¿Existe alguna fuerza invisible en la catedral de Jaca?

.

.

Nosotros detenemos aquí el avance y retrocedemos para volver a entrar en la Península siguiendo la ruta de Somport por la provincia de Huesca, es una ruta poco utilizada y que no está bien señalizada. Se han extraviado en la zona de Sangüesa tres grupos distintos que han salido anteayer; uno lo ha pasado mal al terminársele el agua, al final les ha dado de la suya un técnico que hacía mediciones para instalar antenas en los montes.

El Camino hoy es un gran esfuerzo físico pero del que no están excluidos los peligros de muerte que sí tenía en la Edad Media, el Camino está lleno de Osarios de peregrinos que nunca llegaron a Santiago. Sin embargo hay ocasiones dependiendo del frío, del calor o de azares, en algunos tramos por zonas poco pobladas, en que se vuelve a presentar como lo que fue, un viaje entre la vida y la muerte con peligro físico y moral.

En el camino de Somport hasta confluir en Puente la Reina con la vía de Roncesvalles está Jaca. Esperamos que abran la catedral merodeando por terrazas de bares que rodean el templo; sentados bajo las sombrillas, los turistas con sus cámaras de video.

Llega la empleada del museo y abre presumiendo de que es la primera catedral románica de España, vale, pase, pero a continuación insiste en que el Maestro Mateo aprendió allí y entonces le aviso de que no siga por ese camino, que venimos de Santiago de Compostela.

Detrás de nosotros entran unos motoristas alemanes, una joven alemana con arreos de cuero echa unas monedas en la hucha de un altar a Cristo crucificado.

En Galicia nadie le echaría limosna a Dios o a Cristo, se les da a uno u otro santo o Virgen, intermediarios con quienes se establecen lealtades personales en una religión con estructura feudal del poder sagrado.

Pienso que llamándose catolicismo uno y otro, son cristianos distintos, el de esa gente es verdaderamente monoteísta, el de donde yo vengo, imbuido de paganismo politeísta y panteísta. Pero, bueno, yo de esto tampoco entiendo mucho; sólo lo que veo.

Varios carteles avisan de que durante las horas de culto se abstengan de visitar la catedral y que, siempre, guarden silencio y la compostura que exige un lugar sagrado. A mi alrededor la cosa se va animando, va entrando cada vez más gente, nadie a rezar y todos a mirar y grabar en vídeo. Son personas de todas las edades en camisetas, zapatillas deportivas y pantalones cortos; están haciendo turismo y el uniforme turista parece estar sometido a reglamento, es el mismo en las Pirámides, en la Expo o en una catedral.

Le pregunto a la empleada del museo si hay tanto problema con la compostura de la gente. Cuenta que muchos de los visitantes son excursiones de adolescentes con profesores y que pasan de todo, lo dice en un inquietante tono neutro, como de absoluta desesperanza, de nihilismo.

La mañana siguiente a los días de excursiones la encargada de la limpieza tiene que rascar las palabrotas que escriben en los bancos. Efectivamente los bancos están llenos de rascaduras.

Tomo notas sentado en un banco, la gente se pasea con sus cámaras, el fotógrafo instala el trípode y las cámaras, aquí nadie reza; hay en la situación un no sé qué de brutalidad. El fotógrafo se acerca a una caja con cables donde un letrero reza: ”vea la catedral iluminada. 100 pesetas”, echa la moneda y todo se ilumina. Se apresura a hacer las fotos. Es hora de ir marchando, aquello se empieza a llenar, la gente va a las catedrales en verano ateniéndose al mismo horario que a las tiendas. Se está fresquito dentro.

En una puerta de la catedral está sentado en el suelo un mendigo vestido de hippy rastafari. En la otra puerta, un hombre joven brasileño que chupa un polo naranja y se mantiene dignamente erguido a un lado de la puerta. Una de las columnas que sostienen el arco está gastadísima, el hombre se muestra prudente y habla en tono pesaroso, nos cuenta que la han gastado las manos de tantos peregrinos que por allí han pasado.

.

.

.

.

Se muestra reservado a pesar de que le hablo en su lengua, al fin me confía que el lugar de más poder en aquella catedral es aquella entrada, debajo del arco entre las dos columnas, la del viento, el bien, y la del calor, el mal. En el medio está la fuerza, si me sitúo allí unos siete minutos lo notaré.

No veo que esa fuerza le haya reportado mucho bien a él y desconfío, pero acabo haciéndole caso con humildad, uno le tiene respeto a esas cosas. La gente pasa a mi lado y supongo que me tomará por un mendigo metódico que lleva la contabilidad de las limosnas, que escribe su diario o algo así. Pero no noto nada especial ni puedo relacionar nada de lo que me haya pasado luego con este exponerme a lo que aquel hombre llamó fuerza, creo que no me ha acompañado; cualquiera lo sabe.

Me despido, él se queja de que el Camino es una mentira, todo el mundo va en coche y está explotado como turismo. Se habla del Camino con tanto corazón y es una mentira, dice desengañado, que los albergues cuestan dinero, en el de Jaca le piden quinientas pesetas. Ahora está pensando en ir a Yugoslavia y hacer el Camino desde allí. En los bordes del Camino acampan náufragos y los vagos esoterismos no bastan para calentar la noche de esas almas perdidas.

A nuestro lado, en el portal, una mujer joven mira las esculturas de los santos mientras habla por un teléfono móvil.

‘LA FLECHA AMARILLA’ (1998)

SUSO DE TORO

.

.

Link: (1) Etapa primera: SOMPORT – JACA (Camino aragonés)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s