Desmitificando los miedos inventados para crearnos miedo artificial…

Atardece el domingo 21 de noviembre cuando yo por fin me presento en el parque con la foto de Linda Blair y *algunos papeles. Esa misma mañana he estado hablando con Pésimo Malasaña, y parece que vamos a olvidarnos del asunto de mi pediculosis púbica.Yo me he reído en varias ocasiones con los ojos, y él me ha tomado el pelo pero sobre todo le ha dicho a Cora, cuando sujeta mi cámara: ‘¿Por qué no vas a sacarle una foto a ‘la castaña’? Es que había un amagüesto pero claro, ha dicho castaña en singular y no castañas en plural, y luego me ha mirado significativamente, y ahí sí que no he podido evitarlo y me he puesto rojísima; a la vez que soltaba una carcajada estruéndosa, que por supuesto ninguno de los presentes habrá entendido a cuento de qué.

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Atardece y yo llego, y las niñas se vuelcan sobre mí y yo le digo a ‘Laura’, tengo algo para ti pero tienes que prometerme que no vas a asustarte. Y me ha dicho que sí pero cuando ha visto a ‘miss fotogenia” ha pegado un grito que ha tenido que dejarle la sangre helada a todo el parque.

Linda Blair caracterizada como poseÃda en su papel en la pelÃcula Exorcista

Esto es lo que escribo en mi diario sobre ello ese día:

Estoy más contenta aún. Esta tarde he vuelto a ver a Pésimo y a Laura.
Aunque el padre de Cora se enfadó un poco por lo de esa fotografía de ‘la niña del exorcista’. Pero yo me reí mucho y creo que ‘Laura’, hoy, ha perdido gran parte de su miedo aunque su abuela me diga que ahora tendrá más fijación con el tema. Y de todas formas Pésimo no me dijo nada. Supongo que de esa manera hace tiempo que confía en mí. No le había vuelto a dejar que se me acercase y hoy lo ha hecho. Se sentó en el banco con su madre a mirarnos a mí y a ‘Laura’ (aunque a ella no la aliento a que me toque todavía), y cuando…

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He comenzado a leerles la historia de Antonio Gálvez, lo del pedo en el cine,  y Laura no puede apartar los ojos de la foto. Pero ya logra sostenerle la mirada. Está como hipnotizada y las otras niñas, Cora, Camila y Ofelia no muestran la misma fijación; prefieren escuchar la historia, y ‘Laura’ que aunque parece que no escucha me pregunta:

– ¿En serio que tú encuentras tan divertido eso del pedo?

– Bueno, sí… es hilarante, ¿no?

– Sí tú lo dices?

Y las otras niñas quieren que siga leyendo y llega Amadeo, el abuelo de Camila, y pregunta: ¿qué es eso que les estás leyendo? Y Laura quiere enseñarle a ‘Regan’ y yo no quiero; porque a las otras niñas del parque que se han venido se ha negado a enseñársela, y justo al abuelo de Camila, que no va a entenderlo, quiere hacerlo… Pero es que ella es así, es muy inteligente y le gusta experimentar con las reacciones de la gente; aunque no es de esas que se mantiene al margen, ella también se expone a vivir y a sufrir… Así que le enseñamos la foto al abuelo de Camila, sin problemas; total, él ha dejado a su nieta el otro día sola en el parque, al cuídado del padre de Cora ,y luego cuando el padre de Cora decidió irse sin esperar a que regresase el abuelo de Camila, llegué yo por casualidad y me hice cargo de ella, pero ‘el loco’ también estaba allí y anochecía… Así que si no lo entiende… yo tampoco entiendo algunas cosas que me parecen más importantes que la foto de una niña caracterizada para causar miedo.

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Y cuando llego a la parte en que le comento a Antonio Gálvez eso de que lo que me apetece es que veamos allí mismo en el portátil la película, y que nos riamos a mandíbula batiente de la endemoniada, Laura me pregunta, como si lo que digo fuera un anatema:

– ¿De verdad que serías capaz de reírte del demonio?

Y yo, a lo bestia, voy y le contesto:

– Hombre, pues claro que sí. Me moriría de la risa.

Y mi abuela cuando llego a esta parte me dice:

– Pero si a ti te daba pánico esa película y nunca has podido verla.

Y claro que sí, claro que me daba pánico y que me lo sigue dando. Hasta el punto de que cada vez que ponían por la tele el ’skeech’ de los Morancos haciendo ‘delaniñadeloscojones’, tenía que taparme los ojos, y sufría incluso durante días de pesadillas. Pero eso es precisamente porque nadie me enseñó a mí a reírme de ciertos asuntos estúpidos. Y yo quiero que Laura aprenda eso. No quiero alimentar su morbo y sus fijaciones, y si tengo que mentir como una bellaca para lograrlo, pues miento y me condeno al fuego del infierno. Me da absolutamente igual. Lo que quiero es que ella no pase el miedo por el que yo pasé y creo que ahora sé cómo.

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Odio los miedos atenazantes que te roban el sueño, el sosiego y la infancia. Desde luego yo no voy a alimentarle los temores hablándole de las desgracias que dicen que asolaron y persiguieron a los protagonistas, como si ver una película rodada por actores fuera siquiera tan importante como violar la tumba de un faraón o poseer un diamante maldito. Bueno, estas últimas cosas de la Historia tienen su intríngulis y ’su gracia’; yo no tengo nada en contra del misterio, siempre que sea fascinante o que tenga un sentido; pero no me gustan los miedos prefabricados por Hollywood, no me gusta que se juegue con el terror, con lo sano que es el miedo cuando funciona como tiene que funcionar, para mantenerte alerta.

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Y Cora se ha ido a su pesar porque tenía que irse, y Camila se ha quedado un buen rato. Esa sin ningún miedo, y eso que tiene unos seis o siete años; y Laura y yo hemos estado hablando mucho de la imagen. Ella la sostiene en sus piernas y la vamos analizando punto por punto, y yo hago mucho el tonto y le pongo la misma cara, ¡que anda!, que si alguien que no me conozca me ve… Y le tiro al alto todo lo que me explica, y quiere saber por qué el Mal…

– ¿Pero qué mal niña? Tú ahora eres tonta. ¿No ves que eso es una actriz y lo otro un argumento que primero fue un libro? ¿Quieres que convoquemos ahora mismo al mal aquí?

– No. No. ¿Cómo qué no? Fíjate cómo se hace.

Y me coloco como si estuviera sentada frente a una máquina de escribir y muevo los dedos y comienzo a hacer que escribo y a contarle…

– Una mujer y una niña están sentadas bajo los ciruelos del parque y de repente el viento se hace frío y una brisa…- gran carcajada.

– Pero no te rías así, me aporrea ella con los puños.

– ¿Pero cómo no voy a reírme Laura?  Con lo inteligente que tú eres para analizarlo y comprenderlo casi todo y lo ciega que has decidido estar para no querer darte cuenta de esto. ¡Cariño! Es sólo una caracterización. No hay de qué tener miedo.

Y entonces llegan otras dos niñas de su clase y a éstas si que quiere enseñarles la foto y yo:

– No.

– ¿Y por qué?

– Porque ya viste al padre de Cora lo mal que le ha sentado.

Y hay suerte, porque estás como son dos y van de ‘gallitas’ dicen que no, que no les da ningún miedo Reagan y encima se ríen conmigo, y Laura no se lo puede creer, y mira atónita la foto; y en realidad, así, como a ella, parece ser que no le da miedo a nadie.

Y yo me río, me río cada vez con mas ganas, y ella empieza a poner esa cara suya de siempre; esa que pone desde el día en que  le dije que no pensaba hablarle más en el momento en que asomara su ‘Lady Laura’; ese ser insoportable que tiraniza a todos los suyos y no tiene en cuenta los sentimientos de nadie. Y después de comprender aquello, al menos a mí, nunca ha vuelto a tratarme como una basura, como Lady ‘Laura’ llega a tratar a los demás. Una cara lavada de soberbia, sin gota de soberbia, de esta horrenda soberbia que las dos compartimos.

– ¿Entonces?

– Entonces nada tesoro, que ahí no hay nada que temer.

Y ella quiere que le explique cómo el Mal se arregla para brotar en su cara, y yo le hablo de horas de maquillaje. ¿No has visto ‘Mar adentro’? Y le cuento detalles de sesiones interminables que ni siquiera conozco. Lo hago con el fin de resultar cada vez más prosaica. ¡Adiós a esa ‘putametafísicadepacotilla’ con la que nos han envenenado el cerebro las religiones! Y luego sí, luego me dejo corchar y hago como que por fin comprendo lo que ella quiere decirme; y le explico que lo mismo que el mal, el malestar, la fiebre puede reventarle los labios a una persona, y eso ella lo ha observado, el mal del malestar espiritual pues tal vez asome en purulencias, y eso sea la metáfora que utilice la película. Y Laura parece haberse quedado muy tranquila para cuando se nos acerca su abuela; y yo le explico de lo que hablamos y lo que hacemos.

– ¿A qué ya no le tienes tanto miedo a la foto Laura?

Y ella en ese momento me deja sola y dice: ‘Sí’. Y yo entonces lanzo los papeles por los aires y por encima de la cabeza, y dejo mi cuerpo resbalar por el banco con un gesto de resignación y desaliento, y la abuela de Laura también se ríe; aunque observa que la niña es demasiado pequeña para comprender lo que yo trato de explicarle. Pero eso quiero creer que es mentira porque yo tengo fe en mí.

Y luego es cuando leo el artículo de Luis Muiño, en ‘el hábitat del unicornio’: Los valores ocultos, y me alegro porque pienso que después de todo no lo he hecho tan mal; por lo menos yo lo hacía con la mejor de las intenciones.

‘… Lo que quiero decir es que, desde pequeño, pienso que el ser humano elige la forma en que ve el mundo y la forma en que lo cuenta. Y creo que nuestra forma de narrar la vida tiene efectos multiplicativos: si creamos fantasmas, tendremos fantasmas; si creamos risa, tendremos risa; si creamos curiosidad, tendremos curiosidad… En fin, que parece que hay mucho que elegir: ¿por qué a veces elegimos tan mal?’

Y el lunes hemos regresado al tema porque a Laura lo que más le asusta son los ojos pero me asegura que no ha pasado ningún miedo esa noche. Y hablamos de esa maldad que dice que asoma en sus ojos. Y hablamos de las pupilas, de la importancia que tienen en la seducción, del papel que juegan en la mentira, de la luz y la oscuridad que alteran su forma y de los ojos de los gatos. De enamorarse y pensar con los ojos como estrellas en alguien, y de ese hombre que siempre conserva sus pupilas infinitamente pequeñas.

Caras de Belmez

Y el viernes discutimos sobre ‘Las caras de Belmez’. ¿Qué van a ser los rostros del infierno, niña? Son dibujos pintados con sales plata por el fotógrafo del pueblo. Y de los ovnis. Ella insiste en que ha visto uno, y yo se lo rebato y le hablo de los globos sonda como posibilidad; y sus padres, si quieren, que sigan asintiendo y le den la razón por no oírla, para que les deje tranquilos, que yo no pienso hacerlo. Y también del ‘loco’, de todo lo que ha sucedido y del cuídado que debe poner en el mundo; y ella me cuenta lo de las mujeres que salen por la tele y que han sido víctimas de un psicópata, que les ha rebanado el cuello, y luego de los planetas; porque Laura sigue insistiendo en que ella lo que quiere ser es astrónoma, y es capaz de explicarme lo que es un agujero negro; y luego de satélites, de Deimos y Fobos, que son las lunas de Marte, y de Urano; y yo le cuento el por qué al planeta de lo extraordinario también se lo conoce por Herschel. Y me golpea con sus bracitos porque está muy contenta y muy llena de esa furia de la Vida que no todos comprenden. Y yo le dejo que lo haga porque siento lo mismo que ella y por eso soy capaz de comprenderlo. Así que no me asusto.

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~ De los secretos y lazos de lo invisible: Laura o el Amor ~

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