– ¿Un sueño profético? –

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El día que sucedió el sueño que voy a dejar hoy aquí no lo comprendí. Me refiero a una parte en concreto. Una semana antes de la fecha fijada para el Encuentro. A él mismo le había leído expresando que los presagios siempre se hacen realidad, porque nosotros cumplimos nuestras propias profecías…

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Milo Manara

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Imagínate que he llegado al comedor de ese lugar dónde se supone que tú y yo nos encontraremos. Y no tengo ni la más remota idea de cómo he llegado hasta allí. Digo en qué medio de transporte. Lo que si sé es que acudo a nuestra cita y me dicen que me siente en una mesa a desayunar. Es esa comida del día. Eso casi seguro, y entonces te veo tras la barra, vestido de gris marengo, como en la foto que guardo desde hace meses en una de las carpetas de mi escritorio *(una de medio cuerpo en la que podría ser muchos; un tipo corriente que aparece sentado tras otra mesa). Y sé que eres tú aunque no te pareces demasiado al hombre de la fotografía sino a otra persona. Ahora no te digo a cual porque entonces no lo tengo claro. Y no entiendo que haces allí pero alguien me explica , no sé si tú mismo (si no hubiera querido volver a dormirme a los pocos minutos, recordaría mejor los detalles), que tienes que trabajar como camarero para costear nuestra estancia en el hotel; y yo pienso que eso no es justo y me hace sentir muy incómoda, porque creo que debería de ser yo quién en todo caso se hiciese cargo de ese trabajo. A mí no me importaría y trato de explicártelo. Pero tú me haces una especie de gesto hierático, y yo sé que debo comportarme como una cliente más. Y de alguna manera comprendo que eso forma parte de tu ‘liturgia’ personal. Así que procuro relajarme y terminar mi desayuno (tampoco tengo claro que no sea una especie de bufete en el que uno se sirve a si mismo) a pesar de que me siento algo nerviosa (no excitada, nerviosa, fuera de lugar, tal vez un poco asustada). Y me llama la atención esa banda blanca, alargada , de forma rectangular y de tela (lino, creo), que llevas colgada del brazo derecho que permanece doblado sosteniéndola. Y pienso que tiene que ser incómodo para ti trabajar con esa ”etiqueta”. Pero no, tú no manifiestas ninguna evidencia de ello.

Luego salgo del comedor y tú subes por unas escaleras con tus otros compañeros ”de plantilla” pero llevas puesta una gabardina y arrastras un trolley, y entonces te reconozco; eres tú pero te pareces a aquel ‘mejor amigo’ de ‘alguien’, al que tenía una cafetería en un subterráneo. M., que tenía el pelo liso y llevaba gafas, y con él que yo me llevaba muy bien. Hablábamos mucho y con sinceridad. En realidad fue él quién me avisó de que lo nuestro (lo mío y lo de ‘ese alguien’)(aunque sí que le prometí tener muy en cuenta nuestra conversación); sobre todo porque sospechaba que yo a él le gustaba mucho pero de una manera en la que yo no podía corresponderle; y luego él, con el tiempo, acabo saliendo con Alba y después ocurrieron cosas que pusieron fin a la amistad entre los cuatro. Lo sentí. Y ahora estoy pensando que no funcionaría, porque ‘ese alguien’ no era nadie que pudiera sostener una relación íntima con otra persona. Me lo advirtió antes de que empezara a salir con él pero yo no le hice caso… M. y yo nos entendíamos de fábula a nivel mental, teníamos muchas cosas que decirnos (lo contrario que ocurría con nuestras parejas) pero entonces yo era mucho más frívola y tampoco era capaz de apreciar la necesidad de ciertos matices…

Entonces, tú que todavía no eres tú, que eres ese M., estiras tu brazo y tu mano hacia mí (la misma que sostenía esa tela sin dejarla caer) y te resbalas por mi brazo izquierdo pero procurando comunicarme algo con una caricia que es a la vez tierna y firme; esa misma manera de tocar que tenía Ma. (uno de mis chicos discapacitados intelectuales, un enano que tenía una edad mental de dos años y que me tenía muchísimo cariño, era algo mutuo), y yo no sé ni cómo me siento porque no esperaba encontrarme a M. allí sino a ti y no sé si estaré preparada para ‘ello’.

Aunque luego en la penumbra de la habitación todo ha cambiado y los dos estamos desnudos, entonces M. se ha ido y tú ocupas tu lugar. Y estamos de pie tocándonos. Nos besamos, nos acariciamos, y el sexo ha comenzado entre nosotros sin que medie ningún tipo de palabras y yo estoy sintiendo sensaciones que no reconozco y no sabría ni como describir… son extremas, emocionalmente extremas , eso sí, profundamente sentidas pero íncreíbles, intensísimas y no me parezco yo y tú entonces me agarras por los brazos me separas unos centímetros de ti, los necesarios para mirarme a los ojos y creo que me dices algo de un llanto… (he borrado la frase que había escrito aquí pero por qué no la recuerdo con nitidez y para escribir una mentira mejor no lo hago, aunque era algo así como me vas a hacer llorar’ y eso no tiene ni pies ni cabez). Y en ese momento yo insisto en llevar otra vez mi cabeza a tu pecho como si supiera que podría atravesarlo, penetrar por él y es cuando me despierto y muy impresionada trato de memorizar lo que he vivido para no olvidarlo pero a la vez quiero dormirme para retomar el mismo sueño y por eso me duermo, aunque ya no recuerdo ni siquiera si sueño…

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Un detalle que en el relato del sueño no explico, porque ’el viajero’ me leía en mi bitácora y no quería herir su sensibilidad: creo que el miedo, sobrecogedor en este caso, se traducía en la posibilidad de que el olor del hombre con el que iba a verme fuese desagradable; tan desagradable como el de M. Así funciona el inconsciente.

Y luego algún día escribiré lo siguiente:

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Milo Manara espejo

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La sorpresa fue cuando en la cita real … esas sensaciones tan Extrañas y Extremas fueron las mismas que viví. Insospechable. Casi dos años más tarde se lo explicaba así a aquel otro desconocido con el que me encontraba en otra habitación de hotel, que yo misma, y durante ese sueño, sin pretenderlo, debí fabricar los esquemas mentales , o parte de ellos, que me llevaron a vivirlas… De alguna manera una expectativa se asemeja en mucho a una ‘profecía’.

Recuerdo especialmente la manera de asentir, sonriéndose consigo mismo pero dándome la razón, de este último desconocido. Aquello se me quedó grabado. Y una vez creado el esquema mental si las circunstancias son favorables…. pero sí, fue así, algo alucinante. Auténticamente mágico.

Yo no estaba acostumbrada a las drogas y sabía que iba a probar la marihuana por primera vez. Aún así es difícil de explicar como se puede vivir algo tan intenso y desconocido en un sueño que después se haga Textual Realidad.

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enlazado en: i

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Una respuesta a “– ¿Un sueño profético? –

  1. Creo que las imágenes pertenecen a MILO MANARA.. pero no estoy segura. Si alguien puede aclarármelo… se lo agradezco.

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