Las playas nudistas… opinión y un recuerdo…

Hombre y elefante

Le cuento a alguien que no me gustan los ghettos, y que cuando tenía 20 años me hice nudista y aquel día en vez de ir con mi ‘amigo’ a la Barquesa, que era dónde siempre íbamos y él quién me había convencido para que lo practicáramos, me fui un tarde con una amiga y las hermanas de ésta a Laremas pero porque Cristina me insistió tanto que no me quedó otro remedio que acompañarlas, y como para mí aquello de la desnudez se había convertido en una cuestión de principios, les advertí que yo me desnudaría les gustase o no, y eso hice sin reparar en que allí no había nadie más desnudo.

Se suponía que aquella larguísima y atestada playa era una playa en la que se practicaba el nudismo pero nos habíamos equivocado de zona y eso quedaba justo en la otra punta, o sea a dos kilómetros y nadie me dijo absolutamente nada. Se me miró, sí, pero no más de lo que ya me había habituado a que me miraran durante todo aquel verano. Así que se me quedó grabado aquello y por eso yo nunca soy de las que protesta cuando veo que alguien no se quita la ropa. ¿Qué importancia tiene que vaya sólo a mirar o no? Todos lo hacemos y quizás esa es la manera de acostumbrarse a la idea que tiene esa persona.

Quizás el próximo día, el próximo mes, el próximo año, el próximo lustro se encuentre preparado y se decida… Y luego ves reacciones indignadísimas que no guardan ninguna proporción con el hecho, y te asombras de lo absurdos que podemos llegar a ser los seres humanos. ¿Aquí o todos o ninguno? ¡Hombre, por favor! Tú alégrate de poder hacerlo y déjate de historias…

fragmento de ENERO/ 05 

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