– POPOL VUH –

 

C′ä c′ä tz′ininok, c′ä c′ ä chamamok, cätz′inonic, c′ä cäsilanic, c′ä cälolinic, c′ä tolon-na puch upacaj.

– Popol Vuh –

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Popol Vuh
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Es de madrugada, me Encuentro con el señor Nur, y le hablo de aquellas circunstancias radicales que se dieron en mi vida. El ciclo del año: agosto – agosto…

Le explico que me gusta comunicarme pero no con todo el Mundo. Y que no me siento denostada, en absoluto, por ser rechazada. Lo he sido muchas veces en la Vida, o sea que soy afortunada. Sé aceptar un No, sé aceptar un sí. Lo que no sé aceptar son imposiciones. Entonces nunca me dejo ser elegida. Sin embargo, yo creo que sé llegar a un lugar y decir: ‘Me ha pasado esto’. No puedo ofender a nadie. No es lo corriente… ¡Ah, claro, esas grabaciones! ¡El vértigo! Lo recuerdo en ese instante. El vértigo que no fue lo corriente. La nota discordante que concordaba…

Bien, cuando supe que estaba embarazada cree criaturas imaginarias. Fue por una frase que me dolió. Mucho. Algo largo, en lo que no quiero profundizar. Ahora.

El señor Nur se aproxima. Lo hace aclarando o advirtiendo aquello de que todavía no existe una explicación satisfactoria a los procesos de encuentro y desencuentro. Sin embargo… yo, digo: la nariz. ¿Aunque, y si ésta no existe? Como en lo virtual pero relativo a la comunicación, si nos vemos privados de ella. Por ejemplo, cuando a mí un amante, un amigo, cualquiera, me llama por teléfono… el oído en un intento de Sentir se agudiza. Me sucede siempre y por eso yo no puedo escuchar voces: me rompo, me rompen las voces… Todas, a excepción de una. Y además con esa excepción el olfato es feliz, todo el tiempo feliz, se extasía… La excepción lleva el mismo nombre que el señor Nur, Juan. Importa eso, a la mente le importa, todas esas coherencias. Otros dirán que son incoherencias pero…

Popol Vuh. Popol Vuh está posado sobre la mesa de una cafetería de instituto. Tengo una amiga. Lesbiana. ¡Pobre! (ese pobre no se refiere a mí). Adoro a los homosexuales, de verdad. Porque me siento segura entre ellos. Yo creo que así, Usted me entiende. Ahí no existe ningún, por mi parte, sentimiento sexual. La comunicación que se logra es una comunicación pura. No está teñida de endorfinas. Pero de las que produce el Amor.

Cojo aquella carpeta. Y me enamoro de unas líneas. Eran del Popol Vuh. Le compro la carpeta. Conozco a Benedetti. Le busco. Doy con él: ‘La Tregua’. La Tregua me enloquece porque era tal, el sentimiento de identidad que yo sentía con Martín Santomé. ¡Dios mío! Tan hermosa… tan atractiva para los hombres, tan sexy… volviendo locos a los profesores de filosofía del instituto… Y tenía que hermanarme con Martín Santomé.

Le busqué en poemas. ¡Qué rico olor a campo, Avellaneda! Ahora estoy viendo ‘Hojas de hierba’, Walt Whitman. ¡Oh, mi otro Juan! El desvío… El desvío de la nariz. Todo el olfato. Pero el olfato verdadero. El de la mente. Verlo. Lo que había escrito él era acerca de las serpientes y el temor a la serpiente. Estar mirando muchos días aquellas líneas. Desde fuera. Acariciándolas. Hasta que me presenté. Reptando. Repté en ese artículo.

A él no lo elegí por una imagen. A él lo elegí porque … (inciso)… No es lo mismo que me ocurrió con Usted. Aquello era algo erótico. Nunca pensé que podía llegar a hablar con alguien como estoy hablando ahora. Pero a través de ese hombre… tuve que desarrollar ese sentido. El sentido de la verdadera comunicación. Para llegarle. El esfuerzo ha sido mayúsculo. Pero creo que va a merecer la pena, en general. Me hablaba usted de… ”su voz, ¿por qué ahora?” No, ahora es que mi voz es inevitable. Yo no me puedo parar en unas líneas. Me consumen lo que no tengo, ahí fuera, eternidad. A ese nivel, ahora mismo, es imposible que nadie me disperse de lo que tengo en mente, que es mi objetivo. Cuando acabe con ese objetivo… me rendiré, placenteramente, a sus pies. No lo sé…

Una de las cosas que no sé de mí, jamás, y que es que es lo que más me gusta, hoy por hoy, es qué va a suceder al día siguiente. No preveo nada. No soy agorera. Antes lo era. Continuamente. La de la profecía que se cumple sola… conmigo misma. ”Su voz… ”

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