– El evangelio de Sabbat de Amathus – xxvii –

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‘Dime, ¿quién pondrá flores en la tumba de una flor?’

TOM WAITS

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Tom Waits 1

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Leerle ha dejado de producirme estos días esa sensación desasosegante que me transmite la gelidez. Y hubo un tiempo en que eso era lo que me atraía de él, la sensación de ser un mar en calma, el mar lunar de la tranquilidad pero que yo imaginaba rodeado por una atmósfera condensada de vaho y vapor, como si habláramos de la respiración de un aliento…. Luego supe que él era precisamente así, lo supe cuando le besaba… ¿Lo que más echo de menos de él? Su abrazo envolviéndome, y su lengua moviéndose dentro de mi boca. ¿Lo que menos? No lo sé. Creo que nada fue menos, ni lo de menos, ni poco menos que… No era para menos.

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Y alguien hace un rato me escribe para decirme que se alegra por mí, porque ya no sufro, porque se me ha formado un callo. ¿Ah sí? ¿Te alegras porque ya no sufro? Pues deberías deprimirte… ¡Hermano! Sin sufrimiento tampoco nada se colma. Y yo a veces sufría, es cierto pero la mayoría de los días me los pasaba contenta y como enganchada a algo permamente que tenía un raro parecido con la felicidad. Y gracias a ello mi cuerpo y mi cerebro se habían convertido en una fabrica generosa de endorfinas. Apenas me dolían los huesos, y ahora, en este estado, casi soy incapaz de caminar (¡eh! y que esto no es para incitar a la compasión de nadie, ¿de acuerdo? Sólo es un apunte meramente descriptivo). Hace años que descubrí que el estado de enamoramiento es para mí una fuente de salud, por eso lo persigo como si fuera una idea obsesiva, porque en realidad lo único que hacía era perseguir al bienestar. Y tú me dirás, pues conviértete a otra fe. Deposita tus ganas y tu alma en otras aguas. ¿Pero de que océanos pacíficos me hablas, criatura? Los emocionales puros no tenemos remedio. La inquietud intelectual cuando la satisfacemos sólo es eso, inquietud intelectual.

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– ¡Eh! Sabbat pero ahora piensas diferente… ¿te has dado cuenta de eso? – voz en off que se distancia en el tiempo

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Y yo cuento el otro día una fórmula. No, digo, es que yo nunca dudo. Siempre estoy muy segura de mi misma, de lo que quiero, de lo que no, de lo que haré, hasta que cambio de opinión… Pero con eso sólo me refería a los pensamientos y consecuentemente a las conductas. El sentimiento era en ese instante el líquido elemento ausente del Mar de Aral. Me olvidaba de él porque quería olvidarme. A propósito. Quería evadirme de mí para no padecer la sensación insufrible de la sed. Con el sol cegador del mediodía y perdida en la mitad de ninguna parte de un Sahara ardiente, y sentada frente a mi taza de te repleta de arena.

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Muriendo como en la canción de Sting. A veces ocurre que cuando más amamos a alguien más parece que nos duele el dolor y mayor es la tentación de hacerle daño. Es un momento, un tránsito pasajero, intermitente pero ocurre, estupidamente ocurre. Y eso parece haber generado en alguna de las personas que me lee algún tipo de confusión… Alguno piensa que soy intensa. Sólo intensa. Como yo, me dice. Pero desde que te conozco jamás me has parecido emocional. En fin, si tú lo dices. Pero, ¿y contigo por qué habría de serlo? ¿Crees que uno se enamora de cualquiera? ¿A placer? No, mentira. Uno se enamora siempre de quién presiente que puede corresponderlo. Otra cosa es que se fracase. Y perdona, pero si yo te aseguré que a ti no te quiero es que ya nunca voy a quererte; y si te lo declaré, fue porque nunca te quise, porque eso no sucedió.

Y te lo dije como si hubiéramos estado tú y yo, aquel día, en la consigna de la oficina de inmigración de alguna república bananera. Con esa inminencia de las tormentas tropicales. No te aferres, por tanto, a la ilusión cóncava de algo equivocado, porque la reflexión de esa luz te está haciendo imaginar que acabaremos convergiendo en el azul presuntuoso de los versos de un visionario-poeta, y no será así.

Yo no te miento. No tengo por qué hacerlo. Y desde luego no quiero hacerlo. Así que no me supliques ni calladamente que lo haga. Tengo que gritarte y por eso te grito: ¡Quítate esas gafas pendejo, que esas lentes no te dejan ver cómo soy yo en realidad! Mi amor no es para ti. Es oscuro y profano. Nunca va a convertirse. Mi amor no se arrodilla. Una vez amé y creí que eso no volvería a suceder pero los meses me han demostrado que se sigue amando pero nunca como en un escaparate en el que todo está a la venta. Póngame cuarto y mitad de esos dulces. No, así no. Así nunca no. Por eso no puedes llamarme y decirte: ‘Me apetecía oír tu voz’, como si pudieras. Porque piensa que yo espero oír otra voz desde él último eclipse solar del siglo, una voz que nunca oigo, y por la que me desespero, y que luego llega otra voz que oigo pero que dejo de oír un día, aunque es por la única que sigo esperando.

La vida está llena de voces así. Voces que nunca son. Voces que nunca llaman. Voces por las que aunque no se debe, se sigue infinitamente esperando.

Más tarde en la madruga me lo encuentro de improviso al abrir los comentarios de una página y ahí le percibo cargado de ironía y fuerza. Y al principio no reconozco la sensación pero luego sé que me alegro por él y entiendo su nueva cercanía. Seguramente ha conocido a otra yo diferente que le ha poblado los labios de certezas de plenilunio que aún no han caducado, como lo hicieron entre nosotros, entre las Córdobas insomnes de las que hablamos y me duermo con una sonrisa en los labios porque a él si le dije que le quería y eso ya nunca cambia.

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Tom Waits 2

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El evangelio de Sabbat de Amathus

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