vii. Después del sexo el masaje en los pies o el arte de la reflexología podal…

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‘La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio.’
Marco Tulio Cicerón

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Ciceron

dixit…

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La primavera de Verona…

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Nos separamos. Él se tendió por mi lado izquierdo. Comenzó la conversación con un: ‘¿sabes? yo estoy enamorado de una chica…’ Me quedé helada en ese momento. Golpeó mi pie con su pie, me lo acarició. Yo hubiera preferido un abrazo. Debió notármelo. La tensión, la faz del peligro. El cordero vulnerable se había metamorfoseado, y desde sus fauces asomaba un lobo. Me sentí muy ofendida. Me apeteció decirle: ‘¿Y eso por qué no me lo dijiste antes?’ No, antes sólo había soledad, desvalimiento, fragilidad e incomprensión. Me contó los detalles. Cuándo había sido, cómo, dónde, … en un bar. Apoyada en una esquina. Una noche cercana a la Pascua. No estaba sola. Se prendó de ella. Me contó que había pensado escribir una frase… Ella era camarera. Me dijo que tenía una belleza serena, que su rostro era muy hermoso, el más hermoso, que pensaba darle esa frase: ‘Rostro’..., especifícó bien, porque cara no es lo mismo. ¿Y a quién estaba contándoselo? ¿a una poeta? Él decía que yo destilaba poesía en cada una de mis palabras, que era como el poeta de la canción, que cada vez que abría la boca salían versos de ella. Aquella noche no sé si se dio cuenta del daño. A partir de aquella noche yo supe quien era. Si antes lo había intuido, ahora ya lo sabía. Un capullo aprovechado. Tenía una amiga, una amiga simplemente, con la que después de follar podía tener conversación. La echaba de menos. Ella se lió con un amigo otra noche. El amigo si estaba enamorado de esa chica. A él seguía dándole morbo pero para él la amistad era un bien precioso. Así que no, así que no aunque le jodiera. Y además de repente me había encontrado a mí y hablar según él era más pleno. Me reí, porque eso que él había imaginado con su amor… fue lo que yo le había contado que hacía en su bar, cuando comenzamos a hablar.
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Mar�a Mann
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‘Escribo sobre una mujer que siempre viste de negro, y que ocupa un espacio en un banco de un parque. No la conoce nadie porque no habla con nadie. Yo voy a entablar conversación con esa mujer.’ Eso era lo que me estaba contando. Prácticamente me repetía lo que yo le había confiado. Puede que fuera una coincidencia. Pero me pareció sospechosa. Él dijo: ‘¡Anda, pues es cierto!’. Me vestí y me puse a darle un masaje en los pies, porque claro, ya quería distancia… Y antes de irme casi me lía otra vez. Quería volver a follar, se había excitado. Nunca le habían dado un masaje en los pies… yo lo que hacía en ese momento era limitarme a pensar con frialdad: la vanidad era su llaga. ‘Nunca dejaré a mi marido’ -le dije. ¿Pero por qué si no le amas? No entendía… Y nada había que entender. Para él también había sido mágica la experiencia, lo traslucía. Yo a cambio le hablé de Pésimo Malasaña, su hija y mi amor… no quería ser menos. No me lo podía permitir. Y fue así como de la verdad desnuda, lo que para mí había tenido tanto encanto, nos mudamos al huerto cetáceo de las mentiras. Aunque de ese punto en adelante no lo íbamos a reconocer.
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– audio recuerdo: link
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Salí a la calle cerca de las tres de la mañana. Por lo menos había echado un Polvo con un niño guapo y sexy, que falta me hacía; y no sólo eso: el parecido psicológico entre nosotros era increíble. Él creyó que me iba porque tenía hora de llegada pero no… a mí no me esperaba nadie. Cuentas hace tiempo que no doy ni me las piden. Aunque madrugar sí, madrugaba…
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2 Respuestas a “vii. Después del sexo el masaje en los pies o el arte de la reflexología podal…

  1. Quizás no confiado. No fue eso. Si no que la situación que se había dado entre vosotros… te la repetía como si él fuera a ponerse en tu lugar. Le gustaría eso… tu manera de hacerlo :)

  2. si ella estaba casada… también podía comprenderlo. No fue muy delicado, pero nunca se sabe, las cosas pueden cambiar… pero vamos, que a mí también me sentaría mal, besos

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    Ella estaría casada pero no como se entiende por casada. Si no lo está para su madre. Si no está casada para su pareja… se entiende que es Libre. Ella si le dijo que estaba enamorada de otro. Fue sincera. Se sintió mal.Tuvo que decirlo. No comprendo la mentira. No comprendo que uno sea desvalido y pobre solamente, antes de un polvo y después del polvo sea otra cosa. A eso lo llamo jugar con la vulnerabilidad. Ella le dijo que estaba casada en cuanto hablaron. Si él se pensó otra cosa de ella, porque no se comporta como una mujer casada, porque no se siente mujer casada, porque hasta tiene prohibido que la presenten como mi mujer o hablen de ella en esos términos, es que no está casada. Donde importa. A quien le importa, a los suyos, a él. A los demás que les den. La diferencia es la sinceridad. Ella fue altamente sincera. Plegándose a la realidad. Él no lo fue porque ella si hubiera sabido que estaba enamorado jamás se hubiera acostado con él. Esa era la diferencia. Con tíos enamorados no, gracias.
    qué bien que te veo por aquí, me ha encantado :)

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