Liber Peregrinationis (CODEX CALIXTINUS): Aymerich Picaud
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ES HORA de que les presente a un célebre personaje, a quien muchos no conocen. Me refiero a un clérigo del siglo XII que escribió lo que puede considerarse la primera guía turística de Europa.
Diré, mejor, que él no compuso su libro para los turistas sino para los peregrinos. Hará bien de todos modos el viajero llevándolo consigo. Aymerich Picaud, así se llamaba nuestro cicerone, fue un presbítero de la región del Poitou y del pueblo de Parthenay que ejerció su ministerio como capellán de Vézelay, la ciudad de la que parte uno de los ramales del Camino en Francia. Su guía, titulada Liber Peregrinationis, forma parte de un códice conocido por Codex Calixtinus. Fue, en efecto, Guido de Borgoña, abad de Cluny quien, elegido Papa con el nombre de Calixto II, lo mandó componer. El pontífice, dicho sea de paso, era hermano de Raimundo de Borgoña, que se había casado con una hija de Alfonso VI, doña Urraca, madre de Alfonso VII el emperador. Así, la monarquía y el papado colaboraron en la obra de europeización del norte de la península, utilizando como principal instrumento la promoción de las peregrinaciones a Santiago. Calixto II consintió al obispo de Compostela, Diego Gelmírez, una serie de privilegios para su sede y decidió elevarla al rango de arzobispado.
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El Liber Sancti Iacobi es un manuscrito de 225 folios que en sus cinco libros trata de asuntos diferentes, todos ellos relacionados con el Camino de Santiago. Este libro, cuyo original se encuentra en el archivo de la catedral compostelana, trata sucesivamente de los textos litúrgicos, poéticos y musicales en honor del Apóstol; de los piadosos relatos de sus milagros; de la traslación de su cuerpo desde Palestina a Galicia; de la narración de la entrada de Carlomagno en España con una serie de legendarias proezas que culminan con la derrota de Roncesvalles y, finalmente, la descripción, obra de Aymerich Picaud, del Camino y de la catedral de Compostela.
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El prólogo de todo el manuscrito es una carta de Calixto II, que fue elegido Papa en 1119 y que era un gran devoto de Santiago, en la que se narran las vicisitudes que su autor pasó para salvar el códice. Dice por ejemplo:
<<¡Oh rara fortuna! Cuando caí en manos de salteadores que me despojaron de todas mis pertenencias, no me quedó más que este códice. Encerrado en prisión y perdida toda mi hacienda, sólo me quedó el manuscrito. Muchas veces naufragué en mares de aguas profundas y estuve a punto de morir; pero, al salir yo, salió el manuscrito sin mácula. Se prende fuego a la casa en que yo estaba y, abrasado todo mi ajuar, sale el códice indemne. A la vista de lo cual comencé a reflexionar si no sería que este códice que yo deseaba hacer con mis manos sería grato a Dios>>.
Aymerich fue canciller del papa Calixto y se cree que éste le mandó compilar el códice. Y su sucesor, Inocencio II, le encargó que llevara el Liber Sancti Iacobi a Compostela. El mismo papa Inocencio, en una carta-epílogo al códice, da cuenta del viaje que Aymerich hizo a Santiago acompañado por una mujer, Gilberta Fladrense, la primera peregrina de que se tiene noticia. En su guía, enumera las etapas que el peregrino debe seguir, menciona las ciudades y pueblos por los que pasa el Camino así como los ríos ”buenos y malos”, que tiene que cruzar; advierte de los peligros que se encontrarán en la ruta, tales como la falta de comida o de agua y vino, o los insectos que como avispas o tábanos pueden picar a los caminantes; o bien habla de los vicios y virtudes de las gentes que pueblan las diversas regiones del itinerario.
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Cuando escribió su libro, el reverendo Picaud debía de estar enfadado con los barqueros y con los recaudadores de portazgo, que salían al paso a los peregrinos armados de garrotes, arrancándoles por la fuerza injustos tributos. Asegura que, legalmente, sólo pueden cobrar impuestos a los mercaderes pero no a los que van en peregrinación. Y de los barqueros dice que sólo tienen derecho a cobrar un óbolo a las personas, si son ricas; y si son pobres, nada.
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Luego, nuestro Aymerich generaliza las acusaciones contra todos los vascos y, especialmente, contra los navarros:
<<Las gentes de esta tierra son feroces como es feroz, montaraz y bárbara la misma tierra en que habitan. Sus rostros feroces así como la ferocidad de su bárbaro idioma ponen terror en el alma de quien los contempla>>.
Y añade, entre otras lindezas, hablando de los navarros:
<<Son un pueblo bárbaro, diferente de todos los demás en sus costumbres y naturaleza, colmado de maldades, de color negro, de aspecto innoble, malvados, perversos, pérfidos, desleales, lujuriosos, borrachos, agresivos, feroces y salvajes, desalmados y réprobos, impíos y rudos, crueles y pendencieros, desprovistos de cualquier virtud y enseñados a todos los vicios e iniquidades, parejos en maldad a los infieles sarracenos y enemigos mortales de nuestra región gala>>.
Aymerich parece resentido por lo de Roncesvalles.
No se puede decir que fuera el clérigo Picaud un hombre muy caritativo. A los castellanos no los odia tanto, aunque dice que son <<malos y viciosos>>. Prefiere a los gallegos: <<entre los demás pueblos incultos de España, son los que más se asemejan a nuestra nación gala>>. Pero tampoco se van de vacío, porque añade: <<(…) Si no fuera porque son muy iracundos y litigiosos>>.
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Hay textos de la misma época, sin embargo, o un poco posteriores que hablan de la excepcionalidad acogida que brindaba a los peregrinos el hospital de Roncesvalles:
<<La puerta se abre a todos, enfermos y sanos. No sólo a católicos, sino a paganos, a judíos, herejes, ociosos y vanos>>.
Y entre los caminantes de hoy es proverbial la hospitalidad que les brindan en los pueblos del Camino, de Roncesvalles a Puente la Reina. Una dedicatoria copiada del libro de firmas del albergue de esta última villa así lo acredita. Escribe un peregrino:
<<Hola, me llamo Jaime, aunque a este paso me lo voy a cambiar por Pedro, por las llaves. Me las dieron en Roncesvalles, en Larrasoaña, en Pamplona y aquí. Así que gracias por la confianza y suerte>>.
Del capítulo: Un Cura del Siglo XII, en ‘ULTREIA’ (1998)
LUIS CARANDELL
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Recomiendo una detalla lectura de este libro, ya que la misma nos dará una visión de los viajes medievales y las penurias que pasaban los peregrinos de antaño.
CAPITULO I
Los itinerarios hacia Santiago
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