– FUEGO – (diario amoroso 1934 – 1937) – ANAÏS NIN –

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Fuego. ¿Por qué estaba en esa estantería de la que lo tomé? Había regresado. Mi abuela lo devoró. Yo todavía no lo he leído. Me lo compré porque un poeta deliraba cuando me hablaba de que lo tenía entre sus manos… Un año más tarde. Seguía sin leerlo… estaba en la habitación de un amante que esperaba por mí, en la penumbra de esa habitación, sobre la mesilla de noche. Era con lo que hacía boca esperándome… Aquel desconocido cuya polla se arrugó… Pero mi abuela lo devoró y tuve que llevarle todos sus diarios; tenía tres o cuatro por aquí, más ocultos, unos que compré en una feria del libro, en paquetes sorpresa y que me alegraron, cuando los descubrí, porque me recordaron a Lucía, que aprendió a masturbarse -o eso nos contó- leyendo a Anaïs Nin… Fue hace 22 años. Lo de los paquetes sorpresa. No sé entonces por qué no los leí. Hoy lo abro. Por el día de hoy. De un año. Ni siquiera sé todavía cuantos años hay en el diario. Voy a por un café. Enciendo un cigarrillo… Y recuerdo haber echo otra vez lo mismo. Por aquel amante, transcribir un fragmento en mi diario.. Pero leo y pienso que lo que dice… guarda mucha relación con mi antigua yo. O quizás con ésta. No sé si es resignación. Creo que no. Tampoco lo creo, creo que, sencillamente, basarlo Todo en los hombres no conduce, de ningún modo, al Absoluto. Imposible. Pero me gusta que le haya devuelto a mi abuela la pasión por la lectura. Ahora, la tengo leyendo ‘El segundo sexo’ de Beauvoir. Las compagina a las dos, y eso con Sabato, y con Houellebcq (dijo que Krishnamurti planteaba demasiadas preguntas y que mejor que no…), y es más feliz que antes. Devorando libros…

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Fuego portada del diario de Anaïs Nin

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11 de mayo de 1935

Park Avenue 7. Apartamento 61. Mesa bañada por el sol. Ruido de tráfico en la calle 34. Tranquilamente, mientras tomo el sol, copio en el diario la última nota de Huck: <<gracias por tus cartas. Yo no podía escribir. Todo duele tanto. No sé cuando o cómo terminará>>. Copio esto tranquilamente, como si hiciera mucho tiempo de todo esto. Sólo echo de menos a Huck, aguda y profundamente, como alguien con quien hablar. Pero no física o humanamente. Sólo aquel entendimiento divino, aquella sensibilidad y clarividencia únicas, tan a tono con mi mente. Pero las aventuras amorosas de mi mente y mis matrimonios mentales se han acabado. Es mejor estar sola. Mejor estar sola que fingir amor. Llevo el pelo recogido hacia arriba, a la Récamier. Me pongo un traje de noche floreado que me compré para enseñárselo a Hugh cuando volviera. Es para el fin de semana con los Perkins. Envuelvo la joyería de turquesas para devolvérsela a Huck. Le envío un telegrama porque Hugh quiere verlo. Me siento fría y fatalista, profundamente cansada de luchar, indiferente. El psicoanálisis, la felicidad, hacen a la gente egoísta, porque es más natural, y todo lo demás era una pretensión ideal. Un mundo menos ideal, menos falso, más honrado, cada uno para sí mismo. A pesar de eso, sigo enamorada de Henry.

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Henry ha terminado primavera negra y ha de ver a William Carlos Williams. Le dije a Henry que algo se había roto dentro de mí, no mi espíritu ni mi coraje, sino lo absoluto. Lo absoluto. Otra búsqueda del ideal. He llegado a resignarme a la realidad, es decir, al hecho de que, si hago a Henry responsable como marido, lo destruyo como vagabundo, destruyo nuestros sueños en beneficio de una vida humana. Pero la separación ha sido dura, terriblemente dura. Henry estuvo, como de costumbre, resignado, triste, amable, acariciador, derrotado. Nunca lucha, salvo cuando escribe.

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De modo que aquí tenéis a la señora Guiler, con un nuevo vestido de noche, con algo en su interior, lo absoluto, roto para siempre. Ir directamente en busca de lo que uno quiere, como Huck hizo conmigo imprudentemente, significa destruirlo, hundirlo en la realidad y la tragedia. Mi yo rebelde, mi yo creyente, se rompió exactamente en el momento en que rompí el superabsolutismo, la intransigencia y el idealismo de Huck.

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Sólo en creación existe la posibilidad de la perfección.

La cola de mi vestido reposa en círculos alrededor de mis pies. El acuario yace expuesto junto a la ventana. La flor marina irradia blancura, con puntitos de polvo de carbón. La concha marina se ha dividido, la concha gemela se la quedó Huck. Huck tiene los diarios que escribimos juntos.

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Un paciente me da treinta dólares, que daré a Henry para que pague el alquiler, y un libro, Moll Flanders, de Daniel Defoe, con una dedicatoria: <<Prácticamente la primera novela en inglés, para la primera y más hermosa mujer del mundo, de uno que ella rescató de los muertos>>.

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Es curioso, en la página del título dice: <<Moll Flanders… fue puta durante doce años, se casó cinco veces (una vez se prostituyó a su propio hermano), ladrona durante doce años, ocho años reclusa como traidora en Virginia, terminó por amasar una fortuna y murió arrepentida>>.
Me gusta todo menos el final.

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Montreal. Comedia amorosa para Hugh. A veces pienso que él también hace comedia, aunque no lo sepa, que es esclavo de la costumbre y los ideales. Me cuesta trabajo decir ahora si sus emociones son auténticas. Estoy muy acostumbrada a pensar que Hugh es sincero. Pero también me pregunto si hay un Hugh, si no es sólo mi hombre autómata, que es y hace todo para complacerme.

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Pero nos reímos juntos. Somos alegres. Me gusta su suéter verde esmeralda.

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Me despierto gritando: <<-Escucha, tú, inglés, que siempre quieres estar a la intemperie, ¡cierra la ventana!>>.
– Desembucha -dice Hugh-, ¿con quién has estado coqueteando?
– Dame una pastilla para la tos -dijo yo. Fingiendo amor. Fingiendo que aquellos cinco meses de ausencia han sido demasiado largos.

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Cuando me comporto bien, Hugh dice: <<Así que me tienes miedo>>. Sí, me dan miedo otros cinco meses. Inconscientemente preparo otra huida mientras finjo que la separación fue dolorosa.

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Hugh dice que me ama más cuando me compara ahora con otras mujeres y hombres que ha conocido. Que ama mi debilidad y el valor con que combato esa debilidad. No se arrepiente de nada. Ni del dolor que le causé. Todo le fue muy bien en Londres. Vivió. Dice que lo que ama sobre todo es mi sensibilidad. Conoció a artistas y modelos y recordó la época en que yo fui modelo.

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Anaïs Nin

‘Anaïs Nin’ © Rosalind Maingot

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Estoy cansada de tensiones y esfuerzos. Hugh quiere protegerme. Dejaré que lo haga. Dice que pierde todo su incentivo por el trabajo si yo trabajo. Me siento un poco rota desde que la vida hizo añicos mi deseo por un absoluto. Me siento derrotada, igual que Huck. No se puede tener el absoluto. Mientras antes te resignes, mejor. Me he resignado a la vida tal como es, porque tratar de superarla significa una lucha constante y la pérdida de los momentos buenos. He aprendido a aceptar las limitaciones de mis sueños y deseos. Algo terrible para una naturaleza voluntariosa.

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Hugh dice que no puede pasar todo su tiempo con artistas. Tampoco puedo yo todo el tiempo. Ahora es más dinámico y más humano. Es amado por lo que da (horóscopos, ayuda, protección), no por él mismo, y esto lo pone triste, igual que a Huck. Se consuela pensando que el poder espiritual sobre la gente es tan fuerte, o más fuerte, que el poder sensual. Es como cuando Huck decía que temía que lo amaran siempre por su psicoanálisis, como al hombre que se le quiere por su dinero. ¡Ay, eso fue exactamente lo que ocurrió!

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Insania, cuando veo que Huck me ama como yo amo a Henry (quería vivir conmigo en una isla desierta, me quería sola, lejos de los demás) y esto me hizo dudar otra vez del amor de Henry, porque yo, en mi relación con Rank, tenía los mismos sentimientos gregarios de Henry, y esto podía significar que Henry no me amaba. La identificación del amor de Rank por mí con el mío por Henry es muy dolorosa y tengo que disiparla cada vez que vuelvo a él con su apasionamiento y sus constantes y renovadas muestras de amor. Me causa un gran dolor esta comparación en los modos de amar, me preguntaba si un modo signficaba amor verdadero y el otro no era amor.

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Tales especulaciones sólo conducen a la muerte y a la desesperación. Me estoy curando con la vida, continuando la vida con audacia, dando la cara. Las comparaciones e identificaciones ya me habían desintegrado y matado antes (la relación con mi Padre). Ahora me siento más sana que nunca, pero tengo pesadillas terribles. Dinamitaba una ciudad. Estaba en una habitación llena de animales muertos. Veía a un niño abandonado y decidía adoptarlo. Empezaba a besarlo, pero cada vez se parecía más a un mandril. Tenía una boca repulsiva. Y me decía a mí misma: Qué bien que no tengo que besar a un niño en la boca. Estaba tan horrorizada por su fealdad que me preguntaba si no habría que matarlo para que no fuera un desgraciado.

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Huck me contó una vez que, cuando él nació, su madre quedó profundamente afectada. Era monstruosamente feo, cubierto de pelo negro. Muchas veces hablaba con Huck de adoptar al pequeño Huck, al niño que lleva dentro, por quien él siente una tremenda compasión. Me dio una foto suya de cuando era pequeño. Con sus ojos siempre tan bellos y animados. Nació viejo.

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Sueño: Clavaba imperdibles en mi estómago, y luego los cerraba, como si todo fuera natural. En China. Todo el mundo abandona las casas porque va a haber un terremoto. Aparecen los rayos, pero caen en el mar. La ciudad se salva. Alguien me dice que Henry ha muerto. Pesar tremendo. Lo busco por todas partes. (Henry está escribiendo sobre un artista en China. Deprimido por la aridez americana.)

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* NOTA: El texto de Fuego se ha tomado de los diarios cuarenta y ocho a cincuenta y dos, tal como los enumeró Anaïs Nin. El diario cuarenta y ocho no tiene título, pero los otros cuatro se titulan respectivamente: <<Révolte>>, <<A la deriva>>, <<Vive la Dynamite y Nanankepichu>> y <<Fuego>>.

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FRAGMENTO DE PRIMAVERA NEGRA:

” ¡Basta de espiar por el ojo de la cerradura!. ¡Basta de masturbarse en la oscuridad!. ¡Basta de confesiones públicas!. ¡Qué salten las puertas de sus quicios!. Quiero un mundo en el que la vagina esté representado por un rudo y honesto tajo, un mundo que sienta por los huesos y los contornos, los crudos colores primarios; un mundo que sienta miedo y respeto por sus orígenes animales. Estoy harto de ver vaginas coquetas, disfrazadas, deformadas, idealizadas. Vaginas con las puntas de los nervios al aire. No quiero ver a las muchachas vírgenes masturbándose. En el secreto de sus habitaciones, o comiéndose las uñas, o arrancándose el pelo o echadas durante todo un capítulo en una cama llena de migas de pan. Quiero los palos funerarios de Madagascar, con un animal encima de otro y en la cúspide Adán y Eva con un rudo y honesto tajo entre las piernas. Quiero hermafroditas que sean verdaderos hermafroditas, y no falsarios que caminan con penes atrofiados y vaginas secas. Quiero una pureza clásica, donde la porquería sea porquería y los ángeles sean ángeles. “

HENRY MILLER

Vía: El poder de la palabra

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