– El evangelio de Sabbat de Amathus – iv –

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En borradores

lo de ser feliz

lo de dar por el culo

lo de chupársela a él

lo de los labios

lo de no poder

lo de tener que chupársela con el preservativo

lo de follarlo yo hasta que él se enciende y puede follarme él

lo de los golpes en el techo

lo de grabar su orgasmo y su voz

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– ¿Qué es esto? le pregunto extrañada a Sabbat al abrir los cajones de mi privacidad y encontrármelo

Es lo último que dejé guardado en borradores el domingo por la noche. Supongo que con la idea de seguir desarrollándolo en algún momento… Había estado escribiendo antes durante una hora. Dos post-mails privados… que publiqué pero que me consta, él no leyó

– Sigue, por favor, cuéntame…

La experiencia del domingo tarde fue bastante completa pero de ningún modo plena. En algún momento él fue al baño y entonces yo me saqué el consolador de dentro y comencé a chuparlo. Estaba muy sabroso. Mi propio sabor interno, el de mis jugos más íntimos, es algo que me encanta consumir. Y conocí a alguien al que también le gustaba. Al hombre con el que no tendré esa cita esta tarde.

– ¿Quieres que hablemos mejor de eso ahora?

No. Prefiero seguir hablándote de esto… Y hay algo que me enloquece de las pollas grandes: como la del hombre que tenía un salón rojo que era como un cuadro de Matisse, sobretodo, tan permeable, como la de aquel difunto joven al que le olía el pecho a madreselvas , como la de el amo lamentable, que recuerdo deliciosa… y es que al llegar tan hondo se quedan impregnadas de esos jugos hasta los testículos, y luego me chifla metérmelas hasta casi lo profundo de la garganta para saciarme de mí, pero nunca me sacio y succiono febril hasta que ya no encuentro rastro y luego quiero volverme a montar sobre esa polla, cada vez más hondo y salvajemente, para que llegue más dentro y yo exprima más sabor ácido-salubre, y entonces sacármela de golpe cuando ya no se lo esperan y follarme yo misma por dentro con mi boca, porque sólo yo me sé follar como quiero.

Entonces él regresa y me encuentra con el consolador entre los labios y yo continúo, no me detengo porque él haya regresado y no me conozca de esas maneras. Este hombre me está conociendo ahora, después de casi 17 años y no se imagina en quién me he convertido pero hay una cosa de él que agradezco y es que nunca se cuestiona nada de lo que yo hago: ¿que desvarío con el cuerpo?… bien, lo disfruta… ¿qué desvarío con la mente?.. pues hace como que no le extraña y han sucedido cosas gravísimas, cosas como para que otro de repente piense que me he vuelto loca, porque sé que eso era insospechable en esta tipa seria y reconcentrada, que está aquí sentada, y que era la que él veía, que es también sólo la que él conoce, porque, claro, aunque ignora en que estoy pensando, me observa y si supiera la realidad… si pudiera aprehenderla… Pero mientras me mira, y año tras año presencia como cada vez me siento más calmada y tranquila. Como me agridulcifico. Es que a mí me da por poner cara de póquer cuando más tierna me siento sobre este teclado, y la voz es un susurro inaudible, así que aunque de vez en cuando escribo en voz alta, no puede saber bien de qué narices estoy hablando.

Entonces él regresa y yo ciega (el domingo cierro los ojos y no le miro) me metó otra vez el consolador en el coño, como él mismo hasta hace unos minutos ha estado haciéndome, y me lo saco empapado de eso que no es néctar pero que a mí me sabe a tal, como si chupara uno por uno, los extremos de las flores malvas del trébol, algo que adoro hacer desde niña, pero más ácido.

– Me asombra la cantidad de recuerdos sensoriales que importas desde tu niñez…

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tapia

Y a mí me asombra la cantidad de sexo que tengo esta tarde, la primera tarde en que procuro contener el deseo callado hasta conseguir que me estalle en el cerebro como una vibración en la que piense que podría morirme. Hace tiempo que no pruebo a tratar de construirle diques al deseo. Es que yo quiero una ola, una ola que no avise y que me barra tierra adentro y me arrastre por dentro de mi misma. Quiero morir y renacer en cada acto sexual…

Entonces él debe mirarme recostado a mi lado y yo le digo: ‘Estoy chupando la polla de otro’

– No pienses que vas a excitarme así -me contesta

– Es que no busco excitarte. Lo que quiero es que me cuentes qué sientes cuando me ves chupar la polla de otro.

– Nada. No siento nada, que es algo que me aburre -dice con tono hastiado

– Pero a mí me gusta hacerlo. Me gusta pensar que estoy chupándole la polla a otro.

Y esa es la primera vez que yo recuerde haber sido perversa con él, porque hasta entonces he callado y he fingido… aunque no orgasmos, mucho peor: palabras de amor, y eso no desde que hemos reanudado nuestras relaciones sexuales (en agosto) pero sí más adelante… en este mismo mes, y en ese instante sólo le digo la verdad: ‘Sé la estoy chupando a otro pero que también la tiene de tu tamaño, tranquilo’ y me río, me río yo sola comigo misma y hala encantada (como felicitándome por haber sido capaz de insertar la jodida verdad por alguna parte). Pero él sólo debe pensar que estoy tratando de ponerle celoso, y por supuesto que estoy colgadísima. Es que menudo globo que llevo. Pero es Mentira. No me interesa ponerle celoso.

Siempre he comprendido que los celos destruyen lo mejor de las relaciones, cualquier tipo de relaciones: es que son un ataque directo a la confianza y sin confianza (complicidad) es imposible que ocurra nada bueno. Al menos las mías. Si he sentido celos me he ido. No lo llamaba cobardía porque nunca me sentí así. No me sentía cobarde al irme. Lo que sentía era que dejaba de interesarme el otro.

Como me ocurrió con él. Cuando jugó a darme celos, al poco de casarnos, o cuando íbamos a casarnos, lo nuestro se acabó porque me pareció una falta de respeto gravísima. Hasta entonces nunca había sentido que me había faltado así. Y yo los había padecido en alguna ocasión pero no por él. Siempre por ellas, que cuando estaban borrachas me decían cosas horribles en el baño, cuando las llevaba a vomitar, y a echarles agua en la nuca (encima). O sí, por él pero porque hubo una mujer muy interesada en él. La camarera del bar de su amigo. Entonces casi no existían las camareras y eso resultaba muy exótico y pensé que terminaría quedándose con ella. Sólo que él debió de decidir, por lo que fuera ,que prefería quedarse conmigo. Ella me dijo que iba a lucharlo. Una noche en la disco, recuerdo, me dijo: ‘Existen otros hombres pero están en ti’. Yo creo que es que de comprensiva y de amigable que era me tomaban por subnormal. Entonces no recuerdo que tampoco le presionase a él, creo…

(aunque es muy probable que lo hayas olvidado… porque eso no coincidiría con tu yo idílico y ese yo idílico lo era Todo para tí en aquellos tiempos)

No sé que hice, creo dejé de llamarle durante unos días a todas horas, o follé más que nunca con él cuando nos veíamos… pero empezar a salir por las noches sola, con unas amigas y entonces, una de esas noches me inventé a alguien: un rival y cómo no: funcionó. Porque claro, yo con el pedazo de imaginación creativa (mal utilizada, malversada, sí..) que tengo, cuando se me ocurrió ponerla en práctica, no me iba a inventar un rival cualquiera… Asi que le volví loco. Atenazada por los celos de ‘V’ y la necesidad, como me sentía, le volví loco de celos. Acabo de recordarlo. Pero eso sí yo no comencé el juego.

– ¿Es una disculpa?

Pues no, joder, no lo es. Para mí era mucho más importante quererse pero le cacé con una treta, como solemos prender las mujeres a los hombres difíciles de atrapar. Éste con treinta años era pero que muy suyo. Igual que últimamente parece muy mío. Es que ahora resulta que por convicción propia se ha convertido en mi esclavo sexual. Aunque le jode que se lo diga pero entonces le agarro la polla y digo: ¿y ésta de quién es? Y él contesta, por supuesto: ‘Tuya’. Y ella, ‘V’ (no se escribe su nombre porque es un nombre único y encontraría este artículo cualquier día) era más interesante que yo (o a ti te lo parecía: había estado en Londres y hablaba inglés y tú eras una negada para el inglés). Y unos años mayor (sí, ella 24 y tú 20 todavía). Eso lo reconocía pero también que era interesante sólo porque era la novedad (y nosotros veníamos de aquella playa de cuarcitas, de haber dormido y convivido juntos). Luego acabaría exigiendo cosas, ”como todas lo hacemos”; ya la había dejado un novio importante en su vida, por otra y eso la marcó, me lo había contado, y yo no era de las que lo hacía (bueno o quizás sí pero de otra forma: con refuerzos positivos-negativos, procurando inventarte un universo nuevo por día), aunque puede que fuese porque a mí también me había dejado un novio importante en mi vida, por otra que valía la mitad que yo físicamente pero era el doble de madura, divertida e interesante, y eso, claro, como a ‘V’, también me marcó. Y yo podía cabrearme mucho y con razón pero nunca porque pensara que el otro me pertenecía. En serio. Y hoy sé lo que fue de aquella chica por la que mi primer novio ”me dejó”… Me la encontré hace unos años y recordé quién había elegido para ella, sin duda, el conjunto más moderno y bonito que le habrán regalado en toda su vida: yo. Yo en una tienda de la Plaza Mayor de Salamanca, en Octubre del 86.

– ¿Quieres que hablemos de ese día?

Espera, ahora no estoy segura del año… no sé, puede que fuese del 85 u 87. El día que mi ex-novio me recogió en un taxi y con 17 años y mi carné falsificado. Valiente mierda de falsificación que le hizo su amigo el policía municipal… aunque luego descubrí que no se lo había hecho él, y que Mateo se negó en redondo a prestarle el dinero y casi le exigió que se casara conmigo. Entonces rompieron su amistad. Y yo, minutos antes de entrar en la clínica, le ayudé a elegir un regalo para su carcajeante novia. Y eso era todo lo divertida que era pero claro, la chica no lloraba cuando se la follaban porque solía pasarse la vida borracha y nunca había sido violentada. Regalo que luego tuve que conformarme con soportar ver y envidiar durante muchos meses, porque íbamos al mismo instituto y ella casi se lo ponía a diario. Es que soy una idiota, le pedí que le regalase el conjunto que me habría gustado para mí. Pero lo hice sólo porque no quería olvidar, aunque nunca pensé que luego acabaría queriendo recordarlo todo siempre…

– No, te equivocas con tus razonamientos… Estoy segura. Eso forma parte de la narrativa que te has estado contando a ti misma pero tampoco es la verdad…

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tapia

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Quería tener bien presente en la memoria todo lo que sucedió durante aquellos meses de mi vida. Los peores meses de mi vida.

– No sé por qué pero no puedo creerte. Hay algo que no me cuadra… dame tiempo.

Luego… luego ya nunca nada volvió a ser igual. Pero yo me encontré con él más adelante.

– ¿Con el ganster de medio pelo?

El primer tío al que se la chupé encerrada en un trastero, quise hacerlo, salío de mí…, y que a lo mejor por algo de eso hoy está aquí. Porque yo creo que de todo se aprende pero las más de las veces, tarde. Es genial, esta mujer tan amante de la verdad… ha edificado su vida sobre una mentira. Y estoy por completo segura de que si yo no me hubiera inventado aquel extraordinario rival… a mi marido no se le hubiera ocurrido ni por asomo quedarse conmigo… pero es que a él también le dejaron una vez por otro, la vez que cuenta.

– Como el viento y el mar…

La única vez que contó… Y yo creo que una segunda vez le habría resultado insostenible. Aunque él dice que no fue por eso. Dice que fue por mi culo, porque le traía loco mi culo. Y entre que eso le traía loco, y que decía que yo no era como ninguna que hubiera conocido, porque no me andaba con pijadas… ya ves. Y luego estuvo aquel detalle del dinero, pero eso otro día igual me animo y lo cuento. Es que dice que si hay un día, él se enamoró de mí aquel día… Pero yo nunca me enamoré. Y ya conocía el termino resiliencia. Hace un año que alguien me llevó a él pero gracias, de todas formas, por este fragmento de Bloom. Me gustó conocerlo.

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