– De cómo me camuflé y cómo tomé contacto –

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Hoy explico como he llegado hasta aquí.

A principios de mayo sucede que le veo. Llevamos cerca de dos años sin hablarnos, aunque fui yo sola la que tomó esa decisión. Por el momento no deseo profundizar en ello. Él se encuentra con su familia en un espacio abierto, a unos kilómetros de nuestra ciudad. En la carretera su mujer adelanta el coche en el que yo voy. Ese hecho imprevisto me sacude y me sorprende. Creo saber a donde se dirigen. Por eso me dejo ver, quizás por eso él me sigue. Y con ese gesto me demuestra que no le soy indiferente.

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Satanas de Mario Mendoza

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Entonces, hay una primera tarde de últimos de mayo en la que me atrevo a sentarme con ‘Satanas’, pero el de Mario Mendoza, bajo el roble del parque que él frecuenta. Él me mira, se muestra interesado. Yo sólo hago que leo, y cuando intuyo que trata de acercarse a mí huyo. Aquella noche sueño. En sueños siento que él clama por mi alma, me llama, oigo su voz, es un lamento, me pide que no lo deje solo, dice que se ahoga, me recuerda mis promesas. Podrá resultar melodramático, podrá experimentarse como tragicómico, no lo discuto. Pero fue así.

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Fue un sueño tan real que me levanté empapada en lágrimas y sudor. Me besabas febril y decías que me llamarías… era lo mismo que sucedió en tu consulta hace dos años pero después de vernos esa tarde en el parque. Viajaste a mi sueño para decirme que me querías, que no soportabas este alejamiento forzado, que me necesitas, que sin mí tu vida ya no tiene sentido… que no me marche así de airada cada vez que apareces y tus ojos se van a encontrar conmigo. ¡Ay doctor! Me desperté llorando y empapada en lágrimas porque fue un sueño tan real que te creí…

fragmento de aquel diario

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El lugar de contacto, el escenario, tendrá que ser ese parquecillo urbano y yo me sitúo en él. Comienzo a frecuentarlo armada con mi cámara fotográfica, con la suerte de que Camila, una pequeña a quien conozco desde hace algunos años, desde que era casi un bebé, también acude allí con su abuelo Amadeo. Me apoyo en ellos. Los dos encantados. Para ellos soy una persona grata, algún favor les he hecho. Cuidar de esa niña, por ejemplo, o jugar con ella. Y aunque demasiado solitaria, en esas circunstancias procuro que el entorno me asimile como social. Actúo con familiaridad; y es cierto, les estoy utilizando como si fueran un comodín. No finjo amabilidad pero en este caso mi amabilidad es ensayada.

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mujer árbol de Stefano Morri

STEFANO MORRI

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Y un día, tomándole unas fotos a Camila se presenta Candela, que juega en ese parque y que es la hija del hombre que amo, o del hombre que amé… Ella no me recordaba pero yo voy a llamarla por su nombre. Quizás ese detalle es el que le hace experimentar confianza. Detalle que los padres deberían valorar a la hora de educar a sus hijos en relación al trato con los extraños. Candela miraba como le tomaba fotografías a Camila. Y Camila se divertía tanto, exteriorizándolo risueñamente, balanceándose en los columpios y posando para mí en acrobacias, que Candela lo que estaba sintiendo en ese momento era franca envidia que su carita reflejaba. Entonces fue cuando pronunciando su nombre la animé a unírsenos y ella encantada también posó y la retraté… ya no me olvidaría. Y fue así…

De hecho, recuerdo que en algún instante después me preguntó por qué motivo conocía su nombre. Ella no obvió el detalle. Le dije la verdad: que en alguna ocasión la había visto estando con sus padres, que los había escuchado llamarla, y que por esa razón lo conocía. La respuesta pareció ser de su agrado y me dijo lo siguiente: ‘¡Ah! Si eres amiga de mis padres sabes donde vivo.’

– No, no -la saqué del error-. No soy amiga de tus padres. Sólo frecuentábamos la misma cafetería y por eso lo sé.

Candela, inexorable como es, quería tener esas fotografías como fuera, y me pedía que se las llevara a su casa. ¡Niños! No sé si somos del todo conscientes del peligro potencial que entraña su inocencia. Al asegurarle, yo, que no podía hacer eso de ningún modo, me espetó, sin que me diera tiempo a evitarlo, su nombre, apellidos y dirección. Me asustó, y recuerdo que a continuación le dije que no debía volver a hacer eso bajo ningún concepto. ¿Por qué? -me preguntó. Porque soy una desconocida y a los desconocidos no debes facilitarles ese tipo de información personal. ¿No te han enseñado eso tus padres? Es peligroso. ‘Pero tú les conoces a ellos y sabes mi nombre.’ Esa fue su lógica respuesta.

– Muy bien, yo te conozco y sé tu nombre. Pero prométeme, por favor, que no volverás a tratar a ningún extraño como me has tratado a mí.

Lo hizo. Y yo a cambio le prometí que ella tendría esas fotografías; porque cualquier tarde, me dejaría ver por el parque y las llevaría conmigo.

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enlazado en: De los secretos y lazos de lo invisible…

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4 Respuestas a “– De cómo me camuflé y cómo tomé contacto –

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