(1) Etapa primera: SOMPORT – JACA (Camino aragonés)

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CAMINO SOMPORT

* Galería de MIKKO

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Nuestro punto de partida se encuentra en el Pirineo Aragonés, a 1632 m de altitud, entre el Valle de Aspe, en Francia y el de Canfranc. Desde aquí hasta Jaca habrá que descender en dirección sur, por el alargado valle del río Aragón. Desde Villanúa el horizonte se ensancha y el paisaje se transforma: encinas, quejigos y otras especies mediterráneas (en Villanúa se halla el encinar más septentrional del Europa).

‘Guía práctica del peregrino’

JOSE MARÍA ANGUITA JAÉN

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Sobre el Puerto de Somport (<<Summus Portus>>, el puerto más alto, 1632 m), en la frontera entre Francia y España, comienza nuestra andadura.

* Es el origen del Camino de Santiago Aragonés, con una distancia hasta Santiago de Compostela de 858 kilómetros, resultando unos 100 kilómetros aproximadamente más largo que el Camino navarro que entra por Roncesvalles. (información Wikipedia)

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Tras unos pasos por la carretera N-330, aparecen unas escaleras a la izquierda por donde hay que descender, con el curso del río Aragón, hacia un llano en el que estuvo asentado el hospital de Santa Cristina. Por la carretera se cruza el puente. Muy próxima se encuentra la estación de invierno de Candanchú, frente al monte Tobazo. Tras un collado, se atraviesa la N-330 y la ladera del cerro del castillo de Canchanchú. El Camino se acerca a la carretera, a la altura del Puente Ruso, sin contactar con ella. Por accidentados senderos y por una pista asfaltada (que se abandona hacia la derecha, antes de llegar al cámping de Canal Roya), se desciende a Canfranc-Estación, cruzando el Aragón y entrando finalmente por la carretera, por la que también, después de pasar junto a la gran estación, se sale. Junto a ella se prosigue hasta un segundo túnel. Entonces se baja por unas escaleras, por la izquierda, para cruzar a la margen izquierda del río y seguir a su lado hasta Canfranc. Allí se entra por un puente de piedra, Y a la salida, se cruza el puente románico de los Peregrinos, junto al cementerio. Se pasa en dos ocasiones por debajo de la carretera y antes de llegar a Villanúa surge una doble opción:

A) El Camino puede continuar recto, sin cruzar el puente, por el pueblo de Villanúa y después entre los campos de labor, Cruzando en dos ocasiones el río y la vía del tren y atravesando un quejigal para subir por una pista que cruza la N-130 a Castiello de Jaca.

B) Se cruza el puente (con una zona de recreo) hacia la zona nueva de Villanúa. Las flechas llevan por la carretera (a su lado hay una fuente y un área de descanso). Una señal indica una caballera a la izquierda, que se sigue kilómetro y medio. Se atraviesa hacia otra zona de descanso y una colonia de verano y se avanza por la comarcal de Borau para, antes de confluir con la N-330, tomar un camino de tierra que, tras 2 km, alcanza Castiello de Jaca. Se baja por su calle de Santiago y se cruza la carretera. Se salva el río por la carretera que se dirige a Bescós de Garcipollera. Por un camino de tierra se cruza el río Ijuez. Poco después un camino paralelo al río pasa bajo la N-330 y sube hacia Jaca, pasando al lado de la ermita de San Cristobal.

* NOTA PARA CICLISTAS

Gran parte del recorrido se realiza por senderos bastante escarpados, imposibles. Por ello es mejor seguir el trazado de la carretera N-330

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De: turomaquia

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De SOMPORT A JACA

imagen tomada de: RUTA GEOLÓGICA

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35 Respuestas a “(1) Etapa primera: SOMPORT – JACA (Camino aragonés)


  1. INFORMACIÓN PRÁCTICA DE ESTA ETAPA

    SOMPORT

    Albergue Aysa. Puerto de Somport. Carretera de Francia, s/n. Dispone de comedor y dan cenas. Cerrado del 15 al 30 de junio y octubre y noviembre. Teléfono: 974 373 023

    CANDANCHÚ

    Hotel Edelweis. Carretera Zaragoza – Francia, Km 190. Teléfono 974 373 200. 37 euros habitación doble.

    Hotel Candanchú. Carretera de Francia. Teléfono 974 373 025. 108 plazas 74/ 26 euros. habitación doble. 6 euros la cena.

    CANFRANC

    Albergue juvenil de Canfranc. Teléfono 976 714 797.

    Albergue Pepito Grillo. 974 373 123

    Albergue Sargantana. Calle Albareda, 19. 75 plazas. Abierto julio y agosto. También del 1 de diciembre al 30 de abril (sólo para grupos). Se sirven comidad. Teléfonos: 974 372 010 y 974 373 217

    Hotel Villa Anayet. Plaza José Antonio, 8. Teléfono: 974 373 146. 36 euros la habitación doble.

    HR Ara. Calle Fernando el Católico, 1. 974 373 028. 40 plazas.

    H Montanglasse. Calle Felipe V, 2. 974 373 311. 60 plazas. 30 euros habitación doble.

    Camping de 2ª Canfranc. Carretera N-330, km 670. 974 348 354. 90 plazas.

    Restaurante La Brasa. Calle Fernando el Católico, 11. 947 373 047. Carnes a la brasa.

    VILLANÚA

    Albergue juvenil DGA. 974 378 016
    Albergue juvenil Santa María del Pilar. 974 378 016
    Refugio tritón. 974 378 281 / 639 775 117

    HS Alto Aragón. C/ Gabriel Faci Abaad. Telf. 974 486 301. 28 plazas. 49/36 euros. habitación doble. 10 euros comida/cena.

    JACA

    Albergue municipal. 64 plazas y se encuentra situado en el Hospital Viejo, en la calle Conde Aznar. Dispone de cocina comedor. Muy buenas instalaciones 974 355 116

    Albergue juvenil Escuelas Pias. Avenida Perimetral, 6. Cuenta con 160 plazas. Abierto todo el año. 974 360 536

    H. Alcetania. Calle Mayor, 43. 974 356 100. 38 plazas. 48/34 euros habitación doble.
    H. Bucardo. Avenida de Francia, 13. 974 356 363. 48/30 euros habitación doble.
    HS El Abeto. Calle Bellido, 15. 50 plazas. 974 361 642. 38/30 euros habitación doble

    Camping Peña Oroel de 1ª. Carretera N-330 Jaca- Sabañánigo. 974 360 215. 700 plazas.
    Camping Victoria de 2ª. Avenida de la Victoria, 34. Tlf: 974 360 323. 288 plazas.

    MEDIOS DE TRANSPORTE

    Jaca dispone de estación de autobuses. Telf: 974 355 060 y de RENFE 974 360 490
    Estación de trenes de Canfranc. Teléfono: 974 373 029

  2. (no se recoge el texto íntegro porque en posteriores comentarios se añaden informaciones íntegras de otros libros)

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    La guía denomina Portus Asperi al paso pirenaico del Camino de Tolouse, lo que en principio parece indicar que se está refiriendo al cercano Pas d’Aspe. Sin embargo, razones de peso inclinan la balanza hacia el lado del Somport. Entre estas razones, está el hecho de que este era el paso de la vía romana que unía Aquitania con Zaragoza, o que en la propia guía se mencione la presencia en este puerto del hospital de Santa Cristina.

    De este extraordinario lugar, por desgracia, no han quedado más que unas tristes ruinas, indicio sin duda del pronto decaimiento de esta casa en beneficio de la pujantísima Roncesvalles. En tiempos de la guía (1130), sin embargo, esta institución fundada por dos caballeros y favorecida por el mítico Gastón IV de Bearn y el rey Alfonso I de Aragón, estaba en pleno apogeo y dominaba, en forma de encomiendas y hospitales dependientes, casi todo el trayecto del Camino de Santiago a través del territorio del Bearn. Estaba regentada por una comunidad de canónigos regulares, como tantos otros hospitales de peregrinos situados en difíciles pasos de montaña.

    En el vecino paraje del ‘Camp d’ Anjou’, existió en la Baja Edad Media una fortaleza levantada para proteger a los peregrinos de los muchos ladrones y exactores que poblaban la zona. En sus inmediaciones, se encuentra la moderna población de Canchanchú, que recibe el nombre del viejo castillo, famosa por su estación de esquí.

    Tras pasar por la moderna población de Canfranc-Estación, surgida en torno a la estación del ferrocarril , el Camino se encuentra con la histórica Canfranc, ya nombrada por el Liber Sancti Iacobi como estación jacobea, aunque hay documentos más antiguos (1095) que certifican la existencia allí de una alberguería para peregrinos. Su nombre se ha explicado por la supuesta obligación de los habitantes de Canfranc de mantener libre (franco) de nieve y otros obstáculos el camino para peregrinos y comerciantes. Canfranc fue, aparte de señalada estación peregrinal, una especie de aduana instituida por los reyes de Aragón para el cobro de peajes a viajeros y mercancías, lo que hizo de ella lugar de gran actividad económica (cambio de moneda, mercados…) En Canfranc se documenta también, ya en el siglo XV, la entrada de los primeros representantes del pueblo gitano en España, quienes se declararon peregrinos a Santiago para ser eximidos del pago de peaje. Además el rey de Aragón Alfonso el Magnánimo extendió para el patriarca gitano, ‘su primo’ Tomás, conde de la Pequeña Egipto (egiptiano — gitano), una cédula de protección y salvoconducto durante el tránsito por sus reinos.

    De los edificios históricos salvados tras el incendio sufrido por esta población en 1944, están la iglesia parroquial, dedicada a la Virgen, románica, y puente sobre el río Aragón de un solo ojo, también románico.

    Antes de entra en Villanúa (Villanova) se puede observar parte de la antigua calzada. En la iglesia parroquial de San Esteban se custodia una estatua románica de la Virgen, así como una talla de Santiago en hábito de peregrino. En la abandonada Aruej, algo apartada del Camino, se puede admirar la iglesia de San Vicente, modesta joya del románico pirenaico, en la que llama la atención su gran ábside semicircular.

    Castiello de Jaca nació, como su nombre indica, en torno a una fortaleza levantada sobre un cerro para defender el acceso septentrional a la ciudad de Jaca. Destaca su caserío iglesia parroquial de San Miguel, románica. A la salida del pueblo, tras cruzarse el Aragón por un puente medieval, se localiza una ermita románica bajo la devoción de Santa Juliana.

    Ya en la actual Jaca, aunque aún fuera del recinto amurallado de la antigua ciudad, se levantó el hospital de la Salud, dedicado a peregrinos con enfermedades contagiosas, del que se han conservado algunos elementos decorativos.

    La guía del Liber Sancti Iacobi no destaca con comentario alguno el carácter capitalino de Jaca, a la que se señala simplemente como estación jacobea. Posiblemente, en este tiempo (1130) habían pasado ya los momentos de mayor esplendor de la ciudad. Estos coinciden con el último cuarto del siglo XI, cuando Jaca fue convertida por Sancho Ramírez en la capital del incipiente reino de Aragón y en sede episcopal, y la dotó de un fuero de francos que permitió su despegue económico. Este fuero, que permitía ventajas varias a los comerciantes extranjeros que quisieran asentarse en la población, fue después, imitado por otras poblaciones del Camino, como Estella, Sangüesa, Pamplona o Puente la Reina. De ese tiempo data la estructura urbana de la ciudad, dividida en dos partes: el burgo de San Nicolás, dentro de la muralla, y el Burgo Nuevo (actual Burnau), fuera de la misma. En el solar del Burnau se edificó posteriormente, en época moderna, como proclama su planta poligonal, la actual ciudadela defensiva.

    Dentro de la muralla, en el antiguo burgo de San Nicolás, se levanta la impresionante Catedral de San Pedro, de tres naves y planta de cruz latina.

    Se trata de un templo completamente románico, de gran originalidad respecto a lo que se hacía entonces en España y en Europa, y que es uno de los testimonios de la pujanza económica del Reino de Aragón. Entre lo más destacado del templo están sus magníficas esculturas, en estrecha conexión con las de San Martín de Frómista. A su notoria calidad técnica se superpone la riqueza de los contenidos y representados en sus tímpanos y capiteles que, aparte de en la Biblia, se inspiran en obras literarias como la Psicomaquia, del gran poeta español paleocristiano Prudencio.

    Entre las estatuas de bulto redondo, son brillantes las del portal meridional, una de las cuales se identifica con san Pedro, el titular del templo.

    Dentro de la iglesia, se conservan las reliquias de san Indalecio, uno de los siete varones apostólicos, es decir, los discípulos de los Apóstoles (o de Santiago, según otra versión) que tuvieron por misión la evangelización de España. Primer obispo de Urci (actual Pechina, Almería), sus restos fueron trasladados en 1084 a San Juan de la Peña, y posteriormente a la Catedral de Jaca, donde se encuentran, junto a los santos Voto (Odón) y Félix. En el Museo de la Catedral existe una gran colección de pintura románica, procedente en buena parte de la iglesia de San Salvador. En el monasterio Benedictinas que allí se encuentra, se ha conservado, procedente de Santa María de la Serós, el magnífico sarcófago de doña Sancha, una de las hijas del primer rey de Aragón, Ramiro I.

    Entre los recuerdos jacobeos de Jaca están la destruida iglesia de Santiago (que dio nombre al barrio), algunos de cuyos restos perviven en la actual de Santo Domingo; y los varios hospitales que existieron en la ciudad, como el de San Andrés o el de San Juan de Jerusalén.

  3. FRAGMENTO DE ‘PEREGRINATIO’ DE MATILDE ASENSI

    El día que te desmayaste en el Summus Portus tuve que llevarte en angarillas hasta el cercano hospital de Santa Cristina, uno de los hospitales de peregrinos más importantes del mundo, donde pasaste dos días recuperándote mientras yo exploraba, solo, las localidades cercanas. Por ello quisiera que, en esta ocasión, apenas cruces el puerto, visites la pequeña iglesia de Villanúa, que no viste, donde encontrarás una muy hermosa imagen de Nuestra Señora que quizá te llame la atención por el color de su piel, ya que es una Virgen negra.

    Debes saber, Jonás, que la Tierra, la Magna Mater, vierte su propia energía interna a través de unas estrías que se encuentran bajo del suelo. Estos surcos, o cauces, fueron conocidos como «Serpientes de la Tierra» por ciertas antiguas culturas hoy olvidadas, que las representaban utilizando el color negro. Así pues, las Vírgenes morenas son hitos que señalan —a los que saben comprenderlo— los lugares donde esa energía se encuentra con mayor pujanza, lugares sagrados en los que el hombre absorbe la fuerza que su cuerpo necesita para obtener salud y también mayor espiritualidad. Deja que toda esa fuerza te cale mientras te postras ante la Mater negra. Después, sal de Villanúa y cruza el puente de piedra que te llevará hasta Jaca. Te encontrarás ya en plena vía peregrina, de modo que entrarás en la ciudad por la puerta de San Pedro. Síguela hasta que te halles frente al tímpano de la puerta oeste de la catedral. No habrás visto tanta belleza en ninguna otra parte, hijo mío. Observa con atención el soberbio crismón de ocho brazos pero, sobre todo, los dos espléndidos leones que lo flanquean. Espero que conserves buen recuerdo de todas las cosas que te enseñé durante nuestro primer viaje, porque es importante que sepas ver y descifrar las señales de los maestros iniciados que hicieron del Camino su mejor cátedra.

    Los leones, Jonás, son animales de significación solar, muy ligados a la noción de luz. Para la tradición simbólica universal, el león es el custodio del Conocimiento mistérico, cuyo símbolo hermético es la serpiente negra de la que antes te hablaba. Como ves, por esos pagos las señales son muchas e importantes. Sin embargo, quiero que te fijes especialmente en la cartela situada al pie del tímpano y que reflexiones sobre ella: Vivere si queris qui mortis lege teneris. Huc splicando veni renuens fomenta veneni. Cor vicius mundo, pereas ne morte secunda, o lo que es lo mismo: «Si quieres vivir, tú que estás sujeto a la ley de la muerte, ven aquí rechazando venenosos placeres. Limpia el corazón de vicios para no perecer de una segunda muerte.» Este es el principio del Camino, Jonás, el auténtico principio del proceso iniciático. A partir de aquí, miles de personas han dado comienzo, desde los albores del mundo, a una peregrinación que sigue la ruta trazada en el cielo por la Vía Láctea y que les conduce, inexorablemente, hasta el «fin de la Tierra», hasta Finisterre.

    No podrás encontrar ya resto alguno de la cripta secreta del primero de los tesoros templarios escondido en la capilla de Santa Orosia, patrona de la ciudad de Jaca, pero, si es tu gusto, entra en la catedral y observa la diminuta imagen de Nuestra Señora sedente que sostiene, de manera un tanto orgullosa a mi parecer, la cruz en forma de Tau que señalaba el lugar. Como bien sabes, esta cripta fue despojada por la Iglesia y el Hospital de San Juan gracias a mi buen hacer como perquisitore; sin embargo, también es cierto que, durante estos últimos años, parte de mi trabajo ha consistido en dirigir una mesnada secreta de Caballeros de Cristo que se ha encargado de vaciar y eliminar todos los antiguos escondites templarios, transportando los contenidos a lugares mucho más seguros.

  4. FRAGMENTO DE ‘IACOBUS’ DE MATILDE ASENSI

    Toda la jornada caminamos teniendo como referencia, recor­tado contra el infinito, el espléndido pico de Aspe, esa peña de roca pura y forma puntiaguda que guía los pasos de los peregri­nos hasta el punto más alto de la cumbre, el Portus Aspen o Summus Portus, a partir del cual da comienzo el verdadero Ca­mino del Apóstol. En él, apenas hubimos puesto el pie en la cima, Jonás, agotado por el esfuerzo de la ascensión, el peso de nues­tras parcas pertenencias y los días de ayuno, se desmayó.

    Afortunadamente, a escasa distancia de la cumbre, monte abajo, se encontraba el hospital de Santa Cristina, uno de los tres hos­pitales de peregrinos más importantes del mundo -los otros dos eran el de Mons Iocci, en la ruta de Roma, y el de Jerusalén, a car­go de mi Orden-, y mientras Jonás se recuperaba en él de su martirio y de sus deseos de llevar «la corona de espinas de los elegidos», yo tuve que buscar acomodo en la hospedería de la cer­cana localidad de Camfrancus.

    El físico de Santa Cristina que le examinó afirmó que al menos le harían falta dos días para recuperar las fuerzas y reem­prender el Camino. En mi modesta opinión, un buen guisado de carne con verduras y media jornada de sueño le habrían bastado para reponerse por completo; pero como se suponía que yo sólo era un noble caballero que peregrinaba en pobreza a Composte­la para hacerse perdonar viejas deudas galantes, quedaba fuera de mis facultades emitir juicios médicos.

    Como no tenía otra cosa que hacer, al día siguiente, por la mañana temprano, continué desfiladero abajo hasta Jaca, con el sombrero de alas calado hasta los ojos: recuerdo que aquel día lu­cía un sol aún más brillante que el que nos había acompañado durante todo el viaje. Tenía la intención de examinar bien el te­rreno y de no dejar escapar ningún detalle que pudiera resultar­me útil. Me decía que, lógicamente, sería por allí, al principio mismo del Camino, por donde debían empezar a aparecer las señales, o las claves necesarias para interpretar dichas señales. Hubiera sido absurdo por parte de los milites Templi Salomonís distribuir grandes riquezas a lo largo de una prolongada y con­currida ruta de peregrinación sin establecer en el origen mismo del trayecto el lenguaje necesario para poder recuperarlas.

    Abandoné el cauce del río Aragón para adentrarme en la po­blación de Villanúa. No sé muy bien qué me inspiró a detenerme allí, pero fue una suerte, porque en el interior de la pequeña igle­sia encontré una imagen negra de Nuestra Señora. Una intensa alegría se apoderó de mí y me llenó el corazón de gozo. La Tie­rra, la Magna Mater, irradia sus propias fuerzas internas hacia el exterior a través de vetas que fluyen por debajo del suelo. Estas corrientes fueron llamadas «Serpientes de la Tierra» por las anti­guas culturas ya desaparecidas, que utilizaron el color negro para representarlas. Las Vírgenes Negras son símbolos, signos que in­dican en estos tiempos cristianos -y sólo a quien los sepa inter­pretar-, los lugares donde esas potencias internas brotan con mayor pujanza. Lugares sagrados, arcanos, preciosos lugares de espiritualidad. Si algún día el hombre dejara de vivir en contacto directo con la tierra, y no pudiera, por tanto, absorber su ener­gía, se perdería a sí mismo para siempre y dejaría de formar par­te de la esencia pura de la Magna Mater.

    No sé cuánto tiempo permanecí allí, inmóvil, absorto en mis pensamientos, meditando. Por unas horas me recuperé a mí mismo, recuperé al Galcerán que había abandonado Rodas para en­contrar a su hijo y aprender unas nuevas técnicas médicas, recu­peré la paz interior y el silencio, mi propio e inspirador silencio, del cual brotó, como una oración, el hermoso verso del poeta Ibn Arabi: «Mi corazón lo contiene todo…» Sí, me dije, mi corazón lo contiene todo.

    No llegué a Jaca ese día, por supuesto, pero sí al día siguien­te, en que crucé el río por un puente de piedra, dejando Villanúa a mí izquierda. Entré en la ciudad por la puerta de San Pedro si­guiendo la vía peregrina, y me recibió una urbe limpia y acoge­dora, aunque excesivamente ruidosa. Aquel día se celebraba mer­cado, y las gentes se arremolinaban en la plaza y bajo las arcadas en medio de un ruido ensordecedor y de una gran algarabía, en­tre empujones, insultos y riñas. Sin embargo, toda percepción exterior quedó en suspenso cuando vi, de pronto, el tímpano de la puerta oeste de la catedral, la de acceso para los peregrinos que entraban allí para rezar ante la imagen del Apóstol y ante las re­liquias de la mártir santa Orosia, patrona de la ciudad.

    No fue el soberbio crismón de ocho brazos lo que provocó mi estupor, sino los dos magníficos leones que lo flanqueaban, ya que, además de que su perfección era incomparable -pocas ve­ces los había visto tan bellamente reproducidos-, ambos esta­ban gritando, para quien supiera oírles, que aquella edificación contenía «algo», «alguna cosa» tan principal y sagrada que era necesario entrar en el recinto con los cinco sentidos bien des­piertos. El león es un animal de significación solar, estrechamen­te unido al concepto de luz. Leo es, además, el quinto signo del Zodíaco, lo que significa que el sol pasa por este signo entre el 23 de julio y el 22 de agosto, es decir, la época más caliente y lumi­nosa del año. Para la tradición simbólica universal, el león es el centinela sagrado del Conocimiento mistérico, cuya representa­ción críptica es la serpiente negra. Y precisamente era una ser­piente lo que había bajo el león de la izquierda, o para mayor precisión, el león de la izquierda aparecía en actitud de proteger a una figura humana que sujetaba una serpiente. El león de la de­recha, por su parte, aplastaba con su pata el lomo de un oso, sím­bolo, por su letargo, de la vejez y la muerte. Pero lo más intere­sante del conjunto era la cartela situada al pie del tímpano, que decía lo siguiente: Vivere si queris qui mortis lege teneris. Huc splicando veni renuensfomenta venení. Cor viciis munda, pereas ne morte secunda. ¿A qué otra cosa podía estar refiriéndose aquella llamada -«Si deseas vivir, tú que estás sujeto a la ley de la muerte, ven suplicante…»-si no era al comienzo mismo del proceso iniciático? ¿Acaso no era Jaca la primera ciudad del Ca­mino sagrado, marcado desde el cielo por la Vía Láctea y segui­do por millones de personas desde que el mundo era mundo? Santiago no fue más que la explicación de la Iglesia a un fenóme­no pagano de remotísimos orígenes. Mucho antes de que Jesús naciera en Palestina, la humanidad ya viajaba incansablemente hacia el Final del Mundo, hacia el punto conocido como Finiste­rrae, el «fin de la Tierra».

    ¿Qué era aquello tan importante que la catedral de Jaca guar­daba en su interior? No tenía más remedio que entrar y buscar­lo, porque estaba claro que los leones podían avisar, pero jamás desvelarían un secreto. Recorrí el templo de punta a punta, hus­meé cada rincón, cada pilar, cada columna y cada sillar, y por fin lo encontré junto al claustro, en la capilla de Santa Orosia. Em­plazada en un recoveco oculto por las sombras, la diminuta ima­gen de una Nuestra Señora sedente portaba una cruz ¡en forma de Tau! Digo que era una imagen de Nuestra Señora porque como tal se exponía, aunque jamás vi figura menos sagrada y menos ornada de los símbolos de su grandeza. Se trataba de una mujer joven, ataviada con ropajes de corte, con la cabeza ceñida por una vulgarísima corona ducal y con una socarrona sonrisa en los labios. Toda su actitud corporal, con el torso incorporado, las piernas haciendo fuerza contra el suelo para sostener el peso de la cruz y esa forma de sentarse en el borde mismo del banco, toda su actitud, digo, estaba encaminada a exhibir la Tau, echándola hacia adelante como diciendo: «Mirad bien los que veáis, mirad esta cruz que no es tal cruz sino una señal, contempladla, os la pongo delante mismo de la cara.» Tomé buena nota de todo lo visto y emprendí alegremente el camino de regreso hacia mi hos­pedería.

    Cuando, recién amanecido el día siguiente, entré en el hospi­tal de Santa Cristina para recoger a Jonás, éste todavía dormía en su jergón bocabajo, como si una saeta le hubiera alcanzado en mitad de la espalda y hubiera caído de bruces con el cuerpo des­coyuntado. Me aproximé despacio para no despertar a los otros enfermos de la sala y respiré con placer el olor a recinto limpio y saludable. No pude dejar de evocar mi hospital de Rodas, tan ventilado y pulcro como éste. ¡Cómo añoraba mi casa! Sin em­bargo, los recuerdos comenzaban a ser ya vagos e imprecisos y, por primera vez, tuve la ligera e inexplicable intuición de que nunca regresaría.

  5. Albergue Aysa
    Dirección
    Puerto de Somport, CANDANCHU – 22889 Carretera de Francia s/n — COLL DE SOMPORT —

    flecha Telf: 974373023 / Email: aysa.somport@gmail.com

    Abierto desde el 01 de Diciembre hasta el 30 de Septiembre
    Ambiente familiar y la exquisita atención personal de Perico y Nieves .

    13,00 € – Alojamiento
    04,00 € – Desayuno

    http://www.jacajacobea.com/ficha_albergues.php?alb_id=12
    http://www.esquinieve.net/aysasomportalbergue.htm

  6. ETAPA PRIMERA EN RUTAS A PIE

    Somport-Castiello de Jaca

    23,4 kilómetros – 5,45 horas

    Bajo la sombra de Felipe II

    A 1.640 metros de altitud, sobre la misma cumbre de Somport, con Francia a las espaldas y por delante uno de los principales valles que abren las puertas de España, comienza el Camino de Santiago a su paso por Aragón. Así se inicia un viaje a través de la historia, donde 400 años sólo es el ayer; el pasado que se busca tiene bastantes más siglos.

    La entrada a España por el puerto de Somport ha sido siempre una de las de más fácil acceso y la seguida, consiguientemente, por una gran parte de las corrientes peregrinas que llegaban, sobre todo, del sur de Europa. Apenas iniciado el descenso, en el primer llano que se extiende junto a ya estación de esquí de Candanchú, estaba el hospital de Santa Cristina, de cuya grandeza dejaron constancia los escritos del siglo XII, al equipararlo con el de Jerusalén, donde también se acudía en peregrinación a los Santos Lugares.

    5y ubicación se puede todavía intuir en unas irregularidades artificiales que presenta el llano. Más vestigios no quedan, porque las piedras sirvieron para construir la carretera, como sucedió con el castillo de Candanchú, un kilómetro más adelante.

    Es ésta una zona donde todo ha sido aprovechado. Bajo tierra va el ferrocarril que comunica España y Francia a través de un túnel de 7.875 metros, de los cuales 3.805 están inmersos en suelo español. Con el material sacado de las perforaciones se rellenó y elevó el valle de Canfranc para construir la estación, inaugurada en 1928 por el rey Alfonso XIII.

    El Canfranc de toda la vida quedó más abajo y fue perdiendo protagonismo ante el mayor movimiento que generaba la estación internacional a su alrededor. Nació un nuevo Canfranc, que incluso arrebató la municipalidad al histórico, después de que éste quedara devastado por un incendio en 1944.

    Ésta es la moderna historia del valle, pero hay otra todavía más visible y que acaba de cumplir 400 años: cuando Felipe II sembró el acceso a Francia de fortificacio nes para controlar el paso. Su mejor representación está en la singular torre que se alza entre los dos Canfranc. Se conoce como la Torreta y se construyó en 1592. Algo anterior es el castillo que se eleva en el Col de Ladrones, poco antes de llegar a la estación, y del mismo año, la ciudadela de Jaca.

    El recorrido continúa descendiendo por el valle, único lugar por el que se puede transitar. No es fácil, pues, la equivocación o el despiste. Si se produjera, la carretera también conduce hasta Jaca y es la única.

    Hay también una referencia exacta en el río Aragón, que nace donde el caminante da sus primeros pasos. No sólo le indica la dirección correcta hasta Jaca, sino que allí también gira en ángulo recto hacia poniente e inicia igualmente viaje a Sangüesa, a más de 100 kilómetros de Somport. El itinerario jamás se separa del río en todo su tránsito por la comunidad aragonesa.

    Esta etapa recorre zonas de alta montaña, donde la temporada fuerte es en invierno. Muchos estableci mientos hoteleros permanecen cerrados en otras épocas del año.

    Preside la peña Oroel

    El recorrido desde Villanúa hasta Castiello por el valle del río Aragón está presidido por la peña Oroel, de 1.769 metros, que es la gran cima rocosa del fondo. jaca se encuentra antes de llegar a ella. En ese gran valle, la carreterilla por la que se ha llegado al cementerio se convierte al cuarto de hora en pista, al paso por un basurero. a 100 metros hay un desvío: seguir por la derecha. Pronto se ve la vía del tren. Llega después una curva con un nuevo desvío; esta vez la dirección correcta es a la izquierda. a los veinte minutos, y a la vista ya de la hoz donde carretera, camino, tren y río se hacen sitio para continuar hacia jaca, hay que dar un giro de 180 grados en la pista para bajar hacia la ribera. En este punto la pista sigue de frente y la desviación no está clara. Después ya no hay dudas. El camino desciende hacia el tajo, cruza un riachuelo y, por una zona boscosa, llega donde sale a la luz un canal subterráneo. a la derecha va el río, que cruza un cuarto de hora después. Una vez en la otra orilla pasa junto a un casa, cruza sobre la vía del tren e, inmediatamente después, gira a la izquierda, sin salir a la carretera. La atraviesa a 200 metros y entonces hay que decidir: carretera llana y pista que asciende siguiendo la traza histórica.

  7. El Summo Port de los antiguos abre las puertas de España a los peregrinos de Europa que van de camino a la indulgencia. Pero esa puerta se abre sobre las cumbres de los montes Pirineos, los Pyr-eneós o Montes Encendidos que nacieron, según Platón, de la combustión de las pavesas ardientes caídas del carro del Sol o Faetón. Bajo su suelo rocoso se localizan los infiernos de Hades, el Señor de las Tinieblas y Dios de los Muertos.

    Según una de las muchas leyendas surgidas en torno a estos parajes, una de ellas refiere que cuando Hércules, identificado con Túbal el hijo de Noé, llegó a lo alto de la cadena montañosa abandonó a las tinieblas al resto del mundo. La ninfa Pirene, enamorada del Titán y viendo que su amor no era correspondido, derramó su desesperado llanto sobre las cimas de la cordillera. De cada una de sus lágrimas brotó uno de los arroyos y ríos de estas cimas.

    Traspasados los Pirineos acoge al peregrino el antiguo priorato de Portibus Asperi o Puerto Áspero, el Summo Port medieval que ha abreviado su nombre en Somport, considerado por el Codex Calixtinus una de las tres columnas formadas por Dios para ejercer la caridad con los pobres, junto al hospital de Jerusalén y el de San Bernardo en los Alpes. Esta hospedería aparece en los documentos del año 1078, pero en el primer cuarto del siglo XVII consta escrita ya su ruina. El edificio, según las crónicas, fue construido por los dos peregrinos francos Arnovio y Sineval, tras una terrorífica noche de nevisca en la que se encomendaron a la Virgen atemorizados por los lobos. Se quedan dormidos y son despertados por una paloma al amanecer del día siguiente que aparece soleado, sin nieve y sin lobos. Al construir el hospital esculpen en el dintel de la puerta una paloma en recuerdo de aquel día. Esta paloma sobre un llano y con una rama en forma de cruz en el pico se repite también en Jaca. Tal como la debió de ver Noé al día siguiente del diluvio. Hay que recordar que una paloma similar tallada en el puerto de Noya, último punto del Camino hacia la Finis Terrae cuyo nombre algunos atribuyen al patriarca.

    Este abrupto paisaje pirenaico hace crujir las sandalias y los estómagos de quienes bajan hacia Canfranc, la antigua Arañones. El alma se encoge al bordear los impresionantes mallos o menhires naturales de arena rojiza que, según algunos arqueólogos, se han formado en antiguos cataclismos. Por las empinadas cuestas de los farrallones pirenaicos se desciende a Jaca, cuyo prefijo procede de Jac-ob y fue asentamiento de la confraternidad de canteros Hijos del Maestro Jacques, artistas iniciados en el conocimiento y autores de las muchas de las canterías jacobeas. No en vano hay quien relaciona el nombre de la ciudad con el radical vasco iak=saber.

    En Jaca se levanta la más antigua iglesia catedral de la Península sobre base románica y orgullosa de poseer el primer tímpano europeo esculpido en la entrada de un templo. Levantada en el siglo XI por orden de Ramiro I, hijo de Sancho el Mayor, fue construida por los maestros de Jaca y Esteban y por el anónimo autor de San Juan de la Peña que algunos identifican con Esteban. Su cúpula es octogonal y copiada de las antiguas técnicas arábigas de Al-Andalus. En su portada occidental, un gran crismón -círculo con el monograma griego de Cristo- muestra el gran ‘mandala’ cristiano con una simbología esotérica a su alrededor: leones, serpientes -algunas en forma de espiral significando lo relativo- y círculos que representan lo trascendente y reflejan la inconfundible marca de ‘los jacques’. Son símbolos de lo culto asumidos por el cristianismo que se repiten a lo largo de la ruta. En Jaca se observan numerosas espirales y serpientes de piedra en capiteles con escenas de factura helénica y musulmana. Destaca el del Sacrificio de Abraham con el más bello desnudo del románico en la figura de Iaac.

    La capilla lateral del templo está dedicada a Santa Osoria, patrona de la ciudad, cuyo nombre es la primera referencia al ‘oro’ que hallamos en el Camino. Fue hija de los duques de Aquitania o de los reyes de Bohemia -el dato no está claro- que vino a España a casar con un rey visigodo. Apresada por los árabes, fue martirizada y asesinada y su cadáver arrojado a una cueva cerca de Yebra de Baza donde, según la leyenda, muchos años después lo encontró un pastorcillo guiado por un ángel.

    Cabe añadir, como dato curioso, que a la derecha de la portada meridional de la catedral jacense se esculpió la antigua medida de la vara aragonesa como patrón fijo.

    En Jaca el peregrino puede reponer fuerzas y hacer noche después de cenar unas chuletas a la pastora servidas en el mismo cuenco en que se han asado regadas con una salsa de ajolio y orégano, similar a la que en el pueblo alcarreño de Jadraque sirven con el cabrito asado. En esta primera etapa también se puede calentar el estómago con las numerosas sopas de la región, como la sopa de ajo con almendras y huevo la sopa de arroz enriquecida con jamón y oreja de cerdo, o la sopa de gato, que no lleva nada de felino que le da nombre pero sí pimienta, aceite, huevo, pan y queso rallado para espesar el caldo. O si se prefiere un caldo más sustancioso, se puede cenar la sopa cana tradicional del alto Aragón, Navarra y parte de la Rioja, que lleva carne de pato en lugar del habitual pollo.

    Pero sobre todo el caminante podrá reponer fuerzas con el típico cordero al chilindrón guisado con una espesa salsa de tomate, pimiento, cebolla y jamón o el lomo de cerdo con boliches de Huesca, plato tradicional de la villa de jaca y sus alrededores. El cordero al chilindrón es calificado por el catedrático y escritor Manuel Martínez Llopis de ‘juego de naipes en el que se reparten las cartas a partes iguales y se echan en la mesa respetando rigurosamente los turnos de juego’, aludiendo al orden en que se han de ir incorporando las verduras y aditamentos.

    ’El Camino de Santiago: Arte y Misterio’
    Mª EMILIA GONZÁLEZ SEVILLA

  8. DESDE LO ALTO del Somport se contempla un impresionante circo de montañas. Pero toda la carretera está tan poblada de hoteles, restaurantes y edificios de apartamentos de las urbanizaciones de los campos de esquí que al viajero le cuesta trabajo imaginar cómo era este lugar cuando se alzaba allí el hoy derruido hospital de Santa Cristina que era considerado, en el siglo XII, junto al hospital de Jerusalén y el del Gran San Bernardo, en el camino de Roma, una de ‘las tres columnas que el Señor estableció en este mundo para el sostenimiento de los pobres’. Hoy Somport parece haber cambiado los antiguos peregrinos por esquiadores y turistas, aunque siguen pasando por allí los que vienen de Provenza, de Italia o de regiones más alejadas del este de Europa.

    El antiguo Camino pasa por lo que hoy es la estación de esquí de Candanchú y sigue el curso del río Aragón, por las provincias de Huesca y Zaragoza, hasta el pantano de Yesa, en la linde de Navarra. Hay cosas muy interesantes que ver en la carretera que conduce a Jaca y no sólo monumentos jacobeos. Me gustó mucho la estación de Canfranc, una preciosa construcción de hierro y cristal de los años veinte que, a pesar de su abandono, mantiene el encanto de los antiguos viajes en tren. El ferrocarril que por aquí pasaba unía España con Francia hasta que se hundió el puente de l’Estanguet, en 1970.

    Que estamos en el Camino de Santiago se percibe en seguida por las numerosas iglesias y ermitas románicas que encontramos en los pueblos o fuera de ellos. A esta vía se la podría llamar Camino del Románico y España debe a la devoción jacobea algunos de los más bellos monumentos de este arte que existen en Europa y que jalonan toda la Vía a través de Aragón, Navarra, La Rijoa, Castilla y León y Galicia.

    La Catedral de Jaca es uno de los más excelsos ejemplos de este estilo. Consiste en un templo de espaciosas naves, con una bellísima cúpula octogonal sostenida por arcos califales. El maestro de Jaca esculpió los capiteles para contar a los que no sabían leer la sagrada historia. El más bello de todos puede ser quizá el que representa el sacrificio de Isaac, en el que Abraham y su hijo aparecen desnudos. Es famoso el crismón del tímpano de la puerta de entrada. Parece ser el más antiguo de Europa. Consiste en un anillo circular con el anagrama griego de Cristo, XPS, adornado con margaritas, las flores que en la tradición oriental representan la forma de la Eucaristía. A cada lado del Crismón o lábaro hay un león. Bajo el de la izquierda yace una figura humana que sujeta una serpiente con las manos. El de la derecha pisotea a un oso, o un animal parecido a un oso, y a un basilisco, bestia mitológica nacida de un gallo e incubada por un sapo, a la que se creía capaz de talar árboles a su paso e incluso matar sólo mirando a su víctima. La inscripción en latón del lado izquierdo dice: ‘El león se apiada del caído bajo sus pies y Cristo del que le invoca’; el de la derecha: ‘El potente león aplasta el imperio de la muerte’.

    El crismón de Jaca, que luego encontramos repetido a lao largo del cAmino de SAntiago, se presta a toda clase de especulaciones y hace las delicias de los que buscan en la Ruta Jacobea signos esotéricos. Confieso estar poco inclinado a tales interpretaciones, que muchos creen a pies juntillas. Pero la verdad es que en Jaca pasan cosas bastante raras.

    Por ejemplo, en lo alto de la catedral ondea una bandera blanca que parece encontrarse allí como amuleto protector contra las tormentas y , según me dijeron, da buenos resultados pues el mal tiempo no suele causar destrozos en Jaca ni en los campos vecinos. La tela blanca de la bandera se cambia cada años. Tiene que permanecer sobre el sagrario del altar mayor el jueves y Viernes Santos antes de izarla. Más extrañas todavía son las propiedades que tiene la reliquia de Santa Osoria, una mártir de la alta Edad Media, patrona de la ciudad. Esta reliquia se guarda en su capilla de la catedral y ha venido sirviendo para exorcizar a los endemoniados que acudían desde muchos países.

    Hoy es Jaca una bella y próspera ciudad, capital de los deportes de invierno y sede de la primera Universidad de Verano que existió en España. Sus testimonios jacobeos son muchos. No quisiera convertir estas páginas en una lista de monumentos pero merece la pena visitar el museo catedralicio, con sus preciosas pinturas románicas y, en el monasterio de las monjas benedictinas, el prodigioso sepulcro labrado de doña Sancha, hermana del rey de Aragón, Sancho Ramírez.

    Estuve también en la iglesia de Santiago, románica igualmente, aunque muy reformada, para hablar con el cura que se encarga de recibir a los peregrinos, darles albergue y proporcionarles la compostela, que luego tendrán que sellar en las sucesivas etapas del Camino. Don Fernando, así se llama el cura, me contó que la mayoría de los peregrinos traen una carta de presentación que les acredita como tales. ‘Hace unos días me llegó un peregrino alemán con una carta de un pastor luterano. Y yo le dije: ¡Sea bienvenido! Recalcaba sus últimas palabras como para darme a entender que la Iglesia ya no mantiene frente al protestantismo la actitud de intransigencia que solía.

    En Jaca, como en muchas otras ciudades del Camino, existe una asociación de amigos de la Vía Jacobea. Estuve hablando con su presidente, don Francisco Orós, que se hallaba preocupado por la señalización del tramo aragonés, defectuosa en algún punto, debido a la lentitud de la administración, que tarda en cumplimentar las indicaciones de la asociación. Don Francisco reconoció: ‘los navarros lo tienen mejor organizado que nosotros’. A través de sus palabras se manifestaba cierta rivalidad entre Aragón y Navarra a propósito de la localización de algunos hechos históricos o legendarios. ‘La batalla de Roncesvalles no fue en Roncesvalles’, dijo y aseguró que hay estudios hechos en Aragón que revelan que el lugar donde aconteció la batalla en que murieron los pares de Francia fue el puerto de Palo, en el valle de Ansó, en Huesca. En él hay una gran cortadura en la roca que, desde siempre, se llama la Brecha de Roldán, porque fue el héroe de la Chanson quien la hizo con un tajo de su espada Durandal.

    La ciudad de Jaca puede presumir de ser dos veces milenaria pues fue el centro de la tribu ibera de los jacetanos, que Roma convirtió en capital de toda la región. Allí se fundó el condado de Aragón, núcleo del reino de este nombre. La ciudad fue siempre una plaza militar de importancia. Felipe II mandó construir en ella la ciudadela pentagonal o castillo de San Pedro, en los últimos años del siglo XVI. Un acontecimiento más moderno llevó el nombre de la ciudad a los libros de Historia de España: en 1930, los capitanes Galán y García Hernández se sublevaron en Jaca contra Alfonso XIII y proclamaron la república. Fueron juzgados y ejecutados pero la Monarquía cayó el 14 de abril del año siguiente.


    ‘Ultreia’

    LUIS CARANDELL

  9. Ineludible cita con mi querido Alfonso Biescas… no incluyo ahora las experiencias peregrinas con fotos y etc… porque no me encuentro bien de salud y para entrarle al post hay que hacerlo con mucho mimo pero en cuanto pueda… pues eso, las mejores referencias, como siempre, nos las ofrece él, que ya veo ya, que ha sufrido lo que nunca había sufrido en otros caminos y ha sito en este Camino, y si él sufre, que es quien es… no me quiero imaginar lo que vamos a sufrir otras entonces, si es que tiramos por acá… ojalá… No perderse sus diarios al Completo… habla de las gentes y de los perros, las gentes están menos acostumbradas a la masividad del peregrino, dice, y son buenas gentes, y de los perros, que son más mansos y de las señales. No te pierdes pero como apuntan las conversaciones de Carandell, del año 98, este tramo aragonés está peor señalizado. Vamos a recoger sus pistas… que son del año 2003.

  10. Jaca-Somport 02.03.03

    Esto a muchos no les interesará mucho, pero lo incluyo por lo de los buses. Yo fuí con un amigo, Quim, en coche hasta la misma frontera. Allí mismo está el hostal Aysa. Si vas en autobús, creo que los horarios desde Jaca a Somport son: 8.10h, 11.30h, 14,55h, 19,30h, y 21.50h, al menos los domingos (información en el 974.373017) pero tened en cuenta que el restaurante lo cierran a las 21h. Nosotros cenamos de milagro y sólo conseguimos que en la barra nos dieran una sopa que sacaron de la cocina.

    El refugio/Hostal lo encontré sucio y agobiante, pero quizá todavía no estaba acostumbrado a la humildad del peregrino. Pero son amables sino cariñosos. Dormir más desayuno nos costó a cada uno 16 euros. La sopa y alguna otra cosa nos costó como unos 10. Dormí bastante mal, pero creo que de
    nervios de verme otra vez en faena. Bueno, mi litera (arriba) era muy muy estrecha (¿70?) y muy alta. Yo me muevo mucho en la cama y con el saco momia…me daba que me iba a caer.

    Somport-Jaca 03.03.03:

    No madrugamos porque abren muy tarde para poder desayunar. Creo recordar que hacia las 9h. Hacía un día infernal. Llovía a cantaros y había más de un metro de nieve. Intentamos coger el Camino y fué imposible. Estaba completamente cubierto por la nieve y solo a veces se veían a las señales sobresalir. Así que nos tiramos carretera abajo hacia Candanchu. Parecía una torrentera por la forma de llover. Había muchísimo tráfico de gente que subía a esquiar. Fué muy muy desagradable, muy duro. A la hora estabamos completamente empapados. Ni Gore-Tex ni Plexiglas evitaba que estuvieramos mojados hasta el calzoncillo. Las botas las llevabamos encharcadas y fué esto la causa de que se nos destrozaran los pies. La bajada es muy fuerte y muy larga. Esto te destroza las rodillas, los cuatriceps
    y algún otro músculo que no sé como se llama. Yo llegué con los gemelos destrozados y me dolieron intensisimamente hasta Sanguesa… El metro de nieve duró hasta Canfranc pueblo. Allí pudimos coger
    el Camino y dejar la carretera, pero claro, estaba lleno de barrro cuando no había medio metro de nieve. Fué muy muy duro, agotador. Y jamás me he quejado del Camino ni de la Via. Tuvimos que pasar
    muchos vados y arroyos decalzos (¡joer qué fría estaba el agua!) y el pantalón arremangado hasta la rodilla. Entre Castiello de Jaca y Jaca tuvimos muchos problemas para pasar el rio por las piedras
    verticales. Estaban prácticamente cubiertas y el rio iba muy crecido. Si te caías…se te llevaba. Fué peligroso pero salimos bien. No pudimos disfrutar del paisaje con las capuchas y la lluvia torrencial, pero supongo que esta etapa, hasta casi Jaca, ha de ser de una gran belleza, iendo entre grandes montañas y por las gargantas del rio. Bueno, tuvimos mala pata, pero otras cosas nos han recompensado. El refugio es sensacional. Vale 6 euros por peregrino. Te cobran toalla y manta aparte. Del tipo del de Logroño o Estella, estaba impecable y calentito. Conseguimos secar toda la ropa (a pesar de la funda
    impermeable de la mochila y de que siempre llevo todo dentro de bolsas de basura, llegó todo empapado, saco incluido. Es que no os podeis imaginar qué día de lluvia…) Cenamos en el bar de al lado, La Estrella. Normal. No demasiado amables, pero nos reanimó junto con la ducha. Dos menús 20 euros. Dormimos como angeles. Te dejan salir a las 9h de la mañana. Creo que es una etapa dura incluso con buen tiempo. El desnivel te mata.

  11. Diario de abril del 2008 donde los integrantes o parte de ellos se desconocían y se ponen en contacto a través de la red… Es interesante leer lo que ocurrirá con ellos durante el Camino… Lo digo porque nunca llueve a gusto de todos.

    Querían comenzar en Canfrac-Estación pero el precio abusivo del albergue Pepito Grillo (16 euros) les hace cambiar de idea y se deciden por Jaca

    (…)

    Los componentes del grupo somos:

    Rosa Triguero Lucas 61 años
    Enrique Monzon Ferraz 63 años
    Juan Antonio Hernández Hernández 63 años
    Juan Antonio de Zulua Tejedor 67 años
    Francisco Huguet Artes 69 años

    (…)

    Cuando arrancamos de nuevo, les entrego a cada uno, una lista con todos los albergues, del camino que vamos a seguir, y les comunico que las Credenciales de Peregrino, nos las entregaran en Jaca, en la Iglesia de Santiago, y les insisto que ” cada peregrino tiene su propio camino” , que ahora estamos todos juntos, pero si en algún momento, alguno quiere hacer “su propio camino” , como todos tenéis la lista de los albergues, al que quiera marcharse, yo le daré su propia Credencial del Peregrino, y podrá separarse del grupo cuando quiera, sin estar obligado a nada con los demás.

    (…)

    Cuando llegamos a Jaca, vamos primero a la tienda de deportes, donde Enrique compra las polainas, y después les llevo a ver La Ciudadela, que la mando construir Felipe II en 1592, para defender a Jaca de los franceses, después vamos a ver la catedral, pues es la primera catedral Románica que se construyo en España en el Siglo XII, después vamos a la Iglesia de Santiago a que nos entreguen las Credenciales de Peregrino, me da la sensación que el sacerdote de la iglesia, no tiene muchas ganas de trabajar, pues nos entrega las credenciales, y nos dice que las rellenemos nosotros mismos, cuando tengamos tiempo, luego nos vamos al albergue a registrarnos, y reservar literas para dormir, por lo cual nos cobran 8 € por persona, teniendo ya solucionada la noche, regresamos a la Iglesia de Santiago, para asistir a la Misa de los Peregrinos, cuando termina la misa, el cura nos hace avanzar a todos los peregrinos (que solamente estamos nosotros cinco) y nos bendice pidiéndole a Santiago, que nos de buen camino y salud, para cumplir nuestra peregrinación, todas las personas que asistían a esta misa, cuando salíamos nos desearon suerte con mucho cariño, cuando salimos de la iglesia, Juan Antonio me dijo saltándosele las lagrimas, que se había emocionado, a continuación les llevo a que vean el ayuntamiento y la estatua del Rey Ramiro I, primer rey y creador del Reino de Aragón, hijo de Segundo el Mayor Rey de Pamplona.

    Pasamos de nuevo por el albergue, pues como me quedaba otra botella de Rioja, nos la llevamos para tomárnosla en la cena.

    Cuando llegamos al restaurante, le pido por favor, que nos abra la botella para bebérnosla en la cena, con muy poca educación nos dice que no nos permiten bebernos nuestra botella, yo le digo que no comprendo su postura, pues si nos bebemos nuestra botella, se ahorra la que tiene que ponernos por obligación, en los menús que nos vamos a tomar para cenar, al final nos pone los menús, y me pide nuestra botella para abrirla, y que nos la bebamos en la cena, como estamos empezando el camino, y tenemos buen humor, no queremos discutir, pero los menús que nos ofrecieron con mucho bombo, fueron una autentica porquería, como la caja de la comunidad esta casi vacía, les pido fondos para que se haga mas potente, pago la cena, y nos vamos al albergue para dormir, pues en el albergue apagan las luces a las 22 h y solo faltan cinco minutos.

  12. Quien elige este Camino leo, al principio de su diario, que no llegará a terminarlo… De momento ninguno de los tres lo terminan. Y sé de otros peregrinos que finalizaron el francés desde Roncesvalles y éste los retiró. Lo cual es bastante desmoralizador. No lo terminan porque la salud no les acompaña.

    (…)

    A las 12 estoy en Zaragoza y mientras voy y vengo haciendo tiempo compruebo que los 50 euros del móvil han desaparecido. Llamo al teléfono que viene en el ticket y consigo hablar con la mujer que me hizo la recarga. Me dice que si no recibo el mensaje afirmativo de la carga me pase por la tarde a recoger los 50 euros ¿¡Desde Zaragoza!? Pero hubo suerte y no tuve que volverme a Madrid.

    A las 15:20 me subo en el Canfranero, el mismo vagón de tren que cogí el año pasado con Alejandro. A mitad de camino hace una parada para regocijo de los que somos fumadores. En la estación de Canfranc nos bajamos los que quedamos y que en su mayoría somos peregrinos. Son las 19:15 horas y todavía nos queda coger un autobús que nos suba a Somport. A las 20:00 horas como un clavo aparece el autobús. Yo me bajo junto al desvío que tira hacia el hotel Santa Cristina y aquí me quedo. Duchazo, tapa, cerveza y a la cama.

    16,5 kms.
    27 de mayo de 2007

    Me levanto a las seis y pico. Me aliño los pies a base de alcohol de romero y neutrogena para pies, obsequio de mi madre, y comienzo a meter todo en la mochila, cuando ya la tengo cerrada y estoy listo para salir de la habitación descubro un pantalón sobre la cama. ¿Cómo habrá llegado hasta ahí? Vuelta a abrir la mochila y sacar todo para dejar el pantalón en la bolsa correspondiente. Una vez listo miro y remiro la habitación por si me dejo algo. Desayuno en el comedor del hotel a base de café con leche frío, tortilla de patatas fría y enguachinada, y tostadas frías porque no había forma de que el tostador se calentara. A las 8 y media salgo del hotel y me voy a la carretera a la espera del autobús, aparece a las 8:52, poco después estoy en Somport. Esto parece desierto, no se ve un alma. Sin pensarlo dos veces bajo los escalones que dan inicio al camino y luego sobre la hierba mojada, barro, agua y un sol que quitaba el sentido. Primero iba con cuidado para no resbalar, luego a lo que mis piernas daban de sí, hasta que resbalé y caí sobre una rodilla en la hierba, el pantalón que estrenaba de trecking ya estaba bautizado de barro. Había lugares en los que resbalar hubiera generado una caída en dirección hacia el río de aguas turbulentas que corría más abajo. Afortunadamente el lugar del resbalón no era demasiado peligroso. A lo largo de la bajada debí de dar como veinte traspiés, era lógico que en alguno acabara en el suelo. Ríete tú de la bajada de la Cruz de Hierro hasta Molinaseca. En algunos tramos sombríos en plena montaña se notaba como la tierra había sido escarbada, ¿serán lobos? Pero una huella me hizo pensar que el lobo debía tener una zarpa considerable, así que me replanteé la pregunta ¿serán osos? Seguí andando considerando las posibilidades de tirarme montaña abajo en caso que apareciera alguno. Afortunadamente no aparecieron ni unos ni otros, ni nada, allí no había ni dios.

    En Canfranc pueblo no había nada donde tomarse algo. Un perro, mejor dicho, una perra, se llamaba Lola, se me echa encima, atravieso el bastón y no me mordió porque la dueña estuvo al quite en el momento oportuno, que si no me hubieran tenido que poner la canina o a la perra la paquina… pues eso, que en Canfranc pueblo no había nada y yo iba ya más cansado que un cargador de Semana Santa.

    A la salida de Canfranc me encuentro con una pareja que venía en sentido contrario disfrutando del buen día con un paseo por el monte desde Villanúa. Les pregunto si queda mucho para el pueblo, el hombre se sonríe cuando la mujer me responde que nada, media hora como mucho. ¿Qué iba a decir la pobre? Efectivamente, una hora y pico después entro en Villanúa y aquí me quedo. Es preciso antes de hacer el camino entrenar, es preciso antes de hacer el camino entrenar, es preciso… pero yo como el que oye llover. El dolor en los gemelos y en los muslos de las piernas era considerable. Como tampoco llevo guía del camino tampoco sé si aquí hay albergue, tampoco me preocupa, me acerco a una especie de hotel u hostal que parecía cerrado, aquí parece todo cerrado, llamo al timbre y aparece un hombre. Me quedo y después de una ducha me doy con voltarén en las piernas, alcohol de romero y neutrogena en los pies, aspirina para la cabeza y un almuerzo para recuperar fuerzas. Desde una silla en el balcón de mi habitación tiendo la ropa que he lavado en la ducha y compruebo como va cambiando el tiempo, primero se nubla luego comienza a correr un viento frío que pela y por último se pone a llover. Los picos de las montañas que diviso desde el balcón parecen ir cubriéndose de nieve.

    Por la tarde, como sigue lloviendo decido acercarme a la tienda de la gasolinera que en distancia está más cerca que el restaurante donde almorcé. Me aprovisiono de lo que tienen, que no es mucho y hago una cena espartana. A las diez de la noche me meto en el catre.

    15,2 kms.
    28 de mayo de 2007

    Me levanto a las 6:30 y una hora después estoy en la tienda de la gasolinera tomando un café de máquina, nada más salir se pone a llover, como lo hace flojito me paro y le pongo la funda a la mochila y yo sigo protegiéndome con la capucha de la sudadera. Pero algunos kilómetros más allá tengo que pararme y sacar la capa de lluvia. Como no llevo guía no sé cuántos kilómetros hay desde Villanúa a Castiello de Jaca pero se me hace eterno, sin embargo el tramo es mucho mejor que el de Somport a Villanúa. Para llegar a Castiello hay que subir, subida que acaba en la iglesia, sigue lloviendo y me paro al resguardo de sus muros a echar un cigarrillo. El voltarén no ha hecho efecto y las piernas me duelen desde la ingle hasta el dedo gordo de ambos pies. El siguiente trayecto hasta Jaca se me hace más corto. A la salida de Castiello hay que atravesar el río por unas piedras, las horizontales están bajo el agua y las verticales sobresalen pero andar sobre ellas de piedra en piedra lo considero una autentica locura, pues un pequeño desequilibrio significa acabar en el agua. Así que me descalzo, ato las botas a la mochila y el agua está helada, me cubre hasta la rodilla, pienso en volverme atrás, pero no hay otra opción, o tal vez sí, más arriba se ve un puente y una carretera. Continúo, apoyando las manos en las piedras verticales voy avanzando hasta que alcanzo el otro lado. Me siento en el suelo y vuelvo a calzarme. Llego a Jaca a las 11:30, pero debo llevar chinchetas en lugar de plantillas y decido quedarme en el albergue donde el año pasado comenzamos el camino Alejandro y yo.

    El albergue lo abren a las 16:00, callejeo un poco y luego entro en la cafetería o lo que sea “Pilgrim” donde pico algo durante dos horas. A las 15:00 ya estoy montando guardia en la puerta del albergue. Nada más entrar lo primero que hago es lavar la ropa que llevo puesta y cuidarme los pies y las piernas. Ya me ducharé mañana, o más tarde, o pasado mañana, o dentro de una hora o dos.

    En el albergue hablo con uno de los seis peregrinos con los que coincidí en el canfranero. Se ha quedado rezagado porque tiene un “espolón” en el pie, ¿o era en el cerebro? No lo recuerdo exactamente, creo que era en el cerebro. El espolón hacia que no pudiera caminar bien porque se le inflamaba el cerebro ¿o era el pie?, puf, qué memoria la mía.

    Tengo móvil nuevo. Es decir, que lo compré poco antes de comenzar el camino. Todavía no domino la mayoría de las opciones que tiene.

  13. El peregrino Francisco Barroso también dejó escrito su diario del año anterior.

    A esta hora aparece Alejandro. Y a las diez estamos en el tren que nos dejará en Zaragoza. Una vez aquí nos vamos a ver la Pilarica. De vuelta intentamos encontrar un lugar que hemos visto a la ida para comer pero que no conseguimos encontrar. Lo hacemos en un bareto cutrecillo.
    En una avenida, junto a un Corte Inglés había unos leones de cartón piedra pintados cada uno por un autor diferente. Feísimos todos. En una tienda de regalos veo pequeños gatitos de cerámica. Entro pues no quiero tentar a la suerte de volver a llevarle al amigo Salvador, coleccionista de gatos, otro pin de un toro de Osborne, diciéndole que es un gato con cuernos. Que después se enfada y me corresponde con música para brujas y akelarres diversos, cantidad de rara la música.

    De vuelta a la estación de las Delicias cogemos el tren que nos dejaría en Jaca. Bueno, lo de tren también es un decir. Un vagón de tren. Y más que vagón… me recordó al artilugio que sube al Peñón de ¡Gibraltar español! Circulaba entre cortes hechos a las montañas, y pasaba tan cerca que las ramas de la vegetación que crecía en ellos chocaba contra los cristales del vagón. Y se movía como los coches de las películas mudas.

    Cenamos frente a la Catedral. Antes Alejandro había asistido a misa y yo, después de un par de cervezas y un par de llamadas telefónicas, a la segunda parte de la misma, cuando el cura dice aquello de: “Podéis ir en paz”.

    Dormimos muy bien, según Alejandro a base de ronquidos haciendo un trío con un par más de peregrinos.

  14. 1 de octubre de 2001
    Viaje en tren

    Salimos a las 9:15 de Valencia, llegando a Zaragoza a las 14:30 para coger el tren a las 15:20 dirección Canfranc (Estación). ¡Es curioso ese tren tan corto, nunca había visto ninguno parecido! La subida en tren desde Zaragoza a Canfranc es preciosa, con sus montes, su verde, sus túneles…

    Llegamos a las 19:30 a Canfranc-Estación y nos encontramos con la Oficina de Turismo de vacaciones del 1 al 7 de octubre. Aun así también habría estado cerrada porque a las 19:00 la cierran.

    Nos fuimos al albergue Pepito Grillo (un poco más arriba) y el chico que nos atendió fue muy amable. Este albergue es para todo el mundo, no sólo peregrinos, pero esa noche no había más que una chica que subió con nosotros en el tren (no era peregrina, supongo que sería turista).

    El albergue en sí está muy bien, con sus baños nuevos, habitaciones con literas y una sala con su televisión incluida. Nos costó unas 1.400 ptas. por persona.

    Fuimos a una tienda que está casi al final del pueblo, cerca de la farmacia, porque las otras estaban cerradas y ésta cerraba a las 21,00. Compramos algunas cosas para el día siguiente.

    Y nos fuimos a cenar al bar Mati, que, por cierto, es menú casero y muy bueno y por 1.500 ptas. cada uno con ensalada, postre y café.

    De aquí nos fuimos a dormir.

    Somport – Jaca

    Día 2 de octubre de 2001
    32 km.

    Tiempo veraniego y abrasador (increíble, verdad)

    Nos subimos con un autobús de Canfranc-Estación hasta la antigua frontera de Somport (8:45).

    Empezamos a caminar a las 9:15 llegando a las 9:00 a Somport.

    Aquello es precioso y supongo que nevado aún más. Empezamos entre praderas y enseguida llegamos a Candanchú, donde había un crucero en memoria de los peregrinos. Dejamos la senda y entramos en la carretera girando a la izquierda y pasando por un puentecito en la misma curva, entramos enseguida otra vez en senda y seguimos bajando.

    De repente, nos encontramos con una compañía de militares que iban de instrucción y al poco de andar llegamos a Canfranc-Estación. Atravesamos el pueblo por un túnel y a mano izquierda cogemos más senda, donde hay un cementerio y al lado un puente medieval-románico. Vamos por sitios donde la combinación de flora, agua, sol era mágica.

    Pronto llegamos a Canfranc pueblo.

    Es preferible ir por la izquierda, atravesando el pueblo y pronto nos adentraremos por el valle, que es precioso, andando por el lado izquierdo del río Aragón.

    El próximo pueblo ya sería Castiello de Jaca, donde tendremos 1 km. de subida por asfalto. El trayecto hasta Jaca desde Castiello es por camino con piedrecitas al lado de la carretera, pasando por debajo de varios puentes, en su mayoría, pero también cerca de Jaca fuimos por camino entre árboles teniendo una buena subida de unos 500 m. hasta Jaca.

    Al llegar arriba atravesamos el pueblo por el casco nuevo recto y está poco señalizado, llegando a la iglesia de Santiago a las 19:00. Nos dieron las credenciales y nos sellaron y a las 20:00 fuimos a la misa para que nos bendijeran. Rápidamente fuimos al albergue, cerca de la iglesia, que por cierto está muy bien. Vale 700 ptas., tiene cocina.

    Fuimos a cenar después de la misa y al restaurante “La Campanilla” que, por cierto, está muy bueno el menú y por 1.300 ptas. A las 23:00 cerraban el albergue, así que fuimos a dormir y, como estábamos de doloridos nos quedamos para descansar al día siguiente y poder ir a ver la iglesia de San Juan de la Peña.

    Jaca

    Día 3 de octubre de 2001
    Día de descanso

    Descanso en Jaca para ver la ciudad e ir a San Juan de la Peña (monasterio viejo, monasterio nuevo) y Santa Cruz de la Serós. Fuimos en taxi (5.000 ptas.). Día de tiempo inestable, mañana soleada y alguna nube. Hacia la tarde se nubló completamente y cayó una buena tormenta, refrescó un poco el ambiente.

    En la Plaza Mayor, frente a la catedral de Santiago, “Casa Fau”, con tapas muy buenas.

  15. Después de cenar he ido a buscar la estación de autobuses y ver los horarios de subida a Somport. El primer autobús sale a las 8:30, como decía Internet. Tengo que estar 20 minutos antes para que no haya problemas. La parada está apenas a 10 minutos del hotel. El despertador está a las 6:30 y a esa hora me levantaré.

    En la calle de la habitación hay un pub que mete demasiado ruido, a ver si se calla pronto y duermo bien.

    Somport – Jaca (11/8/2001).

    Por la mañana me he levantado temprano 7:15, he esperado un rato desde que ha sonado el despertador por que tenía mucho tiempo. He bajado a desayunar en el hotel (600 ptas. una pasada) y me he acercado a la estación de autobuses donde tras 20 minutos esperando en una mañana clara pero fresca he cogido un bus amarillo que me ha llevado a Somport (295 ptas.).

    Allí hemos bajado una pareja y un señor, todos para hacer el Camino.

    La emoción era latente y marcaba el inicio de un recorrido. Se ha pasado la frontera para dar unos pasos por Francia y simbólicamente prepararse para el comienzo de un recorrido. Algo soñado y esperado se iniciaba en ese instante.

    En seguida he entablado conversación con el señor mayor, después sabría que se llamaba Mariano Latorre, y con la pareja. Ha durado poco pues enseguida Mariano y yo hemos iniciado el descenso por un sendero marcado por flechas amarillas y por marcas rojas y blancas del GR-63. El inicio es una bajada fulgurante que permite en 10 minutos pasar a la altura de Candanchu. El sendero es tremendamente agradable y nada cansado, sobretodo con el frescor de la mañana. En una hora y tres cuartos se ha llegado a la estación de Canfranc donde tras la visita de la estación en la oficina de turismo de Aragón, nos han colocado los primeros sellos (3 nada menos). Nos ha atendido una muchacha italiana que es cooperante del Camino de Santiago de Aragón, esta muchacha era tremendamente agradable y nos ha proporcionado información.

    Después hemos ido a la torre restaurada por el Ministerio de Fomento por la construcción del túnel de Somport que se inaugurará próximamente. Esta visita ha sido motivada porque Mariano no tenía la credencial y aquí se la han proporcionado. Desde este punto hemos continuado bajando por un agradable sendero hasta el pueblo de Canfranc. En este sendero Mariano ha sacado la merienda que llevaba (longaniza y chorizo de Teruel) que junto con una barra de pan que hemos comprado en una tahona nos ha servido de comida. El lugar era muy agradable pues tenía una cascada muy aparente para la ocasión. Estando allí un grupo de chavales que estaban de parranda nos han ofrecido un poco de cava mientras que estábamos almorzando.

    A estas alturas ya habíamos hecho grupo Mariano y yo. Él es un inexperto en la montaña y lo único que ha hecho es algún paseo en los alrededores del pueblo donde trabaja (Extremadura). Esa inexperiencia le lleva a buscar compañía y me ha encontrado a mí. Los dos vamos sin mochila pues ambos la hemos dejado en Jaca, por lo tanto es muy cómodo para mí el paseo. A Mariano a estas alturas ya le veía cansado y con algún problema en los pies. Le compensa que es una persona de agradable conversación.

    Desde el lugar del almuerzo hemos bajado tranquilamente hasta Villanua. Nos hemos tomado una cerveza en un bar en el centro del pueblo. Aquí hemos conocido a dos aragoneses que también están haciendo el Camino, nos ha sorprendido que llevaban un jamón en la mochila. Con motivo de ello hemos conversado un rato. Desde este punto empieza la parte dura de esta jornada. El sendero se convierte en camino y las sombras desaparecen. Primero por un camino cabañero hasta un camping. Todo este paseo adornado por un horrible sol. Segundo, después de cruzar la carretera por un camino de reparcelación con cantos grandes sueltos hasta Castiello. Pueblo que se entra por la parte alta y se baja hasta el bar de carretera. Después de tomar una coca cola iniciamos el último tramo que transcurre al lado de la carretera con interminables subes y bajas.

    Se entra en Jaca por la fuente de la Salud lo que obliga a atravesar todo el pueblo hasta el albergue donde nos pusieron tres nuevos sellos (Jaca, diputación de Aragón y de los voluntarios del Camino).

    La chica del albergue que es francesa es muy agradable. Es una voluntaria del Camino de Santiago, nos ha hecho una foto que publicarán en el boletín del Camino. Ha quedado que no lo mandarían (efectivamente mandó el boletín, pero sin nuestra foto). Se sorprendió por el podómetro.

    Como resumen se puede decir que es una etapa larga y dura y que la parte final no aporta nada (desde Villanua). Se ha iniciado a las 9:15 se ha llegado a Jaca a las 18:15. Son 44.560 pasos equivalentes a 31,192 kilómetros (cada paso de 70 cm.).

    Mi compañero cuando hemos llegado llevaba una ampolla importante en el pie izquierdo, aunque tiene propósito de continuar. El entrenamiento es fundamental para tener éxito. Hemos cenado en una terraza enfrente de la Catedral (unos mejillones pequeños de esos que se llaman de roca que estaban exquisitos). Me he acostado a las 11 y hemos quedado a las 7 de la mañana.

  16. El autor nos advierte de la importancia del entrenamiento antes de la realización… Al menos en su caso, y aunque no menciona la estatura, nos habla de 150 kg, eso sí, con mochila incluida.

    (…)

    Tras subir al tren, continuamos camino hacia Canfranc-Estación, a donde llegamos a las 19:30. Tras despedirnos del revisor, nos tomamos un pequeño tentenpié en un bar y nos fuimos a la parada del Mancobús, que llegaría a las 20:00 para llevarnos hasta Somport. Llegamos a la parada a las 19:50, y entonces, pasó algo tan inesperado como espectacular. Llega un coche de la Guardia Civil y tres Land-Rover de la Policía Nacional y montan delante de nuestras narices y en menos de dos minutos un control policial, con chalecos antibalas, subfusiles Star Z-70 B y demás parafernalia. Paraban a todos los vehículos y les tomaban las matrículas. Mi hermano y yo nos quedamos alucinados, porque todo esto era exactamente delante de nosotros.

    A las 20:01 llegó el autobús de la Mancomunidad del Valle Alto del Aragón y nos llevó hasta Somport. Por el camino nos encontramos a una hermosa vaca en nuestro carril que parecía poco dispuesta a dejarnos pasar. La solución, intermitente y adelantamiento a una vaca. Demasiadas anécdotas para una sóla tarde, pensaba yo.
    En Somport nos bajamos, justo frente al albergue Aysa, el más caro del Camino con diferencia (dormir por 2.000 pesetas en el saco, latas de refresco por 250, bocatas de fiambre por 450, etc). Éramos los dos únicos peregrinos del albergue, aunque había 4 ingleses que montaron un auténtico espectáculo jugando al futbolín.
    La noche se dejó caer y mi hermano sufrió las primeras consecuencias de mis ronquidos. Lo siento, pero es que no lo puedo evitar. Estábamos los dos sólos en una habitaciónde tres literas, pero en la siguiente noche, en Jaca, el albergue era una nave, y yo lo sabía. Algo tenía que hacer con los ronquidos…

    A las 07:00 del martes 12 de septiembre suena el primero de los seis despertadores que habíamos programado para tener la seguridad de que no nos quedaríamos dormidos. Como quedaban otros cinco por sonar, aprovechamos para remolonear un poquito en la cama a la espera de que fueran sonando los otros minuto a minuto, hasta que a las 07:05 sonaba el último, lo cual implicaba pasar de la posición horizontal a la vertical, más conocido por “levantarse” (he de reconocer que era la cosa que más odiaba de todo el camino, aunque creo que no es culpa del camino, ya que en casa me pasa lo mismo; ¡es que se está tan a gustito en la cama…!). La credencial la habíamos sellado la nocha anterior.

    Tras el desalojo de legañas y la toma de contacto con la vida real después de lavarnos (el agua fría de Somport es realmente fría) procedimos a darnos un pequeño homenaje culinario a base de barritas y frutos secos con zumo de frutas en la misma habitación, y una vez hecha la mochila, había llegado la hora de comenzar de verdad nuestra aventura.
    Eran las 07:45 y comenzábamos a caminar. Nos esperaban 32 kilómetros de descenso. Me había puesto un Compeed en cada una de las dos ampollas que tenía en los talones, y había drenado las otras dos que tenía donde se une el dedo gordo con el pie. ¿Aguantaría la caminata con las ampollas? ¿Se resentiría el muslo izquierdo de mi hermano? ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¡Esta última sí que me la sé! Vamos a Jaca.
    A los pocos cientos de metros de comenzar, nos encontramos con un poste que sostiene unos carteles donde se nos recuerda que estamos en el mismo sitio donde años atrás se encontraba el Hospital de Santa Cristina.

    El día estaba despejado, ni una nube, aunque al estar encajonado entre montañas, el sol se resistía a darnos los buenos días. Me faltan palabras para describir los paisajes que se presentaban ante nosotros. Estamos hablando de los Pirineos, y tan sólo se me ocurre un simil, tan infantil como real. ¿Os acordais de Heidi? Pues así era el paisaje, con montañas, árboles, verdes praderas a nuestros pies, montañas peladas que se presumen cubiertas de nieve en tiempos más fríos. Como diría Jesulín de Ubrique, todo esto se puede resumir en dos palabras: im presionante.

    Nos acercamos al primer puente de madera, compuesto por dos troncos largos dispuestos en forma logitudinal y varios tablones a modo de travesaños, como en las vías del tren, y aquí viene la primera anécdota. ¿Recordais que aquí el nene con todas sus cositas pesaba más de 150 kilogramos? Bueno, pues al acercarme al puente, no se me ocurre otra cosa que pisar el primer travesaño por un extremo para tomar el puente, y como os imaginareis, el tablón pivotó y me golpeó en la rodilla izquierda, como en las películas de risa, y para risa la que me dió a mí. Apenas me hice daño, pero la situación era tan ridícula que no pude evitar el partirme de risa, como riéndome de mí mismo.

    Tras la autotontería del tablón, seguimos nuestra marcha y la senda se transformó en un camino de tierra que atravesaba un bosque. Llevábamos tan sólo unos 3 ó 4 kilómetros caminados, y en ese camino eran abundantes los excrementos de vaca. Más bien parecía un campo minado.
    Entoncés le prégunté a mi hermano…”Oye, brother, no creo que por aquí haya vacas sueltas, ¿verdad?”, a lo que él me contestó lo que más me temía…”Pues no lo sé, digo yo que si hay vacas por aquí, irán con un pastor”. Y para darle más emoción al asunto, mi hermano llevaba sobre la mochila un saco de dormir de color rojo pasión estilo nueve semanas y media que hasta la vaca más cegata podría divisarlo a más de un kilómetro de distancia.
    Aumentaban los excrementos y las pisadas de vaca, y al poco rato escuchamos un potente mujido vacuno. Levantamos la vista y… allí estaban. Por el camino, y en dirección opuesta, venían caminando tranquilamenmte cinco vacas de color canela, sin pastor y con unos cuernos tan grandes que bien se podría sintonizar con ellos Canal Plus. Y ahora estoy seguro que os vais a reir de mí, pero esta es la pura verdad. Es en estos momentos cuando uno se da cuenta de que somos “demasiado de ciudad”, y no sabemos qué hacer ante una situación tan aparentemente ridícula ante los ojos de alguien que esté acostumbrado a ver vacas. Porque… ¿las vacas muerden? ¿pican? ¿cornean a los caminantes? ¿escupen? ¿te lanzan sus cacas (nueva modalidad olímpica)? ¿en realidad presentan algún tipo de peligro las vacas que andan sueltas por un camino en el Pirineo? Todas estas preguntas y algunas más me las hice en menos de diez segundos, y había que tomar alguna determinación. Ante la duda, optamos por subirnos al ribazo que había a nuestra izquierda y esperar a que pasaran las vacas. Y así lo hicimos. Y mientras estábamos medio escondidos esperando a que terminaran de pasar las vacas, yo me preguntaba…¿estaremos haciendo lo apropiado, a modo de medida preventiva? ¿o por el contrario estaremos haciendo el gilipuertas, escondiéndonos de unas inofensivas vacas?. Lo que sí tenía claro era una idea… “cuando cuente esto en la lista, más de uno se va a mear de la risa debido a nuestra ignorancia”.

    A los 7 kilómetros de camino llegamos a Canfranc-Estación, a allí se dejaron ver por primera vez los rayos de sol. Era una mañana fresca y despejada (y con vacas sueltas, que se iban a pastar y volvían sin necesidad de pastor) y de repente, escuchamos en este bello lugar unos rugidos. ¡No me fastidies que también hay tigres!, pero no. Eran nuestros estómagos que descaradamente pedían algo para pasar el rato. Y como somos muy buenos chicos, nos fuimos a un bar de Canfranc-Estación a las 10:00 y nos dejamos querer por unos platos combinados a base de huevos fritos, patatas fritas y chorizo frito. Como digo yo, colesterol con patas. Sin olvidarse de las tres latas de refresco reglamentarias y el agua para repostar la cantimplora y la botella de litro y medio que llevamos.
    Antes de salir de Canfranc-Estación, nos acercamos a la oficina de información del Camino que había allí, para preguntar cómo se salía del lugar por el Camino Aragonés. En esa misma oficina había dos peregrinas jovencitas (20-22 años) que iban a preguntar lo mismo que nosotros, y que tras obtener la información, salieron disparadas. Seguramente lo hicieron al ver la cara de satisfacción y placer que teníamos mi hermano y yo, y se pensarían que queríamos ligar o algo por el estilo, cuando la expresión de nuestras caras se debía a lo a gusto que nos habíamos quedado tras aniquilar tan potente almuerzo y, además, mi hermano tiene 43 años y yo 34, y ya estamos viejitos para estas cosas, aparte de que ambos tenemos pareja formal y estable, y somos unos chicos muy serios en estos temas, aunque nada serios en todos los demás.

    Al salir de Canfranc-Estación nos encontramos a un abuelete la mar de simpático, y todos los días se iba caminando de Canfranc Estación a Canfranc-pueblo y vuelta. En total, aquel buen hombre de 87 años caminaba 8 kilómetros todos los días. Ése era su gran secreto. Tras despedirnos de él y haber contemplado el fuerte de Coll de Ladrones, seguimos nuestro camino hacia Canfranc-pueblo, dejando a nuestra derecha la Torre de Fusileros, en la cual ondeaban las banderas de la Comunidad Europea, España y Aragón. Al poco tiempo llegamos a Canfranc-pueblo, donde repostamos agua y vimos desde fuera la iglesia, que estaba cerrada y presentaba un aspecto algo deteriorado por el exterior, sin un estilo definido. A la salida de Canfranc-pueblo cruzamos por el puente medieval de los peregrinos y nos encaminamos hacia Villanúa. La bajada hasta Villanúa era realmente vertiginosa, pero a partir de ahí, el valle se ensancha y la pendiente disminuye bastante sin llegar a desaparecer.

    Villanúa era el sitio elegido para acallar los nuevos rugidos estomacales, ya que eran las 15:00 y los platos combinados de las 10:00 los teníamos en los pies.
    Nos acercamos al albergue Tritón, que es albergue de peregrinos y refugio de deportistas de invierno y montañeros. Es un albergue particular muy bien cuidado y coqueto, con su propia página web y su correo electrónico
    ( http://www.refugiotriton.com y albergue@r… ), e incluso tenía biblioteca de montaña, todo un lujo no muy caro para ser particular, ya que dormir costaba 1.450 pesetas y comer valía 1.275 pesetas. Y a eso fuimos, a comer. Por 1.275 pesetas nos comimos unas migas con jamón, unos filetes de ternera con patatas fritas y pimientos de Padrón (unos pican e outros non), pan, agua y un postre, añadiendo a este precio mis tres latas de refresco (por supuesto).
    Allí nos sellaron la credencial y continuamos nuestro camino hacia Jaca, aunque todavía nos faltaba por atravesar una última población: Castiello de Jaca. Todo el descenso lo hacíamos acompañando al curso del río Aragón, desde que salimos de Somport.

    A mitad de camino entre Villanúa y Castiello de Jaca escuchamos unos pasos a nuestras espaldas. Era una pareja de catalanes (Alex y Berta) que habían salido de Somport dos horas más tarde que nosotros, y nos habían dado alcance debido a dos motivos: caminaban un poco más rápido que nosotros, y no se paraban para comer, ya que llevaban barritas energéticas y se las comían caminando. Tras una grata charla, les dijimos que no se cortaran, que nos adelantaran, y así lo hicieron.
    Un poco más delante nos los encontramos refrescándose los pies en el río, por lo cual les adelantamos, pero llegando a Castiello de Jaca nos volvieron a dar alcance, cruzamos otras palabras (querían llegar hasta Burgos) y nos volvieron a adelantar.
    Caía la tarde y el astro rey bostezaba.

    Tras la gran subida y el gran descenso que suponía pasar por Castiello de Jaca, paramos a merendar al lado de una acogedora sombra, junto a un supermercado y cerca de una máquina de refrescos (cayeron cuatro latas, lo siento). Aproveché para comprar pinzas para la ropa en el supermercado y tras la merienda proseguimos nuestro último tramo hacia Jaca.

    Ya sin sol, la luz del día se iba apagando y a lo lejos se veía Jaca. Poco antes de llegar a Jaca, hicimos un alto técnico en unas moreras de moras frescas, dulces y enormes, que endulzaron nuestros ultimos kilómetros hacia la capital jacetana. A mi mente volvió el tema de mis ronquidos.
    En el albergue de Jaca, las camas de los peregrinos están en una nave común para todos. Subiendo las últimas cuestas que llevan al interior de Jaca llegué a la conclusión de que lo más apropiado era comprar unos tapones para los oídos para regalárselos a los peregrinos que allí hicieran noche, ya que yo no puedo evitar el roncar, y ellos no tienen por qué sufrir las consecuencias de mis gruñidos nocturnos. Pero ahora viene otro problema: son las 20:45 (nos hemos tirado 13 horas para llegar a Jaca) y las farmacias estarán cerradas. No queda más remedio que buscar una farmacia de guardia, y tuvimos suerte, ya que en la misma calle Mayor, muy cerca del albergue, había una farmacia de guardia. Allí compré 2 cajas de 6 tapones para los oídos y nos fuimos a cenar antes de ir al albergue. Una vez cenados a base de bocatas, tapas, y cuatro botellas de refresco (¡es que no tenían latas!), nos fuimos andando con los pies doloridos (parecíamos una mezcla entre las muñecas de Famosa y Chiquito de la Calzada) camino del albergue, nos recibió una hospitalera francesa que nos atendió muy bien, nos selló la credencial y subimos en busca de nuestras camas.
    Vimos a Ales y Berta que ya llevaban un buen rato en el albergue y estaban cenando en la cocina. Pero me llevé una gran sorpresa al ver que en el dormitorio la gente ya estaba durmiendo, y eran las 21:50, y se supone que la hora de dormir era a las 23:00. ¿Y cómo coño hago yo ahora para repartir los tapones a los que ya están dormidos? ¿Los despierto y les cuento la historia de mis ronquidos? ¿O dejo que los “disfruten” por la noche? Opté por no despertar a nadie, pero aproveché en los servicios para comentar a los que estaban lavando la ropa la historia de mis ronquidos, a lo cual sonreían y decían que no sería para tanto. Yo insistí (más que nada porque conozco mis ronquidos, que a mí no me molestan, pero al que tenga cerca puede llegar a crearle una fractura craneal con pérdida de masa encefálica) y les dije con buen rollo y textualmente: “No hablo en broma, ronco muy fuerte y no puedo evitarlo, lo único que puedo hacer es ofreceros unos tapones para los oídos, pero si no los quereis, no me desperteis por la noche diciéndome que deje de roncar, ya que se trata de que todos descansemos bien”. La respuesta fueron sonrisas amistosas y sin ningún tipo de maldad, como diciéndome: “Veeeeenga, que no será para taaaaaaanto”.
    Llega la noche y todo el mundo a dormir.

    A la mañana siguiente, una chica de Pamplona (Maribel) había cogido su colchón y se había ido a otro piso debido a mis rebuznos noctámbulos, Alex y Berta no pegaron ojo a partir de las cinco de la mañana por el mismo motivo, una pareja de chicas me miraban con cara de mala leche por mis ronquidos, pero a la vez con cierta resignación por no haber aceptado mis tapones. Y es que ya lo dice el refrán: el que avisa no es traidor, es avisador.

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  19. TRANCO: SOMPORT-JACA
    Juan G. Atienza

    Cuando se emprende una determinada ruta, hay que hacer abstracción de cómo hemos llegado al punto de partida. La que nos abre el Camino de Santiago desde las alturas del Pirineo aragonés exige que alcancemos sus inicios después de haber pasado por lugares que volveremos a atravesar cuando la sigamos como peregrinos. Cerremos, pues, los ojos en ese camino de ida e imaginemonos que nuestro itinerario da comienzo en el punto preciso en el que los antiguos romeros atravesaban los límites territoriales del reino de Aragón.

    Estamos a 1631 metros de altura. Al otro lado de la aduana que marca la línea fronteriza que abre el valle del Aspe, por el que ascendían los peregrinos que llegaban desde Tolouse y Oloron. Nos encontramos en el Summus Portus, hoy Somport. Aymeric Picaud indica en su itinerario que la jornada comenzaba en la localidad de Borce, en el lado francés, para terminar en Jaca.

    Somport era apenas un alto en la jornada, que había sido seguida teniendo como referencia el pico de Aspe, un monte de roca pura y aspecto cónico que se distingue con toda su grandiosidad a la derecha del puesto fronterizo. A pocos metros de la aduana, junto a la carreterilla que conduce a Astún, hay un barcolgado sobre el valle. Por ese lugar preciso pasaban los peregrinos; el camino aún se distingue al otro lado, monte abajo, en dirección a la estación de esquí que ellos nunca conocieron. Lo que sí conocieron fue, en cambio, algo que se ha perdido.

    El hospital de Santa Cristina (…) Nadie podría compararlo ya; las escasas ruinas que quedan se confunden con las rocas que encauzan el río, a la altura del puente que lo cruza, pasado el complejo turístico de Candanchú. Sin embargo, hasta que lo cerraron para siempre a mediados del siglo XVI, cuando la pugna de Felipe II con la Francia hugonota hizo añicos la buena tradición peregrina, este hospital gozó de la protección de reyes y papas y llegó a juntar rentas mayores que las de muchos monasterios. Curiosamente, su leyenda fundacional, otorgando carácter sagrado a sus orígenes, justifica la importancia que tuvo.

    Cuenta esta leyenda que dos peregrinos franceses, caballeros de alta alcurnia, se vieron en peligro de muerte al pasar el puerto en medio de la ventisca. Una cabaña misteriosamente iluminada les salvó de la muerte y les hizo prometer la construcción de un refugio que librase a otros peregrinos del peligro que ellos habían corrido. Al parecer, apenas formulada la promesa, apareció como de la nada un pajarillo portador de una cruz de oro en el pico; el ave, a la que los caballeros trataron inútilmente de atrapar, fue posándose en distintos puntos del valle, junto al río, demarcando con milagrosa exactitud el lugar donde los dos peregrinos se percataron de que la Providencia les marcaba la ubicación exacta del hospital que había prometido reconstruir.

    La leyenda, con toda su simplicidad, contiene las claves tradicionales que revelan el significado de la narración. Ni es gratuita la presencia de los peregrinos que se proponen construir un espacio sagrado -la Qabalah proclama la necesidad de dos buscadores para llegar al descubrimiento de la Verdad-, ni casual el símbolo del ave maestra que indicará, dándose a conocer mediante la Cruz de Oro, el lugar preciso donde habrá de construirse el reciento sagrado.

    Pasado el puente de Santa Cristina, el Camino y la carretera discurren unidos por un trecho, separándose apenas cuando las necesidades del trazado obligan a una pendiente más suave en la carretera que en el Camino. Así se avista, a la izquierda y sobre una colina, una de las obras levantadas por Felipe II ante el peligro del hugonote, la fortaleza el Col de Ladrones, así como la torre defensiva que se yergue a la entrada de Canfranc.

    Canfranc contiene en su estructura el recuerdo de la peregrinación. Su calle principal, paralela a la carretera por la izquierda, fue vía peregrina y, en su extremo, había una iglesia de la que apenas quedan las ruinas de una nave y de la torre gótica. Poco más allá está el cementerio, bordeado por el Camino, que cruza inmediatamente el río por un puente medieval. De aquí hasta la cercana Villanúa, Camino y carretera marchan paralelos o ambos lados del río.

  20. TRANCO: VILLANÚA – CASTIELLO DE JACA
    Juan G. Atienza

    Villanúa es más turística que peregrina, hay urbanizaciones que alejan al pueblo de la carretera, pero conviene acercarse a él, porque conserva en su iglesia una imagen románica de Nuestra Señora, profundamente inscrita en la tradición de las Vírgenes Negras. Apenas a un kilómetro, hay un caserío, a la derecha. Parecía abandonado de no ser por el canto de los gallos. Se entra en él saltando una valla, pero aconsejo ese salto porque en el recinto se encuentra la capilla de Aruej, muy deteriorada, pero una de las muestras más antiguas del arte románico en la comarca. Hoy está depredada, aunque conserva su ábside semicircular y un portal repintado de blanco. Al muro occidental se le han pegado las lápidas de una sepultura reciente.

    A pocos kilómetros, dos escasos, hay otro caserío del que parte, a la derecha, una estrecha carreterilla que conduce a Borau. Si nos sentimos peregrinos, no hay más remedio que emprender esta desviación, que tiene unos dieciocho kilómetros.

    Bueno sería replantear la posibilidad de que los dos accesos principales de la Ruta -éste y el de Valcarlos, que seguiremos después, representasen en su día una especie de doble vía que habría de unirse en Puente la Reina para emprender desde allí, el Camino Unitario. En tal esquema, el presente tramo aragonés vendría a significar el Camino de la Vida, en contraste con el otro, que sería el de la Muerte y quedaría definido por las referencias griálicas que contiene.

    El Grial aragonés cuenta con una leyenda, según la cual fue enviado a Huesca por san Lorenzo, diácono del papa Sixto II, y sacado de aquella ciudad cuando sobrevino la invasión musulmana, iniciando un éxodo que lo llevó primero a Yesa, de allí a San Pedro de Siresa, en el valla de Ansó, cercano al Camino; luego a San Adrián de Sasabe, que es hacia donde ahora nos dirigimos. Ramiro I construyó para esta reliquia la catedral de Jaca, pero después de haber estado allí algunos años fue a parar al monasterio de San Juan de la Peña, donde permaneció hasta el siglo XV, en que Martín el Humano lo trasladaría primero a Zaragoza y posteriormente a la Capilla Real de Barcelona. Finalmente, Alfonso V lo dejaría en custodia en la catedral de Valencia, donde todavía se conserva.

    Ocho siglos de custodia en Aragón del proclamado Santo Cáliz impregnaron de grialismo toda esta comarca que ahora recorremos. Y aunque la investigación académica no ha querido pronunciarse, todo inclina a pensar que estas tradiciones influyeron en los poemas griálicos de Boron, de Chrétien de Troyes y del propio Wolfram von Eschenbach. Sin duda, tampoco estaba ausente esta tradición en la marcha de muchos peregrinos que escogieron esta entrada para emprender su camino hacia Compostela.

    Acceder a San Adrián de Sasabe no es fácil. Para muchos ni siquiera compensaría la fatiga de llegar, pues lo que sí adelanto que habrán de encontrar es, como tantas otras veces, una ruina difícilmente recuperable. Pero creo que lo que significa puede compensar la desilusión ante el abandono en que se encuentra. La carreterilla apenas deja sitio para que se crucen dos vehículos; sube, baja entre curvas hasta Borau, lo rodea y sigue subiendo por el valle camino de Aisa. A unos tres kilómetros, hay que tomar una pista de tierra en mal estado y recorrerla hasta la orilla del arroyo Lubierre, que se forma allí mismo por la unión de dos regatos, el Calcil y el Lupán. Al otro lado del arroyo se levanta el templo, al que llegaremos saltando sobre las piedras del cauce.

    El lugar está abandonado. Lo tuvieron que desenterrar de entre los aluviones. En época de lluvias, o cuando los arroyos se desbordan con el deshielo, todo el recinto del templo se inunda, con la consiguiente amenaza de desmoronarse en cualquier momento. Si damos la vuelta a la construcción, sorteando charcos y taludes, nos encontraremos con el ábside, su parte mejor conservada. Está recorrido a todo lo largo por diez arquitos lombardos, en cuya intersección surgen figuras simbólicas tradicionales: flores, estrellas, círculos concéntricos que recuerdan a los petroglifos de Galicia. Entre estas figuras, dos únicas representaciones figurativas: un rostro femenino y una mano sosteniendo una cruz. Dicen que la primera representa a santa Natalia y la mano a san Adrián, los dos santos patrones del cenobio primitivo de la época visigoda.

    Cabe que sea cierta la interpretación. Si así fuera, convendría recordar la narración hagiográfica, cuya vida se fija durante el mandato de Maximiliano. Adrián era jefe de la milicia imperial y su conversión se produjo mientras custodiaba a 33 prisioneros cristianos. Fue sometido a tortura y en todos sus tormentos estuvo presente su esposa Natalia para darle ánimos, comportándose como la encarnación física de la fe que había abrazado. Esta figura de la mujer animosa está ya presente en los tratados de Alquimia -recordemos a Perenelle, esposa de Flamel-, pero viene a ser también una representación de la Sabiduría de la Qabalah judía: la shekhiná, siempre fiel al adepto y siempre impulsora de su ánimo, lo mismo que Natalia, a quien la Leyenda Dorada pinta casi en éxtasis contemplando las torturas de su esposo y hasta sosteniendo la mano que le cortaron, para guardarla como una reliquia toda su vida. La Leyenda sigue narrando que, años después, Natalia se salvaría de un naufragio gracias a la celeste intervención de Adrián, que gobernaría desde el cielo la nave hasta que se calmó la tempestad y volvió la calma.

    Todo este cúmulo de situaciones se corresponden con las señales del simbolismo tradicional, mostrándonos claves como la de la mano -representativa del hacer del iniciado en la Obra Sagrada-, que enlazan con una actitud esotérica que muy bien pudo estar relacionada con lo que nos cuentan las crónicas aragonesas, según las cuales el obispo García I habría obligado al rey Ramiro I a la expulsión de ciertos religiosos de Sasabe, indignos por sus costumbres perniciosas, y al cambio de nombre del viejo cenobio, que sustituiría su advocación a san Adrián y santa Natalia por la de san Pedro, que es como aún se le suele conocer. Este cambio es significativo, toda vez que nos proporciona la clave de la primacía del fundador de la iglesia romana, que intentó a toda cosa arrebatar su sentido más profundo al simbolismo griálico.

    Regresemos al Camino por el mismo itinerario por el que nos separamos de él. Cuando lleguemos al cruce de Villajuanita, la senda peregrina se separaba ya por la derecha de la carretera actual. Aún podremos distinguir la pista de tierra, que nos seguirá hasta Castiello de Jaca, colgada de la ladera en cuya cima se levantan las ruinas de la fortaleza que dio nombre al pueblo.

  21. TRANCO:CASTIELLO DE JACA – JACA
    Juan G. Atienza

    Desde Castiello de Jaca sale, perpendicular a la carretera y en dirección oeste, el camino que lleva a un significativo monumento románico, Santa María de Iguacel, situado a unos 12 kilómetros del Camino y construido en el siglo XI. Perteneció a las monjas del Cister y hoy conserva todavía una curiosa imagen de la Virgen que se cuenta entre las más antiguas de la Península (siglo XI). Perteneció a las monjas del Cister y hoy conserva todavía una curiosa imagen de la Virgen que se cuenta entre las más antiguas de la Península (siglo XI), adosada a una soberbia reja forjada del siglo XII. Si nos acercamos al lugar, recordemos que, a nuestro regreso, debemos fijarnos en el Camino, que transcurría paralelo a la carretera, la cruzará a la salida del pueblo para seguirla a la izquierda, hasta un nuevo cruce que tendrá lugar, ya a la vista de Jaca, apenas pasado el puente Torrijos, sobre el río que lleva el nombre Aragón.

    Siguiendo el viejo camino pasaremos por la ermita de San Cristóbal, ruinosa desde que dejó de ser guardada por el santero que llamaban el frate de San Cristóbal, junto a la ermita hay un puente romano tan ruinoso como ella, casi cubierto por hierbas y matojos que amenazan con hundirlo. El Camino se une a la carretera al entrar en Jaca, frente a la escuela militar de montaña.

    Jaca ofrecía dos posibilidades: quedarse a su entrada, en el hospital que regían los templarios y frente al cual se elevaba el olmo sagrado llamado Árbol de la salud, hoy desaparecido, para seguir luego el Camino bordeando la ciudad por detrás de la Ciudadella y no entrar en el recinto urbano, o penetrar en ella por la avenida de Francia y la de San Pedro Obispo, que aún conservan la estructura de la Vía peregrina y a cuya vera se alza la catedral.

  22. DE LA CATEDRAL DE JACA
    JUAN G. ATIENZA

    Ante la catedral de Jaca, que es nuestra meta, conviene detenerse a reflexionar sobre su historia, su sentido y sobre los motivos que llevaron a su construcción. Cabe que vengamos a tropezar al frente con sus opiniones generalizadas que defienden los que la han estudiado.

    Según se acepta, este monumento, sin duda uno de los más grandiosos del románico penínsular -es nuestra más antigua catedral-, puedo construirse gracias a los diezmos obtenidos del importantísimo mercado que poseyó la que fue primera capital del reino de Aragón, unidos a las tasas aduaneras por las mercaderías que se importaban del otro lado de los Pirineos y a los atributos con los que los monarcas habrían gravado a los musulmanes de su frontera meridional. Seguro que hay una parte de verdad en esta afirmación, pero conviene considerar que el templo fue comenzado en torno al 1050, cuando Aragón apenas comenzaba a consolidarse como estado soberano y cuando sus núcleos de población apenas eran algunas cabañas apiñadas en torno al monasterio o la fortaleza más cercanos. Si añadimos que la partición del reino por Sancho III, separando Aragón de Navarra, dejó este territorio casi sin urbanizar, convendremos en que Jaca fue apenas un primer conato de capitalidad, concebido por la urgencia de un centro administrativo, por lo que Ramiro I emprendió su reconstrucción a partir de las ruinas de la vieja Iacca, abandonada cuando sobrevino la invasión. Sin embargo, apenas planteada, la catedral se concebía al mismo tiempo que se estaba construyendo la ciudad y su estructura se trazaba conforme a las dimensiones que habría de tener una vez terminada, con la misma grandiosidad que tiene en la actualidad. Y esto sucedía cuando aún no había comenzado la expansión del reino, cuando ni siquiera se podía soñar con aquellas fuentes de ingresos que permitirían su definitivo remate.

    Todo hace pensar que la catedral fue concebida como albergue de algo cuya importancia capital justificaba aquella grandeza imposible. Y creo que sólo el Grial podía dar su sentido exacto a la grandiosidad del templo que estaba destinado a custodiarlo.

    Para cumplir esta función, el templo tuvo que plantearse como portador de un mensaje acorde con la sagrada reliquia que debería albergar; un mensaje que daría cuenta de su significado, concentrando una simbología que rebasaba con creces los límites de la devoción para integrarse en las profundidades del misterio trascendente del ser humano. Sólo así podemos abordar las claves catedralicias.

  23. … El templo tuvo que plantearse como portador de un mensaje acorde con la sagrada reliquia que debería albergar; un mensaje que daría cuenta de su significado, concentrando una simbología que rebasaba con creces los límites de la devoción para integrarse en las profundidades del misterio trascendente del ser humano. Sólo así podemos abordar las claves catedralicias.

    La primera muestra la tenemos en la entrada oeste, la que, por debajo del atrio, daba paso a los peregrinos.

    En el tímpano de esta portada aparece un soberbio crismón de ocho brazos que contiene en su estructura todo el mensaje mandálico, incluso a través de las ocho flores de diez pétalos que lleva inscritas. Los elementos que conforman el crismón constituyen un conjunto de signos ortodoxos en su apariencia, pero reveladores de un mensaje profundo que afecta a su orden y límites. Desde la cruz ansada de la eternidad isíaca de los egipcios, convertida en P -la Ro griega- de un supuesto anagrama de Xristos, hasta el recuerdo del saber serpentino, manifestado en la S que se enrosca en el palo inferior de la misma cruz, el misterio de la simbología acumulado en el crismón viene a explicar que quien sepa leerlo podrá extraer de él la lección que encierra. Por eso, el círculo del crismón lleva una inscripción significativa:

    HAC SCULTURA LECTOR SIC NOSCERE CURA;
    P PATER A GENITUS DVPLEX EST ESPIRITUS ALVMVS;
    HII TRES IVRE QVIDEM DOMINVS SVNT VNVS ET IDEM

    Es decir:

    ”En esta escultura, lector, procura reconocer lo siguiente. P (es) el Padre, A el Hijo, y la doble O del espíritu Anímico. Los tres son, por ley, un único y mismo Señor”

    El mensaje, dirigido ”al que sabe leer”, de la clave espiritual de la unidad de los opuestos: el alfa y el omega, escamoteando la explicación serpentina y haciendo olvidar la interpretación ortodoxa del anagrama con la que se intentó redefinir la simbología del crismón.

    Pero el timpano contiene más mensajes…

    Detenemos aquí las explicaciones de Juan G. Atienza en su ‘Ruta Sagrada’… porque yo recuerdo haber leído algo en lo que parece que él está basándose…. Así que busco a Charpentier en ‘El misterio de Compostela’. Quiero aclararme un poco más, y quizá así lo consiga…

    ”… En todos aparece grabado el crismón, signo sobre el que ya hemos hablado, pero sobre el que habremos de extendernos, puesto que parece haber sido un símbolo mucho más importante que la concha para los constructores del camino de Santiago.

    Lo que se denomina crismón es un signo que parece estar constituido por las letras X y P, mayúsculas de las letras griegas ji y ro. Hace mucho tiempo, se llegó a la conclusión que se trataba del anagrama de Cristo, dado que esas dos letras son las iniciales de la voz griega Christos, el Ungido.

    Se cree también que éste era el famoso signo que Constantino, convertido al cristianismo, habría hecho grabar sobre su estandarte, el labarum, después que una voz le hubiera anunciado: in hoc signo vinces, ”con este signo vencerás”, antes de derrotar a Malencio bajo los muros de Roma.

    Lactancio, que relata la visión de Cosntantino, no habla, por lo demás, de la letra ro, sino de una línea que termina formando un círculo y que atraviesa verticamente una X, que nosotros llamaríamos actualmente cruz de San Andrés.

    Según Geoffrey Russel, el crismón de Constantino sería efectivamente ji-ro, pero se trataría aquí de una variante de la cruz provista de un asa, símbolo de la vida en las religiones de Egipto, y Russel recalca que el enigma del crismón podría en realidad ser muy parecido al del laberinto; siendo idéntico el bucle de la ro al formado por el centro del laberinto.

    Y esto abre algunas perspectivas.
    En efecto, si consideramos una especie de estilización del laberinto reducido a la cruz del centro que separa el ”mundo exterior” del ”mundo interior”, obtendremos esa cruz cuyo brazo superior se dobla para formar un bucle o lazo; signo que, por otra parte, existe en los petroglifos gallegos.

    De hecho, se trata aquí de la cruz provista de asa, jeroglífico egipcio, símbolo de la vida eterna que todas las momias y todas las representaciones de faraones llevan consigo en el momento de comparecer a juicio ante los dioses. Es el signo mismo de la consecución iniciática, el del acceso a la vida eterna.

    Este signo existe también en los petroglifos.

    Pues bien, es exactamente este ”crismón” simplificado -uno de los más antiguos, sin duda- el que encontramos en el monasterio mozárabe de San Miguel de Escalada. Sólo que el bucle se ha convertido en una P, considerada como una ro, y se le ha añadido alfa y omega (signos que también aparecen en los petroglifos).

    Es probable que se trate de una rememoración de la frase: Yo soy el alfa y el omega, frase que, por lo demás, se aplica muy bien a este símbolo de vida eterna.

    La siguiente variación es la aplicación de la P, no sobre una cruz latina, sino sobre una cruz llamada de San Andrés -y no me atrevería a afirmar que no existe alguna idea de arrianismo, por aquel entonces muy afincado en los países meridionales, en ese empleo-; y se obtiene así el crismón que conocemos al que se añaden las A y W que se han hecho tradicionales…

    Se añade luego al conjunto la S latina, que tanto puede ser una letra como la serpiente trepadora del símbolo del caduceo, por diversos motivos parecida a la cruz provista de asa. En efecto, la S no tiene derecho ni revés.

    Naturalmente, se creyó que dado que aparecían letras, era preciso leer este signo como si se tratar de una disposición alfabética.

    Ésta es la tesis generalmente admitida por todos aquellos que pretender leer en él: Christos. Pero esto ofrece muchas dificultades. Ante todo, debido a las mismas letras: ¿por qué esta alfa mayúscula y esta omega minúscula? Y, sobre todo, ¿Por qué esas letras griegas, ji, ro, alfa, omega, junto con una S latina y no una sigma?

    Además, estas letras no están fijas, siendo los cambios de posición entre el alfa y la omega sumamente frecuentes. En Santa Cruz de Serós, incluso, la omega aparece a la izquierda, el alfa abajo y la S a la derecha… Y esto debe tener su significación.

    En tal caso, ¿se trata de letras o de signos?

    No podemos evitar establecer la semejanza entre esas letras y los ”signos” petroglíficos dibujados en los peñascos de Galicia; todas esas ”letras”, en efecto, se hallan en forma de signos en los peñascos; como también se encuentran en los ladrillos neolíticos de Alvao, o los de Glozel: A, X, I, P, w, S. Además, en ellos se descubre igualmente la estrella de seis brazos que forma el crismón.

    Se impone también otro hecho. El crismón es un signo del camino de Santiago. Es un signo de constructores pirenaicos. En el Norte sólo aparece raras veces y, según parece, posteriormente, en tanto que casi todas las iglesias meridionales, desde las más antiguas a las más conocidas, lo muestran. Desde Jaca a Compostela, no hay una sola que no lo tenga.

    Éste es el motivo por el cual no dudo en ver en este grafismo, cualquiera que sea el origen que se pretenda atribuirle y cualquiera que fuera el empleo que e hubiera hecho de él más tarde por parte de los clérigos, una especie de marca de fraternidad de constructores; sin duda, aquellos que, después de haber sido los ”jacques”, se convirtieron, dentro de la cristiandad, en los ”Hijos del Maestro Jacques”, y que pusieron su firma con ese crismón a lo largo de la ruta iniciática.

    ¿Firma? ¿Pero acaso no es este mismo sentido el que tiene el crismón de la gran vidriera del siglo XII de la catedral de Chartres, obra de un adepto y de cristaleros de Saint-Denis? Leyendo esta vidriera, que se reparte entre las tres grandes ventanas de occidente, de derecha a izquierda como corresponde, el crismón constituye su último medallón, abajo a la izquierda, allí donde el artista pone su firma, al final de la obra.

    Firma; pero quizá también etiqueta o marca de fábrica; una especie de afirmación de que la iglesia revestida con este signo está adecuadamente construida según las normas tradicionales nacidas en épocas remotísimas, y que para el hombre tiene valor de claustro materno… Pues este crismón, incorporado al ”Péndulo de Salomón”, parece que es empleado aún por los ”Compagnons de los Devoirs”, si bien no como instrumento de trabajo, al menos como esquema utilizable en la disposición natural de las construcciones.

    Dado que toda cosa de valor tiene múltiples aspectos, es posible, además que este crismón pueda leerse alfabéticamente

    En el signo más simple, es decir, la rueda de seis brazos con el alfa y la omega, se leería fácilmente IAXO, que puede ser una forma fonética de Iago: Jacques; lo que, después de todo, no es más absurdo que pretender encontrar el nombre de Cristo.

    Considerando solamene las letras que aparecen ”en sobreimpresión” sobre la cruz: ROSA. El conjunto forma ROSA-CRUZ; ahora bien, cuando aparecieron los grandes Rosacruces operativos del gótico, en lugar del crismón dibujaron los grandes rosetones luminosos. Del crismón al rosetón, el camino es directo.

    Finalmente, enigma entre los enigmas, algunos crismones llevan bajo el bucle de la ro una pequeña raya que la convierte también en una tau; y encontraremos de nuevo aquí una palabra que puede ser la palabra clave del famoso cuadrado mágico: Sator, arepo, tenet opera rotas.

    que nadie ha conseguido jamás descifrar de un modo satisfactorio:

    ROTAS, pero también TAROS, el indescibrable juego iniciático.

    El crismón, desposeído de sus letras griegas, tal como aparece dibujado en el panteón templario de San Juan de la Peña, es decir, la estrella de seis radios, es,para los alquimistas, el símbolo del Spíritus mundi, el espíritu universal, que es también la fuerza universal (un poco la N’wouivre de los druidas) que permite, gracias a la concentración y la fijación obtenidas en la Gran Obra, obtener al mismo tiempo la medicina universal y el ”polvo de proyección”, agente de las transmutaciones.

    Pues bien, la ascesis de las ”fraternidades” y las ascesis alquímicas son de la misma naturaleza en sus medios físicos y filosóficos de penetración de la esencia de las manifestaciones materiales.

    Por otra parte, no podemos olvidar que el ”camino de Compostela” es uno de los nombres dado por los alquimistas al largo trabajo de laboratorio que, a traves de operaciones y pruebas sucesivas, desemboca en el resultado final de la piedra filosofal; lo cual explica sin duda este aspecto hermético de los capiteles de San Juan…

    Desde el comienzo del camino de Compostela, el juego está ”declarado”. Se trata de un camino iniciático de gentes que van a buscar, dentro de su oficio y gracias a su oficio, un conocimiento superior, al mismo tiempo que una transformación profunda de sí mismos… y que se inician en esta búsqueda mediante ceremonias desconocidas, primitivamente celebradas en el seno de la Tierra Madre de donde viene todo saber y transformación.

    Éste es sin duda el origen del sentido sagrado de esas grutas, tanto en Santa Cristina como en San Juan de la Peña, que los cristianos utilizaron y que fueron en seguida reemplazadas por iglesias erigidas tradicionalmente.

    Se comprende que Cluny, que fue la mayor abadía de constructores en una orden que había tantos carpinteros y talladores de piedra, hubiera comprobado la necesidad de ”cubrir” cristianamente este camino que vincularía la cristiandad con la ciencia tradicional.

    No parece que Cluny hiciera jamás ninguna tentativa para destruir la tradición pagana de base, antes al contrario, el abad borgoñón parece haber enviado a sus propios obreros, monjes o laicos, a la escuela de esta ”universidad” y es lícito preguntarse si el gran arte de Cluny no tiene quizá su origen en el camino de Compostela. Cuando menos, la abadía adquirió, en ese terreno, tanto como aportaba. En cuanto a pretender dosificar las influencias, como gustan de hacer los especialistas, no es precisamente tarea fácil.

    Los eruditos discuten, con gran acompañamiento de publicaciones doctas, sobre los orígenes de la mayor parte de monumentos: si Santa María la Mayor de Olorón sirvió de modelo a la catedral de Jaca, o al revés; si Saint-Sernin-de-Tolouse fue un esbozo o una copia de la basílica de Santiago de Compostela… Y se habla de influencia francesa, de influencia ibérica, de prioridades, en tanto que es evidente que se trata de una fraternidad de constructores, entre los cuales había gentes que procedían de diversos lugares, incluso tal vez de los árabes, que han dejado su marca desde Tolouse a Compostela

    Sin duda, cuando se organice el camino de los peregrinos ”penitentes”, tales influencias aparecerán … Pero el crismón habrá desaparecido.

    Un hecho hay que recordar: cuando los viajeros abandonaban la región de las grutas de Jaca, de San Juan o Sasabé, pasaban cerca o por el interior de un pueblo que lleva el nombre de Atarés; pues bien, en vasco, Atari significa puerta.

    De este modo, debidamente preparados, cruzaban la puerta del camino.

  24. Pero el tímpano contiene más mensajes. Dos leones flanquean el crismón. El primero, a la izquierda, parece proteger una figura humana agarrada por una serpiente (lo que significa que ha captado el conocimiento). Sobre la figura se lee

    PARECER STERNENTI LEO SCIT, XRSTSQ. PETENTI

    O sea ”El león reconoce a quien se reserva buscando por los suelos Cristo a quién se lo pide”.

    Si damos a ”suelos” el sentido de ”tierra”, pensemos que el león es, en la simbología universal, depositario sagrado del conocimiento que comparte con la serpiente.

    Esto no es exactamente así, estimado Juan G. Atienza. El león es símbolo del poder y la soberanía, de la justicia, como los leones del trono de Salomón, de los reyes y los obispos medievales, también del sol y el oro, la fuerza penetrante de la luz y el verbo. En el medievo la cabeza del león está asociada a la naturaleza divina de Cristo, y la parte posterior, la que pisa a la serpiente y puede que al hombre, y al otro animal del bestiario, con la relativa debilidad de la naturaleza humana… siempre la dualidad presente, Siempre. Y no exento de una pulsión social pervertida: la tendencia a dominar como déspota, a imponer brutalmente la propia fuerza o autoridad… consultando otras lecturas… y considero que el león no parece proteger a la figura humana (o no de forma evidente), y que no es eso lo que el timpano está mostrando. Porque no todos sabrían leer… pero lo que todos podían ver, y podemos, si no somos ciegos, es la figuración, donde el hombre que se arrastra por los suelos como la serpiente, a la que él león sí pisa y atrapa (león que parece tranquilo, como quien domina la situación), trata de liberarla, no sé sabe para qué… mientras el león puede ser que quiera apartarlo… como diciendo voy a seguir pisando a la serpiente. Pero más dualidad. Dos leones, bajo los cuales se encuentran dos criaturas, ¿de la mísma índole?

    Jung dijo de la serpiente: ”Encarna la psique inferior, el psiquismo oscuro, lo raro, incomprensible o misterioso”. Los caldeos tenían una sola palabra para vida y serpiente. La serpiente es un viejo dios que encontramos antes de que las religiones del espíritu lo destronen. Doble símbolo del alma y la líbido. De nuevo la dualidad. El simbolismo de la serpiente es pródigo en sugerencias e imposible, hoy, dejarlas caer por aquí a todas ellas… Citemos sólo tres más: el poder vivificador de la serpiente, su relación con la adivinación y el hecho de que a veces en la época cristiana el Cristo que regenera la humanidad se presenta como serpiente de bronce sobre la cruz…

    Por su parte, el león de la derecha tiene un oso bajo sus garras, y el oso es símbolo de los poseedores de saberes arcaicos; bajo su vientre, una figura alada, que podría ser, como suele afirmarse, un basilisco. Las letras correspondientes rezán:

    IMPERIVM MORTIS CONCULCANS EST LEO FORTIS

    Es decir: ”El león es fuerte para aplastar el reino de la muerte”. Tanto en la figura como en las palabras que la acompañan, el mensaje nos confirma que la iconografía dogmática es mera transmisión de formas religiosas tradicionales, sin duda arraigadas en la memoria de los pueblos que ocuparon en la Antigüedad la Jacetania.

    Ese león, muestra los dientes, o eso me parece a mí. Como si fuera más agresivo o lo estuviera. Y el oso, si es que lo es, y no es un cordero, como he leído por algún lado…

    El oso en el ámbito céltico era el emblema o símbolo de la casta guerrera. En Europa, el soplo misterioso del oso emana de las cavernas. Es pues una expresión de oscuridad (versus solaridad del león), de las tinieblas; en la alquimia corresponde a la negrura del primer estado de la materia. Artemis, divinidar lunar se hace acompañar de un oso…. Para los yakuto de Siberia el oso lo oye todo, recuerda todo y nada olvida. Los tatar del Altai creen que oye por medio de la tierra y los soyote dicen: ”la tierra es la oreja del oso”. Numerosos pueblos altaicos toman al oso por testigo de sus juramentos. Poderoso, violento, incontrolado, como una fuerza primitiva, ha sido el emblema del salvajismo, de la brutalidad. Y es que estamos frente a un arte, el románico, que se desarrolla con una concepción intelectual.

    Luego nos queda el basilisco, que si parece serlo (réptil fabuloso que mata con sólo mirar o con sólo su aliento a quien se le acerca sin haberlo visto y no haberlo mirado primero. Nace de un huevo de gallo viejo, de 7 o 14 años, huevo redondo depositado en el estiércol y empollado por un sapo, una rana o una sierpe. Se figura como un gallo con cola de dragón, -el que podemos ver- o como serpiente con alas de gallo. Todo su simbolismo -dice en mi diccionario de símbolos- deriva de esta leyenda. Representaría el poder real que fulmina a quienes le faltan al respeto, los peligros mortales de la existencia, que uno no advierte a tiempo… El basilisco en medicina y mezclado con otros ingredientes resultará precioso. En alquimia simboliza el fuego devastador que preludia la transmutación de los metales. ¿No es por último en el análisis una imagen de lo inconsciente, temible para quien lo ignora y dueño de quien no lo reconoce, capaz de desintegrar y matar la personalidad? Conviene mirarlo y admitir su valor, ya que de lo contrario seguimos siendo su víctima. Hay dos formas de acabar con un basilisco, un espejo que vuelva su mirada contra él, o bien con sus propios vapores… Pero lo que parece claro, es que nosotros ya lo hemos visto a él antes de que él nos vea…

    Y si el supuesto oso, no fuera tal y el animal resultante fuera un cordero… entonces nos encontramos ante el símbolo del sacrificio por excelencia. El fue la imagen de Cristo.

    Aunque en una página y sobre crismones, acerca de las incripciones, encuentro lo siguiente:

    En el aro marco:+HAC IN SCVLPTVRA LECTOR SI GNOSCERE CVRA: P PATER A GENITVS DUPLEX ESTSP+ S ALMUS: HII TRES IVRE QVIDEM DOMINVS SVNT VNVS ETP IDEM
    En el pie del tímpano: VIVERE SI QVERIS QVI MORTIS LEGE TENERIS: HUC SVPLICANDO VENI RENUENS FOMENTA VENENIS COR VICIIS MUNDA PEREAS NE MORTE SECVNDA
    Sobre el león de la derecha: PARCERE STERNENTI: LEO SCIT XPSQ PETEND..
    Sobre el león de la izquierda: IMPIVM MORTS CON:CVLCANS E LEO FORTIS

    http://www.claustro.com/Crismones/Webpages/Huesca/CrismonFicha_Jaca_I.htm

    Y en otra se dice:

    Dos leones lo custodian, y bajo sus patas un hombre y un cordero son amenazados por serpientes.
    http://www.sasua.net/estella/articulo.asp?f=crismones

    En esa discrepan de Carpentier y sus interpretaciones acerca del crismón pero yo también discrepo de lo que ven ellos…

    Ahora regreso con Atienza:

    VIVERE SI QVERIS QVI MORTIS LEGE TENERIS. HVC SPLICANDO VENI RENVENS FOMENTA VENENI, COR VICIIS MUNDA, PEREAS NE MORTE SECUNDA

    Que, traducido, significa: ”Si deseas vivir, tú que estás sujeto a la ley de la muerte, ven suplicante, desechando venenosos placeres. Limpia el corazón de pecados, para no morir de una segunda muerte”.

    Es, sin duda, la llamada más clara al proceso iniciático, expresada cuando ya se han asimilado los mensajes anteriores: una llamada clara a la aniquilación iniciática, de que la segunda muerte sería regresar sin haberla alcanzado.

    Y hemos terminado, por el momento, con la parte del timpano.

  25. El interior de la catedral de Jaca se nos muestra como una obra maestra. Esa sensación subsiste a pesar de los seculares arreglos sufridos, algunos de los cuales , como la destrucción del primitivo ábside para convertirlo en coro, han hecho desaparecer las proporciones primitivas del templo.

    Hay detalles en la construcción que también han sido mal interpretados. Uno de ellos es la alternancia de pilares cruciformes y columnas, separando las naves. Dicen que fue capricho de constructores. Veámoslo. Desde la entrada hasta el crucero hay seis pilares. Tomando medidas entre ellos comprobaremos que la anchura de la nave central es de 8’45 m por 10’73 m, que es la distancia entre pilares con columna intermedia. Esta medida nos da la proporción 19/15, que ya revelaba el famoso laberinto de Silo y sirvió de modelo para fijar las proporciones de la mayor parte de los templos prerrománicos, prolongándose su esquema hasa el mismísimo monasterio de El Escorial. Lo que significa que, al ser concebida la catedral jacetana, se tuvieron en cuenta modelos sagrados anteriores cuyo origen se pierde en el pasado y resurge misteriosamente en los reinos peninsulares.

    Toda una serie de capillas laterales han servido para instalar en el recinto sagrado una serie de santos que refuerzan (el simbolismo de la Tradición arcana. Allí encontraremos a san Miguel el pesador de almas heredero de Hermes), y a sus lados, a san Cristóbal y san Roque, ambos con una rodilla desnuda, como manda los cánones iniciáticos. A los pies del tempolo, a la derecha de la entrada occidental a santa Ana, la Madre de la Madre, la Gran Abuela, exageradamente engrandecida en proporción a la Virgen con el Niño en el regazo que se encuentra a su lado.

    Finalmente, aunque la búsqueda podría prolongarse, merece la pena que veamos a la izquierda, junto al claustro y apenas traspuesta la entrada occidental, la gran capilla considerada como parroquia de la ciudad, puesta bajo la advocación de santa Orosia, que fue una martir sacrificada por los musulmanes en los montes de Yebra, según la leyenda. La capilla, curiosamente, conforma el perfil de los dientes de una llave, cuyo magno sería la catedral entera, como si estuviera destinada a ”abrir un secreto”.

    La tradición de esta santa aragonesa nos dice que fue una princesa aquitana, sorprendida por los moros cuando acudía para casarse con un príncipe godo. Rechazó al caudillo musulmán y convertirse al islam, por lo que fue decapitada junto con todos los miembros de su comitiva y sus restos enterrados en una caverna de la serranía, donde permanecieron hasta que un ángel indicó a cierto pastor el lugar donde se encontraban, encargándole que la cabeza de la martir se quedase en Yebra y su cuerpo fuera llevado a la catedral de Jaca. El itinerario de la reliquia fue, pues, paralelo al del Grial; pero las coincidencias no se detienen en ese viaje, pues si el Grial se considera como recipiente áureo de la sabiduría, santa Orosia, alude al oro a través de su nombre, además de ser mujer -igualmente recipiente de vida-, y fue a pasar a Jaca muy poco después de que el Cáliz fuera sacado de la catedral de Jaca para ser custodiado en San Juan de la Peña. Tales coincidencias inclinan a pensar que el culto de santa Orosia pudo ser muy bien una veneración sustitutoria a la reliquia que le había sido arrebatada.

    A Santa Orosia se la veneró en Jaca, hasta no hace mucho, con una fiesta singular coincidenta con el solsticio de verano. Todos los años llegaba a la ciudad cumpliendo con la tradición, uan auténtica masa de ”espirituados” o posesos, con la esperanza de que la santa les quitase los demonios del cuerpo. A los endemoniados se les llevaba a la capilla de la santa y se les dejaba a oscuras toda la noche, con los dedos de las manos atados con cintas de colores. Al día siguiente, cuando se acudía a buscarles, se contaban las cintas que habían sido arrancadas y cada una significaba que un demonio había salido del cuerpo. Además, de la cofradía de la santa formaban parte gentes procedentes de toda la comarca, que durante la fiesta, usaban ropones y cayados rematados con la cruz patriarcal de doble brazo y bailaban al son de una especie de salterio o zanfona, que llamaban chicotén, y de una flauta especial forrada con piel de serpiente.

    Curiosamente la serpiente reina en muchos rincones de la catedral, cuyos capiteles se han atribuido a un hipotético maestro del siglo XII al que se ha llamado precisamente el Maestro de las Serpientes. El más significativo de estos capiteles también se encuentra en el pórtico occidental y representa a un individuo estilizado medio desnudo y con una serpiente entre sus brazos, bajo la mirada de otros personajes que le rodean. Es el dominador de la serpiente y se ha ganado el respeto de los que lo rodean. Otro capitel en el mismo pórtico representa el martirio de san Sixto -el despositario del Grial-, descubriéndonos claramente la intención que rigió la construcción del templo.

    Aún en el recinto del templo, conviene que el peregrino no se pierda la visita al museo diocesano que se encuentra en el claustro y en las dependencias adyacentes. Allí encontrará una de las mejores colecciones de pintura románica, en su mayor parte frescos salvados de los templos desaparecidos. Entre estas pinturas, presten atención a los ábsides de Ruesta y Bagués, éste último con escenas de la Pasión convertidas en proceso iniciático de la muerte del Salvador, y el primero con una curiosa representación del Pantocrátor de recipientes de aspecto alquímico que flotan en los cielos azules. Igualmente, en el ala del claustro se encuentra una imagen gótica de Nuestra Señora sedente, portadora de una cruz en forma de Tau.

    La catedral es el Templo por excelencia para el peregrino. Los demás, incluso el jacobeo de Santiago, han perdido los elementos que pudieron marcar su mensaje primitivo, o son inaccesibles, como el de las monjas benedictinas. Y a la salida de la ciudad, en medio de un parque, puede contemplarse una antigua ermita románica trasplantada desde Sarsa.

    En Jaca terminaba la primera etapa del códice Calixtino. Aquí haremos también que termine la nuestra.

  26. Nosotros detenemos aquí el avance y retrocedemos para volver a entrar en la Península siguiendo la ruta de Somport por la provincia de Huesca, es una ruta poco utilizada y que no está bien señalizada. Se han extraviado en la zona de Sangüesa tres grupos distintos que han salido anteayer; uno lo ha pasado mal al terminársele el agua, al final les ha dado de la suya un técnico que hacía mediciones para instalar antenas en los montes.

    El Camino hoy es un gran esfuerzo físico pero del que no están excluidos los peligros de muerte que sí tenía en la Edad Media, el Camino está lleno de Osarios de peregrinos que nunca llegaron a Santiago. Sin embargo hay ocasiones dependiendo del frío, del calor o de azares, en algunos tramos por zonas poco pobladas, en que se vuelve a presentar como lo que fue, un viaje entre la vida y la muerte con peligro físico y moral.

    En el camino de Somport hasta confluir en Puente la Reina con la vía de Roncesvalles está Jaca. Esperamos que abran la catedral merodeando por terrazas de bares que rodean el templo; sentados bajo las sombrillas, los turistas con sus cámaras de video.

    Llega la empleada del museo y abre presumiendo de que es la primera catedral románica de España, vale, pase, pero a continuación insiste en que el Maestro Mateo aprendió allí y entonces le aviso de que no siga por ese camino, que venimos de Santiago de Compostela.

    Detrás de nosotros entran unos motoristas alemanes, una joven alemana con arreos de cuero echa unas monedas en la hucha de un altar a Cristo crucificado. En Galicia nadie le echaría limosna a Dios o a Cristo, se les da a uno u otro santo o Virgen, intermediarios con quienes se establecen lealtades personales en una religión con estructura feudal del poder sagrado. Pienso que llamándose catolicismo uno y otro, son cristianos distintos, el de esa gente es verdaderamente monoteísta, el de donde yo vengo, imbuido de paganismo politeísta y panteísta. Pero, bueno, yo de esto tampoco entiendo mucho; sólo lo que veo.

    Varios carteles avisan de que durante las horas de culto se abstengan de visitar la catedral y que, siempre, guarden silencio y la compostura que exige un lugar sagrado. A mi alrededor la cosa se va animando, va entrando cada vez más gente, nadie a rezar y todos a mirar y grabar en vídeo. Son personas de todas las edades en camisetas, zapatillas deportivas y pantalones cortos; están haciendo turismo y el uniforme turista parece estar sometido a reglamento, es el mismo en las Pirámides, en la Expo o en una catedral.

    Le pregunto a la empleada del museo si hay tanto problema con la compostura de la gente. Cuenta que muchos de los visitantes son excursiones de adolescentes con profesores y que pasan de todo, lo dice en un inquietante tono neutro, como de absoluta desesperanza, de nihilismo. La mañana siguiente a los días de excursiones la encargada de la limpieza tiene que rascar las palabrotas que escriben en los bancos. Efectivamente los bancos están llenos de rascaduras.

    Tomo notas sentado en un banco, la gente se pasea con sus cámaras, el fotógrafo instala el trípode y las cámaras, aquí nadie reza; hay en la situación un no sé qué de brutalidad. El fotógrafo se acerca a una caja con cables donde un letrero reza: ”vea la catedral iluminada. 100 pesetas”, echa la moneda y todo se ilumina. Se apresura a hacer las fotos. Es hora de ir marchando, aquello se empieza a llenar, la gente va a las catedrales en verano ateniéndose al mismo horario que a las tiendas. Se está fresquito dentro.

    En una puerta de la catedral está sentado en el suelo un mendigo vestido de hippy rastafari. En la otra puerta, un hombre joven brasileño que chupa un polo naranja y se mantiene dignamente erguido a un lado de la puerta. Una de las columnas que sostienen el arco está gastadísima, el hombre se muestra prudente y habla en tono pesaroso, nos cuenta que la han gastado las manos de tantos peregrinos que por allí han pasado. Se muestra reservado a pesar de que le hablo en su lengua, al fin me confía que el lugar de más poder en aquella catedral es aquella entrada, debajo del arco entre las dos columnas, la del viento, el bien, y la del calor, el mal. En el medio está la fuerza, si me sitúo allí unos siete minutos lo notaré. No veo que esa fuerza le haya reportado mucho bien a él y desconfío, pero acabo haciéndole caso con humildad, uno le tiene respeto a esas cosas. La gente pasa a mi lado y supongo que me tomará por un mendigo metódico que lleva la contabilidad de las limosnas, que escribe su diario o algo así. Pero no noto nada especial ni puedo relacionar nada de lo que me haya pasado luego con este exponerme a lo que aquel hombre llamó fuerza, creo que no me ha acompañado; cualquiera lo sabe.

    Me despido, él se queja de que el Camino es una mentira, todo el mundo va en coche y está explotado como turismo. Se habla del Camino con tanto corazón y es una mentira, dice desengañado, que los albergues cuestan dinero, en el de Jaca le piden quinientas pesetas. Ahora está pensando en ir a Yugoslavia y hacer el Camino desde allí. En los bordes del Camino acampan náufragos y los vagos esoterismos no bastan para calentar la noche de esas almas perdidas.

    A nuestro lado, en el portal, una mujer joven mira las esculturas de los santos mientras habla por un teléfono móvil.

  27. Pingback: A Santiago fui… « Los cuadernos de Yladah

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