamos de desayunar. Comentando que la velocidad en cobrar ha sido paralela a la de servir, nos anima a afirmar que será un record Guinness de lentitud. Ahora, eso sí, amable y educado lo era. Ya es de agradecer. Apretamos el paso para recuperar el buen rato que hemos pasado, que no perdido, en el bar. El día va a más y el calorcito aprieta. Quien nos lo iba a decir que nos iba a hacer este tiempazo. Estamos teniendo mucha suerte, que estamos a principios de abril y vamos por Galicia en camiseta desde casi primera hora de la mañana. Por una senda muy agradable, pero no de la belleza de la de ayer, vamos avanzando en agradable charla. Es curioso observar que cada vez vamos más tiempo juntos en animada camaradería y menos en meditación con nosotros mismos. Hemos cambiado mucho. Y también hemos intimado una barbaridad.

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ESCALERAS CAPILLA DE LAS NIEVES

*enlace: Camino de Joan Frabegat y su hiijo

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Aparece en una bajada el embalse que anegó el antiguo Portomarín. Vemos el nuevo asentamiento en lo alto de la colina. Cruzando el puente no puedo evitar parar, desabrocharme la bragueta y aliviarme desde él a las aguas. Que me perdonen los del lugar, pero es una travesura que me llena de alegría. También dice mucho del cambio que se ha operado en mí. Jamás lo hubiera hecho un mes antes. No es que me haya vuelto gamberro, que las formas y educación no creo haberlas perdido, Dios me libre, pero la alegría de vivir me permiten tomarme pequeñas libertades que no creo que ofendan a nadie y que me llenan de inocente gozo. En las escaleras de la Capilla de las Nieves espero con Lukas a Txemari que se ha retrasado. Subimos al poblado, visitamos la iglesia de San Nicolás, el pequeño refugio y nos vamos a comer un rico menú.

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Antes de que nos entre la ñoña nos echamos al Camino. Cruzamos el puentecito y nos enfrentamos a la cuesta. Sudamos la comida entre castaños, subiendo y subiendo, que no se acaba nunca, Finalmente acabamos llegando al alto.

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De allí a Gonzar es un paseo, un poco aburrido, pero paseo. Las ranas croan en las charcas. La primavera está aquí y la naturaleza explota de vida. Buscamos el refugio, nos tomamos un refresco en la máquina y pensamos que es demasiado pronto, podemos seguir hasta el próximo que debe estar en Hospital. No estamos muy seguros de si allí encontraremos en dónde poder cenar. Aunque no está muy lejos, se nos hace largo. El calor nos hace sufrir y llegamos cansados. Por el camino encontramos a otro peregrino. Parece buena persona y se nos une. En el refugio estamos solos los cuatro. Nos inscribimos y nos tumbamos un rato. Nos quedamos fritos. Descansamos una media hora y vamos pasando por la ducha, el primero caliente, los siguientes fría, el último helada. Es la ley de la fila, que el calentador es eléctrico. Salimos a buscar en dónde tomar una cervecita e informarnos dónde podemos cenar. Llega la hospitalera en ese momento y nos dice que no hay nada. Nada de nada. ¿Qué hacemos?

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Portomar�n

*enlace: Portomarín

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Pues ni cortos ni perezosos, llamamos a un taxi y le decimos que nos lleve a Portomarín a algún restaurante que sea bueno y barato y si es casero, mejor. Tras un mes moviendonos andando, el coche es una especie de máquina del tiempo maravillosa que en un instante nos traslada de un lugar a otro. El taxista no cabe en sí de gozo cuando admiramos su vehículo y le preguntamos por todo lo que en él vemos. Nos deja en una fonda que son amables y nos dan muy bien de cenar. El buen ambiente hace el resto. Al rato, vuelve el taxista y nos recoge para llevarnos de vuelta al refugio. Cómo cambia la vida, cómo cambia el Camino. Como niños con zapatos nuevos, después de haber vivido un lujo inenarrable, nos metemos en nuestros sacos plenamente felices.

- Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 1999 -

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Alfonso Biescas

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4.

08.04.00. Barbadelo-Ventas de Narón

Cuando sigilosamente salgo del refugio, mis amigas duermen en el más plácido de sus sueños. Me he duchado, vestido, recogido, luchado contra el saco e ido sin que se enterasen. También ellas van alcanzando el nirvana que el Camino produce. La verdad es que es temprano, casi no ha amanecido. Aunque siendo temprana primavera y estando tan al oeste, aquí lo hace tarde, muy tarde. Pero es igual, estoy de nuevo en marcha, muy próximo a mi objetivo. Al físico me refiero, a la llegada a la Catedral de Santiago. Porque el otro hace días que ya lo he alcanzado, que ya aburro hablando tanto de paz, sosiego, alegría y tranquilidad.

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Prado camino a Ferreiros

*enlace: En mi Azotea, su Camino

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Lo de desayunar en esta etapa es complicado. Hasta Ferreiros no hay nada y allí no estoy muy seguro de conseguir algo. Pero en el peor de los casos, en Portomarín me desquitaría. Hoy está más nublado que los días pasados. Acabará lloviendo, sobre todo según nos acerquemos a Santiago, que casi no lo reconocería sin lluvia. Este año he pasado por todos las variantes meteorológicas. Calor, frío, lluvia, aguanieve, nieve, viento a las que hay que añadir las causas y consecuencias, es decir, sol, nubes, nubarrones y barro. Si todo mezclado. Me faltan los rayos con sus consabidos truenos, pero quizá de aquí a que llegue a la Plaza del Obradoiro me caigan un par. De los lobos no quiero hablar. Los recuerdo. Sí, los recuerdo como si los tuviera aquí al lado ahorita mismo, que todavía me tiemblan las rodillas cuando recuerdo el momento. Pero parece que no me han seguido, que han preferido quedarse allá arriba, con la despensa llena de ovejas y variedad de peregrinos pasando por delante, por si les da el apretón. Para apretón, el de la pareja que pillé en mitad de la faena por los llanos de Castilla. No sé qué habrá sido de ellos. Prefiero suponerlos felices y haciéndolo más discretamente. Que digo yo que habrán aprendido la lección.

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Mojon con el kilómetro cien

*enlace: En mi Azotea, su Camino

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Todavía me muero de la risa. Creo que pasarán muchos años y todavía lo contaré como una de las anécdotas más divertidas, curiosas y exóticas de mi vida. Si, he olvidado la S voluntariamente. Llego al kilómetro 100. Paro y medito. Han pasado tantas cosas desde que salí de Ostabat, caminando a solas no puedes evitar recordarlas. Es como ir hacia atrás mientras vas hacia delante, es como equilibrar el recorrido.

Si, como decía Kierkegaard: La vida se comprende hacia atrás pero se vive hacia delante

Es una gran verdad.
Y continúo.
Estoy convencido de que el ayuno ayuda a meditar. No sé si lo dicen los místicos, pero yo lo afirmo. Llevo mucho rato pensando mientras las tripas me hacen ruido. Llevo un hambre enorme, atroz. Y ya lo sabía, hasta Portomarín nada de nada
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embalse de Belesar

*enlace: Fotografía histórica y documental

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Pero todo llega, que ver la villa y serenarse mi espíritu es todo una. Paso el puente, admiro el embalse y me subo hacia la plaza. Me meto en una cafetería y me pido un café con leche sin espuma, de desayuno, y las tostadas más grandes que tengan por la casa, que me he hecho casi veinte kilómetros en ayunas, con el azúcar en mínimos en ambos tanques de combustible. Vamos, que he llegado con los flaps desplegados al 30% y planeando, que ya no daba más de mí.

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Descanso un rato y cuando bajo hacia el puentecito de metal, miro desde la altura si veo a mis amigas. Nada, han desaparecido. Pero también lo han hecho todo el inmenso grupo de alemanes. No tengo ningún interés en encontrarlos, pero no puedo evitar preguntarme por dónde se habrán perdido.

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Paso Gonzar, Castromaior y en Hospital paro un momento a descansar. Es pronto y aquí no me voy a quedar. Pero tampoco tengo muy claro a dónde ir. Me encuentro fuerte y fresco y podría seguir bastantes kilómetros más, pero tampoco quiero pasarme. No tengo ninguna prisa en llegar a Compostela, disfrutando como lo estoy haciendo del Camino. Prefiero no apretar y hacer en tres días lo que quizá haría fácilmente en dos.

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Hay que aprender a dosificarse, como en los maratones o en los chupitos. Los excesos se pagan y yo prefiero cobrar, es más mi estilo aunque nunca lo consiga. Así que me levanto y suavecito, casi de paseo, pegando patadas a los guijarros que me encuentro, disfrutando de la paz de la tarde y de la soledad, me llego hasta Ventas de Narón.

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Me instalo, que nadie hay y me pongo a escribir y dibujar tras pegarme una ducha.

No puedo evitar pensar en aquellos que hacen el Camino en épocas de muchedumbres. Debe ser terrible la lucha por un camastro. Y yo aquí, solito y tranquilo. Hay lujos que no se pagan. Porque no tienen precio. Estos son los realmente valiosos.

- Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 2000 -

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~ por candelaarias en Abril 8, 2008.

13 comentarios to “(27) Etapa vigesimoséptima: SARRIA – PORTOMARÍN (Camino Francés a Santiago)”

  1. ESPACIO RESERVADO

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  3. FRAGMENTO DE PEREGRINATIO DE MATILDE ASENSI

    Cuando salgáis de Sarria lo haréis cruzando el Ponte Áspero. Poned los caballos al galope y no os detengáis hasta hollar la calzada en Vilachá, por cuyo centro mismo el Camino desciende recto hasta Locum Portomarini, el Portomarín que es plaza y bastión de los Hospitalarios de San Juan, cuyos estandartes y gonfalones ondean en todos los edificios de la ciudad. Manteneos alejados de la fortaleza de San Juan de Jerusalén, también conocida como fortaleza de San Nicolás, corazón de la Orden por estos pagos, pues si habéis tenido cerca algún sitio verdaderamente peligroso durante vuestra peregrinado, sin duda es éste. Todavía debe encontrarse por allí don Pero Nunes, prior de la casa, de ingrato recuerdo. Sin embargo, no creo que corras peligro alguno si deambulas discretamente por las plazuelas y calle­jas de la ciudad, saboreando en algún figón la célebre parva (pan mojado en aguardiente de la zona) y las grandes truchas y anguilas del río Miño, que divide la localidad en dos parroquias, la de San Pedro en la margen siniestra y la de San Juan en la diestra, unidas tan sólo por el llamado pons minius. Los freyres de Cristo que habitaban antes en esas tierras —ofreixos, como prefieren llamarse en lengua galaica— afirman que los vinos portomariñanes no son buenos, que se pican y vuelven ácidos en la boca, pero los hospitalarios de San Juan venden unos mejores que producen ellos mismos, aunque no deseo que te acerques a comprarles.

  4. LO POCO QUE HE VISTO… CREO QUE SERÁ INTERESANTE… PASARSE…. A VER SI CONTINÚA…

    Sarria-Portomarin

    Me desperté, casi llegando a Montforte de Lemos. Me acorde de inmediato de las largas horas que pase triste y derrotado por mi rodilla, en la estación, esperando el tren de vuelta a Barcelona, y sentí una mezcla de miedo y esperanza. Miedo por el pasado, esperanza porque era como si el tiempo no hubiera pasado y de repente se juntara en un solo instante, pasado con presente, solo que esta vez no volvía, sino que me dirigía a mi propio destino. Esa era mi esperanza, la cual, me lleno de una extraña alegría.

    Estacion de Sarria.

    Estoy de nuevo en el camino.

    Galicia se mostraba tal como es, lluviosa y con una espesa niebla, el mejor de los presagios pense, y no podía evitar hechar un vistazo a mi rodilla. Habrían hecho su efecto los láseres, estiramientos, terapias, etc. ?. O hablando en términos más metafísicos, me volvería a aceptar el camino y hacerme de nuevo suyo?.

    Llegue a Sarria. Al bajar del tren me di cuenta que no era el único peregrino que se bajaba del mismo. Conocí a tres chicas, bueno, no tan chicas que pretendían comenzar allí también. Fuimos juntos a buscar una cafetería. Mientras andábamos, una sensación extraña recorrió mi cuerpo. Sin darme cuenta estaba en una calle que era parte del camino, mi cuerpo lo noto y me sentí enormemente feliz y emocionado. Recordé entonces, cuando semanas antes sentí la sensación de salir del camino, cuando en Sarria cogí el autobús para Montforte para poder regresar a Barcelona. Ahora sentía un sentimiento 180 grados diferentes al de entonces. Que felicidad.

    Salí del bar, respire hondo y empece a caminar, paso a paso, sobre el camino, en mi camino. Iba totalmente pendiente de mi rodilla, de cualquier sensación, de cualquier síntoma, esto era ya una obsesión. No era para menos.

    Pregunte a la guardia urbana si iba en el buen camino, y después de encontrar una enorme flecha amarilla, me puse a velocidad de crucero. Enfile una subida y encontré un cruceiro precioso. Lo reconocí enseguida, ya que Jesús me lo había enseñado en una fotografía, solo que esta vez, en vez de pueblo, solo se veía niebla, porque el día era gris y lluvioso.

    Pase por el cementerio, con un curioso musgo sobre las paredes, tal como lo recordaba de las fotos de Jesús, pero el color azulado de la foto, se había convertido en gris.

    Enfile la primera bajada, una enorme bajada, y me acorde de mis sufrimientos pasados en semejantes pendientes. De una forma instintiva, baje poco a poco y de lado para evitar cualquier problema. Mi rodilla no daba muestra de nada.

    Abandone Sarria y entre en medio de la niebla, en un bosque increíble. La sensación era estremecedora y maravillosa, nunca antes había visto nada semejante, a eso mi rodilla me daba puntitos, y yo me iba moderando y preocupando a la vez.

    La niebla da un aire mistico al ambiente .

    Ande a traves de prados preciosos y en medio de lloviznas y nieblas, se me antojo que pocas cosas tan bonitas como aquello podía existir y di gracias a no se quien, por permitirme disfrutar de todo aquello. Llegue a un pequeño río, y empece una subida en medio de una caballería preciosa, cuya foto guardo como salvapantallas de mi ordenador, por su espectacularidad. La caballería estaba franqueada a ambos lados por robles imponentes y centenarios, cada uno de ellos tiene clavada una oxidada cruz de hierro.

    Pasaba y me pasaban peregrinos, aquello parecía las ramblas, gracias que todavía no habían empezado las vacaciones, sino hubiéramos necesitado un guardia urbano allí mismo.

    En un recodo del camino, conocí a Ana, una chica de 53 años, bajita, rubia ojos clarisimos como el aire. Ella vive en Malgrat. A pesar de hablar catalán, no podía disimular su acento profundamente andaluz.

    Me adopto, y juntos seguimos el camino. Ambos pusimos la directa, y recorrimos paisajes maravillosos, corredeiras de ensueño las cuales no soy capaz de describir. Me olvide de mi rodilla, y la verdad es que a partir de aquel momento, nunca mas me volvió a molestar. Mi pesadilla, al menos aquella pesadilla había acabado definitivamente.

    Seguimos andando, y al llegar a una aldea, encontramos a una amiga de Ana, su nombre Kika y es de Mallorca, Kika. Como más tarde comprendí, Kika fue todo un descubrimiento, un monumento a la generosidad. Una persona de las que no quedan.

    Con Ana a 100 Km de Santiago.

    Ana esta casada, tiene dos hijos y ella es un poema. Le gusta hacer de todo, ha subido al Montblanc, ha sido condecorada por Jordi Pujol, y por lo que adivino, se ha hecho ella solita a sí misma. Encima su marido es submarinista y compartimos varias experiencias subacuáticas.

    Kika, es mas joven, tiene 44 años, aunque su cabello plateado le da un aspecto de mayor, pero esa sensación solo dura hasta que empiezas a hablar con ella. Es concejala en Alcudia y es a la vez farmacéutica. Por lo que tengo entendido, es como una institución en su pueblo.

    Seguimos los tres juntos y pronto llegamos a una parte del camino, que de repente se convirtió en un río. Era el camino-rio, impensable el encontrar algo así, menos mal de las botas de Goretex.

    Alguien se lo puede creer?. El camino es de repente un rio.

    A pesar de la amenaza de lluvia, el tiempo se mantenía estable pero nubosos. Los pueblos que íbamos cruzando eran pequeños y rústicos, gente dedicada al campo, a años luz de nosotros, o de nuestra forma habitual de vida. Pueblos casi abandonados, habitados tan solo por viejos que morirían con el pueblo.

    Esto es maravilloso. Estas corredeiras son inolvidables .

    A pesar de ello vimos a un niño que jugaba con un perro en medio de una pradera. No sé quien se lo pasaba mejor, o el niño o el perro, pero en todo caso parecían compañeros inseparables. Adivine que de hecho era el único niño del lugar y posiblemente estaba de vacaciones.

    De repente me fije en una pequeña construcción y la reconocí de seguida gracias a las explicaciones de Jesus. Entre en el interior y vi una especie de capilla con una cruz, y sobre ella un montón de notas y objetos dejados por los peregrinos. Había desde medallas, a papelitos, una pila usada, y sobre todo una sensación extraña.

    Deje allí mismo la piedra que Guayente me dio antes de partir por segunda vez. A falta de cruz de Ferro este era el mejor sitio, pense.

    La sorpresa fue que al salir, me pareció sentir a Jesús. Parece de locos, pero lo note, estaba allí o algo de el estaba allí, y encima me indicaba el camino. Pero que clase de broma es esta pense y pienso todavía. No seria la ultima vez que tuve esta sensación.

    En Ferreiros tomamos un café con leche, y posteriormente y de una tirada, llegamos a Portomarin, el final de mi primera etapa. Y la rodilla en otro mundo, que alegría el poder llegar así, cansado pero sin dolor. Por cierto Ferreiros debe su nombre a que antiguamente en aquel lugar, eran reparados todos los elementos de hierro que un peregrino pudiera tener, incluidos zapatos . Tambien se les erraban las cabalgaduras.

    A Portomarin, se llega después de atravesar el Miño. Es un pueblo no muy grande, situado al lado de un pantano al que se llega después de atravesar un gran puente. Portomarin, el actual, es un trasplante del pueblo antiguo, el cual se encuentra en el fondo del pantano. En su día, el pueblo fue trasladado fuera el alcance de las aguas, y su iglesia, desmontada piedra a piedra y vuelta a montar.

    Recuerdo la especial emoción que sentí al ver el final de l primera etapa, estaba llegando y no me encontraba demasiado cansado.

    Llegamos al refugio, con mucha suerte, ya que nos quedamos con las ultimas plazas disponibles.

    Portomarin a la vista. Mi rodilla perfecta .

    Después de una ducha fría me arregle los cansados pies, me puse en los mismos la crema hidratante, y me puse a demás una crema enfriadora en la rodilla, la cual seguía sin dar señales de ningún tipo.

    Que bonito es el refugio de Portomarin .

    Fui a comer a casa Ferreiro. Comí empanada, pollo, tarta y claro volviendo a las buenas costumbres, orujo. La comida no era para tirar cohetes, pero bueno, estamos en el camino.

    El señor Ferreiro, el de la fonda, me explico la historia el pueblo y me enseño fotos antiguas del pueblo antes de la inundación. Después me puso un sello, el cual aseguro, que era de los pocos auténticos del camino. Le asegure que volvería a cenar y me dirigí al albergue. En medio de una lluvia persistente y calzando unas zapatillas de playa, me dirigí al comedor y me puse a escribir.

    Fui a visitar la iglesia del pueblo, estaba lloviendo y toda la calle, era un ir y venir de peregrinos, andando todos como los patos. Esta es la forma de caminar que se te queda después de una jornada de camino.

    Por la tarde, me encontré al grupo de chicas, Ana y Kika, a las cuales se habían unido unas cuanta más, adoptadas como no por Ana, y nos fuimos a cenar a casa de Ferreiro.

    Como haciendo honor a los viejos tiempos, chorizo con huevos fritos y el ya inevitable orujo.

    Fui a dormir, en medio del chibarri de las chicas y los ronquidos. Fue demencial, a mi derecha se puso Juanita, una de las amigas de Ana, la cual roncaba como un cosaco, a mi derecha Ana que todavía se comportaba, pero enfrente tenia a uno que encontré en el tren, el cual le hacia la competencia a Juanita . Una noche para recordarla con una

    copa en la mano, tapones en los oídos y media sonrisa en la boca.

  5. OTRO ENCUENTRO:

    Situados en el Convento de la Magdalena, nos encaminamos hacia el cementerio que tenemos enfrente. Le bordeamos por el Este y luego el Sur, y nos dirigimos hacia el puente medieval de Aspera, que salva el río Celeiro. Pronto topamos con la vía del ferrocarril Madrid-La Coruña, continuamos por el Camino que, paralelo entre el río y la vía férrea, nos conduce hasta la localidad de San Miguel, donde vemos una casita abandonada. Cruzamos aquí la vía del tren, giramos por detrás de la casita y seguimos durante 100 metros, paralelos a la misma vía hasta salvar un arroyo. Luego ascendemos a la sombra de un robledal donde tras recorrer unos 800 metros, encontramos el solitario caserío de paredes, protegido por un muro circundante. Tras recorrer otros 400 metros hacia el Noroeste, cruzamos el río Paredes y en unos minutos entramos en el poblado de Viley; 525m. (45 min. desde el inicio de la etapa).

    Continuamos por asfalto hacia el Sudoeste. Pasados unos 600 metros llegamos al cruce que da acceso a la parroquia de Santiago de Barbadelo. El templo, de un románico muy gallego, incorpora una torre de planta cuadrada y un pórtico lleno de símbolos e iconografía medieval. El Camino continúa por asfalto y asciende adjunto al lateral sudoeste de un colegio abandonado. Muy pronto, a nuestra derecha, dejamos las casas de San Silvestre. Tras recorrer otros 800 metros llegamos al poblado de Rente. Desde aquí proseguimos por un buen camino, apto para vehículos, que nos lleva hasta Mercado da Serra; 626m. (30 min. desde Viley), el pueblo se halla en la carretera de Vilamaior a Sarria.

    Atravesamos la carretera y descendemos suavemente por un camino semiabandonado que pronto se fusiona con otro más amplio, que llega por la derecha. Cruzamos el arroyo de Marzán en el lugar conocido como “O Real” y desde aquí, continuamos un breve tramo a través de un robledal, pronto llegamos a campo abierto. De Frente ya vemos una casa nueva de Leimán, cruzamos la carretera de Sarria a Portomarín y nos dirigimos a Leimán por un buen camino. Desde Aquí iniciamos un largo recorrido con certera orientación al Oeste. Pasamos por el pequeño poblado de Pena de Laimán y algo más tarde llegamos a Peruscallo, donde finaliza el camino apto para vehículos que hemos venido siguiendo.

    Tras Peruscallo, continuamos por un amplio Camino que cruza el arroyo de Carma y nos acerca hasta Cortiñas, pequeño pueblecito formado por cinco viviendas. Atravesamos la carretera que llega la pueblo desde la N-535, para continuar hacia el Oeste por un robledal que nos da acceso a Lavandeira. Pasamos por delante de un antiguo colegio y cruzamos un camino de vehículos. Tras pasar el caserío de Casal, nuestro descenso continúa por un antiguo trazado de viejos muros con vestigios de calzada. Cruzamos el arroyo de Chelo e iniciamos un buen descenso hasta el poblado de Brea; 665m. (1h. 15 min. desde Mercado da Serra).

    A la salida del pueblo nos encontramos con el mojón del kilómetro 100. Tras alcanzar el solitario caserío de Morgade, aparece una fuente a la derecha, y más adelante ruinas de una capilla. Descendemos al pequeño arroyo de Ferreiras, con prados a los dos lados y luego un suave descenso nos lleva hasta Ferreiros, donde a la entrada del pueblo encontramos una fuente. Salimos del pueblo por asfalto y pronto llegamos al pueblecito de Mirallos, donde se conserva un interesante templo románico. Continuamos por asfalto y atravesamos el poblado de Pena para llegar, poco después, a la casa vivienda de Couto y al poblado de Rozas; 640m. (46 min. desde Brea).

    Pasado ya el poblado, abandonamos la carretera y nos apartamos a la derecha, remontado unos metros de la ladera sur de la Colina del Cuervo. Tras un breve tramo de ascenso, iniciamos el descenso por un buen camino que deja a nuestra derecha la Peña del Cuervo y a la izquierda la depresión del río Loilo. A la entrada del poblado de Moimentos atravesamos una carretera. Descendemos entre las casas, donde nos volvemos a encontrar con otra carretera, nos apartamos a la derecha y nos dirigimos a la solitaria casa de Cotarelo. Desde aquí iniciamos un corto y acentuado descenso a Mercadoiro por un viejo Camino con vestigios de Calzada.

    Recorridos unos 400 metros, y después de cruzar el arroyo de Bocelo, alcanzamos la fértil vega de Moutras. Desde aquí continuamos por asfalto, entremedias de un robledal, saliendo poco después a campo abierto. Tras recorrer 1,2 Kilómetros, llegamos a un cruce de la carretera, nosotros continuamos hacia la derecha para alcanzar el poblado de Parrocha; 490m. (55 min. desde Rozas).

    Pasadas las últimas casas del pueblo y cuando la carretera realiza una amplia curva hacia el Sudoeste, abandonamos el asfalto por la derecha para continuar nuestro itinerario en dirección Oeste. Recorridos 400 metros, encontramos una encrucijada de caminos, nosotros seguimos nuestro descenso hacia Poniente, llegando en pocos minutos a Vilachá, pueblo algo más grande que los anteriores. Tras salir a campo abierto un gran descenso por asfalto nos lleva al valle del Miño. Cruzamos el río Miño, el mayor de Galicia, hoy absorbido por el pantano de Belesar, por un largo puente, disfrutando de unos de los mejores paisajes de la ruta jacobea. Frente al puente, una escalinata con la ermita de Nuestra Señora de las Nieves nos conduce al centro del histórico pueblo de Portomarín; 390m. (51 min. desde Parrocha; de 6h. 15min. a 6h. 45min. desde el inicio de la etapa, incluyendo descansos).

    © Guillermo J. Amores 1999

  6. Y UN DIARIO MÁS… ETAPAS CORTAS… EN PÁGINA DE BUENA VISIBILIDAD

    Etapa Sarriá a Portomarín – 22 km.

    Desde el convento de la Magdalena, en pronunciado descenso, con el cementerio de Sarriá a la derecha, se alcanza la C535 que se sigue hasta dejarla en “Ponte Áspera” por el que cruzamos el río, seguiremos pasando las aldeas de Vilei, Barbadelo, Rente y Mercado hasta llegar de nuevo a la C535, que cruzamos en Mouzos. Se prosigue pasando las pequeñas aldeas de Leimán, Peruscalo y Lavandeira, entre castaños, robles y los típicos “chantos” (losas de pizarra “plantadas”) uno de los elementos más característicos de estos lugares. Se atraviesa la aldea de Brea, dónde encontraremos el mojón de 100 kilómetros a Santiago. Monte Morgade abajo, se alcanza el pueblo del mismo nombre, después del cual se pasa el Arroyo Ferreferías y se emprende un suave ascenso hasta la aldea de Ferreiros.

    Por una “corredoira” entre robles, prosigue el ascenso hasta una pista de asfalto, que se cruza, para descender a Mirallos y continuar hacia Pena, nuevamente por pista asfaltada, hasta Rozas. Hay que alcanzar luego la altura de Pena do Cervo, desde la que se inicia el descenso hacia Moimentos, Mercadoiro y la vega del río Bocelo, donde se asienta Mouras. Se sigue luego, durante algo más de un kilómetro, hasta Parrocha, donde se sale por otra pista asfaltada a Cortes, que a los 600 metros se sustituye por un camino que entra en Vilachá, desde donde se avista Portomarín, emplazado en un alto sobre la margen derecha del río Miño.

  7. FOTOGRAFÍAS ANEXAS MARAVILLOSAS… QUE DEJARÉ EN EL DIARIO DE JUANJO ALONSO, LA TERCERA, DE CAMINO A VILEI

    Cuando me desperte al amanecer en Samos me dolia todo el cuerpo y estaba realmente cansado. Las dos etapas anteriores junto con la pila de kilometros que recorri para llegar aqui desde Roncesvalles hacian que estuviese cansado y preocupado por la posibilidad de tener que abandonar tan cerca del final del camino. Sali pedaleando despacio, sin prisas. La rodilla me dolia mucho y la etapa se presentaba tambien muy dura y muy larga. Me dirigi a Sarria por la carretera. Aquello era un tobogan. Subidas, bajadas y ni un tramo llano. En Sarria sufri la segunda caida del camino. Meti la rueda delantera en un agujero que habia en medio de una calle del pueblo y me fui de cabeza al asfalto. No fue nada pero me tire un rato acordandome del responsable de semejante peligro. Un poco mas adelante me encontre por enesima vez con los “bici-voladores”. Carlos tenia un pequeño problema tecnico con una de las ruedas de la bici y estaban alli, parados, buscando una solucion al problema. Entre tanto me enseñaron el albergue en el que habian dormido. Hay una foto colgada para que juzgueis vosotros mismos.
    Abandonamos juntos Sarria a eso de las 11 de la mañana. Habia nubes pero el sol empezaba a brillar y la temperatura iba subiendo por momentos. Desde Sarria a Portomarin el camino es mayormente en subida. Se transita entre arboles, praderas, sembrados y vacas. En algunos puntos hay que cruzar riachuelos por puentecillos hechos en su mayoria a base de rocas colocadas en el mismo. Hay partes en que el camino esta muy deteriorado por el agua, pero, por lo general, el camino esta bastante bien. Tarde bastante en llegar a Portomarin, ya que avanzaba a un ritmo muy tranquilo.
    La llegasa a Portomarin se hace bajando por una impresionante cuesta abajo que te lleva a un puente que atraviesa el Embalse de Belesar. Cruzado el puente me dirigi a Ventas de Naron por una dura subida atravesando el Monte de San Antonio. El paisaje por esta zona es muy bonito. Se cruzan muchos bosques a traves de pistas forestales que comunican los pueblos. Hasta Ventas de Naron el camino fue un autentico suplicio. Con la rodilla izquierda en las ultimas y muy cansado pense en algunos momentos en que tendria que abandonar.

  8. UN CAMINO DE PEREGRINOS:

    Parcial : 23 km., Total : 66 km., A Santiago : 91km.

    Día 04/04/04.- (Tercer día,- Sarria – Portomarín)

    A partir de hoy seremos uno más en el grupo,se incorpora Marta.
    Salimos de Lugo a las 7h. 30m. dirección Portomarín donde dejamos dos coches. Aquí ya apreciamos un gran movimiento de Peregrinos que se preparan para hacer el tramo Portomarín-Palas.

    Nosotros nos vamos hasta Sarria. Hace una temperatura muy buena y nos parece que vamos a tener un día estupendo.

    Iniciamos la etapa subiendo las escaleras de acceso al albergue para sellar las credenciales pero vemos que no abre hasta las once, preguntamos en un bar que hay en la misma calle y nos dicen que al final de la calle está la oficina de Protección Civil y allí las sellamos, son las 8h.45m., hacemos unas fotos y…

    Abandonamos Sarria pasando al lado de la iglesia de Santa Marina, su torre campanario es la que se divisa desde la lejanía, un poco más arriba encontramos la Parroquial de San Salvador, ambas completamente reconstruidas y muy bien conservadas. Vemos una fuente encajada en una pared, mirando al frente y en lo alto de una colina vemos un Torreón del que fuera Castillo de los Condes de Sarria, seguimos las flechas y un poco más arriba se aprecia una bonita vista de Sarria y su valle. Un poco más adelante se encuentra el Convento de A Magdalena, actualmente de los Padres Mercenarios.

    Bajamos por una pendiente hasta curzar el rio Celeiro por el puente A Aspera.

    Luego vamos unos minutos paralelos a la vía del tren, la cruzamos y caminamos hasta salvar un riachuelo por un puente de madera (hacemos fotos), a Lucía le piden unos sudamericanos que les haga también una. Por camino de tierra comenzamos un repecho verdaderamente impresionante y como todavía estamos un poco “frios” lo hacemos despacio y en fila de a uno, vamos entre robles y castaños……. centenarios, Oscar hace una foto delante de uno que nos llama la atención. La verdad es que el paisaje es muy bonito.

    Terminamos esta cuesta y por medio de unas tierras de labranza llegamos a Vilei para continuar por asfalto hasta Barbadelo, poco antes de llegar nos dice una señora que en cinco minutos estamos en la iglesia, que la visitemos que merece la pena. Llegamos al templo románico de Santiago de Barbadelo y no podemos entrar pues está cerrado como todos las que llevamos viendo, pero el exterior nos gusta, la señora tenía razón.

    Barbadelo y Sarria eran lugares elegidos por los rufianes para engañar a los peregrinos.

    Estamos de nuevo en camino de tierra y seguimos subiendo, en una puerta de un “alpendre” de Rente hay un indicador “FUENTE”, pero pasamos este grupo de casas y no la vemos . La fuente la encontramos después de cruzar la carretera Sarria – Portomarín. Aquí cogemos agua y hacemos alguna foto, coincidimos con otros Peregrinos.

    Hoy es Domingo de Ramos, comienza la Semana Santa y mucha gente aprovecha para hacer el Camino, suponemos que esa es la razón por la que nos encontramos con tantos Peregrinos, el Camino está muy concurrido, el día estupendo y es agradable saludarnos todos:”buen Camino”. Por delante los vemos hasta donde nos alcanza la vista, si nos damos la vuelta lo mismo, vemos niños y también alguna persona mayor. Mª José dice que estuvo hablando con unas chicas de Sevilla, Pepe me comenta que también charló con un grupo que venía de Roncesvalles y por cierto decían que a estas alturas ya les pesaban un poco las piernas, hay gente de distintas nacionalidades. Lucía y yo al final de la etapa también intercambiamos saludo con una peregrina de rasgos orientales.-

    A todo esto ya estamos en Peruscallo. Por camino de tierra y bajando llegamos a Cortiñas y, ¡NO! de nuevo volvemos a subir, después de cruzar un tramo muy atractivo donde el agua corre por encima de las rocas, se pasa sin dificultad. La subida es por camino muy malo “corredoira” y lo salvamos al igual que muchos Peregrinos por un prado, volviendo al camino llegamos a Brea donde vemos un mojón que indica a Santiago 100 km.(Por cierto las pintadas poco acertadas)

    Pasamos por piso de asfalto hasta Mogarde donde Nemesio propone tomar un refresco y así lo hacemos. A la salida del lugar hay una capilla donde dejan avisos y mensajes los peregrinos. Continuamos y el Camino sigue abarrotado, aquí vemos algunos conocidos de una agrupación de Lugo.

    Vemos un indicador ” Concello de Paradela”.
    Y en un “balao” toma el sol un precioso lagarto que no se asusta del alboroto del Camino.

    Hasta aquí todo es un “sube y baja” contínuo por caminos de tierra y rocas – muy poco asfalto – e incómodo para caminar. Aunque el paisaje es precioso, pués vemos “carballeiras” con árboles de muchos años y naturaleza muy atractiva. Pasamos por Mirallos, Santa Mª de Ferreiros con una iglesia muy bién cuidada así como su alrededor, a la que llegamos después de bajar por carretera una pendiente no muy larga pero bastante pronunciada.

    Pasamos por un pueblo donde una señora nos ofrece ” leche recién ordeñada”, no queremos, le damos las gracias, y continuamos por un tramo de tierra que da paso a otro de asfalto, pero seguimos en el “sube y baja” .

    Antes de llegar a Portomarín pasamos cerca donde tuvo su emplazamiento el Monasterio de Santa Mª de Loyo, lugar en el que nació la Orden de Santiago (1170), estos caballeros se dedicaban a proteger a los peregrinos de los asaltantes.

    A las 13h. 30m. avistamos Portomarín a 4 ó 5 km., cosa que ya agradecemos. Tenemos delante otro tramo de “corredoira” y al igual que antes lo salvamos por una finca para entrar en suelo de asfalto que nos lleva hasta el final de la etapa. Pero aún nos encontramos con otra bajada en la que es necesario poner “uno o dos puntos del freno eléctrico”. Cada uno la baja como puede, unos de espalda, otros apoyándose firmemente en el bastón, en zig-zag, a carreritas, en fín… yo la bajo mitad de espalda y mitad corriendo.

    Aquí nos encontramos a Arcadio, un amigo que hace el Camino con otro grupo.

    Llegamos al puente que cruza el embalse de Belesar en el rio Miño debajo de cuyas aguas descansa el viejo pueblo. Lo pasamos y subimos la escalinata de la Ermita de Nta. Sra. de las Nieves con sus 47 escaleras y entramos en la villa. Sellamos credenciales, hacemos fotos y nos vamos a comer

    Antes de marchar visitamos la plaza con su monumento al peregrino, la Iglesia de S. Juán que fué desmontada piedra a piedra en el pueblo viejo y reconstruida en el nuevo (iglesia- fortaleza de S. Nicolás), así como la fachada de la iglesia de S. Pedro que también vemos al salir.

  9. HAY QUE HACER UNA VISITA AL BLOG DE LOS CUÑADOS:

    BAR CASA MOGARDE… MENUDOS PRECIOS… DICEN:

    Hay que hacer mención que aquí en Casa Mogarde, se come de maravilla y a unos precios muy buenos.

    CAMAS DESDE 6 EUROS.

  10. FRAGMENTO DE IACOBUS DE MATILDE ASENSI QUE COINCIDE CON ESTE FINAL DE ETAPA

    Durante dos noches atravesamos húmedos y lóbre­gos bosques de robles centenarios, hayas, avellanos, tejos, pinos y arces, y un sinfín de hoscas aldeas cuyos habitantes dormían si­lenciosamente en sus pallozas de cuelmo mientras los perros la­draban al paso de nuestras cabalgaduras. Mi temor a ser captura­dos nuevamente por los freires templarios se desvanecía ante la certeza de que sólo unos locos como nosotros se atreverían a viajar de noche por aquellos pagos infestados de zorros, osos, lobos y jabalíes. No es que no tuviera miedo de sufrir el ataque de al­guna de esas peligrosas criaturas, es que conocía sus hábitos de caza y sueño, y procuraba que nuestra ruta se alejara lo más po­sible de sus madrigueras para no alertarles ni provocarles con nuestros sonidos o nuestro olor, al mismo tiempo que mantenía en ristre, por si acaso, la vieja espada de hierro que también me había regalado el freixo.

    Por fin, al rayar el día cuarto de octubre, cruzamos el puente de piedra sobre el Miño y entramos en Portomarín, feudo de mi Orden, cuyos estandartes y gonfalones ondeaban en todos los edificios principales de la ciudad. Era como estar en Rodas, me dije con el pecho henchido de alegría. Mi espíritu anhelaba ar­dientemente un merecido descanso dentro de los familiares mu­ros de la fortaleza, lo más parecido a mi casa de la isla que había visto durante los últimos años.

    Fuimos recibidos por cuatro freixos sirvientes que se hicieron cargo inmediatamente de la silenciosa Sara y del abatido Jonás, mientras yo era conducido por largos pasillos a presencia del prior de la casa, don Pero Nunes, que, al parecer, esperaba mi lle­gada desde hacía varios días. Me sentía mareado por la falta de sueño y desfallecido de hambre, pero la entrevista que me aguar­daba era mucho más importante que un cálido lecho y una deli­ciosa comida; me consolé pensando que al menos Sara y el mu­chacho habían puesto fin a sus penalidades, y que, en breve, estaría de nuevo con ellos. Aunque ¿por cuánto tiempo?, me pre­gunté afligido. Ahora que todo había terminado, ¿tendría que se­pararme de la hechicera y el chico…?

    Al fondo de una caldeada estancia, apoyado en la repisa de una gran chimenea que iluminaba sobradamente el inmenso sa­lón, don Pero Nunes, prior de Portomarín, esperaba mi entrada para levantar la cabeza y echarme una minuciosa ojeada. Iba ata­viado con el camisón de dormir -se notaba que le habían saca­do con premura de la cama- y cubierto por un largo manto blanco de gruesa lana, y en sus ojos, al contrario que en los míos, brillaba la agitación y el ansia.
    -¡Freixo Galcerán de Born! -exclamó viniendo hacia mí con los brazos extendidos. Su voz era grave y poderosa, impropia de un cuerpo tan estilizado y de unas maneras tan elegantes, mucho más apropiada para gritar órdenes a bordo de una nao que para dirigir los rezos en un priorato hospitalario. No supe distinguir si el aroma de perfume que llegaba hasta mí nariz ve­nia de las telas y tapices de la sala o del camisón de don Pero-. ¡Freixo Galcerán de Born! -repitió emocionado-. Estábamos avisados de vuestra posible llegada. Se han recibido las más rigu­rosas instrucciones al respecto en todas las encomiendas y forta­lezas que hay desde los Pirineos hasta Compostela. ¿Qué tenéis vos, freixo, para levantar esta polvareda?
    -¿No os han explicado nada, prior? ¿Qué es lo que sabéis?
    -Me temo, caballero -dijo cambiando el tono de suave a dominante-, que soy yo quien hace las preguntas y vos quien las responde. Pero tomad asiento, por favor. Lamento mi descor­tesía. Debéis tener hambre, ¿no es cierto? Contadme qué es lo que está ocurriendo mientras nos sirven un buen desayuno.
    -En cualquier otra circunstancia, prior -me disculpé-, no dudaría un instante en satisfacer vuestra demanda, pues como ca­ballero y como hospitalario os debo completa obediencia, pero en este caso, micer, os ruego, con todo el respeto del mundo, que primero me expliquéis vos lo que os han dicho y cuáles son las órdenes que habéis recibido respecto a mí.

    Don Pero gruñó y me echó una mirada torva, pero la natura­leza del caso debió aconsejarle prudencia y moderación.
    -Sólo sé, freixo, que debo comunicar vuestra aparición en esta casa en el mismo momento en que se produzca, enviando dos caballeros a la ciudad de León con los caballos más veloces de nuestras cuadras. Allí, al parecer, aguardan ansiosamente no­ticias sobre vos. Mientras tanto debo prestaros toda la asistencia que preciséis -suspiró-. Ahora os toca a vos.
    -Si nuestros superiores no os han contado nada, sire, perdo­nad a este pobre y cansado caballero por su obstinado silencio, pero no puedo deciros más.
    –¡Ah, cuánto lo lamento! –protestó, disimulando su enfa­do y poniéndose en pie despectivamente–. La casa está a vues­tra disposición, freixo. Os incorporaréis a las prácticas religiosas y ejerceréis cualquiera de las funciones que mejor os acomode.
    –Soy físico en el hospital de Rodas.
    –¡Oh, Rodas! Bien, pues os dejo a cargo de nuestro peque­ño hospital hasta que lleguen los emisarios de León. ¿Deseáis al­guna cosa en particular?
    –El muchacho y la mujer…
    –Judía, ¿no es cierto? –inquirió con desdén.
    –En efecto, frey, es judía. Pues bien, tanto ella, como el chi­co y yo estamos en grave peligro.
    –Ya lo suponía –se jactó.
    –Nuestra presencia no debe ser delatada bajo ningún con­cepto.
    –Bien, en ese caso, os adjudicaremos una vivienda que hay en el molino de una granja cercana a la que nunca va nadie y que se encuentra muy bien protegida por esta fortaleza. ¿Estáis de acuerdo?
    –Os lo agradezco, prior.
    –Sea, pues. Hasta la vista, freixo Galcerán.

    Y así me despidió, con un gesto displicente, sin ofrecerme el desayuno prometido y quitándome de en medio como quien aparta una mosca engorrosa.

  11. LA FOTO DEL CRUCEIRO DE SARRIA ME LLEVA A LA MACARDIEL EN LYCOS QUE YA CONOCÍA DE AYER (15 DE ABRIL):

    07:00 de la mañana.

    Chema despierta con sus espectaculares estornudos a todos los peregrinos del refugio aunque, en realidad, sólo a los ocho que quedamos en nuestras literas. Las alemanas han debido madrugar pues no queda ni rastro de ellas.

    Sonrío recordando los exagerados estornudos de Chema de la noche anterior, similares a los de esta mañana. He dormido toda la noche de un tirón sin, por una vez, escuchar ronquidos. Me siento bien, descansado y con ganas de comenzar la etapa. Son otros 31,2 kms, aunque me anima el hecho de que será la última tan larga.

    Mientras algunos van saliendo hacia el Hostal Victoria a desayunar, Primi y yo nos quedamos organizando (o quizás, desorganizando) nuestras mochilas. Aunque tiro algunas cosas, tengo la sensación de que cada vez pesa más.

    Temeroso de alguna ampolla bajo el pie derecho, me pongo un parche preventivo.

    Cuando salimos, una vez recogido todo, nos encontramos con el empleado de la gasolinera que, parece, se encarga del refugio, y Primi se marcha con él y con nuestras “papelas” a sellar. Acto seguido nos acercamos a desayunar con el resto de nuestros compañeros.

    Preparados para la nueva etapa, recogemos la olvidada máquina de fotos de Chema después de advertirle: “ … la vas a perder … “, y comenzamos la andadura.

    Paco se adelanta con intención de ir al médico para que le revise su ojo lloroso. Desde que comenzamos la aventura no ha dejado de llorarle. Hacemos unas fotos ante la fachada principal del Monasterio y vamos al Ambulatorio en su busca. Parece que hay gente y tiene para rato. Ángel se queda acompañándole mientras los demás nos vamos adelantando.

    Son las 08:30. La mañana no ha abierto aún. Seguramente lo hará después. El tiempo es muy agradable para caminar.

    Monasterio de Samos
    Comienza la etapa

    Primi se adelanta a buen ritmo. Después de hacer una foto a Chema en la estatua del peregrino a la salida de la ciudad, intento seguirle junto a Chema y Marino. Vemos el km 12 hacia Sarria. Poco después el km 11. Definitivamente deberemos revisar el GPS, pues marca diez kms a Sarria y parece que son doce.

    Chema y peregrinos de piedra

    Vamos por el margen izquierdo de la carretera a un ritmo endemoniado. Primi “se ha montado en la Harley” y me cuesta seguirle, aunque no le pierdo paso para no quedarme atrás. A veces “se le gripa” y entonces soy yo quien tira, divertido, al mismo ritmo.

    Pronto dejamos atrás a Chema y a Marino que, conversando con los franceses y el belga de los “carritos”, nos siguen rezagados.

    Vemos la subida del camino por la montaña. Demasiado empinada para, según Ángel, salir poco más allá después de subir y bajar un monte. Decidimos continuar por la carretera al igual que hemos hecho otros años. Según los indicadores de kilómetros de la carretera vamos, cosa extraña, a 6 kms/hora.

    Pilar, nuestra “SuperIntendente” del año anterior, nos llama para saludarnos y preguntar qué tal vamos. Añora su Camino, pero su decisión debió ser firme cuando dijo que no volvería a hacerlo.

    Dos horas y diez minutos después, estamos en Sarria. Evidentemente nos hemos andado, por lo menos, doce kilómetros. La entrada a la ciudad, como tantas otras, se nos antoja tremendamente larga, tanto que tenemos que luchar contra la fuerte tentación de parar en la primera cafetería que encontramos.

    Decidimos acercarnos hasta el puente para efectuar la parada. Desde allí vemos a lo lejos a las alemanas que continúan el camino. No sabemos cuándo, pero las hemos adelantado y ahora, vuelven a adelantarse ellas.

    Nuestra cafetería, de otros años, está cerrada, así como todas las del margen del río, por lo que decidimos continuar por la empinada cuesta de Sarria hasta alguna cafetería que nos parezca apropiada. Ya en mitad de la cuesta nos detenemos en la Cafetería O’Escalinata. Dejamos las mochilas, nos cambiamos de camiseta, pedimos unas cervezas con unos buenos trozos de tortilla de patatas y nos sentamos en unas mesas que tiene en la puerta.

    Son las 10:45. La mañana ha abierto y ahora hace calor.

    Poco tiempo después llegan Marino y Chema, quienes toman unos trozos de empanada. Marino ha echado un cigarrillo encendido en un hueco de la pata de la mesa y los pies de Primi echan humo. Parece el brasero.

    Después de un descanso llamamos a Ángel y a Paco. Vienen muy retrasados. Les han tenido en la consulta del médico al menos una hora y esa es aproximadamente la diferencia. A Paco le han recetado unas gotas para su ojo. Les comentamos que vamos a continuar despacio. Les esperaremos antes de llegar a Ferreiros.

    Chema se adelanta con intención de comprar en algún establecimiento un carrete de fotos. Muy divertidos, aprovechamos que ha olvidado, por enésima vez, su máquina de fotos para hacernos las dos últimas que le quedaban.

    Aprovechamos el olvido de Chema para utilizar su máquina de fotos
    Es la última del carrete

    Cuando decidimos continuar, Chema ya se había dado cuenta de su olvido y bajaba de nuevo la empinada cuesta en busca de la dichosa máquina. Por señas evitamos que baje. Nos espera mientras subimos. Veo carretes en un escaparate cerca de donde él se encuentra y supongo, erróneamente, que ya lo ha comprado, por lo que no le digo nada. No, no había comprado el carrete.

    Pasamos la vieja carcel y subimos hacia el cruceiro que se encuentra en lo alto de la ciudad desde donde puede verse una buena panorámica.

    Cruceiro en Sarria

    Continuamos después, bajo un fuerte calor, a buen ritmo hasta alcanzar a Marino. Muertos de sed pasamos Barbadelo, donde vemos un indicador de “fuente” que ignoramos pues hemos decidido parar brevemente en Rente para llegar rápidamente a Leyman. Susana nos sirve unas cervezas mientras llegan Marino y Chema.

    Me quedo retrasado mientras pago las cervezas. Me despido de Susana y voy tras mis tres amigos que ya no logro alcanzar hasta Leyman, donde se han detenido en el Mesón O’Xestello, con el fin de saludar a nuestra buena amiga Carmen y esperar allí hasta que lleguen Paco y Ángel, quienes ya no deben andar muy lejos.

    Luna, preciosa, al igual que su dueña

    Carmen sale a saludarme sonriente y afectuosa. Continúa tan preciosa y encantadora, como siempre. Sus hijos están bien aunque no se encuentran aquí en estos momentos. Acaricio a Karina y a Luna, sus dos preciosas perritas. Primi y yo, recordamos nuestras ya lejanas derrotas individuales al futbolín ante su hijo de 7 años y en equipos ante ella misma y su hijo. Nos dieron unas buenas palizas.

    Le paso a Primi una foto que llevo donde pueden verse a Carmen, sus dos hijos y a Primi. Este se la dedica y se la entrega. Ella está encantada.

    Mientras esperamos a los rezagados tomamos algunas cervezas. Pronto vemos aparecer a Ángel y algo distante a Paco. Ya todos juntos comemos algunos platos de lomo y chorizo regados con un rico ribeiro blanco. Ángel propone rematar con unos “elixires” y así lo hacemos.

    Comiendo en O’Xestello

    Antes de marchar planteamos a Carmen la posibilidad de que nos prepare algunas botellas de orujo de café que tan bueno nos pareció hace un año para enviar a alguien a recogerlas desde Segovia. Quedamos en hacerlo así y nos despedimos.

    Descansados de nuevo nos dirigimos hacia Ferreiros pasando antes por el lugar donde el camino se convertía en río. Lo están acondicionando y ya no se ve como en años anteriores cuando, irremediablemente, había que encharcarse las botas para pasar.

    Primi en su “Harley Davidson”
    Morgade – Hacia Ferreiros
    Morgade – Hacia Ferreiros

    Ángel continúa apuntando los puntos kilométricos y los pueblos con intención de ajustar lo más posible nuestro GPS. Algunos pueblos están mal ubicados y algunas distancias mal calculadas, aunque las diferencias no son muy significativas.

    El refugio de Ferreiros está completo con un grupo de excursionistas españoles de la tercera edad.

    Recordando mi comentario de esta mañana en el que afirmaba mi seguridad de que hoy nos llovería y a lo que mis compañeros me habían asegurado que no, pregunto a Ana, la hospitalera, si no cree que va a llover. Inmediatamente me contesta que de ninguna manera, por lo que cabizbajo y sonriente continúo mi camino sin hacer más comentarios.

    Poco después efectuamos un nuevo descanso en Miralles, donde Paco mantiene una interesante conversación con la señora del mesón sobre asuntos económicos de precios de consumo.

    Iniciamos de nuevo la marcha hacia Portomarín. Camino ahora retrasado junto a Paco. El embalse se divisa desde lejos y poco a poco nos vamos acercando. Hace tiempo que no encontramos peregrinos seguramente debido a que nuestro caminar es ahora muy lento. Bajamos con cuidado la empinada cuesta que nos conduce a la carretera, ya en la ciudad. Las rodillas duelen por el duro esfuerzo de retención que hay que efectuar para no echar a correr obligados por la pendiente. Recuerdo ahora la afirmación de Jesús con la que nunca he estado de acuerdo: “Se sube mejor que se baja”. Quizás, pero sólo en estos casos, lleve algo de razón.

    Atravieso el largo puente que cruza el embalse y espero a Paco arriba de la escalinata donde he contado 51 escalones, quizás fueran 50, pero ni uno menos, mientras observo el caudal elevado del río Miño. Subimos la larga cuesta que conduce a la Iglesia que, un día, estuvo ubicada donde ahora se encuentra el embalse y que, piedra a piedra, trasladaron y reconstruyeron en la parte alta de Portomarín.

    Cercanos ya al albergue, se nos acerca una amable mujer (después sabría que era alemana) con intención de indicarnos dónde se encuentra. Se lo agradezco en inglés aunque le comento que ya lo conocemos de otras ocasiones. Paco se dirige directamente al Albergue mientras yo entro sudoroso en la Cafetería Rodríguez, me tomo un buen tubo de cerveza con un platito de aceitunas y escribo algunas de mis notas.

    Son las 08:20. La etapa ha sido larga y dura. Sonrío al escribir estas lineas pues siempre me vienen a la mente las palabras de mi amigo Esquifino: “Tú aún no sabes lo que es larga y dura”, que tanta gracia me hacen.

    Ya en el Albergue, después de una ducha esta vez con agua templada, en la que he coincidido con un italiano seguidor del Milan que me ha deseado suerte para el Madrid a lo que le he respondido con mi deseo de que ellos también pasen para poder enfrentarnos en la final, he colocado mi saco de dormir en una litera baja que Primi me había guardado bajo la suya, he cambiado mi ropa y he salido a buscar a mis amigos que descansaban en una cafetería cercana.

    Al teléfono

    Sin demora nos hemos ido a cenar al restaurante Posada del Camino. De nuevo los móviles, los tractores de Marino y algunas incidencias del camino han acaparado la tertulia.

    Terminada la cena Chema, Primi y yo nos hemos quedado tomando un “cubata” en la misma cafetería mientras los otros tres se iban a dormir. Sentados en una mesa hemos charlado de diferentes temas. Un camarero y un cliente jugaban una partida de ajedrez. Cuando el cliente parecía darse por vencido he echado una ojeada a la situación de las piezas y he preguntado si movían blancas o negras. Cuando me han contestado que tocaba mover a las blancas he afirmado, rotundo, que ganaban blancas.

    Chema, incrédulo e incisivo, me ha obligado a demostrarlo. Con cuidado y temeroso de efectuar algún movimiento equivocado que pudiera dar al traste con mi afirmación, he finalizado la partida. Javier, el camarero, ha tirado su Rey, y muy cordial me ha felicitado.

    “Mueven blancas y ganan … ”

    Finalizada la consumición nos dirigimos al Albergue. Me quedo en la puerta, sentado al pie de un cruceiro, fumando un cigarro. La noche es hermosa. El cielo cargado de estrellas anuncia el buen tiempo para el día siguiente. Aunque estoy cansado, quizás debido al café quizás a la agradable noche, no tengo sueño. Se está bien allí. Cuando termino el cigarrillo decido ir a dormir. Me acerco a la puerta del Albergue y la abro con cuidado. De pronto, un gran foco pegado a mis ojos me ha deslumbrado por completo dejándome ciego durante algunos segundos. El susto ha sido impresionante, de infarto. Primi se partía de risa. Me había estado esperando y, con su linterna de minero en su cabeza, la había encendido justo en el momento que yo asomaba la cabeza en la oscuridad del Albergue. Le habría matado, pero sus incontenibles carcajadas me hacen también reir. De todas formas el susto ha sido tremendo.

    Divertidos, sin hacer ruido, nos metemos en nuestras literas. Ángel, cerca de mí, está entonando sus melodías, mediante sus ronquidos. Sin hacerle demasiado caso pronto me quedo dormido.

    Primi, después de la cena

  12. DIARIO DE BICIGRINOS:

    No me quiero hacer pesado pero esta es mi cruz en este viaje. No duermo ni a tiros. La noche en el polideportivo con mas de 200 críos donde cualquier ruido resuena como si Sarriahubiera un amplificador no ayudan a dormir. Además el suelo cada vez me parece mas duro. Bueno tras los lamentos asomamos las orejas al exterior y hay una niebla del carajo. Muy propio de donde estamos pero no por eso menos molesta.

    Como ya es costumbre salimos antes de desayunar en dirección a Ferreiras. Con César quedamos en Portomarín. Volvemos a subir a lo alto de Sarriá hasta el cementerio y Convento de la Magdalena donde está el mojón que marca los 111 km. para Santiago. Las flechas hacen un liado requiebro y espero a que llegue Luis. Este pasa como una exhalación pero en otra dirección. Lo llamo con el silbato que todos llevamos por si acaso… nada… no me escucha y sigue a toda velocidad por un sendero cuesta abajo. Le sigo a pie pero para cuando me oye ya esta al pie de la montaña. Vuelta a subir… no se si reírme o soltar una bronca así que opto por mantenerme calladito y no decir nada. Los demás ante tanta tardanza están preocupados y tras unas cuantas palabras un poco fuertes seguimos adelante.

    Entramos en un precioso bosque resto de lo que debió ser esta zona. Senderos en duro ascenso entre árboles de troncos inmensos. Esto unido a la niebla crea un escenario de película. ¿Saldrá el bandido Fendetestas en alguna curva?. La estrechez de los caminos y la cantidad de peregrinos que ya se encuentran hacen queKilómetro 100 el avance sea muy lento. Parece una procesión. Continuos cambios entre sendas, trialeras, correidoiras y carreteritas de cuarto orden hacen muy ameno el camino. Por suerte no llueve, porque estos lugares con el terreno mojado nos habría dificultado bastante el avance. La verdad es que atravesamos por caseríos diseminados sin que sepamos muy bien en donde estamos. Los mojones y flechas son nuestra única guía. Velei, Barbadelo, Rente, Mercado, Peruscallo, Cortiña, Brea, y por fin Ferreiros donde sellamos. En el mojón con el kilómetro 100 hay una pequeña celebración y fotos.

    Seguimos el camino por un terreno similar al anterior. Son caminos muy mejorados desde nuestro anterior viaje. Solo queda seguir mojones, flechas y disfrutar del camino. Aquí las dobles suspensiones se encuentran en su terreno. Que se lo digan sino a Pedro y a Juan, ambos con bicis rígidas.

    Por fin Portomarín a la vista. Una rapidísima bajada nos deja en elSan Nicolás de Portomarín puente que cruza el río Miño ahora convertido en el embalse de Belesar y que inunda al antiguo pueblo. Ascendemos hasta la plaza principal donde está la Iglesia de San Nicolás, rescatada de las aguas. Desayunamos y quedamos con César en Ventas de Narón.

    Seguimos camino cruzado un estrecho puente…

  13. UN CAMINO QUE EMPIEZA JUSTO AQUÍ, AHORA MISMO:

    Thursday, August 25, 2005
    PRIMERA ETAPA: SARRIA – PORTOMARÍN

    SÁBADO (SARRIA-PORTOMARIN) Esa oveja va a embestir…

    A las 6 de la mañana nos despertó una de las revisoras diciendo que quedaba media hora para Sarria. Desayunamos en el bar de la estación y fuimos al albergue a que nos sellaran los credenciales. El albergue estaba en lo alto del todo (es un pueblo con cuestas) y ya estábamos cansadas antes de salir… en fin echamos a andar y había una cuesta enorme hacia arriba… en la cuesta conocimos a dos chicos de Murcia que iban más rápido y nos dijeron que sin problemas porque al final de la cuesta había un Carrefour. Cuando se fueron, como yo a veces soy medio idiota y otras soy idiota del todo, le pregunte a Marta… oye…¿será verdad lo que han dicho del Carrefour?

    El primer pueblo que encontramos fué Barbadello que tiene:

    - 1 Albergue
    - 1 casa de una señora mayor
    - 1 Iglesia
    - 1 bar

    Total que con ese panorama la señora de la casa se debe aburrir un poco y nos cogió por banda para contarnos que el año pasado habían pasado 600 peregrinos por ahí además de darnos una explicación exhaustiva del altar mayor de la Iglesia y de la estatua del Santo. Fuera de la Iglesia había un cementerio super acogedor con nichos de toda la gente muerta del pueblo y sus fotos encima de cada hueco. En ese adorable sitio se me acercó la señora que nos había seguido hasta el cementerio, entonces estaba yo sola porque las otras se habían metido dentro a sellar el credencial y empezo a decirme que le diera un beso. No esque tenga nada en contra de las pobres ancianas aburridas pero no me mola nada dar besos a desconocidos. Me lo debió notar en la cara porque empezó a decirme que no tenía ninguna enfermedad contagiosa. Al final se lo dí en parte para que se callara y en parte porque me daba pena, y ya salió Marta a rescatarme de la situación.

    Seguimos andando y paramos en un bar. La mujer nos pregunto de que queríamos los bocadillos y que nos los preparaba enseguida (que para ella “enseguida” fueron 25 minutos pero bueno, tampoco teníamos prisa). Ahí nos encontramos con los chicos de Murcia que habían hecho una parada. Me quite los zapatos para echarme más vaselina en los pies y los de Murcia me preguntaron que por qué mis calcetines tienen una “A” bordada (que vergüenza… no me había dado cuenta…) Les conteste que porque mi madre tiene una obsesión compulsiva por marcarnos toda la ropa. Nos comimos el bocadillo (buenísimo, por cierto, tardó en hacerlo, pero le salió bien) mientras un perro psicópata atado un poco más alla ladraba hasta desgañitarse.

    Seguimos andando y nos encontramos con una manada de vacas que venían por el mismo camino que nosotras… mis relaciones con el mundo animal nunca han sido muy buenas así que me aparte a un camino q salía hacia la derecha para verlas pasar de lejos y de repente Marta señala detrás mío y me dice muy seria… Date la vuelta… que venía otra manada de vacas por ese camino y yo acorralada que lo único que se me ocurrió decir es “Me voy a poner la sudadera por si tengo que salir corriendo” a lo q Marta me pregunto si esque con la sudadera puesta corro más (soy una incomprendida).

    Por si fuera poco luego pasamos por un sitio donde había ovejas y no se nos ocurre otra cosa que darles unos ladrillos pica pica que habíamos comprado antes. Una de ellas nos empezo a seguir y luego se paro para quedarse mirándonos muy fijamente… yo se lo leí en la cara a la oveja… estaba a punto de atacar, yo lo sabía… así que grité “Cuidado que va a embestir!!”, tiré la mochila y seguí corriendo camino abajo… Al final la oveja no embistió y volví… se asomó una mujer de una ventana y nos dijo con acento galleguiño “Si no hace nada…”

    Los últimos 10 km fueron horribles casi nos da algo ya estabamos destrozadas pero al final llegamos a Portomarín y vimos el río Miño. La entrada era una pedazo cuesta abajo de piedras y luego subir todo eso, vamos que llegamos en un estado para meternos en el ataud más que en la cama. En el albergue ya nos duchamos, lavamos la ropa etc etc nos dimos una vuelta por el pueblo y vimos la Iglesia que era muy bonita (mejor que la de Barbadello). También fuimos al super a comprar guarradas y a un Todo a 100 en el que nos compramos las PULSERAS DEL CAMINO!!!! con flechas amarillas como las que te señalizan el camino para que no te pierdas. Luego cenamos un plato de huevos, salchichas, bacon y patatas fritas y nos fuimos a dormir… al final tuvimos que dormir en el colegio porque en el albergue no quedaban camas pero ahí también había habitaciones grandes con muchas literas. La gente roncaba mucho, menos mal que tuve la idea de llevarme el MP3 y así me pude dormir con música…

    COSAS APRENDIDAS:

    - Las ovejas no embisten
    - Las vacas son buenas
    - No enseñar mis calcetines en público
    - No quedarme sola en cementerios con desconocidos
    - Llevar el MP3 cada vez que me vaya de viaje por si acaso…

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