– La revolución de la cesta de campo –

‘… Cómo poder saber que has perdonado,/ conmigo sola en el lugar del crimen?…//’

– J. G. de Biedma –

 

Daniela Edburg

‘Muerte por gummibears’, 2005

– DANIELA EDBURG – 

Los aventuras nunca son una buena razón para sufrir pero a veces son peligrosos. Los hay de todos los colores. Siempre viajan. Nunca te ponen pegas para verte. O sabes que en algún momento no lo harán. Pero es muy raro dar con un aventura que también sea un Alguiens (los alguiens siempre son interesantes)… A veces ocurre. De todas formas sus ‘aveces’, por lo que sea, tú misma, por qué no, duran poco. A unos les sucede el sentimiento del desapego. Les entusiasma la idea de vestirse de macarras y esperarte con gafas oscuras y una bebida isotónica en la mano, en una oscura habitación de mHotel. Pero los aventuras nunca te hablarán de mandarinas ni sonreíran con el llanto de un niño divino… ni se acordarán de lo importante que es para ti el vino y el Amor…

Esta chica del picnic quedó con un aventura a las 13h17min para pasar el día en el campo… Y a las 17h15 éste era el angustioso panorama.

Con los aventuras, una, aunque no lo delate… suele sentirse así: gritando y suplicando que no le hagan daño, como una niña asustada.

RECOMENDACIÓN: nunca pongas en tu cesta para el campo gummibears… los aventuras serán un mal ejemplo, y los gummibears, se acabarán comportando como ellos, como cerdos.

¡Pobres cerdos! Que mala reputación les dan los aventuras. A veces las analogías que empleamos con los animales no Están nada acertadas.

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Una respuesta a “– La revolución de la cesta de campo –

  1. CONVERSACIÓN

    Los muertos pocas veces libertad
    alcanzáis a tener, pero la noche
    que regresáis es vuestra,
    vuestra completamente.

    Amada mía, remordimiento mío,
    la nuit c’est toi cuando estoy solo
    y vuelves tú, comienzas
    en tus retratos a reconocerme.

    ¿Qué daño me recuerda tu sonrisa?
    ¿Y cuál dureza mía está en tus ojos?
    ¿Me tranquilizas porque estuve cerca
    de ti en algún momento?

    La parte de tu muerte que me doy,
    la parte de tu muerte que yo puse
    de mi cosecha, cómo poder pagártela…
    Ni la parte de vida que tuvimos juntos.

    Cómo poder saber que has perdonado,
    conmigo sola en el lugar del crimen?
    Cómo poder dormir, mientras que tú tiritas
    en el rincón más triste de mi cuarto?

    – JAIME GIL DE BIEDMA –

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