REINA DE ESPADAS (cartomancia española)

VIUDA

*enlace: DIARIO HISPANO

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Una respuesta a “REINA DE ESPADAS (cartomancia española)

  1. iII
    Mi cuerpo, que es humano,
    vive bajo los vientos atado a una sonrisa.
    Así, con pequeños deleites,
    tan frágiles que se rompen al entregarse,
    pero que dejan en mi llanto una ventana de palomas.

    A ratos casi olvido
    que ando buscando la pradera, la isla…
    Tal vez la antigua manzana de la serpiente
    para que muestre el secreto que no reveló.

    Soy mayor que la rosa,
    pues si mi edad no pasara de su belleza
    clavada estaría en un sitio del suelo
    y detenida en el vientre de la primavera o del invierno.

    Se me han dado las cuatro estaciones,
    los violentos empujes y las colmenas tiernas.
    Agrupo los deseos encima de una estrella del agua
    y entrego mi canción como el grillo quemante,
    doliéndome en el eco, en las alas y en la humildad.

    Hay un rostro inefable
    cubierto por los rostros que se me acercan.
    A veces le llamo mi bienamado compañero
    y siento que en la mirada que me otorga
    está el rescate de mi oculta *viudez.

    Ahora estoy tendida en su descanso,
    palpando esta bondad de masculino vello.
    Suavemente me recoge en su fuerza
    y pronuncia las sílabas, las palabras,
    que caen sobre mi asombro agradecido
    como deseosos pájaros.

    Por eso dicen que he regresado a los jardines
    y que en mi voz tiembla un subir de esbeltas palmas.
    Lloran mientras tanto los que se hieren o se buscan
    y sólo el más humilde, por humilde,
    halla el amor con su familia de ángeles.

    Puede volver el enemigo de mi arpa
    y rodear esta casa para que yo muera de frío.
    Es fácil perder al que me libra de las nieves
    y repetir, por consolarme, que siempre estuve en soledad.

    Caminamos despacio y su mano me lleva a la estrella,
    enseñándome la dicha a través de su contacto,
    Me entrega suavemente los altares del otoño
    y un ramo de lilas en medio de los peligros.

    Que juegue el aire con las alas del bosque
    y que la luna de la yerba
    marque el país de las violetas húmedas.
    Por un instante he de olvidar lo que angustia mi palabra
    y he de encerrarme, en este amparo, con mi linterna de la noche.

    – CLAUDIA LARS –

    http://amediavoz.com/lars.htm

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