(13) Etapa decimotercera: BURGOS – CASTROJERIZ (Camino Francés a Santiago)

EN PREPARACIÓN… DEJO, POR EL MOMENTO, EL TEXTO INDICATIVO DE LA ETAPA, QUE CORRESPONDE A ‘LA GUÍA DE PEREGRINOS’ ESCRITA POR JOSE MARÍA ANGUITA JAÉN.

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Paisaje entre Rabé y Hornillos del Camino

* Paisaje entre Rabé y Hornillos del Camino

* En esta larga etapa se discurre por las llanuras esteparias burgalesas, ceralísticas, surcadas por pequeños arroyos y separadas por páramos. La presencia de arbolado es escasa: especies de ribera, grupos de encinas que recuerdan la pasada existencia de bosques en estas tierras y jóvenes conníferas en las laderas.

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Etapa 13 de Burgos a Castrojeriz

*enlace web: CAFÉ COKE, donde puedes estudiar esta etapa y sus correlaciones con las casillas del Juego de la Oca.

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RECORRIDO VISUAL DE LA ETAPA

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Puente de Malatos

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<<Se abandona la ciudad de Burgos cruzando el río Alarzón por el puente de Malatos y pasando junto al parque el Parral.

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HOSPITAL DEL REY

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El Hospital del Rey, la Facultad de Letras quedan a la izquierda, mientras el Camino avanza con la carretera N-620. Se salva vía férrea y se cruza a la derecha de la calzada, tomando la calle Pérez Galdós. Allí surge una pista que pasa junto al vivero forestal de la Junta de Castilla y León y lleva al apeadero de la Alameda, desde donde se accede a Villalbilla de Burgos. Si no se quiere entrar en la localidad hay que continuar entre álamos y frutales. Se salva el obstáculo de la autovía y ya por la carretera (N-120) se cruza el puente Tardajos. De allí se parte en dirección a Rabé de las Calzadas por una pista asfaltada, discurriendo por el valle surcado por numerosos cauces. Tras el cementerio, surge una bifurcación: las flechas indican a la izquierda, pero ambos caminos son paralelos y acaban fundiéndose en uno tras cerca de 3km por solitario paisaje de cereal protegido por pequeñas lomas. Se sube al páramo, por el que se avanza durante más de 1,5Km, para descender de forma abrupta (<<cuesta de Matamulos>>) hacia el Valle del río Hormazuelas, donde se atraviesa la carretera de Estepar y el río…

Hornillos del Camino

… para entrar en Hornillos del Camino. Tras pasar junto al albergue y la iglesia, se toma la salida por el camino de la derecha, entre chopos. Hay una nueva subida a una meseta y, tras el descenso, aparece el valle del arroyo San Bol, donde una construcción con la cruz de Jerusalén, indica un refugio (fuente). De nuevo se asciende a otro páramo, en cuya cima de vez en cuando surgen grupos de encinas entre los pastizales y el cereal.

Hontanas que aparece de golpe

Y en su ladera occidental, inesperadamente aparece Hontanas, cuya calle Real da paso a la carretera, en dirección a Castrojeriz. Por una pista paralela se recorre el valle, siguiendo el curso del arroyo Garbanzuelo, entre lomas con laderas reforestadas. Después de cerca de 4 kilómetros, se retorna a la carretera y se pasa bajo el arco del convento de San Antón. A partir de allí se comienza a ver Castrojeriz, a cuya entrada aguarda la Colegiata de Santa María del Manzano.>>

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* NOTA PARA LOS CICLISTAS:

La mayor dificultad se puede encontrar en el descenso por la <<Cuesta de Matamulos>> y en la posibilidad de que los caminos y pistas estén embarrados. La alternativa que pueden tomar los ciclistas es seguir por la N-120 hasta Olmillos de Sasamón y allí tomar la carretera local en dirección aIglesias, de la que sale por la derecha la que conduce directamente a Castrojeriz.

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EXPERIENCIAS PEREGRINAS

1.

Juanjo Alonso Escalona logo de su diario

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(…) Por fin, el día 31 de julio salimos de Madrid mi hijo Yago, Cuqui, su esposa, y Almudenita, mi tercera nieta. Comimos en el Mesón del Cid.

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Mesón del Cid en Burgos

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Una comida exquisita, de buen paladar y gran gusto. Por la tarde llegamos a Castrojeriz. Me dejaron en el Albergue de Peregrinos y nos despedimos.

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interior de albergue en Castrojeriz

*enlace: nauta

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Como un intruso
Allí quedé solo con mi mochila y un grupo de gente desconocida. Traté de dialogar con los de la entrada. Me recibió el Hospitalero, Restituto Rodríguez, Resti para los amigos. Me asignaron la cama 10, donde deposité mi mochila. Resti me ayudó a buscar un Bordón; el elegido por mí fue todo un acierto. Después subí a la calle principal, donde compré un sombrero de paja, tipo flexible, que me dio un servicio inestimable.

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Me acerqué a las Clarisas, cuyo Convento dista de la población algo más de un kilómetro. Por el torno pedí que me abrieran la Iglesia para encomendarme a la Virgen, ya que iba a empezar desde allí el Camino de Santiago a pie. La monjita me dijo que fuera por el jardín hasta el final; que podía pasar porque estaba abierta. Aún no había empezado mis jaculatorias cuando los acordes del órgano, en un tutti solemne, inundaron la nave con el Himno a Santiago, Patrón de las Españas… La emoción se agolpó en mi pecho y sienes, y aún no me había repuesto, cuando a continuación interpretó con idéntica solemnidad el Himno a Nuestra Señora del Pilar: Virgen Santa…». Creí encontrarme en el Cielo. Caí de rodillas con la cara llena de lágrimas dando gracias al buen Dios que, de forma tan patente, me mostraba su plácet a mi proyecto. En ese momento tuve la seguridad de que era Dios quien me había invitado a realizar la Peregrinación.

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Mi primera noche de Albergue en Castrojeriz
Era mi primer contacto con el Camino. Ahora podía ver, experimentar, valorar todo cuanto me habían comentado sobre el mismo. Lo primero, los protagonistas: quiénes eran y cómo se comportaban los peregrinos; lo segundo, cuál era la forma de vida a la que obligaba el Camino: las comidas, los Albergues y Refugios, las dificultades de cada etapa, los peligros que tendría que afrontar, etc.

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RESTITUTO RODRIGUEZ

* RESTITUTO RODRÍGUEZ, uno de los personajes del Camino, que recoge en su web Alfonso Biescas

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En este primer contacto quedé confundido en cuanto al primer punto ya que Resti, al comprobar mi Credencial del Peregrino y ver que estaba avalada por el Arzobispado de Madrid, soltó unos cuantos vocablos despectivos para todo lo que sonaba a curas, iglesia y obispos. En ese Albergue no se quería saber nada relacionado con la Iglesia.

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Me selló la Credencial y me asignó la cama 10. Esta era una de las 4 literas ubicadas en un espacio de no más de 2’40 de ancho por 1’90 de largo, es decir un espacio de unos 4 m2. La estructura de las literas era de obra incluida la superficie de descanso; sobre ella había un jergón sin apoyo para la cabeza. Para ser mi primer contacto con el Camino no suponía un pronóstico alentador y sí, por el contrario, hacía prever la aspereza e incomodidad de todo el recorrido. A pesar de ello, me tranquilicé pensando que no todos serían iguales y que el espíritu del Peregrino debía ser el de aceptar con alegría y agradecimiento cuanto pudiera ofrecérsele en cada lugar. Por primera vez saqué de la mochila la esterilla, saco de dormir y el neceser de aseo. No se me ocurrió coger la linterna, lo que fue un error, puesto que la luz se apaga a las 11 de la noche y todo queda a oscuras.

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Mi cama era la de abajo, entrando a la izquierda de la camarilla; en la de encima un peregrino se curaba pacientemente los pies llagados. Además el pobre tuvo que levantarse cuatro o cinco veces durante la noche, por lo que me fue imposible dormir.

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ronquidos en Castrojeriz

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En la litera de mi derecha otro peregrino, más adaptado, dormía plácidamente según se deducía por lo profundo de sus ronquidos. Dejé que el tiempo transcurriera; por lo menos estar tumbado me ayudaría a descansar. Sin saber la hora que era, pero no encontrando una postura en la que me sintiera cómodo y relajado, me levanté y me dirigí a tientas, guiándome por los huecos de las camarillas, hasta llegar donde supuse haber visto por la tarde el único aseo disponible. Después de tropezar con la escalera pude atinar, al final, con lo que buscaba. Tampoco me fue fácil encontrar el interruptor de la luz. La encendí y allí me quedé, esperando que fueran las 6 de la mañana para asearme y vestirme convenientemente. No llevaba ni diez minutos, cuando entró una peregrina en paños menores, que tenía una necesidad ineludible. Le dije que yo ya me iba, a lo que replicó que por ella no me preocupara, que estaba acostumbrada a compartir las comodidades de los Albergues con todo género de peregrinos. A pesar de ello, salí y esperé a que dejara libre el lavabo. En el mismo cuarto había un lavabo, una ducha y un retrete.

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Ya empezaba a clarear y noté cierto movimiento en las camarillas, así que me afeité y aseé lo más rápido que pude. Al momento empezaron a entrar peregrinos para todo servicio. De regreso a mi cama observé, con envidia, la agilidad con que todo el mundo recogía sus útiles y preparaban sus mochilas para la marcha. Con el fondo musical de un canto gregoriano bastante primitivo apareció Resti, diciendo que para desayunar había manzanas, café con leche o colacao y magdalenas. Nos recordó que el Albergue se mantiene gracias a los donativos de los que hacen uso de él. Mi donativo le impresionó y dio ocasión a confidencias. Al enterarse de que yo trabajaba en Publicidad, me abrazó explicándome que él era publicitario y que había dejado todo por unirse al Camino. Le hice la observación de que sus comentarios de la tarde no me habían parecido ni justos ni oportunos, ya que, a mi juicio, hacer el Camino a pie suponía una cierta espiritualidad y búsqueda religiosa. Se disculpó alegando que no todos los que se albergan son creyentes y que muchos ni siquiera creen en Dios. De esa forma él trataba de ganarse la amistad de todos. Yo le hice ver que, si el Apóstol Santiago hubiera seguido la misma estrategia, aún continuaríamos adorando al Sol o al buey Apis. Añadí que Cristo envió a sus discípulos a predicar la Buena Nueva y no el engaño ni lo Viejo Conocido. Me dio la razón y me pidió disculpas. Sentado a mi derecha había un peregrino plagado de tatuajes y tostado por el sol, quien me felicitó por mis argumentos en una mezcla de español e italiano. Se lo agradecí en su idioma y me dijo llamarse Luigi.

Diario de JUANJO ALONSO ESCALONA, Agosto/ 1997

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2. Desierto árido

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Diario de mirada de agua

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BurgosHontanas
4 de octubre de 2004

Para morirse, treinta kilómetros para morirse, he caminado muy lento, muy lento. Transcurre un camino fácil de andar, muy llano, pero tremendamente aburrido y hace muchísima calor. Todo es tierra seca y árida, no se ve nada más en el horizonte, es como si caminase por el desierto, no se ven nada más que cruces de caminos y extensiones grandísimas de tierra estéril, ni en el horizonte se divisa monte, algún solitario árbol, allá muy allá, a lo lejos.

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De camino a Hontanas

*enlace: Camino en imágenes

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Eran cerca de las cuatro de la tarde, tendría que estar llegando a Hontanas pero no lo veía por ninguna parte, sólo veía tierra y más tierra seca. Se me había acabado el agua, tenía la boca pastosa, polvo del camino hasta las orejas, mucho sol en mi cabeza y en mis brazos. Un camino de una recta impresionante todavía por caminar, nadie por delante y nadie por detrás de mi, era la última. No veía ningún campesino, en las fechas en las que me encontraba ya habían segado, no había nadie, ni un pájaro, ni una nube.

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De repente pasa un ciclista, un ciclista inglés, iba tan mal como yo. Llevaba botellín en la bicicleta y le pedí un poco de agua, me ofreció, pero ni una gota salió del botellín. No sabíamos ninguno de los dos a que altura nos encontrábamos de la etapa, no sabíamos cuántos kilómetros faltaban para llegar a Hontanas, ninguna señal había tampoco. Se marchó en su bicicleta y yo seguí caminando. Arrastraba mis pies, me dolían de nuevo, pero lo peor era la angustia que comencé a sentir, no me cuadraban las cuentas, llevaba andando siete horas, no me salía la media, ¿a cuántos kilómetros hora caminaba?, ¿cuánto me faltaba por llegar?, ¿resistiría?

Empecé a pensar que tenía que llamar al 112, a emergencias, ahora que todavía podía hablar, antes de que perdiese la consciencia ¿y si me había confundido de camino en cualquier cruce?


Me encontraba muy mal, ciertamente, entonces veo una señal que dice “Hontanas 0,5 “.
Empiezo a cabrearme pensando “¡mira que tienen mala idea! ¿0,5 qué?, ¿y cómo ponen una señal aquí si el pueblo no se ve por ninguna parte? Me armo de paciencia una vez más y sigo caminando, de repente, me encuentro que veo un pueblo metido en un valle en medio de esa árida meseta: Hontantas, había llegado a Hontanas
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Durante el día de hoy pensé en abandonar ¿por qué seguir caminando así?
Por la tarde recibí muchas llamadas de teléfono, mi padre, mi hermano José, mi amiga Mónica, compañeras que conocí en el camino que iban dos etapas por delante de mí, todos y todas me animaron a seguir. Me han ayudado a pensar y a tranquilizarme un poco, es cierto, es importante no perder el objetivo que me traía a este viaje, un tiempo libre exclusivamente para mí. Me cuidaré, disfrutaré y seguiré para adelante, no tengo ninguna prisa en llegar a Santiago.

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Hontanas Castrojeriz
5 de octubre de 2004

Trece días caminando y dos más de descanso en Burgos. Quince.
Sólo trece días llevo caminando y ya estoy en Castrojeriz. Y ya o sólo en Castrojeriz, porque hoy he caminado diez kilómetros, no quería andar más.

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Hice amistad con una nueva compañera, Rocío, colombiana afincada en Suiza. Esta mujer desde hace cuatro años, dispone de quince días de sus vacaciones para andar este camino y dependiendo de su estado de ánimo, escoge una parte u otra y no necesariamente tiene porque llegar a Santiago de Compostela, su meta es encontrarse de nuevo consigo misma, dentro también de las personas que se va encontrando al caminar.

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Varios peregrinos se han partido de risa con nosotras, pues hemos bajado cuestas marcha atrás, apunto de caernos de bruces, pero es una buena manera de ir recuperando los gemelos y de no sobrecargar las rodillas con tanta frenada.

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Desde que pasé Burgos no he vuelto a coincidir tanto tiempo con una persona, y la soledad es agradable pero mucho más lo es compartir, hay momentos para todo y en el todo está el bien.

Hoy no caminaríamos más allá de Castrojeriz. Es un pueblo muy agradable para pasear entre sus calles, es pequeño y muy tranquilo. Decidimos albergarnos en el albergue privado de Resti, porque nos habían dicho que no permitía levantarse antes de las 7.30 horas y que se encargaba personalmente de despertarnos con música gregoriana, nos apetecía relajarnos.

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El albergue está muy bien cuidado para el descanso del peregrino, y colaboras con la cantidad económica que desees.

Como era temprano cuando llegamos, me dio tiempo a acercarme a la consulta médica para que me tratasen las ampollas de los pies. Escribí postales y me compré un pantalón mucho más cómodo y fresco, no contaba con tanto calor para caminar, estábamos en octubre pero parecía agosto.

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Resti es un hospitalero muy amable, nos encontró por la tarde paseando por el pueblo y nos invitó a vinos y a morcilla, muy rica la morcilla con arroz, y los vinos se bebían como agua.

Una de las experiencias interesantes del camino es la convivencia con las tradiciones, incluidas las gastronómicas (¡cómo me ha quedado esta frase!, España es muy rica en gastronomía, en vinos, las diferencias enriquecen, está muy claro).

Más tarde, luego de pasar varias horas en el bar, entre las dos coincidimos que era mejor retirarnos al albergue, parecíamos protagonistas femeninas de una película española de los setenta, dos extranjeras en un bar de pueblo rodeadas de miradas y sonrisas maliciosas. Preferíamos, dado la situación, un automasaje de pies que esas miradas. Disfruté de esta tarde, de las nuevas personas que me encontré y cumplí con lo prometido: me cuidé y me lo pasé en grande.

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Cantos Gregorianos Benedictinos

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A la mañana siguiente fue la primera mañana que no me despertaron ruidos de bolsas de plástico dentro de las mochilas, ni pisadas, ni luces, sino que una música celestial amaneció con el sol a la par que recuperaba toda mi energía, no hay como ver la vida de otro color. Resti nos ofreció un café con leche y unas galletas para a continuación ponernos de nuevo en camino, sin ninguna meta establecida nos pusimos a caminar, veríamos lo que nos depararía el día.

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– Diario de GUADALUPE, Mirada de agua, Octubre/ 2004 –

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Alfonso Biescas

15.03.04. Lunes. Burgos-Hontanas (382):

He madrugado huyendo del gentío. Me he olvidado las chancletas que no he visto al recoger los trastos dada la oscuridad que en el dormintorio había. Me da rabia. Estaban nuevas y me las había mandado desde Brasil un peregrino que conocí en el 2001. Una pena. Espero que otro las disfrute.
He desayunado como he podido y he salido como alma que lleva el diablo.

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Hospital del Rey y Monasterio de las Huelgas

*enlace: Hospital del Rey y Monasterio de las Huelgas

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No es muy agradable el principio de esta etapa, con todas las desviaciones que se producen por las obras de la autopista.

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De camino a Tardajos

*enlace: El Camino en imágenes

La chapa en el viaducto de la que habla Alfonso

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Al menos, al llegar al viaducto sobre el rió, han colocado una chapa disculpándose ante los peregrinos por tanta vuelta y revuelta. Todo un detalle.

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En Tardajos, dado que en Hontanas no hay donde cenar, los que hasta allí hemos decidido llegar hoy hemos comprado para cocinar esta noche. Hemos repartido el peso entre todos y de nuevo a caminar hasta Hornillos del Camino.

La llegada al valle es preciosa y es una alegría poder sentarse un rato ante una fuente y descansar la mente. Los pensamientos se amontonan, el cansancio se acumula y después llega lo que para algunos es lo peor del páramo.

El campo está verde, la meseta se adivina aunque el horizonte todavía presenta curvas, no hay barro y se camina bien. El día es agradable, luce el sol pero el aire es frío. Y Hontanas está lejos, muy lejos.

La mente ha de ayudar a un cuerpo que se agota ante el barro que finalmente aparece y permanece durante muchos kilómetros. Pero la mente se aburre de la monotonía del paisaje y no colabora. Empieza la nada, la lucha mental, el desarrollo de la voluntad y la adquisición de la paciencia. Avanzas y la nada sigue ahí, acechando, rodeandote, desmoralizandote. Con viento y frío te sientes en estos parajes como Miguel Strogoff.


Y Hontanas sin aparecer. Escondida en el valle, el campanario de la iglesia asoma cuando ya no entiendes nada, cuando la mente desfallece al no ver el final. Y es un caer hacia el magnífico refugio, en donde las literas te permiten sentarte cómodamente sin despeinarte, y mira que te importa esto después de tantos días de andar por el monte.

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Me bebo casi un litro de líquido antes de ir a la ducha. Ha sido una etapa dura, de la que ahora prefiero recordar su belleza, su luz, su silencio.
Llega la noche y el frío al que ya estamos acostumbrados. Con un sabañón en la oreja izquierda que me devora, friego los trastos. Los otros han cocinado unos sencillos spaquetti con queso y tomate de lata que nos han sabido a gloria. Y a las diez estamos los cuatro que aquí hemos llegado durmiendo como angelitos, felices de tener una cama caliente y algo en lo que soñar.
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Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 2004

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Enlace a todos los artículos de esta temática:

en: EL CAMINO DE LAS ESTRELLAS (itinerario que sigue la Vía Láctea)

¿Dónde encontrar más historias e información? Diarios de Peregrinos

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15 Respuestas a “(13) Etapa decimotercera: BURGOS – CASTROJERIZ (Camino Francés a Santiago)

  1. AHORA ESTOY LEYENDO ESTA WEB DEL AYUNTAMIENTO DE BURGOS, DEDICADA AL CAMINO… ALGUNOS FRAGMENTOS QUE ME LLAMAN LA ATENCIÓN:

    Fue muy importante la influencia del Camino en la ciudad de Burgos en todos los aspectos: social, económico, cultural, artístico… y por lo tanto se convirtió en un activo centro de acogida para los peregrinos y en una ciudad fundamental para comprender el trazado peninsular del Camino de Santiago.

    En la configuración urbana de la ciudad de Burgos se aprecia con toda exactitud el trazado histórico del Camino de Santiago. Los peregrinos llegan al centro de la ciudad por la calle de las Calzadas que no puede negar su origen jacobeo; damos comienzo a nuestra ruta en la Plaza de San Juan que es lugar de paso para los peregrinos. La plaza queda formada por la iglesia de San Lesmes, el Monasterio de San Juan y la fachada de lo que fuera Hospital de San Juan (hoy el edificio es la actual Casa de Cultura).

    La iglesia de San Lesmes se construyó para acoger los restos del santo patrón de la ciudad que se dedicó a la caridad con los peregrinos que discurrían por el camino de Santiago. Es una construcción del siglo XV y sufrió modificaciones en el siglo XVI con el gusto de la época

    El Monasterio de San Juan fue fundado en 1091 por el rey Alfonso VI. En este monasterio la atención se dirigía a los peregrinos, que siguiendo el camino francés llegaban a Burgos. Después de distintas modificaciones hoy es un Museo y Centro Cultural, donde se puede contemplar la obra pictórica de Marceliano Santa María.

    El tercer edificio que forma la plaza es la Casa de Cultura. Se mantiene en su fachada la portada de aquel que fuera el Hospital de San Juan donde se instaló la botica más importante que en Burgos existió y parte de ella se puede visitar en el interior del Arco de Santa María.

    Entramos a la ciudad por el Arco de San Juan. Esta puerta, era la entrada a Burgos de los viajeros y mercancías procedentes del Sur de Francia, País Vasco, la Rioja, así como también era y es la entrada a Burgos de los peregrinos que van hacia Santiago.

    El camino continúa por la calle de San Juan que será, sin duda, el eje del crecimiento urbano de la ciudad. Por esta calle los peregrinos medievales tenían que cruzar una serie de pequeñas esguevas que según la tradición fueron saneadas por el propio San Lesmes.

    Seguimos por la calle Avellanos que responde a una clásica calle camino de las peregrinaciones, pues la iglesia de San Gil es la que guía y atrae al peregrino. La iglesia de San Gil queda al final de ésta calle a la derecha adosada a la muralla, por eso no tiene mucha decoración exterior.

    Está considerada una de las más interesantes y bellas iglesias góticas de Burgos. La visita interior nos muestra diferentes capillas funerarias de gran calidad artística. Destaca la capilla de la Natividad, que queda rematada por una original bóveda estrellada totalmente calada. También hay que mencionar la Capilla de la Buena Mañana llamada así por la temprana hora en que sus clérigos debían atender al culto.

    El Camino continúa por la calle de Fernán González, otro de los ejes directrices en la ruta jacobea en la ciudad. Tuvo distintos nombres: San Llorente (por la cercana iglesia con el mismo nombre), Coronería (nombre de una de las puertas de la Catedral situada en esta calle) y Tenebregosa (por la poca luz que entraba debido a las construcciones, y tortuosas callejuelas, pasadizos…). Siguiendo esta calle hemos dejado la grandiosa catedral a la izquierda, donde no hay que olvidar admirar el trabajo que en la portada de Coronería se representa.

    El peregrino abandona la ciudad de Burgos saliendo por la puerta de San Martín; nos lo indica la concha que podemos ver en el intradós del arco. Fue construida por maestros alarifes mudéjares que emplearon ladrillo y piedra. También se hace presente en el arco de herradura las técnicas árabes por ellos utilizadas. Esta era la puerta de entrada para los reyes en sus visitas reales a la ciudad.

    Una vez que se atraviesa el barrio de San Pedro de la Fuente, para continuar con el Camino, se cruza el Puente de Malatos construido en 1165 que permitía a los peregrinos atravesar el río Arlanzón. Junto a este puente se encontraba la famosa leprosería San Lázaro de los Malatos.

    Después de atravesar el Parque del Parral nos encontramos con el Hospital del Rey, una de las instituciones hospitalarias de todo el Camino de Santiago. Fue fundado por el rey Alfonso VIII a finales del siglo XII. Quedaba bajo la jurisdicción de la Madre Abadesa del Monasterio de las Huelgas. La primitiva construcción cisterciense fue sustituida por una nueva en tiempos del emperador Carlos I. Destaca la puerta plateresca de Romeros que da acceso a la Facultad de Derecho y al rectorado de la Universidad de Burgos. De la iglesia llaman la atención las puertas de madera con distintos motivos jacobeos; quedan representados peregrinos entre los que destaca una mujer amamantando a su hijo mientras camina. Fueron realizadas en el siglo XVI. Los peregrinos prosiguen su marcha en busca de Villalbilla.

  2. SOBRE EL PUENTE MALATOS… ALGUIEN ESCRIBE:

    Su historia popular es de dolor

    Se puede llegar sin complicaciones al Puente de Malatos. Andando lo veréis si seguís el curso del río Arlanzón por la Avenida de Palencia. Mi camino preferido es el que atraviesa el Paseo de la Isla.
    Se encuentra en la parte oeste de Burgos, a una media hora andando del centro. No está demasiado lejos: a mí me gusta ir caminando. Es posible ir en autobús: la forma más fácil es coger la línea Barriada del Pilar hasta el antiguo hospital militar.

    Si se visita Burgos durante pocos días no merece la pena ver este puente: hay monumentos más relevantes en la ciudad. Si se está como mínimo una semana, sí. Además tiene muy próximas otras curiosidades turísticas: el Parral, el Hospital del Rey, las Huelgas y el Parque de la Isla.

    Visitar el puente es completamente gratuito. No valoro este aspecto por ello.
    El estado de conservación es correcto ahora. Hace no mucho fue restaurado por alumnos de prácticas de Burgos supervisados por sus profesores. El resultado es correcto aunque resulta artificial debido a la larga edad del puente. Antes estaba muy sucio. Daba penita verlo. Mucho mejor ahora. Ya cogerá “solera” con el tiempo y el clima burgalés.
    No existe circulación rodada por el puente, aunque sí que existe cerca una carretera principal. Volverá a ennegrecerse con el tiempo por la contaminación…

    Este puente está unido a una historia curiosa: Fue usado por personas con lepra para llegar a un antiguo hospital cercano. De ahí vino su nombre: mala tos. Esta es la historia más conocida sobre el puente a nivel popular en Burgos. Sirvió para atravesar el Arlanzón a personas con gran sufrimiento que fueron muy discriminadas en su día. Cuando se usa este puente con mal clima es fácil imaginar su viaje hasta el hospital. Impresiona…
    Además el Puente de Malatos se encuentra en el Camino de Santiago (atraviesa la ciudad). Está cerca del antiguo albergue de peregrinos, que se ubicaba en el Parque del Parral. Se encuentra próximo al Hospital del Rey que fue creado para sanar a los peregrinos.
    Estructuralmente es un puente muy sencillo. Tiene varios arcos romanos y su ornamentación es nula. En ese aspecto me defraudó.

  3. LEO EN CUÉNTANOS TU VIAJE (UN MONOGRÁFICO SOBRE EL CAMINO) LO SIGUIENTE DE ESTA ETAPA QUE FINALIZA EN ITERO:

    Una vez que el peregrino sale de la capital burgalesa tiene que pasar por el Puente del Arzobispo, situado junto al cerro de Castro. Desde aquí el camino cruza la carretera y se dirige a la localidad histórica de Tardajos.

    Según algunos autores, el municipio de Tardajos existe desde la época augusta, y estuvo estratégicamente situado en la calzada que unía Clunia (Burgos) y Julióbriga (cerca de Reinosa, en Cantabria).

    Desde Tardajos se llega a la villa de Rabé de las Calzadas, ciudad que fuera cedida por Alfonso VI con el fin de que, con sus rentas, se sustentara la alberguería del hospital del Emperador.

    A continuación, el Camino asciende por la Cuesta de Matamulos, donde hoy se pueden contemplar montículos de piedras superpuestas que almacenan los peregrinos a su paso.

    Hornillos del Camino es el siguiente punto de encuentro. Se trata de uno de los pueblos que conserva mejor su trazado urbanístico jacobeo y cuenta con la importante iglesia de Santa María.

    Un poco más adelante, después de atravesar tortuosos caminos, se alza la hospitalaria villa de Hontanas. La parroquia está dedicada a la Inmaculada Concepción, dentro de un edificio del siglo XIV.

    Esta población mantiene una actividad hospitalera muy importante, ya que son tres los albergues que están a disposición de los peregrinos. No faltan las fuentes en su casco urbano, que justifican su toponimia.

    El lugar de San Bol se encuentra en un descampado en el camino, antes de llegar a Hornillos. Aquí nace un manantial donde tradicionalmente los peregrinos se lavaban los pies.

    En otro tiempo, hacia 1352, hubo una leprosería y luego un monasterio de la Orden de San Antonio. Hoy se levanta un peculiar albergue de peregrinos que incluso cuenta con una pequeña alberca para que se puedan bañar los caminantes. Destacan las pinturas y murales que hacen referencia a los templarios, orden profundamente vinculada al Camino de Santiago.

    A su salida, el camino discurre sinuoso hasta llegar a la emblemática villa de Castrojeriz. Pero antes de pasear por sus calles y a pocos kilómetros de su entrada, el peregrino recibe una grata sorpresa: el Convento de San Antón, impresionante edificio gótico que conserva sólo una parte de su construcción original que, todavía hoy, demuestra el esplendor de lo que fuera antaño.

    Perteneció a la orden de los Antonianos, cuya fama se debe a su poder para curar el “fuego de San Antón”, una enfermedad que azotó a Europa durante los siglos X y XI y que mostraba, como principales síntomas, erupciones ardientes y enrojecimientos a partir de las extremidades, provocadas por el cornezuelo del centeno. El convento conserva actualmente impresionantes muros, destacando un bello arco adornado con numerosas arquivoltas.

    Por fin, el peregrino entra en Castrojeriz, la villa que aparece a continuación. De ella destaca su larguísima sirga jacobea que recorre toda la ladera meridional del cerro sobre el que se asienta el castillo. A la entrada de la localidad se alza majestuosa la Colegiata de la Virgen del Manzano, templo remodelado en el siglo XVIII sobre el original románico-ojival del siglo XIII. La importancia de la Virgen es tal que Alfonso X la recoge en algunas de sus Cantigas. Sobresale también la iglesia-museo de Santo Domingo y el bello edificio gótico de San Juan.

    Castrojeriz tiene la particularidad de conservar una mezcla entre la arquitectura urbana y rural, gracias a sus casas porticadas de ladrillo y mampuesto de piedra y sillería, testimonio de un pasado señorial que todavía impregna cada rincón de la villa.

    Después de abandonar Castrojeriz, el peregrino pasa por Castrillo-Matajudíos, una pequeña población situada en la carretera de Melgar de Fernamental, antes de tomar un cruce hacia Itero del Castillo, localidad ribereña fortificada y situada bajo el torreón de su castillo. Es el último pueblo de la provincia de Burgos.

  4. CUENTA ALFONSO BIESCAS DE RESTITUTO RODRIGUEZ LO SIGUIENTE:

    Grande, barbudo, estricto y personalisimo, despierta con música antigua y prepara el desayuno a los peregrinos. Y pobres de los que no lo sean e intenten dormir en su refugio.

    DESDE LUEGO… ALGUIEN COMO ALMA, MI ABUELA… A MÍ ME TIENE QUE CAER BIEN POR MUY PERSONAL QUE SEA. PUES LO QUE HABRÍA TENIDO QUE AGUANTAR JUANJO ALONSO ESCALADA SI LE PRESENTA ESA CREDENCIAL A MI ABUELA…. ES QUE ES ROJA, COMO YO.

  5. Y EN ESTE DIARIO QUE SIN DUDA HABRÁ QUE LEERSE Y QUE RECOGE JAVIER EN SU ANTOLOGÍA DE DIARIOS DE PEREGRINOS… HAY TODO UN CAPÍTULO DEDICADO A RESTITUTO RODRIGUEZ.

    HACIA MÁS ALLÁ Y HACIA MÁS ARRIBA
    (Ultreia e suseia)
    Crónica de una peregrinación y coplas escritos por
    José María Maldonado

    Tengo la sensación de que se cierra la primera parte del Camino para mí. Mi sobrino y algunos amigos a los que he estado acostumbrado estos días desaparecen todos. La tormenta de Burgos ha dispersado a la gente y comienzo a sentirme otra vez rodeado de caras nuevas. El tramo de Camino que hoy no andaré termina en un lugar donde comienza la meseta castellana pura y dura. Según la lista que me dio el hospitalero de Puentelareina debo dirigirme al albergue regentado por un personaje llamado Restituto, Resti para los amigos.

    Restituto

    Dejo la mochila en el bar y me dedico a cojear por el pueblo. Llevo las sandalias de goma y el dedo bien protegido. Un peregrino cojo es algo de lo más normal, así que sin prisas me dedico el resto de la mañana a disfrutar de este hermoso pueblo, el antiguo castro visigodo de Sigerico, Castrum Sigerici, o sea, Castrojeriz.
    Encuentro a Fabiola, la chica que conocí el primer día bajando de Roncesvalles. Va con un grupo de amigos y me saluda muy afectuosa y me da las gracias, pues dice que le ayudó mucho su conversación conmigo, aunque ignoro en qué le pude ser útil. Me presenta a sus amigos y todos me conocen de oídas por lo que ella les ha contado. Dice que está solucionando sus problemas. Ellos no van a quedarse en Castrojeriz, así que nos despedimos muy efusivamente. Un detalle: Fabiola ha engordado un poco en estos quince días. Se ve que los bocadillos y las muchas pastas que comen los peregrinos le están haciendo efecto. Por supuesto que no se lo digo.

    A eso de la una compruebo que en la puerta del albergue de Resti hay grupos de peregrinos esperando. Entro en un bar cercano donde descubro en la barra, leyendo el periódico, al personaje que ya había visto en alguna foto en Internet. Podría ser, por el aspecto, un líder marxista de los de antes, o un hippie irreductible, con pinta de gigantón aunque no sea demasiado alto. Me acerco a él.
    – Hola, tú eres Resti, ¿verdad?
    Él me mira tratando de acordarse de mí sin conseguirlo, claro, y sin atreverse a decirme que no me conoce. Lo saco de dudas:
    – Tú no me conoces. Simplemente quiero traerte un saludo de parte de Ángel Espinosa, que estaba el otro día de hospitalero en Puentelareina.
    – ¿El del bigote?
    – Sí, ése.
    Resti sonríe, me pregunta por él y se interesa por mi cojera.
    – Una simple ampolla sin importancia, pero que me ha impedido hacer esta jornada.
    – Pues si vas a quedarte en el albergue, en veinte minutos estaré a tu disposición.

    Veinte minutos después Resti abre el albergue. Me sorprende ver cómo se combinan en él, a partes iguales, la amabilidad y la rectitud. Advierte a todo el mundo que él nos despertará a las seis, pero que nadie intente salir antes, pues no se debe hacer ruido y hay que respetar el sueño de los otros. En el albergue hay colgados letreros con normas de conducta, pero la hucha está como escondida, en el dormitorio. Lo normal es que la hucha esté junto al hospitalero, de esa forma todos se sienten obligados a dar una limosna más o menos razonable. Resti la ha puesto donde no puede controlar quién colabora y quién no. Cada peregrino allá con su conciencia. Este detalle dice algo del personaje.
    Uno por uno nos lleva a nuestra litera. El dormitorio es cómodo, pues está dividido en compartimentos con cuatro camas cada uno y espacios empotrados para poner los bártulos. Las literas son de obra, por lo que no se mueven y así no se molestan unos a otros.

    Coincido en el dormitorio con un tipo que se pone a hablar de Resti. Según él se trata de un hospitalero muy especial. Un puro del Camino. Para detectar a los turistas que se cuelan en el albergue a veces se da una vuelta por los alrededores del pueblo y toma la matrícula de algún coche que le parezca sospechoso. Luego da una falsa alarma entre los peregrinos:
    – Por favor. De parte de la Guardia Civil se busca al propietario del coche marca tal, con matrícula número tal.
    Naturalmente, si está, el dueño aparece inmediatamente a ver qué pasa. De esa forma Resti descubre a los farsantes que venían en coche y se hacían pasar por peregrinos, y los invita amablemente a salir por donde entraron y buscarse un hotel, que es lo que deben hacer los turistas. Me gusta la anécdota.

    Almuerzo en un bar donde coincido en la mesa con un tal Pepe, sevillano como yo, hombre afable con el que comparto botella de tinto y pasión por el Betis y por la Macarena.
    Por la tarde me dedico a ojear sin hache la biblioteca del albergue y a hojear con ella un libro sobre las sectas en el que aparecen algunas que he conocido o en las que se metieron algunos amigos míos. Concretamente leo el estudio que trae sobre la secta de Guru Majaraj Ji, y me parece de lo más objetivo. El autor se llama Pepe Rodríguez, en serio. Le debieron sugerir que cambiase el nombre por uno más comercial pero el chico se obstinó y no hubo forma.
    Bajo a la puerta y encuentro a Resti malhumorado. Se pone a explicarme que unas chicas extranjeras se han quejado porque les han quitado las mochilas de sus literas y se las han puesto en otras camas. Al parecer ha llegado un cura con un grupo de chicos y sin pedir permiso a nadie les han cambiado las camas para dormir ellos todos juntos.
    – Y es que algunos curas se creen los dueños del Camino.
    No es la primera vez que oigo esa frase. Debe de ser verdad. De todas formas, Resti es muy respetuoso con la Iglesia. La anécdota da pie para que charlemos un rato. Me intereso por la posibilidad de ofrecerme unos días de hospitalero y él me invita a que cuando quiera, en época no estival, me venga a pasar unos días con él en Castrojeriz, que me traiga a Luisa si quiero, y de esa forma me enseñará cómo se lleva un albergue.
    – Pero primero termina el Camino y tómate una buena temporada para digerirlo -me recomienda.
    Y ya lo creo que necesitaré tiempo para asimilarlo todo.

    A la mañana siguiente Resti va de litera en litera:
    – Muy buenos días. El café estará preparado en diez minutos.
    En el albergue suena música gregoriana. El hospitalero cuida cada detalle. Arriba, junto a una cocinita, va recibiendo a los peregrinos con un vaso de café. En la mesa hay galletas y pan. Según van entrando Resti ofrece el vaso y dice a cada uno:
    – Buen provecho. La limpieza del vaso corre por cuenta del peregrino.
    Me despido con un “hasta pronto”, y él con el clásico “buen Camino”. En su recuerdo escribo esta coplilla ripiosa en forma de adivinanza en la que no hay nada que adivinar:

    ADIVINANZA

    a Resti, hospitalero de Castrojeriz

    Adivina, adivinanza:
    un ser puro del Camino,
    amable y recto a la vez,
    entregado al peregrino.

    Ni su pelo, ni sus barbas,
    ni su aspecto corpulento
    asustan a ningún niño:
    gigante bueno de un cuento.

    Cuento feliz
    que hoy transcurre en su pueblo:
    Castrojeriz.

  6. Y SI HACES UNA BÚSQUEDA DE RESTI… APARECE MASIVAMENTE EN LOS FOROS. POR SU NOMBRE COMPLETO NO. ASÍ QUE SOBRE EL ALBERGUE DE CASTROJERIZ… AUNQUE A MÍ EL TIPO ME HA CAÍDO BIEN Y NO VOY A RECOGER DESCALIFICATIVOS DE FANTASMAS:

    El hospitalero Resti puede parecer un borde y un chulo, si, pero es el único que dice las cosas como son y discrimina entre turistas y peregrinos.
    Fecha: 29/11/2001
    Autor: etude(arroba)mixmail.com

    Si eres turista vete al albergue municipal, si quieres reírte un rato escucha a Resti rajar y decir tacos sobre la hipocresía de muchos caminantes. Por otra parte, se agradece el desayuno de despedida.

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    Fecha: 29/11/2001
    Autor: N/A

    Ahora que veo la información del otro albergue de S. Esteban, recuerdo oir comentar al “mítico” Resti que a base del “donativo” de los peregrinos y la labor de los hospitaleros voluntarios de la Asociación, ha podido acometer la instalación de energía solar para el albergue y la mejora de instalaciones, servicios y duchas (sin perder la austeridad)

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    Según me consta de mi estancia en ese (para mi) emblemático Refugio:

    Fecha: 29/11/2001
    Autor: N/A

    No tiene cocina, ni enchufes para cargar móviles (experiencia personal), las bicicletas si tienen sitio cerrado pero a la intemperie en el patio, tienen jabón en los servicios y duchas, y que yo recuerde cierran a las 22:30 h. y es el único sitio de que madrugada los hospitaleros invitan a un café con leche, galletas y “algo más”, y despiden a los peregrinos en la puerta.

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    RE: Refugio de Castrojeriz

    Fecha: 25/02/2002
    Autor: maderman2(arroba)hotmail.com

    El mejor hospitalero del camino de Santiago, “RESTI”
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    RE: Refugio de Castrojeriz

    Fecha: 26/05/2002
    Autor: TUNNICLIFFE(arroba)terra.es

    Estuve en mayo del 99 y tengo que decir que Resti me atendió pero que muy bién, controlando la situación y evitando que algún caradura se pasara de listo, algunos dicen que es duro pero quién no ha estado de hospitalero no sabe lo dificil que es ver como llegan con coche de apoyo a quitarle sitio a otros que se lo andan. Resti se preocupa de eso y de otras cosas más. . Gracias Resti
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    RE: Refugio de Castrojeriz

    Fecha: 12/09/2002
    Autor: agusmp(arroba)teleline.es

    Hice el camino en julio de 2000. No sé qué tenemos los peregrinos en bici, o qué tiene Restituto con nosotros. Sufrimos un trato deplorable, como si contamináramos el albergue por entrar a beber agua y llenar los botes. Evidentemente tuvimos que irnos a dormir a Itero del Castillo (vaya diferencia de amabilidad y buen trato). Lo peor es que estando dormidos, a las 11 y media de la noche, llegaron a Itero otros dos peregrinos. Noche cerrada, porque Restituto no les quiso dejar quedarse a dormir. Sabemos que tienen preferencia los peregrinos de a pie. Pero un trozo de suelo no se le niega a nadie y menos a esas horas.
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    RE: Refugio de Castrojeriz

    Fecha: 30/12/2002
    Autor: green-pea(arroba)telefonica.net

    Además de sentirme por primera vez protegido y axiliado por un hospitalero en el Camino , volví de hospitalero voluntario en varias veces sin hacerle sombre a Restituro por unos odiado y por otros amado, quizá el hospitalero mas rígido del camino. Pero no hay que olvidar que no cobra, te levanta con cantos gregorianos al alba, te da de desayunar, y cuida por que nadie perturbe la paz en el interior del refugio después de un largo día de peregrinación. Como refugio tiene todo lo que uno necesita. La gente del pueblo es sencillamente encantadora, pronto volveré por aquellas hermosas tierras castellanas. David, desde Lanzarote.
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    RE: Refugio de Castrojeriz

    Fecha: 24/01/2003
    Autor: seelan(arroba)telefonica.net

    Qué gran persona atiende este encantador albergue del Camino. Sin ser de los mejores, es uno de los más agradables, donde nada sobra y donde nada falta, y su organización facilita una gran tranquilidad y reposo de los peregrinos. No os perdáis la puesta de sol en Mostelares desde su terraza.
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    No es para paniguados

    Fecha: 21/04/2003
    Autor: lyncex(arroba)mixmail.com

    Quien critique a Resti mejor que se vaya a Benidorm de vacaciones. Hace falta un poco de percepción sensible y de raciocinio para comprender a un tío así, que te cala a la primera y te trata como te mereces. Ocurre que los bípedos civilizados no abundan; los otros, suelen llevar un artilugio chillón pegado a la oreja. Yo traté a Resti (agosto 97) como él a mí: es decir, de puta madre.

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    Uno de los más agradables y auténticos.

    Fecha: 23/04/2003
    Autor: jrfreixanet(arroba)hotmail.com

    Estamos realizando el Camino por etapas de cuatro o cinco días y estuvimos en el albergue esta semana santa. Cabe decir que la atención de Resti y sus dos “guachis” hospitaleras fue magnífica. Tienen muy claro lo que significa hacer el camino a pie y cuales son las obligaciones de los peregrinos, luchando contra la jodida picaresca de la gente que llega con coche de soporte, quitando la plaza a los peregrinos. No tienen pelos en la lengua echando de su albergue a esta subespecie de gorrones que, en grupos compactos, frecuenta el Camino. “Vaskito”
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    RE: Refugio de Castrojeriz

    Fecha: 05/05/2003
    Autor: maespuelas(arroba)terra.es

    Pasé la noche del día 2 de mayo en este albergue, y la experiencia fue muy buena
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    Fecha: 22/05/2003
    Autor: jaimegiron(arroba)hotmail.com

    Aunque cuando llegué me encontré un lugar agradable, limpio y atendido, a primera vista, por unos hospitaleros serios y un poco distantes. A la mañana siguiente no me dejó de sorprender el que por primera vez estando todos acostados y justo antes de empezar a salir el sol, fueran los hospitaleros los que de una manera muy agradable (con cantos gregorianos de fondo) nos daban los buenos dias invitándonos a tomar un cafe con leche. Salimos de allí muy satisfechos por nuestra elección de Castrojeriz como final de etapa. Más adelante cuando en otro albergue me robaron la cámara, o cuando con el escandalo que formaban algunos, con demasiada frecuencia, me despertaba a las cinco de la mañana y ya era imposible seguir durmiendo, entonces nos acordabamos de Castrojeriz.
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    Fecha: 05/06/2003
    Autor: martaausin(arroba)terra.es

    Quiero agradecer publicamente el maravilloso trato que me dieron Resti y las hospitaleras brasileñas Vera y Rouse. Llegue bastante mal animicamente y ellos me dieron uno de los mejores dias que disfrute en mi camino. Un beso muy grande y con gran cariño para los tres, siempre estareis en mi corazon.
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    Fecha: 13/09/2003
    Autor: tornajo(arroba)ono,com

    En Castrojeriz, he conocido a uno de los personajes mas auténticos del camino. Gracias por todo Resti. (si lees este comentario, soy el conquense de los huevos fritos en el bar de Mari)
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    Fecha: 01/10/2003
    Autor: gaby_valbuena(arroba)hotmail.com

    Creo que un albergue de peregrinos debe dar hospitalidad no sólo a aquellos que se quedan a dormir, sino también a los que estando de paso necesitan descansar un poco, beber agua o cambiar el agua al canario. Pues bien, a nuestro paso por Castrojeriz en Semana Santa no nos dejaron descansar allí un poco (nos echaron al patio donde hacía mucho frío) y ni siquiera nos dejaron “mear”, privilegio tal que sólo merecían los “peregrinos residentes” que deben ser de otra especie “un colectivo” como dijo el hospitalero (que creo que no era Resti). Menos gregorianos y más urinarios. Saludos
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    Fecha: 25/04/2005
    Autor: agus.3095(arroba)cajarural.com

    No cabe más amabilidad por parte de los dos hospitaleros que ese día estaban -Resti y E.Sierra-si además añadimos que por la mañana te despiertan suavemente con música sacra y encima tienes el desayuno preparado te sientes como niño mimado. Muchas gracias a Resti y Sierra por su hospitalidad. Saludos.
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    Fecha: 03/07/2005
    Autor: barolo(arroba)hotmail.com

    Hace tiempo que espero una disculpa por parte de ese personaje, me insultó y no me dejó quedar en el refugio sin motivo alguno. Otros terminaron las ofensas dandole en el morro, y no solo una vez. ¿Siempre tiene razón? No escucheis los malos mensajes y no os fieis de personajes con el síndrome de estocolmo que esperan no ser maltratados injustamente y se felicitan si los malos tratos van a otros.
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    muy majo

    Fecha: 05/07/2005
    Autor:

    Bien Resti, educado y muy hospitalario, Lorenzo muy nervioso su mujer Montse muy maja. Recomendable. La voluntad de cada uno es importante.
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    Fecha: 27/12/2005
    Autor: indigoo_3(arroba)msn.com

    Gracias Resti, después de un duro día de otoño, lloviendo, caminando desde Burgos sin encontrar nada abierto, habiendonos aconsejado y hablando muy bien de tí, y ese día finales de Noviembre 05, nos habían dicho que tenías abierto, te llamamos por teléfono 5 veces dejando mensajes en el contestador (todavía espero respuesta). Espero te sirva este mensaje para por lo menos informar a la gente si está abierto o cerrado. Gracias también al otro albergue “El catalán” por su frialdad. Y si de verdad alguien en Castrojeriz se merece las GRACIAS de verdad es el dueño del Hotel Restaurante EL MESON, eso es ser Hospitalario, no como vosotros. Jose (es mi opinión personal) Ya se que no todos se encontrarán como yo aquél día Es una lastima no haberte conocido, por que hasta mi hermano me habla muy bien de ti. Espero que la proxima vez estes. Montserrat.Cambrils
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    Como os fue por Brasil?
    Fecha: 2006-07-26
    Autor:

    Tengo entendido que por esas fechas Resti andaba dando conferencias por Brasil, por supuesto invitado por alguna potente asociación. ¿Dio buen espectáculo? ¿Consiguió dinero para otra ducha?
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    El Refugio

    Fecha: 31/03/2006
    Autor: bsemateu(arroba)uol.com.br

    El título es necessario y coherente con el mejor refugio de la atualidad, pues es el tipo de refugio con hospitaleros voluntarios que recibe el peregrino dándolle todas las informaciones necesarias para que el peregrino se sinta en su casa. La verdad la casa de Resti es nuestra casa, el principio es seguir las regras del refugio y saberas que estás invitado a un local lleno de solidariedad y hospitalidad. Seamos peregrinos y no turistas.
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    cerrado

    Fecha: 07/04/2006
    Autor:

    Consta como abierto todo el año pero yo estuve a finales de marzo y estaba cerrado nos dijeron que solia abrir por semana santa señor Resti tal vez seria mejor se dedicara a la hosteleria y no a la hospitalidad de los peregrinos ya que esta es todo el año no solo cuando hay mucha gente
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    Totalmente de acuerdo
    Fecha: 2007-06-24
    Autor:

    Nosotros hemos llegado hoy, 24 de junio de 2007 y por lo visto sigue igual, después de hacer un montón de horas caminando nos encotramos conque no abre hasta las 14.30 y cuando entramos se nos cae el alma a los pies de ver en las condiciones en que está. Resti déjate de conferencias y dedicate más a dar un buen servicio al peregrino, que de eso se trata el llevar un albergue y sino dedicate a otra cosa, a publicista que es lo tuyo, por ejemplo, saludos
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    cerrado

    Fecha: 17/06/2006
    Autor: olgajiartieda(arroba)hotmail.com

    El dia 3 de junio llegamos a Castrojeriz despues de andar 40 km y estaba cerrado .Gracias a las personas de Casttrojeriz que nos ayudaron a buscar una cama para descansar pues habia muchos peregrinos y estaba todo lleno . Por lo que leo no es la primera vez que pasa el hospitalero que se dedique a otra cosa o que delegue en algien si no puede atenderlo.
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    Gracias, Resti

    Fecha: 10/12/2006
    Autor:

    Por tu amabilidad y por tu sinceridad, los turistas tienen mil destinos, los peregrinos un albergue muy entrañable en el que hay que guardar las normas del hospitalero. ¿o se tiene que adaptar él a los miles que pasan por su casa? Tu en tu casa no lo admitirias. Resti: si lees esto, te sigo agradecido por la cadena que me guardaste casi un mes. y yo sé que no te pueden dejar mensajes en ningun teléfono. ¡no tienes!, Un abrazo. Lástima que seas una especie en extinción.
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    a ver si actualizamos las cosas…

    Fecha: 27/09/2007
    Autor: larai3(arroba)hotmail.com

    resti ya no esta en este albergue lo a dejado y no todo lo k se dice de el es verdad, aki unos cardan la lana y otros se llevan la fama

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    # Direccion: C/ Cordón
    # Localidad: Castrojeriz (Burgos)
    # Teléfono de contacto: 947 37 74 00
    # Propiedad del albergue: Asociación de Amigos de los Refugios
    # Institución o Administración encargada de los costes de conservación: Asociación
    # Persona encargada de atender el albergue: Resti
    # En caso de estar el albergue cerrado: Preguntar en el pueblo por Resti

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    # Nº de plazas en litera: 28
    # Nº de colchones en suelo: 0
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    # Hora de apertura: 16 horas en invierno y a las 15 horas en verano
    # Hora de cierre: A las 22 h en invierno y a las 22´30 en verano
    # Posibilidad de salir o no cuando se cierra: No

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  9. FRAGMENTO DE IACOBUS DE MATILDE ASENSI…

    Al día siguiente, muy temprano, salimos de Burgos en dirección a León y pronto avistamos la población de Tardajos. Aunque apenas una milla separa esta aldea de su vecina Rabé, atravesan­do las ciénagas pudimos comprender la verdad del dicho:

    De Rabé a Tardajos,
    no te faltarán trabajos.
    De Tardajos a Rabé,
    ¡libéranos, Dominé!

    Pero, para trabajos, los que tenía yo viajando con Sara y Jo­nás aquel día: el chico no hablaba, no miraba y casi ni estaba, y la judía, con un nubarrón en la frente, parecía sumida en negras re­flexiones. Me aliviaba comprobar que no era de pena su gesto, y que ni dolor ni tristeza empañaban sus pupilas cuando me mira­ba. Era, más bien, furia contenida, indignación. Y a mi, aliviado del peso de una sombra que había lacrado mi vida durante años, aquello me parecía magnífico. Me sentía bien, contento y satisfe­cho, mientras avanzaba hacia un destino desconocido con aquel patán de hijo y la mujer más sorprendente del mundo.

    Pasada una desolada e interminable meseta llegamos a Hor­nillos, en cuya entrada se elevaba un espléndido Hospital de San Lázaro, y al poco, después de un tramo de peñascales, al pueblo de Hontanas. Para entonces la luz del día declinaba ya y tenía­mos que empezar a buscar un lugar donde pasar la noche.
    -Por aquí no hay albergues -nos dijo un lugareño mientras blandía el cayado contra una piara de cerdos-. Seguid adelante, hasta Castrojeriz, que no está lejos. Seguro que encontrareis si­tio. Pero si queréis un consejo -farfulló- no sigáis hoy la cal­zada. Esta noche los monjes de San Antón reciben a los malatos y el Camino pasa justo por delante de la puerta. Habrá muchos de ellos rodeando el monasterio.
    -¿Hay por aquí un cenobio de antonianos? -pregunté in­crédulo.
    -Así es, señor -confirmó el porquero-. Y bien que lo sen­timos los que vivimos cerca, porque aparte de los leprosos cono­cidos (los nuestros, quiero decir), y de los que peregrinan a Compostela buscando el perdón y la salud, cada semana, tal día como hoy, esos malditos malatos del Fuego de San Antón nos llegan a centenares.
    -¡Antonianos, aquí! -resoplé. No podía ser, me dije confu­so, ¿qué estaban haciendo en el Camino del Apóstol? Calma… Debía pensar con cordura y no dejarme arrastrar por la sorpresa. En realidad, si me paraba a reflexionar, la verdadera pregunta era: ¿por qué me sorprendía yo de encontrar a los extraños monjes de la Tau en un Camino extrañamente lleno de Taus? Hasta ahora, el «Tau-aureus», el signo del oro, había aparecido en la imagen de santa Orosia (en Jaca), en la pared de la tumba de santa Oria (en San Millán de Suso), y en el capitel de San Juan de Ortega, y siempre indicando de forma cabal la presencia de tesoros tem­plarios ocultos. Ahora, de pronto, se presentaba en su aspecto más desconcertante: un cenobio de Antonianos ubicado a medio camino entre Jaca y Compostela.

    El porquero se alejó de nosotros golpeando con la vara los perniles de sus cerdos, y Sara y Jonás se quedaron mirándome desconcertados mientras yo permanecía clavado al suelo como si hubiera echado raíces.
    -Parece que la presencia de esos freires os ha trastornado -dijo Sara escrutándome con la mirada.
    -Caminemos -ordené secamente por toda respuesta.

    Ni una sola vez, desde que encontramos el mensaje de Man­rique de Mendoza, había relacionado la Tau con los monjes An­tonianos. Su existencia quedaba para mí demasiado lejos de aquella intriga, y, sin embargo, nada más lógico que hallarlos dentro. Aunque ni ricos ni poderosos, los antonianos compar­tían con los freires del Temple los conocimientos fundamentales de los secretos herméticos y habían sido designados, al decir de algunos, como herederos directos de los Grandes Misterios. Eran, en apariencia, los hermanos menores de los poderosos milites Templi Salomonis, esos segundones que toda familia, a falta de una herencia mejor que dejarles, destina a la Iglesia y que, dentro de ella, descollan por su prudencia, astucia y eficacia. Apenas te­nían cinco o seis congregaciones repartidas entre Francia, Ingla­terra y Tierra Santa, y de ahí mi sorpresa al descubrir su inespe­rada presencia en Castilla. Por alguna extraña razón que no se me alcanzaba, vestían hábito negro con una gran Tau azul cosida so­bre el pecho.

    Estaba intentado recordar con esfuerzo todo cuanto sabía acerca de ellos, buscando algún dato olvidado que pudiera rela­cionarlos con mi misión, cuando Sara, que caminaba a mi diestra, me preguntó por qué parecían inquietarme tanto esos monjes. Hubiera preferido que la curiosidad procediera de Jonás, pero éste continuaba encerrado en su terco mutismo. Aun así, desea­ba que atendiera a mis palabras y que relacionara por sí solo lo que yo, por estar Sara delante, no podía explicarle.
    -Los antonianos -empecé-son una pequeña Orden mo­nástica cuyo origen está envuelto en una espesa niebla. Todo lo que se sabe es que nueve caballeros del Delfinado (nueve, ¿os dais cuenta?) -Sara afirmó sin comprender, para que siguiera hablando, y Jonás levantó la mirada del suelo por primera vez-, partieron hace más de doscientos años hacia Bizancio en busca del cuerpo de Antonio el Ermitaño, el anacoreta de Egipto, ca­nonizado como san Antonio Abad y llamado también san An­tón, que obraba en poder de los emperadores de Oriente desde que fuera milagrosamente descubierto en el desierto. A su vuel­ta, las reliquias se instalaron en el santuario de La Motte-Saint Didier y los nueve caballeros crearon la Orden antoniana, pues­ta bajo la advocación y el patronazgo del santo eremita y de la santa anacoreta María Egipciaca, que vivió oculta en el desierto durante cuarenta y seis años hasta que fue hallada por el monje Zósimo.
    -¿Santa María Egipciaca? -se extrañó Sara-. ¿Es que los cristianos habéis canonizado a una bruja?

    Jonás, perdido el protagonismo por culpa de los antonianos y a punto de reventar de curiosidad, ya no pudo seguir forzando su aislamiento.
    -¿Quién es una bruja? -preguntó.
    -Pues Maria Egipciaca.

    Sonrei para mis adentros.
    -¿Por qué? -continuó preguntando.
    -Porque santa Maria Egipciaca -le expliqué yo, adelantán­dome-, era en realidad la bella prostituta alejandrina Hipacia, famosa por su brillante inteligencia, fundadora de una poderosa e influyente escuela en la que, entre otras materias, se enseñaba matemáticas, geometría, astrología, medicina, filosofía…
    -Y también nigromancia, alquimia, taumaturgia, magia y brujería -añadió Sara.
    -Si, y también todo eso -confirmé.
    -¿Y por qué la santificaron?

    Un gran resplandor comenzó a vislumbrarse a lo lejos, entre las sombras lejanas. La caminata era agradable, la luna brillaba, men­guante, en lo alto, y el descenso volvía ligeros y veloces los pies.
    -En realidad, no la santificaron a ella. Lo cierto es que Hi­pacia encontró un furibundo enemigo en la persona de san Ciri­lo, cuyas iracundas homilías predispusieron a la chusma contra ella. Esto ocurría en Egipto a finales de la cuarta centena. Se sabe poco sobre lo ocurrido, pero parece ser que Hipacia tuvo que huir al desierto para evitar la muerte y que cuarenta y seis años después fue encontrada (o eso dice al menos la leyenda) por el bienaventurado varón Zósimo. La Iglesia de Roma, en su afán por explicar el portento de su insólita supervivencia, de los ex­traños poderes que exhibía y de sus milagros, la renombró como Maria y la consagró en los altares. O sea, que inventaron una per­sona nueva.
    -¿Qué extraños poderes?
    -Podía conocer el pensamiento de los demás, permanecer inmóvil durante días y semanas sin ingerir alimentos y sin que se le encontrase el aliento, mover objetos sin tocarlos y realizar pro­digiosas sanaciones.
    -Las hechiceras -apostilló Sara, negándose a perder a su patrona y maestra- utilizamos muchas de sus antiguas fórmulas en nuestra magia actual.

    Nos habíamos acercado bastante al origen del resplandor y difícilmente olvidaríamos nunca la imagen que se mostraba ante nuestros ojos: una construcción tan espigada que se perdía en la noche oscura, de formas sobrecogedoras, cuya sagrada ornamen­tación, cargada de agujas, chapiteles y gabletes parecía hecha más para asustar almas que para calmar espíritus, surgía aterradora­mente iluminada por las llamas de cientos de antorchas portadas por los aquejados del Fuego de San Antón. Algunos, los más, avanzaban por su propio pie con mayores o menores dificultades apoyados en un bordón, pero otros sólo podían hacerlo con la ayuda de familiares que los llevaban sobre los hombros o en an­garillas. Lo que nosotros veíamos desde la distancia era un Inter­minable río de fuego que giraba lentamente alrededor del monas­terio impulsado por una fuerza misteriosa. Pero lo más curioso era que, a través de los altos y estrechos ventanales, se filtraba desde el interior una extraña luz azul, producto, seguramente, de los cristales de las vidrieras. En cualquier caso, fuera lo que fuera lo que provocara aquel resplandor, el resultado era pavoroso.

    El Camino, totalmente invadido por enfermos a lo largo de un enorme trecho, pasaba por debajo de un arco que unía la puerta del monasterio con unas alacenas situadas enfrente, y allí mismo, en lo alto de las escalinatas, un reducido grupo de monjes anto­nianos repartía entre la muchedumbre minúsculas medallitas de latón con el símbolo de la Tau, medallitas que pudimos observar en manos de quienes ya se marchaban. Aquel que debía ser el abad, con su báculo en forma de Tau tocaba ligeramente a quienes pasaban bajo el arco, al tiempo que los monjes enarbolaban en sus manos otras Taus menores con las que impartían bendiciones.
    -No debemos mezclarnos con los leprosos -comentó Sara haciendo un gesto de aprensión.
    -¡Patrañas! Debéis saber que en mis muchos años de traba­jo con apestados jamás he conocido a nadie que se contagiara. Yo mismo, sin ir más lejos.
    -De todos modos, no quiero pasar por ahí.
    -Ni yo tampoco, por sí acaso -apuntó Jonás.
    -Está bien, no preocuparos. No pasaremos. Es más -aña­dí-, acamparemos tras aquel recodo y pasaremos la noche al raso.
    -¡Moriremos de frío! ¡Nos helaremos!
    -Es un pequeño inconveniente, pero estoy seguro de que mañana estaremos vivos.

    Encendimos un buen fuego al abrigo de una roca y nos dis­pusimos a cenar sentados en el suelo sobre nuestras capas. Saca­mos de las escarcelas las viandas que traíamos desde Burgos y, con la ayuda de dos palos y un espetón, asamos unos pedazos de ter­nera -desangrada según la ley de Moisés- que nos había regala­do don Samuel para el viaje. No hablábamos mucho: ellos, por­que habían vuelto cada uno a sus extravíos mentales, y yo, porque estaba ocupado planeando la manera de entrar esa noche en el monasterio de los antonianos.

    Una de las cosas que más me preocupaba era la afinidad de Sara con los templarios (al margen del desplante de Manrique). En realidad, estaba deseando contarle el motivo de nuestra pere­grinación, de manera que Jonás y yo pudiéramos actuar con li­bertad sin tener que andarnos con disimulos y zarandajas. Pero contarle a Sara lo que estábamos haciendo era ponerla en peligro con Le Mans, así que, mal si no se lo contaba, pero también mal si se lo contaba. Por otro lado, la actitud de Jonás tampoco me ayudaba mucho a la hora de tomar una decisión, pero antes o después tendríamos que volver a la normalidad y, de hecho, por muy grande que hubiera sido su disgusto, era la primera vez que no amenazaba con volver corriendo al cenobio de Ponç de Riba, lo cual me indicaba que, aunque a las malas, por el momento de­seaba continuar a mi lado.
    -Jonás -le llamé.

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