(21) Etapa vigesimoprimera: ASTORGA – RABANAL DEL CAMINO (Camino Francés a Santiago)

EN PREPARACIÓN

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EXPERIENCIAS PEREGRINAS

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23.03.04. Martes. Astorga-Rabanal del Camino (640):

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Hacía tanto calor al haber tanta gente y calefacción que he dormido con el saco abierto (y es de verano) y sin mantas. Pero he descansado maravillosamente. Cuando uno está cansado y muerto de frio, cualquier cosa es un lujo. Me ha costado desayunar, que estas ciudades no hacen horario de peregrino y a las 7 todo está cerrado. Pero sin café yo no arranco. Así que me he espabilado para conseguir uno con tostadas que me animaran a salir a esta gélida mañana, a un recorrido que me llevará a maravillosos lugares del Bierzo. El sol ha ido saliendo y templando el ambiente y he tenido que ir parando para quitarme cada vez un poco de ropa. Parecía un strip-tease de peregrino, nada excitante desde luego, pero sí muy muy fresco.

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RABANAL DEL CAMINO 1

*enlace: Ruteando

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La etapa que me había propuesto era corta y fácil, así que he ido parando en todos los pueblos que he encontrado.

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Roble del Peregrino

*enlace: Camino

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He intentado tomar un café en todos ellos y en ninguno ha sido posible, todos los bares estaban cerrados. Así que he seguido tranquilito, sin desesperarme, hasta el gran roble a cuya sombra se han cobijado tantos peregrinos a lo largo de tantos, tantísimos años. He visto pasar a algunos pero no todos han parado. Rabanal está a un paso y es muy pronto, no merece la pena correr. Somos pocos y cabremos todos entre los tres refugios.

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Refugio Gaucelmo

*enlace: Refugio Gaucelmo

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Al final me decido a continuar, a dejar esta paz de siglos bajo la sombra del gran árbol y me llego, en cuesta claro, hasta el refugio de la Confraternity of ST. James, al Gaulcelmo. Está todavía cerrado y me acerco a tomar una cerveza al mesón. Empieza a lloviznar y cada vez hace más frío. Cuando la termino el albergue ya está abierto. Los hospitaleros, amables y muy ingleses nos acomodan, nos explican las normas y me inscribo. Por haber llegado el segundo elijo litera en un rincón tranquilo. Y dejo correr las horas en este maravilloso lugar. Pienso en mañana, para algunos la etapa reina, y en todas las que he ido dejando atrás durante estas ya casi tres semanas de errar por los montes. Recuerdo mi cómoda vida en la ciudad y lo libre y feliz que me siento ahora con nada en mis manos salvo una ramita seca de roble. Y medito sobre aquella frase que dice que el Camino es un reflejo de la vida en la que: “Caminamos hacia una tumba y cuanto menos cosas tengamos más ligeros avanzamos”

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Llega la noche, el refugio se llena y cenamos unos cuantos en el mesón una extraordinaria sopa de verduras (cuatro platos me he tomado) y un enorme bistec con patatas, servido por un camarero atento y amable al que es un placer darle una buena propina dentro de la humildad de nuestra condición de peregrinos.

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Me entero por otros que medio país está en alerta roja por los temporales de nieve, y el extremo clima que está haciendo. El frío aprieta de lo lindo. La altura se nota y la niebla desdibuja los contornos de las casas. En una carrera estamos en la cama y probablemente otra vez nos ha salvado la vida el orujito al que nos han invitado.

Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 04

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San Justo de la Vega-Astorga-Rabanal del Camino

Eran las siete de la mañana y yo totalmente dispuesto para acometer la nueva andadura. La noche anterior, antes de irme a la cama, la dueña del Hostal me preguntó sobre la hora en que me marcharía. Al saber que mi intención era la de madrugar, me dijo que para ellos suponía un gran esfuerzo, ya que se acostaban muy tarde. Yo le dije que no sufriera y que, si dejaban la puerta cerrada, me indicara donde encontrar la llave para abrir y marchar. Se sintió muy aliviada con mis palabras y me pidió que la acompañara para indicarme el sitio.

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rio tuerto

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Cuando salí a la calle noté el ambiente más fresco lo que me animó y puso optimista. Al pasar por la Iglesia, me detuve. Estaba cerrada. Me quité el sombrero y, junto a un crucero, hice mis oraciones de la mañana. Continué la marcha y, enseguida, encontré el río Tuerto. Cruzado el puente, al fondo se veía Astorga.

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A unos dos kilómetros encontré las vías del tren y unos doscientos metros más allá, en el escalón de una casa, me senté para sacarme unas piedrecitas de las botas. Atravesé el segundo paso a nivel. Una empinada cuesta a mi derecha dibujaba una calle, que parecía principal. A mi izquierda seguía el Camino por el que me introduje en la población. Por el arrabal de San Andrés, siguiendo las murallas romanas, Puerta Sol, llegué al Albergue de Santa María Madre de la Iglesia. La subida, muy fuerte y sin desayunar me agotó.

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Cerca del Albergue está el Convento de San Francisco. Llamé y al fraile, que me abrió, le pedí que me sellara la Credencial y le pregunté si, ahora o un poco más tarde, iban a celebrar alguna Misa. Me miró un tanto desconfiado y dijo que me esperara. Al poco salió con la Credencial sellada y me indicó que quizás en la Catedral habría Misa
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vista aérea de Astorga

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Se lo agradecí y fui por la Plaza Mayor, calle Pío Gullón, San Crespo y Santiago hasta la Catedral de Santa María. Aún estaba cerrada, pero al lado, en la Iglesia de Santa Clara iban a celebrar la Santa Misa. Es una Capilla pequeña, pero preciosa; en sus altares luce una imaginería de gran belleza. Creo que todo esto me ayudó para asistir al Santo Sacrificio del Altar con grandísima devoción y afecto. Al terminar pasé a la Sacristía para pedir que me sellaran la Credencial. El sacerdote había hecho el Camino a pie y me estuvo comentando un poco la dureza y las compensaciones espirituales del esfuerzo. Me dio la bendición y me animó a que pasara a la Catedral, porque la abrían en ese momento. Es más, me acompañó para que me facilitaran la entrada y sellaran la Credencial. El sacristán puso el sello y me pidió que hiciera la visita rápido, porque se iba a celebrar la Misa y no dejaban pasear por la Iglesia.

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retablo

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Me asombró el soberbio Retablo del Altar Mayor, obra maestra de Gaspar Becerra (siglo XVI); la Inmaculada de Gregorio Fernández, la Sillería de Juan de Colonia.

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La Virgen de la magestad

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La Virgen de la Majestad del siglo XI. Los acordes del órgano y la indicación del Sacristán me obligaron a dejar el Templo, pero hice la promesa de volver para recrearme a gusto y visitar todo con detenimiento.
Busqué dónde poder desayunar, pero todo estaba cerrado. En vista de eso decidí continuar hasta encontrar algún punto donde reponer las fuerzas. En menos de un cuarto de hora me encontré en la carretera comarcal de Santa Colomba de Somoza. La carretera desciende hacia el valle del río Jerga
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ermita Ecce Homo

*enlace: Camino

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A la derecha queda Valdeviejas. Un poco más allá, a la izquierda esta la Ermita del Ecce Homo. Aquí me detuve para ver y rezar. Mientras rezaba se acercó un señor, que me saludó con afecto y preguntó sobre mi destino y si iba a pie a Santiago. Se encontraba un tanto fatigado, porque venía de hacer footing. Me explicó que lo hacía todos los días. Yo, para que se recuperara, le conté un poco desde dónde había empezado el Camino y sobre mi interés por todo lo que era historia y arte. Me dijo que la Ermita sólo la abrían una vez al año. Cerca de allí hay un mojón sobre el que aparece una leyenda para los peregrinos:cuidado con los ladrones . Me sonreí al leerlo, pero él me cortó diciendo que era la pura verdad. No hacía un par de meses que, todavía, había bandas de ladrones. Estos atacaban a los peregrinos y les robaban todo lo de valor. La vigilancia de la Guardia Civil y de la Policía habían logrado parar los atracos, pero aún se daba alguno que otro. Le dije que no era muy consolador pensar que alguien podía atacarte impunemente y robarte lo poco que llevaras. Asintió y coincidimos en que la civilización del bienestar y de la calidad de vida estaba muy por debajo de las promesas políticas. De todas formas, añadí, en la edad media también había salteadores de caminos, lo que nos identifica a los peregrinos de hoy con los más auténticos peregrinos de entonces. Cogiéndome por el hombro y mirándome con afecto me dijo que yo no necesitaba compararme con aquellos, porque se veía que era realmente peregrino. Lo que él sí tenía muy claro era que la civilización actual estaba dando marcha atrás, para identificarse con la barbarie de las civilizaciones primitivas. Nos dimos un abrazo, prometí tenerle presente ante el Apóstol y se despidió deseándome un buen Camino.

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iglesia de Murias de Rechivaldo

*enlace iglesia Murias de Rechivaldo: Camino

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Desviándome a la izquierda, entré en Murias de Rechivaldo. Cruzado el pueblo seguí por la pista por entender que se adecuaba más con el Camino que la carretera de Castrillo de Polvazares, pueblo que, luego me indicaron, merecía la pena visitarse por el singular y cuidadísimo enlosado, que presentan sus calles y patios de las casas.

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Siguiendo el tendido eléctrico y en suave pero constante ascenso, salí, al cabo de media hora, al cruce con la carretera, que abandoné para seguir la pista. Allí me detuve para cerciorarme sobre la ruta a seguir. Enfrente mismo nace otra que es la auténtica vía a Santiago. Seguí ascendiendo por ella, con gran esfuerzo y sudor. Conforme caminaba, iba mirando a izquierda y derecha en busca de una sombra, bajo la cual pudiera descansar y recuperarme. Sobre un altozano descubrí un roble centenario que me brindaba una frondosa umbría. Era mediodía; el calor y la falta de alimento habían hecho mella en mi ánimo, así que lo mejor era que aceptara su invitación. Subí penosamente, y dejando caer la mochila al suelo, me tumbé a resguardo de su sombra. El aroma del tomillo y romero, potenciado por lo reseco de la estación y el viento que nos acariciaba, me reconfortó de tal manera que, en menos de diez minutos, volví a sentir la necesidad de continuar la marcha. En mi mochila aún quedaba una botellita de agua; bebí despacio. Estaba caliente, pero me puso a punto. Desde el altozano se divisaba en el horizonte una población no muy lejana. Consulté la guía y vi que se trataba de Santa Catalina de Somoza.

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Santa Catalina de Somoza

*imagen

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En algo más de media hora me adentré por su calle Real, que es la ruta jacobea.

Aquí hubo un Hospital bajo la advocación de la Virgen de las Candelas; el pueblo entonces se llamaba Hospital de Santa Catalina. Hay un bar, pero estaba cerrado.

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Crucero en Santa Catalina de Somoza

*imagen: Toni

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A la salida me detuve ante un sencillo crucero; como siempre, me descubrí y saludé al Señor y a su bendita Madre.

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El ganso cartel indicador

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El Camino seguía en ascenso y, al cabo de una hora, llegué a El Ganso. Consta de dos alargadas calles (unos 400 metros) a través de las cuales pueden apreciarse varios ejemplares de construcción popular, denominadas teitadas, con su característica sobera o techumbre de paja sobre muros de mampostería neolítica. La Parroquia, dedicada a Santiago estaba cerrada y no pude admirar una imagen del Apóstol de muy buena factura. En el siglo XII existió un Monasterio premostratense y un Hospital anejo al mismo. No encontrando dónde adquirir algo de comer, seguí por la angosta comarcal y como a un Km. divisé unas barracas, no sé bien cómo definirlas, en las que se leía: sello de la credencial y menú de peregrino. Sin más y, a pesar de que el aspecto no invitaba a detenerse, me quité la mochila de encima y entré pidiendo algo de comer y beber. Me dijeron si quería chorizo y sidra a lo que asentí sin dudar un momento. La sidra era natural y estaba fresca; el chorizo era casero y picantón, así que tuve que alternarlo con mucho pan y bebida. No sé lo que me cobraron; lo que sí recuerdo es que me sentí muy animado y con fuerzas para acometer los últimos cinco kilómetros de etapa.

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El teleno

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El paisaje cambia constantemente. A la izquierda se aprecia muy cerca la cumbre del Teleno de 2.183 mts.

En estos momentos el peregrino se encuentra a más de 1.000 mts de altitud y el camino sigue subiendo.

Recuerdo que pasó una pareja de peregrinos en bicicleta y que se les veía muy fatigados. Antes de diez minutos, los volví a encontrar, pasado el ramal que lleva a Rabanal Viejo, en una curva de fuerte pendiente. Parados y con las bicicletas en la mano me dijeron que me envidiaban por verme tan fresco a pesar de la dureza del camino y de llevar a cuestas el peso de la mochila. Ellos ya no podían ni con su alma. Les di el grito de ¡Ultreya! y se limitaron a mirarme sin tener fuerzas para nada más. Al cabo de media hora, cuesta abajo, me pasaron sonrientes dándome las gracias. Ahora el Camino transcurría entre bosques de encinas y robles.

A unos tres kilómetros antes de Rabanal del Camino se halla el Roble del Peregrino. Por supuesto que yo me dirigí a él.

En el área de este descanso estaba una familia comiendo. Yo llegaba exhausto de fuerzas y había vaciado por completo mi botellita de agua. Les saludé, me miraron con curiosidad y compasión y, pude escuchar a la abuelita que le decía a su nieta: lleva esta manzana a ese pobre señor. La niña vino hacia mí y, con temor, me ofreció la manzana. Le di las gracias y le pregunté cómo se llamaba, porque si su nombre era Eva, yo no me atrevería a aceptar su regalo. Los padres se rieron mucho y me dijeron que se llamaba Mari-Ángeles. Le reiteré mi agradecimiento y volvió muy contenta con ellos. El padre se acercó al ver que yo miraba mi botellita de agua vacía y me ofreció de su botella llena y fría como el hielo. Rellené la mía, una y otra vez, y las consumí casi sin parar. Estuve, como media hora, charlando con ellos y les prometí tenerlos presentes en mi abrazo al Apóstol.

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Me calcé la mochila y continué mi ascenso hasta la Ermita del Santo Cristo, que se encuentra a un Km., aproximadamente, del Roble del Peregrino. Un pequeño esfuerzo más y me interné en Rabanal del Camino por la pista de la derecha. La Hostería, de nombre El Refugio fue mi primer contacto con el final de esta Etapa. Una vez dentro, me confirmaron tener alojamiento, así que subí de inmediato a la habitación disponible y tras despojarme de mis prendas, empapadas por el sudor, sometí mi cuerpo a una meticulosa y pausada higiene, mediante una magnífica ducha de agua templada. A continuación, me acosté dando gracias a Dios por tanto bien como me había dado. A eso de las 18 horas me vestí, lavé mi ropa y salí a la calle para acercarme al Albergue que, por cierto, había dos, y visitar la iglesia y el pueblo. La Iglesia de la Asunción estaba cerrada, pero por los vestigios que quedan es románica del siglo XIII; perteneció al Temple.

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iglesia de la Asunción

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En el Albergue de los Ingleses, próximo a la Iglesia, no pude entenderme ya que había bastantes peregrinos de habla inglesa y mi persona no merecía mayor atención. Me dirigí al otro, llamado Gaucelmo, donde me sellaron la Credencial. Luego paseé por la calle de El Refugio; el atardecer era muy agradable y me recreé con la panorámica que ofrecía el Pueblo bajo la luz del crepúsculo. Me encontré con un señor mayor, viudo, y trabé amistad con él. Desde que su mujer había fallecido no había vuelto a venir a Rabanal; de esto hacía cuatro años. Ahora estaba con su hijo y nietos pasando unos días. Mañana volverían a Madrid. Le dejé una tarjeta mía y quedamos en llamarnos, cuando yo regresara de mi peregrinación. En el Refugio ya se estaba dando la cena. La chiquita, que atendía las mesas, me dijo que tenía que esperar, a no ser que quisiera compartir la mesa con un señor. Le dije que, si él no tenía inconveniente, me sentiría muy a gusto en compartir mesa y charla. Volvió muy contenta diciendo que el señor le había dicho lo mismo que yo, así que la seguí hasta donde se encontraba. Al verle, enseguida supe quién era. Enfrente de mí tenía a Paco Costas, el presentador del programa Por una Conducción más Segura. Me le quedé mirando mientras le señalaba con mi dedo en señal de duda, y él, quitándose las gafas, me alargó la mano y me confirmó que era el mismo que yo pensaba. Fue una cena realmente compartida. Él estaba haciendo el Camino en bicicleta. A nuestro lado cenaban dos jovencitas, que le habían pasado en una cuesta arriba, cuando él estaba a punto de abandonar. Me hizo gracia su frase de que toda España es una cuesta arriba. Las jóvenes se reían con sus comentarios y él apostaba por la próxima etapa. Iban a ver de lo que él era capaz.
Hablamos de nuestra profesión, de mi paso por Estudios Moro, a quienes conocía y admiraba. Le hizo mucha ilusión saber que eran primos carnales míos. Me dio sabios consejos y puedo resumir que me reconfortó mucho su conversación y la clara amistad, que me ofreció. Quedamos en vernos y charlar más ampliamente, cuando regresáramos a Madrid
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Diario de JULIO ALONSO, Agosto/ 1997

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7 Respuestas a “(21) Etapa vigesimoprimera: ASTORGA – RABANAL DEL CAMINO (Camino Francés a Santiago)

  1. Hoy he dado con este diario, que comienza en esta étapa:

    Es ameno y recoge imágenes. Buena información de albergues y más cosas. Lo visitaré con calma. Y algunas imágenes suyas quedan ya linkeadas aquí, por ejemplo la del Roble del Peregrino.

  2. Pingback: - AMANECER - (CATALINA DE SOMOZA): Poema ‘YO MISMA FUI MI RUTA’ (Julia de Burgos) « El viaje del Peregrino por la ruta de las Estrellas

  3. Pingback: Del campanario va a volar el día… (CASTRILLO DE LOS POLVAZARES) « El viaje del Peregrino por la ruta de las Estrellas

  4. Pingback: A Santiago fui… « Los cuadernos de Yladah o el Zodiaco

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