(29) Etapa vigesimonovena: PALAS DE REI – RIBADISO (Camino Francés a Santiago)

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*imagen de la GALERÍA DE CAT

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Entramos en la provincia de A Coruña antes de alcanzar Leboreiro por su antigua calzada y pasamos por Melide, cabeza del municipio y centro comercial de la zona. En el paisaje van desapareciendo los bosques autóctonos de frondosas.

‘Guía práctica del peregrino’

JOSE MARÍA ANGUITA JAÉN

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Desde la iglesia de San Tirso se desciende por la Travesía de la Iglesia y la Travesía del Peregrino hacia la carretera N-547. Se avanza por la acera unos 100 m y se toma el camino a la derecha para cruzar el río Ruxián y retornar en el km 64 a la calzada. Poco después se entra en Carballal. Por una corredoira se desciende, pasando por Alagua. Primero por una carreterilla y después por camino se entra en San Xulián do Camiño. De nuevo se marcha por una pista hasta Pallota, y por una corredoira para salvar el río Pambre en Outeiro da Ponte. Al llegar a Pontecampaña se toma un camino de ascenso a Casanova (km 60), desde donde se baja a la vega del río Villar, pasando por Porto do Bois. A 1 km se encuentra Campanilla, donde se toma la carretera, y poco después se entra en la provincia de A Coruña. Por un camino empedrado se llega a Leboreiro. En Disicabo se salva el río Seco por el puente de la Magdalena, y por una pista atravesando en una zona boscosa se alcanza Furelos. En dirección a Melide, se pasa por el puente sobre el río Furelos. Entrando por el barrio de San Pedro, y por la calle Principal, se sale de Melide por la N-547, que lleva hacia el barrio de Santa María, desde donde se toma el desvío hacia San Martiño. En el km 50 se gira a la derecha (crucero) pasando el río Lázaro en dirección a Carballal. Se atraviesa un bosque de robles, eucaliptos y pinos y se cruza el río Barreiros. Poco después se accede a Raído y de nuevo el Camino se interna por el bosque. Se pasa por Paravispo y el arroyo Valverde, y se desciende hacia A Peroxa. Por una pista se alcanza Boente, donde se cruzan la carretera general, una vieja carretera y por un túnel, de nuevo la N-547, para descender hacia la vega del río Boente. Desde allí se sube a Castañeda y se avanza junto a unos prados hacia Pedrido. Se baja hacia Río (km 42), y allí se salva el arroyo Ribeiral. Entre pequeñas huertas, prados y maizales se llega a Doroña, desde donde se sube a una loma, entre eucaliptos, robles y pinos, para descender y cruzar el tajo por el que discurre la carretera, por un puente. En el descenso se alcanza el río Iso, a orillas del cual espera el antiguo hospital de peregrinos de Ribadiso.

*NOTA PARA CICLISTAS

El trayecto de esta etapa es bastante viable. Si se prefiere rodar por asfalto, se puede tomar la N-547 a la salida de Palas de Rei y abandonarla para entrar en Ribadiso.

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(ARTÍCULO EN PREPARACIÓN)

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EXPERIENCIAS PEREGRINAS

1. ‘PEREGRINATIO’ de MATILDE ASENSI

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Peregrinatio de Matilde Asensi

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Comprobarás que, a estas alturas, la prolongada peregrinación se refleja en las caras cansadas de los viajeros con los que te vas cruzando en el Camino; obsérvales y verás que parecen tener ya en los ojos el reflejo luminoso de la catedral del Apóstol. Pero si a vosotros os queda sólo un día para llegar, a los caminantes les restan dos o tres jornadas, que serán, a no dudar, las más largas y pesadas. Sin embargo, ellos disfrutarán en verdad de este último trecho del Camino, lleno de parajes boscosos, buenas calzadas y animadas aldeas. La vía peregrina se vuelve, desde aquí, recta como una lanza y suavemente inclinada, con ligeras subidas y bajadas, como si quisiera ayudar al caminante a recorrer las postreras millas. Serán muy pocos, Jonás, los que, como frey Esteváo y tú, no consideren Compostela el final de su viaje, pues vuestra peregrinación ter­minará realmente en el Finísterrae, en el Fin del Mundo. Desde Pallatium Regis hasta Compostela pasaréis por Leboreiro, con su iglesia de Santa María; por Furelos, con su hermoso puente de cuatro arcos desiguales; por Melide, con sus templos dedicados a San Pedro y Santa María; por Castañeda, donde se hallaban los fogones de cal que se proveían con las piedras que acarreaban los peregrinos desdeTriacastela; por Ribadiso, con su fuente de aguas limpias y saludables.

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30.03.04. Martes. Airexe-Melide (860):

Alfonso Biescas

La noche pasa y mientras se desvanece la oscuridad abro mis ojos a un nuevo dí­a. El sol brilla entre las montes y los prados. El camino serpentea por ellos sorteando arroyos y charcas. El verde es el color que ilumina mis ojos, la humedad la que refresca mi piel. Las nubes oscurecen poco a poco la luz de la mañana
A partir de aquí es dificil caminar solo aunque se madrugue. Los peregrinos abundan, aparecen hasta por entre las matas, que algunos han ido a la toilet…

Hay muchos niños pero poco griterío. Está muy bien que los colegios hagan el Camino, si es que saben lo que están haciendo. Acostumbrado a caminar los voy adelantando y animando. Algunos van sufriendo mucho, cojos y desencajados. Los recoge un coche escoba con médico y catering ¡Qué organización! Un poco de envidia ya me dan, tan mimados, tan cuidados.

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De nuevo solo en la senda vuelvo a disfrutar de lo que la naturaleza me ofrece sin distorsiones sociales, sin voces ni risas. Me vuelvo a perder en mis pensamientos mientras medito sobre ambos mundos. Es de suponer que el refugio estará lleno. Estamos ya muy cerca de Santiago y cada vez hay más peregrinos. Por la experiencia de otros años opto por ir directamente a un barato hotel de carretera.

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albergue de Melide

*enlace: Consumer

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Paso luego a sellar la Credencial por el albergue en donde me ducho cómodamente. y me doy cuenta de lo acertada que ha sido mi decisión. Está completo, desbordado. Lleno de colchonetas por el suelo, los niños invaden los dormitorios, salon, hall y supongo que cocina. Mientras la hospitalera me sella con desgana, total falta de interés y ninguna amabilidad, otros peregrinos me cuentan que varios amigos han tenido que seguir por no haber sitio. Son las 8h de la tarde y van a tener que hacer unos nueve kilómetros más. Me imagino su estado de ánimo. Lo vuelvo a decir, es una verguenza que esto ocurra.

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Mercedes de la Pulper�a Ezequiel

*imagen de Mercedes en la Pulperia Ezequiel: Miguel

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Visito las iglesias que me calman y me voy a terminar de olvidar penas a la Pulperí­a Ezequiel en donde en compañí­a de otros peregrinos tomamos pulpo, empanada, queso y unas tazas de turbio. Todo por 10¤.. Cutre de lux, este lugar es obligatorio al pasar por Melide. De allí­ a la cama hay un paso que recorro en un santiamen. Y en la paz de mi cuarto, con los neones iluminando la ventana, me duermo como el detective en las peliculas de los años 40.

– Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 04 –

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Palas de ReyMelide

Palas de Rey

*enlace: imágenes del Camino

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A las 5 de la mañana la peregrina de la litera de arriba descendió para ser la primera en arreglarse. Su compañero también bajó de la litera contigua. Yo estaba muy cansado, pero una vez empezada la movida matutina es imposible recuperar sueño, así que también me levanté y salí al exterior de nuestra habitación.

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Todo el suelo del vestíbulo estaba ocupado por peregrinos, enfundados en sus sacos de dormir. Alumbrándome con mi linterna bajé a los servicios de la planta. Allí encontré un lavabo y retrete, que todavía estaba libre. Me arreglé rápidamente y subí de nuevo a la habitación. De los que dormían en el suelo, muchos habían levantado ya el campamento y preparaban sus mochilas. Algunos estaban desayunando en la cocina. En nuestro dormitorio ya se habían levantado todos; eran las 5,45 h. Recogí mis enseres y, tras dejar mi donativo en la hucha, me despedí. En la calle se notaba el relente de la noche; el aire era húmedo y más bien frío. Entré en un bar para desayunar; lo hice frugal y rápido.

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Roxan

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Con las oraciones de la mañana en mi boca y en mi corazón, descendí hasta el río Roxan. Delante mío iba un grupo de pequeños peregrinos, cuatro niñas y tres niños cuyas edades debían estar entre los doce y quince años. Iban equipados con sus mochilas y bastones y se les veía con una gran ilusión.

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Cerca del río se pararon para hacerse, supuse, la primera fotografía de la jornada. Como vieron que iba hacia ellos, me pidieron el que yo se la hiciera. Les dije que me pedían algo muy delicado, porque, si salía mal, se iban a estar acordando de mí y no muy bien. La que parecía mayor respondió que, de todas maneras, se iban a acordar de mí, así que lo mejor era hacérsela. No me hice rogar. Les deseé Buen Camino y continué ruta.

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San Xulian do Camiño

*enlace: Celtiberia

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A un kilómetro, aproximadamente, encontré una laguna que salvé sin mayor dificultad gracias a las piedras situadas a lo largo de la misma. Tras este obstáculo, una pista de excelente firme me condujo a San Julián del Camino. La iglesia de esta pequeña población conserva la cabecera de la primitiva construcción (x.XII) en piedra de sillería. Seguí por una carreterita que me llevó a La Pallota, núcleo de casas habitado y, torciendo a la derecha, por una corredoira descendí hasta el río Pambre.

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Amanecer en Pontecampaña

*Amanecer en Pontecampaña: Consumer

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Cruzado el río, al otro lado de la pista, dejé las casas de Pontecampaña. Ahí se encuentra el mojón 61. Realmente me parecía mentira encontrarme tan cerca del final. Pero era una realidad y hasta Santiago, mojón tras mojón, me lo fueron recordando.

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Albergue de Mato

*enlace: Los Sellos del Camino

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Subí a Casanova. Visité el Albergue habilitado en las antiguas escuelas Mato y, bajo este mismo nombre, se le conoce. Me sellaron la Credencial y seguí adelante. En mi juventud y en los largos recorridos a pie, cantábamos: Entre montes y valles un caserío está…. Es más, en mi marcha por el Camino lo había venido cantando desde que entré en tierras galaicas. Subir y bajar por valles y montañas, entre verdes praderas y frondosos bosques, y al final de este tobogán gallego, siempre una casa o varias te dan la bienvenida y se despiden hasta la próxima. Y así, Porto do Bois, y cruzado el río Porto do Bois, Campanilla. Todo ello me condujo a un cruce de carreteras.

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Decidí encaramarme, tras un largo regate, dejando entre las dos carreteras el Refugio de Laboreiro, para llegar a esta población. En el regate me situé en la provincia de La Coruña. Seguí ascendiendo hasta dominar el panorama. Ahí estaba Laboreiro, Campus Leporarius (Campo de las liebres), como lo denomina el Codex Calixtinus.

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Santa Mar�a de Leboreiro

*enlace: imágenes de Monumentos del Camino

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La Iglesia de Santa María es románica de transición: ábside de tambor, portada con archivoltas apuntadas y moldura de puntas de diamante sobre pareja de columnas. Su tímpano descansa en dos ménsulas con la escultura de la Virgen y el Niño y dos Ángeles. Cerca hay una casona de los Ulloa.

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Se conservan también algunos tramos enlosados del viejo Camino, un Crucero y un Puente Medievalrío Seco . Tras el Puente sobre el río Seco están las casas de Disicabo, junto al mojón 56. Aquí me permití salir a la carretera para aprovisionarme de agua en un Bar que se anunciaba a la entrada del poblado. En su interior me encontré con varios peregrinos, entre los que se contaban mis nietas sobre el .

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R�o Furelos

*enlace: web

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A media hora, aproximadamente, de marcha, tomé una pista que apareció a mi derecha. Pasé por el mojón 53 y en poco más de cinco minutos cruzaba por una zona de losas, junto a las márgenes del río Furelos; allí se encuentra un albergue juvenil.

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Melide

*enlace: Marcus

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Descansé unos minutos, sentado a la mesa frente a otros dos peregrinos, que degustaban unas magdalenas y un vaso de leche. Me ofrecieron, pero decliné la invitación, diciendo que yo acababa de desayunar hacía poco. Entre Furelos y Melide apenas hay separación; este último ha ido creciendo hacia el valle de Furelos por lo que, desde este punto a Melide no acierta uno a saber dónde se encuentra. Esta falsa apreciación y la dura ascensión hacen que el recorrido parezca más largo. Ya en lo alto, una flecha señalizadora del Camino me condujo a la calle principal. Aquí es desde donde comienza a apreciarse que Melide es una hermosa ciudad.

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A pesar de ser una población muy festera y de gran tránsito, tanto peatonal como motorizado, está perfectamente cuidada y atendida. Es grato deambular por sus calles, limpias y cuidadas. Conviven en perfecta simbiosis la ciudad moderna con la monumental y antigua, lo que añade un encanto más a esta población. En pocas partes se encuentran ambos términos tan armoniosamente conjuntados.

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cocedero de pulpo

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Me llamó la atención, conforme avanzaba hacia el Campo de San Roque, un grupo muy numeroso de gente en torno a un puesto callejero. Al llegar allí pude comprobar que se trataba de un cocedero de pulpo, que preparaban y aderezaban para comer en una inmensa nave llena de mesas alargadas y bancos a uno y otro lado de las mismas. Pregunté si esta actividad se debía a la celebración de algún festejo local. Me dijeron que no, que todos los días del año se hacía el pulpo a la feira y que Melide era famosa por prepararlo mejor que en ninguna otra parte de Galicia.

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Detalle del interior de San Pedro

*Vía: Exploring Melide

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Al otro lado de la calle vi una iglesia románica; se trataba de la Iglesia de San Pedro, cuya fachada es del s.XII. Una preciosidad, que no quise perderme. Nada más entrar, me di cuenta de que acababan de empezar la Santa Misa. Mi alma se inundó de gozo interior. Dejé mi mochila en un rincón, junto con mi báculo y sombrero. La camisa y pantalón estaban empapados de sudor, lo que me iba a suponer una vergüenza al ir a comulgar, pero el premio era tan grande que anuló mi vanidad y orgullo.

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San Pedro

*enlace: arteguías

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Al poco entraron mis nietas, que me animaron con su sonrisa. Después de dar gracias, me entretuve en observar la arquitectura y piedras, que esperaban una adjudicación a museo o a completar restos arqueológicos. La portada principal es una maravilla a base de cuatro arquivoltas de medio punto muy abocinadas y una moldura envolvente, muy decoradas, sobre tres parejas de columnas con capiteles de cogollos e impostas de roleos. A la izquierda de la portada se puede admirar un precioso cruceiro del s.XIV.

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Me quedaba muy poco dinero así que me detuve en un Cajero 4B y saqué lo justo para alimento y bebida.
Me hizo mucha ilusión ver que uno de los guardias urbanos paró la circulación para que cruzara. Supongo que fue una deferencia al peregrino que yo, en ese momento, representaba; también pudo ser porque me viera tan maltrecho que le inspirara lástima. En cualquier caso, fue un gesto muy bonito que agradecí con un cordial saludo. En plena Plaza, donde confluyen la carretera de Lugo a Santiago, la arteria del núcleo monumental, la calle principal y otro ramal, está el Bar Estilo, en cuyo balcón principal había un letrero: habitaciones. Entré para ver si disponían de habitación sencilla. Me dijeron que sí y no lo dudé. Subí a ella y creo que no tardé ni un minuto en meterme bajo la ducha. Me sentó de maravilla y, a continuación, hice mi colada que puse a secar en el balcón. Me cambié y fui derecho a degustar el mejor pulpo a la feira. Aunque este plato típico gallego no alcanzara la categoría que le adjudicaban, sí merecía la pena integrarse en la costumbre y conducirse al modo usual. Tuve que hacer cola para que me sirvieran. Los platos de madera eran de diversos tamaños y me preguntaron qué tamaño quería; les dije que era para mí sólo. Me dieron el tamaño pequeño y lo aderezaron con aceite, pimentón y sal gorda
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Pagué allí mismo y les rogué que me dijeran dónde podía comprar pan y vino: -Pase Ud. dentro y allí le darán todo -me respondieron. Con mi plato en la mano me introduje en la nave y busqué un hueco dónde sentarme. Los gritos alborozados de mis nietas atrajeron mi atención. Me hicieron un hueco y me dijeron que no comprara nada, porque a ellas les sobraba de todo. Efectivamente, me acercaron su cestillo de pan, la jarra de vino, además de otro plato con chorizo frito. Me hicieron feliz. Hasta ese momento apenas habíamos cruzado frases y palabras sueltas; esta fue la primera ocasión en que departimos algo más nuestras ideas e intereses comunes. Tenían prisa y se marcharon, pero me dijeron que no dejara de pasar por el Albergue; ellas se iban a hospedar en él. Me quedé a solas con un señor mayor de Melide, quien se interesó mucho por mis nietas. -¡Qué suerte tiene Ud. con sus hijas y nietas; se ve que le quieren mucho! -me dijo. Él, por su parte, no tenía tanta suerte y me contó sus desventuras familiares. Me dio mucha pena, y le tuve que abrazar y consolar, porque se echó a llorar, con tanto desconsuelo, que a mí se me partía el alma. El sol picaba de lo lindo y subí a mi cuarto. Dormiría como una hora, y a continuación me dispuse para ir al Albergue. Antes, sin embargo, me dediqué a recorrer los monumentos.

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La actual Iglesia parroquial conserva la Capilla antigua (1396), cubierta con bóveda estrellada y con magníficos sepulcros del s.XV. En el altar mayor preside la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Es en recuerdo del fundador del Hospital de Sancti Spiritus, D. Segade Bugueiro, Arzobispo de México. El Hospital linda con la Parroquial.

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Museo Melide

*Museo da Terra

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Me indicaron que no dejara de visitar el Museo, instalado en la Casa Consistorial, Pazo y Concello de Melide. Estaba cerrado por lo que bajé al Albergue. Más tarde continuaría mi visita turística. Sentadas a la entrada del Albergue descansaban mis niñas; se admiraban de que yo siguiera caminando y no diera muestras de agotamiento. Entré para que me sellaran la Credencial y esperé a que una señora italiana dejara libre a la hospitalera. Me preguntó ésta si iba a quedarme; le dije que había alquilado una habitación en Bar Estilo, porque las noches anteriores de Sarria y Palas me fue imposible dormir. Necesitaba llegar a Santiago si no con las fuerzas de un joven, por lo menos con las de poder abrazar al Apóstol. Yo ya no tenía la fuerza de los jóvenes del año 48, que estuvieron casi diez días sin dormir. La italiana, al oírme nombrar la Peregrinación del 48, me dijo que le era muy importante hablar conmigo. Estaba haciendo un reportaje sobre el Camino de Santiago y le habían informado de que se iba a cumplir el 50 Aniversario de una magna peregrinación de la Juventud de Acción Católica a Santiago. Estaría sumamente agradecida si yo pudiera facilitarle datos de ese acontecimiento. Le dije que, con mucho gusto y pasamos a un hall donde nos acomodamos para la entrevista. Lo primero fue presentarnos: ella se llamaba Mariafrancesca Olivieri, vivía en Roma y me pidió que la llamara Franca. Yo le di mis datos y, a la recíproca, le dije que podía llamarme Juanjo; como le resultaba muy difícil la pronunciación decidió, si se lo permitía, llamarme Giovanni.

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La hice una breve reseña tanto de la figura de Manolo Aparici como de lo que recordaba de la Peregrinación. Además, prometí mandarle todos los datos a finales de año o primeros del 98. Al saber que yo era publicitario me habló de su hija, que era pintora y que hacía, con una nueva técnica, dibujos y retratos que a ella le parecían maravillosos. Como yo era entendido, le gustaría enseñarme algunos de los dibujos de su hija, para que le diera mi opinión. La dije que ahora iba a visitar el Museo de Terra de Melide y que luego podíamos quedar en la terraza del Bar Estilo y tomar una birra. Insistió en que me acompañaría, porque a ella le interesaba mucho todo lo relacionado con la historia y el arte.

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Museo da Terra

*enlace: Muga

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Fuimos juntos al Pazo-Concello, que ya estaba abierto, e hicimos una visita cultural. Muy interesante y muy bien catalogado; es recomendable su visita. Al salir, ella se dirigió a la casa donde se hospedaba, para recoger los trabajos de su hija. En un cuarto de hora estaría en el bar Estilo. Ocupé una de las mesas de la terraza del Bar y esperé, tomándome una cerveza; enseguida vino Franca con una carpeta. Le pareció espléndida la idea de sentarnos en ese lugar. Pidió un Bitter Kas y hablamos de todo un poco. Los trabajos de su hija me parecieron bastante buenos y me dieron pie para decirle que su hija tenía una gran vena artística; que la cuidara y trabajara, porque podría llegar a ser famosa.

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Santa MarÃa

*enlace: Románico

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Como yo tenía mucho interés en visitar la Iglesia de Santa María, que una buena señora me dijo que era muy importante, porque gente entendida decían que, además de ser muy antigua, tenía pinturas de más de cien años y que decían que eran como las que estaban en la capilla justina (?) de Roma. La Iglesia está a poco más de un kilómetro abajo, ya en la salida de Melide.

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Al pasar de nuevo por el Albergue, vi que aún seguían sentadas algunas de mis nietas; les dije que iba a ver, si aún estaba abierta, la Iglesia de Santa María. Poco más o menos me dijeron que estaba loco; bajar para luego tener que subir un kilómetro. Les manifesté que no tenía inconveniente en que me acompañaran. Se echaron a reír y me dijeron: Buen Camino.

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Iglesia de Santa Mar�a

*enlace: Imágenes del Camino

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Estaba cerrada y la llave la tenían en una casa blanca, que estaba al otro lado de la carretera. Crucé y no tuve la suerte de encontrar la persona encargada. Me dijeron que era más seguro buscarla mañana, ya que tenía que pasar por allí para continuar el Camino. De todas formas hice un examen desde el exterior. Es románica del s.XII, con dos portadas muy decoradas; la meridional de dos arquivoltas sobre dos parejas de columnas y tímpano liso; la occidental, de tres arquivoltas sobre tres parejas de columnas con capiteles historiados y tímpano también liso.

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De regreso a la Fonda paseé por calles y callejas. En una de estas, sin salida, había una Chocolatería. Me hizo ilusión y me acerqué. Pregunté si el chocolate se podía tomar con churros; se quedaron dudando un momento y me dijeron que sí, pero que tendría que esperar una media hora para hacerlos. Mientras, seguí dando una vuelta y vi anunciada una Exposición de óleos de un pintor novel. Estaba patrocinado por la Xunta y el Ayuntamiento. Lo visité despacio, ya que no tenía prisa, y charlé un buen rato con el pintor: José Manuel Quiño y Rodríguez. Me dio su tarjeta y se mostró muy agradecido por mi visita y conversación. Le animé para que no cejara en su empeño y vería cómo acababa en el Catálogo de Pintores españoles. Cuando llegué a la Chocolatería aún tuve que esperar un buen rato. Pidieron disculpas, alegando que hacer la masa y preparar todo llevaba su tiempo. Les dije que no se preocuparan y que mejor me sabría. Los churros no fueron una gran cosa, pero el detalle de hacerlos solamente para mí ya merecía un diez. El chocolate, en cambio, me supo a gloria y esta colación me sirvió de cena.

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A las 22,45 me retiré a dormir. La plaza y las calles estaban llenas de gente, pero paseaban y disfrutaban del fresco de la noche de forma civilizada. Pude dormir a gusto.

– Diario de JUANJO ALONSO, Agosto 1997 –

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7 Respuestas a “(29) Etapa vigesimonovena: PALAS DE REI – RIBADISO (Camino Francés a Santiago)

  1. HE VISITADO EL ALBERGUE DE MELIDE EN CONSUMER Y NO ES MUY ALENTADOR LO QUE AHÍ SE DICE DE ÉL… JESÚS!!!

    Fecha: 21/03/2008
    Autor: gambaalbal(arroba)ono.com

    Hola pasamos el dia de nochebuena en este albergue, quitando de lo amable que es la hospitalera, el albergue esta muy mal. Por fuera parece otra cosa pero cuando entras dentro tu cara te cambia, las pareces sucias, telarañas por los rincones, los aseos a parte de quedarte helada del frio que hacia no estaban limpios, paramos aqui por el famoso pulpo, que es por lo unico que vale hacer el esfuerzo de parar en este lugar. Podrian mejorarlo dandole una mano de pintura y una buena limpieza. Fue el albergue peor en el que pase las navidades.

    Fecha: 26/09/2007
    Autor: mancito(arroba)terra.es

    Dormí allí la noche del 19/09/2007. Para la sencillez del camino, casi cualquier cosa se agradece; poder dormir o ducharte con agua caliente o poder lavar… Pero sí es cierto que este albergue, comparado con otros públicos del camino francés no está bien. El trato que nos dieron fue amable, pero a cierta gente le incomoda tener que usar duchas mixtas, sin puerta (lo comprendo), además de estar bastante viejo y poco limpio en general. Si podéis planificar la etapa para no cogerlo, mejor. A favor de dormir en Melide, la ciudad ofrece de todo lo que necesites y sobre todo el Pulpo de Ezequiel. ;)

    Fecha: 12/08/2007
    Autor: alles.26(arroba)gmail.com

    Mi experiencia ha sido muy buena en este Camino de Santiago, hasta que he llegado a Galicia. En Cebreiro, un grupo de Italianos reservaron cama para la gente de su grupo que todavía no había llegado allí, y los que allí estabamos nos dijeron que no había plaza. Ayer, en Portomarín, la “hospitalera” reservo camas para un grupo de unos 20 peregrinos Italianos, que venían de una congregación, diciendo a las personas que no había plazas, y luego veías como ellos entraban. Y hoy en Palas de rey, resulta que en el albergue del centro del pueblo, Ha vuelto a suceder lo mismo, con la diferencia de que la hospitalera a menospreciado a las personas que allí estabamos, diciendo que no heramos peregrinos, que lo sería mos una vez que se tuviera que pagar. No se aquíen hacer la reclamación, pero si no me equivoco, en los albergues públicos no se puede reservar. ¿O es que hay peregrinos de 1ª y de 2ª? O es que eres mejor peregrino si vas acompañado de Unas Religiosas? ¿Donde puedo poner una reclamación formal para que estas injusticias sigan pasando?

    Fecha: 01/05/2007
    Autor: olga112(arroba)yahoo.es

    Yo hice el camino en el año 2005 y no puedo decir nada bueno de este sitio. Cuando llegamos el grupo la hospitalera no estaba, estubimos un rato esperando y cuando llegó tenía unos aires que parecía que le molestabamos. Las habitaciones estaban a reventar, había que colocar la colchoneta mugrienta en un minimo hueco. Y los baños lo peor, mugre de meses, las duchas son comunes, las mujeres esperamos a ultima hora a ducharnos tranquilas, pero casualidad que llego un grupo de chavales de un colegio y el ridiculo fue fino, todos alli en bolas y encima te metian prisa para que acabaras cuanto antes. En fin, nada recomendable la experiencia.

    Y ASÍ HASTA 59 COMENTARIOS MÁS…

  2. ME LLAMA LA ATENCIÓN UNA IMAGEN FANTÁSTICA… HAY OTRAS Y ES UN NUEVO HALLAZGO: DIARIO DE BICIGRINO…FERNANDO Y LARA

    Me levanto sobre las siete y media para salir con un día gris y lluvioso pasadas las ocho. Paro en el primer café que veo en la calle principal de Palas de Rei para tomar fuerzas. Y continuo con los toboganes gallegos entre la llovizna y las calles llenas de cagadas de vacas. El día transcurre normal, y como viene siendo habitual la incertidumbre de encontrar un sitio para comer aunque finalmente lo encuentro. El menú no me convence por lo que tomo un plato combinado. Sigo camino ya bastante cansado hacia el Monte de Gozo donde sin entrar en Santiago tengo pensado terminar hoy la etapa. Las constantes subidas y bajadas machacan el cuerpo y llegar al Monte de Gozo parece una meta imposible. Al final tras una pequeña bajada aparece el albergue o complejo donde pasare la noche. Al igual que ayer me indican mal y tengo que bajar una buena tanda de metros para volver a subir al albergue. Si no fuera por que las personas cuidamos bastante mal lo que nos ofrecen este albergue estaría muy bien, me refiero sobre todo a los baños. Me ducho para volver a recuperar la tranquilidad de saber que casi está cumplida la meta. Curiosamente aquí es donde me mojo de verdad cuando estoy bajando para tratar de coger el autobús que va para Santiago. Pierdo el autobús y encima me calo hasta los huesos por lo que termino tomando una cerveza y un sándwich en el propio complejo.

    t

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  4. ‘LA FLECHA AMARILLA’ (1998)
    SUSO DE TORO

    Salimos de Palas de Rei y aún leemos en una puerta un cartel gastado de ‘Festival Rock do Camiño’, hay para todos.
    Antes de llegar a Leboreiro aparecen ostensiblemente los cultivos de eucaliptus que han invadido todo el norte y el occidente de Galicia. El Camino aquí es un tramo de una vieja vía romana y luego medieval. Cerca de la pequeña y antigua iglesia parroquial, en la fachada de un antiguo hospital de peregrinos, un letrero en hierro, ‘Ruta xubilea’. Tendrá sus veintialgo años, cuando aún no había una denominación de marca, a caballo entre la ruta espiritual y la cultural y la vía de peregrinación tutelada por la iglesia de Roma. Salimos por un puente pequeño y muy hermoso.
    En el Ayuntamiento de Melide en medio del Camino han construido un polígono industrial, de modo que aquí los peregrinos deben atravesar por las traseras y las fachadas de naves industriales. Sin comentarios. Quizá lo peor sea que a un lado han levantado una especie de menhir con una placa de bronce a mayor gloria de si mismos una orden fantasma, los llamados Caballeros y Damas del Camino de Santiago. En la placa figuran el ‘Consejo de la Orden’ y las ‘damas y caballeros’, en cabeza está el alcalde de la localidad y numerosos cargos públicos del partido actualmente gobernante en Galicia. Una caricatura esperpéntica de lo que fueron las órdenes de caballerías y el interés por el Camino.
    Junto a este fatuo monumento está otro más pequeño a Miguel Ángel Blanco Garrido, el concejal del PP del pueblo de Ermua asesinado por ETA que conmovió al País Vasco y a España entera. Detrás crece uno de los arbolitos que han plantado a la orilla de este tramo y en su tronco la gente al pasar ató bolsas de plástico de colores, cuerdas, papeles… en memoria del joven. Nuevos mitos, nuevos ritos. Sin embargo, vista la mezquindad contigua, uno no puede dejar de pensar también en lo que habrá de explotación política de los buenos sentimientos de las personas.
    Sobre una piedra y bajo unos árboles un montón de papeles de propaganda de un hospedaje en Santiago que anuncia su cercanía a la catedral y su almacenaje de bicicletas gratis. Al entrar en el puente de Furelos, puente bien bonito, leo por dentro de una flecha amarilla: ‘Animo. Km. 52,3′.
    A la entrada de Melide, una villa verdaderamente interesante y plenamente jacobea, unos peregrinos están sentados en una terraza de mesas de plástico amarillas. Nosotros, que reconocemos mejor los signos del país, nos paramos por indicación de nuestro estómago al llamado de una caldera de cobre donde se cuece el pulpo. A la derecha está Santa María con unas estupendas pinturas murales, pero ahora está cerrada, así que cruzamos la carretera al bajo del edificio, un modesto templo profano, donde ofrecen pulpo y carne con patatas. Es de estilo gallego moderno, o sea ladrillo al aire o cemento, los asientos y las mesas son bancos de madera comos de los puestos al aire libre.
    Encargamos unas raciones y le preguntamos al camarero, un hombre no muy guapo con risa algo canalla, si los peregrinos comen pulpo y nos contesta que desde las doce y media llevan despachando pulpo a los peregrinos. Repaso el comedor y sólo veo una pareja de coloridos ciclistas entre el paisanaje. ¿Y traen dinero para pagar? Se ríe, ‘aquí como todos, desde las minas de Kentucky y al sol de California’.
    Mientras comemos el pulpo y el pan y bebemos vino tinto, el camarero deambula de mesa en mesa cantando con voz de cuervo como un crooner bronco. Ahora hace gestos obscenos riendo delante de una mesa con varios hombres y mujeres. Este es un restaurante con atracciones. El alma dionisíaca de mi tierra. Un paisano mayor en la mesa de enfrente como el pulpo acompañándolo con una Fanta, le habrá quitado el vino el médico.
    Al pagar vemos que tienen a disposición del peregrino un cuño, nos cuñamos las libretas con el emblema de la pulpería.
    En el centro de la villa está el edificio que fue hospital de peregrinos, su iglesia es hoy parroquial. La encontramos adornada para la fiesta de San Pedro con una gran guirnalda de alambre y bombillas de colores que representa la tiara de San Pedro. Muy cerca un bajo en rehabilitación donde anuncian la próxima apertura del museo etnográfico Tierra de Melide.
    Saliendo entre altos eucaliptus y algún bonito paso de piedras, pasales, sobre el río, encontramos a una expedición de boy scouts, muchachos y muchachas de entre doce y catorce años al cuidado de algunos adultos. Son italianos, de Verona nuevamente. Unos colombianos que estudian en Barcelona han hecho un alto para llamar desde una cabina en esta pequeña aldea. Las nacionalidades se encuentran a lo largo de todo el Camino.
    Llegamos a Ribadiso, uno de los mejores y mejor rehabilitados albergues y en uno de los lugares más agradables, al lado de un río muy apto para refrescase. Atravesamos un puente donde una mujer mayor sostiene una caña de pescar fuera de temporada y cree ver truchas donde hay piedras. La mujer conversa con una joven peregrina en el lenguaje internacional de los gestos, palabras sueltas y buenas intenciones que da lugar a confusiones, como que esta joven crea que habla con una lugareña común cuando en realidad la señora aparenta algún tipo de extravío.
    Un peregrino sentado en el borde de hierba con los pies en el agua del río está en algún lugar dentro de sí, quizá no aquí, quizá no ahora.
    Dentro, unos jóvenes vascos están decepcionados por la actitud de la persona encargada, están acostumbrados al trato desinteresado de los hospitaleros fuera de Galicia. Se quejan de que quisieran descansar sobre las camas de los dormitorios para poder seguir luego hasta otro albergue, la persona encargada les dice que si no se anotan a dormir en éste no les abre porque luego tiene que volver a recoger todo para los que vengan a dormir. Uno entiende el choque de estos jóvenes que han tratado antes con hospitaleros voluntarios con la cultura más funcionarial de estas personas que actúan como las encargadas y empleadas que son. Sin embargo tampoco deja de ver la razón que tiene la encargada; al fin y al cabo, lo que les arguye es cierto y hoy es un día soleado, hay sombras y la hierba está blanda y amable. Además, el albergue como todos en Galicia es gratuito.
    Por otro lado hay el factor de embrutecimiento que ha sido el Xacobeo, que fue cuando se abrieron estos albergues y cuando aprendieron su trabajo estas personas. Los jóvenes se quejan de que en la cocina, inmaculada, no hay cacharros, la respuesta es que se inaguró con todo tipo de platos y cacerolas y se lo llevaron todo.
    Sale la llamada de un teléfono móvil desde la mochila de una bicicleta arrimada a un muro, nadie se acerca.
    En el tablón hay propaganda de cafeterías de la cercana villa de Arzúa y una gran foto de una joven desaparecida el 25 de junio en un pueblo castellano.
    Dos jóvenes ciclistas con maillots y aditamentos de colores chillones descansan estirados en la hierba, comentan entre ellos las dificultades técnicas de la jornada, las cuestas, los repechos, el firme, las velocidades que han hecho… En su conversación no salen los lugares que han atravesado. Me reafirma en que la bicicleta no permite vivir adecuadamente el Camino, Eso sí, es mucho más rápida; más rápido aún es el automóvil.

  5. Pingback: A Santiago fui… « Los cuadernos de Yladah o el Zodiaco

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