– El evangelio de Sabbat de Amathus – xiii – CONOCERSE ES EL RELÁMPAGO

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Creo que con las drogas el proceso bioquímico es más importante que el psicológico, pero ambos interactúan poderosamente. Y en las primeras experiencias todo obedece a la ”química” porque no tenemos referentes, nuestro cerebro racional, el córtex no sabe ”como se debe comportar”, y puede llegar a generar un proceso delirante. No hay huella para comparar. El cerebro reacciona sin marcos comparativos. Yo pasé miedo cuando tuve ese delirio visual, tenía unos 20 años y nunca más me ha ocurrido. Conozco mucha gente que fuma y al principio les ha ocurrido igual….

(Patricia, una amiga psicóloga)

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Egon Schiele

Egon Schiele

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Yo pasé Amor… A Patricia fue una bola de luz blanca lo que le pareció que se le salía del pecho. A mí, de repente, me entraste tú como un fogonazo: ‘me gustas mucho, me gustas mucho’, te decía, a borbotones, y de repente … ¿Lo recuerdas? Como si de pronto fuera asunto de vida o muerte que lo supieras ( sonrío ahora al pensarlo).

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‘Conocerse es el relámpago’

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¿Sabes? le he dado muchas vueltas a eso del proceso delirante contigo. Tú sabes que lo he hecho… y creo que hasta sabes mejor que yo, que clase de respuesta buscaba descubrir, y por eso fui rodando de delirio en delirio… tú lo dijiste:

‘Cuando quieras detenerte y hacer conmigo el reposo del guerrero…’

Pero ”mi delirio” contigo fue distinto… se presentó días antes de encontrarnos, casi un mes, antes de conocernos, en un *SUEÑO… aquel en el que yo trataba de penetrar con mi cabeza por tu pecho y yo a mí, no me parecía ni yo. Existían sensaciones y reacciones emocionales extremas, intensísimas. No hubo huella con la que comparar. Y recuerdo que te lo pregunté entonces. Lo dejé escrito por alguna parte, en dónde tú pudieras leerlo, a ver si se te ocurría contarme que opinabas tú, que podía ser aquello tan extraño y tan real, que me parecía haber vivido contigo, aquella madrugada… Lo hiciste. Entonces lo hacías. A tu manera, esa que de puro racional, me apasiona, porque la disfrazas de todo lo contrario, o a veces pienso que hasta es que lo ves cómo todo lo contrario, como si internamente te concedieras licencias para permitirle, eso, al menos, el beneficio de la duda a casi todas las cosas… ¿Te he confesado ya, alguna vez, que amo eso de ti?

Sí, ¿verdad? Si en realidad no sé que me queda por decirte, a no ser todo, o que tú te olvides y yo te lo repita, y tú lo vuelvas a olvidar… porque desde ayer esa es otra vez la sensación que me recorre, que no nos hemos movido del principio aún, y que tú tienes razón, que lo nuestro va para largo. Me lo dijiste luego, al día siguiente, o a los pocos días de aquella madrugada… Pero ese día no, ese día del sueño sólo dijiste que no te gustaba racionalizar los sueños, que te gustaba que los sueños fueran sólo eso, sensaciones y que quizás a aquel hombre con el que iba a encontrarme, era un hombre al que le gustaba cuidar, y que dejarse cuidar era la relación más íntima y difícil que existía…Entonces, ¿para qué necesitábamos yo y mi cerebro un marco comparativo con nada? Era sencillo de interpretar porque tú lo simplificaste todo, mi inconsciente o mi instinto me decían que si confiaba en ti, y me relajaba, todo iría bien y eso fue lo que hice… entregarme descuidamente al cuídado de la experiencia de tus manos… Lo que hice, hacerme caso. Y tú otra vez tenías razón… ¡eh!, que no es que ahora pretenda dártela como a los locos; no, es que dijiste ‘los presagios se hacen realidad porque cumplimos siempre nuestras propias profecías’ yo ahora, deseo más que nunca creer en los tuyos, así que por favor cuéntamelos, porque me parecen más favorables que los míos, eso tan quebradizo y frágil que son mis buenos propósitos… Y es que ya lo decía, quien lo decía: ‘No hay viento favorable para aquel que no sabe a dónde va’… Por eso me maravillaba ayer oírte hablar del futuro (bueno lo hace siempre; sólo que a veces he pecado de poca fe… no te creía… no me lo acababa de creer…). Sí, cómo cuando decías por ejemplo: ‘yo contigo tengo la sensación de que si te vas lejos, otra vez, como ahora, un año, o lo que sea… que va a pasar el tiempo y vamos a volver y va a ser lo mismo, va a haber esta naturalidad’ (Bueno, y ahí no dijiste lo contrario porque eso creo que no lo tienes tan claro, que de ser tú el que te vayas… , y yo si he de serte sincera tampoco). Pero no te imaginas como Adoro, la palabra naturalidad cuando la empleas tú. Y esta alegría, ¿a qué sí? ¿Tú sabes lo que hacía que no tenía yo por la sangre corriéndome esta alegría? Eso sí, no puedo contener los nervios, la impaciencia. Es que parece que me va a matar la tensión sexual. Y me cuesta escribir, me cuesta mucho. Yo que creía que si había que esperar aún meses para vernos, iba a ser capaz de resistir tranquila. Pero no. Imposible. Tengo dos dedos puestos, a todas horas, sobre ese promontorio enhiesto, de húmedos vahos calientes en el que parece habérseme convertido el clítoris y el conjunto de sus aledaños.

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ingres

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Unos baños turcos. Imagínate ese cuadro de Ingres. Pero imagínatelo con todas esas odaliscas retozando sobre mí. Te lo juro, es cómo si estuviera asistiendo al despertar de un viejo cráter de volcán extinto, asusta, pero por las laderas ya corre la lengua de lava a devorar pueblos y aldeas vecinas con su hambre imparable, de fuego, y me cuesta una enormidad estar sentada aquí o sujeta en cualquier parte.Fijate que me he puesto a, un rato, un fragmento de su Gnossienne, la Nº1, que me encanta pero que siempre me sume en una melancolía profunda, y ni aún así, hay manera de que regrese el sosiego… Es que siento tu boca y tus manos besándome el cuerpo y recorriéndomelo entero. ¿Iba en serio eso que dijiste de que tú puedes pasarte horas comiéndote un coño? ¡Oh dios! Lo quiero. Lo quiero. Lo quiero. Quiero que te estés horas lamiéndome el sexo… Y no te imaginas lo que he tenido que contenerme hoy para no recurrir al teléfono y pedirte que me hablases para poder masturbarme de nuevo. Como ayer. Eres un cielo, decías mientras cerraba el grifo. Sí, pero soy un cielo desnudo, te respondía yo, al tiempo que me sentaba sobre el lavabo y abría mis piernas. ¡Jo-der! Hasta el sexo telefónico contigo, es mucho mejor que el sexo más físico con cualquiera. Lo que son las emociones… Y ayer no sólo gemí. Sé que por un instante, no sé como de largo, perdí el sentido y te ronroneé al teléfono. Sé que hasta ahí llegué. Lo que me parecía imposible la última vez. Y lo siento, cariño, te dije pero tengo que dejarte, como ahora, porque llegó el mareo y tu voz era como fumar hierba. Eso había en mi plexo solar. Esa voz tuya cuando habla en cursivas, que me lo cuentan todo de ti, y me acaricia hasta los alvéolos y no me digas que te estoy inventado ahora. Te cuento lo que me pasa cuando la escucho y te siento. Aunque ahora, lo que tengo es que levantarme y hacer algo, no sé, por ejemplo, gritar. ¡Ojalá tuvieras tú la polla como yo! A reventar, y tuvieras que vaciarla aquí dentro. ¡Ojalá no te calmase nada a no ser mi vagina apretando entre sus paredes, con fuerza, tú sexo!

Y que sepas que a ti te conocí en la tormenta. De eso estoy segura. Por eso no necesito tiempo para saber cómo eres, porque: ‘Conocerse es el relámpago’

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Tormenta

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LA VOZ A TI DEBIDA


(versos 388 a 424)


Yo no necesito tiempo para saber cómo eres:
conocerse es el relámpago.
¿Quién te va a ti a conocer en lo que callas,
o en esas palabras con que lo callas?
El que te busque en la vida que estás viviendo,
no sabe mas que alusiones de ti,
pretextos donde te escondes.
Ir siguiéndote hacia atrás en lo que tú has hecho,
antes, sumar acción con sonrisa, años con nombres,
será ir perdiéndote. Yo no. Te conocí en la tormenta.
Te conocí, repentina,
en ese desgarramiento brutal de tiniebla y luz,
donde se revela el fondo que escapa al día y la noche.
Te vi, me has visto, y ahora, desnuda ya del equívoco,
de la historia, del pasado, tú, amazona en la centella,
palpitante de recién llegada sin esperarte,
eres tan antigua mía, te conozco tan de tiempo,
que en tu amor cierro los ojos, y camino sin errar, a ciegas,
sin pedir nada a esa luz lenta y segura
con que se conocen letras y formas
y se echan cuentas y se cree
que se ve quién eres tú, mi invisible.

Pedro Salinas

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