– EN BUSCA DE ANANDA – i –

‘¡Cantar del pueblo andaluz,/ que todas las primaveras/ anda pidiendo escaleras/ para subir a la cruz! …//’

-ANTONIO MACHADO –

francisco fresno

– EL PAISAJE EN LA PINTURA ASTURIANA –

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Un día volví a soñar con él. Un día regresó arrastrándose por entre los callejones de esos sueños con tintes azulados de pesadilla. Estaba con una mujer. En la misma terraza en que se encuentra ahora. Quería besarme. Se lo leí en los labios. Cuando los labios pronuncian el deseo se engordan. Él, el doctor Equis, tiene los labios finos, como mi AmorHermoso, el profesor Equisi. No era la primera vez que su espíritu había usado de ese medio para comunicarse conmigo. Y yo creo que los sueños, mis sueños, siempre han sido la primordial ”arma” de comunicación entre nuestras Almas; eso y mi debilidad y los gritos y vuelos de las aves, sobre todo las gaviotas, y su mirada rapaz sobre mi maullido de gatamesina desvalida. He tratado de encontrarlo. Dejé a un lado el portátil en el que tecleo estas líneas y abrí el cuaderno número -xx- pero no fui capaz.

Hoy el doctor Equis se me había adelantado y ya ocupaba una de esas mesas privilegiadas bajo el toldo donde se está a salvo del sol. De todas formas, yo aunque titubeante, me senté en la de la esquina y que es otra que él suele ocupar a veces. Pero cuando ya había pedido sospeché que se me había olvidado el dinero y corrí al interior del bar para detener al camarero. Hubiera sido una ocasión, lo sé. Acercarme al doctor Equis y comentarle el pequeño inconveniente… pero me moriría (es un decir) antes de hacerlo. Soy tímida. Extremadamente tímida y más cuando KSNDR no anda cerca, y yo le había pedido al salir de casa que me dejara sola. ¿Estás segura? – me preguntó preocupada. Claro que sí. Confía en mí. Las PALABRASMÁGICAS que uno nunca debe pronunciar bajo ningún concepto si no va muy en serio y de las que algunos abusan y usan tan a la ligera… ¿Podía confiar Ella en mí? Por supuesto. Yo no iba a hablarle y él, a pesar de su máscara infernal, creo que es tan extremadamente tímido, y quizás hasta timorato, como yo.

Me senté en un banco sobre el que se abrazan con delicadeza las hojas de un roble y un ciruelo silvestre, y dejó de parecerme significativa la precisión de que día haya sido aquel; tal vez haya empezado a suceder antes, mucho. Tal vez nunca haya sucedido o nunca haya dejado de suceder. Pero lo hizo porque yo lo recordaba y por eso era Real. ¿Quién dice que no vivimos una vida paralela mientras habitamos y cohabitamos en nuestros sueños? Algunos pueblos y tradiciones especulan con curiosas creencias. Por ejemplo para los negrito de las islas Andaman, cabellos color pimienta y baja estatura al noroeste de Sumatra, los sueños están producidos por el alma, que se considera parte maléfica del ser. Ésta sale por la nariz y realiza fuera del cuerpo las hazañas de las que el hombre toma conciencia durante el sueño

Pero ahora yo… En esa vida paralela él deseaba besarme aunque estuviera con otra mujer. Y a la azulada noche siguiente, en la pesadilla sucedánea, en la que el vestido de lo erótico lo impregnaba todo de cercanía, lo consiguió. Precisamente cuando ejercía su trabajo como doctor. * ¿Tú lo recuerdas? El espíritu como si fuera un árbol afilado y altísimo cimbrea dócil a la voz del viento. Si esa voz es apenas un susurro el baile de la copa es dulce como la de ese fresno de alientos desconocidos, que se eleva a escasos diez metros de mí. Pero si el Viento ruge, aunque sea silencioso las ramas le gimen y se contorsionan bajo el peso pavoroso de su Voz. Como una saeta. ‘Como una saeta al cantar… ‘

Entonces, ahora me levanto y me voy. Porque no logro sentirme del todo cómoda aquí. Y sé que pasaré por delante suyo de nuevo. Y sé que no le miraré. Y lo sé porque miraré mis pies y mi cabeza se inclinará ante él aunque yo no quiera. La dolicilidad. Y sé que bajo la sombra del carpe que hizo besar la tierra aquel huracán estaré bien. Lo sé porque sentiré la vibración y la energía de la misma tierra. Y si él no murió, yo tampoco lo haré. O al menos hoy.

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enlazado en: EN BUSCA DE ANANDA

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Una respuesta a “– EN BUSCA DE ANANDA – i –

  1. ¡Oh, la saeta, el cantar
    al Cristo de los gitanos,
    siempre con sangre en las manos,
    siempre por desenclavar!
    ¡Cantar del pueblo andaluz,
    que todas las primaveras
    anda pidiendo escaleras
    para subir a la cruz!
    ¡Cantar de la tierra mía,
    que echa flores
    al Jesús de la agonía,
    y es la fe de mis mayores!
    ¡Oh, no eres tú mi cantar!
    ¡No puedo cantar, ni quiero
    a ese Jesús del madero,
    sino al que anduvo en el mar!

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