– Llamando a su puerta –

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‘… y todas aquellas cosas se hacen parte/ de aquel o de aquella que ahora las lee atentamente’

W. Whitman

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Ya no importa el motivo por el que no pude ver a Falbalá. Me fue imposible encontrar la llave de una sola taquilla dónde guardar mis cosas.

Y tampoco importa que por ello tuviera que entrar en aquella tienda de calzados (había dos en la misma planta, fue una elección), y que la dependienta fuera tan extrovertida y encantadora, y que por eso yo le explicase que necesitaba unas zapatillas con premura, para acudir a una cita muy importante; nada menos que a la Cita de mi Vida, y que Marisa (se llamaba así) al hablarle del Encuentro tan especial para el que me preparaba, se empeñase en que me llevara unas y no las otras, y que ella misma, sin que ni siquiera yo se lo pidiera, fuera tan amable de llamarme un taxi y de explicarme en qué puerta tenía que esperarlo, cuando yo me sentía más desorientada. No importa, aunque fue una suerte.

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Y lo que menos importa, visto desde aquí, es que el taxista se perdiera durante el trayecto, y que incluso me hiciera bajarme del coche a tocar el timbre de la verja de otro hotel; con los recelos que sentía yo por mi parte de que el tipo arrancase y me dejase allí tirada, mientras me dirigía a un altavoz preguntando por el camino correcto, y que luego se pensase que me quedaría tan tranquila cuando mencionase el importe de una factura que me pareció desorbitada, y que por eso me negué a pagarle, y que el asunto me enfadara (demasiadas emociones); por un lado porque siempre me gusta ser lo más puntual posible, y por su causa y no la mía me retrasaba ya unos minutos; y por el otro porque no soporto a los incompetentes que encima pretenden cobrarte a ti por su ineptitud, y creen que pueden actuar con la impunidad que les de la gana; y que entonces se decidiera a rebajarme el precio hasta que a mí me pareció lo justo, y que saliera deseándole una buena tarde pero bastante airada. Y no importa desde luego que eso fuera lo primero que Él viese de mí desde el corredor, dónde yo no hubiera sospechado que espiaba mi llegada. Aunque de saberlo, he de decir, que tampoco habría importado.

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corredor

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Y fue sólo entonces cuando vi la ‘Casa’, cuando hasta dejaron de importar los nervios que habían ido acrecentándose durante la última media hora de la tarde, y adquirieron un tamaño natural cuando vi las agradables caras de aquellos ‘paisanos de la tierra’. Porque aquí se lleva la marca de la aldea en la cara.

– Buenas tardes. ¿Creo que me están esperando en la habitación número 13? (había visto su mensaje justo al cruzar las puertas del centro comercial aunque él lo envió a las cuatro y media)

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‘La habitación obviamente es la 13 y no sabes lo que me gusta que llueva’

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– Sí, es arriba, la primera puerta a la izquierda. ¿Necesita que avisemos a la habitación por teléfono?

– No. No creo que eso sea necesario pero si me indica por dónde…

Y el buen hombre me acompañó por las escaleras arriba, escaleras que yo subía un par de pasos por delante, hasta que él casi hubiera sido capaz de tocar con su dedo la puerta de la habitación que era, y entonces volvió a bajar apurado por las escaleras como si lo que más le importase en el mundo fuera asegurarme o asegurarnos un sentimiento de intimidad. Y yo me encontraba frente a ‘La figar’.

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La higuera, árbol que en el folclore de todos los pueblos ha estado ligado a la magia, a lo hipnótico, y que es conocido por sus propiedades narcotizantes, y en quien los guaraníes siempre vieron una especie de alma o fantasma, que de cuando en cuando, produce quejidos…

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Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde…
?

F.García Lorca

‘Romance Sonámbulo’

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Y llamé con los nudillos a su puerta.

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La puerta dejó su sangre

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enlazado en: i

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4 Respuestas a “– Llamando a su puerta –

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  3. Un hombre me mira desde una cama deshecha de hotel. Acabamos de follar. Es lo único que hemos hecho. Hemos comenzado a hacerlo en cuanto yo atravieso la puerta tras la que él me espera prácticamente a oscuras

    IMAGEN DE LA ESQUINA DE LA HABITACIÓN

    Luego hablamos pero antes de eso él ya me gusta. Me gusta en cuanto me encuentro encima de él y miro sus labios, son gruesos… ’Tienes unos labios muy bonitos’… y le beso pero ya le beso yo, no sólo él a mí o nos besamos… no, le beso yo y jugueteo con mi lengua con el aro de pirata de su oreja, ¡qué morbo!, y es calvo porque se rapa el pelo y es la primera vez que estoy con un hombre así y acaricio su cabeza y entonces pienso que Su tenía razón cuando me decía que los calvos eran muy sexys… y entonces follamos y él me miente, me dice que soy la mujer más guapa con la que ha estado… y también que no vuelva a darle nunca un susto como el que le he dado … yo creo que en el fondo, los dos nos preguntamos, en algún momento, si el otro era un monstruo, esa clase de montruo que uno sólo se encuentra en el cine o en los libros.., y entonces yo me levanto desnuda de la cama y le pregunto si le importa que abra las contraventanas mientras él llama por teléfono y avisa de que al final sí que bajaremos a cenar… Voy a quedarme a dormir con él esa noche; va a ser mi primera noche con un extraño; tú ya sabes que me gusta irme y sin embargo con él, voy a quedarme, porque deseo quedarme…

    IMAGEN DE LA CAMA

    Entonces abro del todo las ventanas y me asomo al frío de esa noche y él se levanta de la cama y se asoma conmigo pero no nos tocamos, sólo miramos los dos por la ventana, desnudos, apoyados con los brazos en la madera, respirando la noche y el aire; y yo lo hago de puntillas porque el secreto de no tener frío en invierno en el Norte, -le digo- es estarse de puntillas… y es ahí, justo en esa ventana, cuándo sucede algo, a mí, algo por dentro pero no sé qué es, sólo que me gusta que ese hombre, que no es más alto que yo, contemple desnudo y descalzo a mi lado la noche conmigo.

    Luego él se ducha y yo no lo hago. Y puede que a él esto le parezca extraño pero no lo hago; no me siento sucia, me siento limpia como cuando hago deporte y sudo y sé que sudo limpio, y me siento muy a gusto con su olor encima meciéndose con mi olor … yo tengo algo con los olores, incluso con los míos y no algo necesariamente bueno … pero a mí me gusta oler, o me disgusta, me disgusta hasta la nausea; así que me calzo un vestido largo (esa mujer, esa criada que está arrodillada sobre el cofre en el cuadro de Tiziano, busca un calzado apropiado para las vestiduras) y me lo calzo sin ropa interior… sólo somos ese hombre y yo en mi cuerpo, su olor y mi olor; aunque sí que abro un paquete de medias delante suyo y me las ajusto. ¿Qué es eso? Nada, unas medias con liga incorporada. Y ahora recuerdo y sonrío, y me muerdo el labio con intención mientras sonrío… Y luego cuando subimos él vuelve al baño, otra ducha, y cepillado de dientes y adios a las lentillas y yo le espero aún vestida en la ventana, dada la vuelta y mirando hacia él

    ’Sabía que me ibas a gustar mucho pero no tanto’ -me dice mientras vuelve a acariciarme y a besarme como antes, más que antes, mucho mejor que antes. Entonces sí, yo le dejo unos minutos y es mi turno en el baño pero no me ducho, ni siquiera se me pasa por la cabeza la idea de echarme un agua… no lo necesito, sigo sintiéndome limpia y me gusta mi olor de esa noche, me gusta lo que me trasmite la mezcla de nuestros olores juntos; así que cepillado de dientes y adiós lentillas… y regreso a su lado, él ya me espera desnudo en la cama y evidentemente es mucho más aseado que yo pero no importa… eso importa para la convivencia en la vida pero no importa para una noche, si todo va bien en esa noche… y nos ’colocamos’ juntos. Es mi primera experiencia con la maría…

  4. Son Puertas que se abren, simplemente y luego ya no tienen marcha atrás… ese cinturón de castidad que no tiene vuelta de hoja porque no existía una llave y no quedó otro remedio que el de desgarrar el hierro o la hojalata, una fina lámina de acero recubierta de estaño por las dos caras, un cinturón de castidad que se queda inservible para siempre pero que Libera la Pureza, como aquello del ’’Amor Azul’’… tampoco ahí sabe de lo que le hablo porque cree que percibo el Amor en colores o que se los presupongo pero es que todavía no le he hablado del momento más Importante de mi vida. De ese momento del que sí le hablé a aquel Amante que me miraba profundamente interesado a los Ojos y que después de contárselo, mientras me Abrazaba, Comprendía… Te habría gustado compartirlo con alguien, ¿verdad que sí? Yo creo que me enamoré de él en aquel minuto. Entre esa pregunta y el siguiente ’Lo Sé’ que pronunció… Un hombre que podía comprender el sentimiento así, de esa forma conmovedora, o la conmoción, o al que yo sentía que podía llegarle con aquella pasmosa facilidad. Sin tener que hacer nada. Sólo permanecer fiel a mí misma… Primero fue la cabeza, me dijo. Primero me gustastes por lo que había dentro de ella, por lo esencial y luego quise conocer tu Cuerpo y saber si eran lo mismo…
    La Sirena otra vez, siempre la Sirena, la figura de esa Mujer tras la que el sexo sólo es el parlamento incial de la obra… Esa promesa… El problema es que yo oí las campanas. No tuve que hacer nada especial. Las oí buscando otra cosa, siguiendo una pista falsa. Desorientándome, cerrando los ojos, dejándome Engañar… pero …

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