– La caja de clavos –

‘… al son de vihuelas / se abrian las ventanas del suburbio / y palpitó de amor más de una hembra!’

Francico Dibella

Tango AnimationEn Tus Brazos (In Your Arms)

Al abuelo de Candela le gustaba el tango

Era zapatero y la llamaba Cori. Un día se echó a la mar, ya de mayor. Contaba más de cincuenta años. El negocio de arreglar zapatos era duro y la pequeña zapatería no era a sacarlos de la pobreza. Candela echaría de menos aquella caja de clavos que ella vaciaba una y otra vez, jugando con un pesado imán en forma de herradura. Le fascinaba ver como los pequeñas puntas de hierro no eran capaces de resistir la atracción de aquel poderoso imán que ella sujetaba, a duras penas, con sus bracitos tiernos, y a qué distancia bastaba acercarlo para que todas salieran disparadas contra él. A veces, alguna, inexplicablemente se resistía y ella tenía que acercarlo unos milímetros más, sin perder de vista el sitio exacto al que iba a parar esa punta en concreto, para luego dedicarle su atención exclusiva. La tomaba entre sus deditos con delicadeza y trataba de marcarla con un lápiz, un bolígrafo,o si la ausencia de vigilancia lo permitía… con una de las cuchillas de zapatero que poblaban el lugar, y que había sido cuidadosamente afilada con lija y saliva.

zapatero

Su abuelo tenía muy mal genio y ninguna paciencia, pero el amor todo lo puede porque a su pequeño corazón (Cori procedía de la palabra corazón) no había nada que no le consintiera; a veces ella notaba que no estaba tan despistado como parecía, y que la dejaba hacer pendiente de correr en su auxilio. Luego le divertía ver como despojaba al hierro imantado de todos los demás clavos, y como punta por punta iba retornándolos a los pequeños compartimentos que formaban la caja de madera, que él mismo se había fabricado, y que estaba manchada de tinte negro, del de teñir los zapatos, y del caucho reseco de la ‘disolución’.

Diríase que Cori disfrutaba organizando el pequeño caos que ella misma había provocado… quizás imitaba a los dioses de las pequeñas cosas, o sólo reproducía en sus juegos el mundo familiar en que le había tocado vivir. Esa punta que se tomaba el trabajo de marcar era su favorita, y procuraba esconderla lo más abajo posible entre sus compañeras, para rescatarla de su ir a parar a un zapato cualquiera que se marcharía de allí, de su cuarto de juegos.

niña en la penumbra

¿Cuántas niñas habrán tenido un maravilloso cuarto de juegos sumido en la penumbra, a la que obligaba la pobreza de un desvencijado bajo, infestado de ratones, probablemente, donde un abuelo muy querido, no hace más que contarle cuentos y trabajar encorvado sobre un taburete, desgastando la vista y la columna vertebral? Porque por en aquel tiempo la electricidad… Y es que en la calle de la cárcel (se llamaba así porque la cárcel estaba o había estado portales más abajo) a penas se veía la luz del sol. Era una de esas calles alojadas entre edificios y con un pésimo sentido de la orientación… el mismo que Candela heredó.

¿Dejan las calles de nuestra infancia su impronta en nuestra alma?

calle noche

¡Ah! Se me olvidaba contarte lo del clavo indultado como si fuera un ninot salvado de la quema… Cuando comenzó a ir al colegio, Candela ya no podía pasar tantas horas, juntas y perdidas, al lado de su abuelo, y por tanto no podía estar pendiente de cada uno de sus movimientos. Así que el destino o la casualidad era el encargado de rescatarlo de su sino por ella; y el día que descubría con el ‘juego’ rutinario del imán, que ya no se encontraba entre los demás, ocupando un espacio mágico en la seguridad de su compartimiento de puntas del mismo grosor, y que había ido a parar a unas botas de tacón alto, o a unos zapatos de tafilete, sentía una pena infinita por él y se decía: ¿ves tonta?, no has sido lo bastante buena para cuidar de que no le pasara nada.

niñina en el portal número 13

Cori nació con los pies planos y nunca creció. Se quedó siempre a la puerta de aquella pequeña y desvencijada zapatería, donde era tan feliz, con sus manitas a la espalda y sus piernecillas elásticas, sosteniéndola en el quicio de la puerta. Y fue a Candela a la que su abuelo enseñó a pasear con libros en la cabeza y música de tango, mientras ponía un pie delante de otro, como si caminara por una cuerda floja, confinada en aquellas botas ortopédicas, que él mismo le confeccionaba, y le escuchaba decir: tendrás andares de hembra… aprenderás a caminar como las modelos de las pasarelas. ‘Mira Alma, mira… mira la tu nieta como camina’, decía orgulloso. Desde que se fue a navegar y abandonó la silla donde guardaba su oscuridad nadie le medía el puente de los pies durante muchos meses, y tampoco nadie mecía sus sueños. Pero eso fue más tarde, ¿o no?

La Traviata VERDI(animación)

Y Santos, no sé bien cómo, había dado con aquella niña que Candela fue…

No había sido el primero, es cierto; antes Pésimo Malasaña dio con ella pero ¿y si era el último? Candela creció con la creencia de que moriría joven como su bisabuela, de nombre Marina, y de la que dicen que fue una belleza y que murió del mal que sesgó la vida de Margarita Gautier, la parisina ‘dama de las camelias’

La mujer que su abuelo más había amado antes de amarla a ella. Candela fue la última.

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Una respuesta a “– La caja de clavos –

  1. Cuando era chica,llevaba al zapatero los zapatos para que los arreglara y mientras el lo hacìa yo me entretenìa con esos mismos clavos que vos contàs.Tambièn tenìa su imàn y me encantaba ver como los clavos eran atraìdos por el.Un beso

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    Ya que hablabamos de olores… ahora mismo se me ha venido el olor de aquella zapateria a la memoria, Y el del mi abuelo. Así olía el cariño. A Floyd :)
    (borraré este post porque me lo llevo de aquí, pero el comentario se va con él allí, un beso…)

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