DE LOGROÑO A SANTO DOMINGO DE LA CALZADA (por la ruta de los dinosaurios y del castellano)

.

.

En Logroño empieza una etapa serena del Camino jacobeo a través de la tierra en la que <<se cristalizó la Europa en la que aún vivimos>>, según Gregorio Marañón. Algunos estudiosos han demostrado que con el códice escrito por Berceo, el monje de San Millán, en 976 empezó la europeización de España. Hoy los expertos han restado al códice Emilianense algo de importancia en beneficio de otro códice anónimo un siglo más antiguo descubierto en estas mismas tierras. Lo cierto es que aquí empezó la ‘benedictización’ de la región un siglo antes que en el resto de la Península desde Leyre.

.

Según las crónicas, Gotescalco, obispo de Le Puy y príncipe de Aquitania, primer peregrino extranjero conocido del Camino de Santiago, se detuvo en el año 950 en el monasterio mozárabe de San Martín terminado cincuenta años antes, y lo hace <<seguido de numerosa comitiva>>. El obispo franco pide al monje eremita de Albelda de Iregua, Gomesano, que la haga una copia del ‘Tratado de la Perpetua Virginidad de la Santísima Virgen’ de san Ildefonso de Toledo y de otros códices miniados, copias que el monje riojano manuscribe con esmero prolongado algunos. Es el primer manuscrito español que sale del país. Hoy se le conoce como el Códice Gotescalco o Códice Colbertino y se conserva en la Biblioteca Nacional de París. Asimismo, el Antifonario de Albelda, confeccionado entre estos muros, fue una joya del rito mozárabe origen de una triste leyenda:

En el año 1080 Alfonso VI, presionado por el papa Gregorio VII y el Cluny, convocó un concilio en Albelda para decidir sobre la sustitución de la liturgia autóctona hispana, la visigótica, por la gregoriana o francígena. Se dispuso que un Juicio de Dios con fuego aconsejase sobre la decisión. El misal mozárabe salió intacto de las llamas, no así el gregoriano. Pero Alfonso VI, inclinado hacia Roma e influido por su esposa francesa, arrojó el Antifonario Albeldense al fuego de una patada y ordenó que nadie lo retirase. El códice acabó pasto de las llamas. <<Allá van leyes do quieren reyes>> sentenció, desde entonces, el refranero popular mientras los monjes albeldenses contemplaron consternados la desaparición de su valioso antifonario.

.

En este mismo monasterio escribió el monje Vigila su miniado Cronicón Albedense o Crónica Vigiliana que, afortunadamente, se conserva hoy en El Escorial a salvo de caprichos reales. En él recogió el fraile el Fuero Juzgo, las actas de concilios hispanos y europeos de la época, el calendario morárabe, los decretos pontificios y un tratado de aritmética. En tan ingente obra empleó el monje muchos años de escritura hasta su terminación en el año 976.

.

La Rioja es, por tanto, la tierra del idioma castellano extendido a todo el país y nacionalizado, que siglos después hereda todo un nuevo continente convirtiéndose en el lenguaje de casi cuatrocientos millones de ciudadanos del mundo.

También nacieron en la Rioja leyendas imborrables, como la del gigante Ferragut, relatada anteriormente y tallada en la piedra de Estella.

.

El Camino jacobeo sale de Logroño ladeando la colina hacia el sur y volviendo lineal un paisaje hasta ahora abrupto. Pasa por Navarrete, donde el freire templario Bertrán Duguesclin, luego condestable de Francia, estuvo preso en 1366 tras su derrota en Nájera, y de donde partió hacia el macabro paso de Roncesvalles de regreso a Francia. A la derecha del Camino queda el Alto de San Antón, por el que antiguamente atravesaba el Camino entre parajes boscosos hoy casi ralos. Los campesinos del lugar referían historias de peregrinos asaltados por bandidos disfrazados de monjes escondidos entre los árboles que aparecían como fantasmas a la vista del caminante.

Hoy difícilmente podría esconderse en este paraje delincuente alguno. El pórtico románico es lo único que queda del antiguo Hospital de Peregrinos, alberguería denominada de San Juan de Acre, por lo que se le supone factura templaria. Hoy está instalada en la entrada al cementerio de la villa.

Se puede observar en el conjunto porticado un capitel sin fuste en la parte interior, con dos personas sedentes: una de ellas alza una copa mientras come y la otra se alimenta sujetando un gran bordón. También vuelve a aparecer aquí, en la parte más alta del capitel, el combate entre Roldán y Ferragut librado a pocos kilómetros de la villa, en Nájera.

Navarrete gozó de gran importancia en el pasado. Su aspecto de plaza fuerte y sus casas blasonadas dan prueba de ello. En el siglo XVI Ignacio de Loyola viajó hasta aquí con el fin de ajustar sus cuentas con el duque de Nájera, a cuyo servicio había estado anteriormente.

Pocos kilómetros más adelante se encuentra el Poyo de Roldán, a la izquierda del sendero y a la derecha de la carretera, donde todavía se conserva la historia del Prefecto de Francia.

Cuanta otra leyenda que Ferragut vivía en el castillo del Nájera y que Roldán le venció, sin emplazarle a duelo alguno como se relataba en tierras navarras. El prefecto francés arrojó desde el poyo <<una piedra de dos arrobas>> contra el gigante, que recibió la pedrada en medio de la frente. Cayó muerto en el acto y los pares francos apresados salieron libres del castillo. Desde entonces, el montículo es llamado Poyo de Roldán o Porroldán en popular abreviatura.

Sea cierta esta leyenda de la piedra o lo sea la anterior del duelo con lanza, ninguna de las dos refleja gesta digna de caballero medieval. O sea, que para los españoles la heroicidad de Roldán, el de la canción de gesta, queda bastante en entredicho…

El Camino continúa entre viñedos y labradíos con la sierra de la Demanda, y el pico más alto de Castilla, el San Lorenzo, siempre nevado frente al caminante. Dieciséis kilómetros más adelante se divisa la majestuosidad de Nájera desde ‘las curvas de la Degollada’ que no guardan leyenda alguna sobre damas asesinadas, sino que en Navarra se denomina así a las quebradas montañosas. A un lado, una colina coronada por la aldea de Tricio, la antigua Tritium romana que conserva un trozo de la Vía Augusta que las legiones romanas construyeron para unir Zaragoza con Astorga. En lo alto de la colina se levanta la ermita de la Virgen de los Arcos, construida en 1181 y cuya primitiva imagen, según la leyenda, fue traída a España por el propio san Pablo.

La imagen actual de la ermita es del siglo XVI, morena y con una peana tallada con signos similares a los encontrados en las antiguas estelas celtas. No es de extrañar, pues, que anteriormente sujetara una imagen más antigua que la actual. Los signos celtas encontrados en esta ermita permiten a los habitantes de Tricio y a los de nájera considerarse también orgullosos descendientes del antiguo pueblo céltico de los berones, al igual que los de Viana.

Cerca de Nájera está la desviación que conduce hasta el monasterio de Valvanera y a los templos de Suso y Yuso. Vale la pena dedicar una jornada a visitar la cuna del idioma donde nacieron las Glosas Aemilianenses que se conservan hoy fuera de estas tierras. En lo alto de la colina, el monasterio visigótico de Suso conserva tallado en piedra el primer testimonio labrado en castellano, copia del que Gonzalo de Berceo dejó plasmado en pergamino en el siglo XIII. Reposan en su interior los restos de san Emiliano o san Millán de la Cogolla, patrón y protector de Castilla que vivió en este lugar hasta los ciento un años. Su urna es valiosa joya de artísticos marfiles románicos del siglo XI y su enterramiento está cavado bajo una bóveda de roca. La lápida que lo cubre muestra un alfabeto ocultista y varios signos extraños: perros, atlantes, ciegos que ven, lectores sapientes y mandalas celtas de autoría desconocida.

.

.

.

.

Entre los muros de Suso dicen que se emparedó santa Oria -otra vez el oro en el Camino- para evitar las numerosas tentaciones de que era objeto. Berceo reflejó en su obra la virtud de la santa asegurando que <<como era preciosa más que piedra preciada/ nombre avie de oro, Oria era llamada>>. Y allí está enterrado también san Felices de Bilibio, maestro de san Millán, que nació en el último cuarto del siglo V y murió en el 574 con ciento un años. Pastor y tañedor de rabel en su juventud, recibió las lecciones del ermitaño Felices de Bilibio y organizó un cenobio eremita en los montes Distercios. El cenobio estaba formado por varias cavernas excavadas en la montaña dispuestas en dos pisos comunicados entre sí por un pequeño pasillo con dos capillas aledañas. Sobre ellas se erigió, en el 923, el monasterio visigótico de Suso. Conserva su suelo original de cantos rodados grises encastrados con ladrillos al estilo visigótico formando rosetas y esvásticas. Su trabajosa confección le ganó el nombre de Alfombra de Portalejo.

En el atrio del monasterio están enterradas tres reinas navarras, Tota, Ximena y Elvira, y el Señor de Cameros don Tello González. En el centro aparecen alineadas otras ocho tumbas de piedra toscamente talladas que conservan los restos descabezados de los Siete Infantes de Lara y de su ayo, el caballero templario Nuño de Rasuno. Las cabezas de los siete hermanos se conservan en Salas de los Infantes, de ahí el nombre de la villa burgalesa.

La leyenda de los Siete Infantes de Lara resulta dramática. Conzalo Bustios acudió con sus siete hijos a las bodas de su cuñado Ruy Velázquez, hermano de su mujer doña Sancha, con la doncella doña Lambra. Durante la celebración de las nupcias, Lambra se proclamó injuriada por el menor de los Bustios, Gonzalo González, que se vio sorprendido por esta actitud. Sus seis hermanos salieron en su defensa y la recién casada retiró su acusación. Gonzalo Bustios fue enviado, entonces, por Ruy Velázquez a Córdoba con una falsa embajada, ausencia que fue aprovechada por su tío para emplazar engañosamente a los siete jóvenes en los Campos de Almenar. Allí fueron asesinados y decapitados con su ayo Nuño por un ejercito morisco. Poco después regresó su padre don Gonzalo y, al ver las cabezas de sus siete hijos enloqueció de ira. Pero la venganza llegó lentamente con el tiempo. En Córdoba, Gonzalo Bustios vivió un romance con la hermana de Almanzor que quedó preñada a la marcha del castellano. Este bastardo, Mudarra, al conocer la historia de sus hermanastros se trasladó a Castilla para desafiar al asesino de sus hermanos, Ruy Velázquez, al que mató en duelo. Doña Lambra según unos fue quemada viva por orden del moro, y según otros se arrojó a las Lagunas Negras sorianas para evitar el castigo, de donde viene el macabro nombre del lago.

Desde Suso, bajando la colina aparece en el centro del valle el monasterio de Yuso, románico guardián de una magnifica colección de marfiles y de traza arquitectónica similar a la del monasterio de Silos. En su interior se conservan las arquetas de San Millán, construida por orden de Sancho el de Peñalén, y de su maestro san Felices. En el Salón de los Reyes se conservan lienzos de Juan de Rizzi y un retrato de Sancho el Mayor ¡que luce la cabeza de Lope de Vega”…, según los expertos.

.

Volviendo atrás sus pasos, el peregrino entra en Nájera, la regia ciudad que fuera habitáculo romano cuyo antiguo nombre proviene, según Menéndez Pidal, de íberos y celtas asentados en el lugar antes de la llegada de las legiones de Roma. Nagera, Naiara y Naj-ara en la antigüedad, sufrió los avatares de las luchas de los reyes de Navarra y de Castilla contra los musulmanes que la ocuparon y que la llamaron Al-Najra o <<lugar entre peñas>> hasta su incorporación a la corona castellana con Alfonso VIII, en 1176. Fue tomada la villa a los sarracenos por el rey navarro cuando corría el año 923 y convertida, posteriormente, en Corte y Panteón Real durante los siglos X y XI. Sancho el Mayor mandó acuñar aquí la primera moneda de la Reconsquista y, a principios del siglo XI, se fundó una abadía cluniacense. Siglos después surgió el actual monasterio en cuyo altar se venera la Virgen de la Terraza, una curiosa imagen cuyo descubrimiento originó la fundación de la ciudad.

Cuentan las crónicas que la imagen fue hallada por el rey don García de Pamplona, llamado luego <<el de Najera>>, cuando cazaba por estos pagos en el año 1044.

El rey vio cómo un halcón se perdía en el horizonte tras una paloma. Cabalgando en pos de su halcón descubrió un inmenso resplandor en medio del bosque y se dirigió hacia él. La luz salía de una cueva excavada en la roca en cuyo interior encontró a paloma y halcón en amigable compañía a los pies de una imagen mariana que brillaba sobre la piedra. Junto a las aves había una jarra de azucenas frescas que perfumaban el recinto. El monarca decidió que aquel lugar debía ser consagrado y dedicado a enterramiento real. Mandó construir una basílica y creó una orden de caballería, la orden de la Terraza o de la Jarra, que ambos significados tiene la etimología de <<terraza>> en el lenguaje iniciático, y que fue la primera orden de caballería de la Historia.

La orden se convirtió en una Tabla Redonda defensora de imagen y recipiente. Con esta historia vuelven las connotaciones griálicas y esotéricas del Camino de Santiago: la caverna, las luces misteriosas, la virgen negra, el recipiente sagrado y la dualidad o hermanamiento de lo opuesto, en este caso halcón y paloma. El conjunto de tanto simbolismo convierte el lugar en un centro energético. García Sanchez III mandó trasladar a este recinto los restos de san Vicente mártir y de san Prudencio desde el monte Laturce y le pidió al papa el envío de los de san Vital y san Agrícola, que le llegan desde Bolonia. La dualidad se repite insistentemente.

La construcción se trazó de tal forma que la cueva quedara en el interior tras el coro de la iglesia. A ambos lados de la gruta se instaló el panteón real con las tumbas de los reyes de Navarra como eternos guardianes. Allí permanecen las tumbas de doña Blanca de Navarra, biznieta de Carrión, hija de García Ramírez y madre de Alfonso VIII que murió en 1156 durante el parto cuando su esposo, Sancho el Deseado, aún no se había convertido en rey de Castilla; su tumba románica ha sido atribuida al mismo maestro Leodegario de Sangüesa y Chartres. Junto a ella, los sepulcros de doña Mayor, de Sancho IV y de otros monarcas de la Navarra medieval. Pasando entre las dos amenazantes figuras de piedra que guardan la entrada y el panteón, se traspasa el umbral de la legendaria cueva en cuyo pasillo de acceso han sido enterrados otros miembros de reales familias a uno y otro lado. Al final del zaguán subterráneo se abre la gruta de piedra en la que una imagen gótica del siglo XIV, de coloreado y triste rostro, recuerda el milagro del hallazgo.

La imagen auténtica de la morena Virgen de la Terraza se conserva sobre el altar mayor, en un camarín del gran retablo. Bajo ella, otro hueco del retablo muestra la jarra o terraza, siempre llena de azucenas frescas tal como fue hallada.

Hay que subrayar que la azucena es la flor que se repite a lo largo del Camino jacobeo incluso en los lugares más insospechados e inaccesibles. Lo mismo que el olor a madera fresca que, tanto en Navarra como en La Rioja, persigue al peregrino.

.

.

Santa María la Real, pintada por el peregrino Antón Hurtado

.

.

El monasterio de Santa María la Real de Nájera esconde muchos otros signos en ménsulas y capiteles y ese milagro hecho encaje en piedra que es su Claustro de los Caballeros, de principios del siglo XVI, donde la piedra se ha vuelto encaje para filtrar la luz por sus arcadas rodeando el pequeño jardín medieval. Desde 1895 está bajo la custodia de los padres franciscanos que acogen allí a todo peregrino que lo solicita.

Fuera ya del recinto monacal, se puede contemplar el monumento a Fernando III el Santo, en el mismo lugar en que fue proclamado rey en 1217. Se levanta sobre el llamado Campo de San Fernando junto al puente actual, construido en 1886 sobre el anterior de siete arcos tendido en el siglo XII por san Juan de Ortega.

De Nájera el monje alemán Herman Künig dijo, en 1495, que <<la gente es muy burlona, las mujeres del hospital arman mucho ruido pero tienes todo lo que quieres y las raciones son muy buenas>>.

Aquí se pueden reponer fuerzas con buenas raciones de ensalada riojana o de caldereta camerana, un guiso de cordero lechal regado con vino blanco y vinagre cocido lentamente con patatas y distintas hierbas incluida la alcamonía. Es plato tradicional de pastores trashumantes en su largo recorrido con los rebaños hasta <<la Extremadura>> a través de las Cañadas Reales. O puede degustar unas patatas a la riojana, que no son otra cosa que patatas guisadas con chorizo y un sofrito de cebolla, tomate, ajo y pimiento. Si el peregrino desea tranquilidad y retiro por unas horas puede desviarse hasta las Cuevas de Nájera, remontando el sendero que parte del norte de los torreones de Santa María la Real, donde los franciscanos del monasterio le acogerán con simpatía en un pequeño refugio.

Se sale de Nájera por el antiguo Camino Jacobeo que pasaba junto a la abadía cisterciense de Cañas, fundada por doña Aldonza y don Diego Lope de Haro. Hay que desviarse unos pocos kilómetros del Camino para llegar hasta allí, pasado Azofra, la antigua As-Sufra árabe poblada por moros pecheros tras la Reconquista.

Por las curvas de la Degollada, donde dicen que hay mal fario para los automovilistas, continúa el itinerario peregrino. Tras las curvas, aparece majestuosa Santo Domingo de la Calzada que será final de otra etapa en la ruta santiaguera. Cruzando el río Najerilla por el puente cuya construcción dirigió el propio santo, se entra en la ciudad del protector de todo el Camino.

.

Si se tiene tiempo, vale la pena perderse antes por tierras riojanas y visitar Bobadill, Tobía -la antigua Tubalia o Tierra de Túbal, nieto de Noé -llamada también Baños del Río Tobía, donde podremos degustar en la única fonda del pueblo unas buenas judías a la riojana potaje parecido a la fabada asturiana pero con chorizos de la tierra. Desde aquí el Camino se adentra por Peñalba, una elevación junto a la llamada Peña Tobía donde aún existen cuevas dispersas con pinturas prehistóricas y objetos de barro del período cretáceo que estallan al ser sacados a la superficie una vez en contacto con el aire. No en vano atraviesa estas tierras la Ruta de los Dinosaurios, que se extiende por casi toda la sierra de Cameros y en la que se enmarcan las poblaciones de Igea, Arnedillo, Arnedo, Enciso y Anguiano entre otras.

Desviados una jornada del Camino, vale la pena llegar hasta Anguiano para visitar a la morena Virgen del Valvanera, envuelta en los misterios del monasterio que fue abadía benita donde se fabrica un famoso licor de hierbas parecido al que elaboran las comunidades de Silos y Montserrat.

La menuda imagen de Valvanera dicen que fue descubierta por un ladrón llamado Nuño, en el siglo XII, dentro del tronco de un roble seco protegido por un enjambre de abejas. La imagen curó la ceguera de la hermana de Nuño que, agradecido, se aposentó en el lugar como anacoreta para custodiar la talla.

En torno a Valvanera giran numerosas leyendas.

Una de ellas asegura que el Niño Jesús tiene la cabeza forzadamente vuelta hacia el lado derecho porque no quiso ver un pecado contra la castidad que cometía en el interior del templo una pareja de enamorados. Otra leyenda advierte que las mujeres no pueden permanecer en el lugar más de nueve días, al cabo de los cuales mueren de extraños males si prolongan su estancia. Las cruces que antaño se levantaron en torno al monasterio recordaban, según la tradición, la maldición para las hembras. También se dice que la reina Isabel la Católica envió allí a una de sus doncellas para comprobar la veracidad de la historia obligándola a permanecer diez días. La noble moza murió al décimo día de extraño mal. Si la historia es cierta, no dice mucho a favor de la reina castellana.

Otra historia asegura que aún existe en el monasterio la Cocina Santa donde la propia Isabel de Castilla, que viajó hasta allí después del incidente de su doncella, se asombró al ver que no producía ceniza por mucha leña que quemase. Y a los pies del roble donde fue hallada la imagen manaba una fuente que, según las crónicas, alivió la gota de Felipe II, biznieto de la reina católica, en 1592.

Cumplida la visita a la Virgen de Valvanera se debe seguir el Camino por el suroeste siguiendo el curso del Najerilla si peregrina a pie. Si se hace en coche, el retorno se hará por el mismo camino hasta la carretera Logroño – Burgos. Es posible que en estos parajes se encuentren restos fosilizados y huellas de dinosaurio marcadas en las piedras de la serranía.

Bajando hacia Nájera, si se retoma el Camino antes de entrar en la ciudad, aparecerá a los ojos del peregrino una extraña visión: un rostro totémico pintado en lo alto del campanario de la iglesia parroquial, que nadie sabe quién ni cuándo lo pintó. Si la restauración de la torre no lo ha hecho desaparecer, cualquier peregrino podrá verlo antes de bajar la cuesta de la villa.

En Nájera conviene repostar fuerzas. En época de matanza lo mejor es saborear el patorrillo, un plato para estómagos fuertes y sanos que se elabora con la sangre, las entrañas y las patas de cabrito o de cerdo, en un guiso similar al botillo leonés pero sin embutir. Lo mejor es saborearlo en Igea, en plena Ruta de los Dinosaurios, donde sigue elaborándose al estilo tradicional, al menos en el mesón que aún regenta la familia Sáez de Guinoa.

El peregrino, de regreso de las huellas prehistóricas, abocará cansado a Santo Domingo de la Calzada, <<donde cantó la gallina después de asada>> según la leyenda. Hasta el siglo XI no existía Burgo alguno en este lugar ni puente que facilitara el cruce del río al peregrino. El antiguo itinerario pasaba por el norte de la urbe a través de Bañares y Cerezo de Río Tinto. En el siglo XII, Santo Domingo mandó construir el puente sobre el río Oja, despejar el bosque, desviar el Camino desde Nájera hasta Redecilla sobre el puente terminado y edificó el Hospital de Peregrinos que hoy es Parador de Turismo bien restaurado frente a la iglesia del santo. En su interior se conserva el refectorio, donde solía trabajar el santo…

… y se dice que nunca entró una mosca que lo molestara a pesar de carecer de cristales. Hoy tampoco se ven dípteros en el interior de la sala.

Mandó levantar, asimismo la ermita de la Virgen de la Plaza, en torno a la cual fue formándose el burgo a orillas del río. Y volvemos a recordar las misteriosas alusiones a la oca como símbolo esotérico con el nombre del río.

La historia del santo refleja su capacidad de trabajo y su dedicación al Camino. En el año 1090 Alfonso VI le encarga la reparación de todos los puentes que hubiere de Logroño a Compostela -<<pontes qui sunt ab Lucronio usque ad Sanctum Iacobum>>- misión que asume conjuntamente con san Juan de Ortega hasta 1098. Muere el 12 de mayo de 1109 con más de noventa años. Siglos después es erigido como patrón de las Obras Públicas y de los ingenieros.

La iglesia de Santo Domingo de la Calzada, luego catedral, se inició a comienzos del Siglo XII con trazado gótico sobre planta románica. En su cripta se conserva el sepulcro del santo con un mausoleo en alabastro donde se venera la imagen yacente del fundador, que se construyó en una nave lateral del crucero mucho después de su muerte para incluir en el interior de la iglesia la tumba que él dispuso que se cavara en el exterior. La talla yacente es obra de Felipe Vigarny terminada en 1513. Bajo el templete, el sarcófago románico conserva los restos. Sobre uno de los muros de la iglesia se exhibe un trozo de madera de la horca en la que colgaron al protagonista del milagro realizado por el santo.

Cuenta la historia que el joven germano Hugonell, de dieciocho años, peregrinaba con sus padres desde la ciudad alemana de Sanctu, cerca de Wessel, hasta Santiago cuando corría el siglo XIV. Al llegar al burgo se alojaron en el mesón donde una moza allí empleada se enamoró del muchacho. Al no responder éste a sus insinuaciones amorosas, ocultó en su esquipaje una copa de plata y le acusó públicamente de haberla robado. Al ser revisado el equipaje del joven, se descubrió el objeto y Hugonell fue detenido, juzgado y condenado a la horca a pesar de sus declaraciones de inocencia. Sus padres presenciaron la ejecución y velaron toda la noche su cuerpo. Al día siguiente comprobaron asombrados que el joven aún vivía y corrieron a contar lo que pasaba al corregidor. Éste se disponía a almorzar una gallina y un pollo asados y, molesto por la interrupción, les contestó despectivamente que ‘eso es tan verdad que esta gallina y este gallo se van a levantar y ponerse a cantar’. Ante el asombro de todos, las aves asadas se pusieron de pie en el plato y cantaron. El mandatario ordenó, entonces, descolgar al joven Hugonell e investigar lo ocurrido. Al descubrir el engaño la moza fue castigada públicamente y la familia sajona continuó su peregrinación. Desde aquel día, los jueces de Santo Domingo de la Calzada llevaron durante un siglo una soga al cuello en las vistas públicas, en castigo a su incredulidad.

Luego la cuerda fue sustituida por una cinta de color. Frente a la tumba del santo, sobre la puerta de la sacristía, un lucernario ha sido convertido en gallinero donde viven una gallina y un gallo cuyo canto diario recuerda el milagro ocurrido hace seis siglos.

En la primera quincena de mayo, el peregrino puede asistir a las Fiestas del Camino de Santiago durante las cuales se ofrece comida gratis a los peregrinos. Y, si tiene suerte, en esos días podrá ver al <<nubero>> o espantador de nubes, medio zahorío medio mago que, hasta hace poco, recorría los caminos del contorno con sus muchos años a la espalda mirando los cielos. La fiesta jacobea empieza el 12 de mayo, día de la muerte del santo. La fiesta gira en torno a la gastronomía: un cordero asado es consagrado antes del ágape y, con él, se sirve tradicionalmente el pan y la sal a todo forastero que llega con vieira y bordón. La ciudad conserva, año tras año, la secular hospitalidad con los peregrinos impuesta por su fundador.

Al ascender por la Rúa Peregrina hay que fijarse en que la calzada divide en dos la barroca iglesia del Santo, convirtiéndola en la única iglesia divida que luce el templo a un lado del Camino y al otro los restos románicos de su gran campanario de extraña construcción.

Antes del descanso nocturno, el peregrino todavía podrá saborear unos rizos de merluza a la camerana típico plato de la sierra de Cameros consistente en filetes de merluza enrollados y rellenos de gambas, guisados en una salsa a base de vino blanco o coñac, huevos batidos, tomate, cebolla y guisantes. O una sopa riojana, una de los caldos más antiguos de la región hecho con chorizo, jamón, pan, guisantes, patatas, puerros, zanahorias y otras verduras. O puede endulzar el paladar con unos bollos de san Marcos, panecillos dulces redondos hechos al horno con huevo, manteca, levadura y esencia de anís.

Así descansará bien el peregrino a orillas del misterioso río Oja, para encarar al día siguiente una etapa llena de magia y misterio.

‘El Camino de Santiago: Arte y Misterio’

Mª Emilia González Sevilla

.

.

Esta entrada se suma a las siguientes:

♦ (8) Etapa octava: LOGROÑONÁJERA (Camino Francés a Santiago)

♦ (9) Etapa novena: NÁJERASANTO DOMINGO DE LA CALZADA (Camino Francés a Santiago)

♦ COMER EN EL CAMINO DE SANTIAGO (o de la gastronomía)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s