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* en la galería de LUIS ENRIQUE
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*En esta jornada se abandona Navarra y la primera población de La Rioja a la que se accede es Logroño, ciudad situada estratégicamente en el límite con Álava y Navarra.
‘Guía práctica del peregrino’
JOSE MARÍA ANGUITA JAÉN
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Por el Arco de Castilla parte el Camino. A la salida de Los Arcos se toma una pista que cruza el río Odrón y pasa por el cementerio en dirección a Sansol, que aparece de frente. La carretera N-111 discurre siempre por la izquierda, entre los campos cultivados. Antes de subir por la carretera comarcal a la población de Sansol, se atraviesa el arroyo San Pedro. Y una vez en la localidad, se puede ver muy cerca, en la ladera opuesta, Torres del Río, al que se accede tras descender al barranco, atravesar un túnel bajo la carretera de Lazagurría y cruzar el río Linares. Una vez en la localidad, se pasa junto a la iglesia del Santo Sepulcro y se toma el camino del cementerio. Se sube un pequeño alto en la proximidad de la N-111 y se prosigue en paralelo para poco después de cruzarla y, pasando por un pequeño pinar, llegar a la ermita de Nuestra Señora de Poyo. Poco después se deja la carretera por la izquierda, a la altura del barranco y, tras la curva, se cruza a la derecha, donde se toma un camino que sube y cruza la carretera de Bargota. De frente se divisa Viana y Logroño. Nuevamente se desciende, esta vez por el barranco de Mataburros, que se vadea (asentamiento de Cornava), y se continúa de frente ascendiendo y descendiendo hasta cruzar la carretera, para evitar otra curva. Hasta Viana el Camino alterna arcén y senda. A la altura de una casa en ruinas con palmera, se atraviesa a la derecha para entrar en la localidad, de la que se sale por la calle San Miguel. En descenso, se cruza una carretera y se baja por las calles La Rueda y Fuente Vieja junto a un colegio y entre casas y huertas para desembocar en la N-111, después de atravesar la carretera de Moreda. A la izquierda se forma una pista en dirección a la laguna de las Cañas. Al alcanza la ermita de Nuestra Señora de las Cuevas, se toma un camino a la derecha que conduce a la carretera. Se pasa por un pinar, se atraviesa la N-111 y se sigue por el pinar hasta tener de frente la fábrica papelera. Allí comienza una pista asfaltada. Después de tres túneles bajo la circunvalación se asciende al cerro Cantabria, cubierto de olivos y vides. Al bajar se pasa junto a las huertas y casas de las afueras de Logroño. Antes de llegar a la ciudad se deja a un lado el cementerio para encauzarnos por el Puente de Piedra que da acceso a Logroño.
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*enlace web: CAFÉ COKE, donde puedes estudiar esta etapa y sus correlaciones con las casillas del Juego de la Oca.
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EXPERIENCIAS PEREGRINAS
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Los Arcos - Logroño
26 de septiembre de 2004
Es mi sexto día, las notas en el día de hoy en este diario son escasas, es una etapa muy dura. El camino lo desvían por razón de las obras de la autovía que lleva a Logroño. Es horrible caminar entre esta zona, demasiado ruido, demasiado polvo, demasiada calor hoy, subidas y bajadas continuamente, han hecho muy mal traernos por aquí. También es bastante peligroso, la carretera pasa muy cerca, hay que cruzarla continuamente, y el tráfico de camiones es continuo.
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* imágenes desde la Torre de la Catedral
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Llegamos sobre las cinco de la tarde a Logroño, con el recorrido modificado por las obras de la autovía hemos caminado un total de 30 km.
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*enlace: Jaume Loscos
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Logroño es una ciudad bonita, la parte por la que transcurre el camino, es muy interesante. El albergue está muy bien, no tiene cuota obligada sino que se gestiona por donativos.
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*enlace: Esta vez sin tilde
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Después de la ducha, sin comer, nos hemos metido hasta la rodilla, allí sentados con nuestros pies dentro de esa fresquita agua, todo aquel que se atrevió. El agua está tan fría que no somos capaces de aguantar más de diez minutos. Pero sales como nueva, con ganas de dar una vuelta por la ciudad, por el casco antiguo, visitando lo que se nos ofrece para ver: las iglesias, y por supuesto no podíamos desechar la zona de tapeo y vinos. Está a rebosar de gente porque hay fiestas. Es una verdadera pena que a las diez tengamos que estar en el albergue. José y Alberto padre se pierden de nosotros para continuar de vinos, Cristina, Javier, Alberto hijo y yo nos dirigimos hacia el albergue, subimos en silencio porque la gente ya dormía y pudimos ver los fuegos artificiales desde el mirador acristalado. Allí desde lo alto, unos fuegos espléndidos… en ese momento necesitaba tanto un abrazo, unos mimos, extraño a mi gente, a mi familia, nostalgia de sus risas, de sus miradas.
- Diario de GUADALUPE, Mirada de agua, Septiembre/ 04 -
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7.

09.03.04. Martes.
Torres del Rio-Logroño (184):
He dormido muy bien. He pasado de saco y me he envuelto en mantas. Ello me ha dado la posibilidad de moverme con libertad, sin las limitaciones de estar embutido como una momia. Un buen desayuno ha terminado de animarme y me ha hecho enfrentarme al rompepiernas de hoy con alegría.
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El perro del refugio, que es peregrino y buen caminante, nos ha acompañado muchos kilómetros, hasta casi Viana. Me hace recordar a Calixto, que se venía con quien pillara desde San Juan de Ortega hasta Burgos, pero que no sabía volver y había que mandarlo en taxi de vuelta a casa.
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Al cruzar la carretera, en una de las mil veces que se hace, hemos visto como unas señoras se han dado un porrazo impresionante con el coche contra un árbol. Al ayudarlas nos decían que se han emocionado y distraido al ver peregrinos. Para haberse matado.
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* Iglesia de San Pedro (Viana)
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De Viana recuerdo la cuesta de entrada. Son tantos los pueblos que en el Camino se cruzan y a los que se llega tras subir un empinado repecho final, que hace que muchos exclamen aquello de:
-”Santiago, ¡pero qué arriba estás!” Pero esta villa tiene mucho y bueno para ver.
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* Iglesia de Santa María (Viana)
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* Tumba de Cesar Borgia
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Merece la pena tomarse un descanso y disfrutar de un refrigerio para tranquilamente ver después lo que ofrece, que no sólo la tumba de Cesar Borgia.
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* foto: Txemari Tuduri
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Lo que queda hasta Logroño no es de los tramos de Camino que más me gusten. Es más bien aburrido, cuando no duro. El final por asfalto te lleva a casa de Doña Felisa con los pies calientes. Dicen que tras su muerte el 20 de octubre de 2002, su hija María continúa la tradición. No tuve la suerte de poder saludarla ya que cuando pasé no estaba. Así que le dejé la foto que de su madre le llevaba, que le habíamos hecho en el 2000, con una pequeña nota sobre la mesa bajo una piedra y continué hasta Logroño, recordandola con cariño.
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* Albergue de Logroño
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El maravilloso refugio estaba cerrado al llegar. Era demasiado pronto. Un buen paseo y una cervecita con otros peregrinos llenaron el rato hasta que nos pudimos acomodar. Aquí me pasó algo que sin querer repetiría en otros albergues y que en su momento me hizo sonreir. Me duché en el apartado de chicas y me sacaron con bronca. Nada más lejos de mi intención que molestarlas. Fué un error, que cómicamente se repitió unas cinco veces más, producido quizá por la costumbre de vivir solo, ir a gimnasios con vestuarios separados o simplemente por el cansancio y la ansiedad por una buena ducha tras bastantes kilómetros en el cuerpo. Anda que no me tomaron el pelo después…
- Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 04 -
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Coincidimos con un grupo festivo de españoles a media mañana. Nos ofrecen un trago de vino, y se parten de risa como logramos regarnos la cara antes de cogerle el chiste a la bota.
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* Viana en Cervantes virtual
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Al comprar algo que comer en la tienda de viana, la joven cajera me pregunta si tengo planeado llegar hasta Santiago descalzo. Claro – le digo. Que loco – contesta con una sonrisa enigmática, meneando la cabeza. La plaza mayor es todo un espectáculo de peregrinos yendo y viniendo, todos cojos con dolores musculares, ampollas o simple cansancio.
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Más tarde, divisamos Logroño desde la cumbre de un cerro. Frente a una pequeña choza, esta Felisa, con más años que el mismísimo Camino, que nos sella los credenciales y nos ofrece agua fresca. No comprende porque los ciclistas, aliviados de haber superado la subida interminable, no paran en su bajada. Nos dice que lleva ahí desde que volvieron a señalizar el Camino, hace ya muchos años. Guillermo le pregunta si ha visto muchos peregrinos descalzos. ¡Madre de Dios! – exclama con angustia, cruzandose mientras se fija en pies polvorientos, eso no lo ha visto nunca.
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Tenemos que esperar en la calle para que abra el albergue, acompañado por cada vez peregrinos. El albergue es nuevo, y comparado con lo que hemos visto hasta ahora, parece un hotel de 5 estrellas. Por fin una buena oportunidad para lavar algo de ropa, ya era tiempo.
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Hay una pequeña fuente en el patio para reposar los pies cansados, pero no se me hace meterlos antes de lavarlos bien. Una atractiva joven alemana esta ahí mirando sus propios pies desanimada; estan completamente blancos de las ampollas. No llegará mucho mas lejos.
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Deambulando por los pasillos limpios y frescos del supermercado cercano entre la elegante gente local, me siento algo fuera de lugar, pero a nadie le importa un comino.
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Enlace a todos los artículos de esta temática:
¿Dónde encontrar más historias e información? Diarios de Peregrinos
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*ENLACE WEB: EL CAMINO DE SANTIAGO PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD
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~ por candelaarias en Mayo 15, 2008.
PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD TAMBIÉN EXISTEN CAMINOS
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Valoración general de la etapa
Etapa difícil para personas con discapacidad, y por tanto, no recomendable en la mayoría de sus tramos. Así, en el tramo Los Arcos – Sansol, aunque la pista resulte practicable, en varias ocasiones se desdibuja y se pierde. En la bajada desde Sansol a Torres del Río, el brusco desnivel y el estado de la senda, la hacen igualmente impracticable. Así ocurre en el trayecto de Torres del Río hasta la Ermita Virgen del Poio donde el camino se estrecha y aparecen baches y grandes piedras que lo hacen de nuevo impracticable.
Finalmente, desde la Ermita de Bargota hasta la salida definitiva a la N-111, los bruscos barrancos que hay que sortear, la hacen de nuevo impracticable. Por ello, desde Los Arcos a Viana, no hay otra alternativa que seguir la N-111 de cuyos inconvenientes ya hemos hecho mención.
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LOS ARCOS – SANSOL Dificultad alta 7km
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Dificultad alta SANSOL – TORRES DE RÍO 1km
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TORRES DE RÍO – ERMITA VIRGEN DEL POIO 3,3km
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ERMITA VIRGEN DEL POIO – VIANA Dificultad alta 7,7km
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VIANA – LOGROÑO
Dificultad media 9,5km
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SANSOL
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TORRES DEL RÍO
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VIANA
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LOGROÑO
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ESPACIO RESERVADO PARA LA INFORMACIÓN DE LA GUÍA DEL PEREGRINO DE JOSE MARÍA ANGUITA
UN ENCUENTRO CON UN BLOG:
FRAGMENTO INTERESANTE SOBRE TORRES DEL RÍO Y SU ENCLAVE TEMPLARIO EN LA NOVELA IACOBUS DE MATILDE ASENSI.
FRAGMENTO REFERIDO EN LA OBRA PEREGRINATIO DE MATILDE ASENSI A ESTE TRAMO.
[...] los jacopíbetas actuales: i, ii, [...]
AYMERICH PICAUD - vii - (camino de Nájera) « Blog Archive « EXPERIENCIA PEREGRINA dijo esto en Julio 20, 2008 a 1:47 pm |
Desde Monjardín, se pasa por Urbiola hasta llegar a Los Arcos, a la que se asocia con la Curnonium de Tolomeo y en la que quedan yacimientos arqueológicos de la Edad de Hierro. Picaud la describió como ‘Urancia que dicitur Arcus’. En su iglesia de Santa María se conserva una Virgen Negra del siglo XIV y la talla de la Virgen de piedra de su pórtico plateresco es iluminada de forma especial por un rayo de sol cada 15 de junio, cuando está próximo el solsticio de verano. El claustro es gótico flamígero, con toda la espectacularidad de esta última etapa artística. La villa fue sede de las Cortes de Navarra y en ella vivió Carlos III el Noble durante una temporada.
El itinerario conduce a Sausol o Sansol, cuyo nombre probablemente deriva de san Zoilo, el santo que se venera en su iglesia. Hay que advertir a quienes se hayan fiado de la Guía del Peregrino Medieval de Picaud que no encontrarán aquí el peligroso río de aguas envenenadas contra el que advierte el texto en un misterioso párrafo. Por este lugar no transcurre río alguno sino tan sólo un arroyo casi seco, el antiguo Odrón.
Pasado Sausol, el itinerario lleva hasta Torres del Río donde su iglesia del Santo Sepulcro, de tres cuerpos diferenciados, tiene perfecta forma octogonal con una cúpula en su interior sostenida por nervios de piedra a modo de ramas de palmera cuyo pétreo tallo baja hasta el suelo. Es una construcción extraña del siglo XII a la que tradicionalmente se ha llamado ‘La linterna de los muertos’ porque su cúpula exterior se abre en linterna para iluminar el interior y en ella se encendía fuego cuando moría cerca algún peregrino. Las influencias bizantinas y mudéjares muestran claramente un trazado hecho por los caballeros del Santo Sepulcro, cuyo último prior Santiago de Ábalos murió aquí en 1847. Los caballeros de la orden jerosimilitana diseñaron celosías arábigas, una cúpula califal y capiteles con motivos islámicos y figuras de atuendo morisco. La leyenda graálica vuelve a aparecer en uno de sus capiteles, donde aparece José de Arimatea con el Santo Grial en la mano. Su hierático Cristo es una talla admirable de majestuoso porte.
El Camino continúa parejo con la carretera hasta Viana dejando a la derecha Bargota, una aldea perdida entre colinas con efluvios nigrománticos surgidos de la historia de un estremecedor personaje: Joanes de Bargota. Fue un miembro de la familia de los Mellado perseguido por la inquisición bajo acusación de nigromancia. Estudió en Salamanca de donde regresó a su pueblo con el carácter mutado y un extraño comportamiento. Se le atribuyó la facultad de aparecer y desaparecer misteriosamente cuando quería, lo que demostró que públicamente en 1599, cuando fue apresado y desapareció extrañamente de los calabozos inquisitoriales sin que nadie supiera cómo. En 1610 volvió a ser detenido en la redada de los brujos de Zugarramurdi y confesó bajo tortura haber asistido a los aquelarres de las Charcas de Viana. Curiosamente, su detención se produjo tras la misteriosa muerte del conde de Aguilar en los sótanos de su palacio de Viana. Los habitantes del pueblo atribuyeron la violenta muerte del noble a un maleficio de brujos. Joanes fue condenado a llevar el sambenito durante mucho tiempo, ya que no se le encontró relación alguna con la muerte del conde ni pruebas de brujería contra él. Años después muró en olor de santidad según unos y endemoniado según otros. El misterio del cura de Bargota sigue vigente con el paso de los siglos.
Desde Bargota el Camino conduce a Viana, importante enclave histórico. Levantada sobre un cerro consagrado por los romanos a la diosa Diana, fue fundada por Sancho el Fuerte unificando, en virtud del Fuero del Águila, diez aldeas en torno al collado. En esta ciudad murió César Borgia, hijo natural del papa Alejandro VI, que lo invistió cardenal, y cuñado del rey de Navarra que le nombró capitán con sus ejércitos. Este personaje, admirado por Maquiavelo, tuvo una azarosa y contradictoria vida: en 1491, a los dieciséis años, fue investido obispo de Pamplona y destinado a un futuro pontificado. Príncipe de la cas Borgia, a los diecinueve años recibe el capelo cardenalicio y a los veintidós es nombrado general de los Ejércitos de la iglesia. En 1499, a los veinticuatro años se casa en Blois con Carlota D´Albret, tras ser reducido al estado laical. Muerto su padre, el papa Alejandro VI, en 1503 viaja a Roma y Nápoles y posteriormente es apresado en la torre de La Mota. Cuatro años después, en 1507, su cuñado Jean D´Albret le nombra condestable de Navarra y capitán general de sus Ejércitos cuando tenía treinta y dos años. El 12 de marzo de ese mismo año muere en una emboscada del conde de Lerín, en el vecino Campo de la Verdad.
Para entrar en Viana hay que dejar a un lado las ruinas de la ermita de Santa María de Cornava, levantada sobre los restos de un antiguo poblado romano, cuyo extraño nombre remonta otra vez a épocas templarias y se repetirá a lo largo del itinerario. En un alto, a la derecha, se yergue la ermita de la Virgen de Poyo, antiguo albergue de peregrinos cuando la ciudad era apenas un asentamiento de caminantes.
Viana es la última población de navarra del Camino de Santiago. Fundada en 1219 por Sancho el Fuerte, el gigantesco monarca enterrado en Roncesvalles, recibió en 1423 de Carlos III el título de principado como privilegio exclusivo del heredero del reino de Navarra. Hoy, por esta razón, es título exclusivo del heredero de la corona española bajo la que se unificaron todos los reinos españoles, como lo es el del principado de Asturias y el de Gerona.
En el siglo XVI poesía tres Hospitales para Peregrinos lo que muestra su importancia en la Historia de Navarra y en la ruta jacobea. Su nombre procede, según algunos historiadores, de la diosa romana Diana a quien rendían pleitesía brujos y magos del medievo. Acaso este dato explique la estrecha relación de la historia de Viana con la brujería.
La iglesia de Santa María es una auténtica catedral por sus dimensiones y su riqueza arquitectónica del siglo XV. En el atrio, ante la portada plateresca, una lápida en el suelo recuerda el lugar de enterramiento de Borgia, dispuesto por él mismo en el exterior del templo ‘para que fuera pisado por todos los cristianos’. Sobre la lápida una inscripción: ‘César Borgia generalísimo de los ejércitos de Navarra y Pontificios, muerto en Campos de Viana el XI de marzo de MDVII’.
Saliendo de la ciudad, a la derecha de la carretera se encuentra el antiguo barrio judío de Torreviento por el que se llega a las cuevas o charcas, que los lugareños prefieren llamar lagunas. Si el peregrino atrevido quiere llegarse hasta ellas, habrá de pasar antes por la ermita de la Virgen de la Cueva, del siglo XIV, cuya encomienda poseyó Roncesvalles hasta el año 1810 en que fue traspasada a Viana y por la que denominan los lugareños al pequeño templo ‘la orden de los Monjes Malos’. Picaud insiste en advertir en su códice contra sus ‘aguas nocivas que fluyen cerca’. Junto a la ermita hubo una población celtibérica que algunos historiadores aseguran fue Varea, la antigua capital dela tribu céltica de los berones, destruida en las guerras entre Pompeyo y Sertorio en el año 76 a.C. En las proximidades se han encontrado inscripciones íberas y monedas con la leyenda Llarakos (Varea).
Desde allí un camino rural bordea el monasterio de San Francisco o de San Juan del Ramo, que con ambos nombres se le conoce, fundado por el príncipe de Viana en 1440 al salir ileso de una tormenta en la que una gran rama desvió un rayo sobre su cabeza. El paraje conduce hasta las históricas charcas, que los lugareños llaman lagunas, punto de encuentro de los brujos de todos los entornos, que albergan restos fósiles prehistóricos y de donde emanan efluvios extraños en las noches de luna llena, según los cuentos de viejas.
El Camino abandona tierras navarras y entra en La Rioja dejando a la derecha Oyón, enclave alavés en tierra riojana cuyo nombre vuelve a evocar las obsesivas ocas. Resulta difícil encontrar la diferencia que los antiguos hallaban en este punto invisible, como el monje sajón Künig de Vach que escribió, en 1495: ‘Aquí conocerás otra moneda; acábanse allí los coronados (coronas) y tendrás que aprender a conocer los almedís (maravedís)’…
Logroño aparece a sólo cuatro kilómetros de los límites navarros. A la derecha de la carretera y a la izquierda del sendero jacobeo por donde camina el peregrino queda el cementerio y la desviación hacia el monte Cantabria, lugar de yacimientos arqueológicos. La entrada en la antigua Grugnus se hace por el puente de piedra que construyó sobre el Ebro san Juan de Ortega.
Según los historiadores, el antiguo nombre de Grugnus dado por los romanos se agregó al del dios sin nombre Lug, quedando así configurada su denominación definitiva. El Codex Calixtinus dice de esta ciudad que ‘por ella pasa un río llamado el Ebro de agua sana y rica en peces; todos los ríos entre Estella y Grugnus son malsanos y sus peces nocivos’. O sea que, el cluniacense franco apreciaba los peces y las aguas del Ebro y despreciaba las de sus afluentes…
Por la Rúa Vieja, de retorcido trazado, se bordea la capilla donde estuvo la casa de san Gregorio Ostiense, obispo de Ostia en el siglo XI y abad de la basílica romana de San Cosme y San Damián, a quien Juan XVII designó cardenal y sucesor Benedicto IX envió como vicario apostólico para que conjurase una plaga de langosta que asolaba tierras riojanas y navarras. Tras su conjuro, las langostas se apiñaron en una nube que desapareció en el cielo. El santo murió en Logroño en el año 1043 y su ataúd fue depositado sobre una mula que, sin conducción alguna, se dirigió a San Salvador de Peñalba donde fue enterrado.
Por la misma Rúa Vieja se llega a la iglesia de Santiago el Real, levantada por orden de Ramiro I tras su victoria en Clavijo, a cuya vera todavía mana la Fuente de los Peregrinos del siglo XVI. En su portada luce una magnífica imagen ecuestre de Santiago Matamoros, del siglo XVII y estilo flamenco, enmarcada por un profundo arco que corona la fachada principal sobre el tímpano. Don Quijote, ante tanta majestuosidad, suspiró: ¡Éste sí que es un cavallero y de las escuadras de Cristo…! El ingenioso Hidalgo quedó extasiado ante la imagen de quien llamó El caballero de la Cruz bermeja.
Vale la pena visitar la iglesia de Santa María del Palacio, que dice la leyenda fue construida por el propio emperador Constantino junto al desaparecido palacio de los reyes de Navarra, de ahí su nombre. Sobre su cimborrio se yergue la magnífica torre octogonal en vertiginosa pirámide hacia el cielo como una aguja que quiera traspasarlo. Acaso por esta torre los poetas del Siglo de Oro advirtieron que Logroño ‘con sus torres las estrellas mide’… Es una aguja de piedra gótica que se eleva ligera sobre el edificio, construido en el siglo XIII, chocando con el cuadrangular campanario chato y pesado de austeridad románica. Extraña construcción que combina la simplez románica con la ligereza del gótico.
Muy cerca de este templo se encuentra el de San Bartolomé, también del siglo XIII, pequeño templo con una gran portada que conserva tallas monstruosas y extrañas en la piedra del tímpano. También vale la pena visitar Santa María la Redonda, así llamada por su estructura poligonal como las de Eunate y Torres del Río. Erigida en el siglo XVIII, destacan en su fachada principal dos esbeltas torres barrocas llamadas Las Gemelas. En su interior está el sepulcro del general Espartero.
Logoño es final de etapa en el Camino jacobeo y ciudad encantadora para hacer noche después de entretener unas horas visitando Clavijo, a sólo 17 kilómetros. Es una aldea mítica al pie de una altísima roca coronada por las ruinas del castillo medieval protagonista de batallas que hoy nadie sabe si existieron, y claro origen de la protección jacobea extendida a toda España. Clavijo es lugar y nombre misterioso donde la Historia sitúa la famosa batalla de Ramiro I contra Mauregato, emir de Abderramán II, originada por la negativa del rey cristiano a seguir pagando al Islam el tributo de las Cien Doncellas. Las tropas sarracenas se enfrentaron a las cristianas con clara desventaja de estas últimas. Pero cuando la batalla parecía decantada hacia la Media Luna, los soldados castellanos vieron aparecer en el cielo a Santiago, montado a caballo y espada en mano, cargando contra la morisca y facilitando la victoria a los ejércitos cristianos cuando amanecía el día 23 de mayo del año 844. Desde entonces, cada 23 de mayo se organiza una rústica fiesta que protagonizan los danzantes de Albelda.
A partir de esta fecha, el apóstol es visto en varias ocasiones ayudando a las tropas cristianas en sus combates contra los ejércitos islámicos. Hoy, los historiadores, como químicos brutales de la leyenda, advierten que nunca hubo tal batalla ni el ignominioso tributo que la provocó…
De regreso a Logroño, la capital de la Rioja, el peregrino puede reponer fuerzas con unos hermosos espárragos de la tierra, o unos pimientos rellenos a la riojana, los tradicionales pimientos del piquillo rellenados de carne y jamón picado y cocidos en una salsa de tomate y vino blanco. No se deben mentar aquí los pimientos rellenos de pescado o marisco que son variante vasca. También se puede pedir una merluza a la riojana guisada directamente en cazuela de barro con una fritada de tomate, pimiento, cebolla y tacos de jamón. Y, por supuesto, regar la colación con un buen vino de la tierra, de los mejores de España ya sea de Cintruénigo, de Haro, de Oyón, de Fuenmayor o de Cornago.
En Viana conocí a Félix Cariñanos, un nombre que también suena a los oídos santiaguistas. Es profesor en Logroño y, como antropólogo, gran conocedor de la historia y de los tesoros artísticos que guarda el Camino. Hombre andariego como pocos, recorre todos los días los diez kilómetros que separan Viana de la capital de la Rioja, y otros diez de regreso, para ir a dar su clase. Al poco tiempo de haberle visto en su ciudad, me lo encontré en Portomarín, en Galicia, delante de la iglesia-fortaleza de San Nicolás. Había empezado su andadura en Sarria, o en el Cebreiro, no recuerdo, y me dijo que, después de haberle dado no sé cuantas vueltas al Camino, hacía de cuando en cuando un tramo, para no perder la costumbre.
Félix me acompañó en la visita que hice a la iglesia gótica de Santa María de Viana, que tiene proporciones de catedral. Antes de llegar a la ciudad, yo había visto algunas cosas que no quiero dejar de mencionar: el pueblo de Los Arcos, con la iglesia en que conviven todos los estilos arquitectónicos, del románico al barroco, en armoniosa mezcla; y el de Torres del Río, donde está la famosa capilla del Santo Sepulcro, una joya del siglo XI que guarda un cierto parecido con la de Eunate. De planta octogonal, tiene una preciosa linterna inspirada en la arquitectura islámica. Y digo que es famosa entre los entendidos porque se ha discutido mucho si podría ser una iglesia que mandaron construir los caballeros del Temple. Parece que los estudios actuales apuntan a que esta capilla, y la de Eunate también, estaban destinadas a ser lugar de enterramiento y no tienen nada que ver con los templarios.
”HAY PAN para todo el reino y vino nunca se acaba”. Según mi amigo Félix, éste es el refrán de Viana porque sus tierras, en las que cultivaba cereal, estaban ya próximas al Ebro y tienen grandes viñedos, como las de la vecina Rioja. Tiene aspecto de ciudad próspera, que ha añadido alguna industria a su riqueza agrícola. La calle Mayor es también la Vía Jacobea y aún conserva el antiguo hospital de peregrinos, un bello edificio gótico hoy dedicado a Casa de Cultura. Muy cerca está la casa natal del escritor Francisco Navarro Villoslada, autor de la célebre novela Amaya o los vascos en el siglo VIII. Y enfrente, el moderno albergue de peregrinos, que tiene medio centenar de plazas. Allí me dijeron que, en abril y mayo, empiezan a acudir peregrinos y el albergue está lleno casi siempre, hasta que en octubre empieza a disminuir el número de los que llegan. La mayoría vienen andando o en bicicleta, algunos a caballo y no faltan familias que viajan en carro. Me hablaron de algunos peregrinos singulares, por ejemplo, un ciego que compartí un tándem con un vidente; o un inválido que llegó solo en un carrito con motor. También viene quien no trae intenciones piadosas, ni siquiera turísticas. Félix me aseguró que, una vez, había conocido a uno que era probador de una marca de botas.
En la puerta del albergue de Viana copié un cartel que decía: ‘El masaje es un remedio natural para piernas y pies doloridos, agujetas, esguinces, dolor de espalda, dolores musculares. Quiromasajista diplomado, teléfono (…) Logroño’. En el Camino se dice un antiguo refrán que ya no sé si es aplicable en alguna de sus partes tanto como en otras: ‘Los enemigos del peregrino son tres: los curas, los perros, los pies’. En los libros de firmas de los albergues, los caminantes escriben, entre otras muchas cosas: ‘Va todo muy bien, excepto los pies, que me parece que pertenecen a algún vecino mío’. O: ‘A pesar del cansancio y las ampollas, merece la pena’. O bien: ‘Me ha salido un pie en la ampolla derecha”.
Santa María de Viana es una iglesia de peregrinación en la que los jacobípetas daban la vuelta a la girola y descansaban en las capillas laterales. Entre las muchas riquezas que contiene, hay un retablo dedicado a Santiago, su vida, su muerte, sus hechos y sus milagros. El escultor del siglo XVII, Juan Bascardo, representó allí la aparición de la Virgen al Apóstol en Zaragoza, la predicación en España, el martirio en Palestina por orden de Herodes Agripa y una escena que no se encuentra tan a menudo como las otras en la vieja iconografía: la pelea que Santiago mantuvo con el mago Hermógenes poco antes de morir de mártir. El mago había encadenado a un hombre llamado Fileto. Santiago lo liberó. Entonces Hermógenes le envió una legión de demonios atados con ligaduras de fuego. El Apóstol les liberó y les ordenó que apresaran a Hermógenes y lo encadenaran. Una vez que lo tuvo en su poder, sin sentir rencor alguno, le quitó las cadenas. Hermógenes, arrepentido, entregó sus libros de magia y se convirtió. Santiago no quiso quemar los libros y los mandó echar al mar.
Frente a la puerta de entrada de la iglesia hay, en el suelo, una lápida con una inscripción que dice: ‘César Borgia, generalísimo de los ejércitos de Navarra y Pontificios, muerto en campos de Viana el 11 de marzo de 1507′. Me di cuenta en seguida de que, para los vianeses, Borgia, mejor dicho, Borja, porque era de familia valenciana, es un héroe local. En una plaza del centro de la ciudad le erigieron un busto de bronce. Y, según me contaron, cada vez que, en pasados años, Miguel Induráin ganaba un Tour de Francia, en Viana le ponían el maillot amarillo al busto de César Borgia.
La muerte del célebre guerrero me la contó Félix como si de ella hubiese sido textigo. Él mismo me adivirtió: ‘aquí oirás hablar del personaje y creerás que se trata de un vecino del pueblo’. A la muerte del papa Alejandro VI, su padre, César, cayó en desgracia y Fernando el Católico mandó al Gran Capitan que lo trajera prisionero a España. Pero él logró escaparse del castillo de la Mota y fue a Pamplona ya que era cuñado del rey de Navarra. Éste lo nombró capitán general de sus ejercitos. Navarra estaba dividida entonces en dos facciones, la de los beaumonteses y la de lso agramonteses, partidarios del rey: César intentó tomar la ciudadela de Viana sin conseguirlo y en la batalla que se libró en el paraje llamado La Barranca Salada, lugar pantanoso, su caballo se hundió en el barro (Félix decía: ’se le entorcó el caballo’), y los soldados enemigos le hirieron en la axila dándole muerte. Su cuerpo fue sepultado en la iglesia de Santa Marí, en la nave del lado del Evangelio. Más tarde trasladaron los huesos a la entrada del templo y, a finales del siblo XIX, fueron descubiertos por los concejales del Ayuntamiento. En el año 1953 se exhumaron de nuevo y se colocaron en un cofre volviéndolo a enterrar en el mismo sitio. Félix me contó la anécdota de que en la sepultura de César Borgia echaron tierra de Viana y tierra de Valencia y también flores de uno y otro lugar. Al parecer llevaron las flores a la tumba en aquella ocasión un niño y una niña que más tarde se unirían en matrimonio. Tan minuciosa fue la narración de mi amigo que incluso me dio el detalle de que, durante este último entierro, al niño que llevaba las flores se le cayó una canica de la tumba y allí se quedó.
VIANA es el último pueblo de Navarra en el Camino Jacobeo. Hay que desviarse unos kilómetros, antes de entrar en Logroño, para ver el pueblo de Clavijo bajo el esqueleto de un impresionante castillo. Según la leyenda, éste es el lugar en el que por primera vez apareció en una batalla la figura ecuestre de Santiago Matamoros. Fue en el año 844, cuando se encontraron los ejercitos del Rey Ramiro I y de Abderramán II. Pero el llamado Voto de Santiago se instituyó, no después de esta batalla, sino de la de Simancas, que Ramiro II ganó a Abderramán III en el año 938. En virtud de este voto o tributo se mandaba pagar a la Ciudad de Compostela una parte del valor de las tierras conquistadas a los musulmanes
Desde tiempos del rey asturiano Mauregato, a quien las crónicas posteriores califican de ”cobarde y lúbrico”, los cristianos venían obligados a pagar a los musulmanes el llamado tributo de las Cien Doncellas. La batalla de Clavijo, en la que participó sobre su caballo blanco el Apóstol Santiago, supuso, según dicen, la liberación de esta infamante muestra de vasallaje. En un pueblo de la Rioja, próximo al lugar del Combate, Sorzano, se sigue celebrando la fiesta alusiva a este episodio. Las doncellas suben a la ermita de la Hermandaña y descienden de ella en procesión vestidas de novia al objeto de agradecer a la Señora y el Apóstol Santiago, cuya ermita está sobre el pueblo, el desenlace de la batalla.
Esta leyenda se repite en algún que otro pueblo del Camino. En la iglesia románica de Santa Marïa de Carrión de los Condes, ya en tierras de Palencia, pueden verse, esculpidas en las arquivoltas, una serie de figuras que representan musulmanes, doncellas y cabezas de toro. Aluden al parecer al episodio que se vivió en Carrión: en el momento en que los responsables del pueblo iban a hacer la entrega de las Cien Doncellas, una manada de toros irrumpió en el lugar matando a los que acudían a recibir el tributo y respetando a las muchachas cristianas. En el interior del templo hay un cuadro que representa el momento de la milagrosa liberación que se atribuyó a la Virgen y al Apóstol Santiago.
En un interesantísimo libro titulado Santiago de España, don Américo Castro explica muy bien el surgimiento de la figura del guerrero Santiago como antagonista de Mahoma a quien invocaban sus creyentes en las batallas. Castro cree que Santiago es una versión cristiana de los Dioscuros, Cástor y Pólux, que se aparecián en las batallas de los mitos clásicos. En la Edad Media española, el Matamoros no siempre aparece solo sino acompañado de san Millán, y otras veces, de san Isidoro, como lo demuestra el pendón de Baeza de la colegiata de León, en que está el santo obispo montado a caballo y, a un lado, se ve la mano del Apóstol blandiendo una espada. Cervantes se imaginaba a Santiago como guerrero cuando hacía decir a Don Quijote: ‘Este sí que es caballero, y de las escuadras de Cristo, uno de los más valientes y santos caballeros que tuvo el mundo y tiene ahora el Cielo”
Hasta no hace muchos años todavía se proponía a los niños la famosa adivinanza ”¿de qué color es el caballo blanco de Santiago? Para hacerles caer en la trampa si no estaban atentos a la pregunta. Mucha gente se imagina al Apóstol vestido de guerrero, muy distinto a como debía ser el humilde hijo del Zebedeo. Así se le representó en un tiempo en el que el Camino estuvo impregnado del espíritu, no sólo de peregrinación, sino también de cruzada. Él era encargado de armar caballeros a los reyes. En el monasterio de las Huelgas de Burgos se guarda una figura del Apóstol que es un autómata construido en la Edad Media y que, por medio de un resorte, levantaba la espada y dejaba caer la hoja plana sobre el hombro del monarca al que se trataba de armar caballero.
La figura de Santiago Matamoros aparece en el tímpano de una de las puertas de la catedral de Logroño, Santa María la Redonda. Es un magnífico ejemplo de la arquitectura barroca. La ciudad conserva otras interesantes iglesias como San Bartolomé, con su torre mudéjar y su espléndida fachada del siglo XIV. Hay en la capital de la Rioja muchos otros recuerdos jacobeos. Se puede decir que el Camino dio antiguamente un gran impulso al pequeño poblado heredero de la ibérica Vareia que fue Logroño hasta el siglo VIII. Pero apenas tengo que confesarle al lector que, estando en Logroño, se me olvidó por unas horas mi tarea santiaguista. Desde el Espolón, donde cabalga la estatua de bronce del general Espartero, que vivió en Logroño y fue visitado allí por el rey Alfonso XII cuando llegó a España, entré en el viejo barrio de tabernas y restaurantes que suele cobrar gran animación al caer la tarde. Son las horas en que, como sucede en otras ciudades de España, se produce en la capital de la Rioja otra clase de peregrinación. Se suele denominar vía crucis al hecho de ir chateando de taberna en taberna. Un chiste popular llama a estas calles de la vieja ciudad con el nombre de ”la senda de los elefantes”, por las trompas, según dicen, que allí se cogen.
Un poeta castellano del siglo XVII, Esteban Manuel de Villegas, opuso el vino y seguramente el vino de, como él decía, ”la roja y feliz Rioja”, al ejercicio de las armas. El cisne del Najerilla, como se le conocía porque había nacido en Matute, un pueblo situado a orillas de este río, dedicó no pocos poemas al vino de su tierra. Escribió por ejemplo:
Corra el otro a las armas,
cargado de paveses,
que yo tan sólo al vino
correré diligente.
Por eso, tú, muchacho,
echa vino y sé breve,
que más quiero asomarme
que morir de repente.
Desde antiguo, los peregrinos jacobeos hablan en sus escritos de los vinos españoles. Alaban su calidad y cuerpo. Dice un anónimo cantar inglés:
Here wyn is theke as any blode
and that wull make men wode.
”Aquí el vino es espeso como alguna sangre y esto pone furiosos a los hombres”
Las tabernas del Camino de Santiago anuncian el color del vino en su puerta, al objeto de atraer a los caminantes. Jean de Tournay, el curtidor flamenco que peregrinó a Compostela a fines del siglo XV y escribió luego lo que había visto, señalaba: ”En todo el país, allí donde se vende vino blanco ponen una enseña de paja, y por enseña de vino tinto ponen una manta roja”.
También cuenta Tournay cómo se guarda el vino en España: ”Hay la costumbre de meter el vino en pellejos de cabra cosidos, y por la pata de atrás se echa el vino dentro del jarro”. Dos siglos y medio después, a mediados del XVIII, un sastre de la picardía, Guillaume Manier, corroboraba esta observación: ”El método para guardar el vino es la pata del cabrón”. Y añade: ”El vino se sirve en cubiletes de madera. Uno de esos cubiletes lleno de vino vale dos ochavos y costaría a buen seguro diez sueldos en Francia”. En Compostela, el viajero tendrá ocasión de ver la puerta del Vino por donde entraban en la ciudad los caldos de Ulla y de Ribeiro. La inscripción latina dice: ”Perquam pretiosus Baccus venit ad urbem”.