EN PREPARACIÓN
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EXPERIENCIAS PEREGRINAS
1.

Pintada el 26 de Marzo de 2004
Tamaño: 18 x 22 cm
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2.
Sarria-Ferreiros-Portomarin
A eso de las siete ya estaba preparado para ponerme en camino, pero el bar del Hostal se encontraba completamente lleno y yo tenía que entrar para liquidar mi cuenta. En vista de que la gente no se movía, decidí pasar como fuera. Abriéndome camino con los codos, pude acercarme a la barra. Allí no había quien pudiera entenderse. A mi lado estaba otro peregrino, que pretendía desayunar. Al verme dijo: estos gallegos son paranoicos. Yo asentí con la cabeza. Levanté mi brazo, mostrando el dinero, y el dependiente lo cogió y dijo: en paz. Salí para respirar el aire fresco de la mañana.
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*enlace: Lycos Macardel
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Por la Rúa Mayor subí hasta el alto de La Magdalena; me paré, y quitándome el sombrero, ante el Crucero, pedí perdón a Dios, diciendo: no les tengas en cuenta su pecado. Te ofrezco el sacrificio de esta noche y los esfuerzos y trabajos de esta jornada en reparación de todos nuestros pecados. Madre Santísima, conoces lo mucho que te amo y lo mucho que he padecido con los insultos a tu Virginidad. Madre querida, alcanza de tu Divino Hijo el perdón para este mundo desorientado y enfermo y para mí las palabras de amor y reparación, que consuelen vuestro Corazón de Madre y el lacerado Corazón de mi Señor Jesucristo. Amén.
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- CAMINO DEL CEMENTERIO DE SARRIA -
(óleo a la venta 450€)
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Mientras rezaba, pasó el peregrino del comentario en el bar, me deseó Buen Camino y bajó por la cuesta, junto a las paredes del Cementerio, que era el punto de arranque de la etapa de hoy. Hice lo mismo y, como a unos 200 m, me desvié a la derecha por una carreterilla que enseguida abandoné para tomar una pista que cruza el río Celeiro. Ahora iba en paralelo con la vía del tren, que quedaba a mi derecha. Al fondo veía caminar con cierta dificultad al peregrino que me pasó. En menos de un kilómetro la pista pasaba por debajo del ferrocarril. Cerca está el mojón 109,5 para Santiago. Por un puente artesanal de troncos crucé un arroyo y me adentré en el bosque. Un centenario roble en medio del camino indicaba la proximidad de una fuente. Al poco di alcance al que me precedía. Nos saludamos y al observar que andaba con dificultad, me interesé por su salud. Entre tacos y alguna que otra blasfemia, me explicó que tenía los pies muy mal. Además de ampollas había cogido la enfermedad del pie de atleta y no creía que pudiera continuar mucho más allá del próximo Refugio.
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Yo le dije que llevaba botiquín y podía hacerle alguna cura, pero él pensaba que era mejor llegar a algún sitio donde hubiera sanitario y, quizás, quedarse allí hasta su completa curación. Añadió que tal como iba era mejor que yo siguiera mi ritmo. Le dije que no me importaba ir al suyo y anduvimos un rato juntos, mientras le comentaba la paranoia-gallega de Sarriá. Aproveché para decirle lo absurdo de la blasfemia y la degeneración y empobrecimiento del lenguaje que suponía el abuso de los tacos.
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*enlace: De camino a Vilei (maravillosas imágenes)
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Como la pista encaraba una subida, él me pidió que continuara sólo, ya que en las subidas y, sobre todo en las bajadas, sufría mucho y tenía que ir más despacio. Nos separamos y le animé diciendo que se le veía fuerte no sólo por su constitución física sino también por su gran temperamento. Que pensara en que iba a llegar a Santiago y que poco importaba el cuándo. Al salir del bosque seguí por la pista a la derecha; pasado el mojón 108,5 salí a la carretera en las inmediaciones de Vilei.
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*enlace: Sarria Cultural
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Antes de entrar en Barbadelo, me paré en el cementerio, que queda a la izquierda, para contemplar su ermita románica del s.XII. Una pequeña maravilla y en muy buen estado. Recé por los difuntos allí enterrados y por mis familiares y amigos.
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*imagen: John
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El Camino cruza este pueblo; en las antiguas escuelas se ha construido un Refugio. Pensé en el peregrino de pies lacerados y me acerqué para preguntar si disponían de atención médica, pero no vi a nadie.
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Pasado el mojón 107, la traza histórica vuelve a meterse por medio de las cuatro casas de Rente. A menos de un kilómetro me encontré de cara con el Mercado de Sarria; no me detuve por no tener necesidad de comprar nada. Si hubiera necesitado algo, aquí, en esta población, hay una tienda que lo mismo despacha bebidas que tabaco, ropa, tornillos, etc. La ruta continúa de frente.
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*enlace: Cerca de Leiman dice John
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Siguiendo mi marcha, a ambos lados fui dejando casas; no se sabe a punto cierto si son agrupaciones con carácter de pueblos o continuidad de una población mayor, pero ¿cuál?, ¿la anterior o la siguiente? Este tipo de dispersión es muy característico de las tierras gallegas. Tras este laberinto, y ante unas hermosas praderas, crucé la carretera que une Sarria con Portomarín. La siguiente agrupación de casas ya corresponde a Peruscallo.
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Como a medio kilómetro localicé el mojón 102 y, pasado Cortiñas, me ocurrió lo que, a continuación narro. Antes de llegar a Cortiñas hay unas casas de reciente construcción. A la derecha queda Lavandeira y enseguida la aldea de Casal. Tras ellas se inicia una pista, que acorta el recorrido hasta Brea. En aquella zona, los ladridos de varios perros amenazaban a quienes se atrevieran a circular por ella. La pista bordea vallados y cercas de casas de labranza y huertos.
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Al fondo de una de ellas pude ver atados a unos perros mastines que ladraban furiosamente a mi paso por el camino entre cercas. De pronto, de soslayo advertí que uno de los mastines se había soltado y en veloz carrera se dirigía, saltando setos y cercas, hacia mí. Sentí cómo un escalofrío recorría mi espalda y, encomendándome a mi Ángel y al Apóstol, traté de mantenerme sereno, sin acelerar el paso y esperar con paz la llegada de mi atacante. Los ladridos eran atronadores y la carrera, que traía, frenética. En unos segundos le tuve a mi espalda y, en su frenada, me cubrió de polvo y tierra, mientras con su hocico golpeaba mis piernas y mano izquierda; en la derecha llevaba mi bordón del que seguí valiéndome sólo para apoyarme en él. Sus roncos gruñidos, el continuo golpear con su boca mi mano y muslo, la humedad de sus mandíbulas salpicando mis piernas, eran el presagio de un ataque inminente. Pero mi frialdad y desprecio ante su fiereza y, sin lugar a dudas, la ayuda de Santiago y de mi Ángel, apaciguaron al mastín, que se quedó parado en mitad del camino, totalmente desconcertado y, me atrevería a decir, con sensación de haber hecho el ridículo. Bien, ¡gracias sean dadas a Dios, que tan bien cuida de sus hijos!
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Un poco más adelante iba otro peregrino en el que se apreciaban su cansancio y dificultad para andar. Iba despacio y pisando con mucho cuidado. Me aproximé a él y me interesé por su problema. Efectivamente, tenía los pies lacerados y, como la pista, en ese trayecto, era muy irregular y el descenso se hacía entre piedras, debía bajar mirando bien dónde pisar. Le ofrecí mi bordón para que se apoyara y me dijo que no sabía cómo usarlo y le supondría un estorbo más. Insistí y aceptó. Yo le iba indicando cómo debía cogerlo, según los desniveles a salvar, y poco a poco se fue familiarizando, hasta reconocer que era de bastante utilidad. Le dije que se quedara con él y que yo buscaría otro. Se negó en redondo a aceptar mi oferta. Me lo devolvió y me aseguró que él buscaría, más adelante, uno acorde con su estatura. Dijo que iba a hacer una parada, para cambiarse de vendas y descansar un rato; que, por favor, yo siguiera mi camino. Así lo hice.
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*enlace: Un Camino
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A través de una vaguada y terreno pantanoso, pisando por encima de las piedras para evitar el barro y agua estancada, pasé por delante de los mojones 101 y 100,5. Sobre una cerca del camino estaban sentados un matrimonio ingles, que también estaban haciendo el Camino. Ella era de Escocia. El paisaje que bordeaba la cerca era muy semejante al de su tierra. Se estaban cuidando mutuamente los pies. Les ofrecí mi botiquín, pero ellos iban bien preparados. Se extrañaron de que a mí no se me hubieran hecho ampollas en los pies. Les comenté que estaba acostumbrado a andar. Se interesaron por mi soledad, mis hijos, trabajo, etc. Es decir, que entablamos una sincera amistad. Ellos se quedaron todavía un poco más descansando y yo reanudé mi camino hacia Brea. En medio del laberinto de esta etapa, la ruta ahora se dirigía hacia un caserón, el de Morgade, donde está el mojón 99,5 y una fuente.
Me detuve a beber; ahora debía descender por una estrecha y difícil corredoira, que me llevaría hasta un arroyo, que salvé manteniendo el equilibrio entre las piedras naturales y otras, puestas como ayuda al viandante. Es esta una zona de prados en los que pasta el ganado plácidamente. En la corredoira también había que salvar la abundante suciedad que, tras de sí, deja el paso del ganado. Por supuesto que, una vez más, debía ascender. Todo lo que se baja, al otro lado hay que subirlo.
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La ruta por Galicia es como un tobogán dentro de un laberinto. De hecho aquí es más fácil perderse que por la zona de Castilla. Yo ya lo había probado una vez y, como se verá más adelante, tampoco sería la última.
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Cerca ya de Ferreiros, localidad de mayor presencia, con casas monumentales y evidentes vestigios de un afortunado pasado, vi a una señora con una rebeca en el brazo y que subía hacia la carretera. Su aspecto me hizo pensar que iba a Misa y así se lo pregunté. Me dijo que ahora a las 12 había Misa en la Parroquia.
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*enlace: humeao.org
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Esta se encuentra ubicada en el Cementerio de Ferreiros, como a unos 300 m Quedé sorprendido de su belleza. Se trata de una pequeña ermita románica del s.XII, dedicada a Santa María. Mientras nos acercábamos, le dije a la señora que íbamos a llegar tarde, pues eran las 12,15 h; me tranquilizó diciendo que no me preocupara, que el Cura siempre rezaba primero el Rosario, para dar tiempo a la gente que venía de lejos. Cuando llegamos el sacerdote estaba terminando el rezo del Rosario, pero ya revestido para oficiar la Misa. La ermita estaba llena, si bien no creo que cupieran más de veinte o treinta personas, vestidos de domingo. Fui rigurosamente analizado por las miradas de todos. He de reconocer que sentí un poco de vergüenza, aunque también era verdad que mi indumentaria era la apropiada para hacer un largo camino a pie. Esto fue al principio, porque inmediatamente me embargó la emoción al comprobar cómo el Señor salía todos los días a mi encuentro para darme su Cuerpo y Sangre en alimento espiritual para mi alma. La Misa, con este pensamiento, fue una inmensa acción de gracias de mi alma a mi buen Pastor, Padre y Amigo, Jesús nuestro Salvador. Al salir me esperaba la gente para despedirme; yo les correspondí saludándoles con el sombrero en la mano y dándoles las gracias. Ahora el peso de mi mochila parecía más ligero y mi andar más cómodo. Aún me quedaban unos nueve kilómetros para llegar a Portomarín.
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En menos de diez minutos llegué a Mirallos, sólo unas pocas casas en torno a la Iglesia. En poco más salí de Pena, localidad situada a 600 m de la anterior. Cogí una corredoira a la derecha en la que se encuentra el mojón 96,5 y, a partir de aquí, inicié el descenso hacia unas casas en la zona denominada Moimentos. Nada especial que ver, por lo que continué hasta Mercadoiro. Esta es una población formada por las casas de Cotarelo y las de Moutrás. Esta circunstancia le da el aspecto de mayor importancia que las anteriores, si bien carece de servicios de atención públicos. Alcanzado el mojón 94 seguí mi marcha hasta Parrocha.
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*enlace: 4 cuñados en el Camino
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Son poblaciones netamente rurales, que principalmente viven del ganado. Sus tierras son fértiles y en ellas abundan los maizales, castaños y frutales. El paraje es muy hermoso y digno de contemplarse.
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En dirección a Vilachá, el panorama se abre ante la progresiva inclinación hacia el valle del Miño, ya próximas las laderas de la otra margen, donde se encuentra Portomarín. En medio de Vilachá se encuentra el mojón 91,5. Puede resultar curioso estas referencias a los mojones del Camino, mas, para el que lo ha hecho a pie, le es fácilmente comprensible.
Desde el momento en que coronó con éxito el paso del Cebrero, comenzó su cuenta atrás ¿a qué distancia se encuentra ahora? Al iniciar este diario lo justifiqué con un título un tanto extraño: a unos 600.000 pasos. ¿De dónde?, ¿de qué?, ¿de quien?
Este pensamiento, que se lleva en el peregrinar diario sobre el trayecto físico, viene advertido en repetidas ocasiones a través de monumentos, lápidas y pequeños altares, levantados a lo largo del Camino, en los que se leen epitafios como éste: Prosper Charles Remmy Hic peregrinationem suam peregrinans finivit.
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Enseguida apareció el mojón 91 y una serie de curvas; sentía muy próximo el final de esta etapa y la necesidad de poder descansar la alargaba de tal forma que llegué a pensar en que me había vuelto a equivocar. Pero no; ahí, al final de una fuerte pendiente apareció el embalse de Belasar.
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*enlace: Mario Calvo
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Al otro lado, Portomarín ofrecía la más bella panorámica de Ciudad histórica, cuya visión invitaba a pasar rápidamente el viaducto, que une las dos orillas.
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Nada más cruzar el puente, a la izquierda, vi una gasolinera y a ella dirigí mis pasos para que me orientaran en cuanto a un hospedaje limpio y económico. El encargado del Servicio Estación se veía que no quería comprometerse, recomendando uno en lugar de otro, así que, como buen gallego, me lo puso para que yo eligiera el mejor entre dos, pero sin que pudiera decir que el otro era peor. Elegí el mejor, efectivamente, por trato y economía: Taberna-Fonda Perez.
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*enlace: Macardiel Lycos
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Crucé y subí por la escalinata a San Joan y desde allí aún tuve que salvar un formidable desnivel hasta la plaza Aviación Española, al lado del Ayuntamiento. Entré en la Taberna y el propio José Pérez López me atendió y llamó a un zagal para que me condujera a la casa donde alquilaba las habitaciones. Dejadas mis cosas en la habitación, me preparé para ducharme. El cuarto de baño lo tenía enfrente y allí hice mi cambio de imagen. Como nuevo bajé para comer en la Taberna, pero, al ser domingo, había que esperar turno.
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*enlace: Web Portomarín
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Pedí una botella grande de agua, bien fría, y me la fui despachando mientras me hacían sitio para la comida. La espera pudo ser del orden de una hora. Evité mirar el reloj. Me sentó muy bien y, despacito, me encaminé a mi habitación, esperando que aflojara un poco el calor. El sol a esas horas abrasaba. Dormí hasta las 18 h.
Como cada tarde, bajé a visitar el pueblo y a los peregrinos del Albergue. Por la calle de Santiago, la Rúa Nueva, Santa Isabel, entré en la gran Plaza, donde se encuentra la Iglesia de San Juan (hoy Parroquia de San Nicolas), Templo-Fortaleza de la Encomienda, románico del s.XII.
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Algo más al fondo está la de San Pedro. Detrás de la Calle Mayor se han reconstruido también los Pazos del Conde de la Maza (s.XVI) y de los Pimenteles o de Berbetoros (s:XVII).
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*enlace: imágenes del Camino
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Al lado de las escuelas está el Albergue, muy bien acondicionado y allí encontré a mi amigo peregrino, compañero desde Sarria. Se alegró muchísimo al verme. Nos sentamos para charlar un rato. Me comentó que había pensado mucho en lo que le dije durante nuestro corto recorrido por el Camino. Lo primero, sobre las blasfemias y los tacos; él también blasfemaba y hablaba mal, porque no creía en Dios. Era ateo y no daba importancia a las blasfemias, pero que se le quedó muy grabado lo de que las blasfemias solían decirse cuando algo salía mal, insultando a Dios como causante del mismo. Pero si Dios no existía, era absurdo inculpar a alguien que no es real, luego el blasfemo era un ser absurdo e irracional. Y lo de que las palabrotas empobrecen el vocabulario y por lo tanto las personas que abusan de ellas se hacen más incultas, también le había hecho pensar. Es más, me dijo, desde nuestra conversación, había empezado a corregirse.
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Mientras me hablaba, como era de esperar, se le escapaban algún que otro taco y alguna blasfemia. Yo le indiqué que había quienes, al hablar, cada cinco palabras pronunciadas, dos eran blasfemias y tres eran tacos, lo que no permitía mantener una conversación de interés social y ni mucho menos cultural. Se quedó muy pensativo, yo me reí y le dije que no tenía importancia, que lo verdaderamente importante era su actitud de querer cambiar.
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Le propuse que fuéramos a algún bar a tomar unas cervezas. Así lo hicimos y por el camino me aseguró que lo había pasado muy mal, con muchísimo dolor en los pies y que pensaba no continuar el Camino. Nos sentamos en un bordillo para ver cómo tenía las ampollas e infección. Las uñas de los dedos se la habían clavado en la base y esto era lo que más le molestaba. Le recomendé que con un frasco de Betadine, Yodo o Mercromina, separase un poco las uñas de las yemas de los dedos y los regase generosamente. Luego, que no se calzase y, al día siguiente, repitiera la operación. Me preguntó si era médico. Yo me reí y le dije que lo mío era la Publicidad y la Psicología. Continuamos andando hasta que vimos un bar con menos gente.
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Allí me insistió en que creía que debía dejar el Camino. Yo le apunté que lo mejor era no pensar en ello y, según tuviera mañana los pies, continuara o reposara un día más. Le dije que no hiciera locuras, como la de hoy, porque, entonces, sí podría tener consecuencias más graves. Quiso que le explicara por qué le había dicho en el Camino que él era también fuerte de temperamento. Le comenté que, si bien no hay caracteres puros, sin embargo él estaba incluido entre los de temperamento sanguíneo. Correspondía a la categoría de Pícnico. Yo, en cambio, era Leptosomático. Esto le encantó y estuvimos dialogando un gran rato.
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Le acompañé hasta el Albergue y, al despedirnos, me dijo que se encontraba bastante mejor, que iba a poner en práctica la cura y que me agradecía mucho la atención que le había dispensado. Pasé por la Taberna, sin ánimo de cenar; a lo sumo tomaría una ensalada. Sin embargo las atenciones que me dispensaron todos me hicieron cambiar de opinión. Una sopa muy rica, tortilla y ensalada; de postre un vaso de leche fría. Pregunté a qué hora abrían por la mañana y José me dijo que no me preocupara, que él madrugaba mucho. Si no estaba abierto, que le diera una voz. A la luz de la luna hice el camino de regreso a casa. ¡Gracias, mi Dios, porque aún significo algo para Ti!
- Diario de JUANJO ALONSO, Agosto/ 1997 -
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3.

10.04.99. Sabado. (XXIX)
Barbadelo-Hospital de Cruz (696.05km):
Salimos de buena mañana y en ayunas. Al menos hemos descansado. El día amanece con nieblas que van dejando paso a un sol que calienta. Al pasar por Brea vemos el mojón de los 100 kilómetros. Es increíble, ya no queda nada. Qué son tres días más después de casi treinta de Camino. Estamos tan próximos al final que ya nos entran los miedos a terminar. Es un sentrimiento confuso, doble, la ilusión por llegar, el vacío del final. Disfrutamos el momento. Entre bostas y barro nos hacemos las fotos. Juntos, por parejas, separados, uno a uno. Todo un rito. También me hago el retrato del día. Tengo curiosidad por ver las veintiocho fotos que me he hecho, que una me la hizo Fernando el primer día de Camino y otra Sandra en la Cruz do Ferro.
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En Ferreiros encontramos un bar abierto y nos tiramos a él. Es un buen momento, llevamos casi dos horas de marcha y no hemos tomado ni un mal café. El camarero es amable y silencioso, pero probablemente el más lento que existe en Europa. Me recuerda a los de las islas cuando éstas vivían aisladas y seguían sus propios ritmos, más lentos cuanto menor fuera. Finalmente nos sirve los cafés y unas madalenas sintéticas que devoramos. Arriesgamos y pedimos otra ración de todo, incluídos los cafés. Txemari dice que serán los de la merienda si esto sigue así.
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Aún es de día cuando terminamos de desayunar. Comentando que la velocidad en cobrar ha sido paralela a la de servir, nos anima a afirmar que será un record Guinness de lentitud. Ahora, eso sí, amable y educado lo era. Ya es de agradecer. Apretamos el paso para recuperar el buen rato que hemos pasado, que no perdido, en el bar. El día va a más y el calorcito aprieta. Quien nos lo iba a decir que nos iba a hacer este tiempazo. Estamos teniendo mucha suerte, que estamos a principios de abril y vamos por Galicia en camiseta desde casi primera hora de la mañana. Por una senda muy agradable, pero no de la belleza de la de ayer, vamos avanzando en agradable charla. Es curioso observar que cada vez vamos más tiempo juntos en animada camaradería y menos en meditación con nosotros mismos. Hemos cambiado mucho. Y también hemos intimado una barbaridad.
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*enlace: Camino de Joan Frabegat y su hiijo
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Aparece en una bajada el embalse que anegó el antiguo Portomarín. Vemos el nuevo asentamiento en lo alto de la colina. Cruzando el puente no puedo evitar parar, desabrocharme la bragueta y aliviarme desde él a las aguas. Que me perdonen los del lugar, pero es una travesura que me llena de alegría. También dice mucho del cambio que se ha operado en mí. Jamás lo hubiera hecho un mes antes. No es que me haya vuelto gamberro, que las formas y educación no creo haberlas perdido, Dios me libre, pero la alegría de vivir me permiten tomarme pequeñas libertades que no creo que ofendan a nadie y que me llenan de inocente gozo. En las escaleras de la Capilla de las Nieves espero con Lukas a Txemari que se ha retrasado. Subimos al poblado, visitamos la iglesia de San Nicolás, el pequeño refugio y nos vamos a comer un rico menú.
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Antes de que nos entre la ñoña nos echamos al Camino. Cruzamos el puentecito y nos enfrentamos a la cuesta. Sudamos la comida entre castaños, subiendo y subiendo, que no se acaba nunca, Finalmente acabamos llegando al alto.
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De allí a Gonzar es un paseo, un poco aburrido, pero paseo. Las ranas croan en las charcas. La primavera está aquí y la naturaleza explota de vida. Buscamos el refugio, nos tomamos un refresco en la máquina y pensamos que es demasiado pronto, podemos seguir hasta el próximo que debe estar en Hospital. No estamos muy seguros de si allí encontraremos en dónde poder cenar. Aunque no está muy lejos, se nos hace largo. El calor nos hace sufrir y llegamos cansados. Por el camino encontramos a otro peregrino. Parece buena persona y se nos une. En el refugio estamos solos los cuatro. Nos inscribimos y nos tumbamos un rato. Nos quedamos fritos. Descansamos una media hora y vamos pasando por la ducha, el primero caliente, los siguientes fría, el último helada. Es la ley de la fila, que el calentador es eléctrico. Salimos a buscar en dónde tomar una cervecita e informarnos dónde podemos cenar. Llega la hospitalera en ese momento y nos dice que no hay nada. Nada de nada. ¿Qué hacemos?
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*enlace: Portomarín
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Pues ni cortos ni perezosos, llamamos a un taxi y le decimos que nos lleve a Portomarín a algún restaurante que sea bueno y barato y si es casero, mejor. Tras un mes moviendonos andando, el coche es una especie de máquina del tiempo maravillosa que en un instante nos traslada de un lugar a otro. El taxista no cabe en sí de gozo cuando admiramos su vehículo y le preguntamos por todo lo que en él vemos. Nos deja en una fonda que son amables y nos dan muy bien de cenar. El buen ambiente hace el resto. Al rato, vuelve el taxista y nos recoge para llevarnos de vuelta al refugio. Cómo cambia la vida, cómo cambia el Camino. Como niños con zapatos nuevos, después de haber vivido un lujo inenarrable, nos metemos en nuestros sacos plenamente felices.
- Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 1999 -
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4.
08.04.00. Barbadelo-Ventas de Narón
Cuando sigilosamente salgo del refugio, mis amigas duermen en el más plácido de sus sueños. Me he duchado, vestido, recogido, luchado contra el saco e ido sin que se enterasen. También ellas van alcanzando el nirvana que el Camino produce. La verdad es que es temprano, casi no ha amanecido. Aunque siendo temprana primavera y estando tan al oeste, aquí lo hace tarde, muy tarde. Pero es igual, estoy de nuevo en marcha, muy próximo a mi objetivo. Al físico me refiero, a la llegada a la Catedral de Santiago. Porque el otro hace días que ya lo he alcanzado, que ya aburro hablando tanto de paz, sosiego, alegría y tranquilidad.
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*enlace: En mi Azotea, su Camino
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Lo de desayunar en esta etapa es complicado. Hasta Ferreiros no hay nada y allí no estoy muy seguro de conseguir algo. Pero en el peor de los casos, en Portomarín me desquitaría. Hoy está más nublado que los días pasados. Acabará lloviendo, sobre todo según nos acerquemos a Santiago, que casi no lo reconocería sin lluvia. Este año he pasado por todos las variantes meteorológicas. Calor, frío, lluvia, aguanieve, nieve, viento a las que hay que añadir las causas y consecuencias, es decir, sol, nubes, nubarrones y barro. Si todo mezclado. Me faltan los rayos con sus consabidos truenos, pero quizá de aquí a que llegue a la Plaza del Obradoiro me caigan un par. De los lobos no quiero hablar. Los recuerdo. Sí, los recuerdo como si los tuviera aquí al lado ahorita mismo, que todavía me tiemblan las rodillas cuando recuerdo el momento. Pero parece que no me han seguido, que han preferido quedarse allá arriba, con la despensa llena de ovejas y variedad de peregrinos pasando por delante, por si les da el apretón. Para apretón, el de la pareja que pillé en mitad de la faena por los llanos de Castilla. No sé qué habrá sido de ellos. Prefiero suponerlos felices y haciéndolo más discretamente. Que digo yo que habrán aprendido la lección.
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*enlace: En mi Azotea, su Camino
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Todavía me muero de la risa. Creo que pasarán muchos años y todavía lo contaré como una de las anécdotas más divertidas, curiosas y exóticas de mi vida. Si, he olvidado la S voluntariamente. Llego al kilómetro 100. Paro y medito. Han pasado tantas cosas desde que salí de Ostabat, caminando a solas no puedes evitar recordarlas. Es como ir hacia atrás mientras vas hacia delante, es como equilibrar el recorrido.
Es una gran verdad.
Y continúo.
Estoy convencido de que el ayuno ayuda a meditar. No sé si lo dicen los místicos, pero yo lo afirmo. Llevo mucho rato pensando mientras las tripas me hacen ruido. Llevo un hambre enorme, atroz. Y ya lo sabía, hasta Portomarín nada de nada.
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*enlace: Fotografía histórica y documental
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Pero todo llega, que ver la villa y serenarse mi espíritu es todo una. Paso el puente, admiro el embalse y me subo hacia la plaza. Me meto en una cafetería y me pido un café con leche sin espuma, de desayuno, y las tostadas más grandes que tengan por la casa, que me he hecho casi veinte kilómetros en ayunas, con el azúcar en mínimos en ambos tanques de combustible. Vamos, que he llegado con los flaps desplegados al 30% y planeando, que ya no daba más de mí.
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Descanso un rato y cuando bajo hacia el puentecito de metal, miro desde la altura si veo a mis amigas. Nada, han desaparecido. Pero también lo han hecho todo el inmenso grupo de alemanes. No tengo ningún interés en encontrarlos, pero no puedo evitar preguntarme por dónde se habrán perdido.
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Paso Gonzar, Castromaior y en Hospital paro un momento a descansar. Es pronto y aquí no me voy a quedar. Pero tampoco tengo muy claro a dónde ir. Me encuentro fuerte y fresco y podría seguir bastantes kilómetros más, pero tampoco quiero pasarme. No tengo ninguna prisa en llegar a Compostela, disfrutando como lo estoy haciendo del Camino. Prefiero no apretar y hacer en tres días lo que quizá haría fácilmente en dos.
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Hay que aprender a dosificarse, como en los maratones o en los chupitos. Los excesos se pagan y yo prefiero cobrar, es más mi estilo aunque nunca lo consiga. Así que me levanto y suavecito, casi de paseo, pegando patadas a los guijarros que me encuentro, disfrutando de la paz de la tarde y de la soledad, me llego hasta Ventas de Narón.
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Me instalo, que nadie hay y me pongo a escribir y dibujar tras pegarme una ducha.
- Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 2000 -
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10.
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~ por candelaarias en Abril 8, 2008.
ESPACIO RESERVADO
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FRAGMENTO DE PEREGRINATIO DE MATILDE ASENSI
LO POCO QUE HE VISTO… CREO QUE SERÁ INTERESANTE… PASARSE…. A VER SI CONTINÚA…
OTRO ENCUENTRO:
Y UN DIARIO MÁS… ETAPAS CORTAS… EN PÁGINA DE BUENA VISIBILIDAD
FOTOGRAFÍAS ANEXAS MARAVILLOSAS… QUE DEJARÉ EN EL DIARIO DE JUANJO ALONSO, LA TERCERA, DE CAMINO A VILEI
UN CAMINO DE PEREGRINOS:
HAY QUE HACER UNA VISITA AL BLOG DE LOS CUÑADOS:
BAR CASA MOGARDE… MENUDOS PRECIOS… DICEN:
CAMAS DESDE 6 EUROS.
FRAGMENTO DE IACOBUS DE MATILDE ASENSI QUE COINCIDE CON ESTE FINAL DE ETAPA
LA FOTO DEL CRUCEIRO DE SARRIA ME LLEVA A LA MACARDIEL EN LYCOS QUE YA CONOCÍA DE AYER (15 DE ABRIL):
DIARIO DE BICIGRINOS:
UN CAMINO QUE EMPIEZA JUSTO AQUÍ, AHORA MISMO: