LA PEREGRINACIÓN A SANTIAGO DE COMPOSTELA (o de las leyendas) – LOUIS CHARPENTIER –

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santiago de compostela

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Hacia mediados del siglo IX corrió un rumor en el Occidente cristiano: en algún lugar de España, hacia los confines de la costa cantábrica, en el reino de Galicia libre de la invasión musulmana, hombres santos, misteriosamente avisados por unos resplandores, habían descubierto la tumba del apóstol Santiago el Mayor.

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Asimismo se decía que grandes muchedumbres acudían a venerar las santas reliquias…

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Más tarde, con el transcurso de los años, la leyenda se exageró. Se habló de milagros asombrosos. Llegaban gentes de Francia, de Italia, de Alemania, de Inglaterra. Se trazaron rutas de peregrinación que iban de abadía en basílica, de santa reliquia en santa reliquia… Se convirtió en una moda: aquel que no podía emprender el viaje a Jerusalén o que desdeñaba la visita a Roma, demasiado fácil, tomaba la ruta de Santiago. Se abrían hospitales y albergues para los pobres peregrinos; las órdenes militares se volvían hospitalarias, vigilaban los caminos…

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De este modo, se trazaron cuatro rutas principales en Francia, rutas que partían de lugares de reunión en París, Vézelay, Le Puy, Saing-Gilles. En etapas que llevaban de monasterio a albergue, conducían a los peregrinos hasta los puertos pirenaicos, y luego, por montes y valles, éstos peregrinaban hasta la lejana Finisterre, en las orillas oceánicas.

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Finisterre

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Se moría en la ruta o bien se regresaba, mostrando orgullosamente la venera, signo de la peregrinación cumplida, la <<concha de Santiago>>, condecoración del valeroso peregrino.

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Según los *hagiógrafos, Santiago, el Santiago de que se trata aquí, era uno de los apóstoles, conocido con el calificativo de <<Mayor>> para distinguirlo de otro Santiago, también apóstol, llamado <<el menor>>.

Era hijo de Zebedeo y María Salomé, y hermano de san Juan Evangelista. Se le suponía nacido en Betsaida, y había sido uno de los <<Hijos del Trueno>>.

Era, junto con Juan, uno de los íntimos del Señor, el cual le admitía en sus secretos. Herodes Agripa le había mandado decapitar el 8 de las calendas de las calendas de abril (25 de mayo), día de la Anunciación.

A partir de estos hechos se creó una leyenda, que se amplió con el transcurso de los años, conforme a las necesidades de maravillas que manifestaban los peregrinos, y Santiago de Vorágine, en el siglo XII, la relató piadosamente tal como sigue:

Tras la muerte de Cristo, Santiago predicó primeramente en Judea y Samaria, y luego embarcó y llegó a España para tratar de cristianizar este país. No tuvo mucho éxito, ya que no conseguiría formar más que nueve discípulos; o quizá siete; o tal vez solamente uno. Se admite, además, que era seguido por un perro, más sensible a su influencia que los paganos… No debemos olvidar al perro…

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Perro en el camino

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A consecuencia de este fracaso, regresó a Judea, donde su acción legendaria se caracterizó por una serie de conflictos con una mago llamado Hermógenes, conflictos dirigidos la mayor parte de las veces por legiones de ángeles y de demonios. Habiendo encadenado Hermógenes a un cierto Fileto, Santiago lo libró de sus cadenas; el mago envió entonces una legión de demonios atados con ligaduras de fuego, de las que Santiago los liberó, y, por estos mismos demonios, se hizo entregar a su enemigo encadenado, al que luego, sin rencor, quitó las cadenas y convirtió. Hermógenes arrepentido, la entregó sus libros de magia para que los quemara, pero Santiago se negó a ello y los mandó echar al mar…

Después de su decapitación <<algunos discípulos robaron su cuerpo durante la noche por temor a los judíos, lo pusieron en un barco y, abandonando a la Divina Providencia el cuidado de su sepultura, subieron a bordo de aquel navío que carecía de gobernalle. Conducidos por el ángel de Dios, llegaron a las costas de Galicia, el octavo día de las calendas de agosto, al reino de la Loba. Había entonces en España una reina que llevaba ese nombre y quizás lo merecía>>.

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Acordémonos de Loba… (Louve).

<<Los discípulos fueron entonces a decir a Loba: ”El Señor Jesucristo te envía el cuerpo de su discípulo a fin de que recibas muerto a aquel que no pudiste recibir vivo.” Le contaron entonces el milagro por el que habían llegado sin timón hasta las costas de su país, y le pidieron un lugar conveniente para la sepultura. La reína, al oír aquello, les dirigió, mediante supercherías, a un hombre muy cruel, o, según algunos autores, al rey de España, al objeto de obtener en esto su consentimiento…>>

Tras diversas peripecias, dicho rey termina por aceptar.

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courel

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<<Loba quedó muy entristecida al enterarse de esto, y cuando los discípulos fueron a verla provistos de la autorización del rey, respondió: ”Coged mis bueyes que están en el monte Illano; uncidlos a un carro, cargad el cuerpo de vuestro maestro, y luego, en el lugar que os plazca, enterradlo donde os parezca”.>>

Ahora bien, ella hablaba como loba, pues sabía perfectamente que aquellos bueyes eran toros indómitos y salvajes… Los discípulos, sin sospechar malicia, escalaron la montaña, donde se encontraron con un dragón que respiraba fuego; se abalanzaba ya sobre ellos, cuando todos hicieron el signo de la cruz para defenderse y atravesaron el vientre del dragón con sus espadas. Hicieron también el signo de la cruz sobre los toros que, instantáneamente, se convirtieron en dos animales mansos como corderos. Uncieron los animales y colocaron sobre el carro el cuerpo del santo, junto con la piedra sobre la que había sido depositado. Entonces, los bueyes, sin que nadie les dirigiera, llevaron el cuerpo hasta el interior del palacio de Loba que, al verlo, quedó estupefacta…y consagró su palacio a Santiago.

Esto es lo que cuenta Santiago de Vorágine en la leyenda durea.

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Padrón

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Según la leyenda local, el barco que contenía el cuerpo del santo habría tocado tierra en el fondo de una ría, en un lugar denominado Iria Flavia, que posteriormente fue denominado Padrón, sobre el río Ulla.

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Pico Sacro

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Otra leyenda afirma que el cuerpo, una vez arribados a la tierra, había sido transportado a una colina escarpada, conocida actualmente con el nombre de Pico Sacro, desde donde fue conducido a un lugar conocido más tarde con el nombre de Arca marmórica o Arcis marmoricis, cerca de la localidad de Amoea.

Luego, el lugar de la sepultura fue olvidado durante varios siglos.

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camino

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No fue hallado otra vez hasta el año 813, o, según Bedier, el 830, durante el reinado de Alfonso el Casto.

Según la Historia Compostelana, un ermitaño, llamado Pelagio (que significa: hombre de mar) fue avisado milagrosamente del lugar donde se hallaba la sepultura del apóstol por unas luces sobrenaturales que danzaban encima de la tumba. La tumba fue descubierta por orden de Teodomiro, obispo de Iria Flavia. Parece que se trataba de un pequeño mausoleo oculto por una densa vegetación. Se admite generalmente que la construcción era de típico estilo romano.

También se cree, pero sin demasiada seguridad, que Alfonso II había mandado erigir una primitiva iglesia en el lugar de aquel mausoleo…

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Batalla de Clavijo

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En la batalla de Clavijo, el año 844, sostenida por los españoles contra los musulmanes, Santiago convertido de pronto en caballero armado, apareció en medio de los combatientes, resplandeciente y montando un caballo blanco. Blandiendo una espada flamígera, hizo una gran carnicería entre los infieles y llevó a la victoria a las tropas del rey Ramiro, salvando así todo el Norte de España, desde los Pirineos hasta Galicia. Este hecho de armas post mortem le valió convertirse en Patrón de España y fiador de su liberación… Y, en su calidad de caballero celestial, de tener el honor, mediante <<autómata>> interpuesto, de consagrar caballeros a los reyes de España.

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Monasterio de las Huelgas

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En sustitución de Santiago, el <<autómata>> está siempre el convento de Las Huelgas, cerca de Burgos

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No producirá demasiado asombro el saber que, aun en los ambientes más adictos a las tradiciones cristianas, la leyenda de Santiago no se acepta sin reservas…

A mediados del siglo IX, se propuso una variante, según la cual el cuerpo del santo habría sido conducido a las proximidades de Granada por siete santos. Evidentemente, era más lógico que un barco que navegara sin rumbo desde el Mediterráneo oriental tocara tierra en el sur de España, en lugar de ir a embarrancar en la atlántica Galicia.

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Camino de Santiago

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Más racionalistas todavía, los autores modernos han pretendido investigar la creación de este Santiago en hechos históricos que habían tenido lugar en la época de la invasión árabe. Así, en Mérida se habría encontrado una piedra con una inscripción que informaba de que en aquella ciudad había existido, en la primera mitad del siglo VII, una iglesia consagrada a Santa María, en la cual se guardaban reliquias de la verdadera cruz y de diferentes santos, entre ellos San Juan Bautista, San Pedro, San Pablo, San Esteban, San Juan Evangelista y Santiago el Mayor. Al ocurrir la invasión, los clérigos de Mérida huyeron llevándose consigo las citadas reliquias y las depositaron en Iria Flavia. Las reliquias de Santiago habían ganado entonces por la mano a todas las demás; luego, cuando ocurrieron las primeras invasiones normandas, fueron trasladadas al lugar donde se descubrieron posteriormente…

Pues bien, como de costumbre, los racionalistas no tienen razón.

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Venera en Ocebreiro

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Esta leyenda no ha sido forjada por los historiadores. No hace referencia a hechos, sino a tradiciones.Tengamos en cuenta que nadie ha mencionado nunca una predicación cualquiera de Santiago por España. Por más que san Julián de Toledo especificó, en el año 686, que la predicación de Santiago había tenido lugar entre los judíos; y que Idacio, obispo de Iria Flavia, ignora todo lo que se refiere a la recalada de la barca milagrosa, no por ello la leyenda deja de crearse: se crea y se desarolla. Y es así como nace la concha o venera.

Según una versión, cuando el barco que transportaba su macabro cargamento llegó a la desembocadura del río Ulla, y las gentes lo arrastraron hasta dejarle en seco, se observó que su quilla estaba cubierta de conchas que más tarde servirían de insignias y de símbolo de peregrinos de Compostela.

De acuerdo con otra versión, como la barca no conseguía tocar tierra, dos caballeros penetraron en el agua para ayudar a transportar la carga y, al salir del agua, aparecieron cubiertos enteramente de conchas.

Poco importa el hecho de que dichas veneras no se adhieren a los cuerpos, sino que viven, móviles, en los fondos marinos. ¿Acaso no era necesaria una insignia para los millares de peregrinos que emprenderían la ruta hacia Compostela?

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Muros y Noia

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Estas conchas son las <<merelles>>, llamadas así por el nombre de un pueblo costero, no cercano a Iria Flavia, sino próximo a Noya…

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Via Láctea

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A la concha se añadió la estrella. Ya no eran luces lo que había indicado el lugar de la sepultura del santo, sino una estrella que se había mantenido encima de la tumba y había atraído a los pastores, los cuales, más o menos aterrorizados, avisaron al obispo; aquel lugar ha sido entonces llamado <<Campo de la Estrella>>, Campus Stellae, convertido en Compostela. La peregrinación se transformaba en una marcha hacia la estrella, y la ruta a recorrer era la Vía Láctea (al final de la cual se encuentra, por otra parte, la constelación del Can Mayor). Los eruditos prefieren subrayar que la tumba se hallaba en una necrópolis y que es mucho más juicioso y más lógico hacer derivar Compostela del vocablo latino compositum: cementerio… Pero los eruditos se equivocaban pronunciándose contra el dicho popular; popular, sí, pero sabio. Y sutil.

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Can Mayor

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En primer lugar es notable el apego que se le tiene al nombre de Santiago. Entre los apóstoles, se le escogió a él y no a otro. Pese a lo que afirma san Julián de Toledo, se le hace predicar en España porque es necesario que regrese a ella. Es preciso que dicha predicación haya tenido lugar para preparar el retorno… E incluso se le da por compañero a un perro, como aquel que se halla en el cielo, en los confines de la Vía Láctea.

Se le tiene inclinación al nombre y al lugar: <<Los huesos sagrados del bienaventurado apóstol Santiago, trasladados a España, son venerados en el extremo norte del país, frente al mar de Bretaña, y son objetos de una devoción extraordinaria por parte de los habitantes>>, dicen las <<adiciones al martirologio de Floro de Lyon>>, hacia 838 (citado por Bottineau en ‘Les chemins de Saint-Jacques’), y, por encima de todo, se le tiene apego a la llegada de dichos restos por mar. Es necesario que desembarquen en Galicia, aún a costa de un milagro.

Asimismo, es preciso que Santiago sea caballero, incluso <<matamoros>> en caso de necesidad, a pesar de la mansedumbre conocida de los apóstoles y de su proclamado pacifismo.

También es necesario que domestique a los toros haciéndolos mansos como corderos antes de subyugar a la reina Loba.

Todo esto es maravilloso, tal como al pueblo le gusta verlo en sus historias; pero se trata de un portento admirablemente dirigido…

Como la historia de la estrella y de la Vía Láctea; como la historia de la concha de Santiago.

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tramo del camino

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De hecho nadie crea estas leyendas. Ellas mismas se crean, porque son historia. Una vez creadas, se cuentan y se transforman según los lugares y las épocas, y también según las razas, las lenguas y las creencias; pero, cualesquiera que sean las transformaciones, subsiste el mismo fondo porque éste es verdadero y porque sigue estando presente, confuso pero real, en la memoria atávica.

Las leyenda no se suprimen. Están en el hombre… Y, a falta de poder o de querer suprimirlas, se las adapta… Y adaptarlas es también, en cierto modo, salvarlas. Es guardar en la conciencia del hombre lo que, en caso contrario, permanecería enterrado -e inútil- en los subconscientes.

¿Qué quedaría de todas las leyendas celtas, incluso de aquellas que el celtismo había adaptado de épocas anteriores, si no hubiesen sido cristianizadas en una época en que predominaba el cristianismo?

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Caldero de gundestrup

Caldero de Gundestrup

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Recordemos el <<caldero de Lug>> que, adaptado por el cristianismo, se convierte en el Grial, sin perder, no obstante, su significación de continente de la sangre de Dios, es decir, del líquido vital por excelencia, que da, o vuelve a dar, la vida material o espiritual.

Recordemos esa <<Tabla Redonda>> de los caballeros lanzados a la búsqueda del Santo Grial, como lo estuvieron, milenios antes, los <<danzarines>> de los cromlechs en busca de la vida eterna.

En verdad, sería un poco infantil creer que la transformación de las leyendas se produce al azar conforme a las ideas pasajeras de algún narrador de imaginación desbocada. Semejantes cosas divierten y pasan…

A los narradores se les permitirá entretenerse relatando los milagros que el santo hace en favor de los peregrinos a lo largo de la ruta de Compostela, y que son, en cierto modo, la publicidad <<comercial>> de los lugares de paso preparados: el malvado mesonero castigado, el ahorcado que continúa vivo, el pollo asado que recobra la vida en Santo Domingo de la Calzada… Pero éstos son ya relatos tardíos cuando el verdadero objetivo de la peregrinación ha sido alcanzado.

Por lo que se refiere a la leyenda <<básica>> uno se percata -y yo trataré de que los lectores lo hagan también- de que todos sus elementos han sido sopesados y calculados con otros hechos antiguos y que conciernen, efectivamente, al lugar, al camino de estrellas, a la concha, al nombre, a Loba y al perro

Que nadie se llame a engaño respecto a dicha adaptación: se refiere tanto a la meta como al camino; incluso este absurdo lanzar a <<pobres peregrinos>> a una ruta donde nada tenían que hacer es uno de los elementos, y no de los menores, de esa extraordinaria civilización que, en la Edad Media, nos dio las catedrales y, a plazo diferido, lo que hemos podido conseguir de libertad.

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monasterio

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En todo caso, una cosa es notable -y debe ser destacada-: esas leyendas cristianas nacen en los conventos benedictinos, pero sólo después de la fusión, realizada por Witiza (que se convertirá en san Benito de Aniano), de los monjes de san Benito con los de san Columbano… Como si el tesoro legendario antiguo hubiera sido confiado a la custodia de estos últimos y entregado por ellos a la cristiandad. Junto con la manera de utilizarlo.

Por el camino de las estrellas…

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‘El misterio de Compostela’

LOUIS CHARPENTIER

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enlazado en: EL CAMINO (itinerario que sigue la Vía Láctea)

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6 Respuestas a “LA PEREGRINACIÓN A SANTIAGO DE COMPOSTELA (o de las leyendas) – LOUIS CHARPENTIER –

  1. FRAGMENTO DE IACOBUS DE MATILDE ASENSI

    Conforme nos aproximábamos a Compostela, para la que apenas nos faltaban dos días de viaje, grupos incontables de hu­mildes peregrinos avanzaban rápidamente en nuestra misma di­rección con las caras rebosantes de entusiasmo, como si después de tan largo viaje –de cientos o miles de millas de andadura– no dispusieran de tiempo que perder ahora que se hallaban a tan escasa distancia de su objetivo. En verdad, incluso desde el pes­cante podía apreciarse el anhelo violento que brillaba en el fondo de sus ojos por llegar a la adorada ciudad de Santiago.

    Aunque realmente no tenía ningún interés en encontrar pis­tas templarias en los lugares por los que íbamos pasando, tampoco hubiera disfrutado de mejor suerte de estar necesitado de hallarlas, pues parecía que por aquellos pagos gallegos los freires salomónicos poco o nada habían tenido o disfrutado. El Camino, que alternaba parajes de bosque con incontables aldeas en una sucesión rigurosa, se había vuelto recto como un palo y sua­vemente inclinado, con leves subidas y bajadas, como si estuvie­ra decidido a ayudar amablemente a los peregrinos para que al­canzasen su ansiado destino, y como si ninguna otra cosa tuviera importancia en aquellas tierras verdes, húmedas y frías, en las que reinaba, soberano, el gloriosísimo hijo de Zebedeo (que, para otros, era el gloriosísimo hermano del Salvador, y, para unos pocos iniciados, el gloriosísimo hereje Prisciliano), llamado indis­tintamente Santiago, Jacobo, Jacques, Jackob o Iacobus.

    En el cuarto siglo de nuestra era, Prisciliano, discípulo del anacoreta egipcio Marcos de Menphis y episcopus de Gallaecia, había sido el instaurador de una doctrina cristiana que la Iglesia de Roma condenó inmediatamente por herética. En poco tiempo, sus seguidores se contaban por miles (con numerosos sacer­dotes y obispos entre ellos) y su hermosa herejía basada en la igualdad, la libertad y el respeto, así como en la conservación de los conocimientos y ritos antiguos, se extendió por toda la pe­nínsula hispana, e incluso allende sus fronteras. El ingenuo Pris­ciliano, que acudió confiadamente a Roma para pedir compren­sión al papa Dámaso, fue torturado y condenado por los jueces eclesiásticos que le juzgaron en Tréveris, y, finalmente, de­capitado sin misericordia. Sin embargo, sus seguidores, lejos de dejarse atemorizar por las amenazas de la Santa Iglesia de Roma, recuperaron el cuerpo descabezado de Prisciliano devolviéndolo a las Hispanias, y su herejía siguió propagándose por todas par­tes como un fuego griego. Muy pronto, la tumba del mártir he­reje, que había sido un hombre bueno, se convirtió en lugar de masivas peregrinaciones y, como ni los siglos ni los enormes es­fuerzos derrochados por la Iglesia consiguieron terminar con esta costumbre, el largo brazo eclesiástico hizo de nuevo aquello que tan magníficamente había demostrado saber hacer: del mismo modo que inventaba santos inexistentes, transformaba las ce­lebraciones de los antiguos dioses de la humanidad en fiestas cristianas o maquillaba las vidas de personajes populares –casi siempre paganos o iniciados–, para ajustarlas a los cánones ro­manos de la santidad, aprovechando el transitorio olvido en el que había quedado el sepulcro de Prisciliano por la confusión, la muerte y el terror que supuso para la península la invasión árabe del siglo octavo, transformó el sepulcro de Prisciliano en el se­pulcro del apóstol Santiago el Mayor, hermano de san Juan Evangelista, e hijo, como éste, del pescador Zebedeo y de una mujer llamada María Salomé, dotándole de una hermosa leyenda cargada de milagros que justificaran lo imposible, pues ni Santia­go el Mayor había venido nunca a Hispania, como se demostra­ba en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles, ni su cuerpo, curiosamente también decapitado, había regresado a ella desde Jerusalén en una barca de piedra empujada por el viento.

  2. FRAGMENTO DE ‘PEREGRINATIO’ DE MATILDE ASENSI

    ... por Arzúa, de ricos panes, habas, quesos y nueces; por Ponteladrón, Calzada, Ferreiros, Salceda, Rúa, Lavacolla (donde es costumbre baldearse en el río para limpiar la suciedad acumulada durante el Camino) y, en último lugar, por San Marcos, cuyo pico más alto es el Monte do Gozo, desde donde vislumbraréis, por fin, las altas torres de la catedral de San­tiago y los tejados de las casas que se apiñan alrededor de la basílica. Allí, los peregrinos gritan como energúmenos «¡Ultreia, ultreia!» ( Germanismo medieval cuya traducción sería “Adelante”. Es el saludo, despedida y grito de ánimo de los peregrinos a lo largo de toda la ruta, pero muy especialmente en el Monte Do Gozo.) antes de lanzarse corriendo colina abajo.
    CRUZANDO LA PORTA FRANCA, ENTRAREIS EN LA MUY NOBLE E ILUSTRE CIUDAD DE COMPOSTELA, CUYAS TORTUOSAS, LODOSAS Y PESTÍFERAS RÚAS ESTÁN ABARROTADAS DE ANIMALES y de gentes venidas de todo el orbe. Santiago será, sin duda, uno de los tres Axis Mundi junto a Roma y Jerusalén, pero el ruido y la suciedad de sus calles más la asemejan al suelo de un mercado que a un poderoso y rico lugar de la cristiandad. No obstante, para descubrir aquello que, en rigor, es esta ciudad, antes siquiera de buscar acomodo dirigios, por la noble rúa de Casas Reais y por la populachera Vía Francígena y la de la Azabachería, hacia la basílica del Apóstol. En la explanada que hay frente a ella veréis a cientos de peregrinos como vosotros, con sus bordones y escarcelas, caídos en el suelo o de rodillas, rezando frente a la catedral. Muchos estarán llorando de puro agotamiento pero también de turbación por hallarse en el lugar tantas veces soñado mientras dormían a la vera del Camino, sobre piedras y con la panza vacía, trémulos por el frío o por el miedo a los bandidos. Algunos lucirán ya sobre las ropas la vieira que les identificará en adelante como auténticos concheiros.
    No podréis llegar a la catedral con los caballos, así que encaminaos hacia la parte posterior de la residencia del arzobispo de Santiago, paredaña a la basílica, y entrad en las caballerizas. Los sirvientes de don Berenguel de Landoira os estarán esperando. Deja que frey Esteváo se encargue de todo, pues es gran amigo del arzobispo, hombre de reconocidas simpatías por la Orden del Temple y que cuenta con varios antiguos freires salomónicos entre los miembros de su séquito y entre sus consejeros. En esta ocasión, Jonás, volverás a alojarte en Compostela con todos los lujos y comodidades, pero no te malacostumbres porque tu peregrinatio todavía no ha terminado.

    De paseo hacia la catedral, tanto si vas solo como si lo haces en compañía de frey Esteváo, no dejes de probar esa bebida caliente y dulzona que los gallegos preparan con manzanas ni de comerte un buen pedazo de empanada de miel. Ambas son de las mejores cosas que he probado en mi vida. Y lleva cuidado con la bolsa de monedas del cinto, pues los robos son el pan nuestro de cada día.

    Una vez que consigas sumarte al tropel de peregrinos que intenta entrar en el templo, aguza los ojos, pues todo lo que veas a partir de ahora va a adquirir un nuevo sentido para ti, muy diferente del que le diste en tu primera visita. Accederás al templo por la puerta occidental, por el llamado Pórtico de la Gloria, en cuyo tímpano se encuentra el impresionante Cristo de no menos de tres alzadas rodeado por innúmeros personajes de los Evangelios y el Apocalipsis. Pero, a pesar de esta embriaguez de imágenes, no dejes de fijarte en el parteluz, donde Santiago Apóstol apoya sus pies en un Árbol de Jesé y sus manos en un báculo con forma de Tau. Sí, en efecto, la misma Tau que señalaba los escondites templarios. No obstante, piensa que todas las Taus del Camino ya estaban allí antes de que llegaran los templarios y que habían sido puestas por los maestros constructores. Reflexiona sobre ello, Jonás. Si los templarios sólo aprovecharon lo que ya había para marcar la ubicación de sus tesoros, ¿qué hacen tantas Taus en la ruta terrestre de la Vía Láctea?

    Es costumbre de los peregrinos poner la mano sobre el tronco del Árbol de Jesé al entrar en la catedral, aunque yo no lo hice por parecerme una tradición desatinada, tanto como la de darse cabezazos contra la pétrea crisma de una figura rechoncha que, de espaldas al pórtico, contempla el interior de la basílica. Supuestamente representa al maestro Mateo, el artífice del Pórtico de la Gloria, y las gentes que golpean su frente contra la de él hacen, sin saberlo, el gesto iniciático de transmisión del Conocimiento racional, tal y como te he explicado en alguna ocasión. Claro que no consiguen nada con ello, pero ya ves cómo nacen ciertas tradiciones populares que parecen no tener mucho sentido.

    En el interior del templo, brillante de luces y destellos del oro y las piedras preciosas, se arrodillan cientos de pobres harapientos. Continuamente se quema incienso para intentar sofocar el hedor humano, pero es inútil y, además, este olor se mezcla con el humo de los cirios y el aroma de las miles de flores apiladas por los fieles en los muchos altares del templo. Las supuestas reliquias del Apóstol Santiago (también llamado Yago, Jacobo, Jacques, Jackob o Iacobus) se encuentran en el presbiterio, bajo el altar mayor, en el interior de un arca de mármol. Sé que el fervor y la piedad religiosa que te rodeará en ese momento te animará a aceptar con simpatía la absurda idea de que frente a ti, realmente, se hallan los restos de Santiago el Mayor, pero no te dejes arrastrar por la ingenua devoción de las gentes, pues ni Santiago estuvo nunca en estas tierras, como se demuestra en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles, ni su cuerpo decapitado regresó a ellas desde Jerusalén en una barca de piedra empujada por el viento, como afirma la leyenda sostenida por la Iglesia.

    Utiliza el cerebro, Jonás. Hay evidencias que no necesitan más indagación. Sin embargo, la verdad no le quita valor a la sencilla religiosidad de las gentes. Acepta con benevolencia la fe de los que tienes a tu alrededor y respeta las creencias ajenas por muy absurdas que te parezcan. Y ahora, deja que te cuente una historia que ha sobrevivido con dificultades al paso de los siglos, pues han sido muchos los empeñados en suprimirla.

    En el siglo cuarto de nuestra era, un episcopus de la Gallaecia llamado Prisciliano, discípulo del anacoreta egipcio Marcos de Memphis, instauró en estas tierras una doctrina cristiana que la Santa Iglesia reprobó prestamente por herética. Pese a ello, el número de sus seguidores, entre los que había numerosos sacerdotes y prelados, creció de tal manera que Roma empezó a preocuparse en serio. Pronto la bella herejía de Prisciliano, basada en la igualdad, la libertad y el respeto, así como en los antiguos conocimientos y ritos, se expandió por toda la península e, incluso, más allá de los Pirineos. El ingenuo episcopus, preocupado por la enconada oposición eclesiástica, decidió ir a Roma para pedir comprensión al Papa Dámaso pero, en cuanto llegó, fue capturado, torturado y degollado sin que mediara juicio ni piedad. A duras penas sus seguidores consiguieron recuperar el cuerpo decapitado (en esto coincide la historia con la leyenda del Apóstol) para traerlo de regreso a Galicia.

    Como suele ocurrir en estos casos, el martirio del cabecilla sólo sirvió para avivar aún más el fuego de su doctrina, de manera que su sepulcro, el lugar donde fueron enterrados sus restos, se convirtió en sagrado y pronto empezó a recibir miles y miles de peregrinos venidos de todas partes del orbe siguiendo el camino marcado en el cielo por la Vía Láctea. Ni los siglos ni los grandes esfuerzos realizados por la Iglesia consiguieron acabar con esta costumbre herética, así que, cuando se produjo la invasión árabe de la península en el siglo octavo y la confusión, la muerte y la desolación hicieron que las gentes dejaran a un lado las peregrinaciones para ocuparse de cosas más inmediatas como sobrevivir, misteriosamente la tumba de Prisciliano se transformó en la tumba del Apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan Evangelista, que como tal renació para ayudar a los cristianos en la Reconquista, apareciéndose en las batallas y pasando a ser Santiago Matamoros.

    Quedaos en Compostela los días que os plazca, siempre y cuando no abuséis de la hospitalidad del arzobispo.

  3. Algun día espero poder hacer esta peregrinación, no soy la persona más religiosa pero si creo que Dios de manera magnífica hace que las personas cambien y muchos han cambiado con el recorrido del camino Jacobino

  4. Pingback: A Santiago fui… « Los cuadernos de Yladah o el Zodiaco

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