De las ofensas, del pulpo á feira, de la decepción justificada y las diferencias entre hospitaleros en el Camino de Santiago

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Salimos de Palas de Rei y aún leemos en una puerta un cartel gastado de ‘Festival Rock do Camiño’, hay para todos.

Antes de llegar a Leboreiro aparecen ostensiblemente los cultivos de eucaliptus que han invadido todo el norte y el occidente de Galicia. El Camino aquí es un tramo de una vieja vía romana y luego medieval. Cerca de la pequeña y antigua iglesia parroquial, en la fachada de un antiguo hospital de peregrinos, un letrero en hierro, ‘Ruta xubilea’. Tendrá sus veintialgo años, cuando aún no había una denominación de marca, a caballo entre la ruta espiritual y la cultural y la vía de peregrinación tutelada por la iglesia de Roma. Salimos por un puente pequeño y muy hermoso.

En el Ayuntamiento de Melide en medio del Camino han construido un polígono industrial, de modo que aquí los peregrinos deben atravesar por las traseras y las fachadas de naves industriales. Sin comentarios. Quizá lo peor sea que a un lado han levantado una especie de menhir con una placa de bronce a mayor gloria de si mismos una orden fantasma, los llamados Caballeros y Damas del Camino de Santiago. En la placa figuran el ‘Consejo de la Orden’ y las ‘damas y caballeros’, en cabeza está el alcalde de la localidad y numerosos cargos públicos del partido actualmente gobernante en Galicia. Una caricatura esperpéntica de lo que fueron las órdenes de caballerías y el interés por el Camino.

Junto a este fatuo monumento está otro más pequeño a Miguel Ángel Blanco Garrido, el concejal del PP del pueblo de Ermua asesinado por ETA que conmovió al País Vasco y a España entera. Detrás crece uno de los arbolitos que han plantado a la orilla de este tramo y en su tronco la gente al pasar ató bolsas de plástico de colores, cuerdas, papeles… en memoria del joven. Nuevos mitos, nuevos ritos. Sin embargo, vista la mezquindad contigua, uno no puede dejar de pensar también en lo que habrá de explotación política de los buenos sentimientos de las personas.

Sobre una piedra y bajo unos árboles un montón de papeles de propaganda de un hospedaje en Santiago que anuncia su cercanía a la catedral y su almacenaje de bicicletas gratis. Al entrar en el puente de Furelos, puente bien bonito, leo por dentro de una flecha amarilla: ‘Animo. Km. 52,3’.

A la entrada de Melide, una villa verdaderamente interesante y plenamente jacobea, unos peregrinos están sentados en una terraza de mesas de plástico amarillas. Nosotros, que reconocemos mejor los signos del país, nos paramos por indicación de nuestro estómago al llamado de una caldera de cobre donde se cuece el pulpo. A la derecha está Santa María con unas estupendas pinturas murales, pero ahora está cerrada, así que cruzamos la carretera al bajo del edificio, un modesto templo profano, donde ofrecen pulpo y carne con patatas. Es de estilo gallego moderno, o sea ladrillo al aire o cemento, los asientos y las mesas son bancos de madera comos de los puestos al aire libre.

Encargamos unas raciones y le preguntamos al camarero, un hombre no muy guapo con risa algo canalla, si los peregrinos comen pulpo y nos contesta que desde las doce y media llevan despachando pulpo a los peregrinos. Repaso el comedor y sólo veo una pareja de coloridos ciclistas entre el paisanaje. ¿Y traen dinero para pagar? Se ríe, ‘aquí como todos, desde las minas de Kentucky y al sol de California’.

Mientras comemos el pulpo y el pan y bebemos vino tinto, el camarero deambula de mesa en mesa cantando con voz de cuervo como un crooner bronco. Ahora hace gestos obscenos riendo delante de una mesa con varios hombres y mujeres. Este es un restaurante con atracciones. El alma dionisíaca de mi tierra. Un paisano mayor en la mesa de enfrente como el pulpo acompañándolo con una Fanta, le habrá quitado el vino el médico.

Al pagar vemos que tienen a disposición del peregrino un cuño, nos cuñamos las libretas con el emblema de la pulpería.

En el centro de la villa está el edificio que fue hospital de peregrinos, su iglesia es hoy parroquial. La encontramos adornada para la fiesta de San Pedro con una gran guirnalda de alambre y bombillas de colores que representa la tiara de San Pedro. Muy cerca un bajo en rehabilitación donde anuncian la próxima apertura del museo etnográfico Tierra de Melide.

Saliendo entre altos eucaliptus y algún bonito paso de piedras, pasales, sobre el río, encontramos a una expedición de boy scouts, muchachos y muchachas de entre doce y catorce años al cuidado de algunos adultos. Son italianos, de Verona nuevamente. Unos colombianos que estudian en Barcelona han hecho un alto para llamar desde una cabina en esta pequeña aldea. Las nacionalidades se encuentran a lo largo de todo el Camino.

Llegamos a Ribadiso, uno de los mejores y mejor rehabilitados albergues y en uno de los lugares más agradables, al lado de un río muy apto para refrescase. Atravesamos un puente donde una mujer mayor sostiene una caña de pescar fuera de temporada y cree ver truchas donde hay piedras. La mujer conversa con una joven peregrina en el lenguaje internacional de los gestos, palabras sueltas y buenas intenciones que da lugar a confusiones, como que esta joven crea que habla con una lugareña común cuando en realidad la señora aparenta algún tipo de extravío.

Un peregrino sentado en el borde de hierba con los pies en el agua del río está en algún lugar dentro de sí, quizá no aquí, quizá no ahora.

Dentro, unos jóvenes vascos están decepcionados por la actitud de la persona encargada, están acostumbrados al trato desinteresado de los hospitaleros fuera de Galicia. Se quejan de que quisieran descansar sobre las camas de los dormitorios para poder seguir luego hasta otro albergue, la persona encargada les dice que si no se anotan a dormir en éste no les abre porque luego tiene que volver a recoger todo para los que vengan a dormir. Uno entiende el choque de estos jóvenes que han tratado antes con hospitaleros voluntarios con la cultura más funcionarial de estas personas que actúan como las encargadas y empleadas que son. Sin embargo tampoco deja de ver la razón que tiene la encargada; al fin y al cabo, lo que les arguye es cierto y hoy es un día soleado, hay sombras y la hierba está blanda y amable. Además, el albergue como todos en Galicia es gratuito.

Por otro lado hay el factor de embrutecimiento que ha sido el Xacobeo, que fue cuando se abrieron estos albergues y cuando aprendieron su trabajo estas personas. Los jóvenes se quejan de que en la cocina, inmaculada, no hay cacharros, la respuesta es que se inaguró con todo tipo de platos y cacerolas y se lo llevaron todo.

Sale la llamada de un teléfono móvil desde la mochila de una bicicleta arrimada a un muro, nadie se acerca.

En el tablón hay propaganda de cafeterías de la cercana villa de Arzúa y una gran foto de una joven desaparecida el 25 de junio en un pueblo castellano.

Dos jóvenes ciclistas con maillots y aditamentos de colores chillones descansan estirados en la hierba, comentan entre ellos las dificultades técnicas de la jornada, las cuestas, los repechos, el firme, las velocidades que han hecho… En su conversación no salen los lugares que han atravesado. Me reafirma en que la bicicleta no permite vivir adecuadamente el Camino, Eso sí, es mucho más rápida; más rápido aún es el automóvil.

En Arzúa los bares anuncian sus menús con la figura del Pelegrín. A la salida de la villa, una gran piedra y placa de bronce a un cura que murió allí peregrinando. En una vereda, unos hombres con material y un coche entregados por la Consellería de Turismo de la Xunta cortan hierbas y zarzas que quieren arañar al peregrino.

En un prado al lado del Camino sin casas cerca, una rulotte, mesas y sillas de plástico donde dos muchachas despachan bebidas al peregrino sediento. Es frecuente esta modestísima industria que nace silvestre como las setas.

Junto al cierre de una finca una cruz hecha con hierros soldados conmemora algo, una memoria particular que no podemos conocer; seguramente alguien vendrá alguna vez a traer flores a estos hierros en memoria de una persona que ha muerto aquí. Detrás del cierre un cabrón grande y con chiva estupenda nos observa con esa mirada inquietante. Un azor da vueltas en el cielo. Lo santo y lo demoníaco parecen convivir muy cerca del Camino.

Nos estamos acercando a Santiago y han desaparecido las flechas amarillas, paradójicamente es cuando más fácil es perderse.

Compostela está ahí delante, no se ve, se le sabe bajo esta misma luz del atardecer; el peregrino siente físicamente su presencia que lo atrae, por eso en la última etapa los peregrinos corren más, hasta hacerse daño. Es hora de buscar hospedaje. Mañana los peregrinos saldrán más temprano que nunca, a las cuatro, a las cinco de la mañana, para entrar en Compostela a tiempo de estar a la misa de doce, la misa del Peregrino. Hoy están nerviosos y hablan poco; dan vueltas callados alrededor de los refugios de Arzúa, Santa Irene, de Arca, están pensando en mañana.

‘LA FLECHA AMARILLA’ (1998)

SUSO DE TORO

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Esta entrada ha sido enlazada a las siguientes:

♦ (29) Etapa vigesimonovena: PALAS DE REI RIBADISO (Camino Francés a Santiago)

♦ (30) Etapa trigésima: RIBADISO ARCA DO PINO (Camino Francés a Santiago)

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2 Respuestas a “De las ofensas, del pulpo á feira, de la decepción justificada y las diferencias entre hospitaleros en el Camino de Santiago

  1. El texto de Suso de Toro esta un poco caducado. Hace mas de 4 años que no hay alcalde en Melide. Ya ha habido 2 alcaldesas hasta el dia de hoy

  2. Ah, pues muchas gracias por actualizarlo. Ya sé que es antiguo pero él me gusta contando las cosas y lo quiero para que esté en una selección de diarios desde el siglo XII. Mucho más caducado está Picaud pero aunque no me guste…. tiene que formar parte de ello. Se trata un poco de ir viendo a través de muchos ojos, las etapas del Camino y el propio Camino .~)

    Muchas gracias por tu aportación Xeo.

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