Sus garabatos sobre ‘LA INMORTALIDAD’

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‘…Alguien dijo: es amor…
pero yo lo guardé con mis peinetas.’

CLAUDIA LARS

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VOLANDO

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… después Candela Luminosa tomó mi libro, sobre el que yo había dibujado aquel ciento de minúsculas líneas que no sé bien si tenían vocación de soles o de gaviotas y se dispuso a mostrarnos sus firmas, la actual, la antigua, la que era como un rayo y luego una mujer. Entonces a mí se me ocurrió leer de nuevo las líneas bajo las cuales Candela garabateaba con el lápiz.

‘Cuando le quitaron el sujetador, se cogió los pechos con las manos, intentando cubrirlos con las palmas…’

La mujer que tañe el laud había subido a una habitación de hotel con su amante y su amigo M. Y me asusté. Llevada por un pudor desconocido pensé en tapar con mi mano las letras para que ella no pudiera leerlas pero luego me dije que eso sólo haría aumentar su curiosidad y sería peor, así que dejé que terminara su labor confiando en que Candela no veía allí más que parte de una hoja en blanco, aunque en ese minuto no caí en la cuenta de la tremenda casualidad que era… No relacioné a Marcos y a Jorge (dos niños de su misma clase) y lo que acababa de empezar a contarme que había sucedido en la biblioteca… con el párrafo precedente.

Luego buscó otra hoja que estuviera libre de palabras y se dispuso a…

– No hagas eso Candela. ¿No ves que es un libro? -dijo su padre-.

– No – contesté yo firme-. Déjala que lo haga. Es mi libro y a mí no me importa.

– Bueno, hazlo si quieres… es el libro de María – continuó él sonriendo casi más para sí que para nosotras o tal vez más conmigo, en privado, comulgando de mi secreto… quizás recordando algo que mencioné en mi diario íntimo hará como cosa de un mes

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enlazado en: De los secretos y lazos de lo invisible


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Una respuesta a “Sus garabatos sobre ‘LA INMORTALIDAD’

  1. Dibujo De La Fuga (ii)

    Su puerta
    -arco de almíbar y de sal menuda-
    abre el tiempo de blusas uniformes
    debajo del almendro y la campana.

    Creció mi corazón
    como una flor esquiva por mi sangre,
    sufriendo la indagante compañía,
    un delicado miedo y la nostalgia.

    Alguien dijo: es amor…
    pero yo lo guardé con mis peinetas.
    En música inicial, en largas noches
    le dormí como a niño que amenaza.

    Ella nada sabía.
    Se apoyaba en mi dicha sin mirarla.
    Por su país esbelto
    iba el césped buscando lo que sube.

    De sus dones abiertos
    cogí el idoma fino, inmaculado.
    Venía tiernamente hasta mi libro
    con su origen de luz, con su garganta.

    Tal mi golpe de vida:
    solo…a la orilla extraña de los nombres.
    ¿Quién dibujó en el muro, en el cuaderno,
    ese veloz mensaje de saetas?

    La inmensa pajarera
    y un trémulo silencio, siempre frágil.
    Su suave fuerza deteniendo ríos
    y fundando ciudades en el alma.

    Ardor de mi pureza.
    Cuna de fuego en pequeñez colmada.
    ¡Génesis de la abeja en mi pecho
    buscando sus dos alas!

    Claudia Lars

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