GUIADOS AL ENTRAR EN SANTIAGO DE COMPOSTELA POR UN SANTIAGUÉS

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El Camino entra en tierras de Santiago de un modo muy contradictorio: lo buscado es inminente y la presencia intuida ilumina cegadoramente estos últimos kilómetros, sin embargo, el recorrido, aunque tiene algunos tramos hermosos, es una travesía por los lugares más brutales, más sin aura y más característicos de la contemporaneidad. Primero se cruza un nudo de tráfico y una autovía en el borde del mismo aeropuerto de Lavacolla, más adelante están las instalaciones de TVE en Galicia y TVG, y un cámping-whisquería. El día es nublado y la mañana es fresca y buena para caminar. Ha reaparecido fugazmente la flecha amarilla, seguimos por una pista bordeada por chalets que adornan sus rejas con la vieira. Dos perros miran pasar en silencio a los peregrinos.

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MONTE DE LA DECEPCIÓN

Nos acercamos al monte do Gozo y nos recibe una señalización triunfalista y enorme, adecuada para los coches en una autopista obscena para la humildad del peregrino. Coexisten las flechas amarillas pintadas con los ostentosos paneles. Caminamos por un rueiro de casas y llegamos adonde estuvo siempre la antigua capilla de San Marcos, una capilla emblemática desde donde los peregrinos divisaban las torres de la catedral. Hoy la capilla está anulada por un cercano adefesio gigantesco que conmemora la visita del papa Juan Pablo II, que concentró allí a muchísimos jóvenes de toda Europa en el año 93. De todos modos ya no se puede ver la ciudad porque en la finca justo detrás de la capilla se levantan unos altos eucaliptus y detrás de ellos un chalet.

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*Camino de JJCOSTA

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Seguimos ahondando en la decepción, más adelante está el inmenso complejo hostelero construido en este monte que fue tan significativo, una parte de él está destinado a albergue, tras setos y alambre, al fondo de la cuesta está la puerta, una gran explanada de asfalto, no vemos adónde nos dirigimos. Un letrero en medio de la explanada nos indica que debemos subir por unas escaleras toda la cuesta que acabamos de bajar; el peregrino debe subir ahora con la mochila hacia lo alto, donde está la recepción del albergue. No cabe duda de lo que piensan de los peregrinos la gente que lleva este albergue. No cabe duda que los peregrinos no son rentables, estorban.

No hay nadie en la oficina; sobre la mesa está el sello del albergue. En el tablón nuevos recados de unos peregrinos a otros, un recorte de un hombre que dice ser un judío superviviente de Auschwitz que ha caminado 600.000 kilómetros.

Llegan tres chicas de León a sellar, una se queja de alguien que ya no es un crío y que siempre se está quejando. El joven aludido está sentado en un banco allá abajo en el comienzo de la cuesta. La superioridad de las mujeres es tan rotunda que puede resultarnos humillante.

Dejo el empleado ofendido por el desprecio hacia los peregrinos, me siento algo compensado por la gente que atiende allí la oficina de una asociación de productores de miel gallega, que me obsequia un tarro. Nada como la miel, destilado de poder que circula por las arterias y llega a los músculos de las piernas. El pobre joven incapaz de subir la cuesta sólo precisaba la miel.

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ENTRADA DESCORAZONADORA

En adelante es una dura prueba más a la que se sobrepone la ilusión del peregrino, caminar a través del estruendo de la bestia, el tráfico intenso y hostil. Pasamos delante del Palacio de Exposiciones y Congresos, de un hotel nuevo, muestras del nuevo Santiago en que se ha transformado la Ciudad antigua repentinamente en los últimos años. Pero ya no hay flechas amarillas ni tampoco algún tipo de señalización institucional, el peregrino está descorazonado y simplemente le queda seguir como un carnero obstinado hacia adelante.

Llegamos al cruce del antiguo barrio de Concheiros, donde les vendían conchas a los peregrinos, que hoy es un río de coches que no sabe bien por donde vadear. Al final cruzamos y sigue sin haber ninguna indicación del Camino, tenemos que apelar a una guía, a preguntar a un vecino, en mi caso yo soy el vecino y me digo que el Camino sigue por la rúa de San Pedro.

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ACOGIDA DE LA CIUDAD

Este tramo que hemos pasado era la última prueba, en adelante bajando por la rúa de San Pedro la vieja ciudad nos va acogiendo dentro, y empezamos a experimentar una consolación y una gran melancolía.

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*Galería de la Ciudad de Compostela de ANABELNIKOLAI

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Estamos en la antigua ciudad, un dibujo laberíntico de piedra que protege un secreto. La ciudad que nació por designio de una estrella.

Una joven de frente con una camiseta que anuncia la Expo 98 y camina con orejeras de walkman encarna lo contrario de lo que es peregrinar: ella representa en estos momentos una zombi que gusta de errar por espacios inexistentes. Llegamos al cruce de la Porta do Camiño y accedemos a lo que era la ciudad antigua tras los muros.

Ascendemos por Casas Reais, a nuestra derecha está la iglesia de las Ánimas, una devoción muy extendida en el país. La iglesia está cerrada, en la fachada las imágenes de gente en llamas con mirada eternamente suplicante al cielo. La plaza de Cervantes, donde estuvo el antiguo barrio judío, y bajamos por la cuesta de la Acibechería, donde trabajaba el gremio de acibecheiros, orfebres que trabajaban el azabache, carbón durísimo al que se atribuían poderes benéficos, en que tallaban pequeñas imágenes jacobeas.

El peregrino entra en la catedral no por la entrada triunfante e impresionante de la plaza del Obradoiro, ni siquiera por la hermosa de las Platerías, el otro gremio tradicional de orfebres, sino por la de San Martín Pinario, que comparada con la otras parece casi una sombría puerta trasera.

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MORIR Y RENACER

Por ese lado, buscando bien un ángulo, aún podemos ver sobre los tejados del templo la Cruz dos Farrapos, una cruz germana de hierro donde se colgaban los viejos harapos de los peregrinos y se quemaban, un rito de ese final del Camino iniciático; se extinguía la vieja salida y se renacía a una nueva con ropas nuevas.

Cuando es Año Santo en cambio se entra por la Quintana, la plaza tiene dos partes, de vivos y de muertos, ya que una parte fue cementerio. En un lado de la catedral en esta plaza está la Puerta Santa clausurada con un muro de ladrillos que es abierto a golpes de pico y martillo simbólico y duro al comienzo de cada Año Santo, cuando el 25 de julio cae en domingo.

Traspasar el umbral de esta puerta es parte del ritual de absolución de los pecados por la Indulgencia Plenaria. Pero sobre todo es el mejor símbolo de morir a una vida y renacer a otra nueva. Los peregrinos, como Lázaro, son renacidos.

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EL PODER DE LA MUERTE

No es coincidencia que en el final de este Camino iniciático, de muerte y resurrección, esté el sepulcro de un santo muy taumatúrgico. Un santo que a veces mata y a veces da la vida. Son frecuentes los milagros atribuidos tanto de resurrecciones como de muertes. Es un santo fuerte y terrible el de este sepulcro.

El poder de un sepulcro, la llamada de la ceniza. Peregrinar para llegar al final, la tumba, la ceniza. Y ese final es el que permite renacer a una vida nueva. La esperanza puesta en el polvo de los muertos. De eso trata el argumento de la peregrinación a Santiago. De que hay muerte y de que hay esperanza.

Por eso el Camino de Santiago es una propuesta al nihilismo de nuestro tiempo que nos dice que esto es lo que hay, y consume y calla, que no hay sentido ni trascendencia. Que nos dice que sólo hay presente, un presente agotador, que no hay ayer ni hay mañana, que no hay futuro.

El Camino es un viaje de vuelta al origen, y en el origen están los muertos que han vivido antes; está la muerte fecundadora de la vida. El Camino es para los cristianos una nueva oportunidad y también una prueba en vida de que existe la vida eterna. Y el Camino es para todo el que lo haga un vía de religación con el mundo, con la vida, y la comprensión de que somos parte del mundo. El aceptamiento de la vida plena, terrible y maravillosa; y de la muerte como parte de la vida.

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EL PEREGRINO SE PRESENTA

La cuesta de Acibechería conduce hacia abajo a la plaza del Obradoiro por el gran arco del palacio de Gelmírez; bajo el arco toca un gaiteiro que acoge a su resonancia, toca impetuoso y elegante. El gaiteiro resultó ser gaiteira, una feminización gozosa la de esta figura que encarnó la virilidad del gallo; hoy el gallo del corral es una gallina.

La plaza del Obradoiro nos hace naufragar, nadie como el peregrino sabe lo altas que son las torres de la catedral de Santiago. Nadie está tan a ras del suelo, en el centro de la plaza.

Nos acercamos al hostal de los Reyes Católicos, lo que fue albergue y hospital de peregrinos es hoy un hotel de lujo. Conserva el compromiso de dar desayuno, comida y cena a los diez primeros peregrinos que lleguen cada día si lo reclaman.

Damos la vuelta a la catedral, cerca de la entrada de Platerías, está la oficina del Peregrino, en el portal un impresionante montón de cayados que la mayoría dejan allí al llegar. Esos bordones, y los pies, han golpeado en la tierra mucho tiempo para despertarla y obtener de ella algo que faltaba al caminante; la tierra ya se lo habrá dado y ahora esos palos son mágicos y cargados de aura. ¿A dónde irán? Mejor que ardan en la noche de San Juan y se eleven en humo y se esparzan en ceniza.

En el primer piso sentados, o en pie agotados hacen fila para mostrar su credencial sellada a lo largo del Camino y obtener la Compostela, el documento que acredita haber hecho la peregrinación, entera o en parte. Un hombre y una mujer detrás de una mesa tienen tiempo aún de entregar algún plano de la ciudad, de dar indicaciones para alojamiento. De una habitación contigua sale el canónigo encargado de la peregrinación, va a oficiar la misma a las doce para los peregrinos. En ella nombrará el número de peregrinos que han llegado ayer y sus procedencias.

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LOS PASOS DEL SONÁMBULO

Los peregrinos están ahora como sonámbulos y desorientados: han llegado. Y sin embargo, estando alegres están melancólicos. Están débiles, abandonados de deseos casi, esponjados por la debilidad del esfuerzo realizado, reducidos casi a espíritu, espíritus debilitados. Y están también tristes porque el Camino se ha acabado: han llegado. Hacia adelante no hay más y tendrán que salir del Camino: han llegado. Y lamentan haber llegado, no quieren salir del Camino. Esa es la verdad, el peregrino no quiere abandonar el Camino, no quiere dejar de ser peregrino y volver a aquella vida que ha dejado.

Pero volverá, tocado, transformado de un modo que no sabrá trasladar a palabras. Cuando le pregunten qué tal le ha ido no sabrá explicarlo, dirá vaguedades que traducen algo extraño de fondo, nada concreto. Quizá repita, quizá vuelva al Camino. En cualquier caso ya estará siempre dentro, porque ha sido tragado por el Camino, el dragón de estómago vertiginoso que también nos ha tragado a los que queriendo mantenernos al margen, haciendo un trabajo y viajando en coche casi siempre hemos llegado aquí por el Camino. Nos ha atrapado, nos ha hecho suyos. Y sabemos que estamos dentro porque tampoco queremos salir, no queremos volver a ser nosotros, aquellos que fuimos.

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BENDICIÓN

Bajo la hermosísima estatua del Rey David en Platerías un niño orina. Dentro del templo los peregrinos aguardan sentados a que comience la misa, es su misma. Tienen cara plácida y serena, sentados en silencio, países y razas más diversas. Botas sucias, mochilas arrimadas a los bancos, a las columnas. En la misa unos permanecerán sentados mientras otros se ponen de pie, otros estarán de pie mientras otros se arrodillan; son gentes casi todas de cultura cristiana aunque de diversas confesiones, muchos no practican ni conservan ya la fe de sus mayores. Pero están aquí en la misa que se han ganado y esperan recibir la bendición al final del Camino.

La misa avanza, el canónigo tiene que interrumpirla para llamar la atención a los turistas que arman barullo al fondo en el Pórtico de la Gloria haciendo cola para los ritos paganos turísticos. Allí en la penumbra del Pórtico, la figura sedente de gran tamaño del Apóstol ocupa el lugar central, en Majestad, reservado tradicionalmente a Cristo o al Padre.

Los peregrinos rezan el padrenuestro al mismo tiempo pero en idiomas diversos. En un momento dado el cura llama a tres peregrinos a que ofrezcan su peregrinación en nombre de los demás, habla un alemán, una joven de Barcelona que hemos conocido en el Camino y un joven brasileño que nos cruzamos a la salida de Villafranca del Bierzo. Nos había dicho que peregrinaba por razones culturales y espirituales, pero hoy aquí ha ofrecido su peregrinación a su hermano Daniel muerto un año antes. El peregrino suele traer equipaje oculto. Un peregrino se aleja cojeando con su muleta luego de recibir la comunión.

El canónigo reclama la intermediación del Apóstol para derramar la bendición divina sobre ”vuestra peregrinación, vuestras intenciones, vuestras oraciones, vuestras vidas, vuestras familias, vuestras ciudades”, y desea finalmente un feliz retorno a casa.

Los peregrinos se buscan para abrazarse y despedirse. Ayer han llegado algunos que se han conocido en el Camino, mañana y pasado llegarán otros que se han rezagado, quizá vuelvan algunos de los de hoy hasta aquí para encontrarlos. Pero el Camino se ha acabado y no se puede dejar de encarar que ahí fuera y delante espera la vida en el mundo.

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EL DEL SEPULCRO

Antes de salir de la catedral la mayor parte se mezclará entre los turistas para dar un abrazo a la figura del Apóstol y visitar la tumba bajo el altar mayor.

¿Que quién está enterrado ahí? Pues el Apóstol, claro. ¿Quién es el Apóstol? Un decapitado, como Prisciliano, aquel cristiano condenado por hereje maniqueo por la propia iglesia romana y muy venerado en estas tierras; un decapitado, como el hijo del Zebedeo, hermano de Cristo, el Hijo del Trueno, muerto en Palestina. Traídos por sus discípulos ambos, según cuentan, uno desde Tréveris y otro desde Palestina. El Apóstol, el que sea, el que es, está ahí con su lección de esperanza para todos. Al final del Juego de la Oca. Para quien haya andado el Camino: para quien haya vivido en un sueño una vida entera y plena, vívida, en la frontera de la vida y la muerte.

‘LA FLECHA AMARILLA’ (1998)

SUSO DE TORO

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♦ (31) Etapa trigesimoprimera: ARCASANTIAGO DE COMPOSTELA (Camino Francés)

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