– Ayer con fragmento de Vizinczey –

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‘Bajó una mariposa a un lugar oscuro; al parecer, de /

hermosos colores; no se distinguía bien. La niña más chica /

creyó que era una muñeca rarísima y la pidió; los otros /

niños dijeron: -Bajo las alas hay un hombre….//’

MAROSA DI GIORGIO

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Ayer tarde. Comencé a leer en el parque En brazos de la mujer madura’ de Stephen Vizinczey. Me enganché a la lectura casi al principio, cuando el jovencísimo protagonista describe los diversos estados emocionales o internos por los que atraviesa la condesa húngara.

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'En brazos de la mujer madura' de Stephen Vizinczey

”’… Incluso después de convertirse en prostituta de ocasión, debía de resultarle desesperante el sorprenderse a si misma tomando en consideración la proposición de un muchacho de doce años. O así al menos interpreté su reacción. Pero mientras yo pensaba que la entendía, no se me ocurría qué decir ni qué hacer para ganármela. Yo no estaba preparado. Me sentía como en la escuela cuando el maestro me llamaba a la pizarra y yo no podía dar el nombre de la capital de Chile. Lo que quería era marcharme. Estaba asustado”’. (Pág. 27)

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Luego asomaron los padres del soldado y su preciosa hija; que me dio tantos abrazos que hoy tengo aún el alma agradecida. Estuve tomándoles muchas fotos para que se las queden de recuerdo y la pequeña se las lleve consigo cuando regrese a las islas. Libi tiene una hermana de tres años y una madre allí. Ricardo Armado tiene 29 años. Sus padres aún no debían de tener noticias de la carta de despedida que le envié y me trataron estupendamente. Una gente muy cordial y agradable. Su madre también me dio un montón de cariño y abrazos. Cuando me preguntó: ¿Y tú no tienes novio María? Callé y evité sus ojos. Seguí con la mirada concentrada en mi cámara pero esbocé una sonrisa de esas de muro de contención. ‘Claro, algo tienes’ -dijo ella-. Pero callé, seguí callando. No me apetecía en aquel instante, rodeada de niñas y en presencia de su marido, comenzar con las confidencias y mi especial estado es eso lo que requeriría.

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La hija de Malasaña no se separó de mí, ayer, de nuevo. Tenía razón yo. Habían pensado en pagarme y por eso él sacó la cartera… Eso no lo conté aquí. Fue la tarde que me sentí tan mal, tan sola y tuve que ir en busca de Nora, en busca de un sarcasmo que poco tuvo de consuelo. ¿Cuánto hace ya? ¿doce días? Desde entonces no he vuelto a mirarle. Alma se dio cuenta de que algo se me había roto dentro cuando estuvimos en el médico, el lunes pasado. Dijo al sobrepasarlo: ¡Uy, no parece que te afectase mucho verlo. Fuiste muy distante! Pero si me afectó, sí. Lo que ocurre es que no me afectó en aquel momento. Me afectó lo que sucedió cuando le vi sacar la cartera y venir caminando hacia mí. Me afectó el odio que sentí en aquellos metros. Me afectó, en realidad, haber llegado al punto que llegué con Alud Guernika; a ese punto donde has desentrañado su alma y has comprobado que no había alma…. que eso era lo que escondía. Es complejo de explicar en este rato que tengo para escribir. Lo dejo para más adelante… para cuando tenga más tiempo. Pero como apunte a esbozar: que su madre, la de Pésimo Malasaña, tiene los ojos pequeños pero muy vivaces y verdes, y me dijo que le había hecho a su nieta unas fotos preciosas. En concreto una; que su madre había pensado en enmarcarla porque les había gustado muchísimo. Fue un diálogo un poco más largo pero ya tengo que irme. Yo no hablé ni con afectación ni con temores. Era una mujer hablando con otra mujer. Una conversación que no parecía pertenecer al hilo del péndulo de la auténtica historia. Una corteza de naranja sobre un refresco de manzana en la terraza de la mesa de un bar.

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Link: De los secretos y lazos de lo invisible…

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2 Respuestas a “– Ayer con fragmento de Vizinczey –

  1. BAJÓ UNA MARIPOSA…

    Bajó una mariposa a un lugar oscuro; al parecer, de
    hermosos colores; no se distinguía bien. La niña más chica
    creyó que era una muñeca rarísima y la pidió; los otros
    niños dijeron: -Bajo las alas hay un hombre.
    Yo dije: -Sí, su cuerpo parece un hombrecito.
    Pero, ellos aclararon que era un hombre de tamaño natural.
    Me arrodillé y vi. Era verdad lo que decían los niños. ¿Cómo
    cabía un hombre de tamaño normal bajo las alitas?
    Llamamos a un vecino. Trajo una pinza. Sacó las alas. Y un
    hombre alto se irguió y se marchó.
    Y esto que parece casi increíble, luego fue pintado
    prodigiosamente en una caja.

    De “La liebre de marzo” 1981

    MAROSA DI GIORGIO

  2. Pingback: Fue « Los cuadernos de Yladah

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