LA PEREGRINACIÓN A SANTIAGO DE COMPOSTELA (o de las leyendas) – LOUIS CHARPENTIER -
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Hacia mediados del siglo IX corrió un rumor en el Occidente cristiano: en algún lugar de España, hacia los confines de la costa cantábrica, en el reino de Galicia libre de la invasión musulmana, hombres santos, misteriosamente avisados por unos resplandores, habían descubierto la tumba del apóstol Santiago el Mayor.
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Asimismo se decía que grandes muchedumbres acudían a venerar las santas reliquias…
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Más tarde, con el transcurso de los años, la leyenda se exageró. Se habló de milagros asombrosos. Llegaban gentes de Francia, de Italia, de Alemania, de Inglaterra. Se trazaron rutas de peregrinación que iban de abadía en basílica, de santa reliquia en santa reliquia… Se convirtió en una moda: aquel que no podía emprender el viaje a Jerusalén o que desdeñaba la visita a Roma, demasiado fácil, tomaba la ruta de Santiago. Se abrían hospitales y albergues para los pobres peregrinos; las órdenes militares se volvían hospitalarias, vigilaban los caminos…
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De este modo, se trazaron cuatro rutas principales en Francia, rutas que partían de lugares de reunión en París, Vézelay, Le Puy, Saing-Gilles. En etapas que llevaban de monasterio a albergue, conducían a los peregrinos hasta los puertos pirenaicos, y luego, por montes y valles, éstos peregrinaban hasta la lejana Finisterre, en las orillas oceánicas.
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Se moría en la ruta o bien se regresaba, mostrando orgullosamente la venera, signo de la peregrinación cumplida, la <<concha de Santiago>>, condecoración del valeroso peregrino.
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Según los *hagiógrafos, Santiago, el Santiago de que se trata aquí, era uno de los apóstoles, conocido con el calificativo de <<Mayor>> para distinguirlo de otro Santiago, también apóstol, llamado <<el menor>>.
Era hijo de Zebedeo y María Salomé, y hermano de san Juan Evangelista. Se le suponía nacido en Betsaida, y había sido uno de los <<Hijos del Trueno>>.
Era, junto con Juan, uno de los íntimos del Señor, el cual le admitía en sus secretos. Herodes Agripa le había mandado decapitar el 8 de las calendas de las calendas de abril (25 de mayo), día de la Anunciación.
A partir de estos hechos se creó una leyenda, que se amplió con el transcurso de los años, conforme a las necesidades de maravillas que manifestaban los peregrinos, y Santiago de Vorágine, en el siglo XII, la relató piadosamente tal como sigue:
Tras la muerte de Cristo, Santiago predicó primeramente en Judea y Samaria, y luego embarcó y llegó a España para tratar de cristianizar este país. No tuvo mucho éxito, ya que no conseguiría formar más que nueve discípulos; o quizá siete; o tal vez solamente uno. Se admite, además, que era seguido por un perro, más sensible a su influencia que los paganos… No debemos olvidar al perro…
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A consecuencia de este fracaso, regresó a Judea, donde su acción legendaria se caracterizó por una serie de conflictos con una mago llamado Hermógenes, conflictos dirigidos la mayor parte de las veces por legiones de ángeles y de demonios. Habiendo encadenado Hermógenes a un cierto Fileto, Santiago lo libró de sus cadenas; el mago envió entonces una legión de demonios atados con ligaduras de fuego, de las que Santiago los liberó, y, por estos mismos demonios, se hizo entregar a su enemigo encadenado, al que luego, sin rencor, quitó las cadenas y convirtió. Hermógenes arrepentido, la entregó sus libros de magia para que los quemara, pero Santiago se negó a ello y los mandó echar al mar…
Después de su decapitación <<algunos discípulos robaron su cuerpo durante la noche por temor a los judíos, lo pusieron en un barco y, abandonando a la Divina Providencia el cuidado de su sepultura, subieron a bordo de aquel navío que carecía de gobernalle. Conducidos por el ángel de Dios, llegaron a las costas de Galicia, el octavo día de las calendas de agosto, al reino de la Loba. Había entonces en España una reina que llevaba ese nombre y quizás lo merecía>>.
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Acordémonos de Loba… (Louve).
<<Los discípulos fueron entonces a decir a Loba: ”El Señor Jesucristo te envía el cuerpo de su discípulo a fin de que recibas muerto a aquel que no pudiste recibir vivo.” Le contaron entonces el milagro por el que habían llegado sin timón hasta las costas de su país, y le pidieron un lugar conveniente para la sepultura. La reína, al oír aquello, les dirigió, mediante supercherías, a un hombre muy cruel, o, según algunos autores, al rey de España, al objeto de obtener en esto su consentimiento…>>
Tras diversas peripecias, dicho rey termina por aceptar.
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<<Loba quedó muy entristecida al enterarse de esto, y cuando los discípulos fueron a verla provistos de la autorización del rey, respondió: ”Coged mis bueyes que están en el monte Illano; uncidlos a un carro, cargad el cuerpo de vuestro maestro, y luego, en el lugar que os plazca, enterradlo donde os parezca”.>>
Ahora bien, ella hablaba como loba, pues sabía perfectamente que aquellos bueyes eran toros indómitos y salvajes… Los discípulos, sin sospechar malicia, escalaron la montaña, donde se encontraron con un dragón que respiraba fuego; se abalanzaba ya sobre ellos, cuando todos hicieron el signo de la cruz para defenderse y atravesaron el vientre del dragón con sus espadas. Hicieron también el signo de la cruz sobre los toros que, instantáneamente, se convirtieron en dos animales mansos como corderos. Uncieron los animales y colocaron sobre el carro el cuerpo del santo, junto con la piedra sobre la que había sido depositado. Entonces, los bueyes, sin que nadie les dirigiera, llevaron el cuerpo hasta el interior del palacio de Loba que, al verlo, quedó estupefacta…y consagró su palacio a Santiago.
Esto es lo que cuenta Santiago de Vorágine en la leyenda durea.
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Según la leyenda local, el barco que contenía el cuerpo del santo habría tocado tierra en el fondo de una ría, en un lugar denominado Iria Flavia, que posteriormente fue denominado Padrón, sobre el río Ulla.
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Otra leyenda afirma que el cuerpo, una vez arribados a la tierra, había sido transportado a una colina escarpada, conocida actualmente con el nombre de Pico Sacro, desde donde fue conducido a un lugar conocido más tarde con el nombre de Arca marmórica o Arcis marmoricis, cerca de la localidad de Amoea.
Luego, el lugar de la sepultura fue olvidado durante varios siglos.
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No fue hallado otra vez hasta el año 813, o, según Bedier, el 830, durante el reinado de Alfonso el Casto.
Según la Historia Compostelana, un ermitaño, llamado Pelagio (que significa: hombre de mar) fue avisado milagrosamente del lugar donde se hallaba la sepultura del apóstol por unas luces sobrenaturales que danzaban encima de la tumba. La tumba fue descubierta por orden de Teodomiro, obispo de Iria Flavia. Parece que se trataba de un pequeño mausoleo oculto por una densa vegetación. Se admite generalmente que la construcción era de típico estilo romano.
También se cree, pero sin demasiada seguridad, que Alfonso II había mandado erigir una primitiva iglesia en el lugar de aquel mausoleo…
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En la batalla de Clavijo, el año 844, sostenida por los españoles contra los musulmanes, Santiago convertido de pronto en caballero armado, apareció en medio de los combatientes, resplandeciente y montando un caballo blanco. Blandiendo una espada flamígera, hizo una gran carnicería entre los infieles y llevó a la victoria a las tropas del rey Ramiro, salvando así todo el Norte de España, desde los Pirineos hasta Galicia. Este hecho de armas post mortem le valió convertirse en Patrón de España y fiador de su liberación… Y, en su calidad de caballero celestial, de tener el honor, mediante <<autómata>> interpuesto, de consagrar caballeros a los reyes de España.
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En sustitución de Santiago, el <<autómata>> está siempre el convento de Las Huelgas, cerca de Burgos…
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No producirá demasiado asombro el saber que, aun en los ambientes más adictos a las tradiciones cristianas, la leyenda de Santiago no se acepta sin reservas…
A mediados del siglo IX, se propuso una variante, según la cual el cuerpo del santo habría sido conducido a las proximidades de Granada por siete santos. Evidentemente, era más lógico que un barco que navegara sin rumbo desde el Mediterráneo oriental tocara tierra en el sur de España, en lugar de ir a embarrancar en la atlántica Galicia.
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Más racionalistas todavía, los autores modernos han pretendido investigar la creación de este Santiago en hechos históricos que habían tenido lugar en la época de la invasión árabe. Así, en Mérida se habría encontrado una piedra con una inscripción que informaba de que en aquella ciudad había existido, en la primera mitad del siglo VII, una iglesia consagrada a Santa María, en la cual se guardaban reliquias de la verdadera cruz y de diferentes santos, entre ellos San Juan Bautista, San Pedro, San Pablo, San Esteban, San Juan Evangelista y Santiago el Mayor. Al ocurrir la invasión, los clérigos de Mérida huyeron llevándose consigo las citadas reliquias y las depositaron en Iria Flavia. Las reliquias de Santiago habían ganado entonces por la mano a todas las demás; luego, cuando ocurrieron las primeras invasiones normandas, fueron trasladadas al lugar donde se descubrieron posteriormente…
Pues bien, como de costumbre, los racionalistas no tienen razón.
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Esta leyenda no ha sido forjada por los historiadores. No hace referencia a hechos, sino a tradiciones.Tengamos en cuenta que nadie ha mencionado nunca una predicación cualquiera de Santiago por España. Por más que san Julián de Toledo especificó, en el año 686, que la predicación de Santiago había tenido lugar entre los judíos; y que Idacio, obispo de Iria Flavia, ignora todo lo que se refiere a la recalada de la barca milagrosa, no por ello la leyenda deja de crearse: se crea y se desarolla. Y es así como nace la concha o venera.
Según una versión, cuando el barco que transportaba su macabro cargamento llegó a la desembocadura del río Ulla, y las gentes lo arrastraron hasta dejarle en seco, se observó que su quilla estaba cubierta de conchas que más tarde servirían de insignias y de símbolo de peregrinos de Compostela.
De acuerdo con otra versión, como la barca no conseguía tocar tierra, dos caballeros penetraron en el agua para ayudar a transportar la carga y, al salir del agua, aparecieron cubiertos enteramente de conchas.
Poco importa el hecho de que dichas veneras no se adhieren a los cuerpos, sino que viven, móviles, en los fondos marinos. ¿Acaso no era necesaria una insignia para los millares de peregrinos que emprenderían la ruta hacia Compostela?
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Estas conchas son las <<merelles>>, llamadas así por el nombre de un pueblo costero, no cercano a Iria Flavia, sino próximo a Noya…
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A la concha se añadió la estrella. Ya no eran luces lo que había indicado el lugar de la sepultura del santo, sino una estrella que se había mantenido encima de la tumba y había atraído a los pastores, los cuales, más o menos aterrorizados, avisaron al obispo; aquel lugar ha sido entonces llamado <<Campo de la Estrella>>, Campus Stellae, convertido en Compostela. La peregrinación se transformaba en una marcha hacia la estrella, y la ruta a recorrer era la Vía Láctea (al final de la cual se encuentra, por otra parte, la constelación del Can Mayor). Los eruditos prefieren subrayar que la tumba se hallaba en una necrópolis y que es mucho más juicioso y más lógico hacer derivar Compostela del vocablo latino compositum: cementerio… Pero los eruditos se equivocaban pronunciándose contra el dicho popular; popular, sí, pero sabio. Y sutil.
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En primer lugar es notable el apego que se le tiene al nombre de Santiago. Entre los apóstoles, se le escogió a él y no a otro. Pese a lo que afirma san Julián de Toledo, se le hace predicar en España porque es necesario que regrese a ella. Es preciso que dicha predicación haya tenido lugar para preparar el retorno… E incluso se le da por compañero a un perro, como aquel que se halla en el cielo, en los confines de la Vía Láctea.
Se le tiene inclinación al nombre y al lugar: <<Los huesos sagrados del bienaventurado apóstol Santiago, trasladados a España, son venerados en el extremo norte del país, frente al mar de Bretaña, y son objetos de una devoción extraordinaria por parte de los habitantes>>, dicen las <<adiciones al martirologio de Floro de Lyon>>, hacia 838 (citado por Bottineau en ‘Les chemins de Saint-Jacques’), y, por encima de todo, se le tiene apego a la llegada de dichos restos por mar. Es necesario que desembarquen en Galicia, aún a costa de un milagro.
Asimismo, es preciso que Santiago sea caballero, incluso <<matamoros>> en caso de necesidad, a pesar de la mansedumbre conocida de los apóstoles y de su proclamado pacifismo.
También es necesario que domestique a los toros haciéndolos mansos como corderos antes de subyugar a la reina Loba.
Todo esto es maravilloso, tal como al pueblo le gusta verlo en sus historias; pero se trata de un portento admirablemente dirigido…
Como la historia de la estrella y de la Vía Láctea; como la historia de la concha de Santiago.
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De hecho nadie crea estas leyendas. Ellas mismas se crean, porque son historia. Una vez creadas, se cuentan y se transforman según los lugares y las épocas, y también según las razas, las lenguas y las creencias; pero, cualesquiera que sean las transformaciones, subsiste el mismo fondo porque éste es verdadero y porque sigue estando presente, confuso pero real, en la memoria atávica.
Las leyenda no se suprimen. Están en el hombre… Y, a falta de poder o de querer suprimirlas, se las adapta… Y adaptarlas es también, en cierto modo, salvarlas. Es guardar en la conciencia del hombre lo que, en caso contrario, permanecería enterrado -e inútil- en los subconscientes.
¿Qué quedaría de todas las leyendas celtas, incluso de aquellas que el celtismo había adaptado de épocas anteriores, si no hubiesen sido cristianizadas en una época en que predominaba el cristianismo?
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Recordemos el <<caldero de Lug>> que, adaptado por el cristianismo, se convierte en el Grial, sin perder, no obstante, su significación de continente de la sangre de Dios, es decir, del líquido vital por excelencia, que da, o vuelve a dar, la vida material o espiritual.
Recordemos esa <<Tabla Redonda>> de los caballeros lanzados a la búsqueda del Santo Grial, como lo estuvieron, milenios antes, los <<danzarines>> de los cromlechs en busca de la vida eterna.
En verdad, sería un poco infantil creer que la transformación de las leyendas se produce al azar conforme a las ideas pasajeras de algún narrador de imaginación desbocada. Semejantes cosas divierten y pasan…
A los narradores se les permitirá entretenerse relatando los milagros que el santo hace en favor de los peregrinos a lo largo de la ruta de Compostela, y que son, en cierto modo, la publicidad <<comercial>> de los lugares de paso preparados: el malvado mesonero castigado, el ahorcado que continúa vivo, el pollo asado que recobra la vida en Santo Domingo de la Calzada… Pero éstos son ya relatos tardíos cuando el verdadero objetivo de la peregrinación ha sido alcanzado.
Por lo que se refiere a la leyenda <<básica>> uno se percata -y yo trataré de que los lectores lo hagan también- de que todos sus elementos han sido sopesados y calculados con otros hechos antiguos y que conciernen, efectivamente, al lugar, al camino de estrellas, a la concha, al nombre, a Loba y al perro…
Que nadie se llame a engaño respecto a dicha adaptación: se refiere tanto a la meta como al camino; incluso este absurdo lanzar a <<pobres peregrinos>> a una ruta donde nada tenían que hacer es uno de los elementos, y no de los menores, de esa extraordinaria civilización que, en la Edad Media, nos dio las catedrales y, a plazo diferido, lo que hemos podido conseguir de libertad.
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En todo caso, una cosa es notable -y debe ser destacada-: esas leyendas cristianas nacen en los conventos benedictinos, pero sólo después de la fusión, realizada por Witiza (que se convertirá en san Benito de Aniano), de los monjes de san Benito con los de san Columbano… Como si el tesoro legendario antiguo hubiera sido confiado a la custodia de estos últimos y entregado por ellos a la cristiandad. Junto con la manera de utilizarlo.
Por el camino de las estrellas…
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‘El misterio de Compostela’
- LOUIS CHARPENTIER -
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enlazado en: EL CAMINO (itinerario que sigue la Vía Láctea)
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* Hagiografo: Escritor de vidas de santos. Autor de cualquiera de los libros de la Sagrada Escritura.
FRAGMENTO DE IACOBUS DE MATILDE ASENSI
FRAGMENTO DE ‘PEREGRINATIO’ DE MATILDE ASENSI
Estupendo post y estupendo blog; gracias. Me ha servido para un estudio que estoy haciendo sobre el camino de Santiago. Felicidades por el blog!