CATEDRAL DE JACA – iv – INTERIOR DE SAN PEDRO

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El interior de la catedral de Jaca se nos muestra como una obra maestra. Esa sensación subsiste a pesar de los seculares arreglos sufridos, algunos de los cuales , como la destrucción del primitivo ábside para convertirlo en coro, han hecho desaparecer las proporciones primitivas del templo.

Hay detalles en la construcción que también han sido mal interpretados. Uno de ellos es la alternancia de pilares cruciformes y columnas, separando las naves. Dicen que fue capricho de constructores. Veámoslo. Desde la entrada hasta el crucero hay seis pilares. Tomando medidas entre ellos comprobaremos que la anchura de la nave central es de 8’45 m por 10’73 m, que es la distancia entre pilares con columna intermedia. Esta medida nos da la proporción 19/15, que ya revelaba el famoso laberinto de Silo y sirvió de modelo para fijar las proporciones de la mayor parte de los templos prerrománicos, prolongándose su esquema hasa el mismísimo monasterio de El Escorial. Lo que significa que, al ser concebida la catedral jacetana, se tuvieron en cuenta modelos sagrados anteriores cuyo origen se pierde en el pasado y resurge misteriosamente en los reinos peninsulares.

Toda una serie de capillas laterales han servido para instalar en el recinto sagrado una serie de santos que refuerzan el simbolismo de la Tradición arcana. Allí encontraremos a san Miguel el pesador de almas heredero de Hermes, y a sus lados, a san Cristóbal y san Roque, ambos con una rodilla desnuda, como manda los cánones iniciáticos. A los pies del tempolo, a la derecha de la entrada occidental a santa Ana, la Madre de la Madre, la Gran Abuela, exageradamente engrandecida en proporción a la Virgen con el Niño en el regazo que se encuentra a su lado.

Finalmente, aunque la búsqueda podría prolongarse, merece la pena que veamos a la izquierda, junto al claustro y apenas traspuesta la entrada occidental, la gran capilla considerada como parroquia de la ciudad, puesta bajo la advocación de santa Orosia, que fue una mártir sacrificada por los musulmanes en los montes de Yebra, según la leyenda.

La capilla, curiosamente, conforma el perfil de los dientes de una llave, cuyo magno sería la catedral entera, como si estuviera destinada a ”abrir un secreto”.

La tradición de esta santa aragonesa nos dice que fue una princesa aquitana, sorprendida por los moros cuando acudía para casarse con un príncipe godo. Rechazó al caudillo musulmán y convertirse al islam, por lo que fue decapitada junto con todos los miembros de su comitiva y sus restos enterrados en una caverna de la serranía, donde permanecieron hasta que un ángel indicó a cierto pastor el lugar donde se encontraban, encargándole que la cabeza de la martir se quedase en Yebra y su cuerpo fuera llevado a la catedral de Jaca. El itinerario de la reliquia fue, pues, paralelo al del Grial; pero las coincidencias no se detienen en ese viaje, pues si el Grial se considera como recipiente áureo de la sabiduría, santa Orosia, alude al oro a través de su nombre, además de ser mujer -igualmente recipiente de vida-, y fue a pasar a Jaca muy poco después de que el Cáliz fuera sacado de la catedral de Jaca para ser custodiado en San Juan de la Peña. Tales coincidencias inclinan a pensar que el culto de santa Orosia pudo ser muy bien una veneración sustitutoria a la reliquia que le había sido arrebatada.

A Santa Orosia se la veneró en Jaca, hasta no hace mucho, con una fiesta singular coincidenta con el solsticio de verano.

Todos los años llegaba a la ciudad cumpliendo con la tradición, uan auténtica masa de ”espirituados” o posesos, con la esperanza de que la santa les quitase los demonios del cuerpo. A los endemoniados se les llevaba a la capilla de la santa y se les dejaba a oscuras toda la noche, con los dedos de las manos atados con cintas de colores. Al día siguiente, cuando se acudía a buscarles, se contaban las cintas que habían sido arrancadas y cada una significaba que un demonio había salido del cuerpo.

Además, de la cofradía de la santa formaban parte gentes procedentes de toda la comarca, que durante la fiesta, usaban ropones y cayados rematados con la cruz patriarcal de doble brazo y bailaban al son de una especie de salterio o zanfona, que llamaban chicotén, y de una flauta especial forrada con piel de serpiente.

Curiosamente la serpiente reina en muchos rincones de la catedral, cuyos capiteles se han atribuido a un hipotético maestro del siglo XII al que se ha llamado precisamente el Maestro de las Serpientes. El más significativo de estos capiteles también se encuentra en el pórtico occidental y representa a un individuo estilizado medio desnudo y con una serpiente entre sus brazos, bajo la mirada de otros personajes que le rodean. Es el dominador de la serpiente y se ha ganado el respeto de los que lo rodean. Otro capitel en el mismo pórtico representa el martirio de san Sixto -el despositario del Grial-, descubriéndonos claramente la intención que rigió la construcción del templo.

Aún en el recinto del templo, conviene que el peregrino no se pierda la visita al museo diocesano que se encuentra en el claustro y en las dependencias adyacentes. Allí encontrará una de las mejores colecciones de pintura románica, en su mayor parte frescos salvados de los templos desaparecidos. Entre estas pinturas, presten atención a los ábsides de Ruesta y Bagués, éste último con escenas de la Pasión convertidas en proceso iniciático de la muerte del Salvador, y el primero con una curiosa representación del Pantocrátor de recipientes de aspecto alquímico que flotan en los cielos azules. Igualmente, en el ala del claustro se encuentra una imagen gótica de Nuestra Señora sedente, portadora de una cruz en forma de Tau.

La catedral es el Templo por excelencia para el peregrino. Los demás, incluso el jacobeo de Santiago, han perdido los elementos que pudieron marcar su mensaje primitivo, o son inaccesibles, como el de las monjas benedictinas. Y a la salida de la ciudad, en medio de un parque, puede contemplarse una antigua ermita románica trasplantada desde Sarsa.

En Jaca terminaba la primera etapa del códice Calixtino. Aquí haremos también que termine la nuestra.

‘LA RUTA SAGRADA’ (1993)

JUAN G. ATIENZA

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Iacobus de Matilde Asensi


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¿Qué era aquello tan importante que la catedral de Jaca guar­daba en su interior? No tenía más remedio que entrar y buscar­lo, porque estaba claro que los leones podían avisar, pero jamás desvelarían un secreto. Recorrí el templo de punta a punta, hus­meé cada rincón, cada pilar, cada columna y cada sillar, y por fin lo encontré junto al claustro, en la capilla de Santa Orosia. Em­plazada en un recoveco oculto por las sombras, la diminuta ima­gen de una Nuestra Señora sedente portaba una cruz ¡en forma de Tau! Digo que era una imagen de Nuestra Señora porque como tal se exponía, aunque jamás vi figura menos sagrada y menos ornada de los símbolos de su grandeza. Se trataba de una mujer joven, ataviada con ropajes de corte, con la cabeza ceñida por una vulgarísima corona ducal y con una socarrona sonrisa en los labios. Toda su actitud corporal, con el torso incorporado, las piernas haciendo fuerza contra el suelo para sostener el peso de la cruz y esa forma de sentarse en el borde mismo del banco, toda su actitud, digo, estaba encaminada a exhibir la Tau, echándola hacia adelante como diciendo: «Mirad bien los que veáis, mirad esta cruz que no es tal cruz sino una señal, contempladla, os la pongo delante mismo de la cara.» Tomé buena nota de todo lo visto y emprendí alegremente el camino de regreso hacia mi hos­pedería.

MATILDE ASENSI

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Peregrinatio de Matilde Asensi


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Como ves, por esos pagos las señales son muchas e importantes. Sin embargo, quiero que te fijes especialmente en la cartela situada al pie del tímpano y que reflexiones sobre ella: Vivere si queris qui mortis lege teneris. Huc splicando veni renuens fomenta veneni. Cor vicius mundo, pereas ne morte secunda, o lo que es lo mismo: «Si quieres vivir, tú que estás sujeto a la ley de la muerte, ven aquí rechazando venenosos placeres. Limpia el corazón de vicios para no perecer de una segunda muerte.» Este es el principio del Camino, Jonás, el auténtico principio del proceso iniciático. A partir de aquí, miles de personas han dado comienzo, desde los albores del mundo, a una peregrinación que sigue la ruta trazada en el cielo por la Vía Láctea y que les conduce, inexorablemente, hasta el «fin de la Tierra», hasta Finisterre.

No podrás encontrar ya resto alguno de la cripta secreta del primero de los tesoros templarios escondido en la capilla de Santa Orosia, patrona de la ciudad de Jaca, pero, si es tu gusto, entra en la catedral y observa la diminuta imagen de Nuestra Señora sedente que sostiene, de manera un tanto orgullosa a mi parecer, la cruz en forma de Tau que señalaba el lugar. Como bien sabes, esta cripta fue despojada por la Iglesia y el Hospital de San Juan gracias a mi buen hacer como perquisitore; sin embargo, también es cierto que, durante estos últimos años, parte de mi trabajo ha consistido en dirigir una mesnada secreta de Caballeros de Cristo que se ha encargado de vaciar y eliminar todos los antiguos escondites templarios, transportando los contenidos a lugares mucho más seguros.

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MATILDE ASENSI

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* La rodilla izquierda desnuda es originariamente una señal de reconocimiento, el símbolo de los constructores. Aun hoy los neófitos que ingresan en la masonería deben caminar sobre el enlosado ajedrezado del templo, con los ojos vendados y la rodilla izquierda descubierta, antes de ser investidos como aprendices.

* Museo diocesano

Esta entrada ha sido incluida en la etapa:

(1) Etapa primera: SOMPORT JACA (Camino aragonés)

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