(8) Etapa octava: LOGROÑO – NÁJERA (Camino Francés a Santiago)
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Paisaje con Nájera a la vista ( Nacho)
* Desde Logroño a Najera hay que seguir el curso de la carretera N-232 y de la N-120, que discurren por un paisaje en el que predominan los viñedos. La etapa se presenta sin muchas dificultades
‘Guía práctica del peregrino’
JOSE MARÍA ANGUITA JAÉN
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Para salir de Logroño se recorre la Rúa Vieja y la calle Barriocepo; atravesando la Puerta de Revellín o <<puerta del Camino>>, se continúa por la calle del Once de Junio, la plaza del Alférez Provisional, las avenidas del Marqués de Murrieta y de Burgos, y el polígono insdustrial. Al llegar a una gasolinera, hay que dirigirse a la izquierda, por las calles Entrena y Rodejón, y proseguir por las calles Prado Viejo y Arco. Se desciende a un túnel para cruzar la circunvalación, y a su salida nos encontramos con un camino acondicionado como vía verde, sombreado por árboles ornamentales (árboles del paraíso, mimosas, álamos, cipreses, etc.), que llevará al pantano de la Grajera, a unos cinco kilómetros de la ciudad. Allí, en un pinar existe una zona de recreo. Se abandona el pantano por la izquierda en dirección a la N-232. Prosigue el Camino en Paralelo a ésta, alcanzando el alto de la Grajera, donde se reúne la N-232 con la N-120. Desde ahí se desciende hacia Navarrete. Tras algo menos de un kilómetro, se atraviesa la N-120 y una carretera de servicio. Entre campos de cultivo se avanza hacia el puente sobre la A-68 que conduce a la entrada de la villa, donde permanecen los restos del Hospital de San Juan de Acre. Se abandona esta localidad por la N-120 y se pasa junto al cementerio, cuya portada, del siglo XIII, perteneció en su día al hospital antes citado. Al llegar a una finca, existe la posibilidad de abandonar la carretera. Si se quiere (de una u otra forma, padeceremos la escasez de arbolado), desviándose por un camino rural, sorteando viñedos, olivos y campos de cereales. Al llegar a la cooperativa vitivinícola de Sotés se cruza la carretera que se dirige a esa población, para regresar a la N-120 por un camino asfaltado. Tras otro tramo junto a ésta, se puede hacer un devío hacia Ventosa, a poco más de un kilómetro, donde hay un albergue, o avanzar hacia el alto de San Antón directamente. Después de ascender hasta cierta altura entre vides, matorrales y carrasca, hay que descender de nuevo para cruzar la N-120 hacia la derecha. A un kilómetro aparece el legendario poyo de Roldán, tristemente coronado por una antena, que se deja a la izquierda. Dos kilómetros más tarde se atraviesa la carretera de Huércanos. Se bordea la gravera para cruzar el río Yalde por una pasarela. Poco después nos encontramos una zona de descanso junto a una fábrica. Tras unas huertas y después de cruzar la N-120 nuevamente, se entra en Nájera.
* NOTA PARA CICLISTAS
Prácticamente todo el camino es accesible, sin tener la necesidad de ir por la carretera (la N-120), aunque hay alguna dificultad en el alto de San Antón.
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*enlace web: CAFÉ COKE, donde puedes estudiar esta etapa y sus correlaciones con las casillas del Juego de la Oca.
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EXPERIENCIAS PEREGRINAS
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Miercoles. Logroño-Najera (218):
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*link: ElCaminodeSantiago.Com
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* imagenes del parque del que habla Alfonso
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* enlace: El Camino de Santiago por tierras de la Rioja
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* enlace: Hospital de San Juan de Acre. S XI con Navarrete al fondo (Humeao.Org)
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* San Juan de Acre, cementerio (Humeao.Org)
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Esta etapa, al igual que la que termina en Estella, se hace larga y pesada.
Los últimos kilómetros te preparan para lo que luego será la nada del páramo, la lucha por llegar, por atravesar un espacio que no te seduce.
Los tobillos siguen doliéndome y es en estos momentos en los que se flaquea.
Pero siempre existe un punto en la mente, en la voluntad, al que se puede acceder para superar el cansancio, el aburrimiento, la dejadez. La mente es mucho más poderosa que el cuerpo y no hay nada que con su ayuda no se pueda alcanzar fisicamente.
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* albergue de Nájera (Caroline Mathieson)
- Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 04 -
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4. Dolor
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Logroño – Nájera
27 de septiembre de 2004
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Las curas de mis ampollas eran lo que más me preocupaba. No quería que se me infectasen.
Pienso en que no podré continuar. Pero no hay gloria sin dolor -menuda expresión-.
Sientes una sensación de alegría, de “prueba superada”, de esfuerzo que ha merecido la pena, que tu cuerpo rapidamente te lo agradece, te sientes liberada al recibir el descanso. Feliz porque logras sentirte parte de un todo, logras que tu espíritu sea el que te alimente. Difícil de explicar. Vivirlo, sentirlo… es lo reconfortante.
- Diario de GUADALUPE, Mirada de agua, Septiembre/ 04 -
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10. d – Logroño a Azofra (32 km)
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*enlace: Página sobre Azofra
María, la hospitalera, y peregrina firmando en el libro de registros
- Diario de un PEREGRINO DESCALZO, Agosto/ 1996 -
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11.
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Enlace a todos los artículos de esta temática:
en: EL CAMINO DE SANTIAGO (itinerario que sigue la Vía Láctea)
¿Dónde encontrar más historias e información? Diarios de Peregrinos
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*ENLACE WEB: EL CAMINO DE SANTIAGO PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD
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PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD TAMBIÉN EXISTEN CAMINOS
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LOGROÑO – NAVARRETE Dificultad media13km
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NAVARRETE – ALTO DE SAN ANTÓN Dificultad baja 9km
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ALTO DE SAN ANTÓN – NÁJERA Dificultad alta 7km
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NAVARRETE
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NÁJERA
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ESPACIO RESERVADO PARA LA GUÍA DEL PEREGRINO DE JOSÉ MARÍA ANGUITA
ENCUENTRO DEL DÍA CON EL CAMINO… DE NACHO:
17/7/2000
Logroño – Nájera
29,1 Km
Otra etapa dura. Larga, con mucho calor y la soledad hecha camino: sólo 1 pueblo más o menos a la mitad (Navarrete). El resto transcurre entre viñedos y tierra baldía.
En un día como este no sabes muy bien si podrás llegar a tiempo para hacer la comida en el final de etapa y lo mejor es comprar provisiones para hacer algo y comértelas antes de llegar. Contando que las mochilas estaban repletas y no es bueno cargar con bolsas mientras caminas, se optó por comprar algo que ocupase poco y fuese energético: unos croisanes de bollería con el embutido que todavía teníamos, unas onzas de chocolate y una porción de membrillo. Como acertadamente bautizó a esa estilo de comida Paula Ruiz Cagigas (Pau) el día de San Juan de Ortega, tuvimos un poco a base de nada.
Nájera es una ciudad con historia (fue capital del Reino Navarro), está encajada contra la base de un pequeño acantilado y tiene un albergue en que nos trataron de cine (a pesar de tener que ir a dormir a un pabellón deportivo en el que estábamos bastante solos). Llegado a este punto ya estaba habituado a las duchas frías y a dormir en cualquier lado, que es lo mínimo que pido en un albergue: un techo sobre mi cabeza (digno) y un lugar donde poder asearme.
También fue importante porque hablé por vez primera con Iván, con quien no empecé con demasiado buen pie (ya se sabe, dialéctica enseñanza pública-enseñanza privada) y con Sebastian. Y fue el día en que se fraguó la superpaella de Santo Domingo de la Calzada.
PARTE DE LA INFORMACIÓN FACILITADA POR LA PÁGINA ELCAMINOASANTIAGO.COM (CAFÉ COKE) ES:
UN ENCUENTRO CULTURAL
Navarrete
Ventosa
ENLACE QUE QUIERO VISITAR CON MÁS CALMA
Azofra
´hospital´ de peregrinos
Si tienes algún dato relevante o información adicional, por favor, envíanoslo a
benito_page@vallenajerilla.com
FRAGMENTO DE IACOBUS DE MATILDE ASENSI QUE TRANSCURRE EN LA POBLACIÓN DE NÁJERA.
FRAGMENTO DE PEREGRINATIO DE MATILDE ASENSI CORRESPONDIENTE A ESTE TRAMO.
[...] Veamos los jacobípetas actuales: i, ii, iii [...]
AYMERICH PICAUD - vii - (camino de Nájera) « Blog Archive « EXPERIENCIA PEREGRINA dijo esto en Julio 20, 2008 a 1:56 pm |
En Logroño empieza una etapa serena del Camino jacobeo a través de la tierra en la que ’se cristalizó la Europa en la que aún vivimos’, según Gregorio Marañón. Algunos estudiosos han demostrado que con el códice escrito por Berceo, el monje de San Millán, en 976 empezó la europeización de España. Hoy los expertos han restado al códice Emilianense algo de importancia en beneficio de otro códice anónimo un siglo más antiguo descubierto en estas mismas tierras. Lo cierto es que aquí empezó la ‘benedictización’ de la región un siglo antes que en el resto de la Península de Leyre.
Según las crónicas, Gotescalco, obispo de Le Puy y príncipe de Aquitania, primer peregrino extranjero conocido del Camino de Santiago, se detuvo en el año 950 en el monasterio morárabe de San Martín terminado cincuenta años antes, y lo hace ’seguido de numerosa comitiva’. El obispo franco pide al monje eremita de Albelda de Iregua, Gomesano, que la haga una copia del Tratado de la Perpetua Virginidad de la Santísima Virgen de san Ildefonso de Toledo y de otros códices miniados, copias que el monje riojano manuscribe con esmero prolongado algunos. Es el primer manuscrito español que sale del país. Hoy se le conoce como el Códice Gotescalco o Códice Colbertino y se conserva en la Biblioteca Nacional de París. Asimismo, el Antifonario de Albelda, confeccionado entre estos muros, fue una joya del rito mozárabe origen de una triste leyenda: en el año 1080 Alfonso VI, presionado por el papa Gregorio VII y el Cluny, convocó un concilio en Albelda para decidir sobre la sustitución de la liturgia autóctona hispana, la visigótica, por la gregoriana o francígena. Se dispuso que un Juicio de Dios con fuego aconsejase sobre la decisión. El misal mozárabe salió intacto de las llamas, no así el gregoriano. Pero Alfonso VI, inclinado hacia Roma e influido por su esposa francesa, arrojó el Antifonario Albeldense al fuego de una patada y ordenó que nadie lo retirase. El códice acabó pasto de las llamas. ‘Allá van leyes do quieren reyes’ sentenció, desde entonces, el refranero popular mientras los monjes albeldenses contemplaron consternados la desaparición de su valioso antifonario.
En este mismo monasterio escribió el monje Vigila su miniado Cronicón Albedense o Crónica Vigiliana que, afortunadamente, se conserva hoy en El Escorial a salvo de caprichos reales. En él recogió el fraile el Fuero Juzgo, las actas de concilios hispanos y europeos de la época, el calendario morárabe, los decretos pontificios y un tratado de aritmética. En tan ingente obra empleó el monje muchos años de escritura hasta su terminación en el año 976.
La Rioja es, por tanto, la tierra del idioma castellano extendido a todo el país y nacionalizado, que siglos después hereda todo un nuevo continente convirtiéndose en el lenguaje de casi cuatrocientos millones de ciudadanos del mundo.
También nacieron en la Rioja leyendas imborrables, como la del gigante Ferragut, relatada anteriormente y tallada en la piedra de Estella.
El Camino jacobeo sale de Logroño ladeando la colina hacia el sur y volviendo lineal un paisaje hasta ahora abrupto. Pasa por Navarreter, donde el freire templario Bertrán Duguesclin, luego condestable de Francia, estuvo preso en 1366 tras su derrota en Nájera, y de donde partió hacia el macabro paso de Roncesvalles de regreso a Francia. A la derecha del Camino queda el Alto de San Antón, por el que antiguamente atravesaba el Camino entre parajes boscosos hoy casi ralos. Los campesinos del lugar referían historias de peregrinos asaltados por bandidos disfrazados de monjes escondidos entre los árboles que aparecían como fantasmas a la vista del caminante.
Hoy difícilmente podría esconderse en este paraje delicuente alguno. El pórtico románico es lo único que queda del antiguo Hospital de Peregrinos, alberguería denominada de San Juan de Acre, por lo que se le supone factura templaria. Hoy está instalada en la entrada al cementerio de la villa. Se puede observar en el conjunto porticado un capitel sin fuste en la parte interior, con dos personas sedentes: una de ellas alza una copa mientras come y la otra se alimenta sujetando un gran bordón. También vuelve a aparecer aquí, en la parte más alta del capitel, el combate entre Roldán y Ferragut librado a pocos kilómetros de la villa, en Nájera.
Navarrete gozó de gran importancia en el pasado. Su aspecto de plaza fuerte y sus casas blasonadas dan prueba de ello. En el siglo XVI Ignacio de Loyola viajó hasta aquí con el fin de ajustar sus cuentas con el duque de Nájera, a cuyo servicio había estado anteriormente.
Pocos kilómetros más adelante se encuentra el Poyo de Roldán, a la izquierda del sendero y a la derecha de la carretera, donde todavía se conserva la historia del Prefecto de Francia. Cuanta otra leyenda que Ferragut vivía en el castillo del Nájera y que Roldán le venció, sin emplazarle a duelo alguno como se relataba en tierras navarras. El prefecto francés arrojó desde el poyo ‘una piedra de dos arrobas’ contra el gigante, que recibió la pedrada en medio de la frente. Cayó muerto en el acto y los pares francos apresados salieron libres del castillo. Desde entonces, el montículo es llamado Poyo de Roldán o Porroldán en popular abreviatura. Sea cierta esta leyenda de la piedra o lo sea la anterior del duelo con lanza, ninguna de las dos refleja gesta digna de caballero medieval. O sea, que para los españoles la heroicidad de Roldán, el de la canción de gesta, queda bastante en entredicho…
El Camino continúa entre viñedos y labradíos con la sierra de la Demanda, y el pico más alto de Castilla, el San Lorenzo, siempre nevado frente al caminante. Dieciséis kilómetros más adelante se divisa la majestuosidad de Nájera desde ‘las curvas de la Degollada’ que no guardan leyenda alguna sobre damas asesinadas, sino que en Navarra se denomina así a las quebradas montañosas. A un lado, una colina coronada por la aldea de Tricio, la antigua Tritium romana que conserva un trozo de la Vía Augusta que las legiones romanas construyeron para unir Zaragoza con Astorga. En lo alto de la colina se levanta la ermita de la Virgen de los Arcos, construida en 1181 y cuya primitiva imagen, según la leyenda, fue traída a España por el propio san Pablo. La imagen actual de la ermita es del siglo XVI, morena y con una peana tallada con signos similares a los encontrados en las antiguas estelas celtas. No es de extrañar, pues, que anteriormente sujerara una imagen más antigua que la actual. Los signos celtas encontrados en esta ermita permiten a los habitantes de Tricio y a los de nájera considerarse también orgullosos descendientes del antiguo pueblo céltico de los berones, al igual que los de Viana.
Cerca de Nájera está la desviación que conduce hasta el monasterio de Valvanera y a lso templos de Suso y Yuso. Vale la pena dedicar una jornada a visitar la cuna del idioma donde nacieron las Glosas Aemilianenses que se conservan hoy fuera de estas tierras. En lo alto de la colina, el monasterio visigótico de Suso conserva tallado en piedra el primer testimonio labrado en castellano, copia del que Gonzalo de Berceo dejó plasmado en pergamino en el siglo XIII. Reposan en su interior los restos de san Emiliano o san Millán de la Cogolla, patrón y protector de Castilla que vivió en este lugar hasta los ciento un años. Su urna es valiosa joya de artísticos marfiles románicos del siglo XI y su enterramiento está cavado bajo una bóveda de roca. La lápida que lo cubre muestra un alfabeto ocultista y varios signos extraños: perros, atlantes, ciegos que ven, lectores sapientes y mandalas celtas de autoría desconocida. Entre los muros de Suso dicen que se emparedó santa Oria -otra vez el oro en el Camino- para evitar las numerosas tentaciones de que era objeto. Berceo reflejó en su obra la virtud de la santa asegurando que ‘como era preciosa más que piedra preciada/ nombre avie de oro, Oria era llamada’. Y allí está enterrado también san Felices de Bilibio, maestro de san Millán, que nació en el último cuarto del siglo V y murió en el 574 con ciento un años. Pastor y tañedor de rabel en su juventud, recibió las lecciones del ermitaño Felices de Bilibio y organizó un cenobio eremita en los montes Distercios. El cenobio estaba formado por varias cavernas excavadas en la montaña dispuestas en dos pisos comunicados entre sí por un pequeño pasillo con dos capillas aledañas. Sobre ellas se erigió, en el 923, el monasterio visigótico de Suso. Conserva su suelo original de cantos rodados grises encastrados con ladrillos al estilo visigótico formando rosetas y esvásticas. Su trabajosa confección le ganó el nombre de Alfombra de Portalejo.
En el atrio del monasterio están enterradas tres reinas navarras, Tota, Ximena y Elvira, y el Señor de Cameros don Tello González. En el centro aparecen alineadas otras ocho tumbas de piedra toscamente talladas que conservan los restos descabezados de los Siete Infantes de Lara y de su ayo, el caballero templario Nuño de Rasuno. Las cabezas de los siete hermanos se conservan en Salas de los Infantes, de ahí el nombre de la villa burgalesa.
La leyenda de los Siete Infantes de Lara resulta dramática. Conzalo Bustios acudió con sus siete hijos a las bodas de su cuñado Ruy Velázquez, hermano de su mujer doña Sancha, con la doncella doña Lambra. Durante la celebración de las nupcias, Lambra se proclamó injuriada por el menor de los Bustios, Gonzalo González, que se vio sorprendido por esta actitud. Sus seis hermanos salieron en su defensa y la recién casada retiró su acusación. Gonzalo Bustios fue enviado, entonces, por Ruy Velázquez a Córdoba con una falsa embajada, ausencia que fue aprovechada por su tío para emplazar engañosamente a los siete jóvenes en los Campos de Almenar. Allí fueron asesinados y decapitados con su ayo Nuño por un ejercito morisco. Poco después regresó su padre don Gonzalo y, al ver las cabezas de sus siete hijos enloqueció de ira. Pero la venganza llegó lentamente con el tiempo. En Córdoba, Gonzalo Bustios vivió un romance con la hermana de Almanzor que quedó preñada a la marcha del castellano. Este bastardo, Mudarra, al conocer la historia de sus hermanastros se trasladó a Castilla para desafiar al asesino de sus hermanos, Ruy Velázquez, al que mató en duelo. Doña Lambra según unos fue quemada viva por orden del moro, y según otros se arrojó a las Lagunas Negras sorianas para evitar el castigo, de donde viene el macabro nombre del lago.
Desde Suso, bajando la colina aparece en el centro del valle el monasterio de Yuso, románico guardían de una magnifica colección de marfiles y de traza arquitectónica similar a la del monasterio de Silos. En su interior se conservan las arquetas de San Millán, construida por orden de Sancho el de Peñalén, y de su maestro san Felices. En el Salón de los Reyes se conservan lienzos de Juan de Rizzi y un retrato de Sancho el Mayor ¡que luce la cabeza de Lope de Vega”…, según los expertos.
Volviendo atrás sus pasos, el peregrino entra en Nájera, la regia ciudad que fuera habitáculo romano cuyo antiguo nombre proviene, según Menéndez Pidal, de íberos y celtas asentados en el lugar antes de la llegada de las legiones de Roma. Nagera, Naiara y Naj-ara en la antigüedad, sufrió los avatares de las luchas de los reyes de Navarra y de Castilla contra los musulmanes que la ocuparon y que la llamaron Al-Najra o ‘lugar entre peñas’ hasta su incorporación a la corona castellana con Alfonso VIII, en 1176. Fue tomada la villa a los sarracenos por el rey navarro cuando corría el año 923 y convertida, posteriormente, en Corte y Panteón Real durante los siglos X y XI. Sancho el Mayor mandó acuñar aquí la primera moneda de la Reconsquista y, a principios del siglo XI, se fundó una abadía cluniacense. Siglos después surgió el actual monasterio en cuyo altar se venera la Virgen de la Terraza, una curiosa imagen cuyo descubrimiento originó la fundación de la ciudad.
Cuentan las crónicas que la imagen fue hallada por el rey don García de Pamplona, llamado luego ‘el de Najera’, cuando cazaba por estos pagos en el año 1044. El rey vio cómo un halcón se perdía en el horizonte tras una paloma. Cabalgando en pos de su halcón descubrió un inmenso resplandor en medio del bosque y se dirigió hacia él. La luz salía de una cueva excavada en la roca en cuyo interior encontró a paloma y halcón en amigable compañía a los pies de una imagen mariana que brillaba sobre la piedra. Junto a las aves había una jarra de azucenas frescas que perfumaban el recinto. El monarca decidió que aquel lugar debía ser consagrado y dedicado a enterramiento real. Mandó construir una basílica y creó una orden de caballería, la orden de la Terraza o de la Jarra, que ambos significados tiene la etimología de ‘terraza’ en el lenguaje iniciático, y que fue la primera orden de caballería de la Historia.
La orden se convirtió en una Tabla Redonda defensora de imagen y recipiente. Con esta historia vuelven las connotaciones griálicas y esotéricas del Camino de Santiago: la caverna, las luces misteriosas, la virgen negra, el recipiente sagrado y la dualidad o hermanamiento de lo opuesto, en este caso halcón y paloma. El conjunto de tanto simbolismo convierte el lugar en un centro energético. García Sanchez III mandó trasladar a este recinto los restos de san Vicente mártir y de san Prudencio desde el monte Laturce y le pidió al papa el envío de los de san Vital y san Agrícola, que le llegan desde Bolonia. La dualidad se repite insistentemente.
La construcción se trazó de tal forma que la cueva quedara en el interior tras el coro de la iglesia. A ambos lados de la gruta se instaló el panteón real con las tumbas de los reyes de Navarra como eternos guardianes. Allí permanecen las tumbas de doña Blanca de Navarra, biznieta de Carrión, hija de García Ramírez y madre de Alfonso VIII que murió en 1156 durante el parto cuando su esposo, Sancho el Deseado, aún no se había convertido en rey de Castilla; su tumba románica ha sido atribuida al mismo maestro Leodegario de Sangüesa y Chartres. Junto a ella, los sepulcros de doña Mayor, de Sancho IV y de otros monarcas de la Navarra medieval. Pasando entre las dos amenazantes figuras de piedra que guardan la entrada y el panteón, se traspasa el umbral de la legendaria cueva en cuyo pasillo de acceso han sido enterrados otros miembros de reales familias a uno y otro lado. Al final del zaguán subterráneo se abre la gruta de piedra en la que una imagen gótica del siglo XIV, de coloreado y triste rostro, recuerda el milagro del hallazgo.
La imagen auténtica de la morena Virgen de la Terraza se conserva sobre el altar mayor, en un camarín del gran retablo. Bajo ella, otro hueco del retablo muestra la jarra o terraza, siempre llena de azucenas frescas tal como fue hallada. Hay que subrayar que la azucena es la flor que se repite a lo largo del Camino jacobeo incluso en los lugares más insospechados e inaccesibles. Lo mismo que el olor a madera fresca que, tanto en Navarra como en La Rioja, persigue al peregrino.
El monasterio de Santa María la Real de Nájera esconde muchos otros signos en ménsulas y capiteles y ese milagro hecho encaje en piedra que es su Claustro de los Caballeros, de principios del siglo XVI, donde la piedra se ha vuelto encaje para filtrar la luz por sus arcadas rodeando el pequeño jardín medieval. Desde 1895 está bajo la custodia de los padres francisanos que acogen allí a todo peregrino que lo solicita.
Fuera ya del recinto monacal, se puede contemplar el monumento a Fernando III el Santo, en el mismo lugar en que fue proclamado rey en 1217. Se levanta sobre el llamado Campo de San Fernando junto al puente actual, construido en 1886 sobre el anterior de siete arcos tendido en el siglo XII por san Juan de Ortega.
De Nájera el monje alemán Herman Künig dijo, en 1495, que ‘la gente es muy burlona, las mujeres del hospital arman mucho ruido pero tienes todo lo que quieres y las raciones son muy buenas’. Aquí se pueden reponer fuerzas con buenas raciones de ensalada riojana o de caldereta camerana, un guiso de cordero lechal regado con vino blanco y vinagre cocido lentamente con patatas y distintas hierbas incluida la alcamonía. Es plato tradicional de pastores trashumantes en su largo recorrido con los rebaños hasta ‘la Extremadura’ a través de las Cañadas Reales. O puede degustar unas patatas a la riojana, que no son otra cosa que patatas guisadas con chorizo y un sofrito de cebolla, tomate, ajo y pimiento. Si el peregrino desdea tranquilidad y retiro por unas horas puede desviarse hasta las Cuevas de Nájera, remontando el sendero que parte del norte de los torreones de Santa María la Real, donde los franciscanos del monasterio le acogerán con simpatía en un pequeño refugio.
La figura de Santiago Matamoros aparece en el tímpano de una de las puertas de la catedral de Logroño, Santa María la Redonda. Es un magnífico ejemplo de la arquitectura barroca. La ciudad conserva otras interesantes iglesias como San Bartolomé, con su torre mudéjar y su espléndida fachada del siglo XIV. Hay en la capital de la Rioja muchos otros recuerdos jacobeos. Se puede decir que el Camino dio antiguamente un gran impulso al pequeño poblado heredero de la ibérica Vareia que fue Logroño hasta el siglo VIII. Pero apenas tengo que confesarle al lector que, estando en Logroño, se me olvidó por unas horas mi tarea santiaguista. Desde el Espolón, donde cabalga la estatua de bronce del general Espartero, que vivió en Logroño y fue visitado allí por el rey Alfonso XII cuando llegó a España, entré en el viejo barrio de tabernas y restaurantes que suele cobrar gran animación al caer la tarde. Son las horas en que, como sucede en otras ciudades de España, se produce en la capital de la Rioja otra clase de peregrinación. Se suele denominar vía crucis al hecho de ir chateando de taberna en taberna. Un chiste popular llama a estas calles de la vieja ciudad con el nombre de ”la senda de los elefantes”, por las trompas, según dicen, que allí se cogen.
Un poeta castellano del siglo XVII, Esteban Manuel de Villegas, opuso el vino y seguramente el vino de, como él decía, ”la roja y feliz Rioja”, al ejercicio de las armas. El cisne del Najerilla, como se le conocía porque había nacido en Matute, un pueblo situado a orillas de este río, dedicó no pocos poemas al vino de su tierra. Escribió por ejemplo:
Corra el otro a las armas,
cargado de paveses,
que yo tan sólo al vino
correré diligente.
Por eso, tú, muchacho,
echa vino y sé breve,
que más quiero asomarme
que morir de repente.
Desde antiguo, los peregrinos jacobeos hablan en sus escritos de los vinos españoles. Alaban su calidad y cuerpo. Dice un anónimo cantar inglés:
Here wyn is theke as any blode
and that wull make men wode.
”Aquí el vino es espeso como alguna sangre y esto pone furiosos a los hombres”
Las tabernas del Camino de Santiago anuncian el color del vino en su puerta, al objeto de atraer a los caminantes. Jean de Tournay, el curtidor flamenco que peregrinó a Compostela a fines del siglo XV y escribió luego lo que había visto, señalaba: ”En todo el país, allí donde se vende vino blanco ponen una enseña de paja, y por enseña de vino tinto ponen una manta roja”.
También cuenta Tournay cómo se guarda el vino en España: ”Hay la costumbre de meter el vino en pellejos de cabra cosidos, y por la pata de atrás se echa el vino dentro del jarro”. Dos siglos y medio después, a mediados del XVIII, un sastre de la picardía, Guillaume Manier, corroboraba esta observación: ”El método para guardar el vino es la pata del cabrón”. Y añade: ”El vino se sirve en cubiletes de madera. Uno de esos cubiletes lleno de vino vale dos ochavos y costaría a buen seguro diez sueldos en Francia”. En Compostela, el viajero tendrá ocasión de ver la puerta del Vino por donde entraban en la ciudad los caldos de Ulla y de Ribeiro. La inscripción latina dice: ”Perquam pretiosus Baccus venit ad urbem”.
Dicen que fue por Nájera por donde entró, hace ya muchos siglos, el cultivo de la vid en la Rioja. La región debe su nombre al río Oja que nace en la sierra de la Demanda y desagua en el Ebro a la altura de Haro, llevando en su corriente los mejores vinos de España. Saliendo de Logroño por la carretera de Burgos encontraremos algunos de los más bellos monumentos del Camino de Santiago. Navarrete es un soberbio conjunto de iglesias y casonas blasonadas. Del antiguo monasterio de la Orden de San Juan, que tuvo el hospital de peregrinos, sólo queda la portada que no está en el solar del monasterio sino que, en el siglo XIX, fue trasladada al cementerio de la ciudad. Es una delicada obra de transición del románico al gótico. En uno de sus capiteles se representa la escena del combate entre el caballero Roldán, par de Francia, y un gigante musulman, descendiente de Goliat, según dicen, llamado Ferragut. Este hombretón venció a varios pares franceses, entre ellos a Ojier, a Reinaldo de Montalbán y a algunos más. Roldán acudió entonces a las justas que se celebraban en la ciudad de Nájera para enfrentarse al vencedor de sus compañeros. Los combates entre Roldán y Ferragut fueron terribles pero tan equilibrados que, viendo que no había un claro vencedor, se decretó una tregua. La astucia, más que la fuerza de las armas, dio finalmente la victoria al sobrino de Carlomagno porque, durante la tregua, Ferragut, confiado en su fuerza, confesó a Roldán cuál era el secreto de su poder. Le dijo que sólo un punto de su cuerpo era vulnerable: su ombligo.
Al día siguiente, Roldán discutió con Ferragut acerca de cuál de las dos religiones, la católica o la musulmana, era la verdadera. El debate fue tan acalorado que ambos decidieron acudir al juicio de Dios para saber quién tenía razón. Cuando estuvieron en el palenque y en el primer choque entre los dos caballeros, Roldán hundió la punta de su lanza en el ombligo del fiero gigante Ferragut, matándolo en el acto.
Muy cerca de Nájera hay una colina que se llama El Poyo de Roldán, desde la cual el sobrino de Carlomagno lanzó grandes piedras contra su enemigo, que se encontraba a la puerta de su castillo de la ciudad. Peñascos para tal bombardeo no le faltaban al caballero porque el nombre de Nájera viene de un vocablo áraba que significa ”lugar entre peñas”
LA CONQUISTA de Nájera fue cosa del rey Ordoño II, en el año de 923, y luego su comarca sirvió de campo de batalla entre Pedro el Cruel, llamado el el Justiciero por sus partidarios, y su hermano bastardo Enrique de Trastámara, el famoso fratricida de Montiel. Allí guerrearon también el rey Juan II y su hijo, el príncipe de Viana. La importancia de de Nájera comenzó en el siglo XI, cuando Sancho el Mayor acuñó en su ceca la primera moneda de los reinos cristianos de la Reconquista, aquellos recios tiempos que un historiador humorista llamó ”la temporada de los moros”.
La joya de Nájera, y una de las de todo el Camino, es el monasterio de Santa María la Real. Tiene, como corresponde a su bélica historia, cierto aire de fortaleza, con sus masivas torres cilíndricas y su imponente fábrica. Su fundación data de mediados del siglo XI, cuando un rey de Navarra, don García el de Nájera, halló en lo profundo de una cueva una imagen de la Virgen.
Sucedió en el año de 1044. El joven rey de Navarra salió a cazar una mañana en las márgenes del rio Najerilla. Vio una perdiz y soltó su halcón para que la atrapara. La perdiz se metió en una cueva y el halcón con ella. El rey siguió a las aves y, al llegar al fondo de la gruta natural, encontró una preciosa imagen de Santa María, que tenía a sus pies una jarra con azucenas. A un lado y otro de la imagen estaban las dos aves serenas y reconciliadas.
Don García tomó este hallazgo como promesa de protección celestial en la campaña militar que tenía que emprender por entonces. Al poco tiempo ganó a los musulmanes la ciudad de Calahorra y destinó una parte del botín a levantar la iglesia de Santa María de Nájera. La jarra de las azucenas, llamada La Terraza, se convirtió en el emblema de una orden de Caballeros que el rey creó. Don García prometió ir a cantarle a la Virgen todos los sábados una Salve y eligió este lugar para su sepultura. No se sabe si cumplió su primera promesa pero fue enterrado en el panteón de Nájera, junto con otros monarcas y príncipes de Navarra.
La imagen original de la Virgen, la que encontró el rey en la cueva, está ahora en el altar mayor, con su jarra de azucenas. En la gruta hay una imagen del siglo XII que se trajo de la capilla del alcázar real, hoy desaparecido.
El templo de Santa María, se diría catedral, tiene un soberbio claustro renacentista adornado con afiligranadas tracerías de piedra. La iglesia es del siglo XV y los sepulcros del panteón real, donde reposan los restos de reyes y reinas e infantes del Navarra, del siglo XVI. El único sarcógafo del siglo XII que se salvó de la devastación que el monasterio sufrió a lo largo del tiempo es el de doña Blanca de Navarra, si bien se conserva sólo su tapa. Se reproducen allí relatos evangélicos y escenas de la muerte de la joven reina. Es el único sarcófago en el que aparece la figura del Cristo en Majestad, el Pantocrátor.
Visité, cerca del monasterio, el albergue de peregrinos. La hospitalera, ése era el nombre de su oficio según ella, se llamaba pilar. Había llegado a Nájera como peregrina, pero tan bien la habían atendido los miembros de la asociación de amigos del Camino de la ciudad que decidió quedarse como voluntaria durante algún tiempo para cuidar del albergue y recibir y atender a las personas que allí llegaran. Y la palabra atender incluye también, muy a menudo curarles las llagas que en sus pies ha producido la larga caminata.
En casi todos los albergues y refugios existen libros en los que los peregrinos escriben sus impresiones. Copié algunos y mi amigo de Viana me mandó unos reportajes que había publicado un semanario de Estella, en los que reproducía otros testimonios: ”¡El Camino es la hostia!”; ”El Camino es el maestro, llega cuando estás preparado para recibirlo y te enseña justo lo que necesitas”; ”¡Qué buen sitio este albergue para gente hecha polvo! Gracias por todo”; ”El cansancio físico ha permitido que inicie el viaje paralelo al interior de mí mismo”.
Un peregrino ciclista describe así su situación: ”Veníamos en bicicleta. Creo que ha llegado el punto en el que las bicicletas vienen en nosotros”. Más contundente, otro escribe: ”¡Pero quién coño me mandó a mí meterme en este lío!”. Y un tercero dice: ”Hoy he descubierto que cuando crees que no vas a aguantar más, aún puedes dar otro paso”.