(17) Etapa decimoséptima: SAHAGÚN – RELIEGOS (Camino Francés a Santiago)

EN PREPARACIÓN

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EXPERIENCIAS PEREGRINAS

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19.03.04. Viernes. Sahagun-Reliegos (520):

Después de dormir como un ángel me he levantado a las 7.30 para desayunar unas buenas tostadas con un excelente café con leche antes de empezar una etapa larga y aburrida por la nada. Una única recta en la infinitud del páramo, sólo la autopista y la linea del tren animan el caminar durante un día sin sol, con algo de viento y cierto fresco. El conductor de un tren me saluda al pasar. La soledad une a los que en ella se encuentran.

Una etapa útil para el desarrollo de la mente, de la voluntad.

Un mal cálculo de las distancias me hace perder el control de la etapa. A esta desazón se me une un tremendo dolor de cabeza y hace que no vea el momento de llegar. El físico me tortura ahora que ya llevo un pie perfecto (con una uña rota) y otro fatal (tres ampollas y otra uña muy mal) y la mente no colabora, descentrada. Pero así es el Camino, pasito a pasito hasta Compostela sobre mis males. Y lo lógico es que sufran lesiones tras tantos días de trajín.

Los kilómetros que en otro momento me hubieran producido serenidad, me ponen de los nervios. La vista me engaña varias veces y no pasan de espejismos todo aquello que parecen pueblos.


Perdido en mis pensamientos tropiezo con una enorme cagada de algún rumiante. Ello me hace pensar en que caminando hacia Santiago se pisa mucha mierda, se encuentra mucha porquería, en el Camino y dentro de nosotros mismos. Dos buenos temas para meditar, para tratar de limpiar todo aquello que ensucia nuestro entorno, nuestro interior. No es tarea fácil, doy fé de ello.

He de recordar aquí a todos aquellos “tontolabas” que ensucian las marcas del Camino con sus nombres o estupidas consignas políticas. Les aconsejaría que se vayan a ver a un psiquiatra o al menos a un pediatra, mejor que venir aquí a estropear lo que es patrimonio de todos. Una lástima encontrar aquí la sinrazón del ser humano, con todas sus debilidades e ignorancia. Si no hay respeto por los demás, por el entorno, en un recorrido como este, que puede haber en el mundo. Una pena.


Y pensando y sufriendo llego al campo de entrenamiento de la Escuela de Ultraligeros. Naturalmente se me va la mente al cielo y sueño con volar suavemente hasta el final de este día que se me está haciendo pesado. Medito sobre el por qué unas etapas nunca acaban cuando no son excesivamente largas y otras que abarcan una gran distancia se hacen en un suspiro. Me hago preguntas y las comparo con la realidad habitual en donde ciertas tonterías se nos hacen insuperables y sin embargo somos capaces de hacer cosas de colosal dificultad.

Y así, poco a poco, luchando contra los últimos kilómetros, veo que al fin hay vida tras el desierto. Llego a Reliegos y una ducha recompone mi mente, tan débil hoy. Una cena en la cocina de este sencillo refugio me deja listo para, tras una breve charla con los escasos peregrinos que aquí han decidido pernoctar, caer en el más dulce de mis sueños, relajando cuerpo y espíritu hasta mañana.

Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 04

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Martes 5 de agosto: SahagúnBurgo Ranero

En realidad la etapa podría plantearse Sahagún-Mansilla de las Mulas, lo que supondría unas 9 horas de marcha, todo un maratón. Sin embargo, consultada la Guía y saber que en Burgo Ranero había Albergue y que era de los mejores del Camino, me pareció más razonable plantear 2 etapas: una de 15 Km. aproximadamente, hasta Burgo, y otra 18 km. para el día siguiente. Salí de La Asturiana dando las 7 en el reloj de la torre de San Tirso. Crucé de nuevo, el Arco de San Benito y, enseguida, apareció la primera flecha amarilla indicándome el Camino a seguir. Es bastante impersonal este arranque del Camino.
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Pasado el puente del río Cea, lugar histórico de una de las más cruentas batallas entre las tropas cristianas y musulmanas, se sigue por la carretera en dirección a León, y llegados al cruce de circunvalación, se accede al gran andadero. El interés por el Camino de Santiago ha hecho posible el acondicionamiento de este sendero, paralelo a la pista de servicio agrícola.

A lo largo de unos 30 Km. se han plantado árboles distanciados unos 10 m. el uno del otro y se han situado bancos a lo largo del trayecto, así como mesas con bancos de piedra en sitios propicios para el descanso.

Dejando a mi derecha Calzada del Coto, me fui adentrando en el andadero. Por la pista de servicio agrícola pasaban camiones, tractores y coches dejando tras de sí una polvareda inmensa, que obligaba a sacar el pañuelo para taparse boca y ojos. Un pequeño martirio durante unos 4 km. Antes de llegar a Bercianos está la ermita de Nuestra Señora de Perales. Me paré para examinarla, sin tener posibilidad de entrar. En este lugar hay una gran mesa de piedra blanca rodeada de bancos del mismo material, así que descargué mi mochila y me senté para tomar un pequeño refrigerio. Al poco de estar sentado pasaron César y sus amigos. Nos saludamos y les dije que, si querían compartir unas sardinitas, para mí sería un placer. Me agradecieron la invitación pero prefirieron continuar, pues habían decidido llegar hasta Mansilla. ¡Buen camino! En poco más de un cuarto de hora llegué a Bercianos, que atravesé sin detenerme por no encontrar nada que mereciera la pena de ser visitado. Saliendo de esta población el andadero empezó a mostrar un paraje más verde que me condujo a un vallecillo, muy bucólico a esas horas de la mañana. En este punto existe otra de las áreas de descanso. Fui encontrando a lo largo del andadero hitos o mojones jacobeos. Esto ya sería muy común hasta cerca de Santiago. A lo lejos se veía el enorme silo de El Burgo Ranero, pero aún tardaría como una hora para alcanzar esta población.

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Antes de llegar, por el mismo andadero, pero en dirección contraria, venía hacia mí una joven con mochila por lo que pensé que también era peregrina. Al pasar junto a ella la saludé y pregunté cuál de los dos iba en dirección equivocada. ¿Por qué?, me dijo. Porque yo quiero ir a Santiago y supongo que tú también, le contesté. Le hizo mucha gracia mi observación y aclaró que ella no era peregrina, sino que iba de excursión. De todas formas se interesó sobre el motivo de mi peregrinar. Le comencé a explicar el porqué de mi decisión, desde dónde venía andando, cómo había pedido a Dios que me fuera descubriendo, en el silencio y soledad de mi peregrinación, en qué debía ocupar el resto de mi vida; que me señalara el camino» a seguir en mi nuevo estado de viudo. Según le hablaba se mostraba más confundida y llegó a decirme que me envidiaba. Ella no era capaz de enfocar la vida así. Dijo que, por primera vez, había encontrado a alguien que le hablaba distinto, y que todo le parecía maravilloso. Le prometí tenerla muy presente ante el Apóstol. Me lo agradeció y, dándome un beso, nos despedimos. Al entrar en El Burgo Ranero, pueblo eminentemente agrícola, pasé primero por delante de un gran frontón, donde jugaban a la pelota unos cuantos jóvenes. A continuación había una era inmensa con grandes parvas de cereales diversos. Unos pasos más allá, se encuentra el Albergue. Estaba abierto; saludé a unos peregrinos franceses, sentados a la puerta, a César, que al final había decidido hacer la etapa en dos jornadas, y a otros que acababan de llegar en bicicleta. Le pregunté a César si había visto al Hospitalero. Me contestó que no había aparecido nadie. Le dije que si estaba abierto era porque nos dejaban entrar y que, de momento, podíamos ir viendo las literas que estuvieran libres. Así lo hicimos y nos acomodamos en las que no tenían nada encima. A continuación salí para ver lo que hubiera de interés. Descubrí una Fonda en la que entré; hablé con la dueña, una señora de bastante edad, entrañable y cariñosa. Le dije que olía de maravilla lo que estaba cocinando. Me dijo que daba comidas, si quería. Le pregunté por el Hospitalero y me dijo que vivía al lado del Albergue, junto a la farmacia; que quizás ya hubiera regresado del campo. Fui hasta su casa y aún no había llegado. Me reuní otra vez con César y le comenté que la señora de la Fonda daba comidas. Le pareció una gran idea el hacer una comida en regla y allí nos dirigimos. Nos preparó una mesa muy en plan casero. Dio la coincidencia de que un amigo de César había estado, por un tiempo, trabajando en la zona y que comía en esta Fonda. La señora se puso muy contenta, porque se acordaba mucho de él. Era muy trabajador y formal, como se veía que también lo éramos nosotros. Comimos unas excelentes judías pintas y unos filetes de ternera fabulosos. Lo acompañó con una ensalada que nos supo a gloria y un poco de fruta. Tuve el gusto de invitar a César, quien me lo agradeció y dijo quedar deudor para otra ocasión. De regreso al Albergue vimos llegar al Hospitalero. Muchos de los peregrinos ya se habían acostado y estaban haciendo la siesta. A nosotros nos selló la credencial y nos dijo que mejor darle a él un donativo de 300 pts., porque si lo echábamos en la hucha, luego le resultaba complicado el cálculo. A César y a mí nos pareció que no era correcto, pero la verdad es que muchos se escapaban sin dar nada.

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Por la tarde, después de la siesta, salí a pasear por el pueblo. Vi una casa tan llena de flores que parecía un vergel. Me quedé entusiasmado mirando y la dueña me preguntó si me gustaba. Le hice tantos elogios que me pidió que pasara, porque dentro tenía un auténtico vivero. Dentro saludé a su marido, quien también quiso competir en mostrarme todo lo que él hacía. Me invitó a ir a su huerto donde tenía más frutales y hortalizas que nadie; además también tenía muchas flores. Pasé un rato muy agradable con aquellos viejucos. Les di las gracias y diciéndoles que cada día hicieran el propósito de quererse mucho más, les prometí tenerlos presentes en mi abrazo al Apóstol. Después me fui a un bar frente a las eras a tomar un café. Como hacía bastante calor aproveché para lavarme la ropa y tenderla; hoy seguro que se secaría. Después fui hacia el Frontón. Allí estaba César viendo jugar a los veraneantes. Estuvimos más de dos horas dialogando sobre todo, principalmente sobre religión. A la puesta de sol -y ¡qué puesta!- regresamos para acomodarnos en nuestras literas y esperar al nuevo día.

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Diario de JUANJO ALONSO, Agosto/ 1997

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3 Respuestas a “(17) Etapa decimoséptima: SAHAGÚN – RELIEGOS (Camino Francés a Santiago)

  1. Pingback: AYMERICH PICAUD - xi - (escultura urbana en LEÓN) « Blog Archive « EXPERIENCIA PEREGRINA

  2. te dejo algo sobre Sahagún en el buzon .
    termina bien el día, :)

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    Recibido, no se me pierden :)
    Sólo dame, ya sabes, tiempo, que estoy preparando algo que me sobrepasa… poco a poco. Pero ya te digo, que creo que vas a ser la única que cuando salga… vas a saber donde paro, por si te apetece venir a andar un tramo :)
    Un abrazo.

    Sí, que he sonreído, claro…

  3. Pingback: A Santiago fui… « Los cuadernos de Yladah o el Zodiaco

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