(3) Etapa tercera: ARRÉS o PUENTE LA REINA DE JACA – RUESTA (Camino aragonés)

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Ruesta
* Galería de JOSÉ ÁNGEL

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Continuamos junto al río Aragón, hacia el polémico embalse de Yesa, y el solitario paisaje que nos acompaña es predominantemente agrícola hasta Artieda. Después hace su aparición el bosque de la sierra de Peña Musera.

‘Guía práctica del peregrino’

JOSE MARÍA ANGUITA JAÉN

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Desde Arrés el Camino parte por un sendero a la izquierda de la carretera que baja de la localidad. En el descenso nos acompaña la misma vegetación de matorral (bog) que a la llegada. Una vez abajo, se cruza una pista, que se retoma poco después. Hay que dirigirse a la izquierda, hacia occidente, con el Aragón a la derecha y los campos de cereales a la izquierda. Se puede contemplar Berdún en la otra margen. Durante cerca de 6 km, habrá que vadear distintos barrancos hasta topar con la carretera que une Berdún con Martes(asentado a la izquierda del Camino). Allí se gira hacia la izquierda para subir por ella hasta que surge una pista a la derecha. Por ésta se asciende en dirección norte hasta un corral y se gira a la izquierda para subir por ella hasta que surge una pista a su derecha. Por ésta se asciende en paralelo al río. Un poco más adelante la pista desemboca en un camino carretero por el que se camina unos metros, para después dejar que discurra hacia el río, mientras se vuelve a tomar la dirección oeste y poco después se atraviesa el límite entre Huesca y Zaragoza. Hasta llegar a la altura de Mianos (también a la izquierda), la senda serpentea, atraviesa barrancos (Sobresechos y Calcones) y extraños montículos de grava. Un trecho continúa entre encinas, y tras estos últimos 6 km, se toma una pista, bordeada de arbolado que pasa junto a un corral. Antes de la subida a Mianos, hay que dirigirse hacia un camino a la derecha, que lleva a la carretera que asciende a Artieda.

Al pasar por el cementerio se deja la carretera y se entra en la población. Se sube por sus calles, para después descender por la calle Luis Buñuel a la carretera por la que se abandona Artieda. Se baja hacia el cruce y unos metros más adelante surge una pista a la izquierda, a la altura de unas naves. Ésta desemboca en la carretera que conduce a Sos del Rey y pasa por Ruesta, entre cereales y arbolado. Un sendero asoma por la izquierda, por él se asciende. Una vez en lo alto, se atraviesa la calzada para internarse entre los robles. El bosque se alarga, formando un corredor entre las tierras de cultivo, y se puebla de pinos. Se alcanza la ermita de San Juan Bautista. Y, más tarde, entra en Ruesta por la carretera.

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* NOTA PARA CICLISTAS:

Los ciclistas tienen la oportunidad de elegir entre la ruta descrita para los peregrinos a pies, que les lleva hasta Sangüesa por la izquierda del embalse de Yesa, o por la margen derecha:

A) Tras descender de Arrés, el terreno se presenta bastante llano, aunque muy embarrancado. Antes de llegar a Ruesta aparece el bosque. Si se quiere se puede tomar a la salida de Artieda la carretera C-137, en direción a Sos del Rey, que pasa por Ruesta.

B) Desde Puente la Reina de Jaca (sin seguir hacia Arrés), en el km 303 se toma la carretera N-240, que pasa por Berdún, Tiermas, Yesa y Javier.


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De: bodyki

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17 Respuestas a “(3) Etapa tercera: ARRÉS o PUENTE LA REINA DE JACA – RUESTA (Camino aragonés)

  1. Como apuntamos al finalizar la anterior etapa, tras la salida de Puente la Reina de Jaca, el Camino se divide en dos variantes. Ambas pueden considerarse como caminos de Santiago históricos. Los peregrinos especialmente en aquellos tramos en los que no había poblaciones importantes, no seguían un itinerario fijo, coincidente con una determinada calzada o camino físico, sino que utilizaban una suerte de corredor de variable anchura, en el que estaban incluidas diversas poblaciones y toda una retícula de pequeños caminos que les permitía, si no desvíos extraordinarios, si amplios zizagueos, y la posibilidad de elegir entre varios lugares pequeños situados a la misma altura y que les ofrecían parejos servicios.

    Este es el caso que nos ocupa. El camino sigue por dos variantes paralelas, y en las pequeñas poblaciones que jalonan uno y otro recorrido se encuentran similares recuerdos peregrinales. Para su descripción, y habida cuenta de que estas dos variantes no se agotan en esta etapa, sino que permanecen separadas hasta su reunión en la siguiente (Ruesta – Sangüesa). Las designaremos A y B:

    A) Por el Camino del Norte, hoy coincidente con la N-240, el Camino pasa en primer lugar por Berdún, cabecera de la llamada Canal de Berdún, es decir, las llanadas de tradición cerealista del Valle del Aragón Bajo. Berdún, cuyo nombre presenta una resonancia céltica que contradice el sustrato, fundamentalmente ibérico, de estos territorios, es una población que ha conservado su trazado y su apariencia antigua. Su ubicación en la cima plana de un cerro confirmaría la presunta etimología céltica del topónimo, enla que se puede adivinar la palabra dunum: ‘castillo, fortaleza’.

    Aún dentro del Canal de Berdún, esta variante del Camino pasa por las poblaciones, hoy abandonadas, de Sigüés, Escó y Tiermas.

    Esta última es una de las estaciones señaladas en la guía del Liber Sancti Iacobi, que además acompaña por una pequeña glosa señalando su carácter regio y balneario:

    ‘Después viene Tiermas, donde existen unos baños reales cuyas aguas siempre están calientes’.

    En efecto, tanto la etimología del topónimo como la documentación y la arqueología revelan la existencia allí de unos baños de época romana, construidos para aprovechar las fuentes de aguas calientes y sulfurosas que brotaban cerca del río. De todo esto, algo se puede ver cuando las aguas del pantano de Yesa están bajas por la sequía, al pie del cerro en el que se levanta la villa de Tiermas.

    Tiermas ha sido abandonada por sus habitantes en fecha relativamente reciente, tras la construcción del pantano de Yesa, que aprovecha las aguas del río Aragón. Aunque la ciudad está situada en un alto y no ha sido afectada por las aguas, y lo ha sido la vida de sus habitantes basada en el cultivo de tierras situadas en el valle del río, razón por la que debieron abandonar sus hogares y buscar nuevo asentamiento. En Tiermas quedaron sólo los edificios, abocados también a una lenta consunción: un sector de su gran muralla medieval, el castillo, la iglesia parroquial de la Trinidad y una buena parte del caserío.

    B) La segunda variante de esta etapa discurre al sur del río Aragón. Tras Arrés, se encuentra Martes, justo enfrente de Berdún. La iglesia de Artieda, la siguiente población, perteneció al Hospital de Santa Cristina de Somport, muy presente en esta zona en forma de prioratos y otras posesiones. Podemos aventurar, por esta razón, la existencia de un hospital de peregrinos en Artieda.

    Si la localización de un hospital de peregrinos en Artieda durante la época medieval es sólo una razonable presunción, en Ruesta está certificada por la documentación. Allí, en el siglo XI, además de una iglesia dedicada a Santiago, existían otras dos, una de ellas consagrada a Santa María y la otra a San Pedro. De esta última se sabe que tuvo una alberguería dependiente. Todas estas instituciones religiosas de Ruesta, junto con la iglesia de Tiermas, fueron entregadas en 1087 por el rey Sancho Ramírez a la abadía benedictina de La Sauve-Majeure (Silva Maior), cerca de Burdeos. En aquel tiempo, aún en vida de su fundador, san Gerardo de Corbie, la abadía aquitana vivía los momentos más pujantes de su historia, en buena medida relacionada con el Camino de Santiago, del que fue una estación importante. De ello debemos deducir que los benedictinos establecieron un priorato en Ruesta en el que atendían, como era preceptivo, a los peregrinos que por allí pasaban.

  2. 9 de Abril
    3ª Etapa

    Para que no nos pase como ayer, y desfallezcamos por el camino, desayunamos en el albergue, el desayuno ha consistido en pan tostado, margarina, mermelada, galletas y café con leche, nos alimentamos a las 7,30 y a las 8,00 iniciamos la marcha, la intención que tenemos es llegar a Ruesta, a 30 Kms. Y dormir allí.

    Nada mas salir me dice Rosa, que todo lo que hemos hecho por ahora, le ha gustado muchísimo, tanto el paisaje, como el tiempo que hemos pasado en el albergue de Arrés, principalmente por el ambiente entre los peregrinos, lo que no le ha gustado ha sido la litera, pues estaba todo muy justo y apretado, yo la digo que si me lo hubiera dicho, habría dormido con nosotros en la buhardilla, pues había sitio de sobra.

    Empezamos el camino, y seguimos con el inconveniente del tiempo, muy inestable y como consecuencia de ello, mucho barro en el camino, nosotros bajamos de la colina de Arrés, por el camino de los peregrinos, y vemos como a los peregrinos de Barcelona, su Microbus les baja hasta el camino hacia Ruesta, por ello, además de no llevar mochilas, empiezan 2 Kms antes que nosotros, pero hoy no me preocupa, pues en el albergue de Ruesta hay 64 literas, por lo cual, podremos dormir todos sin problemas.

    Cuando llegamos al primer pueblo Martes, no llegamos al pueblo, pues guiados por el mapa que yo consulto, cogemos una desviación, y dejamos el pueblo a nuestra izquierda, pero como pasa un rato, y no vemos señales del camino, decidimos retroceder y llegar al pueblo para preguntar.

    Cuando llegamos a Martes, nos dicen que era correcto, el camino que habíamos cogido, pero de todas formas, nos resulta positivo pasar por el pueblo, pues tiene una fuente con un agua estupenda, y como el agua es imprescindible para el peregrino, bebemos y llenamos las botellas, cuando iniciamos la marcha, aparecen dos peregrinos extranjeros, que no sabían el camino, les indicamos por donde tienen que ir, y nosotros después pasamos por la iglesia, que aunque esta cerrada y no podemos visitarla, toda la parte exterior es muy bonita, seguimos andando por el camino con mucho animo, aunque Enrique se queja de que le pesa muchísimo la mochila.

    Cuando habíamos andado 13,5 Kms llegamos a Mianos, que también esta en lo alto de una colina, decidimos no subir, pues no tiene bar, ni ningún tipo de servicio, cuando llevamos andando 18,5 Kms llegamos a Artieda, también se encuentra en la cima de una montaña, todos estos pueblos como son de origen árabe, los construían el la cima de las montañas, para tener controlado los abscesos a los mismos, y serles mas fácil su defensa, vistos desde abajo todos son preciosos, y resaltan sus edificaciones frente al cielo, tampoco subimos a Artieda, pues como en los demás, la única entrada es una cuesta larga y muy empinada.

    Cuando llevamos 20 Kms aprovechamos unas piedras junto al camino, para hacer una parada, les aconsejo que se froten los pies con alcohol de romero, y que se cambien los calcetines, y les reparto algo del chocolate de Rosa, el cual nos recupera bastante.

    Al revisarles los pies, veo que todos los tienen perfectamente, menos yo, pues se me esta formando una ampolla en el pie izquierdo, me pongo un parche de silicona, para intentar que no se forme la ampolla.

    Llegamos al Embalse de Yesa, vamos bordeando el embalse, y junto a la otra orilla, se ven las ruinas de Tielmas, un balneario de aguas termales, que fue muy utilizado a principio de este siglo, actualmente esta totalmente derruido, y no tiene ninguna utilidad, mas adelante pasamos por lo que queda de la Ermita de San Juan Bautista, y a las 5 de la tarde llegamos a Ruesta, nos dice el hospitalero, que en las guías del camino, en esta etapa marcan un recorrido de 30 Kms, pero como han desviado el camino la realidad es que entre Arrés y Ruesta hay 33 Kms.

    Como estamos hambrientos, le decimos al hospitalero, que nos prepare unos bocadillos y unas cervezas, y cuando nos recuperemos ya nos preocuparemos de nuestras literas.

    Nos dan una habitación con 6 literas, para que nosotros nos acoplemos como mejor nos parezca, y después empezamos con nuestras duchas, y a tender la ropa que tenemos mojada, como sigue lloviendo, tenemos que tender en la escalera, en las literas, y en cualquier lugar que nos sea posible.

    Ruesta es un pueblo totalmente en ruinas, se ven los restos de un castillo, y de muchas mansiones con escudo heráldico, lo único
    Que funciona en el pueblo es el albergue, menos mal que en el albergue preparan cenas, a 10 € el menú, y desayunos a 3,5 €.

    Acordamos con el hospitalero dormir, cenar, y desayunar, por todo eso, mas los bocadillos y las cervezas que nos habíamos tomado, nos cobra 135 € por los cinco, de cena nos ponen Fidegua de marisco, Bonito con tomate, y de postre fruta variada, y para desayunar, nos ponen Zumo, Café con leche, Tostadas, Mantequilla y Mermelada, todo de calidad, y muy bien puesto y atendido, en un comedor grande, donde también estaban los de Barcelona, con un comportamiento muy alegre y simpático.

    En esta etapa hemos andado 33 Kms

  3. Martes, 23/5/06
    18 kms.

    Día terrible para mis pies, a cada kilómetros iba peor, me recuperaba en las cuestas, pero en los llanos iba a paso de tortuga, encogiendo los dedos dentro de la bota para intentar aliviar el dolor. Cada dos por tres me paraba, me las quitaba y me daba un masaje. Luego seguía, pero no servía de nada. Lo que pude acordarme de mis zapatillas del año pasado. Confiaba en que según fuera avanzando fuera desapareciendo el malestar y mis pies se acabaran acostumbrando a las botas. Ya las llevaba desde hacía seis meses atrás, andando siempre con ellas, pero, error, nunca las probé para una caminata, pensé que llevarlas puestas todos los días durante seis meses bastaría. No bastó.

    Según me acercaba a Artieda iba más decaído. Si siempre me vengo arriba ante una cuesta, pues el dolor de pies desaparece, mi animo esta vez, subiendo al pueblo no apareció. Nos recibió Raquel, una chica de 24 años que aparentaba 16. Allí estaban también Jordi y Juan. Nos duchamos, y bajamos a comer. Después nos jugamos a los chinos la última copa y me tocó pagar.

    Artieda es una maravilla de pueblo en la cola del embalse de Yesa, sobre un alto. Cenamos en el mismo lugar, pues no hay otro, luego Raquel nos enseña el pueblo, su casa en construcción, la de sus padres y nos deja en otro bar donde debe estar la mitad del pueblo, al menos en lo que a la parte masculina se refiere. Nos echamos una partida de dominó y ahora el que paga es Juan. Luego volvemos a dormir al albergue.

    Artieda – Ruesta

    Miércoles, 24/5/06
    11 kms.

    Nos levantamos y nos lo tomamos con calma. El desayuno no estará hasta las 9:30.

    Salimos a las 10 y a los dos kilómetros me tengo que parar porque no puedo con el dolor. Nos despedimos de Jordi y Juan que van a su ritmo y me comprometo a llamarlos e incluso alcanzarlos cuando Alejandro lo deje en Puente la Reina. Pero eso no ocurrirá, aunque nos volveremos a ver. Continuo andando y me encuentro una funda de móvil tirada en el suelo. Lo asocio a Juan que iba hablando por el móvil con su gente. Espero alcanzar a Alejandro que va por delante de mi para que lo llame y se lo diga. Cuando la carretera termina se mete por el monte y tira hacia arriba. En el desvío me encuentro con Alejandro que está hablando por el móvil, continuo hacia arriba y espero en lo alto. De pronto veo que Alejandro comienza a retroceder por la carretera. Y caigo en la cuenta que la funda va a ser de Alejandro y no de Juan. Lo llamo desde arriba a gritos hasta que se para y me mira, le saludo con la funda en la mano. Se vuelve. Eso era.

    Después de eso nos metemos por un sendero que más parece túnel de vegetación que va paralelo al embalse de Yesa. Casi al final del mismo hay tantas piedras que Alejandro tiene que salirse y tirar campo a través. Luego, por carretera llegamos a Ruesta, con su impresionante torre del castillo. Ambos en ruinas, de dicha torre no hacen más que salir halcones, buitres y otros tipos de bicharracos con alas. El pueblo está abandonado, casi todas las casas están en ruinas, salvo dos o tres que está rehabilitando el sindicato CGT. El albergue y el bar que tiene lo atienden una pareja, y también son los encargados de la comida. En su terraza, con vistas al embalse, nos tomamos un par de cervezas la mar de bien.

    Después de cenar nos vamos a la cama y me pongo a oir la radio con no sé qué lío de los ciclistas y la sangre de los mismos. Apago y me quedo grogi.

  4. Día 5 de octubre (jueves)
    19 km.

    Nos hemos levantado a las 7:30. Posteriormente, nos disponemos a prepararnos, cuando poco antes del desayuno el madrileño “Pablo” salió hacia Ruesta (8:30). Nos subimos a desayunar y nos quedamos sorprendidos del superdesayuno que nos prepara Ivean (tostadas, café con leche, infusiones, mantequilla y mermeladas, miel artesanal, etc.). Y todas estas comidas a cambio de la voluntad. ¡Increíble! ¡Pero cierto! Nos acompañó a la salida del pueblo este simpático francés, partiendo a las 9:30 dirección Martes.

    Esta etapa es bastante aburrida pero variada (llanuras, barrancos, río, pequeños altos, etc.).

    Atravesamos también varias granjas con vacas, ovejas y preciosos caballos. Pero tenemos que puntualizar que la señalización es precaria y confusa. Ni por asomo como la del camino navarro.

    A las dos horas, después de subir una pequeña cima, nos encontramos de frente con Martes y, medio kilómetro antes de llegar al pueblo, sin sentido alguno, las flechas que indican el camino a Santiago nos hacen girar dejando el pueblo a mano izquierda.

    A partir de aquí, parece que se anda por Castilla-León (todo llano) y después de un par de km. y atravesando varios barrancos nos encontramos con el pueblo de Mianos a gran altura. Y de nuevo las flechas nos desvían del pueblo dirección a Artieda, que rápidamente la veremos a media distancia.

    El tramo Mianos-Artieda tiene varias subidas poco agradables y además erosionadas por el agua, pero rápidamente llegaremos a la unión con el camino asfaltado que nos llevará hasta Artieda o bien a la altura del cementerio de este pueblo nos podríamos desviar hasta Ruesta. La verdad es que la subida desde el cementerio hasta el pueblo no es tan dura como dicen y realmente vale la pena quedarse a dormir, ya que el albergue y el pueblo en sí son fascinantes (casas fabricadas en piedra y madera, calles en piedra tallada, vistas y panorámica increíbles).

    Llegamos al albergue a las 13:30. El hospitalero parecía un poco serio y sin ganas de hablar. Nos enseñó la habitación y ya está. Ya nos comentaron que daban comidas, cenas y desayunos y además de acoger a peregrinos sirve como casa rural, pudiendo (?) cazadores.

    Hay 20 plazas en el albergue y nos dio una habitación con dos literas que se encuentra enfrente de los baños y tiene además su balconcito con sus tendederos y una vista del pueblo de Mianos increíble.

    Nos arreglamos un poco y bajamos a comer. El salón-comedor también es muy bonito. En ese momento se encontraban 8 albañiles comiendo pero lo más sorprendente fue cuando Begoña y yo vimos que este señor llamado Manolo estaba solo y solo se encargaba de la alimentación, la limpieza, habitaciones, baño, comedor…

    Nos sentamos y ya nos dimos cuenta de que era un hombre muy majo, algo extraño pero majo, y un excelente cocinero. La comida constaba de revuelto de tortilla con atún, de primero, y de segundo guisado de conejo, postre, vino, cerveza, agua. Todo por 1.100 para el peregrino.

    La verdad es que suelen hacer contratos de 6 meses para los hospitaleros, pero según lo que nos comentó Manolo, es un engaño, pues se acaba siendo un esclavo y, además, sin tener beneficio alguno.

    Fuimos, después de comer, a ver el pueblo. Después, al bar a comprar algo para comer en el camino y por casualidad estaba abierto también. El bar, como el albergue, pertenece al Ayuntamiento, eso sí, hay una panadería (Cándido).

    Vimos el atardecer desde las afueras del pueblo y nos quedamos boquiabiertos al ver aquellos valles, picos y el sol escondiéndose tras las montañas.

    A las 20:00 nos sirven la cena, que constaba de sopa o alubias blancas a elegir (de primero), lenguado rebozado (de segundo). También muy buena la cena. Estuvimos conversando un rato con Manolo y nos dijo que el desayuno sería a partir de las 8:00. Al final nos acostamos a las 23:00, después de escribir unas líneas de esta etapa.

    Día 6 de octubre
    Pasando por Tiermas y sus baños

    A las 9:45 salida hacia Esco, por donde pasamos a las 12:00. De 13:15 a 13:30 (?) baños. A las 15:15 salíamos de Tiermas (baños).

    Tiempo nublado, con lluvia chispeante, buena temperatura para caminar. Trayecto peligroso por carretera hacia Pamplona. A la altura de Esco había una piedra a mano derecha en un campo que hablaba del Camino de Santiago (fecha 1965).

    Después del descanso de 2 horas en los baños a 37,6ºC, partíamos hacia el monasterio de Leyre (15:15-17:15). Y no hace falta llegar hasta Yesa para coger el desvío a Leyre.

    El desvío se cogería unos km. antes, había unos pilares de piedra pero no había ninguna cadena o cable, había un cartel con indicaciones de Leyre y Sangüesa en letra pequeña.

    La subida es terrible, dura unos 5 km. hasta el monasterio y poco antes de llegar hay una zona de descanso llamada la Fuente de las Vírgenes. Es un lugar mágico y el agua buenísima y necesitada, pues no teníamos agua desde Tiermas (cargarse con bastante líquido).

    Al llegar al monasterio fuimos a la Portería y el Hermano Pedro (un hombrecito muy gracioso) nos acompañó hasta la habitación en el mismo monasterio (zona privada). De 2 personas con ducha fría y bonitos baños. Dejamos las cosas, nos pegamos una ducha y fuimos a ver la cripta, los exteriores y la iglesia (por cierto, las dependientas y el bar muy cuadriculados, estúpidos y antipáticos.

    Y a las 19:00 fuimos a las Vísperas que daban en la iglesia los monjes (en canto gregoriano). Muy bonito. A las 19:30 fuimos a dar una pequeña vuelta y a las 20:00 el Hermano Pedro nos trajo unos bocadillos gigantes con pechuga de pollo y mayonesa (riquísimos) y yogures. Cenamos en la habitación donde tenemos también una mesa muy bonita con tres sillas hechas de madera artesanalmente.

    (Podría haber cenado con los monjes a las 20:00; pero, como a Begoña no la dejaban, cené con ella aquí. Habría sido una experiencia muy bonita).

    Y, por último, a las 21:00 fuimos a ver las Completas, otro tipo de misa (21:00-21:30). También muy bonita. Cuando acabó la misa el Hermano Pedro nos acompaño para cerrar las puertas.

  5. Arres – Ruesta. (13/8/2001).

    Ante la perspectiva de una etapa solitaria donde la llanura aragonesa iba a ser nuestro compañero de viaje a las 6:00 nos ponemos en marcha. Aunque la noche no ha sido muy buena para mí en cuanto a número de horas de sueño, pues creo que he dormido solo un par de horas, ha sido maravillosa en cuanto a la admiración de la bóveda celeste, ninguna contaminación lumínica incordiaba, en ese día tuvimos especial suerte pues en el albergue fue posible tomar un café con leche y una magdalena para desayunar (ojalá los peregrinos pudiéramos desayunar todos los días).

    Fuimos saliendo poco a poco del refugio, primero los maños después Carmen a los 5 minutos. Mariano y yo salimos 10 minutos después y por último Julio y Mavi justo después de nosotros. Éramos un rosario de peregrinos con prisa de ponerse en camino antes de que el sol nos aplacara. El principio del camino es una bajada abrupta que nos lleva desde Arres al camino. En esta bajada, Mariano y yo acortamos entrando por un campo arado, mirando para tras veíamos relativamente cerca al matrimonio. Pero para adelante era imposible ver a nadie, los 10 minutos de distancia te imposibilitaban ver a nadie sobretodo por el paso de Mariano que se resentía de su pie y de su carga.

    En esta situación estuvimos durante un par de horas, caminando entre campos de cereal ya recogido. La vista te permitía ver muchos metros por delante y por detrás.

    Cuando el sol empezó a salir tras un giro a la izquierda y una subida dura de 10 minutos, que nos lleva frente al pueblo de Martes nos hizo perder de vista al matrimonio y nos introdujo en otra llanura donde en la lejanía era posible ver unas figuritas que supuse eran los maños y Carmen. Como Mariano continuaba resintiéndose y sabiendo que siempre iba a tener compañía por detrás y como me apetecía acelerar, empecé a incrementar el ritmo con la ilusión óptica de ver como se acercaban las figuritas de la lejanía. Después de una hora y casi a la altura de Mianos alcance a los maños. El sol ya apretaba con justicia y las fuerzas no eran muy holgadas, se empezaba a necesitar un descanso. En una hora más alcanzamos la carretera que se desvía hacia Artieda. No lo dudamos y subimos al pueblo. Fue un kilómetro agobiante pero arriba nos esperaba un albergue abierto donde fue posible realizar un almuerzo como Dios manda, par de huevos fritos con jamón y una exquisita jarra de cerveza con limón. En este refugio estuvimos una hora aproximadamente. Tiempo más que suficiente para que nuestros compañeros que venían por detrás nos adelantaran.

    Después del opíparo almuerzo nos lanzamos a los últimos 10 Km. Más de la mitad de estos se realizan por carretera siendo entre las 12 y las 13 horas el sol caía de plano y no había posible escapatoria. Después de 7 Km. por el arcén se coge un sendero que entre árboles acompaña al peregrino hasta Ruesta. Esta parte final se me hizo especialmente pesada pues necesitaba líquido para recuperar el perdido. Es una etapa muy dura por el sol y la llanura, no hay apenas sombras donde refugiarse. También la temperatura no ayudaba por el calor y el bochorno. El día terminó en tormenta, índice del calor reinante.

    La sorpresa del día fue que yo esperaba encontrar a Carmen cuando aceleré pero para mi sorpresa ella se quedó detrás, pues fue la única que no acortó por los campos de cereal al principio de la etapa. Ella realizó la mayoría de la etapa con el matrimonio a los cuales alcanzó a la altura de Martes.

    Mariano fue alcanzado por el matrimonio y por Carmen a la altura de Artieda donde hizo autostop pues su pie ya no aguantaba más.

    Cuando llegamos a Ruesta los demás compañeros ya estaban esperando para comer (14,15 horas). Los maños pasaron de comer pero yo me duche rápidamente y baje a la comida, pues aunque había almorzado fuerte notaba que necesitaba más energías.

    Después de comer subí a la habitación para una buena siesta reparadora de una noche criminal. No conseguí dormir pero si descansar los suficiente como para sentirme bien después de un gran esfuerzo. Los pies los tenía doloridos pero sin ninguna ampolla que me impidiera continuar. Lo mismo no puedo decir de Mariano que durante la cena nos comunicó que el día siguiente se volvía a Madrid.

    En la cena conocí al séptimo compañero de viaje, uno se iba pero otro volvía. La presentación me sorprendió pues cuando le pregunté su nombre me dijo “Paquito”. El diminutivo enseguida me hizo comprender la sinceridad e inocencia. Es el auténtico atleta y el más experto en el Camino de Santiago. Vive en Petrel (Alicante) y es miembro activo de la Asociación del Camino de Santiago de su pueblo. Había empezado el camino el día anterior, recorriendo desde Somport hasta San Juan de la Peña (45 Km.) donde había dormido encima de una mesa de piedra. Hoy había recorrido desde San Juan de la Peña hasta Ruesta (40 Km.) donde se había parado por que le ha pillado una tormenta y como andaba con sandalias le había salido una ampolla que le impedía andar correctamente.

    Durante la cena conseguimos estar todos juntos, Mariano, los maños (Francisco y Vicente), el matrimonio (Julio y Mavi), Carmen, Paquito y yo. Fue el único momento que nos encontramos todos. La cena la recuerdo como exquisita (acelgas y pescadilla en salsa). Durante la cena se fue la luz y cenamos a la luz de una vela. Aunque comí y cené sólo me cobraron la cena por lo que el precio fue más que aceptable (2.100 Ptas. dormir, comer y cenar).

    Este albergue es sorprendente. Está en manos del sindicato CGT, anarquistas, y estos se encargan de dar asistencia a todos sus afiliados y a todos los peregrinos que pasan por aquí. Tiene 72 plazas en dos edificios rehabilitados y cuesta 950 Ptas. dormir y 1150 la comida o la cena. El pueblo son unas pocas casas con unas calles muy estrechas, un lugar encantador. En los alrededores hay 2 ermitas una antes llegar en ruinas y otra después del camping.

    Se inició a las 6:30 horas y se llego a las 14:15. 39.107 pasos equivalentes a 27,374 Km.

  6. (…)

    Tras recoger la colada y hacer la mochila (como todas las mañanas), llego a la conclusión de que, aunque suene a tontería, no hay tanta diferencia entre dormir en un hotel de tres estrellas y hacerlo en un albergue, a efectos de descanso, ya que tienes tu ducha, tienes tu cama; es más, la habitación del hotel te aisla del resto de los peregrinos, y esto sólo es bueno para quien se quiera ahorrar mis ronquidos.

    A las 09:00 bajamos con todo el equipo y nos dirigimos hacia la gasolinera que había enfrente para desayunar a base de barritas y galletas. En esta etapa hay que tener una cosa muy clara: no hay poblaciones intermedias entre Puente la Reina de Jaca y Artieda, ya que se pasa cerca de Martes y Mianos, que son pueblecitos sin ningún servicio, pero no se pasa por ellos. Todo esto nos lleva a la conclusión de que hay que hacer buen acopio de agua. Mi hermano y yo llevamos ese día una cantimplora de dos litros y dos botellas de agua de litro y medio, aunque al llegar a la altura de Mianos, nos encontramos con una agradable sorpresa. Pero vayamos por orden.

    A las 09:30 salíamos de Puente la Reina de Jaca, tras haber devorado un litro de zumo de frutas y sendos batidos de chocolate de tres cuartos de litro, aparte de agua, chocolatinas, galletas, etc.
    Era una etapa casi llana en otro día claro y totalmente depejado, y tras salir bien repostados, cogimos la carretera de Huesca por su arcén izquierdo, y al poco rato nos desviamos a la derecha siguiendo la carretera de Arrés (cuyo albergue está en construcción y que en muy poco tiempo sustituirá a la parada en el hotel Anaya de Puente la Reina, aunque haya que desviarse un poquito).
    A los tres kilómetros y medio de la partida se abandona el asfalto y se coge una pista de tierra que está en perfectas condiciones. La guía “El Camino de Santiago a pie”, de El País-Aguilar, describe a esta etapa como “maratón de desamparo”. Creo que exageran un poco, ya que esta descripción tiende a asustar al peregrino que hace este camino por primera vez, diciendo cosas como que “el camino se sumerge de bruces en la insoportable melancolía de la estepa aragonesa”. Yo personalmente prefiero la llanura de la estepa aragonesa a la subida que nos esperaba al día siguiente a Peña Museras, en la cual subías 400 de altitud en 1200 metros de longitud, con unas pendientes que con la nariz tocabas el suelo. Pero supongo que un buen peregrino debe ser completo como los ciclistas, dominando las etapas llanas (estepa aragonesa), las de montaña (subiditas que tan poco me gustan, pero que hay que subir), las metas volantes (lugares donde paras a repostar sólidos y líquidos), las contrarrelojes (¿para coger cama?), y todo ello para ganar el gran premio de la regularidad (la satisfacción de llegar al albergue que está al final de la etapa y disfrutar por fin de un merecido descanso).

    Cerca ya de Martes, la tierra toca un poco al asfalto (carretera que va a Martes), tan poco que a los 50 metros se vuelve a convertir en tierra al desviarse a la derecha y subir una cuesta de las que tanto me emocionan para continuar por una auténtica llanura sin árboles, pero si giras la cabeza a derecha e izquierda podrás disfrutar de las laderas del valle, que no tienen desperdicio alguno. Martes queda a nuestra izquierda y poco a poco se coloca a nuestra espalda.

    Salimos de la provincia de Huesca y entramos en mi querida Zaragoza. Empezamos a bajar para cruzar el cauce de dos riachuelos, y el paisaje se torna espectacular, con formas grisaceas, redondeadas y erosionadas que mas bien recuerdan a un paisaje lunar.
    Subimos para recuperar la llanura, y en un campo que hay a nuestra derecha aparecen un manojo de globos naranjas que se mecen según el viento quiere (curiosa estampa). Ya han caido las dos botellas de agua y tan sólo nos queda la cantimplora de dos litros. La cantidad de agua no está mal, pero la temperatura del líquido básico bien pedía un par de sobrecitos de sopa sin ayuda del fogón. Aunque cuando la sed aprieta, la temperatura es lo de menos. Pero ahora viene lo que no aparece en ninguna guía.
    Nuevamente caminamos por asfalto y a la izquierda se empieza a divisar Mianos. A los pocos metros nos encontramos a un campesino que estaba con un tractor al borde de la carretera, y que se encontraba llenando un depósito grande de agua que portaba en su remolque. ¡Era un manatial con agua fresca, y potable!. Tras darle los buenos días, nos refrescamos y repostamos la cantimplora, aunque antes la tuve que vaciar del consomé que llevaba por agua dentro de ella. Era un campesino muy agradable, y nos indicó que a unos 200 metros encontraríamos una granja donde vivía un señor que le gustaba recibir a los peregrinos y charlar con ellos, además de ofrecerles agua y galletas. Os voy a decir exactamente a qué granja me refiero, porque merece la pena visitarla.
    En la ya nombrada guía “El Camino de Santiago a pie”, de El País-Aguilar, en su página 48 viene el mapa de la etapa de hoy (Puente la Reina – Artieda). Si os fijais bien, sobre una línea horizontal pone “Carretera de MIANOS”, y a la derecha de esa línea hay un punto parcial que indica “840 m desvío”. Es la granja que hay justo debajo y a la izquierda del “840”. El hombre del tractor nos dijo que ese buen hombre se llamaba Francisco Peralta, y que era un maestro jubilado. No olvideis su nombre: Granja de San Martín.

    Como íbamos bien de tiempo (por el móvil me había informado de que en el albergue de Artieda no había problema de alojamiento, y que las comidas se servían hasta las 15:30, cerrando el comedor a las 16:00), y teniendo en cuenta que eran las 13:40, decidimos visitar a este buen hombre. Hasta ese momento, sólo habíamos hecho las paradas mínimas relacionadas con necesidades fisiológicas de tipo líquido, también conocido como “aguas menores”, aunque espero que nadie se escandalice si digo que eran las paradas de orinar, hacer pis o mear (tan natural y necesario como el respirar). Nos acercamos a la entrada de la granja y veo que se nos acerca un hombre de setenta y pocos años con paso pausado y rostro agradable. Cuando le veo, pongo cara de listillo y le pregunto…¿no será usted por un casual Don Francisco Peralta?. A lo cual el me contestó…”el mismo”. Nos invitó a pasar los soportales de su casa y, como le dijimos que nos habían dado agua fresca, nos invitó a vino tinto fresquito y galletas. Nos quitamos las mochilas y dejé mi bordón apoyado en la puerta de entrada de su casa.
    Estuvimos media hora hablando con él, sobre sus destinos como maestro (nuestra madre también es maestra jubilada), sobre sus perros, sus gatos, sus campos, sus dos todoterreno.
    Si no fuera porque teníamos la limitación de llegar a las 15:30 a Artieda, nos hubiésemos quedado muy a gusto más de una hora charlando largo y tendido con el bueno de Don Francisco. Tenía en su casa un libro de visitas para que firmaran los peregrinos, y os puedo asegurar, mis queridos jacobeoadictos, que esta gran persona estampó en mi credencial el sello que peor se ve, pero el que más valor tiene y con mucha diferencia. Es un sello con una virgen en el centro y que en su contorno pone “Iglesia Parroquial, Mianos”. Es un sello de hierro, a la antigua usanza, ¡y tan antigua usanza!. Nos comenta Don Francisco que él ha visto ese mismo sello estampado en un documento fechado en 1863, y estamos hablando no del mismo dibujo del sello, sino del mismo sello físicamente, del mismo tampón. Es decir, que dicho cuño se fabricó antes de 1863. Genial. Una vez firmado el libro de visitas, les doy mi dirección de correo electrónico (ya que su hijo tiene internet) y nos despedimos. Según salimos de la granja, entran dos alemanes altos de unos sesenta años preguntando…”Fresh water here?”, a lo cual, mi hermano (monstruo en inglés, yo tan sólo balbuceo el inglés y petardeo algo de francés) les contestó…”Oh, yes, and good cookies!”.

    Son las 14:20 y partimos en dirección a Artieda. No estoy acostumbrado a tomar alcohol, ya que a pesar de mis 34 años, mis vicios alimenticios son los mismos que los de un niño de 10 años: refrescos, batidos, chocolatinas, galletas, frutos secos, y demás porquerías que mi madre me tiene prohibido desde hace más de 20 años. Pero con el vinillo en el cuerpo y tan cerca del final de etapa, a uno le entran las alegrías post-ingesta alcohólica y, además, sintonizando mi miniradio (eterna compañera de viaje), localizo una emisora que estaba poniendo mi tipo de música favorita: funky.
    Había transcurrido un kilómetro desde que salimos de la Granja de San Martín, medio caminando medio bailando funky (que Santiago me perdone, porque creo que esta actitud es poco jacobea) cuando de repente me doy cuenta de que me falta algo, veo que mi mano derecha está demasiado libre y que antes siempre estaba ocupada. ¡Mi bordón!. Me lo había dejado apoyado en la puerta de entrada a la casa de Don Francisco, ¡y el tiempo se echaba encima!. Le dije a mi hermano que continuara y que llegara a Artieda para comer, que yo me volvía para recuperar el bordón y después llegaría a Artieda, y que si el comedor estaba cerrado, que ya comería a base de galletas de chocolate y frutos secos que tenía en la mochila.
    El kilómetro de vuelta no fue bailando funky precisamente, más bien iba medio cabreadillo por el olvido tan tonto que acababa de tener. Casi llegando a la granja de San Martín, me encuentro a los dos alemanes que ya habían salido de la casa de Don Francisco y que me miraban con cara de asombro, y yo con mi inglés de Cariñena les chapurreé algo así como…”I forget my stick in Don Francisco´s house”, y aunque sé que la frase no es correcta del todo, estoy seguro de que la entendieron, porque su reacción fue de lo más solidaria: se descojonaron estruendosamente de mí. Era una escena realmente enternecedora, casi para llorar…¡de rabia!. Poneros en mi piel: peregrino medio colocado olvida su palito, vuelve a por él y se encuentra a dos torres gemelas de 60 años made in germany que al contarles lo ocurrido se despelotan de ti. ¡Esto no es serio, no señor!. Aunque si os digo la verdad, en el fondo yo también me estaba riendo de mí mismo.

    Una vez llegado a la finca de San Martín, le cuento a Don Francisco lo ocurrido y él mismo se ofrece para acercarme en uno de sus todo terreno hasta un punto por el cual pasaría mi hermano. Yo le pedí si podía llevarme por el Camino Aragonés para darle alcance, pero él me contestó que el camino estaba muy mal para los vehículos. Me llevó por el asfalto, pasando por Mianos y acercándonos a Artieda. Me dejó en la carretera, donde el Camino Aragonés dejaba la tierra y tocaba asfalto. Allí me despedí nuevamente de Don Francisco, que además de vino y galletas, me había hecho un gran favor. Llamé a mi hermano por el móvil (él también tiene móvil) y le dije que estaba delante de él y que le esperaba. Tras esta experiencia saqué dos conclusiones. La primera es que había hecho un poquito de trampa (me ahorré unos dos kilómetros más o menos). Y la segunda es que se va mejor en un todo terreno con aire acondicionado que pateando a las 15:10 bajo un sol casi de justicia.

    A los cinco minutos aparece mi hermano y juntos, por asfalto, comenzamos a ascensión a Artieda, que tampoco es moco de pavo (sin llegar a ser el Angliru).
    Llegamos al albergue (situado junto a la iglesia de San Martín) a las 15:32 y nada más llegar nos sirvieron la comida. Paco y Cristina son los hospitaleros de Artieda, y tanto albergue como hospitaleros son realmente geniales. Para beber sólo hay vino y agua, ambos frescos y totalmente gratis. Te sacan comida hasta que te quedas satisfecho. Hay cinco habitaciones de dos literas cada una. Comedor con televisión y baños en perfecto estado, con tendederos para la ropa. El precio de la pensión completa es de 3.200 pesetas, que se desglosan de la siguiente forma: 1.100 pesetas cada comida, 300 pesetas el desayuno y 700 pesetas dormir. Para comer, nos sacaron un primer plato de pasta fresca con atún, y un segundo plato de salchichas frescas fritas con patatas fritas. Todo recién hecho. De postre había natillas o helado. Agua y vino a discreción por cuenta de la casa.

    A media tarde, tras hacer la colada y descansar un rato, cayó un macrobocadillo de chorizo de Pamplona por 300 pesetas, con vino por cuenta de la casa. Para cenar, se preparó una mesa para los siete peregrinos que estábamos esa noche: los dos alemanes (Kurt y Adolf), un matrimonio francés (Frank y Silvette), y una chica de Pamplona (Maribel). Maribel ya conocía mis ronquidos de la noche de Jaca. Fue una cena muy amena y divertida, ya que yo hablaba en francés con el matrimonio francés, mi hermano hablaba en inglés con los alemanes, y Maribel solo hablaba español, aunque le traduciamos todo lo que se hablaba para que no se sintiera desplazada. Aquello era una mezcla de That´s English y Follow Me en versión jacobea. La cena consisitió en una sopera completa de crema de calabacín (exquisita, y mira que a mí no me tiran mucho las verduras, pero voy a escribir una carta a Cristina para que me mande la receta), ensalada y una fuente de calamares fritos, y de postre, macedonia de frutas, con vino y agua hasta hartarse. El de Artieda es, con diferencia, el mejor albergue del Camino Aragonés. Las vistas que hay desde Artieda son fantásticas, y los cantos de los grillos al atardecer son la mejor invitación para dejarte caer en los brazos de Morfeo.

    Tras la cena, una reconfortante ducha y a dormir, porque se acabaron las etapas cortas, y mañana ya hay que levantarse a las 06:00 para caminar 33 kilómetros. Me pongo la radio y escucho que el Real Zaragoza acaba de ganar por 4 a 1 al Wisla de Cracovia (Polonia). Un día redondo, o casi porque…¡Mira que olvidarme el bordón en la granja de San Martín!…

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