– El evangelio de Sabbat de Amathus – xx –

Estuve en el taller de ‘la encuadernadora’ recogiendo la última bitácora y conocí a su hijo de cuatro años. No quiso darme un beso. Dijo que los había gastado todos antes del verano. Y también hablamos del mar. Él quiere comenzar por arriba, acostumbrándose a las olas para luego descender hasta la profundidades.

– ¿Y para qué quieres ser buceador? ¿para buscar tesoros enterrados en la arena o para ser biólogo marino?

Me miró como si no comprendiera y luego desvió sus ojos hacia la cuerda que había dejado quieta junto a los otros juguetes.

– ¡Ah, lo dices por la cuerda!

Y yo también he mirado la cuerda pero he sido incapaz de seguir sus conclusiones:

– ¡Eso creo que no lo ato yo! -exclamé

Su madre me había advertido que hablar con él era como hablar como un niño de diez años. Yo me disculpé por tomar fotos del exterior de su casa. Le puse como excusa que una amiga mía me las había pedido a modo plano para no perderse por si se decidía a llevarle sus trabajos. Me pareció que me podía haber visto. Salió por el garaje cuando yo llamé al timbre de la puerta, aunque no entendía que las fotos fueran necesarias. Sobre todo la de su buzón. Lo del niño es lógico, el padre es psicólogo infantil.

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La encuadernadora

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Son las siete de la mañana. No sé tú pero yo prefiero madrugar a trasnochar. Me da la sensación de que le gano la partida al día. Una pequeña polilla se ha posado sobre el monitor y luego ha volado a la luz del flexo, se ha internado en la incandescencia de la bombilla y me he preguntado por su resistencia al calor. Luego la he visto danzando sobre los libros así que ésta no debe ser poca; y también la del mosquito que aplasté antes de acostarme; creí que lo había matado pero al parecer sólo le destrocé las alas, intenta elevarse pero algo falla. Debe haber luchado durante horas. ¿Los mosquitos tienen sistema nervioso? Ahora no lo mato por simpatía. Seguro que si fuera yo y me muevo así, preferiría vivir. Antes de acostarme leí una opinión en un diario. Decía:

‘¿Sabes el significado de superviviente? Pues significa, nada más y nada menos lo siguiente: Viviente que vive de puta madre.’

En fin… Sí, en fin, que se lo pregunten a este mosquito. A mí los mosquitos no me entusiasman aunque tampoco les tengo la fobia que les tiene Laura. Una vez permanecimos cobijadas con la cabeza bajo mi cazadora durante una serie de minutos interminables: ‘La gente va a pensar que estamos locas’ -le dije. ‘O que nos estamos besando’ -dijo ella. ‘¿Y a ti te preocupa?’ -le pregunté entonces. Y me dijo que no pero era más niña… Ahora lo he depositado con cuidado en mi mano para reconocer el problema. Creo que tiene un ala inservible, ¿o se llaman elitros como en las cigarras? Me pregunto como sería una música si Korsakov le compusiera una marcha funebre a este duelo. Pero lo he depositado rápido sobre la superficie lisa de la mesa por si acaso…

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Ha comenzado el trasiego de coches. Son las ocho menos veinte y las ruedas se deslizan por un suelo mojado, eso es que ha llovido y no poco. Todavía no he levantado las persianas. Nunca había oído una cosa igual. Tener miedo de que los mosquitos se le metan a uno por los ojos… Pero quién dijo que las fobias sean racionales, sólo que las hay más comprensibles unas que otras, sobre todo cuando se comparten. Ayer Laura me hablo de avispas, de una en concreto, la que le picó a su madre. ‘Eso debe doler’ -le dije yo espeluznada y me detengo a pensar en por qué yo las temo tanto si sólo les supongo dolor.

El dolor nos asusta, cualquier clase de dolor y por eso cuando no estamos seguros de que el otro nos quiere preferimos no querer.

Luego él y yo hemos ido al restaurante que me gusta y me he enfadado (interiormente) con el camarero porque se había olvido del pan chino. ¿Quería que me lo comiera en casa de postre? Y no he podido evitar escuchar la conversación de la mesa cercana. Son dos chicas jóvenes y la que tengo frente a mí, la del moño le cuenta a la otra de sus viajes; la otra como embobada (es una sensación) la escucha, o a lo mejor sólo es que estaba demasiado atareada con la comida. Ha estado en un país de Sudamérica, eso me lo he perdido pero en breve parte para África. Habla de Burkina Faso y de Togo, y yo, a la vez que penetro en mi conversación, no puedo dejar de escucharla sin entender muy bien por qué. Eso no va conmigo pero esto es diferente, menciona lugares de los que he leído hace poco. Entonces no caigo en la cuenta de que confundo Tonga con Togo, y que las sonrisas en las que pienso y que me han descrito pueden no ser las mismas… Pero sí, el nombre de Burkina Faso lo he situado bien.

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Boca de la calle

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Nosotros hemos regresado al punto del que partimos hace meses. Ese cambio de aires. El piso no lo venderíamos, ni lo alquilaríamos siquiera pero yo iría con él desde el primer día. Para él lo importante es el dinero extra, para mí la experiencia. Luego de pasada me ha comentado el tema de Irak, y yo le digo que tampoco me importaría que nos fuéramos allí. ‘¿Pero estás loca? Aquello es peligroso’. En este caso, su caso, el dinero no es un argumento convincente; en el mío el motor creo sigue siendo el mismo: la posibilidad de conocer o enfrentarme a lo desconocido. Aunque supongo que él ha pensado que lo que hablaba por mí era el alcohol. Menos una copa, he vaciado sin ayuda la botella de vino y también me bebí su copa de sangría y su dedal de licor de flores, además del mío.

Cuando nosotros pedíamos la cuenta ellas se iban. La del moño y yo nos hemos mirado. Yo para ver la cara que contaba aquellas historias; una cara vulgar bajo la pintura y para mis adentros la he llamado fantasma. Eso a lo mejor si que ha sido producto del vino. Ella no sé lo que habría escuchado, ni de lo que me ha rotulado a mí. Tampoco importa, tan poco como a ella lo que haya pensando yo. Ignoro cuanta gente tiene la capacidad de situarse entre dos conversaciones. Pero ha habido suerte y cuando he entrado al baño ellas aún estaban allí y le he dicho a la del moño: ‘Perdona, antes te he mirado así porque escuché que te vas a trabajar a Burkina Faso o a Togo…’

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escarificación

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Y me ha contando que se va con un programa de voluntariado internacional, que ella en realidad es de Madrid y que ya ha estado trabajando con esta organización en el Paraguay, con niños en la calle. Y eso ha tocado una clave dentro de mí. ¿Ves?, han vuelto a erizárseme los pelos y así es como he averiguado lo que hace días no sabía que quería hacer. Y cuando le pregunto si existe algún requisito formativo en concreto me informa de que no son necesarios, ella ha llegado allí y es actriz de teatro. Luego, como estoy borracha le miro el escote, y le comento que yo he estado trabajando con otra organización pero una en la que no se podía ir vestida así como va ella y que por eso lo he dejado. Y Lorena me explica que los curas que a ella le contratan son muy simpáticos y no se meten con esas cosas; y a su amiga no se le ha cerrado la boca de asombro en ningún instante; y yo he comprendido porqué han comido juntas, porque a la de las tetas pronunciadas y el moño a lo Catherine Deneuve le encanta ver su anonadada boca abierta mientras ella come y habla. Lorena me ha asegurado que no le importa que le escriba para preguntarle más cosas y me ha facilitado sus dos direcciones electrónicas. Luego ha entrado otra chica y nos hemos despedido. Y después, nosotros hemos dado un paseo y yo me he tomado frente al Mar un helado inmenso de chocolate y naranja.

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