(6) Etapa sexta: MONREAL – PUENTE LA REINA (Camino aragonés)

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* Eunate (escondida), GALERÍA DE PALOMA

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Recorremos las laderas norte de la sierra de Alaiz, sobre el llano ceralístico del valle del río Elorz, hasta Tiebas (desde allí se ve surgir al norte Pamplona). La autopista, la N-120 y la vía ferrea son un obstáculo tras el cual se entra en la comarca de Valdizarbe. Allí, el río Robo nos oriente hacia Puente la Reina.

‘Guía práctica del peregrino’

JOSE MARÍA ANGUITA JAÉN

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La calle del Burgo conduce hacia el final de Monreal (una flecha en dirección a la iglesia en realidad indica el albergue), desde donde parte el Camino de los Carros entre campos de cereales. La carretera corre a la derecha y a la izquierda se erige la Higa de Monreal. Cerca ya del río Elorz, se camina por corredores de espino albar y otros arbustos, hasta cruzar el puente, para ir en dirección hacia la sierra de Alaiz y continuar por su ladera entre encinas y boj. Tras 4 km aparece Yárnoz. Se pasa junto a la iglesia y se sale por el camino del cementerio. Se continúa por la falda del monte y por un camino empinadísimo se llega a Otona. Poco después (1’5 Km), con una cantera antigua a su entrada, está Ezperun. Un corredor de arces lleva abandonar el pueblo. Se continúa faldeando la sierra, esta vez entre robles y encinas. Son necesarios casi 4 km para alcanzar Tiebas, que surge a nuestra derecha. Desde aquí hasta Enériz debemos elegir entre dos rutas:

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A) Si se sale por las escuelas, donde se halla el albergue, hay que cruzar la comarcal y bajar, dejando la carretera a la izquierda, y el campo de fútbol a la derecha. Acercándonos a la autopista, se avanza junto a ella para después cruzarla por un túnel. También se atraviesa la N-121 y la vía del ferrocarril. Tras Muruarte de Reta se continúa hasta Olcoz. Allí hay que dirigirse a un camino a la derecha que nos lleva en ascenso hacia una loma. Se desciende al río Robo y se sigue su curso. Después se cruza la carretera de Úcar. Se entra en Enériz por su calle de San Juan.

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B) Saliendo por la carretera comarcal de Tiebas, se cruza la estación y se toma la dirección de Biurrum. Desde allí un camino se dirige a Úcar, de donde se sale hacia Enériz.

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Aquí se reúnen las dos opciones. Se continúa con el curso del Río Robo, y cuando el camino se va a separar de él, se gira hacia la iglesia de Eunate. Se pasa por una zona de recreo. Si se quiere subir a Obanos, hay que cruzar la N-601, pasar unos viñedos, cruzar la carretera que va a Muruzábal y subir por una empinada cuesta. De Obanos se desciende y se cruza de nuevo por la carretera. Y se continúa en paralelo primero, y después por una senda entre huertas, hasta entrar por la calzada a Puente la Reina.

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* NOTA PARA CICLISTAS:

En caso de dificultad se puede salir por la N-240 de Monreal y tomar la carretera NA-234, que sale por la izquierda. Al cruzar la autopista, se rueda por la N-111 para entrar en Puente la Reina.

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16 Respuestas a “(6) Etapa sexta: MONREAL – PUENTE LA REINA (Camino aragonés)

  1. INFORMACIÓN PRÁCTICA DE LA ETAPA

    TIEBAS

    Albergue municipal. Hay un refugio en las antiguas escuelas. Un único salón con colchonetas y servicio sin ducha. Muy cerca está el frontón, donde se pueden utilizar sus duchas.

    Restaurantes

    Casa Tere. Campanas. Carretera Zaragoza, Km 15. Teléfono 948 360 020
    Jiménez. Carretera Campanas. Teléfono: 948 360 012
    Venta Úcar. Venta de Úcar. Teléfono: 948 350 094

    EUNATE

    Albergue, junto a la ermita hay una pequeña edificación para los peregrinos.

    OBANOS

    Albergue Usda. Situado junto a la iglesia. Cuenta con 36 plazas y cocina. Abierto desde el 1 de Noviembre hasta el 1 de marzo. Martes cerrado. Tlf: 676 560 927

    Restaurante Ibarberoa. Calle San Salvador, telf: 948 344 153. Precio medio de la carta, 18-12 euros.

    PUENTE LA REINA

    Los PP. Reparadores, cuentan con un albergue en la Calle Crucifijo, cocina, comedor y lavadora.

    Hotel Jakue. Situado a la entrada. Tiene 40 plazas. Con lavadora y cocina.

    Los propietarios del cámping han habilitado el albergue ‘Santiago Apóstol’ en el Paraje el Real, con 100 plazas. Lavadora.

    HR** Bidean, Calle mayor, 20. Teléf: 948 341 156. 38 plazas. 80/48 euros la habt. doble y 50/40 la individual. 6 euros el desayuno.

    H** El Peregrino, Carretera Pamplona – Logroño, km 23. Teléf 948 340 075. 28 plazas. 180/72 euros la habit. doble. 9 euros el desayuno y 48 euros la comida o la cena. (No se pasan nada)

    Y sí, en esta etapa el autor añade múltiples restaurantes en esta población y ya me está cargando. No parece una guía para peregrinos módicos. Así que citemoslos meramente: Hotel Jakue, La conrada (media del menú de 12-6 euros), La Plaza también ese precio medio del menú. Y luego Lorca por el doble, la Sidrería Izarbe es un asador, y el Mesón del Camino del que no informa precios.

    MEDIOS DE TRANSPORTE.

    Por Puente la Reina pasa la línea Pamplona-Puente la Reina – Estella – Logroño de la Compañía la Estellesa. Teléfono: 948 222 223

  2. La salida de Monreal se hacía, desde la Edad Media hasta hace no mucho, por un hermoso puente pavimentado sobre el río Elorz, aún en pie pero tristemente inservible, ya que el antiguo camino de los peregrinos al que daba el puente ya no existe, oculto por la moderna concentración parcelaria.

    También en medio de un campo de labor se levanta un crucero gótico llamado ‘Piedra de San Blas’, posible recuerdo de un antiguo hospital para leprosos situado en las afueras de Monreal.

    Ya, al otro lado del Elorz, se encuentran los restos de la ermita de Garitoain, desmontada en 1942. Éste era el último recuerdo de un antiguo priorato, con iglesia y hospital de peregrinos, de la abadía benedictina francesa de Sainte-Foi de Conques. Previamente al asentamiento de los benedictinos, existió allí una villa declarada libre por Sancho III el Mayor en 1032

    La siguiente población del Camino es Yarnoz, situada entre la llanura cerealística y las primeras estribaciones de la Sierra de Alaiz. Es una población formada por un parvo y homogéneo caserío de piedra, entre el que se funde sin estridencias la iglesia parroquial de la Natividad. De mayores dimensiones, situada en la parte alta de la población, se destaca una torre defensiva cuadrada del s. XIV.

    A muy escasa distancia, todavía al pie de la Sierra de Alaiz, se extiende Otano. Su iglesia parroquial, dedicada a la Ascensión, fue levantada en la Edad Media y modificada posteriormente, entre los siglos XVI y XVII.

    En Ezperun, como en la siguiente población, Guerendiáin, se repiten prácticamente las mismas imágenes ya vistas en Yarnoz y en Otano: antigua iglesia medieval remodelada (bajo al advocación de la Concepción y San Juan Bautista, respectivamente); breve pero elegante caserío, en algún caso algo abandonado, extendido entre las faldas de la Sierra de Alaiz y los llanos del Valle del río Elorz, a pesar de su vecindad con el Camino de Santiago, no presentan síntomas de deberle al Camino ni su origen ni su prosperidad. Tal como sus propios topónimos vascos indican, nacieron como modestas villas rústicas enriquecidas gracias a la agricultura. Su imagen y presencia puede servirnos para explicar el contraste que, durante los siglos XI, XII y XIII, existió en el Reino de Navarra, escindido en dos realidades vecinas pero antagónicas por la voluntad de sus reyes; la Navarra rural, e la que predominaba el elemento poblacional autóctono, vasco-parlante y la Navarra urbana, representada por todos los burgos francos creados en esta época (Monreal, Sangüesa, Puente la Reina, Estella, los burgos francos de Pamplona, etc.), poblados por foráneos, artesanos y comerciantes que vivieron, al principio, exclusivamente de la gran ruta de los peregrinos y de las necesidades de servicios creados alrededor de la misma.

    A la luz de este contraste que, en forma simplista, hemos esbozado, es como podemos comprender mejor los denuestos que el autor del Liber sancti Iacobi dirige a los navarros: es decir, a esa población rural que, por su lengua, no lograba entender ni hacerse entender por los peregrinos; y que, en último lugar, se sentía postergada en su propia tierra por los advenedizos colonos de los burgos francos, a los que los propios reyes navarros concedían ventajas y exenciones negadas a sus antiguos súbditos. Todo esto generó un clima de animadversión y desprecio mútuos, traducidos muchas veces en auténticas guerras civiles -como sucedió en Pamplona durante la Edad Media-, que pueden ayudar a entender la razón de los famosos insultos a los navarros del Liber sancti Iacobi, nacidos sin duda en ese contexto.

    También está Tiebas a los pies de la Sierra de Alaiz. Sin embargo, con ella nos encontramos ya en otra realidad distinta de la del valle del Elorz. Tiebas fue residencia de los reyes navarros de la Casa de Champagne, el trovador Teobaldo I y su hijo Teobaldo II (s. XIII), que hicieron construir allí un castillo en el que permanecían durante largas temporadas. En ese castillo llegaron a custodiarse los archivos reales del reino, lo que indica la importancia que llegó a tener el lugar. El otro edificio imporante de Tiebas es su iglesia parroquial, románica, dedicada a Santa Eufemia. La elección de Tiebas como lugar de residencia por el rey Teobaldo puede explicarse por la posición estratégica del lugar, situado en una encrucijada de caminos en las cercanías de Pamplona, cuyo amplio valle – la llamada ‘Cuenca’ dominaba.

    Desde Tiebas a Enériz, se ofrecen dos opciones paralelas a la hora de seguir el Camino (A Y B), que discurren separadas a lo largo de unos ocho kilómetros.

    A) La primera opción, a mano derecha, pasa en primer lugar por Campanas, la primera población de Valdizarbe que se encuentra el Camino Aragonés. La tradición caminera de este lugar se revela por la presencia de una ermita consagrada a San Nicolás de Bari, recuerdo del antiguo hospital de peregrinos que existió aquí. En tiempos modernos existió también una hospedería para viajeros, llamada la ‘Venta de las Campanas’ que da nombre a la villa actual, bastante moderna.

    En Biurrum, población formada por grandes caserones rústicos típicos de Valdizarbe, se encuentra la sólida iglesia parroquial de Rosario. Aparte de ella, dos ermitas, consagradas a San Martín de Tours y a San Cristóbal, nos revelan el carácter mixto de esta población, fundamentalmente agrícola, pero ya con algunas implicaciones con el Camino de Santiago, al contrario de las pequeñas poblaciones al pie de la Sierra de Alaiz. En efecto, podemos considerar la presencia de la devoción a San Martín de Tours como una infiltración de un culto que, a pesar de su universalidad, tiene un marcado carácter francés y llegó aquí traído por el Camino de Santiago. En cuanto a San Cristóbal, aunque no es una devoción particularmente frecuente en el Camino de Santiago, se trata de un tradicional protector de los caminantes y viajeros en general.

    En Úcar, aparte de la iglesia parroquial, dedicada a la Asunción, encontramos en las inmediaciones del pueblo una ermita consagrada a san Miguel, otro de los protectores por antonomasia de la cristiandad. No podemos asegurar, sin embargo, si su devoción estuvo asociada a cualquier forma de hospitalidad o servicio a los peregrinos practicados en esta población.

    B) La segunda posibilidad para ir desde Campanas hasta Enériz pasa en primer lugar por Muruarte de Reta, que posee una hermosa iglesia gótica dedicada a San Estaban.

    También en la siguiente población de esta variante, Olcoz, se puede admirar otro hermoso templo románico, consagrado en esta ocasión a San Miguel. La ornamentación de su portada se ha puesto recientemente en relación con la de Santa María de Eunate.

    En Enériz, donde se vuelven a reunir las dos variantes del Camino separadas en Campanas, nos encontramos con un templo neoclásico, la iglesia parroquial del pueblo, dedicada a la Magdalena. Su advocación, con bastante probabilidad, nos está indicando la existencia en este lugar de un antiguo hospital.

    Antes de juntarse y hacerse uno con la ruta procedente de Roncesvalles, el Camino Aragonés se encuentra con el último y quizá más famoso, monumento de su recorrido: la ermita de Santa María de Eunate. La etimología de su nombre no está clara, por más que se haya divulgado la propuesta que, en función de la arcada que rodea el edificio, la explica a partir del vasco Eun: ‘cien’, -ate: ‘puertas’. Tampoco su peculiar forma constructiva, ni su presencia en este lugar apartado, ni su función exacta han sido satisfactoriamente explicadas, a pesar de la mucha tinta que se ha dedicado a este original edificio. Es una pequeña construcción románica de planta octogonal, con lados desiguales, de uno de los cuales parte un ábside pentagonal. El templo está rodeado por una especie de corredor o claustro descubierto, limitado en la parte interna por el templo, que rodea todo el conjunto. Tradicionalmente ha sido relacionada con la Orden del Templo, por estimarse que su forma circular y corredor que la rodea es una imitación del Santo Sepulcro de Jerusalén, también circular y rodeado por un deambulatorio. Más probable, aunque no hay ningún documento que lo pruebe fehacientemente, es que la ermita de Eunate perteneciera a los Caballeros de San Juan. En cuanto a su función, aparte de posible lugar de reunión de los Caballeros de San Juan, sirvió seguro como lugar de enterramiento, tanto de los miembros de la Orden, como de los muchos peregrinos de Santiago muertos a su paso por este lugar. Confirmando este extremo, entre los restos encontrados en los osarios -que se encontraban al pie de los arcos, entre arco y arco- han aparecido también bastantes vieiras.

    Poco más adelante, el lugar en que se funden los dos caminos, de Somport y de Roncesvalles, está hoy señalado por una estatua moderna de hierro, obra de Gerardo Brun, al lado de la carretera N-111, antes de la entrada en Puente la Reina.

  3. MUCHOS tienen en la iglesita de Eunate, que está en medio del campo no lejos de Sangüesa, como la joya arquitectónica del Camino de Santiago. Quizá sea una conclusión precipitada pero hay que convenir en que no existen muchas otras cosas que produzcan tan intensa impresión en el ánimo del viajero. Recomiendan los entendidos llegar a Eunate con el sol naciente o con el sol poniente, porque es cuando la luz hace resplandecer toda su belleza. De las muchas conjeturas que se hacen acerca de su origen y finalidad, la más lógica es que se construyera como capilla funeraria. Se han hallado en su recinto algunos enterramientos que con mucha probabilidad son de peregrinos, a juzgar por las conchas de vieira que en ellos aparecen. También se ha dicho que pudo haber sido un hospital dependiente de la orden de San Juan de Jerusalén. Ahora bien, la iglesia está tan adornada de símbolos dignos de ser descifrados que no han faltado los que quieren ver en Eunate una construcción de la orden del Temple. Por ejemplo, en uno de los capiteles de la arquería hay, labrada en la piedra, una crucifixión sin cruz, propia de la iconografía templaria. La iglesia, rematada por una espadaña, tiene forma poliédrica y está rodeada por un claustro exterior, una arquería exenta que la hace única y contribuye a crear en el ánimo de quien la contempla la sensación de misterio. Hoy parece descartado que fueran los caballeros del Temple quienes la mandaran construir pero los buscadores de emociones esótericas del Camino no cejan en su empeño. Quieren ver en la etimología de su nombre un mensaje alquímico: en euskera, Eunate quiere decir ‘cien puertas’, por cualquiera de las cuales podrán entrar en la iglesia de los biennacidos, en latín, los eunatos. Otra peculiaridad no menos misteriosa es que el pórtico de esta iglesia es casi idéntico al pórtico de la del vecino pueblo de Olcoz. Esto da pie a la leyenda de la rivalidad entre dos canteros, uno de los cuales recurre al diablo y a las brujas para construir, con la ‘piedra de la luna’ que le trae una serpiente, un pórtico idéntico al que había hecho su rival. Cuando éste último lo ve, lo traslada por arte de ensalmo a Olcoz, donde aún puede verse.

    Obanos es también villa jacobea que acogía, y acoge, a los peregrinos que vienen por esta vía. Algunos aseguran que era allí, y no en Puente la Reina, donde se juntaban los dos caminos, el de Somport y el de Roncesvalles. Hace años conocí yo en este pueblo a un cura, don Santos Beguristaín, que había compuesto un auto que respresentaban los vecinos del pueblo, el Misterio de Obanos, con episodios jacobeos y con historias de reyes, de guerreros y santos. El Camino de la tumba del Apóstol no está falto, precisamente, de santos. Como antes decía, se cree que san Franciso de Asís peregrinó también a Santiago; aunque no ha podido demostrarse documentalmente, hay recuerdos de su paso a todo lo largo del Camino. No muy lejos del pueblo, en un alto, está la ermita de San Guillermo o Guillén, una construcción románica recientemente remozada, que está a cargo de un ermitaño franciscano.

    El espíritu de la peregrinación le cuadra muy bien al hermano Francisco, el más ecológico, solidario y moderno de los bienaventurados. El hermano Miguel, que cuidaba la ermita de San Guillén, me contó su historia: Guillermo de Aquitania, hombre irascible y cruel, mató a su hermana Felicia y, arrepentido, se refugió en estas soledades para hacer penitencia por su crimen. Miguel me explicó que la orden le había concedido el privilegio de retirarse a aquel lugar. Siempre que se dirigía a mí, me llamaba hermano y empleaba la misma palabra al hablar de personas, animales o cosas. Le pregunté si no le daba miedo permanecer de noche sólo en la ermita y dijo que no, que era necesario porque ‘los hermanos ladrones vienen aquí y les gusta llevarse cosas de la iglesia’.

    Pero ya me regaña la pluma por mi tardanza en contar el viaje que hice para salir de España y entrar de nuevo en Roncesvalles.

  4. En Eunate ocurre lo contrario que en Lumbier. Es encrucijada de caminos, lugar de encuentro, pórtico de acceso interior. No en vano junto a la iglesia de Santa María de Eunate, a ocho kilómetros tan sólo de Puente la Reina, confluyen las caravanas procedentes de Somport y de Roncesvalles.

    Hay que detenerse en los misterios templarios que ofrece esta pequeña iglesia con forma de octógono irregular, quieta y serena en medio de la planicie verde. Santa María de Eunate es un templo misterioso rodeado de un claustro exterior que envuelve el edificio, como si hubiera sido construido al revés o como si los arcos de su claustro protegieran el templo. Levantada en el siglo XII, posee un equilibrio de fuerzas centrífugas y centrípetas que nos empuja hacia dentro a través de sus eunate o puertas en vascuence. En su doble espadaña una sólo campana tañe al viento como místico vigilante tuerto.

    Santa María de Eunate fue levantada por los caballeros del Temple y su claustro exterior recuerda, según los expertos, la arquietectura sufí conservada en las ruinas del templo de Salomón que habían visto los freires templarios en Jerusalén durante la primera cruzada. A pesar de ello, se ignora quién fue el maestro constructor del templo y la razón de su claustro exterior, pero existe una leyenda sobre su construcción en la que intervienen el bafomet y otros símbolos esotéricos como el Grial y la Luna.

    Tres puertas dan acceso al interior. La del muro que protege la construcción, la del claustro externo o exento y la de la iglesia. Vale la pena contemplar detenidamente la arquería exterior. En el noveno capital hay una crucifixión esculpida sin cruz, tradicional entre los canteros iniciados. En la arquivolta exterior también puede verse fácilmente un bafomet, la extraña figura arcana cuyo significado sólo entendían los templarios y los rosacruces. El vacío interior transmite serenidad y energía sobre todo si el peregrino se coloca bajo el centro geométrico de su cúpula, en el punto medio del suelo.

    La leyenda sobre su construcción vuelve a recordar el hermanamiento, la dualidad. El maestro constructor que tallaba el pórtico tuvo que ausentarse a mitad de la obra. Ante su tardanza, los monjes-soldados recurrieron a un viejo cantero del valle famoso por sus poderes sobrehumanos. El viejo artesano terminó la construcción con gran celeridad y sabiduría. Al regresar el maestro constructor, exteriorizó su iera al abad por haber sido sustituido y el fraile, para castigar su soberbia, le emplazó a que construyera un pórtico comparable al del viejo cantero en el mismo tiempo. Desesperado el constructor ante lo arduo de la imposición, recurrió a la bruja Nekeas que le aconsejó bañarse en el Río Robo a la noche de San Juan y esperar a una serpiente con un objeto en la boca que debía quitarle. Era la Piedra de la Luna, con la que el constructor corrió hasta Eunate, la introdujo en una copa de oro que llenó de agua del río y la dejó a la puerta del pórtico recién terminado. Al salir la luna, se reflejó en el interior de la copa y proyectó la imagen del pórtico como un espejo sobre un lejano muro de piedra. El constructor dedicó la noche a tallar el reflejo punto por punto sobre el muro y al día siguiente mostró su obra al abad. Pero el pórtico no era igual. Se había producido el efecto espejo, que reflejaba la imagen invertida y el pórtico apareció tallado al revés. El viejo cantero se enfureció al ver copiada tan toscamente su obra y de una patada desplazó el muro unos metros, hasta lo que hoy es el término de Oloz, villa vecina que presume, desde entonces, de tener ‘una copia’ de Eunate aunque invertida. La leyenda refleja, nuevamente la dualidad, la magia, la confluencia de la luna y el agua, el cáliz milagroso y … la serpiente. Hay que recordar que el mismo trazado de Eunate tiene la iglesia de Bains, cerca de Le Puy, en la Auvernia francesa… La duplicidad se repite.

    Desde aquí, a través de Obanos, del que hablaremos más adelante, el peregrino llega a Puente la Reina, a ocho kilómetros, para hacer noche esperando el encuentro con los peregrinos que bajan de Roncesvalles ladeando el misterioso valle del Baztán y conociendo historias de razas malditas.

    Es la hora de alimentarse con la presa del predicador, un plato parecido a los estongos o compangos asturianos elaborado con carne de vaca, chorizo, tocino y pollo o cordero, todo ello guisado en una fritada de tomate y cebolla. Este guiso es llamado plato de las tres carnes por contener vaca, cerdo y pollo o cordero. Si no lo encuentra, siempre puede pedir unas palomas al estilo de Echalar asadas con hierbas sobre una parrilla y rociadas con aceite de oliva y vino tinto del lugar.

    El peregrino llegado de Somport cenará inquieto recordando los misterios de la piedra de Sangüesa, y el procedente de Roncesvalles lo hará de la misma forma recordando los lamentos del viento en Varcalos…

    ’El Camino de Santiago: Arte y Misterio’
    Mª EMILIA GONZÁLEZ SEVILLA

  5. 12 de Abril
    6ª Etapa

    Cuando nos levantamos no podemos desayunar, pues en el albergue de Monreal no tienen Microondas, y además una mesa muy pequeña, Rosa y yo pensamos desayunar en el mesón, pues como abren a las 7,30 de la mañana, y el autobús para Pamplona sale a las 8,20 nos da tiempo de sobra.

    Enrique y Juan Antonio quieren hacer la etapa Monreal – Puente la Reina, con un recorrido de 31 Kms, y como les he avisado de que es una etapa dura, desean empezar lo antes posible, también les digo que pasaran por Eúnate, la ermita mas enigmática del camino, pues no existe documentación sobre ella, su nombre proviene del termino vasco que significa 100 puertas, pero tiene todas las características de los templos de Los Templarios, nos despedimos hasta la tarde que nos juntaremos en Puente la Reina, y Rosa y yo llevando las bolsas de Enrique y Juan Antonio, nos vamos al mesón a desayunar.

    Cuando llegamos nos encontramos con que esta cerrado, nos parece un poco raro, pues a esta hora debía estar abierto, cuando estamos pensando que vamos a hacer, pasa un vecino del pueblo, y nos comunica que hoy no abrirá el mesón, pues lo considera como fiesta, le digo a Rosa que no hay problema, pues podremos desayunar en la Estación de Autobuses de Pamplona cuando lleguemos, nos vamos a la parada del autobús, y ha esperar que sea la hora.

    Llega el autobús y nos montamos, cuando llegamos a Pamplona nos vamos a la cafetería a desayunar, y llamo a Juan para decirle que ya le estamos esperando, pedimos el desayuno para Rosa y para mi, y cuando estamos recuperando fueras se presenta Juan, como el no había desayunado nos imita y pide lo que nosotros.

    (…)

    Cuando llega la hospitalera le presento las cinco credenciales, anota los datos de todas, me cobra 10 €, y pasamos al dormitorio a reservar las cinco literas.

    Empiezo a curarme el pie, y se me acerca un francés, diciendo que es enfermero ofreciéndose para curarme el, pero cuando ve en el estado que esta mi pie, no sabe por donde empezar, y dice que tenia que estar hospitalizado, yo le tranquilizo y le digo que no es necesaria su ayuda, pues yo puedo curarme solo perfectamente, abro el botiquín, me doy Betadine por la planta del pie, luego me administro pomada Blastoestimulina, y por ultimo me vendo, interiormente me estaba partiendo de risa, pues el francés desde el otro extremo de la sala, me estaba observando, y cuando vio que terminaba mi cura, me calzaba la sandalia y salía andando, se quedo asombrado, me duele mucho si apoyo la planta del pie, pero si ando apoyando el talón, lo puedo soportar.

    Rosa, Juan y yo nos vamos a comer, nos cobran 12,50 € por cada menú, pero no nos quejamos, pues ha estado buena la comida, y la atención con que nos han tratado, después regresamos al albergue, Rosa había dejando la lavadora con la ropa sudada de los tres, y cuando regresamos la tendemos, en el tendedero del patio, y después nos echamos la siesta.

    A las 5 de la tarde aparecen Enrique y Juan Antonio, vienen muy cansados, pues como yo les había dicho, ha sido una etapa muy dura, pero muy contentos por todo lo que han visto, principalmente la ermita de Eúnate, les estregamos las bolsas que les habíamos traído, empiezan a ducharse, para que desaparezca el sudor y el barro de la etapa, y cuando terminan, Enrique empieza a lavar su ropa, Rosa y yo nos vamos con Juan Antonio, para que conozca el pueblo y pueda seguir con su afición, foto por aquí y foto por allá.

    Le llevamos primero a la Iglesia del Crucifijo, que esta junto al antiguo Hospital de Peregrinos, en esta iglesia hay una nave ojival, en la cual esta un cristo del Siglo XIV, que en lugar de estar crucificado en una cruz, lo esta sobre una pata de oca, y dice la leyenda que esta iglesia es de origen Templario.

    Después nos vamos a la Calle Mayor, la cual conserva una serie de casonas, con aleros, balconadas, y algún escudo heráldico, en esta calle también vemos la Iglesia de Santiago, que presenta una portada del Siglo XII, y un retablo muy bonito, los `peregrinos visitan esta iglesia, principalmente para ver al Santiago Belza (negro en euskera) una talla gótica.

    A continuación vemos la Plaza de Julián Mena con una galería porticada, seguimos por la Calle Mayor, y al final de La calle llegamos al Puente la Reina, este puente fue mandado construir en el Siglo XII, por la Reina Doña Mayor, viuda del Rey Sancho Garcés III, para que pudieran atravesar el río los peregrinos, El Camino de Santiago abandona Puente la Reina, junto al Convento de las Comendadoras de Sacti Spiritus, con iglesia del 1754.

    Después de este recorrido, Rosa, Juan Antonio, y yo regresamos al albergue, donde Juan nos estaba esperando, para visitar el antiguo Hospital de peregrinos, pues allí curso estudios su hija Paloma, y ha pedido al rector que nos permita visitarlo. cuando terminamos esta visita, damos otra vuelta por el pueblo, y nos vamos a cenar al mismo sitio, donde hemos comido nosotros.

    Cuando terminamos de cenar regresamos al albergue, y yo les comunico que mi pie, no esta en condiciones de hacer la etapa de mañana, por lo cual les doy el plano de la etapa de mañana, esta etapa llegara hasta Estella y tendrá un recorrido de 23 Kms, deciden que la harán los cuatro, pues a Rosa ya le ha bajado la inflamación de la pierna, y Juan ha descansado y se siente capaz de hacerla, una vez acordado todo esto nos disponemos a dormir.

    En esta etapa Enrique y Juan Antonio han andado 31 Kms

  6. 31 kms.
    4.05.2001

    Etapa imborrable en mi memoria. He pasado una noche fatal en la que apenas he podido dormir una hora. Cuando por fin había cogido el sueño una serie de ruidos me despiertan a las 6 de la mañana. Trato de volver a dormirme, imposible, los ruidos no cesan. Me levanto tarde, a las 7,30, me duele el cuerpo y tengo los ojos que me duelen de no poder dormir; la cabeza me da vueltas, me levanto con este panorama, desayuno y me tomo un calmante para iniciar la etapa del día.

    Salimos tarde, a las 8,20 y tomamos la traza que discurre por la falda de la sierra de Alaiz. En muchos puntos el camino es estrecho y resbaladizo. El barro se pega a las botas y es muy peligroso. En cualquier momento puedes rodar por la falda del monte ya que el peso de la mochila no te permite hacer muchos equilibrios. Etapa muy dura por la gran cantidad de barro acumulado y los continuos sube y baja en la montaña.

    Por fin alcanzo Tiebas, lugar con una gran iglesia románica dedicada a Santa Eufemia. Le pido a la Santa que me deje terminar la etapa con bien, ya que voy hecho una birria. Mas que un peregrino parezco un paria. Un gran bocadillo de tortilla con chorizo me restablece las fuerzas y continuo por ese camino infernal hasta Eneriz donde por fin, el camino sale a la carretera y se acaba mi calvario.

    Por fin diviso la ermita de Santa Maria de Eunate. Ermita que me maravilla cada vez que la veo, pero que en esta ocasión debido a mi cansancio la disfruto muy poco. Es una lástima, otra vez será.

    Llego hasta Obanos, unión que fué de los dos caminos, el francés y el aragonés, hasta que posteriormente los unieron por Puente La Reina. Son las 3 de la tarde y mi meta es Puente La Reina. Aunque tengo bastante hambre continuo hasta por fin alcanzar ese maravilloso lugar.

    Me voy derecho a un hotel con la idea fija de comer bien y descansar en una buena cama al menos 14 horas de sueño reparador.

  7. Día 9 de octubre
    27,5 km.

    Tiempo soleado, pero con niebla. Hacía fresquito.

    Salimos a las 9:45 y por carretera hasta el km. 17, que un poco más adelante nos metemos por camino nada agradable, pues eran subidas y bajadas con barro, piedras y hasta Guerendiain (?) muy incómodo, pero a partir de Guerendiain (?) vamos por senderos entre bosques muy bonitos y nada complicado hasta poco antes de Tiebas que pasamos a ir por caminos de piedrecitas.

    En Tiebas, llegamos a las 13:30 y descansamos hasta las 14:00. Desde aquí hasta la iglesia templaria de Nuestra Señora de Eunate me ofrecí a llevar la mochila de Begoña por delante, más una bolsa de zapatillas amañada (?) a mi mochila. Total, por delante su mochila y por detrás mi mochila más mi riñonera. El camino hasta la iglesia templaria se hizo un poco duro, porque además el sol apretaba, atravesamos desde tramos de asfalto, de piedrecitas, tipo barranco (?) con barro y piedra de río.

    Llegamos a la iglesia templaria de Ntra. Sra. de Eunate hacia las 18:15 y nos quedamos hasta las 18:30. Me gustó que estuviera abierta y escuchaba una flauta tipo japonesa dentro de ella. Había un chico rubio, tocando una flauta larga (?) y después empezó a tocar un arpa. Era increíble aquello pues se sentía paz y relax.

    Antes de salir, enfrente ha inaugurado una asociación de hospitaleros voluntarios un albergue y resultó que allí estaban la sudamericana y el alemán del albergue de Hospital de Órbigo.

    Sólo nos quedaba pasar por Obanos y enseguida apareció al fondo del valle Puente la Reina. Total, 4 km. más.

    Llegamos a las 19:20 al albergue de Puente la Reina. Asfalto y camino de piedrecitas.

    Lo que ya se notaba más movimiento de peregrinos, pero lo que no me gustó nada fue llegar al albergue, pues estaba lleno de gente. Había ya unos 35 y después llegaron más. Pues a nosotros nos dieron una habitación arriba, en la primera planta, y sólo había una inglesa. Pero después llegaron unos cuantos tíos que, por cierto, uno de ellos no me inspiraba confianza.

    No he dicho que en marzo el albergue lo ampliaron y reformaron. Menos mal, porque antes era muy pequeño y viejo.

    Nos cambiamos (hay que pagar 500) y fuimos a la farmacia a comprar algo para Begoña para sus pies, y después nos encontramos con Francisco Gómez y nos fuimos hacia las 21:30 a buscar un sitio para cenar y reponer fuerzas. Teníamos que darnos prisa pues el albergue cierra sus puertas a las 23:00

    Bueno, cenamos y a las 23:30 ya estábamos durmiendo.

  8. Monreal – Puente la Reina (16/8/2001).

    Etapa que termina el Camino Aragonés para enlazar con el Camino de Roncesvalles, durante ella todavía se vive la soledad y la tranquilidad. Durante todo el día solo vimos a tres chicas en el mesón donde comimos y a tres alemanes que durmieron con nosotros en Monreal. El resto fue tranquilidad.

    La etapa la empezamos a las 7 de la mañana. Por un camino que buscando la ladera de la montaña nos aproxima a Yárnoz. Este sendero es un constante sube y baja y a Mavi se le atragantaba. Se nota en esta primera hora el frescor y la humedad de una noche de tormenta. Yo tampoco voy demasiado bien, tengo una ligera diarrea que noto me está limitando. Esta vereda sube y baja dura hasta Tiebas, casi 14 Km. de sube y baja. Desayunamos fruta y barritas energéticas en Ezperun. Es un sendero bastante pesado, pero aplico la táctica de montaña, no pensar más allá e ir respirando profundamente y cuando la cuesta se incrementa reducir ligeramente el ritmo y acoplar la respiración y los pasos.

    En Tiebas estábamos sobre las 10 de la mañana. Aquí encontramos un bar abierto donde nos tomamos un café con leche y una tostada de pan. Fue anecdótico que la que atendía era una sudamericana con bastante inexperiencia en hostelería. Tuvimos que explicarle como hacer las tostadas, incluso en una ocasión pasé a la cocina que estaba detrás del mostrador para ver como las estaba haciendo. Al final salieron excelentes y nos tomamos media pistola tostada cada uno de nosotros y el precio de 5 consumiciones fue de 900 Ptas., sorprendente precio.

    A las 10:30 reanudamos la marcha, el sol picaba algo más y después de atravesar la autovía a Pamplona nos dirigimos a Campanas, donde preguntamos a una señora que nos dirigió a Biurrum por una carretera recta y en plena solanera. Desde aquí nos dirigimos a Ucar y después a Enériz. Los caminos eran bastante cómodos. En este buscamos el único mesón abierto y tomamos el sol mientras que liberaban las mesas para poder comer, cosa que conseguimos sobre las 15 horas. Comimos los restos pero conseguimos un par de horas previas muy agradables al sol.

    A las 16 horas, después de comer, el Camino prosiguió por un camino cómodo que termina en Eunate. Aquí está una construcción singular, la ermita de Santa María de Eunate. Eunate (cien puertas, en eusquera) fue construida en el siglo XII por los caballeros templarios, siguiendo el mismo diseño octogonal de la planta del templo de Jerusalén. Su destino, las inscripciones de las piedras y su fuerte carga simbólica siguen siendo un misterio. La paz interior se consigue sentado en los bancos de madera de esta singular ermita.

    Tras Eunate la pista sale a la carretera de asfalto y sube hasta Obanos, la localidad donde algunos historiadores sitúan la unión real de los dos caminos. La subida y posterior bajada se antoja innecesaria a quienes llevan el cuerpo curtido por una larga jornada a pie. Es mejor seguir por asfalto y entran por fin en Puente la Reina.

    Etapa de 30 Km., 42.857 pasos, que se inició a las 7 de la mañana y se terminó a las 18 horas. Etapa que termina algo que se empezó seis días antes. La tranquilidad se acabó.

    En Puente la Reina llegamos al albergue, el cual estaba lleno. A mi me pareció enorme y me sorprendió que hubiera tanta gente. Después de esperar un rato nos indicaron que sellaban en el Seminario próximo, así lo hicimos. Después Julio, Mavi y Carmen se dirigieron a coger habitación en un hotel y nosotros a un hotel con albergue, dos habitaciones muy amplias con 10 literas cada una de ellas, nos costó 1000 pesetas pero estuvimos muy cómodos. La habitación era tan amplia que podía haber unos dos metros entre literas, luego no estaba llena así que Paquito y yo estuvimos solos en un extremo tras unas taquillas, perfecta intimidad.

    Después de ducharnos y asearnos un poco nos fuimos a cenar con nuestros compañeros. Yo no me encontraba demasiado bien, la diarrea me había debilitado, cene sólo un sándwich mixto. Sobre las 11 de la noche llegamos al hotel.

    La cena aparte de mi estado físico fue un poco triste pues significaba el fin de una relación que había durado 6 días. El grupo se convertía en pareja, el pensamiento de que algo se acababa me llenó. Todos hicimos propósitos de continuar el año que viene. Todos nos dimos los teléfonos y direcciones para mandarnos fotos y recuerdos. Así mismo todos aseguramos que si se pasaba por la ciudad de cada uno no se olvidarían de llamar. Todos sabemos que esto es un rito pero que no es verdad en cuanto la civilización nos captura y nos atrapa entre sus brazos.

  9. Es el último día que escucho el despertador a las 06:00. Me alegro por una parte porque madrugar no figura entre mis aficiones preferidas, pero por otro lado me entristece porque sé que mañana despertaré en mi cama, y no será en un albergue, no estaré ya en el camino, todo habrá terminado.
    Me dirijo al baño a oscuras y medio adormilado, y observo que la cama del alemán de unos 50 años está sin colchón, tan sólo el somier, pero su ropa todavía está allí. Es muy raro, pero la verdad es que recién levantado no tengo la cabeza para resolver enigmas misteriosos, así que procedo a tomar contacto con el mundo real a base de agua bien fría por mi ancha y redonda cara. Tras el maquillaje matinal, es decir, fuera legañas y ya está, me dirijo a recoger la colada. Abro la puerta de los dormitorios, y al salir al vestíbulo, veo al alemán con su colchón durmiendo al lado de la puerta. Pero… ¡si le di dos taponcitos para los oídos en Sangüesa, y eso que allí me fui a dormir al piso de abajo!. Salgo a coger la colada y poco más tarde, cuando se despierta, me dice que ni con taponcitos, que mis gruñidos nocturnos son demasiado para él.

    Despierto a mi hermano, y al poco tiempo se despiertan Frank y Silvette. Le pregunto a Frank por su tendinitis y me contesta que hoy sí podrá caminar, aunque para ellos también es la última etapa, ya que se quedan en Tiebas.
    El desayuno lo hacemos a base de rematar las últimas reservas de nuestras mochilas, con frutos secos y chocolatinas. Se asoma por la puerta con mucha prudencia una gata blanca y negra, maullando con dándonos los buenos días. Le acerco una chocolatina, la huele y me mira, como diciendo… ¡Pero tío! ¿tú eres idiota o te falta poco? ¿no ves que soy una gata, o es que en Zaragoza los gatos comen Kit Kat, Mars, Snickers, Twix y Maltesers? Y como hay miradas que lo dicen todo, la cogi en mi regazo y la recompensé con unos cuantos mimos en su cálida y peluda barriguita, lo cual agradeció con un melódico ronroneo. La dejé en el suelo y continué desayunando.
    Salen el alemán y los franceses, y nos quedamos solos dando las últimas dentelladas a unas almendras y unos Kit Kat. Hacemos las mochilas y partimos a las 07:45 para cubrir nuestra última etapa de 31 kilómetros.

    La mañana estaba despejada, aunque muy fresca, como invitando a terminar de despertarse. Caminamos muy cerca de la montaña, tan cerca que enseguida nos vemos sobre la ladera camino de Yarnoz, al cual seguirían pequeñas poblaciones como Otano, Ezperun, Guerendiain, y ya dejamos la ladera para llegar a Tiebas. A lo lejos, a la derecha, se ve Pamplona, aunque no pasaremos por ella.
    Llegamos a Tiebas y, como no, estaban en fiestas. Preguntamos por el único lugar para almorzar, y una vez llegados a él nos encontramos con Frank y Silvette que ya habían acabado su aventura. Almorzamos juntos a base de megabocatas de chorizo (de Pamplona, naturalmente) y un bocadillo a medias con mi hermano de tortilla francesa. Éste último no estaba previsto, pero como nuestros amigos galos se pidieron uno para cada uno, al llegarnos el olorcillo no pudimos evitarlo. Todo ello regado por tres refrescantes y burbujeantes latas de Pepsi. Silvette quería un vaso de vino tinto, pero le daba vergüenza pedirlo, así que pasamos por el “duro trance” de pedir un vaso de vino. Acabado el almuerzo, nos intercambiamos las direcciones y nos despedimos de ellos.

    Continuamos nuestro camino, dejamos Tiebas y bajamos hasta cruzar la carretera y la autopista que lleva de Pamplona a Zaragoza. Llegamos a Campanas y también cruzamos la vía del tren. Comienza la cuesta arriba a través de una pequeña carretera de asfalto y después por tierra, que serpenteando va en busca de la cima, no sin antes pasar por una granja de cerdos que despedía unos hedores que nada tenían que ver con el anuncio de Heno de Pravia.
    Algo cansados y bastante apestados llegamos al final de la subida, y sin darnos cuenta estamos entrando a Biurrun. Al llegar a Biurrun, se gira bruscamente a la izquierda y se sale por una carretera de asfalto con el paso de cebra más ortopédico que he visto en mi vida, con líneas blancas (eso es normal) y triangulitos rosas (¿eso es normal?). Tras muy poco asfalto sale un desvío a la derecha por una pista de tierra en muy buen estado.

    El sol comenzaba a apretar y poco a poco nos íbamos acercando a Ucar, una bella población con casas muy nuevas pero fabricadas al viejo estilo, de piedra, muy rústicas. Nada más llegar a Ucar hay un pequeño parquecillo con césped, sombras y dos fuentes que se agradecen enormemente. Allí nos refrescamos y permanecimos tumbados durante 20 minutos disfrutando de las sombras que nos proyectaban los árboles. Sendas y simultáneas llamadas a nuestras chicas para darles la “mala noticia” de que seguimos vivitos y coleando y, lo mejor de lo mejor, el césped tenía un leve punto de humedad y frescor que más bien invitaba a quedarse durante un par de horas para echar una buena siesta. Por cierto, hay que tener cuidado en Ucar, porque si le pierdes el rastro a las flechas, sales por donde no es. Hay que estar muy atento y salir por el oeste, ya que estuvimos a punto de meter la pata y salir por el norte.

    Salimos de Ucar camino de Enériz, y allí tenemos previsto hacer una comida fuerte (¡qué raro!). El paisaje se empieza a cubrir con un tímido manto verde y comenzamos a descender por una fabulosa pista de tierra.
    En media hora llegamos a Enériz. Al entrar en el pueblo, vemos en la acera de la izquierda, a la sombra, dos mesas alargadas con varias personas terminando de comer al aire libre. Nos saludan y les hacemos gestos como diciéndoles… ¡Hala, nosotros caminando y vosotros mientras tanto os estais poniendo morados de comer!. Se ríen y nos dicen adios. A los diez metros, pero esta vez a la derecha y dentro de un garage con la puerta abierta, la misma escena, mesas alargadas de madera y unas veinte personas que estaban terminando de comer. Esta vez fui más expresivo, me paré, miré hacia ellos, y les dije con tono de cachondeo… ¡Eso, eso, vosotros os inflais a comer y yo me inflo a caminar! ¡Qué bonito!. Y ahora viene el colmo de la hospitalidad, porque ¿sabeis lo que me contestaron?. Nos dijeron que cruzáramos y que entrásemos a comer. Yo me quedé un poco cortado, porque mi intención era la de hacer una coña, no la de autoinvitarme a comer. Nos miramos mi hermano y yo con cara de sorpresa, pero esa cara de sorpresa se tornó en sonrisa cómplice y cruzamos a comer. Era el local de una peña que se llamaba “el derroche”, aunque contaban con la compañía de unos cuantos miembros de la peña “la miseria”. Tenían dos grandes paelleras con bastante comida que les había sobrado, una de arroz con langostinos y guisantes, y otra con cordero y caracoles. Nos quitamos la mochilas y antes de sentarnos, ya nos habían puesto la mesa. Nos atendieron como a sus propios hijos, nos ofrecieron de todo, bebida, dulces, puros, etc. Nada más sentarnos, aparecen los dos alemanes de unos 25 años que habían hecho noche en Izco, e igualmente fueron invitados a comer. Al principio estaban muy cortados, pero mi hermano se enrolló con ellos en inglés para que no se sintieran desplazados. La comida era un cachondeo, con petardos, jotas, chistes, bromas, juergas varias y diversas. Todo eran atenciones… ¿os calentamos la comida? ¿quereis cerveza? ¿mejor refresco?.
    Estas cosas sólo pasan en el camino. Unas personas que no te conocen de nada, sólo por ver que eres peregrino, te invitan a comer y te tratan de una forma excepcional. En el comedor se encontraba el señor alcalde de Enériz, todo un lujo (y uno de los más cachondos del grupo). El motivo de estas comidas era la celebración del Día de la Cruz, ya que terminaban las fiestas de Santa María Magdalena, patrona de Enériz.

    Después de esta fantástica comida, nos despedimos de todo el grupo muy agradecidos, ya que nos faltaban palabras para expresar lo a gusto y lo bien que nos habíamos encontrado con ellos.

    Continuamos nuestro camino por una pista de tierra que discurría a la izquierda de la carretera que llevaba a Puente la Reina, y paralela a ésta. Poco a poco, nos aproximamos a una de las construcciones más espectaculares de todo el Camino Aragonés: la Ermita de Nuestra Señora de Eunate. Si quieres información sobre esta bella ermita, visita la página

    http://www.ctv.es/USERS/sagastibelza/navarra/eunate/eunate.htm


    para que puedas disfrutar de ella. Sencillamente fabulosa. A su lado se encuentra la casa del ermitaño y una fuente de agua fresca.

    Una vez remojados seguimos por nuestro camino de tierra, y al momento cruzamos la carretera que iba por nuestra derecha para dejarla a nuestra izquierda. Rodeados de cepas y vides por todos los lados nos aproximamos a una estrecha carretera de asfalto que en una empinada cuesta arriba nos lleva hasta la entrada a Obanos. Es en esta población donde realmente se juntan el Camino Aragonés y el Camino Francés. Como dice nuestra guía, los caminos se hacen uno.
    Atravesamos Obanos, vemos que las calles están con algo de gente que disfrutan de la tranquilidad de la tarde del domingo, niños jugando, ancianos paseando, jóvenes en las terrazas, etc.

    Salimos de Obanos e iniciamos el descenso hacia Puente la Reina. Nuevamente cruzamos la carretera, y esta vez sería la última. La pista de tierra se transforma en una senda que discurre entre las huertas que hay en la misma entrada de Puente la Reina, y al poco tiempo llegamos a un hotel que hay nada más entrar a esta población. Eran las 19:15.

    En cuanto a caminar, nuestra aventura había llegado a su fin, aunque quedaba el regreso a casa. Por teléfono ya nos habíamos informado de que los domingos no había autobuses para ir a Pamplona, pero desde Tiebas me puse en contacto con el único taxista que hay en Puente la Reina para advertirle que llegaríamos sobre las 19:30 de la tarde para que nos llevara hasta Pamplona, ya que el último autobús para Zaragoza salía a las 20:30. El taxista nos dijo que no había problema, que le llamáramos cuando llegáramos. Y así lo hicimos. En menos de cinco minutos vino a recogernos al parking del hotel y en un momento nos llevó a la estación de autobuses de Pamplona. Sacamos los billetes y nos dimos el último homenaje gastronómico en el bar de la estación de autobuses.
    A las 20:30 partió nuestro autobús con destino a Zaragoza, y al saber que llegaríamos a las 22:30, llamé a mi novia por el teléfono móvil para que fuera a recogernos a la estación de autobuses de Zaragoza. Llegamos a esa hora, y allí estaba ella. Le había dicho por teléfono que se llevara la cámara para hacernos una fotografía nada más bajar del autobús, con la mochila, el bordón, la gorra y el cansancio. Acercamos a mi hermano a su casa y después nos fuimos a la nuestra. Comienza a llover, pero ya no importa…

    Hasta aquí, la historia de nuestra pequeña aventura por el Camino Aragonés. Es el primero que hago de todos los Caminos de Santiago, y si todo me sale bien, el año que viene ya sabeis todos que con mi novia haré otros dos, el Camino Francés y el Camino de Finisterre, con boda incluida vestidos de peregrino al final.

    Nunca había pasado por una experiencia de este tipo, y os aseguro que no hay palabras para describirla. Los que ya hayais hecho alguno de los caminos, seguro que me comprendeis. Los que no hayais hecho ninguno todavía, pensareis que estoy exagerando, y os entiendo: era lo mismo que pensaba yo hasta hace poco. Para terminar, quisiera agradecer al Meteosat el buen tiempo que nos acompañó durante todo el camino.

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