ii. La ayuda del destino…

La primavera de Verona…

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Entre nosotras le apodamos ‘el amish’…  y yo les apostaba a las otras que tendría la Luna en Virgo. Lo sabía. Empezó un coqueteo muy bonito porque íbamos a esa cervecería, ya siempre  la misma, y… Pero eso después de que sucediera una noche, y un cruce imprevisto de miradas por la calle, entre Verona y mi mujer interior… Una de esas miradas donde el vértigo se pronuncia y decide por ti, las vísceras lo hacen, la piel y el abismo. Él pensaba, luego me lo diría, que nosotras éramos hasta hermanas, de lo sonrientes, bienavenidas y amistosas que nos mostrábamos con él y entre nosotras… Algo tan poco común de ver, dijo… El chiste entre nosotras era yo, claro. Mi edad y la que supuestamente él tendría. ‘No te hagas ilusiones -se burlaba de mí la zurda- no lograrás tirártelo’. Aunque eso fue hasta aquella mirada, entonces sí, entonces la zurda abrió mucho la boca y supo que sucedería… Las demás me conocían pero ni siquiera presentían hasta que punto yo me había ido sintiendo atraída por aquel extraño joven con el paso de los meses:

… una rara avis que me llamaba a pisar suave, muy suavemente y a tratarlo con cuidado… con todo mi cuidado.

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Y un día se dio ”la casualidad” … Yo había ido hasta allí, a una especie de reconciliación, con una compañera ajena a mi círculo (una mujer que superaba los cincuenta), alguien de un curso que quería disculparse conmigo por haberme molestado… y a la media hora, por suerte, acertó a pasar por allí un amigo suyo con otro joven y se nos unieron. A mí ellos me resultaron indiferentes pero  aproveché la coyuntura de esos momentos preciosos para mirarme con él… Ese día sí, ese día estaba decidida a  quedarme sola tomando una cerveza. A mi compañera le extrañó mucho mi postura pero a mí me dio lo mismo; me pedí otra grimbergen tostada, que  es lo único que tomo allí, y le envié un mensaje a la zurda que terminaba su turno a las diez. Me extrañó cuando no me contestó pero luego ya fui yo la que apagó su teléfono para no ser molestada… A la zurda se le había agotado la batería y esa fue la ayuda que me concedió el destino. Cuando él se acercó a la mesa me dijo: ‘si no estuvieran mis amigos me sentaba aquí un rato contigo’. Le sonreí pero tampoco le alenté de palabra. Era turbador sentirlo tan turbado. Le pregunté por la música que estaba sonando. Me trajo el Cd a la mesa.

 

LOREENA MCKENNITT ‘The mystic dream’

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Quería echar a sus amigos como fuera, y los echó. Me levanté a devolvérselo. ¿Escribes? -me preguntó. Yo escribía. Había comenzado allí mismo un relato que llevaba algún tiempo rondándome por la cabeza. Luego le contaría acerca de qué. ‘También yo escribo’ -me dijo. ‘Me gustaría mucho que me lo enseñaras si te animas’. Regresé a mi silla y seguí fumando y escribiendo. Se fueron un par de clientes que albergaba el fondo y otro más. Luego él vino con un corto y  tras cerrar las puertas, se sentó a mi mesa; mientras, un único cliente disfrutaba de su copa y de la calma en una  del centro. Ese leía. Y nos quedamos. Me pareció una ternura. Me iba a decir su nombre, no quise saberlo. Oculté su voz con mi negación. Yo no le dije el mío. Le sorprendió tal hecho pero lo aceptó con naturalidad. Me gustó ese gesto. Me aseguraba ya que era distinto. Sin embargo le dije que era la mujer de la lluvia. Él luego encontró mis fotografías. Hace unos días, señor Nur, tuve que cerrar ese lugar del que le hablo porque recibía todos las madrugadas mensajes de un chiquillo de 25 años. Un compañero, de aquel mismo curso… Había dado con el álbum y …  Era un álbum que albergaba desnudos eróticos en la playa; artístico no de carácter extremo ni nada así. Eran en la Naturaleza. Entonces cerré esa página que abrí para él. Especialmente para él, por supuesto. Yo pensando que aquella noche no iba a haber nada; o sea que no iba a existir aquella noche, ¿me entiende? Y no sabía cómo se lo iba a decir, quién era y lo que hacía pero… quería que me sintiera…  Pero pasó aquella noche. Él me dijo que si no me importaba se iba a fumar un porro. Yo respondí: ¡ah qué bien, yo tengo aquí un poco de maría! Era una casualidad absoluta; o no, bueno, porque tratándose de mí… yo puedo planificar las cosas insospechadamente.  Si llevaba esa hierba conmigo era porque intuía que la iba a necesitar para abrir una puerta. Pero de repente encontrarme con un porrero profesional. Porque Verona es porrero profesional, de los que se fuman porros de la mañana a la noche. Llevaba así muchos años. Espero que haya cambiado eso el amor porque no se puede dejar uno ir así. Él se anestesiaba. Él se ponía con la play y se pasó así dos años en Barcelona… eso me contó. La primera noche. Dijo que me estaba contando cosas que no le había contado a nadie en su vida. Sobre todo la última rotura de corazón. Como fue todo, allí de repente…

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i) cerebro y cannabinoides o la vida cuando la droga antigua se sustituye por otras…

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