(9) Etapa novena: NÁJERA – SANTO DOMINGO DE LA CALZADA (Camino Francés a Santiago)

EN PREPARACIÓN…

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Camino entre Cirueña y Santo Domingo de la Calzada

Camino entre Ciriñuela y Santo Domingo de la Calzada

(Padre Rodrigo)

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* Los caminos agrícolas recorren esta etapa, entre la sierra de Cantabria al norte y la sierra de la Demanda al sur.

J. M. Anguita Jaén

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Por las calles Rey Don García, se sale de Nájera, ascendiendo por una pronunciada cuesta a través de un pinar. Desde allí se alcanza una planicie cultivada por viñedos, por la que discurre un camino rural que se transforma en asfalto a los 3,5 kilómetros. Desde aquí se comienza a divisar Azofra, hacia donde hay que encaminarse (y a su izquierda Cordovín).

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ETAPA 9. INFORMACIÓN PRÁCTICA

AZOFRA

ALBERGUES

Albergue <<Herbert Simón>>. La parroquia ofrece albergue junto a la iglesia todo el año. Tiene 16 plazas y cocina. Tienen cabida bicicletas. Telf: 941 379 057

Albergue <<Roland Kalle>>. Privado. Telf: 941 379 096

RESTAURANTES

Camino de Santiago. Calle Mayor, 24. Telf: 941 379 239

El peregrino. Plaza de España, 17. Telf: 941 416 041

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SANTO DOMINGO DE LA CALZADA

ALBERGUES

Albergue <<Casa del Santo>>. La cofradía gestiona un albergue de gran tradición. Con 70 plazas, aunque en verano hay más, y cocina. Abre todo el año. Dispone de sitio para bicicletas y de establo. Telf: 941 343 390

Albergue de la Abadía Cisterciense <<Nuestra Señora de la Anunciación>>. En la calle Mayor de las Madres Benedictinas ofrecen alrededor de 30 plazas. Tienen además cocina, establo y sitio para bicicletas. Telf: 941 340 700

HOTELES

HS* Río. Calle Etchegoyen, 2 Telf: 941 340 005. 12 habitaciones, 24 plazas

HS Hospedería Cisterciense. Calle Pinar, 2. Telf: 941 340 700. 79 habitaciones. 111 plazas

Pensión Albert. Plaza Beato Hermosilla. Telf: 941 340 827. 5 habitaciones. 10 plazas.

Pensión Miguel. Avenida Juan Carlos I, 23 -3º. Telf: 941 343 252. 6 habitaciones. 12 plazas 22€ hab. doble.

RESTAURANTES

Casa Sarmiento. Avenida de Haro, 5. Telf: 941 341 572

El Rincón de Emilio. Plaza Bonifacio Gil, 7. Telf: 941 340 990

Hidalgo. Calle Hilario Pérez, 6. Telf: 941 340 227

Los Arcos. Calle Mayor, 68. Teléf: 941 342 791

Mesón del Abuelo. Plaza Alameda. Telf: 941 342 890

Mesón El Peregrino. Calle Mayor, 18. Telf: 941 340 202

Mesón Los Caballeros. Calle Mayor, 56. Telf: 941 342 789

MEDIOS DE TRANSPORTE

La línea Logroño – Burgos, que lleva a cabo la compañía de autobuses del Grupo Jiménez tiene parada en Santo Domingo de la Calzada.

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Nájera - Santo Domingo de la Calzada

*enlace web: CAFÉ COKE, donde puedes estudiar esta etapa y sus correlaciones con las casillas del Juego de la Oca.

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EXPERIENCIAS PEREGRINAS

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aviso

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1.El Camino’’ de Shirley McLaine

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El camino de Sherley MacLein

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… Por eso cuando Ali se cansaba y cogía el autobús, Carlos me preguntaba galantemente si podía ayudarme en algo. Juntos pasamos por Torre del Río, Viana, Navarrete, Logroño y Nájera, recorriendo más de 50 kilómetros.

La prensa intentó acercárseme en varios pueblos pero Carlos intercedía, y como mi imagen el el Camino ya era de todos conocida, los periodistas no hallaban nada nuevo que publicar. No hablé con ninguno de ellos, y a esas alturas la gente de los pueblos también me protegía; en alguna ocasión vi cómo enviaban a un reportero en una dirección equivocada mientras yo me escondía detrás de un árbol. A Carlos le encantaba ser mi guardián, y yo se lo agradecía.

En Santo Domingo, poco después de Nájera, Ali sufrió un tirón muscular (todavía no le había salido ninguna ampolla) y tuvo que pasar unos días en un refugio, mientras Carlos, que estaba tan decidido a alcanzar su meta como yo, me precedía a unos pasos de distancia.

Empecé a ver muchos tornillos enormes tirados junto al camino, y pensé que eso quizá significara que se me había aflojado alguno.

A estas alturas, después de unos diez días de viaje, ya me había habituado al dolor y caminaba algo inclinada hacia adelante, apoyándome en el bastón, para ejercer la misma presión sobre ambos pies. Había conocido a muchas personas de diferentes países y había hablado con ellas; también había conseguido que los cambios de clima no me pusieran demasiado nerviosa, y en los refugios había puesto mi bolsa de homeopatía a disposición de quienes tuvieran problemas de salud. Además, no había dejado de rezar para que un espasmo muscular o una distensión no me obligaran a interrumpir la peregrinación. Cuando andaba por las llanuras, la temperatura podía alcanzar los cuarenta grados, pero en las colinas, que eran más frescas, se podía llegar a estar a menos de veinte grados, y eso podía experimentarse en el mismo día. En algún momento pensé en prescindir de mi chaqueta y mis pantalones isotérmicos, pero afortunadamente decidí conservarlos.

Al final de cada jornada cenaba ensalada, pan y vino en compañía de Ali y Carlos y, a veces de otras nuevas amistades. Normalmente podíamos encontrar algún pequeño restaurante no demasiado lejos del albergue. A veces, cuando los perdía de vista y llegaba a algún pueblo, como no hablo español, andaba unos cuantos kilómetros más hasta dar con el siguiente refugio. Las chicas irlandesas siempre parecían estar unos cuantos días por detrás o por delante de mí. Nunca dejaban de preguntarme por mis problemas con la prensa, y yo les aseguraba que todo iba bien.

(en algún día de Junio de 1994)

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2. LogroñoSanto Domingo de la Calzada

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Logo de Juan Holgado

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15-6-94 46 km.

Salgo de Logroño a las 7 de la mañana, he traído una fotografía, que el año pasado nos hicimos, el grupo de peregrinos e Ignacio Landaluce, para entregársela personalmente y así saludarle, pero como es muy temprano y no aparece por su chamizo hasta más tarde, he decidido entregársela en un sobre al encargado de la gasolinera, donde Ignacio pasa a diario, para que le haga entrega en mi nombre. En una postal que Gonzalo y Mariló me remitieron desde Burgos, me decían que Ignacio había recibido la fotografía y se acordaba perfectamente de todos nosotros, también que me enviaba afectuosos saludos.

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Al paso por Navarrete he tenido una larga charla con el párroco, José Félix, joven del Opus, con el que he tenido oportunidad de discutir de cuestiones terrenales diversas. Como tengo la intención de visitar el Monasterio de Santa María la Real de Nájera, cosa que no pudo ser el año anterior, apuro el paso y llegar antes de que lo cierren al mediodía. Unos 5 kmts.

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NÁJERA, Colegiata de Santa María la Real

(imagen tomada por el Padre Rodrigo Valdez)

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Antes de llegar a Nájera, adelanto a tres abuelitas austríacas, muy simpáticas, con quienes tengo ocasión de charlar un ratito. Llego a Nájera y chasco, son las 12,35 y el monasterio lo cierran a las 12,30. Ruego que me lo dejen visitar, nada que hacer, no hay guía, si quiero tengo que esperar a las 4 de la tarde que lo abrirán de nuevo. Llega Margarita, una ciclista belga y le ocurre lo mismo, a esperar a las 4.

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rio Najerilla

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Decido esperar y visitarlo, no voy a dejar pasar esta segunda oportunidad, así que descansaré plácidamente a la orilla del río Najerilla, en la terraza de un bar, donde comeré a la sombra, fresquito y agradable, haciendo tiempo. A las 4 en punto estoy a la puerta del Monasterio, las abuelitas austríacas también hacen cola, además de un grupo de excursionistas alemanes.

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Portal de Santa Mar�a la Real

Portal de Santa María la Real

(Padre Rodrigo Valdez)

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La espera mereció la pena, el grupo de alemanes andaba por un lado con su guía y yo por mi cuenta haciendo la visita a placer, media hora muy bien aprovechada, a un lugar con mucha belleza e historia.

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A las 4,30 retomo el camino hacia Santo Domingo, con breve parada en Azofra para visitar a Evaristo, un paisano que la vez anterior nos invitó amablemente a un vaso de vino y una simpática charla. El pobre Evaristo, me cuenta, estuvo a punto de morir hace unos meses, muy enfermo, ahora se está recuperando, le deseo mejore su salud y espero verle la próxima vez que haga el Camino.

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Detalle de una columna románica en la Catedral (David)

Detalle de una columna románica en la Catedral David

(Padre Rodrigo Valdez)

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Llego en solitario a Santo Domingo de la Calzada a las 8,30, ha sido una jornada bastante dura, me aposento en el Albergue, que por cierto está muy bien acondicionado. Ducha, cambio de ropa y a visitar la Catedral, que según me dicen, han retirado el retablo y han aparecido unas columnas románicas preciosas.

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Retablo de Santo Domingo

* Retablo Mayor, arteHistoria

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El retablo fue realizado en el año 1.580, por lo tanto , que así se han mantenido intactas.

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Shirley MacLaine

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En el Albergue me dicen que la Maclein durmió ayer aquí, he leído su recuerdo en el libro de honor. Después de cenar he mantenido una larga charla con Margarita, la ciclista belga y otra chica irlandesa, sobre el Camino de Santiago.

– Diario de JUAN HOLGADO, Junio/ 1994 –

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3.

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Flores mujer y Camino

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… lo intuí al subir la cuesta después de Santo Domingo de La Calzada cuando salía el sol y como una epifanía las mujeres empezaron a coger las flores del camino y ponérselas en el pelo: es la mayor exquisitez y elegancia que he podido ver en mi vida, que momento más impresionante, que guapas estaban todas con las flores del camino en el pelo, que fresca mañana porque Nájera es fría…

IGNACIO TOMÁS, Al otro lado de la Galaxia

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6. l – Azofra a Belorado (36 km +)

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Diario de un peregrino descalzo

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Aunque Guillermo y yo nos levantamos todavía en la oscuridad, los otros ya han partido. Las flechas amarillas nos llevan invariablemente al lado de una carretera muy traficada. El asfalto es áspero y caliente como una brasa, y la turbulencia de los camiones que pasan a nuestro lado a toda pastilla es desagradable.

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Al parador

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Desayunamos en el porche del lujoso Parador de Santo Domingo de la Calzada, un antiguo hospital de peregrinos. No me interesa entrar en la catedral para ver los dichosos pollos enjaulados, y a Guillermo no le impresionan.

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Desafortunadamente, al salir de Santo Domingo, el Camino nos vuelve a llevar por la carretera principal de nuevo. Increiblemente, alcanzamos a Saul, el doctor y el sherpa al poco rato, y seguimos juntos. Sentados en la hierba para descansar, noto que se me estan desgastando las plantas de los pies rapidamente. Intento ponerle algo de esparadrapo en las partes más blancas y desgastadas, lo que parece ayudar, aunque tengo que reponerlo regularmente.

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Rebaño a la altura de Redecilla del Camino

* Rebaño a la altura de Redecilla del Camino (Padre Rodrigo)

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En Redecilla del Camino les digo a mis compañeros que me parece quedarme ahi la noche.

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albergue en Redecilla del Camino

*enlace: Albergue de Redecilla del Camino

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Me acompañan con un refresco en el bar bajo el refugio, pero cuando se disponen a seguir el camino, les sigo sin comentarios. No me apetece quedarme.

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albergue de Belorado

*enlace: Albergue de Belorado (Caroline Mathieson, TheRealPicturePage)

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Cuando la señalización por fin se desvía de la carretera, es claramente una desviación larga, por lo que tardamos mucho más en llegar a Belorado de lo que esperabamos. El albergue ya esta completo cuando llegamos.

La hospitalera nos invita a ducharnos y preparar la comida ahi, e indica que hay una casa abandonada a las afueras del pueblo donde podemos dormir. Con su larga tunica blanca parece que se ha quedado en los años sesenta, y tiene una calma y capacidad de atención digna de un ángel. Me cuenta que conoció otro holandés que hizo el camino descalzo, desde París cuando se volvió a recuperar la señalización del camino hace una década.

La casa abandonada queda a un kilometro al lado de un arroyo. Es sorprendentemente limpia y tiene agua corriente en el baño, pero no hay mueble alguno. El doctor justo esta refunfuñando que no lleva colchonetas, cuando el sherpa entra arrastrando una cama doble completa con manta, lo que nos parte de risa.

– Diario de un PEREGRINO DESCALZO, Agosto 1996 –

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Alfonso Biescas

11.03.04. Jueves.

Najera-Santo Domingo (248):

El sol lucía esta mañana en un precioso día de primavera. Las brumas al deshacerse dejaban paso a un paisaje sereno y verde. Paz del campo, de la vida natural.

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Azofra Rollo juridisccional

*enlace: Azofra, Rollo juridisccional (Padre Rodrigo)

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En un caminar agradable sin apenas ropa han pasado Azofra. Otros pueblos han visto alterada su paz por campos de golf y urbanizaciones. Robledos en donde ayer ramoneaban los animales y se sentaban los peregrinos a descansar son hoy “calles” o “greens” Pero esto ha traido la riqueza a lugares abandonados de la mano de Dios. Ojalá sean capaces de asumir el cambio con serenidad e inteligencia, sin que el dinero o la sociedad destruya naturales tan sencillos.

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Recta de Santo Domingo

*enlace: Santo Domingo de la Calzada al fondo (Mario CJ)

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En el final de la etapa se puede disfrutar de pequeñas colinas y valles hermosos, verdes, suaves, cuidados y ricos. La torre de la Catedral se divisa en el horizonte, promesa de una ciudad interesante, amable y bonita.

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albergue de Santo Domingo de la Calzada

* enlace: abergue de Santo Domingo e interior (Caroline Mathieson)

Interior del albergue de Santo Domingo

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El refugio está muy bien, con camas muy anchas y separadores que crean una cierta intimidad.

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Catedral de Santo Domingo

*enlace: Camino de Mario CJ

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El campanario de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada

*enlace: Tomadas por el Padre Rodrigo Valdez

Detalle del Campanario de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada

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El ábside de Santo Domingo de la Calzada

(el ábside)

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La Catedral es maravillosa y una visita detenida, admirando sus rincones y su grandeza, sólo nos va a producir una intensa satisfacción.

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La tumba de Santo Domingo

*enlace: El Santo en Cervantes Virtual

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La tumba del Santo bien merece un tiempo de meditación y su mausoleo toda nuestra admiración.

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El Gallinero de la Catedral de Santo Domingo de la Calzada

*enlace: Camino del Padre Rodrigo Valdez

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El gallinero sorprende y dibuja una sonrisa en cualquier espíritu sereno. Cuenta la leyenda que son afortunados aquellos que oyen cantar al gallo o que pueden recoger una de sus plumas.

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El Parador te permite entrar en calor en un ambiente agradable. Siempre respetuosos, el equipo acoge en sus salas a los peregrinos con afecto. La tradición obliga, ya que fué en sus tiempos el Hospital de Peregrinos construido por el mismísimo Santo Domingo. Un buen café hace olvidar parte del rigor sufrido durante pasada semana.

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atentado 11 M

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La alegría de llegar a un lugar como este ha sido destruida, brutalmente, con el conocimiento del atentado en Madrid.

En el Camino se está en otra dimensión, fuera del espacio-tiempo tradicional. Una barbaridad de este tipo es dificil de comprender por estar en otro mundo, mucho más humano, sencillo, amable. El impacto entre los peregrinos ha sido tremendo, quizá mayor que para los que viven en el mundo real. Las lagrimas caían por las mejillas, la tristeza apagaba los ojos, rompía las sonrisas. La incapacidad para entender las imagenes, los comentarios, las reacciones, es dificil de explicar.

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Sólo la serenidad que un shock produce puede explicar las reacciones pausadas, lentas de aquellos que caminan. No hay razón que pueda defender la violencia, el terror. Quien así actúa se margina de los humanos y pasa a ser simplemente animal, sin raciocinio ni valores.

Hemos comprado una cinta negra y cortada en trozos, cada uno la ha colocado allí donde le parecía. En mi mochila sigue, porque no puedo olvidar.

– Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 04 –

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11. Volveré

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Diario de mirada de agua

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NájeraSanto Domingo de la Calzada
27 de septiembre de 2004

Anotaciones en mi diario: “Etapa muy buena, muy mejorada de los pies, mi cuerpo es increible. Santo Domingo es precioso, muy interesante, volveré….Se suma Ignacio y Antonio (83 años) ¡Todo genial!”

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apres Najera

* enlace: Humeao. Org

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Antes de ponerme a escribir, y juntar mis recuerdos en palabras, leo las anotaciones de esta pequeña libreta que me acompañó todo un mes, pequeñita, porque una de las consideraciones que no hay que saltarse para emprender este camino es eliminar el mayor peso posible de la mochila. Sólo con leer estas frases llegan a mí los recuerdos de ese día. Y el primero es Antonio.

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Antonio no salió al mismo tiempo que yo, del albergue, me lo encontré en el camino y nuestro paso cuadraba adecuadamente, llevábamos el mismo ritmo. Comenzamos a hablar y me contó su vida, una vida llena de tristezas y alegrías, catalán que emigró a Argentina, y se apena de haber regresado de allí, me contó como tuvo que escaparse de casa para poder hacer el camino solo. Ocultó su mochila que llenó con las recomendaciones que una de sus hijas, doctora, le había dicho, y una mañana se metió en el tren hasta Pamplona, sobre las tres de la tarde su mujer le llamó por teléfono para saber si iba a llegar a comer y de buenas a primera le soltó que no, que tardaría muchos días en regresar…

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Su mujer -tan gracioso me pareció como lo contaba Antonio, se veía todo el amor que sentía por ella, había dejado Argentina a petición suya- le increpó, diciéndole que llamaría a la policía para que lo buscasen, que le incapacitaría mentalmente. No llegó a nada de eso, por supuesto, y él tan feliz caminando a mi lado. Caminando a su ritmo, a media mañana teníamos el gusto de tomarnos una tapa de tortilla y una cervecita para reponer fuerzas. Se alojaba como cada uno de nosotros en los albergues, antes de llegar al fin de la etapa de este día, me comentó “Guada, hoy me daré el lujo de dormir en un hotel, y descansar, no caminaré más por hoy”.

Me dio tristeza despedirme de él, tan entrañable, pero me alegró comprobar como su sabiduría le indicaba lo que tenía que hacer, como no se dejaba llevar por los demás, y vivía y caminaba de acuerdo a lo que su alma, mente y cuerpo le disponían en perfecta concordia.

– Diario de GUADALUPE, Mirada de agua, Septiembre/ 04 –

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12.El peregrino de Compostela(Diario de un mago) – PAULO COELHO

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el peregrino

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-¿Ustedes son peregrinos? -preguntó la anciana que nos servía el desayuno. Estábamos en Azofra, un pueblecito de pequeñas casas con escudos medievales en la fachada y con una fuente donde minutos antes habíamos llenado nuestras cantimploras.

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Respondí que sí y los ojos de la mujer mostraron respeto y orgullo.

-Cuando era niña, pasaba por aquí al menos un peregrino por día, al camino de Compostela. Después de la guerra y de Franco no sé qué sucedió, pero parece que dejó de haber peregrinaciones. Deberían hacer una carretera. Hoy en día a la gente sólo le gusta andar en carro.

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Petrus no dijo nada. Se había levantado de mal humor. Le di la razón a la mujer y me quedé imaginando una carretera nueva y asfaltada subiendo montañas y valles; autos con veneras pintadas en el capacete y tiendas de souvenirs en las puertas de los conventos. Terminé de tomar el café con leche y el pan con aceite.

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Mirando la guía de Aymeric Picaud, calculé que por la tarde debíamos llegar a Santo Domingo de La Calzada, y planeé dormir en el Parador Nacional. Estaba gastando mucho menos dinero de lo planeado, a pesar de hacer siempre tres comidas al día. Era hora de cometer una extravagancia y de dar a mi cuerpo el mismo trato que daba a mi estómago.

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Los paradores nacionales son antiguos castillos y monumentos históricos transformados por el gobierno español en hoteles de primera categoría.

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Me desperté con una prisa extraña, con ganas de llegar pronto a Santo Domingo de La Calzada, una sensación que, dos días antes, cuando caminábamos hacia la ermita, estaba convencido de no volverla a tener. Petrus estaba también más melancólico, más callado que de costumbre, y no sabía si era por causa del encuentro con Alfonso dos días antes. Sentí muchas ganas de invocar a Astrain y de conversar un poco sobre eso, pero nunca había hecho la invocación durante la mañana y no sabía si daría resultado. Desistí de la idea.

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Acabamos nuestros cafés y recomenzamos la caminata. Cruzamos una casa medieval con su blasón, las ruinas de una antigua posada de peregrinos y un parque provinciano en los límites del poblado. Cuando me preparaba para volver al campo, sentí una presencia fuerte a mi lado izquierdo. Seguí de frente, pero Petrus me detuvo:

-No sirve de nada correr -dijo. Detente y enfrenta la situación.

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Quise zafarme de Petrus y continuar. El sentimiento era desagradable, como una especie de cólico abdominal. Por algunos instantes quise creer que era por el pan con aceite, pero ya lo había sentido antes y era inútil engañarme: tensión, tensión y miedo.

-¡Mira atrás -la voz de Petrus tenía un tono de urgencia-, mira antes de que sea tarde!

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Volteé bruscamente: a mi izquierda estaba una casita abandonada; la vegetación, quemada por el sol, la había invadido por dentro. Un olivo elevaba sus ramas retorcidas al cielo y, entre el olivo y la casa, mirándome fijamente, estaba un perro. Un perro negro, el mismo que había expulsado de la casa de la mujer días atrás.

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Perdí la noción de la presencia de Petrus y miré fijamente los ojos del animal. Algo dentro de mí -tal vez la voz de Astrain o de mi ángel de la guarda- me decía que si desviaba los ojos el animal me atacaría. Nos quedamos así, mirándonos mutuamente, durante minutos interminables. Sentía que, después de haber experimentado toda la grandeza del Amor que Devora, de nuevo estaba ante las amenazas diarias y constantes de la existencia. Pensé por qué el animal me habría seguido hasta tan lejos y finalmente qué quería, porque yo era un peregrino en busca de una espada y no tenía ganas ni paciencia para entrar en conflicto con personas o animales por el camino.

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Traté de decir todo esto con los ojos -recordando a los monjes del convento, que se comunicaban con la vista-, pero el perro no se movía. Continuaba mirándome fijamente, sin manifestar ninguna emoción, pero listo para atacar si me distraía o mostraba miedo. ¡Miedo! Me di cuenta de que el miedo había desaparecido. Consideraba que la situación era demasiado estúpida para tener miedo. Mi estómago estaba contraído y tenía ganas de vomitar por la tensión, pero no tenía miedo. Si tuviera miedo, algo me decía que mis ojos me denunciarían y el animal me derrumbaría de nuevo, como lo había hecho antes. No debía desviar los ojos, ni siquiera cuando presentí que, por un sendero a mi derecha, una silueta se aproximaba.

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La silueta se detuvo un instante y luego caminó derecho hacia nosotros. Cruzó exactamente la línea de nuestras miradas, diciendo algo que no pude entender. Era una voz femenina y su presencia era buena, amistosa y positiva. En la fracción de segundo que la silueta se colocó entre mis ojos y los del perro, mi estómago se relajó. Tenía un amigo poderoso que estaba allí ayudándome en aquella lucha absurda e innecesaria. Cuando terminó de pasar, el perro había bajado los ojos, Dando un salto, corrió hacia la casa abandonada y lo perdí de vista.

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Sólo en ese momento mi corazón se aceleró de miedo. La taquicardia fue tan intensa que me mareé y creí que iba a desmayarme. Mientras todo me daba vueltas, miré a la carretera por donde minutos antes Petrus y yo habíamos pasado, buscando la silueta que me dio fuerzas para derrotar al perro. Era una monja. Estaba de espaldas, caminando rumbo a Azofra, y no podía verle el rostro, recordé su voz y calculé que tendría, máximo, veintitantos años. Miré el camino por donde vino: era un pequeño atajo que no daba a ninguna parte.

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-Fue ella… fue ella quien me ayudó -murmuré mientras mi mareo aumentaba.

-No te pongas a inventar más fantasías en un mundo ya de por sí tan extraordinario -dijo Petrus, acercándose y sosteniéndome por un brazo. Ella vino de un convento en Cañas, que queda a unos cinco kilómetros de aquí. Es obvio que no puedas verlo. Mi corazón continuaba acelerado y me convencí de que lo pasaría mal. Estaba demasiado aterrorizado como para dar o pedir explicaciones. Me senté en el suelo y Petrus me echó un poco de agua en la cabeza y en la nuca. Recordé que había reaccionado de la misma manera cuando salimos de casa de la mujer, pero ese día yo estaba llorando y sintiéndome bien. Ahora la sensación era exactamente la contraria.

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Petrus dejó que descansara el tiempo suficiente. El agua me reanimó un poco y el mareo comenzó a pasar. Lentamente, las cosas volvían a la normalidad. Cuando me sentí reanimado, Petrus pidió que caminásemos un poco y le obedecí. Anduvimos unos quince minutos, pero el agotamiento volvió. Nos sentamos a los pies de un “rollo”, una columna medieval con una cruz en la punta, que marcaba algunos trechos de la Ruta Jacobea.

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-Tu miedo te causó mucho más daño que el perro -dijo Petrus, mientras yo descansaba.

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Quise saber por qué ese encuentro absurdo.

-En la vida y en el Camino de Santiago hay ciertas cosas que suceden independientemente de nuestra voluntad. En nuestro primer encuentro, te dije que había leído en la mirada del gitano el nombre del demonio que habrías de enfrentar. Me sorprendió mucho saber que ese demonio era un perro, pero no te dije nada en esa ocasión. Sólo cuando llegamos a la casa de la mujer -y manifestaste por vez primera el Amor que Devora vi a tu enemigo. Cuando alejaste al perro de esa señora, no lo llevaste a ningún lado. Nada se pierde, todo se transforma, ¿no es así? No lanzaste los espíritus en una manada de puercos que se arrojó por un despeñadero, como hizo Jesús. Simplemente alejaste al perro. Ahora, esa fuerza vaga sin rumbo tras de ti. Antes de encontrar tu espada, deberás decidir si deseas ser esclavo o señor de esa fuerza.

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Mi cansancio comenzó a pasar. Respiré profundo, sintiendo la piedra fría del “rollo” en mi espalda. Petrus me dio un poco más de agua y prosiguió:
-Los casos de obsesión se presentan cuando las personas pierden el dominio de las fuerzas de la tierra. La maldición del gitano sembró el miedo en aquella mujer y el miedo abrió una brecha por donde penetró el Mensajero del muerto. Éste no es un caso común, pero tampoco raro. Depende mucho de cómo reacciones ante las amenazas de los otros.

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Esta vez fui yo quien recordó un pasaje de la Biblia. En el Libro de Job estaba escrito:

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“Todo lo que más temía me sucedió”.

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-Una amenaza no puede provocar nada, si no es aceptada. Al librar el Buen Combate, nunca te olvides de esto, como tampoco debes olvidar que atacar o huir son parte de la lucha. Lo que no forma parte de la lucha es quedarse paralizado de miedo.

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Yo no sentí miedo en ese momento. Estaba sorprendido conmigo mismo y comenté el asunto con Petrus.

-Lo percibí. De no haber sido así, el perro te habría atacado y casi con toda certeza habría vencido en el combate, porque el perro no tenía miedo. Sin embargo, lo más curioso fue la llegada de aquella monja. Al presentir una presencia positiva, tu fértil imaginación creyó que alguien había llegado para ayudarte. Es tu fe la que te salvó, aun basada en un hecho absolutamente falso.

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Petrus tenía razón. Soltó una sonora carcajada y reí junto con él. Nos levantamos para proseguir el camino. Ya me estaba sintiendo ligero y bien dispuesto.

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-Sin embargo, es necesario que sepas algo -dijo mientras caminábamos-: el duelo con el perro sólo podrá acabar con la victoria de uno de los dos. Volverá a aparecerse y la próxima vez procura llevar la lucha hasta el final. Si no, el fantasma del perro te preocupará por el resto de tus días. En el encuentro con el gitano, Petrus me había dicho que conocía el nombre de ese demonio, le pregunté cuál era.

-Legión, respondió. Porque son muchos.

Andábamos por tierras que los campesinos preparaban para la siembra. Aquí y allá algunos labradores manejaban bombas de agua rudimentarias, en la lucha secular contra el suelo árido. Por las orillas del Camino de Santiago, piedras apiladas formaban muros que no acababan nunca, que se cruzaban y se confundían entre los trazos del campo. Pensé en los muchos siglos durante los que estas tierras habían sido trabajadas y aun así surgía alguna piedra que sacar, piedra que rompía la lámina del arado, que dejaba rengo al caballo, que formaba callos en la mano del labrador. Una lucha que comenzaba cada año y no acababa nunca.

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Petrus estaba más serio que de costumbre y recordé que desde la mañana no hablaba casi nada. Después de la conversación al pie del “rollo” medieval, se había encerrado en un mutismo y no respondía a la mayor parte de mis preguntas. Quería conocer mejor esa historia de los “muchos demonios”. Antes me había explicado que cada persona tiene sólo un Mensajero, pero Petrus no estaba dispuesto a hablar del asunto y decidí esperar una mejor oportunidad.

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Subimos una pequeña elevación y, al llegar arriba, pude ver la torre principal de la iglesia de Santo Domingo de La Calzada. La visión me animó; comencé a soñar con el confort y la magia del Parador Nacional. Por lo que había leído, el edificio había sido construido por el propio Santo Domingo para hospedar a los peregrinos. Cierta noche, pernoctó allí San Francisco de Asís en su camino hacia Compostela. Todo eso me llenaba de emoción.

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Debían ser casi las siete de la tarde cuando Petrus pidió que nos detuviéramos. Me acordé de Roncesvalles, de la caminata lenta cuando necesitaba tanto de un vaso de vino por el frío y temí que estuviese preparando algo semejante.

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-Un Mensajero jamás te ayudará a derrotar a otro. Ellos no son buenos ni malos, como te dije antes, pero tienen un sentimiento de lealtad entre sí. No confíes en Astrain para derrotar al perro. Ahora era yo quien no estaba dispuesto a hablar de mensajeros, quería llegar pronto a Santo Domingo de La Calzada.

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-Los Mensajeros de personas muertas pueden ocupar el cuerpo de alguien dominado por el miedo, por eso, en el caso del perro, son muchos. Llegaron invitados por el miedo de la mujer; no sólo el del gitano asesinado, sino los diversos Mensajeros que vagan por el espacio, buscando una manera de entrar en contacto con las fuerzas de la tierra.

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Hasta ahora estaba respondiendo a mi pregunta, pero había algo en su modo de hablar que parecía artificial, como sí no fuera éste el asunto del que quisiera hablar conmigo. Mi instinto me puso sobre aviso de inmediato.

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-¿Qué quieres, Petrus? -pregunté un poco molesto. Mi guía no respondió, se salió del camino dirigiéndose hacia un árbol viejo, casi sin hojas, a algunas decenas de metros campo adentro; era el único árbol visible en todo el horizonte. Como no indicó que lo siguiera, me quedé parado en el camino y presencié una escena extraña: Petrus daba vueltas alrededor del árbol y decía algo en voz alta, mirando al suelo. Cuando acabó, indicó que me acercara, -Siéntate aquí -dijo. Había un tono diferente en su voz y yo no distinguía si era cariño o tristeza-. Aquí te quedas. Mañana te veo en Santo Domingo de La Calzada.

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Antes de que pudiera decir algo, Petrus continuó: Un día de éstos -y te garantizo que no será hoy tendrás que enfrentar a tu enemigo más importante en el Camino de Santiago: el perro. Cuando ese día llegue, quédate tranquilo que estaré cerca y te daré la fuerza necesaria para el combate. Pero hoy te vas a enfrentar a otro tipo de enemigo, un enemigo imaginario que puede destruirte o ser tu mejor compañero: la Muerte.

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“El hombre es el único ser de la naturaleza que tiene conciencia de que va a morir, por eso -y sólo por eso- tengo un profundo respeto por la raza humana, y creo que en un futuro será mucho mejor que en el presente. Aun sabiendo que sus días están contados y que todo acabará cuando menos se lo espera, hace de la vida una lucha digna de un ser eterno. Lo que las personas llaman vanidad -dejar obras, hijos, hacer que su nombre no se olvide- yo lo considero la máxima expresión de la dignidad humana.

Sucede que, frágil criatura, el hombre siempre intenta ocultarse a sí mismo la gran certeza de la Muerte. No ve que es ella quien lo motiva a hacer las mejores cosas de su vida. Tiene miedo del paso en la oscuridad, del gran terror a lo desconocido, y su única manera de vencer este miedo es olvidando que sus días están contados. No se da cuenta de que, con la conciencia de la Muerte, sería capaz de atreverse a mucho más, de ir mucho más lejos en sus conquistas diarias, porque no tiene nada qué perder, ya que la Muerte es inevitable.

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La idea de pasar la noche en Santo Domingo de La Calzada ya empezaba a parecerme algo distante. Cada vez seguía con mayor interés las palabras de Petrus. En el horizonte, exactamente frente a nosotros, el sol comenzaba a morir. Tal vez también estuviese escuchando aquellas palabras.

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-La Muerte es nuestra gran compañera, porque es quien otorga el verdadero sentido a nuestras vidas, pero, para poder ver la verdadera faz de nuestra Muerte, antes tenemos que conocer todas las ansiedades y terrores que la simple mención de su nombre es capaz de despertar en cualquier ser vivo. Petrus se sentó bajo el árbol y pidió que yo hiciese lo mismo. Dijo que momentos antes había dado algunas vueltas en torno al tronco porque recordó todo lo que había pasado cuando fue peregrino a Santiago. Después sacó de la mochila dos emparedados que compró a la hora de la comida, -Aquí donde tú estás no existe ningún peligro -dijo entregándome los emparedados-. No hay serpientes venenosas y el perro sólo volverá a atacarte cuando olvide la derrota de hoy por la mañana. Tampoco hay asaltantes o criminales por los alrededores.

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‘Peregrino de la luz’

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Estás en un sitio completamente seguro, con una sola excepción: el peligro de tu miedo. Petrus me dijo que hace dos días yo había experimentado una sensación tan inmensa y tan violenta como la Muerte: el Amor que Devora. Y que en ningún momento yo había titubeado o sentido miedo, porque no tenía prejuicios respecto del amor universal. No obstante, todos teníamos prejuicios respecto de la Muerte, sin darnos cuenta de que ella era apenas una manifestación más de Ágape. Respondí que con todos los años de entrenamiento en la magia prácticamente había perdido el miedo a la Muerte. En realidad, sentía más pavor por la forma de morir que por la Muerte propiamente dicha.

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-Pues entonces, hoy por la noche experimenta la manera más pavorosa de morir.

Y Petrus me enseñó El Ejercicío del Enterrado Vivo. -Sólo debes hacerlo una vez -dijo, mientras que yo me acordaba de un ejercicio de teatro muy parecido, Es preciso que despiertes toda la verdad, todo el miedo necesario para que el ejercicio pueda surgir de las raíces del alma y dejar caer la máscara de horror que cubre el gentil rostro de tu Muerte.

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Petrus se levantó y vi su silueta recortarse contra el cielo incendiado por la puesta de sol. Como yo permanecía sentado, lo veía como una figura imponente, gigantesca.

-Petrus, todavía tengo una pregunta. -¿Cuál? -Hoy por la mañana estabas callado y extraño. ¿Presentiste antes que yo la llegada del perro? ¿Cómo es posible?

-Cuando experimentamos juntos el Amor que Devora, compartirnos el Absoluto. El Absoluto muestra a todos los hombres lo que realmente son: un inmenso entramado de causas y efectos, donde cada pequeño gesto de uno se refleja en la vida del otro.

Hoy por la mañana esta pequeña porción de Absoluto aún estaba muy viva en mi alma. Yo estaba sintiéndote no sólo a ti, sino todo lo que hay en el mundo, sin límite de espacio o tiempo. Ahora el efecto ha disminuido y sólo volverá la próxima vez que haga el ejercicio del Amor que Devora. Recordé el mal humor de Petrus aquella mañana. Si era verdad lo que decía, el mundo estaba pasando por un momento muy difícil.

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-Te estaré esperando en el Parador -dijo mientras se alejaba-. Dejaré tu nombre en la recepción.

Lo acompañé con la mirada mientras pude. En los campos a mi izquierda, los labradores habían acabado su jornada y volvían a casa. Decidí hacer el ejercicio en cuanto la noche cayera por completo.

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Estaba tranquilo. Era la primera vez que me quedaba completamente solo desde que comencé a recorrer el Extraño Camino de Santiago. Me levanté y di un paseo por las inmediaciones, pero la noche estaba cayendo rápido y decidí regresar al árbol, por miedo a perderme. Antes de que la oscuridad cayera por completo, marqué mentalmente la distancia del árbol hasta el Camino. Como no había ni una luz que estorbase mi vista, sería perfectamente capaz de ver el sendero y llegar hasta Santo Domingo de La Calzada tan sólo con el brillo de la fina luna nueva que comenzaba a mostrarse en el cielo. Hasta ese momento no tenía ningún miedo y creí que se requeriría mucha imaginación para despertar en mí los temores de una muerte horrible, pero no importa cuántos años viva uno; cuando la noche llega, trae consigo temores escondidos en nuestra alma desde la infancia. Mientras más oscurecía, más incómodo me iba sintiendo.

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Estaba allí, solo en el campo y, si gritara, nadie me escucharía. Recordé que pude haber sufrido un colapso esa mañana. En toda mi vida, nunca había sentido mi corazón tan descontrolado. ¿Y si hubiese muerto? La vida se habría acabado y era la conclusión más lógica. Durante mi camino en la Tradición había conversado ya con muchos espíritus. Tenía absoluta certeza de la vida después de la Muerte, pero nunca se me había ocurrido preguntar cómo se daba esa transición. Pasar de una dimensión a otra, por más preparado que uno esté, debe ser terrible. Sí hubiese muerto esa mañana, por ejemplo, no tendría el menor sentido el Camino de Santiago, los años de estudio, la nostalgia por la familia, el dinero escondido en mi cinto. Me acordé de una planta que tenía sobre mi mesa de trabajo, en Brasil. La planta continuaría, como continuarían las otras plantas, los camiones, el verdulero de la esquina que siempre cobraba más caro, la telefonista que me informaba sobre los números no incluidos en el directorio. Todas esas pequeñas cosas que podían desaparecer sí hubiese tenido un colapso esa mañana cobraron de repente una enorme importancia para mí. Eran ellas, y no las estrellas o la sabiduría, las que me decían que estaba vivo.

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Ahora la noche estaba muy oscura y en el horizonte podía distinguir el débil brillo de la ciudad. Me acosté en el suelo y me quedé mirando las ramas del árbol sobre mi cabeza. Empecé a oír ruidos extraños, ruidos de toda clase. Eran los animales nocturnos que salían a cazar. Petrus no podía saberlo todo, si era tan humano como yo. ¿Qué garantía podría tener de que realmente no había serpientes venenosas? Y los lobos, los eternos lobos europeos, ¿no podrían haber decidido pasear aquella noche por allí al sentir mi olor? Un ruido más fuerte, semejante al de una rama quebrándose, me asustó y mi corazón se aceleró de nuevo. Me estaba poniendo muy tenso, lo mejor era hacer pronto el ejercicio e ir al hotel. Comencé a relajarme y crucé las manos sobre el pecho, en posición de muerto. Algo a mi lado se movió; di un salto y de inmediato me puse en pie.

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No era nada. La noche había invadido todo y había traído consigo los terrores del hombre. Me volví a acostar, esta vez decidido a transformar cualquier miedo en un estímulo para el ejercicio. Noté que, a pesar de que la temperatura había bajado bastante, estaba sudando.

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Imaginé que estaban cerrando el féretro y que los tornillos eran colocados en su sitio. Estaba inmóvil, pero vivo, y tenía ganas de decirle a mi familia que estaba viéndolo todo, que los amaba, pero ningún sonido salía de mi boca. Mi padre, mi madre llorando, los amigos en torno mío, ¡y yo estaba solo! Con tanta gente querida allí, nadie era capaz de darse cuenta que yo estaba vivo, que aún no había hecho todo lo que deseaba hacer en este mundo. Intentaba desesperadamente abrir los ojos, hacer alguna seña, dar un empujón a la tapa del féretro, pero nada en mi cuerpo se movía.

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Sentí que el féretro se movía, estaban llevándome hacia la tumba. Podía oír el ruido de argollas rozando las agarraderas de fierro, los pasos de las personas atrás, una que otra voz conversando. Alguien dijo que tenía una cena más tarde, otro comentó que yo había muerto tempranamente. El olor de las flores alrededor de mí cabeza comenzó a sofocarme. Recordé que había dejado de cortejar a dos o tres mujeres, por temor a ser rechazado. Recordé también que hubo ocasiones en que dejé de hacer lo que quería, creyendo que podría hacerlo más tarde. Sentí una enorme pena por mí, no sólo porque estaba siendo enterrado vivo, sino porque había tenido miedo de vivir. ¿Cuál era el miedo de toparse con un “no”, de dejar algo para después, sí lo más importante de todo era gozar plenamente la vida? Allí estaba yo, encerrado en un ataúd, y ya era demasiado tarde para volver atrás y mostrar el valor que necesitaba haber tenido.

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Allí estaba yo, que había sido mi propio Judas traicionándome a mí mismo, Allí estaba sin poder mover un músculo, gritando mentalmente, pidiendo socorro y las personas allá afuera, inmersas en la vida, preocupadas con lo que harían por la noche, mirando las estatuas y edificios que yo nunca más volvería a ver. Un sentimiento de gran injusticia me invadió por haber sido enterrado mientras los otros continuaban viviendo. Mejor habría sido una gran catástrofe y todos juntos en el mismo barco, con dirección al mismo punto negro hacia el cual me transportaban ahora. ¡Socorro! ¡Estoy vivo, no morí, mi cabeza continúa funcionando!

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Paulo Coelho

* Paulo Coelho Web

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Colocaron mi féretro en la orilla de la sepultura. ¡Van a enterrarme! ¡Mi mujer me olvidará, se casará con otro y va a gastar el dinero que durante todos estos años luchamos por juntar! ¿Pero qué importa todo eso? ¡Quiero estar con ella ahora porque estoy vivo! Escucho llantos, siento como si de mis ojos también rodaran dos lágrimas. Si ellos abrieran el ataúd ahora, verían y me salvarían. Pero todo lo que siento es el féretro bajando en la tumba. De repente todo se queda a oscuras. Antes entraba un hilillo de luz por la orilla de la caja, pero ahora la oscuridad es total. Las palas de los enterradores están sellando la tumba, ¡y yo estoy vivo! ¡Enterrado vivo! Siento el aire pesado, el olor de las flores es insoportable y oigo los pasos de las personas que se van. El terror es absoluto. No logro moverme, y si se van ahora en poco tiempo será de noche y ¡nadie me va a escuchar golpeando en la tumba!

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Los pasos se alejan, nadie oye los gritos que da mi pensamiento, estoy solo en la oscuridad, el aire sofocado, el olor de las flores empieza a enloquecerme. De repente oigo un ruido. Son los gusanos, los gusanos acercándose a devorarme vivo. Intento con todas mis fuerzas mover alguna parte de mi cuerpo, pero todo permanece inerte. Los gusanos comienzan a subir por mi cuerpo. Son grasientos y fríos. Se pasean por mi rostro, entran por mis pantalones. Uno de ellos penetra en mi ano, otro comienza a desaparecer por una fosa de mi nariz. ¡ Socorro! Estoy siendo devorado vivo y nadie me escucha, nadie me dice nada. El gusano que entró por mi nariz desciende por mi garganta. Siento otro entrando por mi oído. ¡Necesito salir de aquí! ¿Dónde está Dios, que no responde? Comenzaron a devorar mí garganta ¡y ya no voy a poder gritar nunca más! Están entrando por todas partes, por el oído, por las comisuras de la boca, por el orificio del pene. Siento aquellas cosas babosas y grasientas dentro de mí, ¡tengo que gritar, tengo que liberarme! Estoy encerrado en esta tumba oscura y fría, solo, ¡siendo devorado vivo! ¡Está faltando el aire y los gusanos me están comiendo! Tengo que moverme, ¡tengo que reventar este ataúd! Dios mío, ¡junta todas mis fuerzas porque me tengo que mover! TENGO QUE SALIR DE AQUí; TENGO… ¡VOY A MOVERME! ¡VOY A MOVERME! ¡LO LOGRÉ!

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Las tablas del féretro salieron volando hacia cada lado, la tumba desapareció y yo llené mi pecho con aire puro del Camino de Santiago. Mi cuerpo temblaba de pies a cabeza, empapado de sudor. Me moví un poco y noté que mis esfínteres se habían soltado, pero ya nada de esto tenía importancia: estaba vivo. La temblorina continuaba y no hice el menor esfuerzo por controlarlo. Me invadió una inmensa sensación de calma interior y sentí una especie de presencia a mi lado. Miré y vi el rostro de mi Muerte. No era la Muerte que había experimentado minutos antes, la Muerte creada por mis terrores y por mi imaginación, sino mi verdadera Muerte, amiga y consejera, que jamás me dejaría ser cobarde un solo día de mi vida. A partir de ahora, ella me ayudaría más que la mano y los consejos de Petrus. No permitiría que yo dejara para después todo lo que podía vivir ahora, no me dejaría huir de las luchas de la vida y me ayudaría a librar el Buen Combate. Nunca más, en ningún momento, me sentiría ridículo al hacer cualquier cosa, porque allí estaba ella, diciendo que cuando me tomara de las manos para que viajáramos hasta otros mundos, yo no debía llevar conmigo el mayor de todos los pecados: el Arrepentimiento. Con la certeza de su presencia, mirando su amable rostro, tuve la seguridad de que bebería con avidez de la fuente de agua viva que es esta existencia.

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La noche no tenía más secretos ni terrores. Era una noche feliz, una noche de paz. Cuando el temblor cesó, me levanté y caminé con dirección a las bombas de agua de los labradores. Lavé las bermudas y me puse las otras que traía en la mochila. Después, volví al árbol y me comí los dos emparedados que Petrus había dejado para mí. Era el alimento más delicioso del mundo, porque estaba vivo y la Muerte ya no me espantaba. Decidí dormir allí mismo. Finalmente, la oscuridad nunca había sido tan tranquila.

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Enlace  a todos los artículos de esta temática:

en EL CAMINO DE SANTIAGO (itinerario que sigue la Vía de Láctea)

¿Dónde encontrar más historias e información? Diarios de Peregrinos

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EL DISCAPACITADO Y EL CAMINO

*ENLACE WEB: EL CAMINO DE SANTIAGO PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD

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16 Respuestas a “(9) Etapa novena: NÁJERA – SANTO DOMINGO DE LA CALZADA (Camino Francés a Santiago)

  1. PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD TAMBIÉN SE EDITAN CAMINOS

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    NÁJERA – AZOFRA 6km

    Saliendo de Nájera por la N-120, encontramos un cruce a la izquierda junto a una fábrica de muebles. Descendemos ligeramente hacia una pista perfectamente transitable que nos conduce directamente hasta Azofra, empalmando con el camino 1 km antes de llegar a la población. Pasan muy pocos vehículos vecinales y el firme es bueno.

    Valoración de la accesibilidad del subtramo

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    A la salida de Nájera, el camino es de piedra suelta con pendientes que requieren ayuda. Más adelante, aproximadamente tras 4 km., el camino mejora sus condiciones y corre parejo a la carretera N-120.
    Deben atravesarse dos cruces sin señalización. Ésta es insuficiente en todo el tramo.

    Alternativas para personas con movilidad reducida: N-120


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    AZOGRA – CIRUEÑA 7,5km

    Salimos del pueblo y antes de la Fuente de los Romeros giramos a la izquierda. Seguir de frente y girar a la derecha hasta el rollo medieval conocido como la Cruz de los Peregrinos. Pasar el cruce, seguir la acequia de frente. Nos cruzamos con una pista que tomamos a la derecha y 100 m más adelante giramos a la izquierda. Seguimos de frente hasta cruzar la carretera, y llegar al arroyo de Las Ventas. Vamos ganando altura progresivamente. Cruzamos la acequia y seguimos de frente, hasta el cruce. Giramos a la derecha, llegando así a Cirueña.

    Valoración de la accesibilidad del subtramo:

    En los primeros tramos del camino la señalización es escasa. La mayor parte del camino es de tierra y grava compactada, con una anchura media de 3 m., y con pendientes suaves o moderadas. Antes de cruzar el primer canal, hay una bajada pronunciada. Antes de llegar al campo de golf, hay una subida muy fuerte con terreno irregular, lo cual otorga al tramo una dificultad muy alta.

    Alternativas para personas con movilidad reducida: N-120


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    CIRUEÑA – SANTO DOMINGO DE LA CALZADA 6km

    Salimos a la carretera y giramos a la derecha. Tomamos una pista parcelaria que seguimos de frente. Cruzamos la pista transversal, llegando a un cruce de pistas.
    Seguimos de frente por un camino secundario y pasamos tras unas naves patateras. Salimos a la carretera y giramos a la izquierda hasta encontrarnos con la carretera general. La seguimos y entramos en Santo Domingo de la Calzada.

    Valoración de la accesibilidad del subtramo

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    En la primera mitad del camino se recorren tramos con fuertes pendientes tanto de subida como de bajada. A partir de aquí, el camino discurre llano. El piso es muy irregular, con zonas de grava suelta. A la llegada a Santo Domingo de la Calzada la señalización es muy escasa, aunque la orientación resulta fácil.
    Si se ha optado por seguir la carretera N-120, no es aconsejable entrar por ella a Santa Domingo de la Calzada, debido a la necesidad de atravesar un cruce muy peligroso. En este caso, se recomienda el desvío previo a Ciriñuela y, desde aquí, continuar hacia Santo Domingo de la Calzada o bien tomar la carretera regional LR-204, menos peligrosa por su tráfico más escaso y lento.

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    REFERENCIAS DE HOSPEDAJE Y DEMÁS SERVICIOS QUE OFRECE ESTA PÁGINA

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    NÁJERA

    Alojamientos
    ASOCIACIÓN DE AMIGOS DEL CAMINO
    HOTEL SAN FERNANDO***

    Dónde comer
    BAR RESTAURANTE HISPANO II

    Servicios de salud
    CENTRO DE SALUD Y URGENCIAS: Avda. de la Rioja (junto al polideportivo). Tlf. 941 360 975.
    FARMACIA: C/ La Cruz, s/n.

    Otra información de interés
    IGLESIA Y MONASTERIO SANTA MARÍA LA REAL: En 1052 Don García fundó el monasterio y la iglesia, donde se puede contemplar los elementos de la leyenda de la “Orden de la Terraza”. Bajo la iglesia descansan los reyes y reinas del antiguo reino de Navarra.
    PUENTE: Sobre el río Najerilla, consta de siete ojos y su construcción se atribuye al santo arquitecto Juan de Ortega.
    FIESTAS PATRONALES: 28 de abril en honor a San Prudencio de Armentia. Las más coloristas y populares son las de San Juan y San Pedro, 24 y 29 de junio. Acción de gracias a mediados de septiembre dedicadas a San Juan Mártir y San Juan y San Pedro.
    AYUNTAMIENTO de Nájera: Tlf. 941 363 616.
    OFICINA DE TURISMO: C/ Constantino Garrán, 8. Tlf. 941 360 041.
    CIBERCAFÉ LIBRERÍA ALDONZA: C/ Mayor (al lado del puente).
    SERVICIO DE TAXIS: Tlf. 941 360 778.

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    AZOFRA

    Alojamientos
    ALBERGUE DE PEREGRINOS
    ALBERGUE PRIVADO DE ROLAND KALLE (LA FUENTE).

    Dónde comer
    BAR SEVILLA.

    Otra información de interés
    IGLESIA PARROQUIAL: Dedicada a Nuestra Señora de los Ángeles. Edificada en los siglos XVII – XVIII.
    MONASTERIO DE YUSO: Situado a las afueras del pueblo. Según cuenta la leyenda se construyó en 1053 por mandato del rey Don García. Posee un magnífico Claustro Gótico.
    FIESTAS PATRONALES: 22 de julio en honor a Santa María de Magdalena.


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    CIRUEÑA

    Otra información de interés
    IGLESIA PARROQUIAL: Dedicada a San Andrés. Edificio de reciente creación (1965). Destaca en su interior el retablo mayor barroco del siglo XVIII.
    FIESTAS PATRONALES: 8 de septiembre La Virgen.

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    SANTO DOMINGO DE LA CALZADA

    Alojamientos
    ALBERGUE CASA DEL SANTO
    ALBERGUE
    HOTEL EL CORREGIDOR***
    PARADOR NACIONAL DE TURISMO****
    HOSPEDERÍA SANTA TERESITA

    Dónde comer
    VARIOS RESTAURANTES

    Servicios de salud
    CENTRO DE ATENCIÓN PRIMARIA MARGUBETE: C/ Margubete, 1 (junto a la Plaza del Ayuntamiento).
    Tlf. 941 342 173 .
    FARMACIA: Ctra. De Logroño, s/n.

    Otra información de interés
    CONVENTO DE SAN FRANCISCO: Mandado construir a principios del siglo XVII por el arzobispo de Zaragoza. Es de una sola nave con capillas laterales.
    MURALLAS DE SANTO DOMINGO: La ciudad se defendía con una muralla de la que se conservan algunos lienzos y torreones.
    CATEDRAL DE SANTO DOMINGO DE LA CALZADA: La iglesia románica se comenzó a construir en el año 1.158, conservándose en la actualidad gran parte de la antigua planta.
    CASA GÓTICA: Perteneciente al obispo Juan Pino, donde murió Enrique II.
    FIESTAS PATRONALES: 12 de mayo en honor de Santo Domingo.
    AYUNTAMIENTO: Tlf. 941 340 004.
    OFICINA DE TURISMO: C/ Mayor, 74. Tlf. 941 341 230.

  2. Por las calles Rey Don García, se sale de Nájera, ascendiendo por una pronunciada cuesta a través de un pinar. Desde allí se alcanza una planicie cultivada por viñedos, por la que discurre un camino rural que se transforma en asfalto a los 3,5 kilómetros. Desde aquí se comienza a divisar Azofra, hacia donde hay que encaminarse (y a su izquierda Cordovín).

    Entre cultivos de regadío el Camino llega a Azofra, atravesándola por su calle mayor y la avenida Virgen de Valvanera, para abandonarla pasando junto a la fuente de los romeros;, a la derecha y cruzando la carretera que va a San Millán de la Cogolla (a 20 kilómetros), pasando por Alesanco y el monasterio de Cañas. Se prosigue de frente por un camino de tierra (un crucero indica el límite entre Azofra y Alesanco).

    Un tramo discurre paralelo a la N-120, pudiéndose continuar por ésta hasta Santo Domingo. Pero es más atractiva la opción de alejarse de la carretera y marchar hacia Cirueña. Desde allí hasta Santo Domingo, la pista se encamina por un terreno de grandes ondulaciones (alto de Matacón). Desde un alto la vista alcanza las estribaciones de la Sierra de la Demanda, al sur, de la Sierra de Cantabria, al norte, y ya de frente se muestra Santo Domingo de la Calzada, hacia donde se desciende en línea recta. La entrada a Santo Domingo de la Calzada se lleva a cabo entre unas naves. Después hay que incorporarse a la carretera, por la acera, para encauzarse por la calle Doce de Mayo.

    NOTA PARA CICLISTAS:

    La mayor dificultad de esta etapa es la cuesta antes de Cirueña.

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    ETAPA 9. INFORMACIÓN PRÁCTICA

    AZOFRA

    ALBERGUES

    Albergue HERBERT SIMÓN. La parroquia ofrece albergue junto a la iglesia todo el año. Tiene 16 plazas y cocina. Tienen cabida bicicletas. Telf: 941 379 057

    Albergue ROLAND KALLE. Privado. Telf: 941 379 096

    RESTAURANTES

    Camino de Santiago. Calle Mayor, 24. Telf: 941 379 239

    El peregrino. Plaza de España, 17. Telf: 941 416 041

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    SANTO DOMINGO DE LA CALZADA

    ALBERGUES

    Albergue CASA DEL SANTO. La cofradía gestiona un albergue de gran tradición. Con 70 plazas, aunque en verano hay más, y cocina. Abre todo el año. Dispone de sitio para bicicletas y de establo. Telf: 941 343 390

    Albergue de la Abadía Cisterciense NUESTRA SEÑORA DE LA ANUNCIACIÓN. En la calle Mayor de las Madres Benedictinas ofrecen alrededor de 30 plazas. Tienen además cocina, establo y sitio para bicicletas. Telf: 941 340 700

    HOTELES

    HS* Río. Calle Etchegoyen, 2 Telf: 941 340 005. 12 habitaciones, 24 plazas

    HS Hospedería Cisterciense. Calle Pinar, 2. Telf: 941 340 700. 79 habitaciones. 111 plazas

    Pensión Albert. Plaza Beato Hermosilla. Telf: 941 340 827. 5 habitaciones. 10 plazas.

    Pensión Miguel. Avenida Juan Carlos I, 23 -3º. Telf: 941 343 252. 6 habitaciones. 12 plazas 22€ hab. doble.

    RESTAURANTES

    Casa Sarmiento. Avenida de Haro, 5. Telf: 941 341 572

    El Rincón de Emilio. Plaza Bonifacio Gil, 7. Telf: 941 340 990

    Hidalgo. Calle Hilario Pérez, 6. Telf: 941 340 227

    Los Arcos. Calle Mayor, 68. Teléf: 941 342 791

    Mesón del Abuelo. Plaza Alameda. Telf: 941 342 890

    Mesón El Peregrino. Calle Mayor, 18. Telf: 941 340 202

    Mesón Los Caballeros. Calle Mayor, 56. Telf: 941 342 789

    MEDIOS DE TRANSPORTE

    La línea Logroño – Burgos, que lleva a cabo la compañía de autobuses del Grupo Jiménez tiene parada en Santo Domingo de la Calzada.

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    RECORRIDO HISTÓRICO CULTURAL POR LA ETAPA

    La salida de Nájera significa para muchos peregrinos abandonar momentaneamente el Camino de Santiago, entendido éste en sentido estricto, para realizar un importante desvío que les lleva a Valvanera y a San Millán de la Cogolla.

    En el monumental monasterio de Valvanera se venera a la patrona de la Rioja, en la forma de una preciosa virgen románico-bizantina del s. XI.

    En la prolongación del desvío se encuentra el monasterio de San Millán de la Cogolla, cuna del patrón de Castilla y, del mismo modo, también de la lengua castellana, ya que de la gran biblioteca monástica emilianense proceden las primeras manifestaciones conocidas del romance castellano y del vasco: las conocidísimas Glosas Emilianenses contenidas en el manuscrito 60 de la Academia de la Historia; así como otros Glosarios, especie de diccionarios enciclopédicos, aún más antiguos, e igualmente custodiados en la misma institución madrileña.

    El complejo de San Millán se distribuye en dos partes: Suso (de Sursum, arriba), la más antigua, costa de las cuevas excavadas en la montaña, donde habitaron el santo eremita y sus seguidores desde el s. VI, así como de las partes construidas, adosadas posteriormente: el templo mozárabe, el famoso atrio donde están enterrados los siete infantes de Lara, además de la imponente estátua yacente de San Millán, del s. XI, en el lugar donde estuvo enterrado el santo. Ya en el S. XI, la cercanía de la ruta peregrinal había hecho que el culto a San Millán hubiera incorporado algunos elementos típicamente jacobeos, como el voto que le debían pagar todas las poblaciones de Castilla hasta el Pisuerga, o su patronazgo de la reconquista cristiana (también él se apareció en alguna batalla a lomos de un corcel blanco).

    Otro efecto del Camino de Santiago fue la construcción en el valle, donde hoy se encuentra Yuso (de deorsum, abajo), de una alberguería y hospital de peregrinos, con enfermería y médicos incluidos. Finalmente, los monjes acabaron por instalarse allí, trasladando de Suso la biblioteca y los restos de San MIllán. El impresionante conjunto monástico que se puede admirar en la actualidad fue erigido en el s. XVI.

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    En el retorno a la ruta sin pasar nuevamente por Nájera, se llega a Cañas, patria de Santo Domingo de Silos (1000 – 1073), fundador del monasterio benedictino que hoy lleva su nombre, en Burgos. En Cañas, el monasterio de Santa María acoge desde su fundación a una comunidad de religiosas. El estilo arquitectónico de los edificios, como regla que siguen las monjas es cisterciense. Destacan tanto el templo, como la sala capitular, que alberga un pequeño museo con piezas de la calidad del sepulcro de la Beata Urraca López de Haro, gótico del S. XIII. La tradición local conserva además el recuerdo del paseo por Cañas de San Francisco de Asís en su viaje a Santiago de Compostela.

    Si se ha salido de Nájera, por el camino oficial, la primera localidad que se encuentra es Azofra, pequeña población de urbanismo típicamente jacobeo, con las casas a lo largo de la sirga peregrinal. En el S. XII se documenta un hospital de peregrinos, con cementerio, adjunto a una iglesia bajo la advocación de San Pedro. En la actual iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Ángeles, del s. XVII, se conserva una estatua de Santiago como peregrino.

    El nombre de Cirueña, más que a la peregrinación, está ligado a la biografía del conde castellano Fernán González, que según su cantar fue apresado allí por las tropas navarras tras la batalla de Valpierre. A la altura de Ciriñuela y Hervías estuvo el hospital de Valleota o Bellota, regentado por caballeros de la orden de Calatrava, a finales del s. XII y principios del XIII.

    Santo Domingo de la Calzada es otro de los grandes hitos del Camino de Santiago, como ciudad nacida por y para los peregrinos. Su nombre es el del fundador, Domingo, personaje del s.XI, natural de la vecina Viloria de Rioja, también en el Camino de Santiago. Su biografía cuenta cómo, tras pasar por los monasterios de Valvanera y San Millán sin ser admitido en ellos, se estableció como eremita en un bosque a orillas del río Oja. Compadecido de los peregrinos de Santiago a los que veía atravesar penosamente el río, construyó para ellos un puente, más tarde una hospedería y, finalmente, una iglesia que, consagrada en 1106, llegó a ser sede catedral a finales del s. XII. Para llevar a cabo esta importante iniciativa personal, comenzada con gran precariedad de medios, Santo Domingo contó con el apoyo de los sucesivos señores de la Rioja, primero Alfonso VI de León y Castilla, más tarde de Alfonso I de Aragón, así como del Obispado de Calahorra, en cuya jurisdicción se encontraba la sede de sus actividades.

    En época del Liber pregrinationis, las actividades del santo ya habían cristalizado en un floreciente núcleo poblacional cuyos principales monumentos estaban consagrados a los peregrinos; un puente, un hospital y la iglesia de San Salvador, donde estaba enterrado el santo, en medio de la calzada por él construida.

    En el capítulo dedicado a los santos cuyas reliquias deben venerar los peregrinos del Camino de Santiago, se mencionan, en el territorio de Navarra, los restos de Santo Domingo, confesor, que construyó La Calzada, entre Nájera y Redecilla, donde descansa. Su culto fue muy activo desde el principio, sustentado por una diligente cofradía dedicada a la atención de los peregrinos. Entre los muchos milagros que se le atribuyen, destaca el universalmente famoso de la gallina que cantó después de asada, y que no es sino una apropiación enriquecida del episodio del peregrino injustamente ahorcado, al que un santo mantiene con vida sujetándolo por los pies.

    Este milagro, que se repite en varios puntos de la ruta jacobea de toda Europa, se documenta por primera vez en el Libro de los milagros del Liber sancti Iacobi. Según éste, se produce en Toulouse, el peregrino es un alemán y el santo intercesor es, lógicamente, el apóstol Santiago. Jacobo e Varazze en su leyenda Áurea y Vicente de Beauvois en su Espejo de Historias siguen muy de cerca al Liber sancti Iacobi. El cisterciense Cesáreo de Hiesterbach introduce en su Diálogo de los Milagros unas pequeñas variaciones, pues hace que los peregrinos sean dos, un padre y un hijo, naturales de Utrecht.

    Alfonso X el Sabio sustituye a Santiago por la Virgen María, aunque en este papel se puede encontrar en otras versiones también a San Gil o al obispo de Utrecht san Amando. Sin embargo, la incorporación a este milagro de una segunda parte, donde el protagonismo corresponde a unas aves que, ya asadas y a punto de ser comidas por el juez del lugar, recobran la vida milagrosamente, corresponde a Santo Domingo de la Calzada, donde un documento de mediados del s. XIV lo narra por primera vez. El pintoresco motivo (tomado a su vez de un pasaje de los Evangelios Apócrifos) alcanzó tal éxito, que son muchas las iglesias de la ruta jacobea en toda Europa en las que aparece representado, convirtiéndose en emblema de algunas, como O Galo de la portuguesa Barcelos. Sin embargo, como queda dicho, es Santo Domingo de la Calzada la que con más títulos se apropia de la milagrosa leyenda.

    La versión calceatense del milagro dice que se trataba de una familia de peregrinos de Colonia, padre, madre e hijo (de nombre Hugonel), hospedados en el hospital de Santo Domingo. Allí una moza requiere al muchacho y, como éste la rechaza, esconde una copa de plata entre sus ropas y lo denuncia por robo. Hugonel es prendido y ajusticiado. Pero sus padres, antes de partir, le escuchan desde la horca decir que está vivo, pues Santo Domingo le sostiene los pies. Los padres se dirigen al corregidor de la villa, que estaba a la mesa a punto de comerse un gallo y una gallina asados. Al escucharles, éste les responde incrédulo que el ajusticiado está tan vivo como las aves que tiene en el plato. En ese momento, éstas saltan del plato y comienzan a revolotear, probando la inocencia del joven.

    Desde el s. XV, todos los peregrinos que han dejado un relato escrito de su peregrinación hacen una versión del milagro de las aves, y no dejan de referir cómo en el crucero de la catedral se encuentran un gallo y una gallina en recuerdo del mismo. Aún hoy día se los puede admirar allí mismo en una hermosa hornacina gótica llamada el gallinero, abierta efectivamente en el brazo derecho del crucero.

    La catedral dedicada al Salvador y a Santa María, es uno de los primeros edificios góticos de nuestro país.

    Templo de cruz latina, cuerpo central de tres naves, bóveda de crucería y girola románica. El estilo de los capiteles, dentro de su variedad, revela la relación de sus escultores con Nájera, Moissac y Pamplona.

    Entre los tesoros del templo destacan el retablo mayor, obra del gran Damián Froment, y la escultura yacente de Santo Domingo, románica. El santo, como afirmaba, el Liber peregrinationis, está enterrado en plena calzada, razón por la cual la catedral ha invadido y roto la línea recta del Camino de Santiago a su paso por la población.

    Las otras dos grandes obras de Santo Domingo, el puente y el hospital, aún se conservan, el primero totalmente reconstruido, el segundo formando parte del actual Parador Nacional de Turismo.

  3. EL DIARIO CON EL QUE CONECTO HOY. IMÁGENES SUYAS INTEGRADAS EN ESTA ETAPA, PARECE SER DEL 2002

    20ª Jornada
    Domingo, 17 de abril de 200

    Azofra-Belorado

    Parcial 38 Km; Total 540 Km; A Santiago: 535 Km

    El ecuador de mi Camino

    Parece que el tiempo ha ido a mejor pero en las primeras horas de la mañana hace frío. Me enfundo como va siendo habitual el polar, “braga” y guantes, (qué buen servicio me están prestando!!) y me acerco al Bar Sevilla para desayunar. El bar está lleno de peregrinos guiris que se afanan por consumir sus especiales desayunos. Indudablemente, no voy a ir solo.

    Son las nueve menos cuarto cuando paso por la Fuente de los Romeros siguiendo mi Camino. He descansado muy bien y esto el cuerpo lo agradece.

    La lluvia caída ha producido su efecto negativo en las pistas que se encuentran bastante embarradas. Pronto rebaso el famoso rollo jurisdiccional hoy convertido en crucero hasta cruzar la comarcal que nos llevaría a San Millán de la Cogolla donde radican los famosos monasterios de Suso y Yuso, cuna de la lengua castellana y adonde los peregrinos medievales solían desviarse. Lentamente voy ascenciendo entre verdes trigales beneficiados por el agua, hasta alcanzar las lomas de la Degollada. Compruebo con pesar que lo que antes era un maravilloso encinar, la civilización moderna y la especulación ha convertido en un campo de golf apoderándose de las encinas y tragándose la pista por donde iba el Camino de toda la vida. Ahora hay que efectuar un rodeo a la urbanización de chalets construida sobre terrenos recalificados al amparo del campo de golf y que nos obliga a llegar a las puertas de Ciriñuela para luego retornar hasta Cirueña y poder tomar la pista que sale a la izquierda de la carretera. Un rodeo inútil que espero se corrija cuando finalicen las obras.
    Catedral de Sto. Domingo de la Calzada

    Al tomar la pista solo me quedan seis kilómetros para llegar a Santo Domingo. Tras unas ondulaciones iniciales del terreno, la pista emprende en linea recta un largo y suave descenso.

    Al pasar por el lugar donde me falló una rodilla durante mi primer Camino que me obligó a abandonar, me vienen los recuerdos de tan fatídico día que coincidió precisamente con el día después del salvaje atentado a las Torres Gemelas.

    Son la doce menos cuarto cuando hago mi entrada en Santo Domingo de la Calzada. En este lugar, la vida de eremita del polifacético Santo no fue óbice para que prestase tanta ayuda y beneficios al Camino y los peregrinos.

    Es hora de hacer un receso y tomar algo sólido, el estómago lo está pidiendo. Así que me dirijo al Bar Dados donde me tomo una tapa de su afamada tortilla y otra de champiñones y setas a la plancha que me dejan el cuerpo dispuesto para reanudar el Camino.
    Cruz de los Valientes (estaba)

    A lo largo de la Calle Mayor, salgo de Santo Domingo por el puente construido por el Santo que franquea el río Oja. El cielo se está nublando por momentos y comienza a lloviznar. Después de unos cinco kilómetros de andadero que transcurre pegado a la carretera, me voy alejando de ella por una loma donde debería estar la Cruz de los Valientes. Digo debería porque lo que vieron mis ojos fue simplemente el sitio. La gran cruz de madera brilla por su ausencia. Quiero pensar que posiblemente esté en dique seco. En su lugar han formado en el suelo una cruz con piedras de granito. Hago una foto para dejar constancia.
    En el puentecillo a la salida de Grañón

    Una vez descendida la loma, se llega a un río donde junto al puentecillo han colocado un gran panel identificando al Camino ampliado con dibujos de los monumentos representativos más próximos.

    Por Grañón paso de largo. Me encuentro con fortaleza suficiente para tirar adelante hasta Belorado.

    En el límite provincial, la Junta de Castilla y León ha emplazado un gran cartel con la ruta y pueblos por donde transita el Camino dentro de esa Comunidad Autónoma. Los espacios se abren y el verde del incipiente cereal se pierde en la lejanía. Me percato de un peregrino extranjero, se encuentra recostado en medio de un trigal, no sé si se ha enterado de mi presencia. Me da la impresión que está medio dormido. Después de tomar unas fotos sigo mi Camino.
    Límite provincial

    Al llegar a Redecilla, hago un receso junto a la fuente frente al albergue e iglesia y aprovecho para cambiarme de calcetines y airear un poco los piés que poco a poco van acusando los kilómetros.

    Me restan 12 km de etapa. Declino el paso por Viloria, cuna de Santo Domingo, lo que me obliga a marchar durante un pequeño tramo por el arcén de la peligrosa carretera. Asumo el riesgo en beneficio del ahorro kilométrico. De todas formas, ya entré en el pueblo en mis anteriores Caminos.

    Paso tras paso voy acercándome a Belorado atravesando las pequeñas localidades casi abandonadas de Castildelgado y Villamayor. Me encuentro en el ecuador de mi Camino. Los cinco últimos kilómetros se me hacen eternos y finalmente a las siete estoy entrando en Belorado. Llego muy cansado deseando darme una buena ducha y reposar.

    Me dirijo al albergue “Cuatro Cantones” donde tengo que esperar un rato a que llegue el hospitalero-propietario que me asigna una habitación para mí solo. Al final he tenido suerte.

    Después de una buena ducha que me deja nuevo, salgo en busca del Restaurante “Picias” de tan buenos recuerdos, pero está cerrado por obras. Qué pena!!. Mientras tanto recibo una llamada del amigo Juan Luis, compañero durante parte de mi primer y segundo Camino que me anuncia que estará en Burgos para recibirme. Aprovecho también para dar señales de vida a los míos.

    Al final entro en el Restaurante “Boulevard” de la Plaza Mayor donde hago una buena cena rodeado de muchos peregrinos, la mayoría de ellos guiris.

    Ya con la noche encima, me retiro al Albergue. No es cuestión de seguir martirizando los pies. Creo que tienen derecho a un merecido descanso.

    Buenas noches y hasta mañana.

  4. Me parece tremendo lo que acaba de ocurrir… Alfonso Biescas habla del atentado del 11M. Y este otro peregrino menciona su accidente, que coincide con el de las Torres Gemelas… Me ha gustado este diario. Tengo que leerlo.

  5. Pingback: De NÁJERA a SANTO DOMINGO DE LA CALZADA (etapa 9 del Camino Francés). Los milagros del Santo y la leyenda… « Los cuadernos de Yladah

  6. EL ENCUENTRO DEL DÍA… Y MUY MUY COMPLETO.

    jueves 3 de mayo de 2007
    TRAS LOS PASOS DEL PONTONERO

    ETAPA 8. NAJERA – SANTO DOMINGO DE LA CALZADA

    Nájera – Azofra – Cirueña – Santo Domingo de la Calzada

    6 de abril. 21 km.

    Quedan: 581,0 km.

    Una semana completa, la cuarta parte del Camino según las previsiones, están ya andados. ¿Nos ha cambiado en algo el Camino? No sé. Lo que sí sé es que no creo que nunca dejemos ya de andar, aunque sea interiormente; también erramos por nuestras almas, hacia dentro peregrinamos, buscamos y hallamos. Nuestros corazones se sienten tranquilos, y nuestros cuerpos encajan la caminata con naturalidad, sin sensación de hazaña. Disfrutamos de cada paso, de cada cielo, de cada esfuerzo; de cada privación y también, claro, de cada asueto… ya no soñamos con ser peregrinos, anhelamos no dejar de serlo, jamás. Nunca en la vida nos hemos sentido así de bien.

    Antes de emprender la marcha pasamos por Correos para enviar los carretes revelados ayer, y en la oficina están aligerando equipaje los dos franceses que venían desde Nimes, devolviendo a casa lo que no les resulta necesario: lo innecesario lastra mucho más que lo imprescindible.

    Dejamos a nuestra derecha las cárcavas a las que se aferra parte del casco antiguo de Nájera, y enseguida un fuerte repecho, la cuesta de Peñaescalera, es lo primero que tenemos hoy por delante, y viñedos hasta donde alcanza la vista. Se nos hace corta aunque dura e intensa la andada hasta Azofra, y el cuerpo nos pide un buen almuerzo. Bocadillo de jamón serrano con queso y tomate, vino tinto y luego un café con magdalenas; un buen chute de glúcidos, energía que necesitan las piernas para andar y el cerebro para pensar, cosas ambas pertinentes para que el alma pueda percibir ese otro alimento que entra por los ojos y los oídos, por la piel, por los poros.

    Está el día neblinoso, frío y húmedo, nada que ver con la jornada primaveral de ayer, y nuevos repechos amenazan nuestras piernas pero amenizan la ruta. Justo antes de Cirueña hay una buena subida, pulso el ritmo y tiro para arriba, voy descubriendo que me canso más yendo despacio, y no es que suba muy deprisa, simplemente es la cadencia que me piden las piernas.

    Arriba de la cuesta el camino se vuelve llano y ancho, las cunetas están llenas de peregrinos que recobran el aliento después del repecho, y muchos aprovechan ya para almorzar; nosotros no nos detenemos, hemos sudado y el día sigue frío, preferimos descansar andando.

    Al poco, el Camino desaparece…. ¿será posible? Es posible. Ha sido tragado, llegando a Cirueña, por un campo de golf con urbanización en obras, así que toca rodear la entera parcela para buscar dónde retomar el trazado jacobeo. Esto hacemos por unas pistas en las que andar se vuelve incómodo en extremo, pues el tráfico de camiones y otros vehículos de obras públicas levanta muchísimo polvo, que respiramos sin rechistar mientras aceleramos el paso para superar el obstáculo cuanto antes. Nos comemos unas mandarinas mientras de allí salimos, masticamos el polvo que tizna el aire limpio de este campo riojano, ahora que la niebla ha levantado y el Sol vuelve a calentar con ganas a quienes por allí andamos.

    No queda demasiado para Santo Domingo de la Calzada, un nuevo repecho y detrás veremos ya el campanario de la catedral. Estos repechos nos rompen un poco las piernas, los pies duelen y las mochilas pesan, pero el horizonte es hoy más prometedor que nunca, abre las manos y nos ofrece este pueblo cuya llegada tanto anhelamos, se nos antoja el más peregrino de cuantos se atraviesan en la singladura jacobea. No es este relato el que deba glosar la obra de Domingo, pero nadie puede dudar de la fuerza de la peregrinación cuando se estudia lo que este Santo hizo. Lo imagino en el altozano donde esto pienso, de vuelta de Logroño, o de Nájera, como pontonero; lo intuyo viendo lo que nosotros vemos: al frente, un mar de cereal que se funde con el horizonte; a este lado, la Sierra de la Demanda; y, arriba, un Sol que agrega sudor y cansancio al periplo penitencial. Domingo, a quien dos órdenes religiosas negaron el ingreso, unió a su despecho la fuerza ilimitada de su fe y una inteligencia prodigiosa para convertirse en el Santo del Camino, con gallina asada voladora y todo.

    Muchos peregrinos también hoy, miércoles Santo; saludamos al grupo que vimos ayer en Navarrete cuyos componentes discutían sobre si seguir o quedarse; están reventados, sentados en el suelo, bebiendo vino de una bota y comiendo chorizo a mordiscos. Nos ofrecen con porfía. Declinamos. Allí los dejamos relatando a voz en grito.

    Entrando casi ya en Santo Domingo adelantamos a un grupito de cuatro adultos y cinco chavales de entre doce y catorce años, sin macutos pero de andar muy profesional, a quienes veremos a la entrada del pueblo tomar su coche de apoyo. Alguien nos dirá después que a estos sin macuto los llaman “turigrinos”, como son “pijigrinos” los que van súper-a-la-moda y no caminan ni cien metros al día, los necesarios para trasladarse de sus coches a los albergues, a dormir de gorra. Nosotros creemos que lo importante es andar, pero no como penitencia o garantía de pureza peregrina, sino como regalo que uno se hace a sí mismo; y estamos de acuerdo con que en los albergues debe tener preferencia el peregrino que va cargado.

    Sí llevan macutos, enormes, por cierto, cuatro británicas gorditas, su andar es ligero pese a ir acompañado de la ingesta de grandes bocadillos que no parecen nada ligeros, nos adelantan, “bye”, “buen Camino”.

    Santo Domingo está casi bajo nuestros pies, lo estará, literal y ciertamente, en breve, pues descansa en esta Calzada jacobea, justo donde se alza la catedral en su memoria, en el interior de una cripta subterránea.

    A la entrada del pueblo, junto a un almacén de patatas está parado Sergin, lleva una bolsita con unas pocas que ha tomado prestadas para la cena de esta noche. Nos estaba esperando, dice, para entrar juntos en este sitio mágico. Vamos charlando, nos contamos un poco nuestras vidas, comenta que Brasil es el sexto país del mundo que más peregrinos envía a Santiago, no me sabe explicar muy bien por qué, pero verdaderamente el dato sorprende. Él lo achaca a la literatura de Paulo Coelho.

    Callejeamos sucintamente por el pueblo y ya estamos en el casco antiguo, impone la catedral tanto o más aquí, a sus pies, que en la perspectiva de la distancia. Queremos dormir en el Parador, pero es imposible: más que alta, la temporada es alpina; da igual, vamos a una pensión que nos recomienda el amable recepcionista, mientras vemos entrar a los del equipo de producción la RAI, cuchichean entre ellos que somos peregrinos y que nos ven todos los días; la jefa del tinglado nos saluda con gesto sorprendido.

    Antes de ir a dejar los macutos pasamos por el albergue, precioso e imponente, a sellar, y allí están las cuatro británicas gorditas intentando comunicarse con el hospitalero, que dice no poder admitirlas porque no llevan credencial. Han empezado esta mañana en Nájera, y alguien les dijo que en Santo Domingo obtendrían el pasaporte de peregrino, pero no pueden hacérselo saber al encargado.

    Ellas lloran en inglés porque se quedan en la calle, y el hospitalero se muestra inflexible en un perfecto español de La Rioja. Ejerzo de traductor, explico al hospitalero el motivo por el que no van acreditadas, pero le da igual, él dice que para dormir en el albergue, credencial en los dientes. “No –le increpo–, para dormir en el albergue hay que ser peregrino a pie, en bici o a caballo; una credencial la tiene cualquiera; estas chicas vienen andando hoy desde Nájera, yo las he visto”. Ante la cerrazón del hospitalero (en parte justificada, visto lo sucedido en otros lugares), les digo a las chicas que se acerquen a la Oficina de Turismo, allí cerquita, y que pidan su credencial; al hacer eso, y jurar yo y perjurar ellas que vienen andando como aseguran, el hospitalero al fin cede. Esto les traduzco y se ponen las cuatro gorditas muy contentas, cogen sus bártulos y ¡hala! padentro; tanta emoción tenían que se les ha pasado decir “bye”.

    Da igual, iban muy felices.

    Vemos a Sergin de nuevo, quiere fotografiar el interior de la Catedral, la gallina asada que vuela, pero no puede porque está cerrada, lamenta quedarse sin sus fotos, no duerme en Santo Domingo, continúa hasta Grañón. Nos comprometemos a hacer las fotos para enviárselas luego por mail, pero no lo logramos: está prohibido hacer fotos dentro de la Catedral; ya le conseguiré yo las fotos en otro momento.

    Nos vamos ya a nuestra ducha y bajamos a comer; no pudimos dormir en el Parador, al menos nos colaremos para homenajearemos debidamente; así hacemos, ligero pero sabroso, antes de la siesta. Ligero, porque hoy cenaremos con un buen amigo que es chef en Casalareina, a ocho kilómetros de aquí. Y sabroso, porque los productos de esta tierra tienen gran enjundia, como también comprobaremos esta noche.

    La siesta sabe hoy a Camino en Santo Domingo de la Calzada: a Camino y también a alcohol de romero, el aroma de mi hogar nómada. Planificamos las próximas etapas, Pilar tiene inflamado un talón y, aunque no le molesta demasiado, es conveniente relajar el paso. Enseguida nos llama Mario Toribio, gran cocinero y mejor amigo, nos tiene preparado un verdadero ágape en La Vieja Bodega, un sobresaliente establecimiento situado en Casalarreina en el que ejerce de cocinero; su oficio es destacado y reconocido, nos consta. Nos sentimos en casa degustando los platos que él mismo nos prepara, quiere atendernos como familia. Nos abruma el cariño dispensado, sobre todo cuando, encima de la currada, no nos deja pagar la cuenta. Merece la pena haber llegado andando a Santo Domingo de la Calzada sólo por haber cenado la cena de Mario Toribio.

    A las 11, taxi directo a la cama.

    La jornada ha sido tan plena como esperábamos y deseábamos.

    Hoy el corazón pudo con los pies.
    Publicado por Blogegrino en 10:59

  7. Escribía D. Felipe Abad León en AZOFRA, HISTORIA VIVA DE UN PUEBLO RIOJANO (Imprenta Ochoa, Logroño 1981) :

    “Son muchos los peregrinos actuales, tanto españoles como extranjeros, que siguen usando el primitivo camino, por lo que pasan y se detienen en Azofra. Las gentes del pueblo, haciendo honor a su historia, prestan a los peregrinos toda clase de atenciones y ayudas que necesiten, y quizá algún día se pueda organizar de alguna manera esa hospitalidad, como ha ocurrido durante tantos siglos. De hecho he oído hablar de algunas sugerencias e iniciativas encaminadas a este fin.”

    Las iniciativas a las que alude el Cronista de Azofra, fueron muy pronto una realidad. Junto a la iglesia parroquial dedicada a Nuestra Señora de los Ángeles, y apoyado en sus muros, se construyó el viejo albergue que regenta con amor María Tobía.

    En el año 2004 se inaugura este nuevo albergue dotado de los servicios necesarios para atender a los peregrinos del siglo XXI.

    El NUEVO ALBERGUE dispone de tres plantas.

    En la primera o planta baja están ubicados los servicios comunes:

    RECEPCIÓN, desde la que gestiona el albergue; se ofrece amplia información sobre la Ruta Jacobea Riojana, la villa de Azofra, y sobre los servicios propios del establecimiento.
    COMEDOR, amplio y bien iluminado junto a la cocina con mobiliario práctico y suficiente.
    COCINA, en la que el peregrino dispone de vajilla, frigorífico y elementos habituales en estos servicios.
    LAVANDERÍA, en la que se integran lavadora y secadora de uso común.
    PATIO, una amplia estancia al aire libre y vallada en el acceso al albergue. Zona que permite, además de aparcar bicicletas con seguridad, disfrutar las tardes y noches veraniegas del reposo, la conversación o la lectura en su amplia terraza.

    Las dos plantas superiores están reservadas para las habitaciones:

    60 PLAZAS distribuidas en 30 HABITACIONES INDEPENDIENTES con dos camas individuales y armario cada una.
    Todas las habitaciones disponen de ventana abalconada con magníficas vistas de los campos de Azofra y orientación norte.
    Teléfono : 941 379316

  8. EL CAMINO DE ANDRAS


    NAJERA = BELORADO____________________ 43,80 Km

    BELORADO____________________ 43,80 Km”>26 de junio del 2006. –
    Salida de Nájera con un intrigante ruido en la bicicleta de Nicolás, tardamos en descubrirlo y el problema estaba en el eje de la rueda trasera, es decir, palabras mayores. Había que buscar una solución al problema y de mi parte estaba dispuesto a comprar una rueda nueva si era necesario. Por la Guía del camino sabíamos que hasta Santo Domingo de la Calzada no habría una bicicletería (unos 20 km.)
    Esta etapa discurre por terrenos básicamente planos de La Rioja, pienso en los peregrinos de a pie, debe ser eterno éste tramo. En bicicleta lo llevamos más fácil, pero es sobrecogedor escuchar el sonido de la naturaleza, tenemos suerte, el tránsito de coches no es intenso, nos dejan respirar aunque de vez en cuando se nos adelanta un gran camión que crea una interesante bolsa de aire a su paso y nos hace como reencotrar el equilibrio.-

    Los únicos peregrinos a caballo que vimos en Santo Domingo de la Calzada.-
    El personaje de pié le llamamos el “correcaminos” … le volvimos a encontrar en Belorado y en Burgos … siempre corría.

    En Santo Domingo de la Calzada nuestra preocupación es encontrar una bicicletería. Hay dos, vamos a la primera pero el señor que nos atiende no está demasiado por la faena. En la segunda nos aconseja, antes comprar una rueda nueva, echarle aceite. Así lo hago y el ruido desaparece como por arte de los santos. Recordamos el barro de Logroño y luego lavar con manguera hizo que la lubricación del eje dejara de existir. Tema solucionado de momento, esperamos que solo fuera esto.

    Retomamos la carretera N120 y comprobamos que el ruido se fue. Sabemos que nos aproximamos a los Montes de Oca, que no son los Alpes pero habrá que afrontar una buena subida, por tanto planeamos hacer noche antes. Llegamos a Belorado y hacemos una parada frente al albergue e iglesia para beber agua y ver lo había allí. Pueblo pequeño, sin grandes ruidos y un albergue perteneciente a la parroquia que podía ser interesante, además se nos hacía que casi no había peregrinos rondando la zona. Después de hablar con el alberguista, un señor suizo-alemán tan serio y observador que bautizamos como el Papa, “Razinguer”, decidimos de quedarnos en Belorado, y fue muy acertado.
    Típico pueblo castellano fundado por Alfonso VII. A la entrada se alzo la ermita de Nuestra Señora de Belén, con resonancias jacobeas. Restos de un puente de peregrinos, sobre el río Tirón, construido por Juan de Ortega. Belorado tiene una Plaza mayor muy castellana que conserva su recinto amurallado.
    En el medioevo llegó a contar con nueve iglesias y dos hospitales. Una de esas iglesias es la de Santa María la Mayor donde se sitúa nuestro albergue, construido en el farallón calizo que cobija la población. Como por la tarde teníamos tiempo, me hice una escapada hasta llegar arriba de todo y observar de la misma manera que las cigüeñas han de observar mientras se desplazan con sus enormes alas.
    Pasé horas observando a éstas aves en sus nidos construidos en lo alto del campanario, me producen fascinación a pesar que sé que no son las que traen a los niños… su postura elegante, el prolongado pico, el batir de sus alas y el original ruido que producen con sus picos para comunicarse y decirse cosas. “Señoras de las alturas” que anidan tan cerca de Dios y muestran su curiosidad observando a los humildes peregrinos transitar por los caminos.
    A la hora de la cena nos invitan a compartir u menú en el mismo albergue, pero decidimos ir a la Plaza Mayor a un restaurante, aún no sé por qué no acepté aquella invitación. (“Correcaminos” estaba allí)
    Dormimos en el silencio profundo de aquel lugar. Al día siguiente llovía y después de un copioso desayuno que nos obsequiaban salimos con nuestras bicicletas hacia Burgos.-

  9. ATENCIÓN AL DIARIO DE SHIRLEY MCLAINE Y DE JUAN HOLGADO.

    A él en el albergue de Santo domingo le dicen que ella durmió allí la noche anterior… entonces en un pueblo entre Santo Domingo y Belorado hace la siguiente noche y ocurre el incidente de la ducha. Y luego coinciden ambos en la etapa diez, en San Juan de Ortega. Hasta ahí bien… pero hay algo que no cuadra, y eso es que ella se supone que viajaba sola en ese momento y no con su psicóloga. Como nos explica Juan Holgado.

  10. Pingback: Detalle de una columna de la Catedral - David - (SANTO DOMINGO DE LA CALZADA) - « El viaje del Peregrino por la ruta de las Estrellas

  11. INTERESANTE FRAGMENTO DE IACOBUS DE MATILDE ASENSI CORRESPONDIENTE A ESTA ETAPA

    Íbamos risueños y eufóricos mientras atravesá­bamos las tierras rojas, repletas de viñedos, que flanqueaban la senda. Desaparecida como por ensalmo la distancia creada por Nadie entre Jonás y yo, el muchacho volvía a parecer el mismo chico listo, despierto e inteligente que había demostrado ser du­rante nuestro viaje a Paris. El cielo seguía nublado y la luz era tris­te y plomiza, pero la conversación que manteníamos era tan ani­mada que ni nos dimos cuenta de las incomodidades que suponía volver a pisar con los pies la masa de barro que cubría los caminos.

    En Azofra nos desviamos hacia San Millán de la Cogolla para pedir comida al mediodía. Nos sorprendió mucho comprobar que San Millán, al contrario de lo que pudiera parecer, no era un solo monasterio, sino dos bien separados: San Millán de Suso -de Arriba-y San Millán de Yuso -de Abajo-. Al monaste­rio de arriba, el de Suso, se llegaba a través de un bosquecillo que venia a dar, directamente, a la explanada en la que se hallaba una iglesia en verdad hermosa de ejecución visigótica y mozárabe. Un lugar como he visto pocos a lo largo de mi vida. Allí se había criado y había vivido el célebre poeta Gonzalo, llamado de Ber­ceo por haber nacido en esa localidad. Gonzalo fue quien escri­bió los Milagros de Nuestra Señora, veinticinco poemas en los que la intercesión milagrosa de la Virgen salva a sus devotos con­cediéndoles el perdón. Pero también era el autor de obras tan co­nocidas como el Poema de santa Oria, compañera espiritual de san Millán, y la Vida de santo Domingo de Silos. Su merecida fama le venía de haber sido el primero en redactar sus obras en la lengua vulgar del pueblo y no en latín, como él mismo explicaba en unos versillos: «Quiero fer una prosa en roman paladino, en cual suele el pueblo fablar a su vecino, ca non son tan letrado por fer otro latino, bien valdra como creo un vaso de bon vino. »

    La tumba de alabastro de san Millán, un alabastro negro her­mosamente tallado, se encontraba situada frente a la entrada del templo, al cual se accedía por una galería llena de sepulcros. Una vez en el interior, se vislumbraba una nave partida en dos por una curiosa arquería que, culminada por sendos arcos, daba acceso a dos capillas gemelas a los pies del recinto.

    Pero no habían terminado allí las numerosas sepulturas que contenía aquel lugar: hacia el ábside, una escalera de madera per­mitía acceder a los restos del primitivo monasterio formado por muretes que unían criptas en las que se enterraban en vida los primeros monjes de aquel extraño cenobio. Una de las criptas lla­mó particularmente mi atención por el hecho de estar tapiada con una pared ante la cual se veían abundantes ramos de flores frescas.
    -¿A quién pertenece esa hornacina? -pregunté a un bene­dictino que pasaba en aquellos momentos por allí.
    -Es la celda donde se emparedó santa Oria, patrona, junto con san Millán, de este sagrado lugar.
    -¿Cómo que se emparedó? -quiso saber, aterrada, la pobre Sara, poco acostumbrada a ciertas penitencias y martirios cristia­nos.

    El monje hizo como que no la había oído (ni visto) y comen­zó a explicarme a mí la historia de santa Oria, que había llegado a Suso en 1052, a los nueve años, acompañada por su madre, doña Amuña. Como era lógico, sintió de inmediato la llamada del Señor, y quiso dedicar su vida a la oración y la penitencia. Sin embargo, su deseo de profesar allí fue rechazado por tratarse de un cenobio de varones y por estar poco implantada en la zona la costumbre de que las mujeres adoptaran la vida de los anacore­tas. A pesar de que Oria suplicó, lloró e insistió, la negativa se mantuvo, así que la niña decidió emparedarse de por vida en una celda cercana a la iglesia donde su presencia no perturbara a los monjes, que lo único que hicieron por ella durante veinte años (tiempo que tardó en morir) fue arrojarle comida y agua a través de un minúsculo ventanuco.
    -¡Es la historia más horrible que he escuchado en toda mi vida! -exclamó Sara cuando el benedictino desapareció, muy sa­tisfecho, ladera abajo-. ¡No puedo creer que una niña de nueve años exigiera ser emparedada hasta la muerte! Eso debió ser cosa de su madre.
    -¿Y qué más da? El caso es que se emparedó -murmuré distraído, mirando fijamente la pared que cubría la celda-sepulcro. Era un muro sólido de piedras unidas con argamasa.

    ¿Eran imaginaciones mías… o estaba viendo lo que creía que estaba viendo? No podía dar crédito a mis ojos. Fui dibujando paso a paso un semicírculo en torno al muro para cerciorarme.
    -¿Se puede saber qué estáis haciendo? -clamó la hechicera con tono de pocos amigos. La miré con los ojos brillantes y llenos de entusiasmo.
    -¡Venid aquí! ¡Ven tú también, Jonás! Poneos aquí, si, aquí, y así, para que apreciéis bien las piedras con el sol a contraluz. ¿Qué veis? Invisible salvo con la luz enfrentada, y sólo desde un único punto del arco -cualquier variación insignificante hacia un lado o hacia otro provocaba la desaparición de la figura-, una cruz en forma de Tau se destacaba en el muro que cerraba la celda de Oria. Sara se fijaba cuanto podía pero no veía nada.
    -¡La Tau! ¡De nuevo la Tau! -exclamó Jonás triunfante.
    -¿Cómo de nuevo? -me sorprendí.
    -¿Acaso no me contasteis que en la catedral de Jaca habíais encontrado otra?

    Otra, otra, otra… Las palabras de Jonás rebotaban y volvían a rebotar dentro de mi cabeza, como si alguien las gritase en el interior de una profunda cueva y el eco las devolviera una y otra vez. Otra Tau. Sí, otra Tau en Jaca, en la catedral, en la capilla de Santa Orosia. Santa Orosia, Orosia… Oria, santa Oria. ¡Cristo! ¡No podía ser! ¡Era demasiado hermoso! ¡Demasiado evidente! La deformación de los nombres de las supuestas santas me había confundido. En ambos, la clave estaba en el diptongo latino «au», que se había transformado, como en francés, en «o». «Au» de «Aureus», oro, y Oria venia de «Aurea», que quiere decir «de oro», y Orosia, «Aurosea», «del color del oro», ambas muy bien señaladas por sus respectivas Taus. «Tau-Aureus», como rezaba el mensaje de Manrique de Mendoza a su compañero Evrard, «la señal del oro». Eso era lo que los dos leones del tímpano de la ca­tedral de Jaca estaban gritando a quien supiera oírles.
    -¡Jonás! -grité-. Baja a San Millán de Yuso y busca aco­modo para esta noche. ¡Al precio que sea! ¡Y lleva a Sara con­tigo!

    Eché a correr monte arriba como un pobre loco poseído y me dediqué a buscar cantales y ramas que pudieran servirme como mazo y cincel, herramientas que esa noche iba a necesitar para ti­rar abajo el muro de la tumba de la pobre niña, cuya existencia física real empezaba a poner seriamente en duda. Crear leyendas, mitos, modificar vidas, construir santos o bendecir falsas reli­quias es la inveterada costumbre de la Iglesia de Roma.
    -Lo habéis hallado, ¿no es cierto?

    La voz me sobresaltó. Giré medio cuerpo hacia mi izquierda y me encontré cara a cara con el conde Joffroi de Le Mans. Su porte patibulario volvió a impresionarme. A pesar de las ropas, que eran sin duda de una gran elegancia, su corpulencia abrupta y esa frente rocosa y protuberante le conferían un carácter mar­cadamente criminal.
    -En la tumba de santa Oria, ¿no es verdad? -continuo.

    ¿Por qué enfadarme? Allí tenía al representante del Papa en persona, al mismísimo Juan XXII camuflado de soldado espe­rando ávidamente su oro. Lo que sea que yo hubiese encontrado ni era mío ni lo sería nunca, así pues ¿por qué ofuscarme?
    -En efecto -mascullé con desagrado-, en la tumba de san­ta Oria. Sólo hay que echar abajo el muro que la cubre. Lo más probable es que se halle enterrado bajo el suelo o tras alguna roca de las paredes de la cueva. No será difícil sacarlo a la luz.
    -Esa tarea me corresponde a mí, freire. Vos habéis termina­do. Continuad viaje.
    -Os equivocáis, conde -exclamé cargado de ira-. No hemos terminado en modo alguno. Por si os interesa saberlo, lo que hallaréis en la tumba de santa Oria no es más que una ínfima par­te, una pequeña partida de las riquezas que hay escondidas a lo largo del Camino. Y necesito estar presente cuando las desente­rréis porque puede haber algún indicio que me ayude a proseguir la búsqueda. Os diré que podréis encontrar más oro en la cate­dral de Jaca. Enviad allí un emisario o lo que os plazca. En la ca­pilla de la patrona de la localidad, santa Orosia, probablemente tras la pared que se halla a espaldas de la figurilla de una Santísi­ma Virgen sedente, que porta una cruz en forma de Tau, encon­traréis lo que probablemente sea la primera remesa de oro tem­plano a este lado de los Pirineos. Pero atended: exijo una relación detallada de todo lo que aparezca.

    Le Mans me miró inexpresivamente y, tras unos instantes, asintió. Era probable que él estuviera limitándose a cumplir con un trabajo más o menos rutinario, pero yo había llegado a abo­rrecerle de tal modo que le consideraba, más que a cualquier otra persona en el mundo, mi principal enemigo.
    -Ni la mujer ni el niño podrán estar delante. Sólo vos.
    -Muy bien -repuse y, dándole la espalda, descendí ladera abajo, despreocupado ya de cuanto pudiera hacer falta para los trabajos de la noche. ¿No estaba el conde a cargo del tesoro? Pues que estuviera también a cargo de cuantas pesadas tareas ocasionara. No pensaba mover ni un dedo para sacarlo a la luz. En el fondo, él tenía razón: mi única obligación era encontrarlo; todo lo demás era de su competencia.

    Jonás estaba impaciente por saber. Sara y él me esperaban en la puerta del albergue sentados junto a una hoguera con un gru­po de peregrinos bretones. Al verme, el muchacho dio un res-pingo y quiso incorporarse para correr hacia mi. Sin embargo, un gesto disimulado de Sara, que le sujetó levemente con la mano, le contuvo. De nuevo me di cuenta de que aquella judía era una mujer admirable. No sabia nada de lo que yo estaba haciendo pero, en lugar de preguntar, indagar o sonsacar, aceptaba tran­quilamente el misterio y vigilaba el apasionado temperamento del muchacho para que no despertara los recelos de nadie, como si intuyera que muchos ojos podían estar observándonos.

    Sin decir nada, me senté junto a ellos y permanecimos de charla con los bretones hasta la hora de la cena, bebiendo un vino excelente que aquéllos portaban en un pellejo de cabrito que fue pasando de mano en mano. Los monjes nos sirvieron en las es­cudillas una espesa sopa de cebolla y calabaza, acompañada con pedazos de tocino seco y hogazas de pan de trigo.

    Al cerrar la noche, una vez que todos se hubieron retirado a descansar, emprendí de nuevo la subida a Suso para encontrarme con el conde. La oscuridad hacia parecer siniestro el mismo bos­quecillo que durante el día me había dado la sensación de ser plá­cido y agradable. Mis pasos crujían sobre la hojarasca y, a mi al­rededor, en las ramas altas de los árboles, ululaban los búhos y silbaban las lechuzas. La tenue llama de mi lamparilla de sebo se estremecía y sofocaba con la brisa fría que corría a ráfagas por el boscaje. Íntimamente me sentí agradecido por llevar al cinto el puñal de Le Mans, pero si una banda de peligrosos salteadores me hubiera atacado en aquel momento, no me hubiera sentido peor de lo que me sentí cuando por fin alcancé el viejo monaste­rio y llegué a la tumba de santa Oria.

    Unos tablones de madera apoyados sobre la roca cubrían la boca de la cripta ahora sin tapiar, pues el muro que la empareda­ba había desaparecido. Cúmulos de escombros se amontonaban por los alrededores y ni un alma circulaba por allí, como si el mundo se hubiera quedado deshabitado por algún maleficio. Dentro de la celda, el suelo aparecía excavado y unas escaleras de madera permanecían apoyadas en el interior de un pozo de ta­maño algo mayor que los demás. Al asomarme, alumbrando por encima de mi cabeza con la lamparilla de sebo, vi una pequeña cámara hueca, un sótano completamente vacío salvo por varios rollos abandonados de cuerdas de cáñamo. El maldito conde no había querido esperar para hacerse cargo del tesoro.
    -¡Joffrooooooi! -aullé en mitad del silencio de la noche con toda la fuerza que la rabia y la impotencia dieron a mis pul­mones. Pero no obtuve contestación. Me ahogaba de indigna­ción, me hervía la sangre de ira.

    No di ningún tipo de explicaciones a Sara y al chico, aunque los dos se morían por saber qué había pasado y a qué obedecía mi malhumor. Ignorándoles, me encerré en un mutismo hermético y, en silencio, iniciamos al día siguiente la caminata del nuevo tran­co. No paraba de darle vueltas a lo sucedido. ¿En tan poco valo­raban el Papa y mi Orden lo que yo estaba haciendo? ¿Acaso ha­bían dado instrucciones a ese necio de Le Mans para que actuara a mis espaldas, despreciándome y tratándome como a un sirvien­te? ¿Pensaban, quizá, que yo iba a robar el oro? En aquel mo­mento me encontraba como al principio: con las manos vacías por culpa de la ceguera y la avaricia de aquellos que, cómodamente, esperaban en Aviñón el resultado de mi trabajo. Quizá entre las riquezas encontradas en la celda no había nada que me hubiera servido para reanudar las pesquisas, pero ¿y si no era así? ¿Y si el estúpido de Le Mans había estropeado algo importante? De nada valía mi enojo. En cualquier caso, el mal ya estaba hecho. Pasamos por Santo Domingo de la Calzada y Jonás y yo ren­dimos devoción ante su sepulcro, tal como marca la tradición del Camino. El sosiego que inundaba el interior del templo me fue devolviendo poco a poco la calma. Aproveché aquella breve se­paración de Sara para poner al muchacho al tanto de lo sucedido, el cual, después de escucharme hasta el final, se quedó ensimis­mado mirando la gallera de madera en la que permanecían ence­rradas dos aves de corral de plumaje blanco (en conmemoración de un milagro realizado por santo Domingo, que resucitó a un inocente injustamente ahorcado). Luego, bajando la cabeza, dijo:
    -Siento reconocerlo, sire, pero Le Mans sólo es un lacayo de Su Santidad. Por lo que sabemos de él, seria incapaz de hacer nada que no le hubiese ordenado su amo. Que Dios me perdone por pensar mal del Papa -¿por qué tenía la sensación, escu­chándole, de que era un hombre y no un mozalbete quien habla­ba? ¡Qué cambios de un día para otro! Deseaba con todo mi corazón que cuando se detuviera aquella rueda de transfor­maciones, el resultado final fuera tan admirable como el que ahora tema delante-, pero creo que el conde sólo ha hecho lo que le habían mandado hacer.
    -Lo cual demuestra, una vez más -añadí, siguiendo su ra­zonamiento-, que estamos siendo utilizados para una empresa que poco tiene de honorable y digna.

    En ese momento, inesperadamente, el gallo cantó dentro de la jaula. Un rumor creció en el interior de la iglesia. Jonás y yo nos miramos extrañados y miramos a nuestro alrededor buscan­do una explicación a aquella algarabía. Un viejo lombardo ata­viado con la vestimenta de peregrino nos sonrió.
    -¡El gallo ha cantado! -dijo en su lengua, dejando escapar el aire y la saliva entre los pocos dientes que le quedaban-. Todos los que lo hemos oído tendremos en adelante buena suerte para el Camino.

    El día del equinoccio de otoño, el vigésimo primero de sep­tiembre, salimos de Santo Domingo cruzando el puente sobre el río Oja, y seguimos la calzada que llevaba hasta Radicella.

  12. FRAGMENTO DE ‘PEREGRINATIO’ DE MATILDE ASENSI

    Dejareis Nájera con pesar, estoy seguro, pero forma parte de la experiencia del Camino despedirse de las personas, las cosas y los lugares para seguir avanzando. Y eso es lo que deberéis hacer: continuar la ruta jacobea en dirección a Azofra, situada en lo alto de una pequeña colina, y, desde allí, siguiendo el trazado del río Tuerto, marchar hacia Alesanco, Villar de Torre y Berceo para terminar en San Millán de la Cogolla. Ya sabes que San Millán no es un único monasterio sino dos, separados por un bosquecillo: San Millán de Suso —de Arriba— y San Millán de Yuso —de Abajo—. En el de arriba, Suso, en cuya explanada hay una hermosa iglesia de ejecución visigótica y mozárabe, se crió y vivió el célebre poeta Gonzalo, llamado de Berceo, que escribió los famosos Milagros de Nuestra Señora, Vida de Santo Domingo de Silos, Vida de San Millán y, por supuesto, el Poema de Santa Oria, compañera espiritual de San Millán. El mérito y fama de Gonzalo le vienen de haber sido el primero en escribir sus obras en la lengua vulgar del pueblo y no en el acostumbrado latín culto:

    «QUIERO FER UNA PROSA EN ROMÁN PALADINO, EN CUAL SUELE EL PUEBLO FABLAR A SU VECINO, CA NON SON TAN LETRADO POR FER OTRO LATINO, BIEN VALDRÁ COMO CREO UN VASO DE BON VINO.»

    Una vez en San Millán, Esteváo y tú buscaréis acomodo en el albergue de Yuso, el de abajo, y os dispondréis a pasar la noche en vela, pues en San Millán, Jonás, deberás realizar el tercer grado del ritual que te ocupa en tu peregri­nación. A la hora de maitines1 saldréis de la hostería y, subiendo la ladera, atravesaréis el bosquecillo alumbrados por lamparillas de sebo, de manera que llegaréis a San Millán de Suso sin ser advertidos, dejaréis atrás la tumba de alabastro negro del santo, entraréis en el templo a través de la galería de los sepulcros, cruzaréis las naves en dirección al ábside y utilizaréis las escaleras de madera para acceder a los restos del antiguo monasterio, donde se hallan las criptas en las que se enterraban en vida los primeros monjes de aquel cenobio. Sin duda, habrás adivinado que te estoy conduciendo hacia la cripta de la pobre o, quizá, inexistente santa Oria, pues forma parte de las habilidades de la Iglesia de Roma crear santos que nunca fueron tales.

    No puedo quitarme de la cabeza la cara de espanto de la pobre Sara cuando aquel benedictino nos explicó, lleno de orgullo y admiración, que Oria, la compañera espiritual de san Millán, era una inocente niña de nueve años que fue emparedada viva —supuestamente, a petición propia— hasta que murió a los veinte años de edad. Curiosamente, una Tau casi invisible aparecía tallada en la piedra que cubría su cripta, lo que me llevó a entender, por primera vez, la clave templaria según la cual las Taus aparecían en lugares donde las santas o mártires se llamaban Orosia, como en Jaca, y Oria, como en San Millán, nombres que procedían de sus antecesores latinos Aurosea, «del color del oro» y Áurea, «de oro», derivados ambos, a su vez, de Aureus, «oro», y, por tanto, del «Tau-Aureus» templario. El esbirro de Su Santidad, el conde Joffroi de Le Mans, vació la cripta antes de que yo llegase aquella noche y pudiera estudiar los documentos y objetos, dejando unos tablones de madera por toda cubierta y montones de escombros en los alrededores. Por fortuna, los caballeros de Cristo, que nos vigilaban sin que lo supiéramos, reconstruyeron la cripta de la niña inmediatamente, impidiendo que nadie se apercibiera del desastre y descubriera el escondite.

    Pero, además, los freyres hicieron otra cosa. Arreglaron de nuevo la bóveda secreta donde se ocultaba el tesoro y la ampliaron, de manera que ahora se puede acceder al lugar que, aunque vacío, permite celebrar allí determinadas ceremonias. Sigue exactamente las instrucciones de frey Esteváo y aprende las frases del rito tal y como deberás pronunciarlas llegado el momento. Esa noche, Jonás, en presencia de varios caballeros que serán prevenidos de vuestra llegada, quedarás investido con los ropajes blancos que simbolizan la decencia e integridad de alma que deberás mantener a partir de ese día, sin emitir nunca un juicio falso ni ser cómplice de traición. Y no es éste, como el de la corte, un ritual vacío y carente de sentido. Tras el baño purificador en Tiermas y el sueño vigorizante en Eunate, sabrás ya que la honestidad a la que te obligan las ropas blancas no responde a un deseo de tu voluntad, sino que se convertirá en una condición de tu carácter que ya no podrás alterar.

    VUESTRA SIGUIENTE PARADA SERÁ SANTO DOMINGO DE LA CALZADA, A LOS PIES DE LAS NEVADAS CUMBRES DE LA SIERRA DE LA DEMANDA. RECUERDA RENDIR DEVOCIÓN AL santo ante su sepulcro, pues era un maestro constructor iniciado que dedicó su vida al Camino de la Gran Perdonanza levantando puentes, fundando hospitales y, lo más importante, creando un nuevo y excelente trazado entre Nájera y Redecilla para mejor servir a los peregrinos. No te olvides de prestar atención a la gallera con las dos aves de corral de plumaje blanco pues, si cantan al tiempo que tú estás en el templo, según la leyenda, tendrás buena suerte en adelante para el Camino.

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  14. ‘EL CAMINO DE SANTIAGO: ARTE Y MISTERIO’
    Mª EMILIA GONZÁLEZ SEVILLA

    Cerca de Nájera está la desviación que conduce hasta el monasterio de Valvanera y a los templos de Suso y Yuso. Vale la pena dedicar una jornada a visitar la cuna del idioma donde nacieron las Glosas Aemilianenses que se conservan hoy fuera de estas tierras. En lo alto de la colina, el monasterio visigótico de Suso conserva tallado en piedra el primer testimonio labrado en castellano, copia del que Gonzalo de Berceo dejó plasmado en pergamino en el siglo XIII. Reposan en su interior los restos de san Emiliano o san Millán de la Cogolla, patrón y protector de Castilla que vivió en este lugar hasta los ciento un años. Su urna es valiosa joya de artísticos marfiles románicos del siglo XI y su enterramiento está cavado bajo una bóveda de roca. La lápida que lo cubre muestra un alfabeto ocultista y varios signos extraños: perros, atlantes, ciegos que ven, lectores sapientes y mandalas celtas de autoría desconocida. Entre los muros de Suso dicen que se emparedó santa Oria -otra vez el oro en el Camino- para evitar las numerosas tentaciones de que era objeto. Berceo reflejó en su obra la virtud de la santa asegurando que ‘como era preciosa más que piedra preciada/ nombre avie de oro, Oria era llamada’. Y allí está enterrado también san Felices de Bilibio, maestro de san Millán, que nació en el último cuarto del siglo V y murió en el 574 con ciento un años. Pastor y tañedor de rabel en su juventud, recibió las lecciones del ermitaño Felices de Bilibio y organizó un cenobio eremita en los montes Distercios. El cenobio estaba formado por varias cavernas excavadas en la montaña dispuestas en dos pisos comunicados entre sí por un pequeño pasillo con dos capillas aledañas. Sobre ellas se erigió, en el 923, el monasterio visigótico de Suso. Conserva su suelo original de cantos rodados grises encastrados con ladrillos al estilo visigótico formando rosetas y esvásticas. Su trabajosa confección le ganó el nombre de Alfombra de Portalejo.

    En el atrio del monasterio están enterradas tres reinas navarras, Tota, Ximena y Elvira, y el Señor de Cameros don Tello González. En el centro aparecen alineadas otras ocho tumbas de piedra toscamente talladas que conservan los restos descabezados de los Siete Infantes de Lara y de su ayo, el caballero templario Nuño de Rasuno. Las cabezas de los siete hermanos se conservan en Salas de los Infantes, de ahí el nombre de la villa burgalesa.

    La leyenda de los Siete Infantes de Lara resulta dramática. Conzalo Bustios acudió con sus siete hijos a las bodas de su cuñado Ruy Velázquez, hermano de su mujer doña Sancha, con la doncella doña Lambra. Durante la celebración de las nupcias, Lambra se proclamó injuriada por el menor de los Bustios, Gonzalo González, que se vio sorprendido por esta actitud. Sus seis hermanos salieron en su defensa y la recién casada retiró su acusación. Gonzalo Bustios fue enviado, entonces, por Ruy Velázquez a Córdoba con una falsa embajada, ausencia que fue aprovechada por su tío para emplazar engañosamente a los siete jóvenes en los Campos de Almenar. Allí fueron asesinados y decapitados con su ayo Nuño por un ejercito morisco. Poco después regresó su padre don Gonzalo y, al ver las cabezas de sus siete hijos enloqueció de ira. Pero la venganza llegó lentamente con el tiempo. En Córdoba, Gonzalo Bustios vivió un romance con la hermana de Almanzor que quedó preñada a la marcha del castellano. Este bastardo, Mudarra, al conocer la historia de sus hermanastros se trasladó a Castilla para desafiar al asesino de sus hermanos, Ruy Velázquez, al que mató en duelo. Doña Lambra según unos fue quemada viva por orden del moro, y según otros se arrojó a las Lagunas Negras sorianas para evitar el castigo, de donde viene el macabro nombre del lago.

    Desde Suso, bajando la colina aparece en el centro del valle el monasterio de Yuso, románico guardían de una magnifica colección de marfiles y de traza arquitectónica similar a la del monasterio de Silos. En su interior se conservan las arquetas de San Millán, construida por orden de Sancho el de Peñalén, y de su maestro san Felices. En el Salón de los Reyes se conservan lienzos de Juan de Rizzi y un retrato de Sancho el Mayor ¡que luce la cabeza de Lope de Vega”…, según los expertos.

    Volviendo atrás sus pasos, el peregrino entra en Nájera, la regia ciudad que fuera habitáculo romano cuyo antiguo nombre proviene, según Menéndez Pidal, de íberos y celtas asentados en el lugar antes de la llegada de las legiones de Roma. Nagera, Naiara y Naj-ara en la antigüedad, sufrió los avatares de las luchas de los reyes de Navarra y de Castilla contra los musulmanes que la ocuparon y que la llamaron Al-Najra o ‘lugar entre peñas’ hasta su incorporación a la corona castellana con Alfonso VIII, en 1176. Fue tomada la villa a los sarracenos por el rey navarro cuando corría el año 923 y convertida, posteriormente, en Corte y Panteón Real durante los siglos X y XI. Sancho el Mayor mandó acuñar aquí la primera moneda de la Reconsquista y, a principios del siglo XI, se fundó una abadía cluniacense. Siglos después surgió el actual monasterio en cuyo altar se venera la Virgen de la Terraza, una curiosa imagen cuyo descubrimiento originó la fundación de la ciudad.

    Cuentan las crónicas que la imagen fue hallada por el rey don García de Pamplona, llamado luego ‘el de Najera’, cuando cazaba por estos pagos en el año 1044. El rey vio cómo un halcón se perdía en el horizonte tras una paloma. Cabalgando en pos de su halcón descubrió un inmenso resplandor en medio del bosque y se dirigió hacia él. La luz salía de una cueva excavada en la roca en cuyo interior encontró a paloma y halcón en amigable compañía a los pies de una imagen mariana que brillaba sobre la piedra. Junto a las aves había una jarra de azucenas frescas que perfumaban el recinto. El monarca decidió que aquel lugar debía ser consagrado y dedicado a enterramiento real. Mandó construir una basílica y creó una orden de caballería, la orden de la Terraza o de la Jarra, que ambos significados tiene la etimología de ‘terraza’ en el lenguaje iniciático, y que fue la primera orden de caballería de la Historia.

    La orden se convirtió en una Tabla Redonda defensora de imagen y recipiente. Con esta historia vuelven las connotaciones griálicas y esotéricas del Camino de Santiago: la caverna, las luces misteriosas, la virgen negra, el recipiente sagrado y la dualidad o hermanamiento de lo opuesto, en este caso halcón y paloma. El conjunto de tanto simbolismo convierte el lugar en un centro energético. García Sanchez III mandó trasladar a este recinto los restos de san Vicente mártir y de san Prudencio desde el monte Laturce y le pidió al papa el envío de los de san Vital y san Agrícola, que le llegan desde Bolonia. La dualidad se repite insistentemente.

    La construcción se trazó de tal forma que la cueva quedara en el interior tras el coro de la iglesia. A ambos lados de la gruta se instaló el panteón real con las tumbas de los reyes de Navarra como eternos guardianes. Allí permanecen las tumbas de doña Blanca de Navarra, biznieta de Carrión, hija de García Ramírez y madre de Alfonso VIII que murió en 1156 durante el parto cuando su esposo, Sancho el Deseado, aún no se había convertido en rey de Castilla; su tumba románica ha sido atribuida al mismo maestro Leodegario de Sangüesa y Chartres. Junto a ella, los sepulcros de doña Mayor, de Sancho IV y de otros monarcas de la Navarra medieval. Pasando entre las dos amenazantes figuras de piedra que guardan la entrada y el panteón, se traspasa el umbral de la legendaria cueva en cuyo pasillo de acceso han sido enterrados otros miembros de reales familias a uno y otro lado. Al final del zaguán subterráneo se abre la gruta de piedra en la que una imagen gótica del siglo XIV, de coloreado y triste rostro, recuerda el milagro del hallazgo.

    La imagen auténtica de la morena Virgen de la Terraza se conserva sobre el altar mayor, en un camarín del gran retablo. Bajo ella, otro hueco del retablo muestra la jarra o terraza, siempre llena de azucenas frescas tal como fue hallada. Hay que subrayar que la azucena es la flor que se repite a lo largo del Camino jacobeo incluso en los lugares más insospechados e inaccesibles. Lo mismo que el olor a madera fresca que, tanto en Navarra como en La Rioja, persigue al peregrino.

    El monasterio de Santa María la Real de Nájera esconde muchos otros signos en ménsulas y capiteles y ese milagro hecho encaje en piedra que es su Claustro de los Caballeros, de principios del siglo XVI, donde la piedra se ha vuelto encaje para filtrar la luz por sus arcadas rodeando el pequeño jardín medieval. Desde 1895 está bajo la custodia de los padres francisanos que acogen allí a todo peregrino que lo solicita.

    Fuera ya del recinto monacal, se puede contemplar el monumento a Fernando III el Santo, en el mismo lugar en que fue proclamado rey en 1217. Se levanta sobre el llamado Campo de San Fernando junto al puente actual, construido en 1886 sobre el anterior de siete arcos tendido en el siglo XII por san Juan de Ortega.

    De Nájera el monje alemán Herman Künig dijo, en 1495, que ‘la gente es muy burlona, las mujeres del hospital arman mucho ruido pero tienes todo lo que quieres y las raciones son muy buenas’. Aquí se pueden reponer fuerzas con buenas raciones de ensalada riojana o de caldereta camerana, un guiso de cordero lechal regado con vino blanco y vinagre cocido lentamente con patatas y distintas hierbas incluida la alcamonía. Es plato tradicional de pastores trashumantes en su largo recorrido con los rebaños hasta ‘la Extremadura’ a través de las Cañadas Reales. O puede degustar unas patatas a la riojana, que no son otra cosa que patatas guisadas con chorizo y un sofrito de cebolla, tomate, ajo y pimiento. Si el peregrino desdea tranquilidad y retiro por unas horas puede desviarse hasta las Cuevas de Nájera, remontando el sendero que parte del norte de los torreones de Santa María la Real, donde los franciscanos del monasterio le acogerán con simpatía en un pequeño refugio.

    Se sale de Nájera por el antiguo Camino Jacobeo que pasaba junto a la abadía cisterciense de Cañas, fundada por doña Aldonza y don Diego Lope de Haro. Hay que desviarse unos pocos kilómetros del Camino para llegar hasta allí, pasado Azofra, la antigua As-Sufra árabe poblada por moros pecheros tras la Reconquista.

    Por las curvas de la Degollada, donde dicen que hay mal fario para los automovilistas, continúa el itinerario peregrino. Tras las curvas, aparece majestuosa Santo Domingo de la Calzada que será final de otra etapa en la ruta santiaguera. Cruzando el río Najerilla por el puente cuya construcción dirigió el propio santo, se entra en la ciudad del protector de todo el Camino.

    Si se tiene tiempo, vale la pena perderse antes por tierras riojanas y visitar Bobadill, Tobía -la antigua Tubalia o Tierra de Túbal, nieto de Noé -llamada también Baños del Río Tobía, donde podremos degustar en la única fonda del pueblo unas buenas judías a la riojana potaje parecido a la fabada asturiana pero con chorizos de la tierra. Desde aquí el Camino se adentra por Peñalba, una elevación junto a la llamada Peña Tobía donde aún existen cuevas dispersas con pinturas prehistóricas y objetos de barro del período cretáceo que estallan al ser sacados a la superficie una vez en contacto con el aire. No en vano atraviesa estas tierras la Ruta de los Dinosaurios, que se extiende por casi toda la sierra de Cameros y en la que se enmarcan las poblaciones de Igea, Arnedillo, Arnedo, Enciso y Anguiano entre otras.

    Desviados una jornada del Camino, vale la pena llegar hasta Anguiano para visitar a la morena Virgen del Valvanera, envuelta en los misterios del monasterio que fue abadía benita donde se fabrica un famoso licor de hierbas parecido al que elaboran las comunidades de Silos y Montserrat. La menuda imagen de Valvanera dicen que fue descubierta por un ladrón llamado Nuño, en el siglo XII, dentro del tronco de un roble seco protegido por un enjambre de abejas. La imagen curó la ceguera de la hermana de Nuño que, agradecido, se aposentó en el lugar como anacoreta para custodiar la talla.

    En torno a Valvanera giran numerosas leyendas. Una de ellas asegura que el Niño Jesús tiene la cabeza forzadamente vuelta hacia el lado derecho porque no quiso ver un pecado contra la castidad que cometía en el interior del templo una pareja de enamorados. Otra leyenda advierte que las mujeres no pueden permanecer en el lugar más de nueve días, al cabo de los cuales mueren de extraños males si prolongan su estancia. Las cruces que antaño se levantaron en torno al monasterio recordaban, según la tradición, la maldición para las hembras. También se dice que la reina Isabel la Católica envió allí a una de sus doncellas para comprobar la veracidad de la historia obligándola a permanecer diez días. La noble moza murió al décimo día de extraño mal. Si la historia es cierta, no dice mucho a favor de la reina castellana.

    Otra historia asegura que aún existe en el monasterio la Cocina Santa donde la propia Isabel de Castilla, que viajó hasta allí después del incidente de su doncella, se asombró al ver que no producía ceniza por mucha leña que quemase. Y a los pies del roble donde fue hallada la imagen manaba una fuente que, según las crónicas, alivió la gota de Felipe II, biznieto de la reina católica, en 1592.

    Cumplida la visita a la Virgen de Valvanera se debe seguir el Camino por el suroeste siguiendo el curso del Najerilla si peregrina a pie. Si se hace en coche, el retorno se hará por el mismo camino hasta la carretera Logroño – Burgos. Es posible que en estos parajes se encuentren restos fosilizados y huellas de dinosaurio marcadas en las piedras de la serranía. Bajando hacia Nájera, si se retoma el Camino antes de entrar en la ciudad, aparecerá a los ojos del peregrino una extraña visión: un rostro totémico pintado en lo alto del campanario de la iglesia parroquial, que nadie sabe quién ni cuándo lo pintó. Si la restauración de la torre no lo ha hecho desaparecer, cualquier peregrino podrá verlo antes de bajar la cuesta de la villa.

    En Nájera conviene repostar fuerzas. En época de matanza lo mejor es saborear el patorrillo, un plato para estómagos fuertes y sanos que se elabora con la sangre, las entrañas y las patas de cabrito o de cerdo, en un guiso similar al botillo leonés pero sin embutir. Lo mejor es saborearlo en Igea, en plena Ruta de los Dinosaurios, donde sigue elaborándose al estilo tradicional, al menos en el mesón que aún regenta la familia Sáez de Guinoa.

    El peregrino, de regreso de las huellas prehistóricas, abocará cansado a Santo Domingo de la Calzada, ‘donde cantó la gallina después de asada’ según la leyenda. Hasta el siglo XI no existía Burgo alguno en este lugar ni puente que facilitara el cruce del río al peregrino. El antiguo itinerario pasaba por el norte de la urbe a través de Bañares y Cerezo de Río Tinto. En el siglo XII, Santo Domingo mandó construir el puente sobre el río Oja, despejar el bosque, desviar el Camino desde Nájera hasta Redecilla sobre el puente terminado y edificó el Hospital de Peregrinos que hoy es Parador de Turismo bien restaurado frente a la iglesia del santo. En su interior se conserva el refectorio, donde solía trabajar el santo, y se dice que nunca entró una mosca que lo molestara a pesar de carecer de cristales. Hoy tampoco se ven dípteros en el interior de la sala.

    Mandó levantar, asimismo la ermita de la Virgen de la Plaza, en torno a la cual fue formándose el burgo a orillas del río. Y volvemos a recordar las misteriosas alusiones a la oca como símbolo esotérico con el nombre del río.

    La historia del santo refleja su capacidad de trabajo y su dedicación al Camino. En el año 1090 Alfonso VI le encarga la reparación de todos los puentes que hubiere de Logroño a Compostela -‘pontes qui sunt ab Lucronio usque ad Sanctum Iacobum’- misión que asume conjuntamente con san Juan de Ortega hasta 1098. Muere el 12 de mayo de 1109 con más de noventa años. Siglos después es erigido como patrón de las Obras Públicas y de los ingenieros.

    La iglesia de Santo Domingo de la Calzada, luego catedral, se inició a comienzos del Siglo XII con trazado gótico sobre planta románica. En su cripta se conserva el sepulcro del santo con un mausoleo en alabastro donde se venera la imagen yacente del fundador, que se construyó en una nave lateral del crucero mucho después de su muerte para incluir en el interior de la iglesia la tumba que él dispuso que se cavara en el exterior. La talla yacente es obra de Felipe Vigarny terminada en 1513. Bajo el templete, el sarcófago románico conserva los restos. Sobre uno de los muros de la iglesia se exhibe un trozo de madera de la horca en la que colgaron al protagonista del milagro realizado por el santo.

    Cuenta la historia que el joven germano Hugonell, de dieciocho años, peregrinaba con sus padres desde la ciudad alemana de Sanctu, cerca de Wessel, hasta Santiago cuando corría el siglo XIV. Al llegar al burgo se alojaron en el mesón donde una moza allí empleada se enamoró del muchacho. Al no responder éste a sus insinuaciones amorosas, ocultó en su esquipaje una copa de plata y le acusó públicamente de haberla robado. Al ser revisado el equipaje del joven, se descubrió el objeto y Hugonell fue detenido, juzgado y condenado a la horca a pesar de sus declaraciones de inocencia. Sus padres presenciaron la ejecución y velaron toda la noche su cuerpo. Al día siguiente comprobaron asombrados que el joven aún vivía y corrieron a contar lo que pasaba al corregidor. Éste se disponía a almorzar una gallina y un pollo asados y, molesto por la interrupción, les contestó despectivamente que ‘eso es tan verdad que esta gallina y este gallo se van a levantar y ponerse a cantar’. Ante el asombro de todos, las aves asadas se pusieron de pie en el plato y cantaron. El mandatario ordenó, entonces, descolgar al joven Hugonell e investigar lo ocurrido. Al descubrir el engaño la moza fue castigada públicamente y la familia sajona continuó su peregrinación. Desde aquel día, los jueces de Santo Domingo de la Calzada llevaron durante un siglo una soga al cuello en las vistas públicas, en castigo a su incredulidad. Luego la cuerda fue sustituida por una cinta de color. Frente a la tumba del santo, sobre la puerta de la sacristía, un lucernario ha sido convertido en gallinero donde viven una gallina y un gallo cuyo canto diario recuerda el milagro ocurrido hace seis siglos.

    En la primera quincena de mayo, el peregrino puede asistir a las Fiestas del Camino de Santiago durante las cuales se ofrece comida gratis a los peregrinos. Y, si tiene suerte, en esos días podrá ver al ‘nubero’ o espantador de nubes, medio zahorío medio mago que, hasta hace poco, recorría los caminos del contorno con sus muchos años a la espalda mirando los cielos. La fiesta jacobea empieza el 12 de mayo, día de la muerte del santo. La fiesta gira en torno a la gastronomía: un cordero asado es consagrado antes del ágape y, con él, se sirve tradicionalmente el pan y la sal a todo forastero que llega con vieira y bordón. La ciudad conserva, año tras año, la secular hospitalidad con los peregrinos impuesta por su fundador.

    Al ascender por la Rúa Peregrina hay que fijarse en que la calzada divide en dos la barroca iglesia del Santo, convirtiéndola en la única iglesia divida que luce el templo a un lado del Camino y al otro los restos románicos de su gran campanario de extraña construcción.

    Antes del descanso nocturno, el peregrino todavía podrá saborear unos rizos de merluza a la camerana típico plato de la sierra de Cameros consistente en filetes de merluza enrollados y rellenos de gambas, guisados en una salsa a base de vino blanco o coñac, huevos batidos, tomate, cebolla y guisantes. O una sopa riojana, una de los caldos más antiguos de la región hecho con chorizo, jamón, pan, guisantes, patatas, puerros, zanahorias y otras verduras. O puede endulzar el paladar con unos bollos de san Marcos, panecillos dulces redondos hechos al horno con huevo, manteca, levadura y esencia de anís.

    Así descansará bien el peregrino a orillas del misterioso río Oja, para encarar al día siguiente una etapa llena de magia y misterio.

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