– IGLESIA ANTIGUA EN AMSTERDAM – MILÁN KUNDERA –

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IGLESIA ANTIGUA EN AMSTERDAM: de un lado están las casas y en las grandes ventanas de los pisos bajos, que parecen escaparates de comercios, están las pequeñas habitaciones de las putas, quienes, en ropa interior, están sentadas justo al lado de los cristales, en sillones con almohadones. Parecen grandes gatas aburridas.

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Pieterserk, la catedral gótica

Sint-Pieterskerk Leuven

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La parte de enfrente de la calle está formada por una enorme iglesia gótica del siglo catorce.

Entre el mundo de las putas y el mundo de Dios, como un río entre dos reinos, se extiende un intenso olor a orina.

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Leiden Pieterskerk

Trouwlocatie Leiden Stadhuis, Pieterskerk en omgeving

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Lo único que ha quedado del antiguo estilo gótico adentro de la catedral son las altas paredes desnudas, las columnas, la bóveda y las ventanas. En las paredes no hay ni un solo cuadro, ni una sola escultura. La iglesia está vacía como un gimnasio. Lo único que hay en el medio son filas de sillas formando un gran cuadrado que rodea un ínfimo estrado con una mesa para el predicador. Detrás de las sillas hay unas cabinas de madera, son los palcos para las familias de ricos burgueses.

Las sillas y los palcos están puestos sin la más mínima consideración para con la forma de las paredes y la situación de las columnas, como si quisieran expresarle a la arquitectura gótica su indiferencia y desprecio. La fe calvinista convirtió hace ya siglos la iglesia en un simple Cobertizo que no tiene otra función que la de proteger la Oración de los creyentes de la lluvia y la nieve.

Franz estaba fascinado: por esta enorme sala había pasado la Gran Marcha de la historia.

Sabina se acordó de cuando, tras el golpe de Estado de los comunistas, todos los palacios de Bohemia fueron nacionalizados y convertidos en escuelas de formación profesional, en asilos de ancianos, pero también en establos. Visitó uno de esos establos: en las paredes estuca das estaban empotrados los soportes de las argollas de hierro a las que estaban atadas las vacas que miraban como en sueños por las ventanas al parque del palacio por el que corrían las gallinas.

Franz dijo:

— Este vacío me fascina. La gente acumula altares, estatuas, cuadros, sillas, sillones, alfombras, libros y después viene ese momento de alivio feliz en el que lo sacuden todo como migas de una mesa. ¿Te imaginas cómo sería esa escoba de Hércules que barrió esta iglesia?

Sabina señaló uno de los palcos de madera:

— Los pobres tenían que estar de pie y los ricos tenían palcos. Pero había algo que unía al banquero y al pobre: el odio a la belleza.

— ¿Qué es la belleza? —dijo Franz y ante sus ojos apareció la inauguración de la exposición en la que tuvo que participar recientemente en compañía de su mujer. La infinita vanidad de los discursos y las palabras, la vanidad de la cultura, la vanidad del arte.

Cuando ella trabajaba como estudiante en la Obra de la Juventud y tenía el alma envenenada por las alegres marchas que sonaban sin interrupción por los altavoces, cogió un domingo la motocicleta y se dirigió hacia las lejanas montañas. Se detuvo en un pueblecito perdido en medio de los montes. Apoyó la motocicleta en la pared de la iglesia y entró. Estaban oficiando la misa. En aquella época la religión estaba perseguida por el régimen y la mayor parte de la gente se mantenía alejada de la iglesia. Los únicos que estaban sentados en los bancos eran los viejos y las viejas, porque ésos no le temían al régimen. Sólo le temían a la muerte.

El sacerdote pronunciaba con voz cantarina una frase y la gente la repetía a coro. Eran letanías. Las palabras, siempre iguales, volvían como un peregrino que no puede despegar los ojos del paisaje o como un hombre que no es capaz de despedirse de la vida. Ella estaba sentada en el último banco, a ratos cerraba los ojos, sólo para oír la música de aquellas palabras y luego los volvía a abrir: veía arriba la cúpula pintada de azul y sobre el azul unas grandes estrellas doradas. Estaba como encantada.

Lo que repentinamente había encontrado en aquella iglesia no era a Dios, sino a la belleza. Sabía perfectamente que aquella iglesia y aquellas letanías no eran bellas en sí mismas, sino precisamente en relación con la Obra de la Juventud, en la que pasaba sus días en medio del ruido de las canciones. La misa era bella porque se le había aparecido, repentina y secretamente, como un mundo traicionado.

Desde entonces sabía que la belleza es un mundo traicionado. Sólo podemos encontrarla cuando sus perseguidores la han dejado olvidada por error en algún sitio. La belleza está oculta tras los bastidores de la manifestación del primero de mayo. Si la queremos encontrar, tenemos que rasgar el lienzo del decorado.

—Esta es la primera vez que me fascina una iglesia—, dijo Franz.

Lo que despertaba su entusiasmo no era ni el protestantismo ni el ascetismo. Era otra cosa, algo muy personal, de lo que no se atrevía a hablar delante de Sabina. Le parecía oír una voz que lo exhortaba a coger la escoba de Hércules y barrer de su vida las inauguraciones de Marie-Claude, los cantantes de Marie-Anne, los congresos y los simposios, los discursos vanos, las palabras vanas. El gran espacio vacío de la iglesia de Ámsterdam aparecía ante él como la imagen de su propia liberación.

Pequeño diccionario de palabras incomprendidas (terminación)

‘LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER’

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Paisaje

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Un fragmento de ese texto de Kundera… lo incluí en uno de mis días:

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…Y Ella aparca en una calle donde yo le digo. Y primero vamos hacia la playa pero luego le pido que nos demos la vuelta hacia la iglesia. Y ella habla de su futuro. Está pensándose lo de volver a estudiar. Porque siempre quiso hacer enfermería y .. sólo que no sabe si ahora será el momento. Y yo le recuerdo que abandonó a su hija hace años para refugiarse en los estudios. Y que eso me lo dijo hace sólo un par de días y muy pesarosa. Y que ahora el pequeño tiene la misma edad que tenía su hermana cuando aquello, y que la niña se resintió. Y que … y entonces la arrastro al interior de la iglesia y Ella se asombra. Pero yo le explico que a mí me gustan las iglesias porque encuentro algo en ellas: Intimidad. Recogimiento. A mí las iglesias me aportan sosiego. A condición, claro, de que no se esté celebrando ninguna misa que no se diga en latín, en ellas. A condición de que guarden un profano silencio. Y pienso en Sabina, la pintora a la que la traición perseguía, y en aquello que dijo sobre la belleza y las iglesias.. y nos hemos sentado hasta donde yo la guié, hasta el segundo banco después del primero, muy cerca del altar, y andando por el pasillo central. Nada de laterales. Ignorando a las feligresas que rezan sus rezos sordos que pronto serán atónitos al fondo.

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Y Ella me sigue un poco contrariada porque no entiende pero me sigue. Y yo le hablo de eso del sosiego y el recogimiento y también de la penumbra. Lo que busco en las iglesias. Sólo que luego le digo que es un auténtico fallo, que en ésta no me dejen disfrutar de esa condición, porque sobre nuestras cabezas hay un potente foco encendido, aunque sea de luz amarilla y mortecina pero artificial, y que me resulta muy molesto, que me espanta al silencio profano de la penumbra. Pero, ¡ah! Es pronunciar esto y esa luz que se oculta como por arte de magia. Y yo felicidad, como si alguien por encima de mí hubiera escuchado mi petición de auxilio. Y me daba lo mismo que hubiera sido una casualidad, y que el foco estuviese programado para apagarse a esa hora, que el que alguien desde la sacristía me hubiera escuchado y se apresurase a cumplir mi deseo en un afán de incrementar mi fe en los milagros. Esa fue la Señal para mí, de que todo comenzaba, y de que la magia se había puesto en movimiento pero Ella en aquel instante se sobrecogió. Y entonces yo le pido que se concentre en su cuarzo, que le pida una señal acerca de eso que discutíamos y yo me concentro en el mío, y pido una para mí, y agarro fuerte el cuarzo en mi mano derecha y cierro la izquierda sobre ella como si orara pero sólo pienso en el padre de esa niña. Necesito una Señal, señales a todas horas que mantengan mi esperanza firme, señales que no me permitan ahogarme en ese copa de agua que es mi sentimiento por él. El As de Copas del tarot Rider, aquel que utilicé como cartel en… Tantas veces agua envenenada. Sentimiento horadado por las circunstancias intermitentes. Y más que por ninguna otra cosa por mi latente cobardía, mis prejuicios morales, mi impostura, y mi falta de sentido de la oportunidad. Pero es recordar a Sabina en ese libro de Kundera y la memoria me regresa otra imagen asociada a él. Entonces estoy frente a un libro en el altar de una antigua iglesia románica donde mora un baptisterio único, pensando en esa misma Sabina en el interior de aquella iglesia antigua de Amsterdam:

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Ermita Santa Orosia

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‘Lo que repentinamente había encontrado en aquella iglesia no era a Dios, sino a la belleza. Sabía perfectamente que aquella iglesia y aquellas letanías no eran bellas en sí mismas, sino precisamente en relación con la Obra de la juventud, en la que pasaba sus días en medio del ruido de las canciones. La misa era bella porque se le había aparecido, repentina y secretamente, como un mundo traicionado.

Desde entonces sabía que la belleza es un mundo traicionado. Sólo podemos encontrarla cuando sus perseguidores la han dejado olvidada por error en algún sitio’

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Y es que fue ‘La insoportable levedad del Ser’, ese primer libro que Él sabe que yo leí con Él, para Él, que relacioné con Él desde que por primera vez le vi con su hija.. y entonces es cuando observo el atril y la dejo a Ella a solas con sus pensamientos, y me planto delante del libro que reposa sobre él, y primero me disgusto algo, o me decepciono, porque es sólo un libro de oraciones pero de esas que leen los curas cuando despachan la homilía del día. Y leo el encabezamiento de la página derecha y no me dice nada, y luego el de la página izquierda y tampoco, y los párrafos finales menos pero entonces, y bastante contrariada, hago ese ejercicio de dejar la vista vagar en blanco, para que mi percepción visual Encuentre por mí eso con lo que mis ojos no son capaces de dar, y es cuando no me lo puedo creer porque aparece su Nombre escrito, su nombre real y eso es lo único que puedo ver entre todas esas letras, como el nombre de Él me Llama y todo lo demás se borra. Y entonces es cuando se me escapa un ¡uhhahhh! mientras agito mis manos en el aire en un gesto que hace que Ella abra mucho los ojos, con esa mirada en la que lo único que se escucha es un ‘Haz el favor de comportarte y no me hagas sentir avergonzada’, a la que tan acostumbrada me tiene mi madre.. Pero yo insisto y gesticulo más y le pido que se acerque porque quiero que lo vea, que me haga de testigo, y ella que no quiere y yo saco mi cuaderno y escribo:

10 de agosto, San Lorenzo Diácono y mártir… persecución de Valeriano en el siglo III, arrestado junto al papa San..

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y es ahí donde escribo el nombre de Él. Y entonces sí, me voy a por ella, que ante la amenaza, porque sabe de sobra lo que va a suceder, y antes de que la agarre de la mano y tire de ella, decide levantarse por voluntad propia y acercarse a comprobar lo que le muestro en el atril. Y entonces le señalo el nombre con un dedo y la dejo leyendo y yo, pero exultante, me vuelvo hacia el ara sagrada y en una pequeña reverencia que acompaño con una sonrisa inmensa digo, de la misma forma en que Anna, el ángel de Fynn, lo decía y yo aprendí a hacerlo de Ella: ‘gracias dios’, y sigo con mis prospecciones, y encuentro una argolla gruesa sujeta a una de las baldosas, la central, pero la baldosa es inamovible, así que deduzco que esa vieja argolla no sirve para levantar nada o al menos no ya, aunque pienso que tal vez su función pude ser otra, y que sirva para encadenar algo a ella y sujetarlo.. y me siento y ella también lo hace pero yo esta vez insisto en quedarme del lado del pasillo y es cuando ella señala al suelo, y me muestra algo que yo no había visto desde esa misma posición. Es un relieve en el suelo, un símbolo: la letra P mayúscula con una corona sobre ella. Pero ninguna comprendemos lo que puede significar. Y entonces veo ese círculo de luz en el enlosado del pasillo a mi lado; es un reflejo del cielo por el que atraviesan nubes y que debe dejar pasar esa vidriera de colores rota por una de sus esquinas. Y es cuando se me ocurre pedirle su cuarzo a ella, que se desprende de su cadena de plata y lo deja en mis manos. Y yo extiendo el brazo y lo sitúo justo en el centro de ese círculo y las dos entonces observamos como el circulo de luz se va saliendo de él, hasta dejarlo completamente fuera y en cuestión de menos de un minuto, y yo pienso que eso tiene que ser sólo producto del caminar del sol y para demostrárselo me quito mi cuarzo y vuelvo a repetir la misma operación pero asombrosamente el resultado es distinto porque el círculo de luz comienza a palpitar. Es decir se oscurece completamente y se reduce a nada y de repente se expande y se llena de una claridad luminosa y radiante. Pero no lo deja fuera de su centro, no se mueve ni un milímetro y ya en ese punto ella no lo soporta más, y dice que ha tenido bastante, que ya ha averiguado la Respuesta, y que nos vamos pese a que yo no quiero irme porque estoy auténticamente maravillada con el extraño fenómeno. Y mucho más que me quedo, cuando yo también me levanto y retiro mi cuarzo del centro del círculo y todo el enlosado se queda oscuro y ya no existe ningún círculo de luz en él. Y cuando salgo al exterior sólo sé una cosa, y esa es que todos los vellos de mi cuerpo están erizados pero hasta un límite insospechado, y permanecen así hasta que llegamos al muelle. Y ella sólo repite: ‘Es que no. Es que no’.

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Y allí la obligo a sentarse a mi lado para que lo hablemos. Pero ella no quiere y es cuando se me ocurre algo para distraerla. Un tipo muy atractivo baja la rampa al volante de un Mitsubishi y yo tiro de esa mujer y le seguimos hasta la casa del pescado situada unos metros más abajo, en un intento de crear sino magia algo de ilusión. Tienes que conocer a ese hombre. Es lo que hemos venido a hacer hoy aquí. ¿Te gusta? Y ella dice que sí, y entonces cuando el tipo desciende por unas escaleras con otro, para descargar el pescado de su mitsubishi, yo paso por delante de él para llamar su atención y me quedo leyendo un cartel de un concurso de ponies detrás de su vehículo, así que no me puede no ver. Y luego las dos estamos en la baranda. Yo miro al mar y anoto lo que sucede, y ella hacia él que me lo va relatando al minuto. Pero el tipo del Mitsubishi termina su labor y se dispone a irse, cuando ella me dice con algo similar a la nostalgia, que en su cara hay algo que le resulta muy familiar. Pero es su amigo el que nos imita. ¿Será al otro al que tenías que conocer? -la indago yo. Pero ella me responde: No, era él. No es su amigo. Y entonces le pido que caminemos hasta el final del muelle que huele a salitre, a ocle y a peces, a peces multiplicados, y dejamos a ese hombre olvidado a nuestras espaldas. Y nos asomamos al borde de la lonja y las dos sentimos el vértigo y ella dice: ‘Va a llover. Mira el color del agua’. Y hay una maroma. Y el agua es de un verde grisáceo. Y cerca hay un shar- pei, algo no muy usual de ver, sujeto a la correa de un hombre entrado en canas que departe amigablemente con otro. Y entonces le pregunto: ¿por qué te asusta tanto la magia? Y ella me confirma que es cierto, que tuvo miedo, que cuando vio su cuarzo quedarse fuera se asustó pero más cuando se dio cuenta de que mi cuarzo era como si atrajera al círculo de luz. Y yo le digo que eso es porque a mí no me asusta. Que probablemente es por eso, porque no la rechazo.. Todo lo contrario. Y ya regresamos de vuelta pero yo sigo necesitando más señales.

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Y vamos caminando por esa calle solitaria pero cuando veo a aquella pareja salir de uno de los chalets yo me lanzo a cruzar la carretera dispuesta a seguirles, porque para mí la vida es eso, seguir a la vida, aunque a veces, tantas, prefiera la naturaleza solitaria, y ella me sigue. Y sigo con mi libreta en la mano, dispuesta a registrar lo que sea que pase, y escribo: ‘Esclava en el tobillo’. Entonces no me puedo reprimir y le digo a la mujer que camina delante de mí: ‘Perdona que te moleste pero esa pulsera que llevas..’ Y ambos se detienen. La mujer es muy atractiva pero debe rondar los 45 años y él es bastante mayor que ella y tiene acento italiano. Pero los dos son amables. Y la pulsera, que es una maravilla, me dice que no podré encontrarla igual porque ella la adquirió en Cerdeña. Y yo le pregunto por la campanilla que escucho tintinear cuando ella camina . Pero ella me dice que sí, que le hablaron de su significado en aquel mercadillo pero que como no le interesan demasiado las tradiciones.. no le prestó mucha atención y que por eso no puede ayudarme. Pero me recomienda que busque alguna tienda hindú o pakistaní y pregunte por eso. Y el hombre de la pareja mira mi cuaderno y dice: ¿todo esto lo estás anotando? Y yo le afirmo que sí y le enseño esa frase acerca de la esclava que escribí justo antes de interrumpir su paso y a él le gusta el detalle, les resulta simpático y los dos que han sido muy amables se despiden de mí, esa extraña desconocida que les he resultado. Y entonces le digo a ella que ya sé lo que quiero que me regale a cambio del cuarzo que yo le entregué. Una tobillera así, tan hermosa y con una campanilla como esa. Y a ella le parece bien y me promete no comprármela en el corte inglés, a no ser, añade luego, que un día que vaya descubra que celebran el día de la India o algo así. Y nos reímos porque yo lo que no quiero es que se gaste mucho en un detalle que sólo debe de ser simbólico, y yo sigo dándole instrucciones rituales y le digo: que será un día que la vea en un mercado, o al pasar casualmente por algún lugar, que tiene que ser así, que no se le ocurra buscarla, y que en ese momento tiene que fijarse en las primeras letras que vea y escribírmelas en un mensaje. Y así yo también sabré.. Pero no me quedo tranquila porque es como si sintiera que me faltan aún más señales para completar algo, que no sé bien que es. Y también le digo a la zurda que ella sería mucho más feliz si fuera por la vida con los ojos un poco más abiertos, como yo, y no tan cerrada a todo, a los estímulos, a las pequeñas felicidades cotidianas. Y ella, tiene razón, no soy yo. Pero no tiene por qué serlo; además yo antes tampoco era así, porque esto fue lo que aprendí a Ser y que me ayudó a vivir los días con ilusión y a no amargarme tanto, a no morirlos, como le ocurre a ella. Sólo que luego lo olvidé hasta que el guerrero ingresó en mi vida y volví a preocuparme de las Señales. Porque es como si todo, Todo, fuera incapaz de satisfacerla. Y ella dice que hoy ha comprendido algo de nuevo, que lo material, las posesiones, el trabajo, los estudios, nunca llenarán dentro de ella esa sensación de insatisfacción constante pero que tampoco sabe que puede llenarla. Y a mí me da pena por ella. Pero entiendo que no puedo hacer nada más que lo que ya hago. Y aún les pregunto a unos ancianitos por un arbusto muy hermoso que florece en ramas de color rosado pero ellos no saben decirme y me recomiendan que llame a la casa de los propietarios, porque ahí sabrán decirme. Pero no, tampoco se trata de andar causando molestias. Lo mío tiene que ser así, algo ocasional. Lo que se materializa delante de mis sentidos y ocurre de forma sencilla, fácil. Modesta. Y arranco una de esas ramitas de ese arbusto poblado por enormes abejorros y luego echo a correr por temor a que me piquen y lo guardo en mi cuaderno. Y cambio quince veces de idea sobre eso de aceptar la invitación del marido de ella para irme a su casa a comer ese arroz que él dijo que iba a cocinar. Y ya he decidido que no iré cuando suena el canon de Pachelbel en el teléfono móvil de ella y es su marido preguntando que cuánto nos falta para llegar y entonces cambio por última vez de idea y le digo que en diez minutos estamos ahí. Y le cuento a ella mi teoría acerca de esa pulsera de tobillo, hecha con minúsculas monedas superpuestas que me recuerda a algo que mi madre guarda y que fue un recuerdo de Túnez, creo, que le trajo mi abuelo en uno de sus viajes. A ver, es que tiene cierto sentido.. porque si yo tuviera una esclava querría sentirla acercárseme. ¿Y quieres que Él te escuche así? – pregunta ella. Y yo le digo que sí, que quiero que Él me escuche acercándome como un tintineo de campanillas. Y en ese instante suena Vértigo, de Ismael Serrano.

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”’Vértigo, que el mundo pare,
que corto se me hace el viaje.
¿Me escucharás, me buscarás,
cuando me pierda
y no señale el norte
la estrella polar?”’

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Y luego yo me acuerdo de aquella ‘P’ mayúscula presidida por una corona. ¿No le encuentras ningún sentido? ¿Qué crees tú que podría significar? -le digo. Y ella dice: no sé, pensé en Pili, en Paz, en Paciencia.. pero no eso, no, claro que no. ¿O sí? Pero de repente lo dice: Era Princesa. La ‘P’ con una corona sobre ella es Princesa. Y eso sí que es un gran descubrimiento claro. Porque ese es el nombre de su hija en hebreo. Porque su nombre en hebreo significa princesa. Y entonces es cuando ella ve la luz y dice: Rose, la de francés, era una profesora mágica y me lo dijo. Me lo dijo lo que tenía que hacer. Me dijo que aún estaba a tiempo de estudiar cuando yo le hablé de mi hija, y de que no quería para ella lo mismo que había vivido yo. Me dijo que todavía estaba a tiempo de hacer esa carrera, que podría preparar la Selectividad mientras mi hija lo hacía. Y ella parecía auténticamente inspirada cuando me contaba todo esto y entonces yo escribo:

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‘Se puede ir más de prisa viviendo con un cuaderno (entre las manos). Así no tengo que confiárselo todo a mi memoria sino a mis notas. Se va muy deprisa. Se va a una velocidad de vértigo’.

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– Necesito otra -digo

– ¿Otra qué? – pregunta ella

– Otra Señal. Son como una droga.

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Y cuando cruzamos la puerta, su pequeño me pide que le estalle el globo blanco que le inflé el día anterior porque a él le da miedo hacerlo. No le da miedo el ruido del estallido, sino provocarlo a conciencia por si mismo. Y aunque él se pase la vida provocando todo tipo de estallidos, rompiéndolo todo, tirándolo todo, pero no a conciencia. Y yo lo hago encantada para él con la punta del rotulador, aunque a mí tampoco me guste. Aunque a mí no me gusten los estruendos, aunque los deteste. Y entonces le digo a su hija que está recostada en el salón frente al televisor en su eterna indolencia: ‘Tengo una señal para ti’. Y ella me pregunta cuál. Y yo le hablo de esa ‘P’ de princesa pero le digo que sólo quiero llevarla hasta ella, hasta la magia, no contársela. Y ella entonces exclama pero como saliendo de su constante letargo de adolescente descontenta con todo y por todo:

‘Ayer tuve un sueño y debe ser por eso que me escribiste que ahora veo escrito por todos lados: ten esperanza’.

Y yo me intereso mucho. Cuéntame tu sueño le digo. Y ella comienza:

‘Había una habitación en penumbra y en ella un pequeño espejo empañado, entonces vi que había escrito algo en él y me acerqué y decía: Ten esperanza’.

Y yo ahí es cuando lo sé. Sé que he recibido el efecto boomerang de la magia, porque me da justo en el centro del cerebro. Y la siento, en ese instante siento otra vez renacer la Esperanza.

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Secuencia: Nombre de él en la iglesia (Mi Señor), aldaba encadenada a la losa, círculo de luz con el cuarzo, más esa pulsera de tobillo que fue adquirida en esa isla que mi abuelo adoraba. Y donde me compró aquellos muñecos que yo le regalé a mi vez, y hace muchos años a su hija.. y su presunto significado, sumado a un ‘Ten Esperanza’ que me proporciona esa princesa.. Porque si no puedo ser su Dama, o sea el Amor de su vida.. lo quiero quiero es convertirme en Esclava. pero en la esclava de mi iluminado Deseo inextinguible por Él.

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Y al marido de ella si se lo cuento todo, o bueno casi todo. Y le pido que se compre una piedra, la que le guste, y sin importar que sea o no un cuarzo, porque ese mensaje que su hija recibió.. en realidad yo se lo escribí a él en el vaho del espejo porque era él quien se suponía que la tarde del miércoles pasado iba a ducharse… sólo que fue la hija quien se lo encontró. Y la esperanza del marido de ella es que su mujer lo descubra, porque el cuarzo que le regalé a ella, fue el que me compró su marido en agradecimiento por el que yo me desprendí en beneficio de la hija de ambos, y que Siento que tenía tanta Magia, aunque vosotros todavía no conozcáis esa historia y por tanto el motivo por el que yo lo Siento así.

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Link relacionado:

– RITUAL DE INVOCACIÓN A LA ESPERANZA: especial celebración Fiesta Fin de año, Noche Vieja 2007 – Año Nuevo 2008. Tradiciones y Rituales –

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