La Sal y esa superstición de que derramarla provoca llanto y mala suerte…

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¿En qué lugar nos alzamos a implorar la sal ?

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Mina de Sal

© Xavier Rodrígez

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Estaba con unos amigos, hoy, cuando Ella me lo preguntó. Pero tú no eres supersticiosa, ¿verdad? En cierta forma lo soy -le dije- pero de una manera rebelde. Es decir, si veo una escalera, en vez de evitarla, desafío a la suerte pasando justo por debajo de ella. Y si un gato negro se cruza en mi camino… lo más probable es que entonces decida que la buena dirección es la que sigue él y no la que seguía yo… Pero con la Sal, no lo puedo evitar. Si tengo un tropiezo con ella… quieras que no, dos buenas pizcas me caen por detrás de los hombros, seguro. Ahora bien, no me genera ninguna duda de dónde procede, lo que llamaré tic supersticioso inevitable, de mi madre, por supuesto, que me amargó la infancia, y aún seguiría si mi cerebro no pensara, con todas sus ignorancias y sus miedos. Es que lo de mi madre es grave. Pero grave.

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Y es que conocer la historia de la sal es determinante para entender su vital importancia, y el por qué en tantos casos… incluso ha llegado a significar la muerte, es decir de donde proviene su leyenda negra (en un tiempo fue ‘salario’, imaginémonos lo que podía significar derramarla: la miseria). Y es que como dicen: Cuando el río suena, agua lleva’. Pero no por embates sobrenaturales del destino. Seamos serios, que lo crucial fueron y son las corrientes, las marinas se sobrentiende… Entonces, para muestra un botón y aquí dejo unos fragmentos...

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‘El aire frío y seco evapora el agua del mar. Pero la Sal no se evapora. Permanece. Lo que la hace que el agua que queda sea más salada y se hunda por su peso más profunda en el océano. Entonces se arrastra más agua del sur. El agua cálida del Ecuador se mueve hacia el Norte. Esas corrientes marinas son como una gran cinta transportadora. Y la temperatura del agua aumenta. Fue hace 18.000 años. Cuando sucedió aquel cambio drástico del clima. El deshielo masivo. El hielo que cubría gran parte de Europa desapareció y los pobladores de ese Sur vieron como su comida se desplazaba hacia el Norte. (…)’

‘La Sal era una roca, pues, muy solicitada. Y los fenicios, los pobladores de las montañas del Líbano, hace 3000 años no hicieron fortuna con la agricultura, sino con la Sal. Aunque yo desde luego no pienso entrar en el terreno escabroso de cómo se formaron esas montañas; a pesar de que también sobre eso he tomado algunos apuntes. Así que dejemos correr los asuntos del Mar de Tetis y ”esas consecuencias”, que derivaron de aquel dramático choque geológico entre las placas…’

Curiosidades o pequeña historia de la Sal de la Tierra

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¿En qué lugar nos alzamos
a implorar la sal ?

La sal para surcar la senda
oblicua de la noche y no perderse,
la sal para encender la sed
del mundo y volver a convocar
la lluvia, esa sal que nos abandona
con cada parpadeo,
la sal de todos los ojos
y todas las estatuas,
la sal sin mesura,
repartida, multiplicada
para resucitar este pan reseco
de palabras, estas espigas
condenadas antes de asomar.

SERGIO LARRAIN

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3 Respuestas a “La Sal y esa superstición de que derramarla provoca llanto y mala suerte…

  1. Entonces el tic inevitable de esas pizquitas arrojadas por detrás de los hombros… pudo ser en algún tiempo algo así como una ofrenda. Pregunto…

    Yo no la tiro porque luego hay que ir a por la escoba y no veas lo que me aborrece ;)

  2. La sal es un elemento de la tierra, un compuesto de sodio que desde la antigüedad se ha considerado protectora frente a los maleficio y portadora de buena suerte. Puede que esta superstición esté relacionada con la importancia de la sal como conservante de alimentos (salazón…) Además la sal simboliza la alianza del hombre con la divinidad. Este último aspecto queda destacado en la Biblia (Lev. 2, 13).

    Se cree que cuando hay sal en una casa siempre habrá dinero y si se echaba sal en los rincones de las cuadras el día primero de abril se evitaban las enfermedades del ganado.

    Como amuleto la sal se utilizaba en rituales dibujando un círculo de sal alrededor de aquel que deseaba protegerse contra el diablo. Este círculo era llamado “círculo mágico”.

    Para contrarrestar el mal de ojo se bañaban en agua con sal las plantas de los pies y las palmas de la mano tres veces, se bebía tres sorbos del agua salda y después se echaba al fuego lo que quedaba de dicha agua.

    Hay sin embargo un remedio para conjurar la mala suerte: echar una pizca de sal por encima del hombro izquierdo, porque de este modo se ciega al diablo y a los malos espíritus, o tirar agua por la ventana.

    Era costumbre echar sal al fuego cuando entraba en casa una persona sospechosa de dedicarse a la hechicería. También se evitaban las visitas de alguien indeseable echando sal donde había estado, recogiéndola y quemándola después. Otro remedio utilizado era echar sal en el umbral después de su partida.

    Se creía que poniendo un plato con sal debajo de la cama de un enfermo ésta absorbía el mal y protegía contra la enfermedad.

    Para evitar que un niño sin bautizar fuera objeto de hechicerías se ataba a sus ropas un saquito con un poco de sal cuando se le ponía a dormir en su cuna.

    Es de mal agüero derramar de forma involuntaria la sal o que se caiga un salero: el responsable de ese fatal descuido verterá tantas lágrimas como granos de sal se hayan desperdigado. Pretenden algunos que esta creencia procede de la Última Cena, en la que Cristo cometió tal torpeza.

    El refranero nos lo dice: “Derramar el vino es buena señal, pero no la sal”; “Si se vierte el salero, faltará la razón, pero no el agüero”; “Verterse el vino es buen sino, derramarse la sal, mala señal”.

    Quién pisa la sal derramada tendrá disgustos y si se trata de alguien que va a casarse pronto, no cumplirá este propósito. Aquel que persiga quebrantar la felicidad de unos recién casados le basta con echar sal en el lecho nupcial.

  3. Pues sí, tu madre vive justo con todas estas cosas y qué terrible debe ser vivir así… Cómo no va a sentirse siempre tan desgraciada. A ver si la curas tía. Porque si no… ni sabrá nunca lo que era la felicidad.

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