– PEREGRINOS ILUSTRES- (‘El Camino de Santiago: Arte y Misterio’) Mª EMILIA GONZÁLEZ SEVILLA

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El Camino de Santiago, Arte y Misterio

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Tras el obispo Teodomiro y el rey leonés Alfonso II el Casto, el primer peregrino lejano del que se tiene noticia es el obispo francés Gotescalco que decide en el año 951 recorrer la distancia entre Francia y la Finis Terrae para postrarse ante los restos apostólicos. Así abre las puertas al movimiento artístico que recorrerá el continente en un viaje de ida y vuelta. Corría el siglo x de nuestra era y, a partir de entonces, empiezan a viajar el arte, la arquitectura, la piedad, la fe, la gastronomía y el misterio que engendraron leyendas y cuentos. Las cocinas empezaron a bullir y se llenaron de imaginación para atender a cientos de caminantes desfallecidos y con los pies ensangrentados de tan penoso andar.

A partir de entonces, según precisa el Codex Calixtinus escrito en el siglo XII por el cluniacense Picaud por orden de Calixto II, empiezan a peregrinar hasta Santiago <<francos, normandos, escoceses, íberos, georgianos, libios, cirenenses y pánfilos de Cilicia, de Judea y otras tribus y naciones… Van poir compañías y falanges y con acciones de gracias presentan al Señor sus votos recibiendo el premio de sus alabanzas>>.

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Estatua de Santiago de Alfonso II el Casto

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El primer peregrino en realidad fue un español, el monarca leonés Alfonso II el Casto, quien en el año 813 había acudido a la llamada del obispo Teodomiro al ser descubiertas las luces misteriosas y el pétreo sarcófago bajo ellas. Dice la Historia Compostelana.

<<El rey rebozando en gozo por tan excelente noticia vino con paso acelerado a esta parte e improvisando una iglesia en honor de tan grande apóstol conmutó el lugar de la residencia del obispo de Iria por ésta que llamarían Compostela>>.

Después del monarca y de Gotescalco, la lista de peregrinos insignes y desconocidos es larga a través de la Historia. En el 956 consta que peregrinó a Compostela el conde Fernán González, creador de Castilla, acompañado de don Damián primer abad del monasterio, y de Sancho I el Craso. Fernando I fue dos veces en el año 1065, para pedir ayuda al santo antes de sitiar Coimbra y después para agradecerle su conquista. En el año 1034 había peregrinado el caballero normando Roger I de Mosny, uno de los más importantes adalides cátaros, y en 1063 llegó a la tumba del apóstol Guillermo el Conquistador, montando el mismo caballo que tres años después llevaría en la famosa batalla de Hasting. En 1096 se postra ante el sepulcro Raimundo de Borgoña, esposo de doña Urraca y padre del futuro rey de Galicia Alfonso Raimúdez, que ya gozaba de la amistad del obispo Gelmírez. A finales del siglo XI consta en las crónicas que llegó al templo el conde Allard desde Flandes, quien a su regreso fue asaltado por ladrones en el monte Aubrac, en el departamento franco de Auveron donde fundó una hospedería con su nombre para evitar sorpresas a otros peregrinos y que regentó personalmente hasta su muerte. En el mismo siglo cubre el Camino la reina Petronila.

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Ya en el siglo XII constan otros peregrinos destacados: Guillermo de Poitiers, que murió al llegar a Compostela en 1137, fue enterrado en la catedral y generó la leyenda del misterioso don Gaiferos, que se supone es el propio Guillermo. San Luis VII de Francia llega en 1154, acompañado de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona. En 1149 se postró ante el sepulcro la infanta doña Sancha acompañada de su capellán el canónigo Pedro Arias o Pedrarias. Veinte años antes lo había hecho Matilde de Inglaterra, hija de Enrique I, ya viuda a sus veintitrés años de Enrique V de Alemania.

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En los siglos XI y XII es larga la lista de monarcas que peregrinan a Compostela, entre ellos Alfonso VI, Ramiro I, Ramiro II, Alfonso IX de León que asiste a la consagración de la nueva catedral. Entre los caballeros ilustres de esta época hay que reseñar a varios alquimistas, entre ellos Raimundo Lulio, que llegó a la basílica en 1267. En 1212, mientras en Sevilla se construía el más alto minarete almohade que llamarían la Giralda, llegaban a Santiago el duque Leopoldo de Austria, el arzobispo Gillermo II de Burdeos y el obispo Godofreo de Nantes con pocos meses de diferencia. El rey de Jerusalén, el templario Jean de Brienne, tomó el bordón de peregrino en Tours el 3 de marzo de 1224, según las crónicas. Pero no llegó hasta la basílica compostelana porque en Burgos, donde hizo un alto en su peregrinación, aceptó matrimoniar con doña Berenguela, hija de Alfonso IX. Es uno de los datos que explican que el rey de España siga ostentando la corona del rey de Jerusalén.

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En 1270, Alfonso de Poitiers, al partir para las cruzadas, estableció en su testamento que <<en la iglesia de Santiago de Compostela se establezca una vela que arda noche y día, perpetuamente, delante del altar… por la peregrinación que tenemos prometida a Santiago que la cumplamos>>. La vela sigue ardiendo día y noche. Durante siglos, las cuentas de los senescales reales registraban veinte libras de parte del hermano cabildo de la basílica compostelana como <<limosna del conde de Poitiers>>. No fue la única donación de la corona francesa. Carlos V de Francia añadió la restauración de la capilla axial del Salvador que pasó a llamarse Capilla de los Reyes de Francia y Luis IX donó una gran campana para la catedral. En el siglo XIII también consta la peregrinación de Eduardo I de Inglaterra cuando era príncipe de Gales y su país se mantenía aún bajo la autoridad religiosa de Roma.

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En 1340 llega al sepulcro compostelano santa Brígida acompañada de su esposo Wolfgang de Nericia y en 1326 había llegado santa Isabel de Portugal, nieta de Federico II y de Jaime el Conquistador y viuda de Don Dinis de Portugal, que recorrió a pie la distancia entre el Pico Sacro y la basílica y ofreció al cabildo <<su corona con valiosas piedras y una rica vajilla a más de sus brocados de corte>>.

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Detalle del cuadro pintado por Zurbarán

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La reina portuguesa volvió en 1335 a pie desde su país y pobremente vestida. Sobre su sepulcro en Coimbra la estatua yacente muestra tallado en piedra el bordón de peregrina que recibió de manos del obispo compostelano y al que se le atribuyen propiedades milagrosas.

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No todas las llegadas de nobles fueron pacíficas y piadosas. En 1384 llegó desde Inglaterra el duque de Lancaster que partió de Brest para invadir A Coruña. La ciudad coruñesa fue defendida por sus ciudadanos de los ataques de las mesnadas del inglés, con la ayuda de peregrinos que conocieron el asedio al llegar a Santiago. La defensa resultó insuficiente porque A Coruña cayó en manos del de Lancaster, que luego peregrinó pacíficamente hasta la tumba del apóstol con su familia.

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En el siglo XV consta la peregrinación de Juan II, del conde Gaspar de Cili, yerno de Segismundo de Alemania, con sesenta caballeros en monturas enjaezadas al estilo de la caballería andante. También consta la llegada en 1415 de un peregrino llamado Jacques Brente o Breute, que decía venir del mítico reino del Preste Juan, país imaginario del Medio Oriente que algunos sitúan en la Jerusalén conquistada donde se asentó el Gran Maestre del Temple. Brente llevaba por todo equipaje un breviario den lengua caldea y unas monedas, montaba un mulo de <<raza etíope y desconodía las lenguas de España>>. Al término de su peregrinación retornó a su país por Sicilia según cuenta Goichoechea en sus ‘Rutas jacobeas. El episodio más aventurero de este siglo fue el del caballero de Bohemia León de Rosmithal de Blatna, cuñado del rey de Bohemia, que el 26 de noviembre de 1465 sale de Praga con cuarenta acompañantes y más de cincuenta cabalgaduras. Llegó a Compostela en agosto del año siguiente y encontró la catedral convertida en fortaleza en pie de guerra, defendida por la madre del arzobispo compostelano a quién había hecho prisionero el regidor de la ciudad Bernal Yáñez de Moscoso en una de las muchas refriegas entre los señores feudales, los irmandiños y la prelatura. Los peregerinos bohemios consiguieron entrar en el templo para cumplir su voto, no sin antes descalzarse y abandonar sus armas. Una década después llega como peregrino Fernando el Católico, que había ordenado perseguir con rigor a los señores gallegos que asaltasen a los peregrinos. Y en 1495 llega el monje germano Herman Küning de Vach que, a su regreso, escribe una guía para los peregrinos normandos y sajones.

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La duquesa de Borgoña estableció, en su Libro de Horas, que abril y septiembre eran los meses mejores para el peregrino porque partía, así, con buen tiempo y regresaba antes de la vendimia y de los primeros fríos.

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Las peregrinaciones aumentaron a partir del s.XII cuando Guillermo de Aquitania fue acusado de hereje por san Bernardo de Claraval. El duque peregrinó a Compostela para demostrar su inocencia y murió en el interior de la basílica, tras haber confesado el mismo día que llegó, que era Viernes Santo. Su muerte se consideró ejemplar y la noticia hizo aumentar las caravanas hacia Compostela. También ayudaron a propagar la peregrinación los alquimistas que acudieron en busca de la perfección y el conocimiento.

Sabios como Nicolás Flamel, Raimundo Lulio, Arnau de Vilanova, Roque Gaillade o Ruperto de Cisa peregrinaron hasta la tumba del Hijo del Trueno y del Fuego, el Boanerges al que consideraban su protector.

En el siglo XVI, uno de los acompañantes que llegaron a España en 1502 con Felipe el Hermoso, prometido de doña Juana, hija de los Reyes Católicos, decidió abandonar el séquito principesco y cumplir voto de peregrinación. Fue Antoine de Lalaing, señor de Montigny, que cubrió andando el Camino desde Burgos hasta Compostela pasando por Oviedo. En enero de 1510 llegó Gonzalo Fernández de Cordoba, el Gran Capitán, que fue recibido por el arzobispo Alonso III Fonseca a quien obligó a leer un documento en el interior del templo reconociendo públicamente que <<en mis victorias vi cosas muy señaladas e muy evidentes que parescieron ser en my ayuda e fuerça de mis victorias del gloriosísimo Senyor Santyago>>. El militar regaló una lámpara de plata con sus armas grabadas que aún hoy se enciende, como él pidió, cada mes de agosto en su memoria.

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El 25 de julio de 1544 don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, llegó como peregrino para agradecer al apóstol su victoria sobre los franceses y en 1554 Felipe II confesó y tomó la comunión como peregrino antes de partir para casarse en Winchester con la reina inglesa.

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En 1609 Jacobo Sobieski, padre de Juan III de Polonia, peregrinó a Santiago para agradecer la independencia de su país del poder del Gran Turco, y viajó acompañado de una corte en la que figuraba un cronista que tomó buena nota de los incidentes de la peregrinación. Treinta años después, gracias a estas notas el propio Jacobo escribió una crónica en la que calificó de <<fastidioso>> su paso por Asturias y León. François de Vic, señor de Rieux, quiso agradecer peregrinando en 1612 el hecho de haber sido liberado tras nueve años en galeras del Gran Turco. Y en 1613 el caballero irlandés O’Sullivan, conde Biraven, decidió quedarse en Santiago con sus nobles hasta el fin de sus días, y escribió a Felipe III agradeciéndole la creación del Seminario de Santiago para hijos de nobles escoceses enviados anteriormente como rehenes por la corona inglesa.

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Cosmo de Médicis llega a Santiago el 3 de marzo de 1669 y el cronistas de su séquito criticó el lluvioso clima compostelano: <<La continuata ed incesante pioggia che per se mesi d’inverno, quasi renze alennaa intermissione disecata dil celo>>. La ciudad le resultó desagradable al de Médicis, que comentó escandalizado la costumbre de abrazar por detrás el busto del apóstol. La susceptibilidad del florentino estaba a flor de piel. Lo único que le gustó fue, al parecer, el gigantesco botafumeiro de plata de la basílica.

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Hay que referir dos anécdotas más de reales peregrinos. Luis XI de Francia, el primer <<rey cristiano>>, ofreció al templo compostelano material para fundir dos campanas. Pero dice la leyenda que, una vez fabricadas, no pudieron ser utilizadas porque <<eran tan grandes y su sonido aterrorizaba tanto que no se tañían porque su estrépito hacía parir antes de tiempo a las preñadas>>. Y el 22 de junio de 1719 llegó al templo, <<a las cinco de la tarde>> según archivos catedralicios, el destronado Jacobo III de Inglaterra y VIII de Escocia, que había recorrido toda Europa pidiendo ayuda para recuperar el trono. Sólo le quedó el recurso de apelar al apóstol que no pareció escucharle.

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Hay que recordar, que el voto hecho por Ramiro I ofreciendo su reino al apóstol, tras la batalla de Clavijo, lo han respetado sus sucesores en el trono de España hasta el día de hoy. Tan sólo se suspendió la tradición durante la Segunda República española pero volvió a implantarse una vez finalizada la guerra civil. Igualmente estableció el monarca que los reinos de España costeasen el mantenimiento de la catedral y del cabildo, pero las Cortes de Cádiz acabaron con esta tasa en 1812.

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Cabe reseñar también que el único rey cristiano que nunca pudo peregrina a Compostela, a pesar de las falsas crónicas de su admirador y poco fiable biógrafo el obispo Turpín, fue <<el Cristianísimo Emperador>> Carlomagno. El sepulcro fue descubierto en el año 813 y la noticia tardó muchos meses en divulgarse. El <<emperador de la barba florida>> murió justo un año después, en el 814. Por tanto no tuvo tiempo de organizar peregrinación alguna si es que llegó a conocer el milagroso descubrimiento, diga lo que diga Turpín cuaya crónica ha sido apodada como la Pseudo-Turpín.

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Catedral de Santiago

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En el siglo XVII se popularizó la Gran canción de los peregrinos franceses.

Au coeur avions si gran désir

de voir Saint Jacques,

q’avons laissé tous nous plaisirs

pour faire ce voyage

(Teníamos un gran deseo en nuestro corazón / por ver a Santiago / que hemos dejado todos nuestros placeres / para hacer este viaje)

El grito común a todos los peregrinos con el que se daba la orden de partida en cada etapa o se animaba a los desfallecidos, era ¡ultreia!, algo así como el ¡adelante! o el plus ultra como grito de combate o avanzada.

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enlazado en: Artículos sobre el Camino de Santiago

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3 Respuestas a “– PEREGRINOS ILUSTRES- (‘El Camino de Santiago: Arte y Misterio’) Mª EMILIA GONZÁLEZ SEVILLA

  1. Está documentada la peregrinación a Compostela de personajes como Luis VII de Francia, Eduardo I de Inglaterra, el duque de Aquitania, Gillermo X, la emperatriz de Alemania, Matilde y, más tarde, los Reyes Católicos, Carlos V, Felipe II o don Juan de Austria. El primer papa que viajó a Compostela fue Juan Pablo II. Lo hizo en 1989. Pero en 1908, había hecho el camino andando, como verdadero peregrino, el futuro Juan XXIII.

    Se asegura que san Francisco de Asís acudió también a dar el abrazo al Apóstol y jocobípetas fueron -la palabra se las trae, pero así se decía en latín medieval- el escritor místico Ramón Llul, santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, san Vicente Ferrer, el pintor Van Eyck y el alquimista alemán Nicolás Flamel. Los alquimistas llamaban su Camino de Santiago a la Gran Obra que les permitía obtener la Piedra Filosofal. Flamel peregrinó, estuvo en Compostela, y pidió al Apóstol que le ayudar a descifrar los jeroglíficos de un libro que se le resistían. Santiago no le contestó pero, acaso por intercesión suya, al llegar a León, de regreso de su viaje, Flamel habló con un médico judío que le desveló aquellos secretos. Obtuvo oro y con él restauró la Tour Saint-Jacques de París, de la que partían los peregrinos que iban a Compostela.

    Entre los españoles, uno de los más famosos fue el escritor don Diego de Torres y Villaroel, que siguió, desde Salamanca, el Camino Portugués y contó su viaje en un largo romance.

    Con mi bordón en la mano,
    al cinto mi calabaza
    y la casa de las Conchas
    al hombro, pecho y espalda,
    a caminar empecé
    y no por la Vía Láctea
    sino por donde juzgué
    que algún camino llevaba,
    porque no digan de Torres
    que desencaminado anda.

    LUIS CARANDELL

  2. Pingback: A Santiago fui… « Los cuadernos de Yladah

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