– Lo que convocan los olores – ii –

“Una vez me dijiste que el aroma de las lilas no distaba mucho del olor de las vacas en el establo. Ambos huelen a paz e indecisión”
– John Berger –

 

La espera a mañana

 

Según crucé, aquella tarde, las puertas del parque inglés me aturdió con mucha dulzura el aroma de las lilas. Antes de ayer, día en que me saqué el billete de autobús, me fijé en que ya no quedaba ni una sola en sus ramas. Fue ahí que pensé en la belleza y por eso en O´Toño, y en su bodega. Me crucé con más mujeres viejas. Alguna con su marido. Y en ese momento no estaba fumando substancias prohibidas. Sin embargo me miraron como si fuese la perdición. Normalmente no me importa, porque las desprecio. Sé lo que les pasa. Y no quiero que eso nunca pueda pasarme a mí. Pero aquella mirada a mi escote. Horrorizada. Porque sí, se me ve el sujetador. Pero ella qué sabe si es un sujetador o un top. No lo pueden evitar. Te miran así, como si fueras cualquier cosa… y pretenden que te avergüences. A veces estoy más sensible, y me procuro recogimiento interior. A veces me gusta desafiarlas.

Quizás fue eso, no lo sé. Acordarme de otros tiempos y otros desafíos. De O’Toño aquella extraña madrugada en que le conocí. Yo estaba en un bar. Un lugar con mucho humo y mucha penumbra. De escasa ventilación. Acompañando a otra mujer en su última copa. Habíamos bebido mucho las dos. Borrachas de dar risa, ella no podía ni sostenerse sola. Nos conocíamos desde hacía algunos días. Me pidió que la acompañara a aquel local con nombre de tribu india porque … buscaba a un amante que la tenía loca: ‘Manolo, el tigre’.

Todavía no sabía que era una enferma de esquizofrenia. Sí que para ella se había acabado la vida laboral y que estaba retirada por ese motivo pero no lo de sus crisis nerviosas y paranoias. O’Toño fue a irse por la puerta. Yo no lo recuerdo. Sólo que entonces nos miramos. Él me contó luego que mi mirada fue tan intensa que cuando iba a salir, agarraba la manija, se giró y me preguntó: ¿puedo ayudarte en algo? Pues sí, aquí necesitamos indispensablemente tu opinión. Él no se lo pensó. Si algo no dejará de gustarme de ese hombre es que sea tan jodidamente vividor. Agarró un taburete y se sentó entre nosotras. A los cinco minutos yo, que me sentía muy atraída por él, ¿por qué sino lo de mi mirada?, ya le había pedido que me besara. La boca llenárseme de flores. Fue lo que sentí. Quise repetir el beso pero él me dijo que allí no, que dónde yo quisiera me daba lo que yo quisiera. No me imaginaba la complicación que aquello supuso para él… Y así comenzó nuestra historia. Follando al aire libre, en el camino hacia un faro apestado de pescadores y transitado por la guardia civil, a los veinte escasos minutos de conocernos. Sobre el capó de su coche. El polvo que decidí más rápido. Uno de los más tiernos. Habían transcurrido cuatro años desde aquello

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Una respuesta a “– Lo que convocan los olores – ii –

  1. Cuando recuerdas el pasado, piensas en O’Toño.

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    No, no, que va. Pero O’Toño fue el nexo con lo que sucederá mañana… ~)

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