Las camellas de la plaza del Obradoiro: la primera sorpresa del Camino…

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Cuarta anotación… Hay un hombre, supones que es un hombre, un día dejó un comentario en un café y te fijaste en él, el comentario te pareció insultante, uno de esos con muy mala leche. ¿Te lo decían a ti? No peor. Se lo decían a otro, a uno que aprecias. Seguro que a ese uno hasta le hizo gracia. Da igual, tú a ese hombre le coges la manía del año. De hecho nunca le has tenido tanta manía a alguien. Un día hasta escribes un comentario, ya no lo puedes evitar, porque cada vez que le lees terompeloscojoneseltío, y eso que tú no los tienes. Es un facha (luego te enteras que eso era un facha, que tú de fachas, progres, enlaces, gtalk, y contactos ni idea ni la quieres tener). ¿Y qué es un facha? Lo peor. Punto, que eso es historia o te la han avisado. Y ahí procuras no pisar más. Bueno, hasta escribiste aquel comentario en el café… que te borraron. Ni se sabe lo que decías en el comentario. Se te escapó la gorgona de dentro. De hecho, y en prevención, dejas hasta de leer los comentarios para no tener que encontrarte ni con una palabra de ese tío en tu vida. Es como aquello que dice el médico. No coma grasas, no tomé café, cuide su colesterol. A ti el tío, por lo que sea te indigna tanto que te sube el colesterol. Pero ya aunque no diga nada, o como si dice misas, sólo con ver su foto, salivas Paulov y no babas. Y tu loba se aleja, se aleja…Y estás un día por ahí. Y sigues un link. El link más tonto que has visto en tu vida. ¿Y con quién das luego? Con él pero tú no lo sabes. Sólo has seguido un comentario, hasta que miras al cielo. Es decir, a la cabecera del blog: Este lado de la galaxia. Pero hay un artículo, Progregrinas. Y lo lees porque es del Camino.

”Tarde llegué a Triacastela y lo de dormir en el monte de enfrente dió una perspectiva más próxima de la vía láctea que días antes. En la iglesia ya se hicieron notar: no entraron. La iglesia de Triacastela tiene las tumbas del pueblo alrededor; es una forma habitual.”

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Con mucho reparo pero lo lees y te vas. Y te dices: ya sé por qué tengo que hacer el Camino con promesa de muda. Mira, ahí tienes un buen motivo. Elementos como éste también te los puedes encontrar en el Camino. Vamos, que el Camino no sólo lo frecuentan los peregrinos. Pero te vas y vuelves al par de horas. Y le revuelves entre los artículos. Y te pones a leer algo que desde la primera palabra captura tu atención. Y no sabes cómo te pasa, pero cuando terminas el artículo, reconoces que el tío te ha gustado un montón. ¡Madre mía -te dices- que manera de escribir! Pero te vas y no vas a reconocerlo nunca. Porque el tío es sólo un facha y tú eres roja (no será lo peor que me haya pasado, luego me pasará, más de lo mismo, con el general Leon Degrelle). Pero te puede la justicia. Y le das más vueltas a sus artículos y te los lees todos. Todos los de la categoría peregrino. Y reconoces que unos te habrán gustado más y otros menos, pero ya te has enamorado de la Casa Rusia. No de ella, vamos. Del momento en que él, en Logroño, se topa con la rubia más sensacional que habrán visto los tiempos, y luego de propina, por la noche en el albergue, se la encuentra en el jergón de al lado, y amanece, y desde ese momento arrastrar su tobillo roto, dice, era algo liviano, sutil… y le lees durante kilómetros, casi mil kilómetros con atención, y alcanzas aquella epifanía con él, que fue ver como las mujeres se echaron al Camino, a por las flores del Camino, para ponerse las flores del Camino en el pelo. ¡Y que guapas estaban todas con las flores del Camino en el pelo! Y tú sabes que no, que no te las habrías puesto. ¿Acaso no naciste mujer? Tú vas con un garrote, una gorra y una mochila, o sea con él, y eres el que mira a las mujeres… y se embelesa. Y quieres encontrarte con las mismas escaleras, donde un arpa después de las siete y media de la mañana pero no antes de las ocho inunda aquella calle. Y esas escaleras, ese instante, aquel momento y después la Casa Rusia… Así que aunque no quisieras tienes que incorporarlo a los enlaces de tu diario. Este momento, que es el único momento en que la Realidad no cuenta porque tú sabes que la Realidad te espera en el Camino… otra cosa no pero al Camino ya lo conoces y sabes lo que fue para ti el Camino, y lo que te hizo vivir, y lloras, por aquel Camino que hiciste, en las condiciones en que lo hiciste, y ahora ya sabes qué respuesta existe para las preguntas que venían detrás. Porque tú a veces, caminabas y eras eso, un preguntarte sólo por los que por allí ya habrían pasado, y a veces te preguntabas por los que venían a tres o cuatro jornadas por detrás. Pero no llegas a ver a las camellas porque tú estabas esas cuatro jornadas por delante. Pero ves la primera flecha del Camino en su camiseta. Y sabes que las indicaciones del Camino son sagradas. Entonces eres de ley. Hoy lo eres, ayer también.

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Bueno, que con el primer concepto que te has hecho de Ignacio, sabes que si tu amiga lo conociera sería algo fatal… Vamos, que éste de los suyos seguro, de los que a ella le van, que tú hace muchos años que estás maldita y sólo te turban los que son tan dulces como aquel, o como aquel… que encima los has amado, y ya sabes a que huelen, y a que saben, y basta con que los pienses para que todo tu pelo y tu boca, y tus manos se llenen de flores, de las flores más lindas que el Camino pueda ofrecer… Pero amanece, como él dice, y conspiras… Porque tu amiga tenga el sueño del Camino… Y tú sigues adelante leyendo diarios de peregrino: de hecho es cuando das con el de Léon Degrelle… Pero amanece y el peregrino se inspira, y te habla del espíritu del peregrino y del hecho del peregrino y te convence… y aprendes, queriendo ya aprender… aprendes. Y eso es lo espiritual. La atracción espiritual. Yo no sé de dioses pero desde luego sé apreciar esto que aquí dejo hoy y que espero que a Ignacio le de igual o más de lo mismo. Luego seguiré mi Camino, porque ya he visto la primera flecha, porque ya tengo mochila y garrote y saco de dormir, y entonces, ayer, entro en una posada del Camino y un hombre me ofrece un papiro, sólo para que lo mire, y esta lleno de ocas, pero confía en mí y me lo presta. Y vivo el Camino antes del Camino, pero es que Santiago de Compostela y yo ya llevamos casi 20 años juntos.

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La condición peregrina

…. La condición del hombre es peregrina: emperrados en negarlo, tan sólo la hacemos más evidente, pero sólo ve el que quiere ver, y además se esfuerza.

Aquel cuyos amigos son pocos, es el peregrino: aunque se esforzó mucho Jung, se hincó en el lenguaje de sus tiempos, porque el I kin no habla del andariego, habla del peregrino: el peregrino es la perseverancia, que le aporta ventura porque su sentido del tiempo es distinto: lo cual hace que sea gran condición.

El peregrino es uno que va de Roncesvalles a Santiago, aturdido por sí mismo, con una mochila y un bastón, ostentando condición de humildad con una Tau y una mochila, desde el siglo IX lleva el peregrino yendo a Santiago, y sabiendo que seguirá yendo los siglos venideros, porque aunque nadie lo sepa, no hay culpa que no sea expurgada ni condición que no se cuestione; no hay mas que alguien que busca y de pronto encuentra: porque no perdonan los hombres, y el problema que está (ahí, tirado, es enorme y hace bulto, en la Pedraja) está en ti: y no te perdonas a ti mismo ni siquiera de lo que sabes “científicamente” que no tienes la culpa, y entonces eres consciente de que tu no te perdonas, nada que ver con los hombres, nada que ver con Dios, nada que ver con nada de nada, y esa culpa y ese amor te ha destruido aunque por fuera no se vea, y una mochila y un garrote espantan tus vilezas por la mañana cuando ves el orto solar y echas a andar casi sin poder porque el dolor es profundo, pero conforme andas vas andando y cada vez andas mas y andas mejor y anda que andarás, que nunca llegarás, y hay paradas, y estaciones, y sabes que una pequeña peregrina irá por ahí cuando ya no estés tu porque tu no eres tu que no eres nadie, una sombra en Sevilla o un efímero en Buñol, uno que va con una mochila un garrote y olvida hasta su nombre porque no somos nadie, sólo el tránsito por aquí nos hace y nos destroza para poder hacernos y saber que nada importa más que tu mismo y tu no importas nada pero intentas, esfuerzas fuerzas condicionas para al final salga lo que jamás debió suceder ni tu lo querías, y pasó, porque tenía que pasar y tu no tienes la culpa pero te culpas y mil kilómetros más allá te darás cuenta de ese error, y al final, venías de donde venías, pero tan sólo eres una sombra con un garrote una mochila ligera, una gorra y nada más que nada más te hizo falta y arriba subiste y abajo caíste y alguna vez te levantaste, hasta que en una de esas viste que ya jamás volverías a levantarte y fuiste entonces a la Quintana, entraste diste el parte, nunc dimmittis, ite missa est, y aquí no ha pasado nada. (…)

que mas da quien seas, quien hayas sido que creas o que has creído, a quien quisiste o quien te quiso, como te mataron y como has vivido, que hiciste y sobre todo que dejaste de hacer; lo importante es haber caminado, no a un lado o haberte quedado a mirar, sino haber dado pasos, siempre los tuyos a tu ritmo, a tu paso en tu cadencia y control,

(…)

porque el amor es la entrega y la gente presa de relativismo se confundió, que el amor no es la compasión, por mucho que goces en mi compañia o goce yo de ti o gocemos los dos, el amor es la caridad: dar todo a cambio de nada, y si no no vale, y por eso los peregrinos en el siglo nueve echamos a andar en Roncesvalles hacia Santiago y seguimos ahí; para que las mujeres se peinen, podamos llegar y ellas se laven el pelo y entonces los marinos arríen velamen y vean en el fragor de la tormenta, pairo y proa al vendaval, que el Santo Cuerpo Iluminado se ve en cualquier tormenta y indica el camino a casa que si te alejas es porque ya has vuelto.

Y sabes cual es tu casa quien eres como te llamas y porqué de tantas cosas, a pesar de toda sombra, a pesar de todo miedo, a pesar de la realidad, la comprendes y entonces sabes que la condición que te constituye es la peregrina, (…) y sabes que seguirás caminando hasta la puerta santa aunque pares en su casa a vivir una vida a dos voces y sientas el infinito en una mujer y esperes que no falle porque no fallará porque ya no puedes mas, y ahí es tu condición peregrina: cuando paras, no es por cansancio: todo es por placer.

La condición del peregrino es el amor; el hecho del peregrino es caminar, (…) lo importante es que vayas, y en el camino encontrarás el desvío, que te lo dijo Borges: en las grietas está Dios, que acecha. Por eso sabrás que no te has desviado que el camino era ese, y la condición es que no pasa nada, y este momento es el que vale, mañana dios dirá.

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Cierra España

(….) al bajar la escalera de la plaza de La Quintana ves y tienes presente cada momento del camino; tan sólo han sido mil kilómetros y la mochila ya es parte de ti,

(…) porque en ese momento te das cuenta de que estas en el camino y no en la realidad y debes mantenerte fuera…

(…) Si, eres peregrino, claro, sólo eres peregrino porque perdiste tu identidad y estás encantado con ello

Porque el pedrisco bajando de Roncesvalles te lleva de retorno a la realidad: cuando la lluvia duele y hace moraduras, te planteas seriamente que es lo que estás haciendo, y cuando decides que eso es lo que quieres hacer te das cuenta de que no has decidido nada porque el camino es tu vida y la peregrinación es presente en tu cultura y es la esencia de ti mismo lo que vas sacando, la esencia de ti mismo hasta tu error más temprano y tu aberración mas profunda, la esencia de tus errores y tu naturaleza ensimismada; el ser fuera de toda cosmética y por eso cuando pasas junto a un pedrusco a tu vera con peregrino sentado llorando sólo murmuras un saludo por no molestar, dar señal de que estás y si necesita algo te lo dirá pero tu sigues tu camino y esa peregrina sigue llorando porque es lo normal, y llegados a ese punto sabes perfectamente que llora por sí misma y eso es bueno, y que será una mujer maravillosa en la noche en el albergue cuando la casa Rusia se ha lavado el pelo y ya preparas el día siguiente porque realmente aunque agotado tienes ansia de volver a caminar y te causa afán la parada, aunque aprendiste que hay que parar en todas las iglesias, así como en todos los bares y cuando entras a una iglesia directamente el cuerpo te baja toda la temperatura y al persignarte refrescas el cuerpo entero con el agua bendita y el sosiego te llena los músculos agotados del camino, feliz de seguir caminando aunque el tobillo duele mas de lo normal pero lo minimizas y te sigues engañando pero de repente antes de Sarria te alcanza alguien subido en un camello lo cual no te extraña en absoluto porque después de piedras lloros granizos Logroño Casa Rusia y un funambulista con un bastón que alguien desde encima de un camello te quiera llevar la mochila es lo normal; que acabes haciendo amistad con ellos es parte de la esencia Ignacio; (…) y si subes la cuesta a la ermita de San Marcos es que ya has bordeado el aeropuerto de Lavacolla y ya hueles la Puerta Santa: cuando acaba la cuesta a la derecha de la ermita de San Marcos se adivinan entre nieblas raras las agujas de la catedral y lloras, es ahí, pero hoy no llegas a misa y paras y duermes en el monte del gozo donde las peregrinas bailaban descalzas en un barracón con música y todos éramos tan solo peregrinos acreditados, de nueva Zelanda y Australia, Norteamericanas y Rusa, Maoríes y Hawaianas, Españoles y Brasileños, bailábamos nunca sabremos porqué, aunque lo intuí al subir la cuesta después de Santo Domingo de La Calzada cuando salía el sol y como una epifanía las mujeres empezaron a coger las flores del camino y ponérselas en el pelo: es la mayor exquisitez y elegancia que he podido ver en mi vida, que momento más impresionante, que guapas estaban todas con las flores del camino en el pelo, que fresca mañana porque Nájera es fría y Thomas se volvió en Burgos y me invadió la tristeza…

(…) pero eres camino como una parte del paisaje, como los insectos o las piedras, como el pedrisco o el barro, no eres nadie y eres parte del paisaje y nunca eres tan feliz que cuando ya has olvidado hasta tu nombre sigues caminando y eres una gorra y un garrote tan sólo un peregrino, que llegando a Astorga los turistas los llevan en autobuses a vernos pasar y nos hacen fotos; y calas la gorra y pasas, y no es una pose simplemente sabes que no eres más que una parte del paisaje asentado en la tierra más que los elementos geológicos: el camino lo hacen los peregrinos, que están ahí desde siempre y siempre estarán ahí y son tan del paisaje como las catedrales y las ermitas, y tu no eres tu que no eres nadie que solo eres peregrino que tu patria es el camino y anda que andarás que nunca llegarás y a veces ríes y a veces lloras, unos días llueve y otros días hace sol, y te hundes y te levantas y te exaltas y te deprimes y sabes quien eres: acabas sabiéndolo por una ecuación compleja compuesta de kilómetros recorridos bares pasados que nunca volverás iglesias sol y esfuerzo y placer de hacerlo y una canción en un bar que te trae una novia que nunca debiste dejar y una que nunca debiste conocer un amor que nunca reconociste un error que te ocultabas, y oyes las canciones y repasas los libros que leíste y ya sabes porqué hasta el ultimo momento de tu vida lo has repasado en su esencia sin pasión y comprendiéndolo y entiendes que el conocimiento no es científico sino de uno mismo y comprendes que la Santa Compaña existe y te acompañan los muertos un trozo de tu camino y sabes que no estás solo y que van contigo porque nunca te dejaron, y los entierras ya adecuadamente y te liberas pero aparece un recuerdo de algo que no hiciste y quizá debías haber hecho pero sabes que nada tiene importancia porque no eres nadie solo eres un peregrino que arrastra una pierna, se toma medio litro de coñac en un bar frente al palacio de congresos de Santiago a solas porque tiene miedo de acabar, porque el dolor es muy agudo pero no quieres acabar, porque bajas las escaleras de la plaza de la Quintana y entras por la Puerta Santa demasiado rápido te ves tras el apóstol y le dices: jefe soy yo. Vuelvo a casa, vuelvo al camino, y sólo tú sabes porque lloras, solo los peregrinos nos reconocemos por el color el aspecto y el placer y el desconcierto: mañana no hay nada que caminar ¿Qué haremos ahora? ¿en qué consistía la vida?

(…) en esa ciudad no estorban peregrinos zarrapastrosos y sosegados y sales y vuelves a la catedral y los japoneses te hacen fotos, e intentas disimular como si fueras un turista pero se te nota, de largo se nota quien ha peregrinado y quien es un turista, pero te plantas siempre y no sabes como de alguna manera cerca del Apóstol, en la plaza la Quintana o alrededor, nunca te alejas, era el objetivo, y lo has cumplido aunque sabes que ni era el objetivo ni has cumplido nada; ahí está la Puerta Santa y los turistas disfrazados diciendo que son peregrinos con horas de autobús hacen cola creyéndose iguales a los peregrinos que hemos caminado desde Roncesvalles a Santiago desde el siglo nueve hasta el futuro y hemos cruzado la puerta santa sabiéndolo

Que es paz y es piedra

El fin del camino.

Un gesto adusto, un andar tranquilo

Un no saber que hacer e intentar encontrar otra vez el camino para poder seguir pero las moraduras se fueron y el tobillo duele ahora como jamás lo había hecho y la realidad te espera si es que existe y vienes y vas y es deplorable, lamentable, execrable pero sabes que aunque caiga granizo llueva o haga sol hay que seguir andando hasta el final que entonarás nunc dimittis cuando corresponda y nada más, y sigue la vida y el camino es tu lugar en tu cabeza al que siempre retornas y te encomiendas

Como una oración.

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Es decir, como Dhavar dijo…

Ignacio:

Una ampliación complementaria sobre la Caridad, que entra bien en tu escrito: Caridad es perdonar lo imperdonable, que dijo Chesterton.

Me recuerdas mucho algo que he leído hace poco en Rosenzweig, acerca de la Oración de la Increencia, y como el cristiano más cabal de su tiempo fue Goethe, que se declaraba pagano militante.
2:17 PM

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Spem In AliumThomas Tallis

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Y ya te has enamorado del espíritu del peregrino que le vive. Pero del espíritu del peregrino… y sólo de eso: nada menos y nada más.

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Enlaces relacionados con: ~ EL CAMINO DE SANTIAGO ~

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7 Respuestas a “Las camellas de la plaza del Obradoiro: la primera sorpresa del Camino…

  1. A mi me has emocionado, y esto me ha gustado realemente mucho, y te lo agradezco, profundamente.
    Te linko.-

    Pôr supuesto, te regalo la camiseta; si quieres la original, es tuya. Muchísimas gracias.

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    A ti. Por todo. Y sí la quiero. Hacemos una cosa… si me la gano, si llego hasta la Puerta Santa , te debo un café. Y ese día me la regalas, cuando sea… Invito yo, tranquilo :))
    Besos

  2. La camiseta es tuya, por derecho propio. la que te ganes al llegar, ya me la regalas si quieres, o valga para otro peregrino.

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    :)
    Dame un par de horas que te voy a dejar algo aquí… pero voy a leerte ahora y luego me voy a hacer la comida.

  3. Pingback: Luz y estrellas… (la que fotografía el Camino del peregrino antes de que yo lo tome) « Peregrinos por el Camino de Santiago

  4. Le envié la dirección a Ignacio. Algo que no me gusta hacer. La dirección de mi madre. Pero luego me dijo que prefería no enviármela… A mí me pareció estupendo. Y quedamos así en paz. Yo sintiéndome individuo pero ”persona” y sabiendo que por lo menos de ley soy. O que no soy de las personas que prometen algo y luego se vuelven atrás… Me gusta que mi palabra sirva, que sea algo que tenga valor.

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