(5) Etapa quinta: SANGÜESA – MONREAL (Camino aragonés)

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* La foz de Lumbier, galer�a de CARLOS

* La foz de Lumbier, galería de CARLOS

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Las dos opciones que se ofrecen son de gran belleza. Si se opta por pasar el Alto de Aibar, desde Rocaforte hasta Izco no nos encontraremos ninguna población, y se corre el peligro de perderse si no se siguen atentamente las señales. La otra opción siempre discurre cerca de la carretera. Su atractivo principal es el paso de la Foz de Lumbier.

‘Guía práctica del peregrino’

JOSE MARÍA ANGUITA JAÉN

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Se sale por la calle Mayor, pasando junto a Santa María la Real, hacia el puente del mismo nombre. Avanzando por la carretera NA-127.

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A) A la izquierda sale el desvío de Rocaforte, del que a su vez sale a la derecha un camino que discurre entre la Papelera y los sembrados, subiendo a Rocaforte. Desde allí se desciende (una señal indica el Alto de Aibar) por un camino sombreado por chopos y algún que otro chaparro, en un paisaje de monte bajo (espino albar y boj). Al llegar a la Cañada Real comienza el ascenso, pasando por Santa Cilia (sus ruinas), junto a un arroyo y cruzando por un túnel la carretera de Aibar. Un sendero nos desvía a la derecha, y, tras pasar un portillo, y bajar un trecho en paralelo a la carretera, se desciende de nuevo a la derecha y se cruza un campo cercado. Después de atravesar un pinar, en el descenso, se toma una pista asfaltada, a la derecha de la cual sale un sendero entre pinos, boj y enebro, por la ladera del monte. Con otra pista se salva un arroyo para subir a otra colina, donde se sigue un camino a la izquierda. Se bordea la falda, paralelos a este arroyo, durante 2 km, hasta que, con una nueva pista se asciende entre coníferas, alejándonos del cauce, hacia el solar de Olaz (pueblo desaparecido en el siglo XIV). Más arriba se toma otra pista, y después un camino que baja por la izquierda. Desde aquí ya se ve Izco, al que se accede entre campos de cereales.

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B) Se continúa por la NA-127 hacia Liédena, donde se entra después de cruzar el río Irati. Al salir de la localidad una pista se orienta hacia poniente, al igual que el Irati, entre vides, cereal y olivos. Y tras 2,5 km un túnel nos introduce en la impresionante foz de Lumbier, por una vía verde. Rodeados de buitres, entre carrasca, boj y enebro, se avanza hacia la presa, y después hacia el túnel de la salida. Lumbier es la siguiente localidad, tras la cual se toma la carretera NA-150. De ésta hay que desviarse en la curva hacia Nardués. Se parte por el arcén de la N-240, y una vez en Aldunate se toma una senda entre arces, pasando junto a un robledal y un pinar. Para alcanzar el Alto de Loiti, se vuelve a la carretera general, y por una senda se llega a Izco.

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En Izco se unen las dos alternativas. Desde aquí hasta Abinzano, durante 2 km, discurre una pista entre tierras de labor, con frondosos montes a la izquierda. La carretera avanza por la derecha. Tras otros 5 km, aparece Salinas de Ibargoiti, donde se entra por el Puente Grande sobre el río Elorz. Al salir de allí, se cruza el río y se sube a un Alto, atravesando un bosque de pinos y más tarde de robles. Antes de entrar en Monreal se pasa junto al campo de fútbol y se salva el río Elorz.

* NOTA PARA CICLISTAS

Lo más aconsejable para los ciclistas es la opción B, más viable y más próxima al asfalto.

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Buitres en la Foz de Lumbier, de: joseluismartnez

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16 Respuestas a “(5) Etapa quinta: SANGÜESA – MONREAL (Camino aragonés)

  1. Como en el caso de la calle Mayor de Puente la Reina, la túa Mayor de Sangüesa desembocaba en un puente, que se menciona en el fuero otorgado por Alfonso I el Batallador a la ciudad en 1122. Este puente, en uno de cuyos estribos podía leerse una inscripción romana, no ha llegado por desgracia a nuestros días, aunque por descripciones que de él se conservan sabemos que se trataba de un magnífico ejemplar de siete ojos.

    Al poco de cruzar el puente metálico que le sustituye, se encuentra la ermita de San Nicolás, recuerdo de una antigua clavería perteneciente a Roncesvalles, bajo la misma advocación. De su magnífica iglesia románica, arruinada, fueron salvaguardados los capiteles, que hoy pueden verse en el Museo de la Cámara de Comptos de Pamplona.

    Rocaforte es el ‘Burgo Viejo’ de Sangüesa, y la población que hasta la fundación del ‘Burgo Nuevo’ había portado ese nombre desde tiempos prerromanos (Sancossa). Su situación en un alto desde el que se domina un amplio paisaje y su carácter fortificado le confieren su descriptivo nombre actual. Sin embargo, la gloria mayor de Rocaforte no se cifra en ningún hecho de armas, sino en el paso por allí de san Francisco de Asís durante su peregrinación a Compostela. Aunque ya hemos visto cómo la tradición afirma que san Francisco se detuvo en Jaca y en San Juan de la Peña, los cronistas de la Orden Franciscana en España dicen que fue en Rocaforte donde el santo hizo su primera fundación. Según éstos, san Francisco que se retiró a una capilla dedicada al apóstol san Bartolomé, que de este modo se convirtió en la primera casa franciscana en España. Aparte del eremitorio de San Bartolomé, situado al noroeste de Rocaforte, los alrededores de esta población están sembrados de recuerdos de escenas cotidianas protagonizadas por san Francisco durante su estancia en este lugar, como una ‘Fuente de San Francisco’, donde el santo acudía a saciar su sed, o una ‘Piedra del descanso de San Francisco’, donde éste solía sentarse a reposar.

    El cronista de la Orden Franciscana Wadingo cuenta además cómo el santo plantó un huerto y, formando parte del mismo, un moral con propiedades curativas. Años más tarde, cuando los franciscanos abandonaron Rocaforte, el moral se secó; pero volvió a reverdecer cuando los religiosos regresaron a la población. Hay unas cuantas leyendas más sobre esta posible estadía de san Francisco en Rocaforte y Sangüesa, aunque todas ellas fueron escritas muchos siglos después del tiempo en que se ambientaban. Son muchos los lugares del Camino de Santiago que conservan recuerdos similares al de Rocaforte, y muchas las leyendas y anécdotas protagonizadas por san Francisco como peregrino de Santiago.

    No hay documento alguno que nos certifique sobre este probable viaje del patriarca seráfico a Compostela, pero sí se puede decir que las fundaciones franciscanas en el Camino de Santiago, muchas de ellas creadas en la vida del santo, se cuentan entre las primeras de la Península.

    Sangüesa y alrededores están sembrados de restos romanos y aun anteriores. Entre ellos destacaron el puente de Sangüesa, tramos de calzada y, sobre todo, la villa de Liédema, situada en la margen del antiguo camino. Se trata de una suntuosa villa rústica de época tardía (s. IV), y un buen ejemplo del nivel de romanización de estos territorios próximos al Pirineo. Muy cerca de esta villa, por el camino que seguían los peregrinos antes de la fundación de Sangüesa, y que posiblemente fuera una antigua calzada romana, se encuentra la impresionante foz de Lumbier, una abruptísima garganta natural abierta por la erosiva acción del rápido río Irati sobre la piedra caliza. Para salvarla, se construyó en época medieval un no menos impresionante puente, de un solo ojo elevadísimo, al que se conoce como puente del Diablo.

    Aquí, como en otros parajes similares de difícil o imposible tránsito, salvados por una obra de ingeniería de gran dificultad técnica, se han creado leyendas con pequeñas variantes que atribuyen la obra, normalmente un puente, al diablo. El argumento de las mismas viene a ser el siguiente:

    Una comunidad sufre ante las insalvables dificultades que le crea la naturaleza de un lugar. El diablo, siempre alerta ante la necesidad humana, les ofrece asistencia técnica para salvarlas, pero solicita a cambio una fortísima contraprestación: una víctima consistente en el próximo recién nacido dentro de la comunidad, o en el primer ser vivo que cruce el puente. Los hombres aceptan el trato y el diablo realiza diligentemente su cometido, pero a la hora de recibir su recompensa ve defraudado cómo los astutos hombres, sin faltar a su palabra, le ofrecen un pequeño cabrito en lugar de la ofrenda humana que él esperaba.

    Algo desviado de la foz de Lumbier, al Sur, nuestro Camino discurre por solitarios parajes que conducen al Alto de Aibar. En sus faldas, se encuentra el despoblado Santa Cilia, aldea medieval hoy abandonada.

    ‘Cilia’ es la forma contracta, típico resultado de estas tierras, del nombre de Cecilia, mártir romana en los primeros años del cristianismo, patrona de los músicos desde finales de la Edad Media. La extensión y el arraigo de su culto en el territorio de Jaca y aledaños tiene que deberse a la presencia aquí de alguna reliquia suya, lo que la convirtió en objeto de singular veneración.

    Lo dicho sobre Santa Cecilia se puede aplicar también a San Bábilas, cuyo nombre, también en la forma característica de Babil, se encuentra, pasado el Algo de Aibar, en un barranco y un alto. En aquellas inmediaciones debió de estar la ermita dedicada a él, cuya portada puede verse hoy en la ermita de Santa Bárbara, en la cima de la Higa de Monreal. La singular devoción que en la zona de Leyre y Sangüesa, desde época mozárabe, se profesó a este mártir oriental, llevo a los reyes Juan II y a su madre doña Catalina, ya en el s. XV, a hacer traer las reliquias del santo hasta Sangüesa, donde se edificó una basílica en su honor.

    Entre el escaso aunque hermoso caserío de Izco destaca el edificio de la iglesia parroquial de San Martín, románico de transición al gótico, levantado en el s.XIII, aunque bastante reformado posteriormente. La advocación a San Martín de Tours podemos considerarla aquí como una de las muchas infiltraciones de devociones francesas en España a través del Camino de Santiago.

    También es del s. XIII la iglesia parroquial de Abínzano, dedicada a san Pedro Apóstol. Como la de San Martín de Izco, su antigua fábrica ha sido ampliamente remodelada con posterioridad (s. XVI – XVII).

    Algo desviada de nuestra ruta, al borde de la carretera, se levanta Idocin, pequeña población cuya mayor gloria es haber sido la patria de Francisco Espoz y Mina, uno de los famosos guerrilleros hispanos que lideraron la resistencia popular ante la ocupación napoleónica durante la guerra de la Independencia. Su mayor y más antiguo monumento es, no obstante, la iglesia de San Clemente. Este templo, como los de casi todas estas pequeñas poblaciones de los alrededores de Monreal, fue construido en la Edad Media, entre los siglos XII y XIII, y sufrió posteriormente, ya en época moderna, una severa reforma que le ha conferido el aspecto con que podemos verlo en la actualidad.

    Es el caso también de la iglesia parroquial, dedicada al arcángel Miguel, de Salinas de Ibargoiti. El nombre de la población se explica por sus pozos de sal.

    Monreal es mencionada en la guía del Liber sancti Iacobi como importante estación del Camino de Santiago, final de la segunda etapa del tramo aragonés y principio de la tercera. No es esto en vano, pues Monreal es otra de las ciudades surgidas y desarrolladas gracias al Camino de Santiago.

    El nombre de Monreal es relativamente reciente 1132, e indica claramente el carácter de fundación real de la población. Los reyes no le concedieron fuero, sin embargo, hasta casi veinte años más tarde, en 1149. Con anterioridad al asentamiento de los francos, existió en su solar o en las inmediaciones una aldea llamada Higa, que es el nombre que ha quedado para el gran cono calcáreo (Higa de Monreal) en cuyas faldas se extiende la población.

    El trazado urbanístico de Monreal es el típico de las fundaciones navarro-aragonesas en el Camino de Santiago: una larga calle (en este caso, la calle del Burgo), a lo largo de la cual, en un modo racional, se han distribuido las casas de la población. Entre sus edificios, destaca la iglesia parroquial de Santa María del Burgo, primitivamente dedicada a San Martín de Tours, donde se custodia una imagen de la titular.

    Como mayor recuerdo peregrinal, está el documento de 1144 en el que se informa de la existencia allí de un hospital de peregrinos, dependiente de la iglesia de Pamplona.

  2. Sanguesa-Montreal 07.03.03:
    (visitad la siguiente web con las fotos de la etapa:
    http://fotos.terra.com.br/album.cgi/*319011:0 )


    Nada más salir elegimos la variante de la Foz de Lumbier. Hay que caminar unos cinco kilometros por carretera primero, pero merece la pena. Es extraordinario el escenario, para disfrutar con todos los
    sentidos caminando en paz. Maravilloso el Puente del Diablo. Sobrecogedora la imagen de las aguilas y buitres sobrevolando el espacio. Impresionante el cruce de los túneles en soledad. Hasta Nardués es un paseo, pero al llegar aquí empiezan los problemas. Si haces caso a las señales te van a llevar a las zarzas y con suerte (mala) a un barrizal increíble. Todo en un repecho impresionante. Si optas por
    a carretera, te pegas un hartón de coches, ruido y polución, y no te libras de subir al alto de Loiti. No sé qué es peor. Luego las flechas te desvían a la izquierda y te pegas otro repecho que te deja sin aliento para casi nada, ya que si sigues la carretera conectas con el camino en unos 800 metros y te ahorras el subidón. A partir de Izco, es una pista a seguir. No hay flechas. A veces la huella de un peregrino que ha pasado antes o quizá una marca de GR perdida en la inmensidad del valle. Me había perdido en la subida del barrizal y caminaba sin saber por dónde iban los demás (Quim, Jorge y Knut) Me sentí muy solo ese día. Iba ya muy muy tocado de los pies y cualquier cosa me hubiera animado. Pues nada. En un momento pasas una “ZONA DE PERROS”, y piensas: “…lo que me faltaba…” pero después de todo no pasa nada. De Salinas de Ibargoiti a Montreal yo encontré mucho barro, pero ya me daba todo igual. Iba derrotado. El albergue está bien y para cenar tienes que ir a un restaurante de
    carretera. Cenamos bastante bien y muy animados pues coincidimos con la Javierada y estaba a rebosar de navarros muertos de la risa. Buen ambiente.

  3. 11 de Abril
    5ª etapa

    Nos levantamos como siempre a las 6,30 de la mañana, y recibo dos noticias, una buena y la otra mala, la buena es que aparece mi gorro, ayer cuando llegamos al albergue, Juan Antonio deja el palo que esta utilizando como Bordon en un rincón, y yo como llevo el gorro totalmente empapado, le cuelgo en este palo con el fin de que se seque, de lo cual yo no me acordaba, con este encuentro me vuelve el entusiasmo, pero este entusiasmo se me apaga rápidamente, pues me dice Juan que esta muy cansado y abandona, que no ha dormido en toda la noche pensando en ello, y ha decidido regresar a su casa.

    Yo le ofrezco otra solución, que coja el autobús y se valla a Pamplona, que duerma allí esta noche, y mañana coja el autobús que le lleve a Puente la Reina, allí se juntara de nuevo con nosotros, y como habrá estado dos días sin andar, se recuperara perfectamente, y podrá continuar el camino perfectamente, a Juan le parece bien mi solución, y decidimos hacerlo de esa manera.

    Desayunamos la fruta, leche, y los bollos que habíamos comprado ayer, me pongo parches de silicona en las dos ampollas que tengo, nos despedimos de Juan, e iniciamos la marcha.

    En esta etapa la guía de El Camino de Santiago, indica que se valla por Rocaforte, como por este sitio la etapa es muy dura, les propongo que vallamos por Liebana, y luego pasemos por la Foz de Lumbier, la diferencia es que andaremos 3 Kms mas que por Rocaforte, tendremos que caminar 6 Kms, desde Sangüesa a Liebana, por el borde de la carretera que va a Pamplona, yo pienso que merece la pena, pues el camino le haremos por mejor terreno, y la Foz de Lumbier es un lugar precioso, como naturaleza es la parte del camino que mas me gusta.

    Cuando llegamos a Liebana paramos para tomar café, y como se suele decir, para cambiar el agua a los garbanzos.

    Continuamos adelante con muy buen camino, y bordeando el río Iza, lo que provoca un paisaje precioso, llegamos al túnel de la Foz de Lumbier, preparamos las linternas, pues cuando se pierde la luz de la entrada no se ve nada, y cuando salimos del túnel, quedan asombrados por lo que ven, un desfiladero con el río Iza por el fondo, unas paredes altísimas y totalmente verticales, y muchísimos Buitres y Águilas, volando por el cielo, seguimos adelante por la Foz de Lumbier y salimos por otro túnel similar al anterior, a la salida junto al túnel hay una fuente, bebemos agua, llenamos las botellas, y le damos otro toque al chocolate de Rosa, nos da pena de que Juan se haya perdido este espectáculo, pero no ha sido por culpa nuestra.

    Por este recorrido, antiguamente pasaba un tren, que llevaba viajeros entre Pamplona y Sangüesa, posteriormente se utilizo, para llevar la madera de todos los pinos, que talaban por estos montes, y ahora han cubierto las vías con zahorra, y es una de las muchas vías verdes que hay por España, para que se pueda practicar el Senderismo.

    Pasamos por Lumbier y continuamos hacia el Alto de Loiti, llegamos a Olats y tenemos que salir y andar por la carretera, la subida se hace eterna, cada vez que llegas a una curva piensas que se ha acabado, pero te encuentras con que la subida continua, y para mi, muy acentuado todo, pues tengo los pies muy resentidos.

    Llegamos al Alto de Loiti y vemos a lo lejos el pueblo de Izco, lugar en el que nos juntaremos los peregrinos, los que han venido por Rocaforte y los que lo hemos hecho por la Foz de Lumbier, todos pensamos lo mismo, en cuanto lleguemos a Izco nos meteremos en un bar, a tomarnos un vino y un piscolabis, pero cuando llegamos nos encontramos, con que por no haber no hay ni bar ni vecinos, el pueblo esta totalmente desierto, vemos un cruceiro a la salida del pueblo, y continuamos hacia Monreal.

    Pasamos por Abinzano y sigue siendo pueblo abandonado, nada mas salir del pueblo, tengo que sacar de la mochila el forro polar y ponérmele, pues me siento muy mal y con frío, los demás dicen que no hace frío pero yo lo tengo, pienso que será por culpa de los pies, pues me duelen mucho y el camino se me hace eterno, cuando llegamos a Salinas de Ibargoiti, vemos que en este si que hay vida, pero como nos quedan para Monreal solo 3 Kms, decidimos continuar.

    Pero para colmo de sinsabores, cuando llegamos a Monreal nos encontramos, con que el albergue esta totalmente ocupado por los peregrinos de Barcelona, no queda libre ni una sola litera.

    No esta la hospitalera, pero vemos en un rincón 5 colchonetas, y pensamos que por lo menos en el suelo podremos dormir, por lo cual esperamos a que venga y nos acople.

    Saco el botiquín y empiezo a curarme las ampollas, paro cuando tiro del parche de silicona, se me desprende la piel, de la planta del pie izquierdo, me deja en carne viva una tercera parte de la planta, otro peregrino me sugiere, que después de curarme me ponga una compresa, y después me vende el pie, así lo hago, pero veo que en este estado, me será imposible hacer la etapa de mañana hasta Puente la Reina, por lo cual decido coger el autobús, ir a Pamplona, Juntarme con Juan, y continuar los dos en autobús hasta Puente la Reina, Rosa también esta lesionada, tiene la pierna derecha inflamada, por lo cual, le digo que se venga conmigo, y así se recuperara, le parece muy bien y en eso quedamos, llamo a Juan y le digo que mañana nos juntaremos en la Estación de Autobuses a las 9 de la mañana.

    Enrique nos dice que como su mochila y la de Juan Antonio pesan mucho, que si nos parece bien, que ellos preparen unas bolsas, con lo mas pesado de sus equipos, y nos lo llevemos nosotros en el autobús, así podrán hacer la etapa desde Monreal a Puente la Reina, con mas comodidad, eso queda acordado y pensamos en ir al mesón para cenar.

    Nos vamos al mesón y nos dicen que hasta las 9 no darán cena, y como ahora son 7 nos parece mucho esperar, le pido al camarero que nos prepare unos bocadillos, y nos dice que como esta solo, el atiende nada mas que a la barra, pido unas aceitunas y una botella de vino y lo tomamos con paciencia, pero al rato vemos que aparece otra persona con aspecto de dueño, Rosa muy decidida va ha hablar con el, y le convence de que nos sirvan aperitivos de cocina, con lo cual cenamos estupendamente, a base de aperitivos, cuando terminamos de cenar regresamos al albergue, y empezamos a preparar para dormir.

    Cuando empezamos a preparar las colchonetas en el suelo, se nos acerca un peregrino y nos propone, que le demos dos colchonetas, y a cambio el nos da dos literas, pues el y su mujer mañana quieren salir muy temprano, y si ellos duermen en el suelo no molestaran a nadie, lo aceptamos y pasamos a las literas Rosa y yo.

    Nos acostamos a dormir y al momento, el que duerme bajo mi y los dos de la derecha, empiezan a roncar de una forma exagerada, esto me desvela por completo, y con este insomnio me permite ver, como los que querían dormir en el suelo a las dos de la mañana se preparan, y inician la marcha del día, esto lo hacen algunos para que no les quiten la litera al día siguiente, pero yo pienso que los que hacen el camino por la noche con linterna poco pueden ver del camino.

    En esta etapa hemos andado 31 Kms

  4. 30 KMS.
    3.05.2001

    Salgo a las 7,30 de Sangüesa, después de desayunar. Pedro se ido a Bilbao y mi compañero ha tomado el autocar, como convinimos, camino de Monreal.

    Una vez alcanzado el pueblo de Liédana, camino como unos 5 kms, llevando a mi izquierda el rio Iratí y de repente veo que el camino penetra en un túnel y para cruzarlo tengo que dejar mi mochila en el suelo, buscar la linterna y con esta luz atravesar el tunel, ” negro como la boca de un lobo”. A la salida de este tunel me quedo boquiabierto: ante mí la foz de Lumbier. Un estrecho desfiladero, maravilloso que acoge en sus crestas una de las mayores colonias de buitres y águilas del pre-Pirineo. En el fondo del valle las aguas rápidas del Iratí. Me quedo largo rato contemplando el vuelo de estas rapaces y haciendo fotografías de este bellísimo lugar. Continuo el camino por el desfiladero y para salir de él, de nuevo el camino penetra en otro túnel, pero en esta ocasión no necesito de mi linterna para cruzarlo. Pocos metros mas adelante me encuentro con el guarda de este parque, me paro a charlar con él y muy amablemente me explica cosas para mi muy interesantes, como que aquellos túneles correspondieron al ferrocarril que atravesaba la montaña entre Pamplona y Sangüesa, y que dicho ferrocarril hace ya muchos años que no existe y ningún vestigio de él, como vías señales, etc.

    Abandono con gran pena este lugar y me dirijo al Alto de Loiti (740 mts), subida pesada por lo larga y monótona. Se hace fatigoso este recorrido ya que hasta llegar a Monreal no existe en ningún pueblo nada para tomar algún alimento.

    Llego por fin a Monreal a las 14 horas, 10 minutos antes de que descargara una fuerte tormenta de granizo. La etapa ha sido dura y me encuentro con ganas de descansar.

  5. Día 8 de octubre
    31 km.

    Nos levantamos a las 8:00 y estaba lloviendo. Salimos a las 9:40 hacia Liédena, Lumbier, Aldunate, Ardués… Pero seguimos un itinerario que nos desvió de estos pueblos yendo por camino a la izquierda antes de la Papelera, pasando por la fuente de San Francisco de Asís y subiendo el alto de Aiba(?).

    Sólo queríamos llegar hasta Izco (22 km.) y descansar; pero, aparte de que llegamos prontísimo a las 13:45 y no pasamos por ninguno de los pueblos nombrados, ni siquiera por la Foz del Diablo (Lumbier) con sus túneles, acantilados y buitres leonados, la hospitalera, llamada Blanca (un poco fría y seca), del albergue de Izco nos comentó que en Tiebas el albergue no es nada bueno. Cogimos y a las 15:15 continuamos hacia Monreal (10 km. más).

    Lo que nos sucedió fue que anduvimos por diferentes montes, atravesando el alto de Aibar, varios molinos de viento, vacas sueltas, prados, praderas como si fuese Canadá, el alto de Loiti y, de repente, nos sorprendimos cuando vimos que estábamos ya en Izco. Por cierto, el tiempo cambió, se despejó, pero el viento era fresco.

    Al llegar a Izco, al poco de estar allí, apareció Francisco Gómez, el señor de 67 años de Huelva, y se quedó sorprendido, pues él salió hora y media antes que nosotros. Decidimos hacer el tramo hasta Monreal juntos. Salimos a las 15:35 y a la mitad del recorrido vemos por detrás a un chico alto que era de Italia, de un pueblo al norte de Milán. Él se llama Walter, es grandote, con barba, majo y conocedor de la vegetación, frutos, animales. Muy natural, parece como un vikingo, pero resultó ser majo.

    Llegamos al albergue de Monreal a las 17:30, sólo 2 horas y 15 minutos después. Este albergue es nuevo. Es un poco caro, 1.000 ptas./noche, aparte la lavadora vale 400 ptas., pero, eso sí, todo está nuevo (con microondas, tetera, vitrocerámica, frigorífico…).

    Nos cambiamos Begoña y yo y fuimos a hacer unas fotos al puente medieval (románico) y a la iglesia románica. El pueblo es bonito. En invierno hay unos 50 habitantes y en verano unos 400. Después, compramos comida y líquido para el día siguiente, nos fuimos a la misa de las 19:30 y hacia las 21:45 fuimos a cenar en el hostal del pueblo.

    Esta etapa acabó siendo muy bonita, pues el día acompañó; pero, eso sí, estamos un poco cansados después de hacer 32 km. con bastante barro por los caminos.

    Por la noche empezó a llover.

  6. Sangüesa – Monreal (15/8/2001).

    Nos levantamos a las 6:30 de la mañana y tras un breve desayuno dejé las llaves del refugio en el tiesto que hay a la puerta de la residencia de ancianos, donde nos dijeron que las dejáramos. Habíamos decidido tácitamente ir todos juntos en el día de hoy, luego las circunstancias corroboraron lo acertado de la decisión. Yo no me encontraba demasiado bien, la tripa la tenía revuelta, me había levantado con el pie cambiado.

    De Sangüesa se sale por el puente que cruza el río Aragón. Se continua por la carretera N-240 y en seguida se llega a una desviación al lado de la Papelera. A la izquierda se sube a Rocaforte y cruza la sierra de Aibar para llegar a Izco, algunos dicen que es el camino más histórico y el más directo, pero al no estar totalmente señalizado en el pueblo aconsejan no utilizarlo, sino seguir de frente, hacia Liédena, para cruzar la espectacular Foz de Lumbier, que por sí sola, justifica esta segunda opción. Nosotros la tarde anterior preguntamos en la oficina de turismo y una amable señorita nos indicó justamente lo contrario, ir por Rocaforte. Menos mal que Julio y Francisco leyeron la guía del País y decidimos ir por la Foz.

    Llegado al desvío se continua por la carretera al lado de una papelera, horror de olores y contaminación, hasta Liédena. Son 5 Km. por carretera que aunque se hacen a buen ritmo son un poco molestos por que la circulación es notable aún a esas tempranas horas de un día festivo. Sobre las 8:15 de la mañana llegamos a este pueblo que nos recibió con un coro que estaba cantando “mañanitas”. Nosotros nos sorprendimos al verlos tan concentrados cantando sus melódicas y cursilonas canciones, y ellos también debieron sorprenderse al ver a un grupo de peregrinos. Todos los 15 de agosto, día de la Virgen, realizan este rito.

    Con el cuerpo lleno de música atravesamos el puente sobre el río Irati que coloca al caminante en la pista de tierra que se dirige a Lumbier. En esta pista llana y sin dificultades fue donde se produjo mi única caída de todo el camino, fue por mirar hacia atrás y no observar un pequeño desnivel. No tuvo mayores consecuencias. En un par de Km. se llega a la entrada de la Foz.

    La Foz de Lumbier es un estrecho desfiladero de 1,2 Km., tallado en la caliza por el río Irati. El hombre también contribuyó a modelar el lugar con la construcción de un ferrocarril entre Pamplona y Sangüesa, que horadó estos peñascos. Por sus túneles abandonados circula ahora el Camino. El primero de los túneles necesita la ayuda de linternas para atravesarlo pues no se ve el final desde el inicio, debe tener unos trescientos o cuatrocientos metros. En este túnel perdí la gorra que tenía mi nombre, siempre hay que algo perder y algo que ganar.

    Una vez dentro de la Foz se puede observar arriba, entre las crestas y en muchas ocasiones volando, una de las mayores colonias de buitres y águilas del prepirineo. El segundo túnel es mucho más corto y no necesita linterna. Cuando salimos de este túnel hay un área de descanso donde realizamos el almuerzo, eran las 9:00 horas. Como el día anterior había sido tan escaso en comida todos llevábamos avituallas. No desayune en exceso pues mi tripa todavía no estaba asentada.

    A las 9:30 continuamos el camino hacia Lumbier que apenas distaba un par de Km. Desde Lumbier un camino de reparcelación nos lleva de forma muy recta y un poco ondulante hasta el alto de Loiti. Son siete Km. que sólo se ve aproximarse el alto, se atraviesan dos pequeñas poblaciones la primera Nardués, lugar donde realmente se inicia la ascensión y donde la señalización deja bastante que desear, nosotros nos confundimos y llegamos hasta la carretera donde debimos retroceder para coger el camino verdadero, una faena para el peregrino. El segundo es Aldunate donde charlamos un rato con una señora que nos contó que todos los del pueblo eran familia. Gente amable, simpática y con ganas de hablar es fácil encontrársela en estos pueblos pequeños al estar muy solitarios.

    Desde este pueblo la traza se convierte en senda que asciende ya sin más reparos hacia el alto de Loiti, donde se va a reencontrar con la N-240. En la subida hay varias puertas de metal para que no se escape el ganado. Según íbamos llegando al alto el tiempo se iba nublando y estropeando el tiempo, pero nada más llegar empezó a chispear primero y después a caer “chuzos de punta”. En un primer momento nos resguardamos bajo unos chaparros en el mismo alto y aprovechamos para pertrecharnos contra la lluvia, chubasqueros de mochila y chubasqueros y capas de personas. Como se vio que no paraba decidimos tirar deprisa y sin parada hacia Izco (4 Km.) por la carretera. El camino le supusimos lleno de barro y por eso se evitó. En la bajada primero fue Francisco, dando un buen ritmo, después Julio, Mavi (corriendo), Carmen, yo, Paquito y Vicente. Yo iba lo más pegado que podía a Carmen pero cuando vi que perdía ritmo y se alejaba de Mavi aceleré para adelantarla e intentar marcarla el ritmo para que no hubiera demasiada distancia. La tormenta juntaba agua fina, que golpeaba en las piernas y daban la sensación de agujas pinchándote, y una fuerte ventolera que me hizo pensar que podría levantar a la pobre Carmen al hacer el poncho de vela. Los coches tampoco ayudaron ya que salpicaban el agua cuando pasaban a nuestro lado.

    Ya llegando a Izco hay un desvío donde en un garaje de una granja de patos nos protegimos y descansamos 5 minutos antes de emprender la breve subida al pueblo. En estos cinco minutos dejó de llover pero ya nos encontrábamos suficientemente mojados como para parar en el albergue de Izco e intentar comer algo. Subimos trescientos metros y nos encontramos el albergue donde estábamos solos con la propietaria. Allí nos quitamos las botas y la ropa mojada. La señora vendía como en una tienda los artículos, pasta, tomate frito, latas de judías, pan, lechuga, tomate, cebollas, etc.; y los peregrinos se lo preparaban como querían, cobrando un tanto por el uso de la cocina. El peregrino aparte de cocinar tenía la obligación de dejar la cocina como se la hubiera encontrado. Este supermercado con uso de cocina, nos supuso 650 Ptas. por persona por comer, espaguetis con tomate y salchichas, una ensalada y un café. Bueno por lo menos nos sirvió para descansar hasta las 15 horas y podernos secar. (llegamos sobre la 13 horas). Mi tripa no estaba demasiado bien.

    Después de comer y de descansar los cuerpos salimos del pueblo por una pista de concentración parcelaria que discurre a las localidades de Abinzano y Salinas. En ninguno de las dos hay servicios. Antes de entrar en el segundo hay una fuente que es el inicio de una senda que enseguida desemboca en una pista forestal que nos llevó hasta Monreal. Llegamos sobre las 18 horas. El párroco nos indicó el camino al albergue. Este es totalmente nuevo, tiene dos plantas, en la de arriba están las literas, espacio para treinta personas, y abajo están los aseos y la cocina / comedor. Allí me duche e hice la colada. Conocimos a un alemán que volvía de Santiago y que no tenía suficiente para pagar el albergue (1.000 Ptas.) pero que la muchacha que sellaba le cogió lo que tenía (950). Yo servía de interprete hablando o mejor dicho chapurreando inglés. Aproveché y le pregunté por el camino del día siguiente, comentándome que era un constante sube y baja (al día siguiente le tuve que dar la razón, aunque en ese momento dudé de la información recibida).

    Sobre las 19:30 nos fuimos al bar para despedirnos de los maños, a los que su familia vino a buscarles. Tomamos unas claras y nos despedimos de dos personas más que terminaban. Les fueron a buscar la mujer, la madre y el cuñado de Vicente. Esta pareja de maños se mantendrán en mi recuerdo como dos personas buenas que me ayudaron en mi camino y que es difícil que las olvide. Su carácter queda marcado por la maravillosa anécdota del hueso de jamón. Espero volver a encontrarlos.

    Una vez que marcharon, sobre las 21 horas, el resto cenamos unas croquetas y empanadillas y cuando nos dispusimos a salir del bar caían chuzos de punta otra vez. Tuvimos suerte y por la coquetería de Mavi conseguimos que nos llevarán en coche al albergue. Hubieran sido sólo 10 minutos bajo la lluvia, pero hubiera implicado la segunda gran mojada en él mismo día y los cuerpos no estaban para tantas humedades. La colada la recogimos y la tendimos en la cocina como se pudo, al día siguiente fue tendida en la mochila.

    Al albergue llegaron 5 o 6 personas más, entre ellos 2 ciclistas que echaban pestes del Camino de Rocaforte, pues se habían perdido al estar mal señalizado.

    Monreal supuso el último albergue del Camino Aragonés donde se siente el espíritu de esta ruta. A partir de aquí se impone la impronta de Roncesvalles donde todo es masificación y carreras para encontrar una cama.

    En esta etapa se realizaron unos 30 Km. y se dieron unos 42.857 pasos. Es una etapa que se montó a lo largo de todo un día y con tres subetapas, Sangüesa – Lumbier, Lumbier – Izco e Izco – Monreal. Yo creo que estas etapas largas es la forma de llevarlas, no soy partidario de establecer competiciones y carreras. Se tiene todo un día para llegar a un destino y no hay que agobiarse con llegar temprano, hay tiempo para todo. Tan importante como los tiempos de andar son los tiempos de parar y de recuperar fuerzas. Estos momentos son los que se utilizan para hablar y establecer comunicación con el entorno. También es cierto que el camino Aragonés permite más fácilmente este planteamiento por la menor masificación, siempre sabes que tienes cama en el albergue, en el de Roncesvalles los albergues a las 12 de la mañana ya están llenos. Si hay que realizar una etapa de 24 Km., longitud de etapa media, para llegar a esa hora es necesario primero ponerse en marcha a las 6 horas y segundo no pararse mucho a charlar. Si la media la consideramos de 4 Km. hora no tenemos ni 1 hora para paradas y para conocer el ambiente. Bueno más adelante continuaré con esta disertación, uno de los motivos de mi abandono en Estella.

  7. Son las 06:00 y suena el primero de los seis despertadores que pongo todos los días en mi reloj especial para peregrinos de sueño profundo. Me despierto con la conciencia tranquila porque sé que esta noche no he molestado a nadie con mis susurrantes y embriagadores ronquidos, aunque observo que el Cristo que hay en el crucifijo del comedor me está mirando con cara de mala leche. Tan sólo se me ocurre decirle una cosa… ” Señor, perdóname porque tú sabes que no puedo evitarlo. Además, después de todo lo que has pasado hace casi 2000 años, ¿que son para ti unos ronquiditos de nada?”. Me froto los ojos y vuelvo a mirarlo: permanece quieto en su postura de siempre, con cara de sufrimiento y la mirada perdida en el infinito esperando el final. ¡Pero si hace unos segundos me estaba mirando con cara de pocos amigos! ¿Estaré loco? La cuestión es que poco a poco se van levantando el resto de peregrinos, y para ir al baño tienen que bajar al piso en el cual me encuentro yo. Curiosamente, todos me dan los buenos días con una gran sonrisa de agradecimiento, como si me dijeran… “Gracias por bajarte a dormir al comedor, porque esta noche hemos dormido de un tirón”. Por cierto, ¿os habeis fijado en las caritas de Gremlings que tenemos cuando nos despertamos?

    Cuando baja Frank, le pregunto en francés por su tendinitis y me contesta que todavía tiene dolor, que hoy también hará la etapa en coche, hasta llegar a Monreal, para ver si se recupera y la siguiente la puede hacer caminando. Baja Silvette, baja el aleman de los 50 años y la pareja de alemanes de unos 25 que fueron los últimos en llegar. Por último, también baja Maribel, a la que bien podríamos llamar “la correcaminos de Iruña”, porque a pesar de sus cuarenta y pocos años, la mujer no es que camine rápido, es que vuela bajo.
    Desayunamos todos juntos y recibimos un aviso de un paisano que pasaba por allí… “No salgais en unos minutos porque ahora mismo va a tener lugar un encierro”, y nuestra puerta daba justo a la calle por donde las vacas hacían su recorrido. Así que tuvimos un desayuno con encierro en directo incorporado. Tras el encierro, el mismo hombre nos da otro aviso… “A las 09:00 se repite el encierro pero en sentido contrario”, aunque la hora límite para abandonar el albergue era a las 08:00, o sea, que no veríamos el siguiente encierro. ¿Os imaginais a una humilde servidora con sus 150 kilos entre cuerpo serrano y mochila corriendo delante de las vacas, con el bordón a modo de defensa?

    Tras depositar el donativo en su cajita y comprobar que la credencial había sido sellada ayer, nos disponemos a recorrer los 30 kilómetros que forman esta etapa por tierras navarras. Por cierto, ¿por qué se llama Camino Aragonés cuando casi la mitad trascurre por Navarra? Si yo fuera navarro, la verdad es que no estaría muy de acuerdo. Es más, soy aragonés y creo que no es correcto dar a un camino el nombre de una región cuando éste transcurre por dos. Seguro que nuestro buen amigo Michel de Pamplona estará de acuerdo conmigo, aunque os prometo que yo no he tenido nada que ver con la denominación del Camino Aragonés. Creo que sería más apropiado llamarlo el Camino de los Pirineos.

    Salimos de Sangüesa por la carretera que lleva a Pamplona y observamos que al poco tiempo aparece a nuestra izquierda la variante para llegar hasta el Alto de Loiti por Rocaforte, pero esta variante es para los Rambos y demás personal de buena preparación física, personal entre los cuales os aseguro que no me cuento. Seguimos por la carretera de asfalto y poco antes de llegar a Liédena cogemos una pista de tierra que sale a mano derecha tras cruzar la carretera. Tan sólo unos pocos de cientos de metros y ya llegamos a Liédena.
    Seguimos caminando por tierra y en el cielo observamos una gran cantidad de buitres, con su vuelo flotante contra corriente; parecen suspendidos en el mismo aire, y si no fuera porque en la guía se nos advierte de esta circunstancia, bien podría pensar yo que ellos me miraban con cara de buffet libre, a modo de desayuno.

    Poco a poco nos acercamos a uno de los paisajes más bellos e impresionantes que se pueden disfrutar en este Camino Aragonés: la Foz de Lumbier. Es una especie de cañón delimitado por dos túneles por los cuales hace tiempo circuló el tren que unía Pamplona con Sangüesa. Ahora las vías no están y queda una pista de tierra que entra en un túnel oscuro y que al atravesarlo, nos lleva hasta un paisaje totalmente diferente producido por el encajonamiento del río Irati. Una vez llegados al segundo túnel, al salir de él el paisaje vuelve a cambiar y nuevamente estamos en campo abierto, pero la pista de tierra se torna en una estrecha carretera de asfalto que nos ha de llevar hasta Lumbier. Nada más salir del túnel nos encontramos una fuente y un gran merendero donde unos cuantos autobuses están aparcados, y sus ocupantes se disponen a hacer buen uso de las parrillas dispuestas a tal efecto.

    Tras refrescarnos en la fuente y sufrir con los buenos olores provenientes de las parrillas, seguimos camino de Lumbier. Llegados a Lumbier, aprovechamos para subir al pueblo y dejarnos caer por el bar Torres, en la misma plaza del pueblo, para echar la quiniela, la primitiva, y ya puestos a echar, para echarnos tres latas de refresco y varias tapitas del lugar en forma de minibocatas variados. También hicimos una visita a la farmacia para reponer nuestras existencias de Compeed (compañero inseparable de camino). Nuestra última visita fue a una tienda de ultramarinos donde compramos un par de bricks de leche entera (de la que engorda) de litro bien fresquita, la cual se asentó en nuestros llenos estómagos haciendo una mezcla láctea junto con la Coca Cola y los bocatas, y dicha mezcla, por rara que parezca, fue realmente espectacular para dar vida a nuestra piernas.

    Continuamos nuestro camino bajo un sol descarado empeñado en ponernos morenos, primero por asfalto y luego por tierra; el valle se va estrechando como advirtiéndonos de la proximidad del Alto de Loiti. Entramos en Nardués y nos refrescamos en su fuente, repostamos la cantimplora y proseguimos el camino, para llegar al asfalto que nos llevará hasta Aldunate.
    Según la guía “El Camino de Santiago a pie”, de El Pais-Aguilar, Aldunate no ofrece ningún servicio. Es verdad y es mentira. Es verdad porque la fuente está estropeada, pero es mentira porque desde hace año y medio hay un restaurante-asador que lleva el mismo nombre de la población: restaurante-asador Aldunate. Entramos para preguntar si tenían latas de refresco, y el camarero, con cara seria, casi de desprecio, nos dijo que no tenían latas. Creo que fue la cara más seria y desagradable de todo el camino. Pero tampoco nos importó mucho, ya que estábamos recién refrescados, bien alimentados y con agua de sobra.

    Os recomiendo que en Aldunate, si vais con pantalones cortos, os pongais unos pantalones largos, ya que a partir de aquí empieza la subida al alto de Loiti por una senda llena de zarzas que harán de vuestras pantorrillas un auténtico mapa de arañazos. Hago esta recomendación porque al llegar al final del Alto de Loiti, al mirarme las piernas parecía que había hecho un curso de domador de leones cabreados y sin látigo. Ya lo sabes, Rebeca, en Aldunate ponte unos pantalones largos.

    Al llegar al Alto de Loiti, nos sentamos en un banco de piedra cerca de la carretera a reponer un poco de energías con nuestras ya escasas reservas sólidas, pero suficientes como para llegar vivos hasta Izco.
    Cruzamos la carretera y seguimos por tierra y a la izquierda de la carretera a lo largo de un pequeño valle hasta llegar a Izco. En su albergue estaban los dos alemanes de unos 25 años que conocimos en Sangüesa; repostamos a base de… ¡refrescos! y un bocata de jamón con tomate. La hospitalera, Blanca, nos atendió de maravilla. Es un mini albergue con 8 camas, aunque esa noche sólo estaban nuestros dos germanos amigos. Era sábado, y en Izco es costumbre hacer todos los sábados una cena entre todos los vecinos del pueblo, a la cual están invitados los peregrinos que deseen asistir.
    Nuestro final de etapa estaba en Monreal, y todavía quedaban siete kilómetros y medio. Por un momento se me pasó por la cabeza hacer noche en Izco, pero la etapa del día siguiente se iba a incrementar en siete kilómetros y medio, y era la etapa en la cual había que llegar a Puente la Reina, llamar a un taxi para ir a Pamplona (no hay autobuses los domingos) y llegar no más tarde de las 20:30 para coger el último autobús hasta Zaragoza, ya que el último tren saldría a las 18:50. Imposible pernoctar en Izco, aunque ganas no faltaban.

    Salimos de Izco camino de Monreal, el sol se estaba poniendo y no queríamos que la noche nos sorprendiera, así que aceleramos un poquito el paso, llegando en poco tiempo a Abinzano, para más tarde pasar por Salinas de Ibargoiti y enfilar el final de etapa con dirección a Monreal. Nada especial que reseñar en estos tramos.

    Al llegar a Monreal, preguntamos en el Hostal Unzué por el albergue, porque aunque en la guía dice que no hay albergue, os aseguro que sí lo hay, y es más, están haciendo un albergue nuevo que abrirá sus puertas en abril de 2001. La hospitalera de este albergue (y del nuevo) se llama Charo (el teléfono del albergue es el 948 362 081), es muy amable, además de que cocina de maravilla, como para chuparse los dedos de las manos…. y de los pies. En el albergue nos encontramos a Frank, a su esposa Silvette, y al alemán de unos 50 años que conocimos en Sangüesa. Éramos cinco a dormir. El albergue es un antiguo cine habilitado como dormitorio para peregrinos, con un restaurante en su primera planta que pertenece a un local social que se llama “El Centro”.

    El menú de la cena consistía en unos cardos con una salsa que estaban para morirse de buenos (y eso que la verdura no me suele gustar mucho), de segundo había medio pollo asado (pollo de corral, tierno donde los haya) con pimientos rojos y patatas fritas, y mis tres latas de refresco reglamentarias, rematando la cena con una exquisita tarta helada. Todo ello por 1200 pesetas mas 500 de dormir. Una auténtica maravilla.
    Como siempre, a lavar la ropa, una ducha y a dormir, que mañana será otra etapa. Era una nave donde dormíamos todos juntos, pero ya todos tenían taponcitos para los oídos de otros días. Tras la ducha, me tumbo en la cama escuchando la radio y creo recordar que bostecé dos veces. Si hubo un tercer bostezó, eso ya sólo lo sabe nuestro amigo Feo, Mor Feo. Mañana es el último día…

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