EL SEXO O LA SEXUALIDAD EN EL CAMINO DE SANTIAGO

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Cerca de Castromaior Suso de Toro, en su periplo literario ‘La flecha amarilla’, da con una peregrina a la que denomina intelectual. Hablan de algunas cosas, en concreto de ésta y de los sueños… y hablando y hablando resultan perdidos entre tanto encontrarse: <<Aún hoy al escribir estas notas no sé decir que fue aquello. Quizá un pequeño castigo a Anna, y a mí con ella, por revelar secretos. Caímos en un agujero del Camino en Castromaior>>

Y dice así:

<<Anna comprende exactamente lo que estoy haciendo y sabe lo que busco, ha escrito varios libros de poesía y trabaja para el mundo editorial escribiendo libros de sicología sof… Me habla de dos vivencias del Camino: el sexo y los sueños. Sobre el sexo he venido interrogándome madurando una impresión, pero lo de los sueños me soprende y me atrae>>

EL SEXO SE HACE DÉBIL

<<La sexualidad se debilita en el Camino. Anna cree que las razones son el cansancio extremo de los caminantes, la falta de privacidad en los albergues donde se duerme en cuartos compartidos con numerosas literas y debido también a un amor general que hace que la persona se abra en todas direcciones hacia todos los que comparten ese viaje espiritual y no permite fijar demasiado el afecto en una persona única.

Me parecen buenas explicaciones, desde mi condición de sabueso que escruta y merodea doy otra complementaria. Creo que los peregrinos están simplemente a otra cosa, están a un viaje interior y además un viaje hacia abajo y hacia adentro. Quien hace el Camino vive una transgresión al origen de sí mismo y combina esa empatía con los demás peregrinos con una vivencia de una gran soledad interior, una soledad valiosísima, además que se resiste a ser compartida. El peregrino no puede salir de sí y comunicar lo que le está naciendo dentro.

Por eso mismo, aunque se organicen grupos espontáneos que se forman y se deshacen cada día, aunque el viaje se organice entre grupos de amigos o por parejas…, el Camino se hace solo. Cada peregrino anda en solitario su propio Camino interior. En el Camino, aunque existe la solidaridad más que nunca, siempre se está solo. Como suele ocurrir en la vida, sólo que aquí es una soledad valiosa y humanizadora, no un yermo estéril>>.

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EN PREPARACIÓN… Ya habría otras aportaciones para unir a ésta pero lo iré haciendo cuando me vuelva a topar con ELLAS

ENLAZADO A:

1. EL CAMINO DE SANTIAGO (un viaje iniciático por la Ruta de las Estrellas)

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– Por el camino de las peregrinaciones. De Piedrafita a Compostela – ÁLVARO CUNQUEIRO –

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‘…Atravesando la tierra, la temerosa rueda, / quizá un árbol florecido pueda / sostener la derramada soledad…’

A. Cunqueiro

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Cunqueiro Peregrinaciones

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El camino llega, polvoriento, a las últimas jornadas. Ha dejado la dulce Francia por bajar a Puente la Reina, donde el <<chori>>, un ave coloreada de suave acento, hace competencia al más feliz txistu de los vascones, y se adentra a buscar el Ebro, esa agua caudal, el río de España, y escucha el gallo del prodigio en Santo Domingo de la Calzada antes de pasar a tierras de cereales: Castrogeriz, Frómista, Carrión, Sahagún que ya es leonesa, posada famosa. León, la visigótica, la rica, tiene a la Virgen en la orilla misma del camino. Astorga, Ponferrada, Villafranca del Bierzo… Aquí los ojos del peregrino saludan por vez primera las galaicas montañas que corona la niebla. Lenta es la subida a Piedrafita. Desde el camino se ven verdes prados en estrechas vallinas en las que crece, gentil, el chopo y por las que bajan aguas claras y sonoras. Cuando el peregrino corona el áspero puerto, contempla un dilatado océano de montes, combadas y antiguas cumbres desnudas. En las laderas de las más próximas, aquí y acullá, pequeñas aldeas dejan ver sus tejados de pizarra. Ciñen las casas parvos labradíos y empinados pastizales. El viento hace temblar las hojas vivaces de los alcapudes y se lamenta en el hayedo, que tiene la voz ronca y profunda, y se desvive lentamente, hasta quedar el color de la ceniza en estos días otoñales.

El peregrino de hoy viene por la carretera, que no por el trabajoso camino de antaño*, que subía por la Faba, pasaba por la Laguna de Castilla y la ermita de los Santos, y coronaba la cumbre junto a Santa María la Real del Cebrero, remontando en unos siete kilómetros cerca de setecientos metros. Era, acaso, la más ardua etapa del largo camino francés. El peregrino de hoy se detiene a contemplar la áspera subida de antaño. La hicieron santos, reyes y reinas, la flor de la caballería, ricos burgueses de Flandes y la Isla de Francia, monjes y mendigos, ilustres viudas de Maguncia y de Lyon, – y también la viuda de Bath, que viene en Chaucer-, y mucha gente humilde, de las Europas, artesana y campesina, con sus pecados y sus esperanzas. Para quien tiene la imaginación del camino en el corazón, es difícil no ver, en la temprana mañana soledada, a Gaiferos de Mormaltán, cuyo yelmo brilla entre las altas xesteiras, cabalgar soñador, o no pensar que ese vuelo de un bando de raudos verderoles lo produce una llamada a las avecillas del mínimo y dulce Francisco de Asís, que sube lentamente saludando las Carpazas, la flor del tojo, los guijos del camino, las oscuras sierras.

Un letrero a mano derecha, en el que campea la vieira jacobea, le dice al peregrino que ha llegado al alto. Comienzan los días gallegos del Camino.

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* La recuperación del Camino y el consecuente alejamiento de los peregrinos de las carreteras ha sido un trabajo importante de las asociaciones de Amigos del Camino de Santiago y de las administraciones públicas, realizado con gran éxito durante las dos décadas finales del siglo XX.

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Y éste es el comienzo. La crónica del viaje entre Piedrafita y Compostela, dice la nota editorial, se publicó en el periódico Faro de Vigo entre el 14 y el 24 de octubre de 1962; y también se reproducen artículos de Cunqueiro bajo el epígrafe <<Otros textos jacobeos>>, que fueron publicados entre los años 1951 y 1974, coincidiendo siempre con la fiesta del Apóstol.

Como explica Francisco Singul, en la introducción, el autor se enfrenta al Camino en una época en el que el peregrinaje a Santiago, en su modalidad tradicional (cito), a pie o en monturas, estaba totalmente olvidado. Una ruta sobre la cual Cunqueiro demuestra amplia y, en ocasiones, profunda información; y sobre todo una gran sensibilidad… Cunqueiro ofrece, (prosigue el autor de esta reseña) de igual modo, un conocimiento cabal del trazado y sus infraestructuras. Y nos sorprende con intuiciones proféticas, dándole al lector la oportunidad de un trazado concreto -entre Portomarín y Palas de Rei, por ejemplo- que recupere el camino original, esforzando argumentos a favor del desvío a Samos…

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Cunqueiro en wikipedia

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Cunqueiro

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Enlazado en:

(25) Etapa vigesimoquinta: O CEBREIRO – TRIACASTELA (Camino Francés a Santiago)

EL CAMINO DE SANTIAGO (un viaje iniciático por la Ruta de las Estrellas)

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Mientras se espera: ‘Escribir es Vivir’ (Sampedro)

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Y mastico un chicle de clorofila y luego otro, para matar en la boca el sabor aborrecible del tabaco. Sampedro me hace compañía. Habla de la fascinación que ejerció en él Tánger y su colorido rico en olfatos, en su infancia de niño con inquietudes, y luego de libros y de un desván en otros pueblos ya de España.

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Sampedro
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Esa parte la leo mientras le espero. ‘Escribir es Vivir’, dónde dice que las ideas son como las oportunidades, que si no las agarras se pierden irremisiblemente. Por eso hay que estar muy atento, dice. Pero no me puedo concentrar más en la lectura. Mi pensamiento te viaja, te acecha: vas sentado en ese tren y hace minutos que miras impaciente por la ventanilla, la Magia se romperá, te preguntas, y también hace frío y echo en falta mis guantes. Es difícil concentrarse en la lectura cuando se siente frío. Y en ese momento hace un frío incunable, y hace rato que tengo ganas de orinar pero en ese instante, y aunque suene ridículo me siento sola como una niña perdida, opaca personita, transparente en sus miedos. Llévame hasta el váter, me gustaría pedirle a alguien. A ese operario de estación, por ejemplo, que sale con su bandera a señalizar la salida de cada tren de cercanías y me habla. Me parece ser capaz de escuchar sus pensamientos y por eso sería el más indicado pero no lo hago. Le miro en silencio y dejo que me mire en cada ida y vuelta que da hasta que me canso. No sé, después de unas cuatro o cinco veces. ¡Aléjate de mi Interior! -grita mi mirada clavada al suelo con terca obstinación. Me horroriza ser un espacio abierto. Y no sé bien por qué me alegro de haber elegido ese libro, y ese silencio. Tal vez porque un día te escuché quejarte de la falta de un abuelo… y Sampedro en ese libro, lo que se Siente, es ante todo Abuelo.

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¿Sabes? Te imagino con sombrero… ‘tú sonríes tocando el ala de tu sombrero y yo… yo agito con donaire mi pañuelo’. No se estila, ya sé que no se estila que te pongas para cenar jazmines en el ojal’, cantaba La Pradera.

Hoy no llueven mandarinas, hoy vamos paseando

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– i – Algunos pensamientos que nos ha legado la humanidad…

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GEORGE FRAZIER

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”A medida que el individuo progresa en saber, discierne más claramente hasta qué punto es inconmensurable la extensión de la naturaleza y, frente a ella, toma conciencia de su propia insignificancia y de su impotencia. De este reconocimiento no se sigue, sin embargo, que deje de creer en la competencia de estos seres divinos o sobrenaturales con que su imaginación puebla el universo. Al contrario, la idea que se hace de su omnipotencia se ve así realzada.”

‘La rama dorada’

J. G. FRAZIER

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EINSTEIN

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”El Espacio y el Tiempo son modos mediante los que pensamos, no condiciones bajo las que existimos. El Tiempo que percibimos a través de los relojes y los calendarios es una invención que solo concierne al hombre y a su interpretación del mundo”

ALBERT EINSTEIN

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Jorge Luis Borges

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Osvaldo Ferrari: ¿Cuáles serían las diferencias fundamentales entre las literaturas realista y fantástica?

Jorge Luis Borges: Dado que no sabemos si el universo pertenece al género realista o al fantástico, la diferencia estaría, ante todo, en el lector, y también en la intención del escritor. Pero, a pesar de esto, según el idealismo todo es fantástico o todo es real. Lo que vendría a ser lo mismo.

<<Literatura fantástica y ciencia ficcion>>>, en Diálogos inéditos.

Jorge Luis Borges

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Plotino

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Definir el tiempo por la revolución del sol es como si, no pudiendo mostrar lo que el movimiento es en sí mismo porque escapa a la definición, se dijera que se mide por el espacio recorrido.

Plotino

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Ciorán

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Fui, soy, seré; nos encontramos aquí ante una cuestión de gramática y no de existencia. El destino -en tanto que carnaval temporal- se presta a la conjugación, pero, despojado de sus máscaras, se desvela tan inmóvil y desnudo como un epitafio.

Émile M. Ciorán

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Musset

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Abrid vuestra ventana: ¿no veis el infinito?, ¿no sentís que el cielo no tiene límites?, ¿no os lo dice vuestra razón? Y sin embargo, ¿concebís el infinito?, ¿os hacéis una idea de algo sin fin, vosotros que nacisteis ayer y que moriréis mañana?

Alfred de Musset

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Balzac

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Se da en el hombre moderno un fenómeno desesperante para los espíritus meditativos que quieren encontrar un sentido a la marcha de las sociedades y dar leyes de progresión al movimiento de la inteligencia. Por grave que sea un hecho, y si pudieran existir hechos sobrenaturales, por grandioso que fuera un milagro realizado públicamente, el brillo de este hecho, el esplendor de este milagro, se hundiría en el océano moral, cuya superficie, apenas turbada por una rápida efervescencia, recuperaría en seguida el nivel de las fluctuaciones habituales.

Honoré de Balzac

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(16) Etapa decimosexta: CARRIÓN DE LOS CONDES – SAHAGÚN (Camino Francés a Santiago)

EN PREPARACIÓN… DEjARÉ EN BREVE, POR EL MOMENTO, EL TEXTO INDICATIVO DE LA ETAPA, QUE CORRESPONDE A ‘LA GUÍA DE PEREGRINOS’ ESCRITA POR JOSE MARÍA ANGUITA JAÉN.

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Camino interminable entre Calzadilla de la Cueza y Carrión

*enlace: Camino (interminable) entre Carrión y Calzadilla de la Cueza

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* Durante 13 km se atraviesa con la histórica <<vía Trajana>> un solitario paisaje, que al llegar aCalzadilla de la Cueza deja de ser llano, al aparecer las <<cuezas>> o vallecillos separados por pequeñas lomas. Si se toma alguna de las sendas alternativas a la carretera, se pasa por un bosque de roble antes de regresar a familiares extensiones de cereal y cruzar el río Valderaduey para entrar entierras de León.

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CARRIÓN DE LOS CONDES - SAHAGÚN

*enlace web: CAFÉ COKE, donde puedes estudiar esta etapa y sus correlaciones con las casillas del Juego de la Oca.

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EXPERIENCIAS PEREGRINAS

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5. Sola de nuevo

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Diario de mirada de agua

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Carrión de los CondesCalzadilla de la Cueza
8 de octubre 2004

Hoy ha sido un camino horrible, horrible para los pies. Es muy llano pero el sendero está lleno de cantos rodados muy grandes y destrozan mis pies, ahora que tenía casi curadas las ampollas, renovada la piel, he decidido parar en Calzadilla de la Cueza.

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CALZADILLA DE LA CUEZA

*enlace: Calzadilla de la Cueza

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No he caminado casi nada, unos veinte, debería de haber llegado a Sahagún (37 kms) pero no lo he hecho.

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Uno de los albergues de Calzadilla de la Cueza

*enlace: Uno de los albergues de Calzadilla

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Nada más llego al albergue empieza a llover muy fuerte, una lluvia de tormenta, es un buen lugar para refugiarme, un pelín caro, no hay casi nada que ver, no conozco a nadie, me quedo en la litera leyendo, es horrible lo que me duelen de nuevo los pies, espero que no me vuelvan a salir nuevas ampollas.

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Interior del albergue de Calzadilla

*enlace: interior del mismo albergue

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No tengo ganas de estar aquí pero no me queda otra. Mañana será otro día.

– Diario de GUADALUPE, Mirada de agua, Octubre/ 04 –

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Alfonso Biescas

18.03.04. Jueves.

Carrión de los Condes-Sahagun (487):
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He salido disparado a primera hora del cuchitril en el que he pasado la noche. Estaba deseando irme y así lo he hecho antes de que nadie se despertara. He desayunado y preparado mentalmente he empezado a caminar para enfrentarme al verdadero páramo, a la nada absoluta, a 18 kilómetros de camino recto, sin nada a los lados salvo la encina que alegra los ojos al cabo de un buen rato.

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Es la prueba. Hasta Calzadilla de la Cueza se podría caminar con los ojos cerrados. Porque es recto y porque no hay nada que ver, nada. Solo ante el cielo y la tierra que se unen en el horizonte, plano como el mar. El vacio, el no ser. El cuerpo ya ha superado las dificultades físicas. Es ahora la mente la que ha de superar la prueba. No es fácil si te traiciona . Es el infinito que te rodea. Es la soledad ante la inmensidad.

Un truco que uso es forzar mi cuerpo, aumentar el ritmo de mi caminar. Ello me permite acortar la eternidad y hace que mi mente se concentre en mi cuerpo, en cómo funciona, en dónde sufre. Y el sonido de mis botas sobre la tierra crea un mantra que me permite concentrarme en otras cosas.

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Y así, en un santiamén llego al final, superando los campos de cantos, la encina, el vacío. Sin sufrir, contento, sudoroso, relajado. Y paro en el bar y me tomo un pincho de tortilla que es la mejor del Camino. Porque tanto no-ser te da hambre. Porque un descanso siempre sienta bien, y los mentales aún mejor. Porque tanto predegal te pide alegría. Y porque quererse es una de las primeras leyes de la vida. Para sonreir y ayudar a los demás.

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Después todo es más fácil. Un agradable andadero te lleva hasta Ledigos en donde la buena temperatura que hacía me ha permitido descansar un buen rato junto a la fuente. Es muy pronto todavía.

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A Terradillos de los Templarios he llegado muy fresco. Dado que la mayoría de peregrinos se iba a quedar aquí, he decidido seguir hasta Sahagun, ciudad interesante en la que voy a estar prácticamente solo, salvo que aparezca algún grupo de ciclistas. La temperatura acompaña y aunque cansado, el recorrido se convierte en un paseo.

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Es la mitad del Camino. A partir de aquí comienza la cuenta atrás.
El refugio es sensacional, amplio y prácticamente vacío. Las duchas hirviendo. Un hotel de lujo para un peregrino. No pido más.

Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 04

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Juanjo Alonso Escalona logo de su diario

Domingo 3 de agosto:

Carrión de los CondesCalzadilla de la Cueza

Me levanté muy temprano, ya que no deseaba asarme en este tramo del Camino, pues hasta tal punto me lo habían dibujado. Bajé a la cocina para tomar unas tortas que compré a las monjitas. En la nevera encontré leche y me serví un buen vaso. Dejé mi donativo y 4 tortas, para que otros peregrinos también pudieran gozar de estas exquisiteces. Al salir miré el reloj: eran las 5’30 horas. Fuera de la ciudad, frente al Monasterio de San Zoilo, me di cuenta de que aún era noche cerrada. Saqué de la mochila la linterna, y con su ayuda, me interné en la espesa oscuridad de la noche. Al llegar al cruce, después de pasar la Cruz Roja y Gasolinera, seguí hacia la izquierda, saliéndome del Camino. Ahora iba por carretera. Procuré ceñirme bien a la cuneta y llevar constantemente encendida la linterna; todavía no había demasiado tráfico, pero era peligroso circular por un arcén tan estrecho que, a veces, desaparecía. Hasta las 6’30 no comenzó a clarear.

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Al otro lado de la carretera se adivinaba un cartel. Enfoqué con mi linterna y pude leer: N-120 Sahagún. Su lectura me tranquilizó un poco. De noche, por carretera y sin saber la dirección que había tomado, me hacía sospechar un desvío importante. Ahora, por lo menos, sabía que estaba en buena dirección. Calculo que llevaría unos 4 kms andados cuando, después de pasar Calzada de los Molinos, la lazada de mi bota izquierda se enganchó con la fijación de la derecha, dando conmigo al suelo. La caída fue tan violenta e inesperada que quedé como un sandwich entre el piso y mi mochila. El bordón salió disparado así como la linterna. Me levanté con cuidado, dando gracias a Dios, ya que si hubiera venido algún coche en ese momento, lo más seguro es que me hubiera aplastado.

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Aún sentado en la cuneta, advertí que sangraba por todas partes; no era así, pero la profundidad de las heridas hacía que sangrara en abundancia, manchando brazos, piernas, pantalón, camisa y calcetines. Me inquietó sobre manera la herida en la espinilla de la pierna izquierda. De pie, recogido el bordón y la linterna, me di cuenta de que tendría que buscar un sitio más seguro para curarme, ya que el tráfico iba creciendo y el espacio de la cuneta era muy estrecho. Dejando un reguero de sangre tras de mi, busqué un lugar donde poder curarme sin prisas, dedicando el tiempo necesario para hacerlo bien. Al fondo, como a unos 300/400 mts y a la otra banda de la carretera, había una casa de campo que parecía deshabitada. Sin prestar mayor atención a las heridas, me dirigí a ella. A la derecha de la casa había una era. Descargué mi mochila y saqué lo necesario para curarme. Con el agua oxigenada limpié toda la sangre de brazos y piernas; de esta forma pude advertir que el daño era inferior a lo que, en un principio, había pensado. Me había herido en la espinilla de la pierna izquierda. y también en la rodilla de la derecha. En el dedo pulgar tenía un corte muy profundo y con gran hemorragia de sangre, así que traté de curarle primero. El agua oxigenada hervía produciendo gran calor en la mano; conprimiéndolo con bastante algodón logré parar la hemorragia. Lo tinté bien de Betadine y aprisioné con una tirita. A continuación lavé bien las heridas de las piernas, pidiéndole a Santiago que no me pasara nada en la herida de la espinilla; tenía temor de que tardara en cicatrizar o que no cicatrizara bien. La tinté también con Betadine y a continuación hice lo mismo con las de la rodilla. Estas seguían sangrando bastante por lo que me vi precisado de vendarlas con fuerza. Durante la cura oí cómo se abría una ventana de la casa y la volvían a cerrar…

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Recogido que hube todo el botiquín, de nuevo crucé la carretera y continué el viaje. Ya había salido el sol y empezaba a calentar. La circulación también era más fuerte y el paso de coches y camiones hacía bastante incómodo el caminar por el arcén. El vendaje de la rodilla permanecía bien sujeto, lo que hizo que me sintiera orgulloso de la habilidad con que había practicado las curas. La tirita del dedo gordo se me caía con frecuencia, dando lugar a paradas para secar la herida y reponerla. Sobre las 10’30 llegaba a Cervatos de la Cueza. Allí pregunté si había algo abierto para comprar cosas de comer. Me dijeron que un poco más arriba abrirían un supermercado. Subí y, en efecto, estaban metiendo mercancía en una tienda un poco grande y con pretensiones de supermercado. Me acerqué y pregunté si me podían vender alguna cosa. La encargada, un tanto contrariada, me dijo que ya que me encontraba dentro cogiera lo que necesitase. Al final sólo compré pan, una lata de sardinas y otra de mejillones en escabeche. Busqué una sombra en una pequeña plaza y me senté a disfrutar de tan suculento manjar. Tenía sed y se había acabado el agua de mi botellita.

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A una señora, que pasaba por la plaza, le pedí que me indicara dónde coger agua. Me dijo: esta Ud. sentado encima de la fuente. Me sorprendí y miré a mi alrededor; ella sonriente añadió: debajo de Ud. Efectivamente, a ras del suelo había un grifo. Le abrí y, aunque no salía fría, llené mi botella y la vacié por dos veces. Rellena de nuevo y repuestas mis fuerzas, salí a la N-120 para alcanzar la meta de esta jornada. La rodilla me dolía bastante y la herida del dedo me molestaba y sangraba cada vez que apretaba el bordón. El sol y la temperatura estaban alcanzando su cenit. Me sentía desfallecer; había consumido todo el agua, así que mi pensamiento se centraba en encontrar una fuente. A la derecha de la carretera quedaba Quintanilla de la Cueza. Vi algunos árboles y arriba del pueblo una hermosa torre exenta y, al lado, la Iglesia. Sin pensarlo más, me dirigí hacia allá. Cuando llegué me di cuenta que la Iglesia estaba abierta y estaban diciendo Misa. Entré, descargué la mochila y me quedé al fondo de la nave. Sentía vergüenza del sudor que empapaba mi camisa y pantalón. La gente se volvió para mirarme; yo me limité a dar gracias a Dios porque, a lo largo de todo el Camino, ha hecho posible que pudiera participar, cada día, de la Eucaristía. Al finalizar la Misa, entré a la Sacristía para que el Sacerdote me sellara la Credencial. No tenía el sello, pero me la firmó.
Tan sólo me faltaban unos 5 Kms para Calzadilla. Cuando me lo dijeron me extrañó, porque la etapa de esa jornada era de unos 17 kms y yo los había hecho de sobra. Después pude confirmar que mi equivocación en la salida de Carrión me había supuesto 5 Kms de más. Este último tramo de la etapa fue muy duro. El sol, un sol implacable, se ajustaba al cuerpo, agotando las últimas energías de mí peregrinar. Mirando al horizonte nada asomaba que no fuera la inmensa planicie de Castilla. Por fin, tras una curva y como a unos 2 Kms, apareció la torre de Calzadilla.

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El afán de llegar alejaba, como en un espejismo, el perfil del pueblo. A la derecha, y por encima de unas eras, un cartel anunciaba Hostal Camino Real. Recuerdo que llegando pude apreciar un gran enjambre de avispas negras o así me lo parecieron a mí. Entré en el Hostal casi a rastras. Eran las 14’15 horas. Me acerqué a la barra del bar y pedí una botella grande y fría de agua. Me la dieron de litro y medio; me la bebí. Me dijeron que tenían habitaciones y solicité una. Subí, tropezando en los peldaños, porque me faltaban fuerzas para levantar más los pies. Me duché; limpié las heridas, repuse vendajes y bajé a tomar algo. De todas formas me encontraba tan cansado que sólo pedí un pincho de tortilla. Descansé hasta las 17’30.
Aunque el calor era sofocante, quise unirme a los peregrinos de Carrión; así que subí al Albergue. En la puerta estaban Cesar con los de Madrid, sentados y con los pies metidos en unos barreños de plástico con agua. Habían llegado deshidratados y, para colmo, el Albergue sólo tenía una ducha y 6 camas. Todos iban a dormir en el suelo. Sacaron un botijo que fueron pasando de mano en mano. Creo que este es el peor Albergue de todo el Camino. El Hospitalero, sin embargo, era bastante simpático y acogedor. Me apostilló en la credencial: Buen Camino, peregrino ¡ULTREYA! Miguel
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Mantuvimos una buena tertulia en la que hice el comentario de las avispas, confirmándome que había muchísimas y que a Miguel le habían picado el día antes. Enterados, por mí, de que en el Hostal tenían Menú por 1.000 pts. bajaron todos a cenar. Yo, antes de unirme a ellos, subí hasta el cementerio donde hay una torre de ladrillo, exenta, que por su arquitectura y formas no dudo que es mudéjar,posiblemente de los siglos XIII/XIV.

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En el Albergue se me presentó un señor que, al enterarse de que yo trabajaba en Publicidad, me explicó sus habilidades en el terreno de la Heráldica. Él dibujaba los escudos y, es más, estaba dispuesto a sacarme los escudos de mi familia. Se llama José Antonio Rueda y vive en Palencia. Quería, por todos los medios, enseñarme sus dibujos, y al saber que yo bajaba al Hostal, me acompañó porque le era muy grato hablar con personas que entendían de historia y de arte. Cuando llegamos, me dijo que iba al coche para coger los dibujos que, siempre, llevaba consigo. Sentados en una mesa, compartida por los otros peregrinos, J. Antonio me fue enseñando sus escudos y ofreciéndome los que yo quisiera, porque eran fotocopias y los originales los tenía en casa. Yo se lo agradecí, pero le dije que los guardara y que se quedara con mis señas. Si algún día pasaba por Madrid, con mucho gusto le acompañaría. Saqué mi Guía y, entre todos, estudiamos la etapa del día siguiente. Antes de cenar, llamé a mis hijos y hablé con Marcos. Todo iba bien y ya les seguiría llamando, para decirles por dónde me encontraba.

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Aquí, en este Hostal, empecé a darme cuenta de que la nueva cultura del ruido había prendido con más fuerza en los pequeños núcleos de población que en las principales capitales. Cuanto más retirados de la gran Ciudad, tanto más gritos, golpes, estentóreas carcajadas y más palabrotas y blasfemias.

En toda la noche no dejaron de hablar a gritos, de reírse y competir en groserías, disputas y vaciedades. Por desgracia no sería mi última experiencia.

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Lunes 4 de agosto:

Calzadilla de la CuezaSahagún

A pesar del griterío, el cansancio era tan grande que terminé conciliando el sueño por espacio de unas dos horas. A las 6 me levanté, y compitiendo con otros huéspedes dado que sólo había un cuarto de baño y un aseo, pude componer mi cuerpo. Abajo desayuné unos sobados y café con leche. Pagué y con mi equipaje a la espalda enfilé a la carretera. En el Km. 218 de la N-120 crucé el río Cueza. Como a unos 2 Kms. a la izquierda está el antiguo Hospital de Santa María de las Tiendas. A esas horas de la mañana es fácil hablar con Dios; a Él dirigía todos los días innumerables jaculatorias, algunas sin final, agolpándose unas encima de otras, al Dios Todopoderoso, al Amor Infinito, a Jesús Compañero y Amigo inseparable, a María, la más hermosa de todas las criaturas, al Ángel de la Guarda. Tenía como una desazón hasta llegar al Ángel de la Guarda; no podía separarse de mi pensamiento. Le sentía tan cerca de mí y sentía tan real su protección que deseaba llegar a nombrarle …bajo cuya custodia me puso el Señor con todo su Amor de Padre. Tantas veces, cientos de ellas, quizás miles, no lo sé, a él me encomendaba. Y al Espíritu Santo para que me enseñara a amar a Jesús, a amarle hasta la locura, pidiéndole que todo el amor de mi corazón se centrara en su corazón.

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A la hora y cuarto de haber emprendido la marcha, bordeé Lédigos y me separé de la carretera para entrar por un camino de arena y piedra relativamente cómodo. A media hora de camino paré en Terradillos de Templarios. En el Albergue volví a encontrar al alemán con su caballo. Entré en el local y pedí que me sellaran la credencial. La Hospitalera me dijo que si quería sentarme a desayunar podía hacerlo. Se lo agradecí, pero le dije que lo único que quería era llenar mi botella de agua. Entró un joven, bastante ebrio, quien comenzó a dirigir una serie de requiebros soeces a la chica, mas, como vi que ya se conocían, preferí dejarles solos y continuar por el Camino de Santiago.

Según me adentré, el olor a tierra mojada, recién regada por la lluvia, hizo que mis ojos se posaran sobre unas humildes flores silvestres, de color azul cielo, que habían brotado a lo largo del borde del camino. Quedé como absorto durante un cuarto de hora o algo más.

Enseguida tuve que prestar atención, porque me encontré en un pequeño barranco, que tuve que salvar sin problemas. Por él, mansamente, discurría el agua del Arroyo de Templarios. La pista continuó cómoda hasta Moratinos. Allí, en la Plaza, al lado de la Iglesia de Santo Tomás, que conserva una imagen de la Virgen con el Niño del siglo XVI, dejé la mochila y en la fuente bebí agua hasta quedar saciado. Rellené la botella y pude saludar a Cesar, que con sus amigos llegaba para hacer lo mismo. Sentado en un banco miró las heridas de mis piernas y me enseñó su rodilla, operada ya dos veces de los ligamentos cruzados. Precisamente se estaba portando bastante bien, aunque en ocasiones se le hinchaba y tenía que parar para refrigerarla un poco. Ahora la traía hinchada; se la remojó con agua y yo, impresionado, le pregunté dónde había comenzado el Camino. Al decirme que en Roncesvalles, añadí que, entonces, era evidente que podría llegar al final sin problemas. Se sonrió asintiendo, si bien -me dijo-, se quedaría en La Virgen del Camino, a unos 3 Kms pasado León. Allí le recogería su hermano para ir al traumatólogo, descansaría unos días y volvería para finalizar el Camino. Como todavía iban a descansar un rato, yo, deseándoles buen camino, continué por él.

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En poco más de media hora llegué a San Nicolás del Real Camino, que es el último pueblo de la provincia de Palencia. Desde aquí se puede hacer el Camino por varios cruces y tramos. Dicen que lo mejor es salir a la carretera y culminar la etapa por ella. Yo no lo hice y sufrí lo intrincado del Camino con serias dudas de si habría acertado en la elección. Pero como al final todo se alcanza, también en esta ocasión llegué a Sahagún, desfallecido, pero llegué. Poco después aparecían los demás, todos igualmente desfallecidos y casi todos con los pies maltrechos. En el Albergue me sellaron la credencial y pude admirar su belleza arquitectónica. Se encuentra en la Iglesia de la Trinidad con torre mudéjar y que, reconstruido, ofrece al peregrino toda clase de comodidades.

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En la Guía se daba razón de una Hospedería Benedictina. Esto atrajo mi atención decidiéndome por ella para poder gozar un poco de la vida monástica. Llegado al Convento, me acerqué al locutorio. La monja me miró un tanto confundida. Le pedí hospedaje y me contestó que la Hospedería estaba completa; no había ni una cama. Había que solicitarlo con mucha antelación y máxime en verano, porque la tienen ocupada casi todo el año. Como no podía más, le rogué que, por favor, me diera un vaso de agua fría y que me dejara descansar un rato al fresco del vestíbulo. Se fue y yo me quité la mochila y me senté en un banco de la entrada. Al cabo de un rato vino con una jarra de agua con hielo, un vaso y un bote de naranjada. Me dijo que el bote estaba más frío. Lo bebí de un trago. A continuación me sirvió dos vasos de agua. Se lo agradecí con toda el alma, ya que me sentía sólo y con la sensación de que mi presencia no era grata. En cierto modo me sentía como un proscrito. Salí sin rumbo, pasando de nuevo el Arco de San Benito. Me entretuve en admirar la Iglesia de San Tirso, impresionante joya románico-mudéjar. Casi de frente pude leer el rótulo de una Fonda, llamada La Asturiana. Abrí la puerta y pedí una habitación. La acababan de arreglar y me la asignaron. Les pedí que me lavaran un poco de ropa, aunque no la plancharan. Se miraron, como dudando, pero al final aceptaron. Se la bajé y ya, en mi habitación, me sentí otro. Dejado mi equipaje, con el neceser en la mano me dirigí al cuarto de baño. Estaba vacío y recién limpio. Di gracias al cielo por sentirme de nuevo persona y bajé a comer. El menú costaba 1.000 pesetas. Se llenó el comedor y el servicio era mínimo: la chiquita que me había acompañado a la habitación. La pobre no daba abasto, pero me puso una botella de litro y medio de agua para que me fuera más leve la espera. Comí muy a gusto, abundante y bueno. De pronto aparecieron también Cesar con sus amigos. Les prepararon una mesa redonda. Yo procuré acabar cuanto antes para que pudieran acomodar a más gente que esperaba. Subí a la habitación y me acosté hasta las 17’30. Por la tarde hubo conato de tormenta, pero no terminó de descargar por lo que hacía un bochorno insoportable.

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Ya descansado, hice mi recorrido histórico-artístico. En mi visita a la Iglesia de San Lorenzo actual, con su museo y acompañado de Marianela, custodiadora tanto del Museo como de la Iglesia, me sentí emocionado por lo maravilloso de sus esculturas así como por el acogedor trato de la guía. (Para Marinela mi más cariñoso recuerdo y agradecimiento. No sabe Sahagún la joya que tiene en su persona). De esta forma, despacito, contemplando las maravillas de esta ciudad leonesa, pasé la tarde.

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Por la noche vinieron nuevamente los jóvenes peregrinos a cenar. Nos saludamos y estudiamos la etapa del día siguiente. Cesar me dijo que era bastante dura y que él, a lo mejor, se quedaba en el Albergue de Burgo Ranero. A mí me pareció razonable y quedé en parar allí. A eso de las 12 de la noche me puse en contacto con Covadonga (la Asturiana) para ver a qué hora abrían y poder liquidar mi cuenta. La pobre estaba cansadísima y me dijo que ella se levantaría para atenderme. Yo me negué; le dije que la pagaba en ese momento y que me dijera dónde tenía la ropa tendida para que por la mañana pudiera recogerla. Me enseñó el tendedero y recogí toda la ropa, aún no muy seca pero se terminaría de secar en el cuarto. Su marido le dijo que me dejara preparado el desayuno y que yo mismo en el microondas podía calentarlo. Así quedamos.
Empezó a echar cuentas y, al final, me dijo: deme 2.600 pts y ya está. Le dije que había comido, cenado, amén del desayuno, ropa, habitación y contestó que Dios ya se lo daría por otro lado. Le tuve que rogar que se quedara con 3.000 pts
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A las 6’30 de la mañana bajé ya preparado para calentarme el desayuno y marchar sin meter ruido. Covadonga salió de su habitación, poniéndose la bata, para servirme el desayuno. En esta tierra todavía quedan ángeles. Covadonga es uno de ellos.

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Diario de JUANJO ALONSO, Agosto/ 1997

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Enlace a todos los artículos de esta temática:

en: EL CAMINO DE SANTIAGO (itinerario que sigue la Vía Láctea)

¿Dónde encontrar más historias e información? Diarios de Peregrinos

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EL DISCAPACITADO Y EL CAMINO

*ENLACE WEB: EL CAMINO DE SANTIAGO PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD

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(15) Etapa decimoquinta: FRÓMISTA – CARRIÓN DE LOS CONDES (Camino Francés a Santiago)

EN PREPARACIÓN… DEjARÉ EN BREVE, POR EL MOMENTO, EL TEXTO INDICATIVO DE LA ETAPA, QUE CORRESPONDE A ‘LA GUÍA DE PEREGRINOS’ ESCRITA POR JOSE MARÍA ANGUITA JAÉN.

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VILLARMENTERO DE CAMPOS

*enlace: Villarmentero de Campos

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* En esta etapa, la única vegetación arbórea por estas tierras tan humanizadas la encontraremos en la ribera del río Ucieza. Junto a la carretera, la jornada transcurrirá en línea recta, sin protección frente a la lluvia, el viento, el sol… aunque se han dispuesto varias áreas de descanso a lo largo de la senda.

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FROMISTA - CARRIÓN DE LOS CONDES

*enlace web: CAFÉ COKE, donde puedes estudiar esta etapa y sus correlaciones con las casillas del Juego de la Oca.

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EXPERIENCIAS PEREGRINAS

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Alfonso Biescas

17.03.04. Miercoles.

Boadilla del CaminoCarrion de los Condes (443):

¡Qué bien he dormido! Eran las 8 de la mañana y seguíamos en el saco. No son horas de peregrino. Pero es que este lugar está muy bien. El desayuno ha sido otro pequeño placer, casero y abundante. Eran las 9.30 cuando salíamos camino de Fromista, caminando junto al Canal. Agradable y relajado hasta llegar a San Martin. Visita obligada para quien admire el románico, esta iglesia en una joya inacabable. Sólo entre capiteles y canecillos se pueden pasar las horas. Es dificil dejarla para seguir y mi trabajo me ha costado, que ya eran las 12.30 y seguía a la sombra del edificio.

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El andadero que viene a continuación debe ser de una tremenda dureza en verano, ya que ahora que aún es invierno el sol calienta y te obliga a ir fresco de ropas y llevar liquido en abundancia. En los meses de calor debe de ser una prueba durísima.

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En Villarcazar de Sirga he intentado ver la iglesia, tan afectada por el terremoto de Lisboa, y estaba cerrada. Es muy interesante este edificio por muchas razones artísticas, culturales e históricas. Una lástima pasar ante semejante monumento y no poderlo admirar. Debería haber un servicio como lo hay en Torres del Rio con la iglesia del Santo Sepulcro, en el que los vecinos se turnan la posesion de la llave cada semana y así siempre es posible visitarla. Es lamentable que tantas iglesias a lo largo del camino estén cerradas, siendo esta una ruta de meditación y religiosidad.

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La llegada a Carrión es plácida y relajada, cayendo en una suave pendiente en la que siempre hay algún paseante del lugar con el que conversar y aprender. De los dos refugios he optado por el de las monjas y la verdad es que me ha decepcionado. No acostumbro a quejarme de nada en el Camino, pero todo tiene un límite. Una cosa es la humildad, la austeridad y otra muy diferente el cutrerío. He pagado 5 euros y lo he encontrado más caro que si hubiera pagado 150 por pasar una noche en los Reyes Católicos de Santiago. El cuarto no es que estuviera frío, era un frigorífico. La calefacción estaba apagada, la ventana era un hueco en la pared que no dejaba pasar la luz pero sí el frío ya que no tenía nada que cerrar. Sucio, con las paredes desconchadas y llenas de humedad, la mesilla eran sacos de cemento amontonados y las mantas eran terminales. Para colmo, al cuarto en el que me han instalado se llegaba a través de otro y los aseos y cocina eran tercermundistas. Y la guia del Pais habla de camas con sabanas… Eso si, son muy amables y cierran tarde la puerta con lo que se puede ir a cenar fuera sin prisas.

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Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 04

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Juanjo Alonso Escalona logo de su diario

La habitación en la que dormí esta noche constaba de 3 literas (6 camas); encima de la mía se acomodó Oscar, enfrente Luigi y en la de arriba la hija de la pareja que ocupaba la tercera litera. Pasé mejor noche que en Castro y, a eso de las 6, me levanté para asearme el primero, si bien lo tuve que hacer en un pequeño servicio que había en la planta baja. Luigi me ayudó a empaquetar de nuevo el saco de dormir; yo no era capaz.

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Como en el Albergue no daban desayuno, Luigi y yo salimos prácticamente de noche. Por recomendación suya no me puse las botas, sino las deportivas, porque haría mejor el trayecto. Más tarde me di cuenta de que no fue acertado, pues me dolieron mucho los pies.

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Antes de llegar a Población de Campos, a mi izquierda pude ver la Ermita de San Miguel, de una sola nave del siglo XIII. Cercana al puente hay otra Ermita, la de Ntra. Señora del Socorro, del siglo XII.

Según iba amaneciendo eran más insistentes los ataques de los mosquitos, fenómeno éste que tiene que sufrir todo peregrino entre las 7 y las 9 de la mañana, principalmente por los sembrados de Castilla y al borde de los caminos y carreteras.

No habíamos desayunado y empezábamos a sentir hambre. Ni un solo establecimiento abierto. Al cabo de 7 Kms llegamos a Villovieco. A su izquierda queda Revenga de Campos. Cruzamos el río Ucieza y enfocamos a Villarmentero de Campos. La Iglesia de San Martín estaba cerrada por lo que no pudimos contemplar su maravilloso retablo plateresco del siglo XVI, obra de Francisco Giralte.

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Aún no se divisaba Villalcázar de Sirga, y estando cerca unas señoras del lugar, les preguntamos si íbamos en buena dirección. Con una sonrisa un tanto picaresca nos dijeron: sigan todo recto y como a unos 7 Kms. lo encontrarán. ¡Siete kilómetros! Dios mío, si ya no podíamos con nuestra alma… Dejamos de hablar y procuramos marcar un ritmo de marcha en fila de uno (Luigi me dice que espere, pues necesita aligerar el peso de su cuerpo). Por fin, a eso de las 9, llegamos en Villalcázar de Sirga. Había un bar abierto frente a la iglesia de Santa María la Blanca. Entramos y pedí que nos pusieran pan, queso, vino y café con leche.

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Desayunamos con verdadero apetito. Pagué y nos dirigimos a la Iglesia, que ya estaba abierta al público.
Antes de entrar me quedé maravillado al contemplar la riqueza escultórica de sus arquivoltas y frontis con el Pantocrator, Evangelistas, Profetas… Su construcción corresponde al siglo XIII, entre religiosa y defensiva. Aquí, la Sirga o Camino, disponía de dos Hospitales, encomienda del Temple, para defensa y acogida de los peregrinos. Su nombre hace mención a este origen: Villalcázar de Sirga
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La Iglesia consta de 3 naves y cubierta de crucería. A la derecha se puede ver una de las capillas en la que se encuentran varias imágenes de la Virgen; una de ellas se dice que es la que inspiró las Cantigas de Alfonso X el Sabio. En el mismo lugar están los sepulcros, en piedra policromada del siglo XIII, del Infante Don Felipe, hijo de Fernando III el Santo y de Doña Leonor Ruiz de Castro. En el Presbiterio se puede admirar un magnífico Retablo del siglo XVI con pinturas, sobre tabla, del Maestro Alejo, en las que se narran escenas de la Vida de Cristo, completándose con diversos Santos. En el centro se venera una imagen de Nuestra Señora con el Niño en brazos, del siglo XIII. El Calvario del remate es del siglo XIV.

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Después de admirar con detenimiento los otros retablos e imaginería, salimos para reemprender el Camino. En la puerta, el amigo Oscar me hizo entrega de una postal del monumento visitado. Todo un detalle.
A unos seis kilómetros nos esperaba Carrión de los Condes. El camino se hace por la carretera. Por ella caminamos, uno en pos de otro, Luigi y yo. Al mediodía entramos en Carrión. Enseguida y, en dirección hacia el Albergue, encontramos el Convento de Santa Clara. En la puerta advertí que también ofrecían hospedaje, y sin pensármelo dos veces, entré y conmigo Luigi
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Pedí información sobre el hospedaje, y el encargado, un muchacho joven de apariencia sudamericana, me dijo que las habitaciones no tenían cuarto de baño, pero que se podía disponer de varios servicios. Tuvo que atender a otras personas y me pidió que esperase y que enseguida me las enseñaría. Mientras descubrí una máquina expendedora de refrescos, y me dispuse a sacar bebida para Luigi y para mí. Oscar, que se había integrado a nosotros, no lo consintió, y nos compró Aquarius y Coca Cola.

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A Luigi no le hizo demasiada gracia quedarse en el Convento y se fue al Albergue con Oscar. A partir de este momento no volví a verle hasta el Monte del Gozo. Dejado mi equipo en la habitación, y una vez recuperado con una buena ducha, me acerqué al Albergue para saludar a los Peregrinos. Allí me sellaron la Credencial y me indicaron que Luigi había estado allí pero que había decidido seguir Camino.

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Entablé amistad con un grupo de jóvenes capitaneados por Cesar, un leones de Santa María del Páramo, y otros tres, dos de ellos de Madrid. Cesar conocía bien al italiano y me dijo que no me preocupara por él, ya que actuaba siempre así. Decidí visitar la Iglesia de Santa María del Camino, donde se gozaba de un fresquito muy agradable. Es del siglo XII. Está enclavada en uno de los cubos de la antigua muralla. Ha sufrido muchos avatares y ha quedado muy desfigurada su primitiva antigüedad. La portada es de compleja iconografía, amén del Pantocrator con Evangelistas y Apostolado. En su interior destaca la Virgen con el Niño del siglo XIII y un Cristo del XV.

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Los jóvenes escuchaban mis consideraciones, que atrajeron a otros visitantes. Oscar, que también nos acompañaba, decidió comprar en un super algo para comer; yo tenía tanta sed que lo único que compré fue otro Aquarius. Oscar me dijo que iba a comer en la Plaza bajo unas sombras muy majas. Le animé, si bien yo aún no había decidido qué hacer. Al final, volví a las Clarisas y me tumbé a dormir. Creo que lo necesitaba más que comer.

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A las 17’30 me levanté e hice mi visita histórico-artística. La Iglesia de Santiago, destruida durante la guerra de la Independencia, ofrece una extraordinaria fachada del siglo XII, joya del románico palentino. Visité las de Belén, San Andrés, San Julián, la ermita de la Vera Cruz y, por último, bajé hasta el Monasterio de San Zoilo. Goza éste de un claustro plateresco, obra maestra del Renacimiento castellano (siglos XVI/XVII). Hace poco se ha encontrado una entrada a la Iglesia, que es del XII. Una maravilla digna de contemplar de cerca y detenidamente. Nadie debiera pasar por Carrión sin admirar la belleza de San Zoilo. Al otro lado de la carretera existe una Calzada romana, inicio de la del Camino a Calzadilla.

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Como mañana, según me comentaron, sería una etapa muy dura por el intenso calor y aspereza del terreno, decidí subir de nuevo a la ciudad con la idea de comer algo y sobre todo de beber. Enterado de que en Santa María del Camino se celebraba Misa a las 18 horas, me acerque hasta allí. Como de costumbre, se rezó el Rosario y, a continuación, la celebración de la Eucaristía, muy íntima y clásica. Me recordó las vividas en mi adolescencia.

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Cerca de las Clarisas hay un bar. Allí encontré a Oscar con Mariví, su mujer. Me la presentó, hablamos bastante y me confirmaron que Oscar dejaba el Camino para volver con ella a Cabezón de Pisuerga, donde viven. Les deseé toda clase de dicha y les prometí que les tendría presentes en el abrazo al Apóstol. Nos despedimos con evidentes muestras de cariño.

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Oscar me pidió la postal de Villalcázar de Sirga con la disculpa de ponerme sus señas y en ella escribió: Es bonito encontrarse en el Camino personas tan honestas y profundas como tú. Ya me contarás tus experiencias hasta Santiago. Gracias por compartir tu persona conmigo. Oscar.

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Diario de JUANJO ALONSO, Agosto/ 1997

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8. Terminar lo empezado

Diario de mirada de agua

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FrómistaCarrión de los Condes
7 de octubre de 2004

El camino de hoy es un paseo muy agradable, el tiempo sigue siendo inmejorable, el sol y el cielo claro nos acompaña, no hace viento. Conmigo van Josep y Esther, a Josep me lo he encontrado en distintas paradas de tentempié a lo largo de casi todo el camino y fue ayer cuando hemos coincidido en el mismo albergue poniéndonos a hablar largo y tendido, bombero y artista, escultor excelente. Hoy es un día muy especial, José Luis quiere encontrarse conmigo en Carrión de los Condes, haré un alto en mi camino para cenar con él.

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Rocío, mi querida Rocío, lo sabe, y ha hecho lo posible para encontrarse conmigo antes de que yo viese a José Luis, en Carrión me buscó en los distintos albergues, quería darme una muestra de perfume.
-“Mi niña, unas gotitas de J’Adore y un poco de rimel para esos ojitos”
La señora María del albergue, donde iba a dejar mi mochila que recogería a la mañana siguiente, escuchó nuestra conversación y me dice toda dulce “te hará bien salir del Camino una noche, además es parte de tu vida…”.

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Carrión de los Condes

*Web: Carrión de los Condes

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José Luis llegó a las cinco de la tarde, estuvimos en la terraza de un café en la plaza de Carrión y luego en su coche nos fuimos a cenar a Palencia.


A la mañana siguiente emprendí de nuevo mi camino desde donde lo había dejado en Carrión de los Condes, con un brillo en los ojos, que no hacían más que recordármelo todos los compañeros y compañeras que me fui encontrando
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– Diario de GUADALUPE, Mirada de agua, Octubre/ 04 –

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Enlace a todos los artículos de esta temática:

en: EL CAMINO DE SANTIAGO (itinerario que sigue la ruta de las estrellas)

¿Dónde encontrar más historias e información? Diarios de Peregrinos

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EL DISCAPACITADO Y EL CAMINO

*ENLACE WEB: EL CAMINO DE SANTIAGO PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD

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(14) Etapa decimocuarta: CASTROJERIZ – FROMISTA (Camino Francés a Santiago)

EN PREPARACIÓN… DEjARÉ EN BREVE, POR EL MOMENTO, EL TEXTO INDICATIVO DE LA ETAPA, QUE CORRESPONDE A ‘LA GUÍA DE PEREGRINOS’ ESCRITA POR JOSE MARÍA ANGUITA JAÉN.

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ITERO DE LA VEGA, paisaje

*enlace: Itero de la Vega, paisaje

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* Tras Castrojeriz, asentado en la ladera sur del cerro, el teso de Mostelares, entre el valle del río Odrilla y la vega del Pisuerga, es el último páramo Burgales. El río Pisuerga da entrada a la provincia de Palencia, y con ella, a la Tierra de Campos, con sus inmensas llanuras.

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*enlace web: CAFÉ COKE, donde puedes estudiar esta etapa y sus correlaciones con las casillas del Juego de la Oca.

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Alfonso Biescas

16.03.04: Martes.

Hontanas-Boadilla del camino (414):

He dormido como un tronco. Es un placer encontrar un buen albergue, fresquito y practicamente vacío siendo Año Santo. Una gozada, un lujo. Hemos desayunado como hemos podido y nos hemos tirado al monte en una preciosa mañana.

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Tras el caminito pleno de florecillas viene una deliciosa y tranquila carretera comarcal que te lleva hasta las ruinas del convento de San Anton, tan interesante, con tantas leyendas a su alrededor, con un rosetón formado por cruces de Tau, su emblema.

Aquí curaban los monjes las lesiones del “Mal del Fuego”, una especie de lepra que aparecía en los países del norte de Europa por el cornezuelo del centeno. Al llegar los peregrinos a la península y comer pan de trigo, mejoraban y lo consideraban un milagro hasta que se descubrió la causa. Abandonado tras la desamortización de Mendizabal, vive sus peores momentos como parte de una granja. Dicen que se está haciendo un albergue en su interior. Ojalá sea así y dé esta función la dignidad que se merece tan santo e histórico lugar.

En Castrojeriz, las palomas daban la vuelta al campanario de la iglesia de Santa María una y otra vez, en una espiral interminable. Tras observarlas durante un buen rato las dejo a su aire, y nunca mejor dicho. Es año olímpico y se empieza a notar.

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Desde que hace sol y olemos tan mal, cada peregrino lleva un grupo de moscas que le acompaña allí a donde vaya. Un asco. Hay tratos y hay quien trata de pasar su grupo a otro por cualquier cosa. Pero la lealtad de las moscas es proverbial entre los caminantes. Una cruz.

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*enlace: La Taberna de Toño (kasiKraK)

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De parada obligada, “La Taberna” de Castrojeriz ofrece unos deliciosos desayunos. Amables y cariñosos reconfortan al caminante con buenas palabras y suculentos platos para lo que nos viene encima.

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La cuestecita tras el puente es dura, pero al meter una máquina para mejorarla, este año está impracticable. Con la tierra blanda, la sudada que te metes es de cuidado. Arriba hace fresco y hay que abrigarse. Luego llega el maravilloso valle ante el que es imposible no extasiarse.

Para mí, este es uno de los trozos más bonitos del Camino a su paso por Castilla.

Llegando a Itero del Camino uno nota los kilómetros. Es un buen momento para descansar un rato sentado a la vera del camino. Al menos por estas tierras no se da como en otras partes en las que la carretera nacional, la carretera comarcal, la pista forestal y el Camino fugan paralelas hacia el horizonte sin encontrarse jamás. No lo entiendo, me parece un exceso. Al final, cada uno va por donde Dios le da a entender. Quizá es que la mente te hace travesuras al pasar tanto tiempo solo, caminando con muy pocas y muy básicas preocupaciones. Pero quizá es que los humanos hemos perdido los papeles. O la seriedad.

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En Boadilla del Camino, hay un buen refugio privado. Esto permite acortar un poco esta etapa tan larga. Y la de mañana, tan sencilla y corta, queda más equilibrada. Así que tres de los cuatro que añoche dormimos en Hontanas hemos coincidido aquí. Relajados, con un maravilloso jardin y amables hospederos hemos descansado en la paz de la tranquilidad.

Diario de ALFONSO BIESCAS, Marzo/ 2004

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Juanjo Alonso Escalona logo de su diario

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Eran las 6’30; estaba amaneciendo. Me cargué la mochila y con el sombrero, el bordón y la medalla de Santiago en el pecho, salí al exterior. Resti me dijo que tenía el aspecto de un auténtico y veterano peregrino. Luigi, por su parte, me recomendó que fuera pendiente de las flechas amarillas, indicadoras del Camino. Nada más salir advertí en la pared de enfrente la primera de esas señales. Me paré para atarme mejor las botas y, estando en ello, me dio alcance otro peregrino, que también pernoctó en el Albergue. Nos presentamos. El se llamaba Oscar y también empezaba el Camino en Castrojeriz. Mientras nos dirigíamos a la primera prueba, la subida de Mostelares, 1.400 mts de continua ascensión, me hizo el comentario de que él sólo haría el trayecto hasta Carrión. Otro año vería de continuar hasta Santiago. Fuimos juntos hasta Frómista. Nació una sincera amistad.

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Coronado el alto de Mostelares, como a unos 3 kms encontramos la fuente del Piojo. En una pequeña plataforma había una mesa de piedra y unos bancos a la sombra de unos árboles, recientemente plantados; allí descansaban una parejita de jóvenes a quienes saludamos. El nombre de la fuente me dio pie para decir: seguro que el agua de esta fuente se sube a la cabeza. Al chico le hizo tanta gracia que se atragantó con el bocadillo que estaba comiendo. Aligerados de la mochila, bebimos agua hasta encharcarnos; estaba muy fresca y era muy fina. Entonces vi llegar a Luigi, que venía sofocado en busca mía. Me explicó que estuvo esperándome en el Albergue para venir de compañero conmigo, y además quería regalarme la Tau de San Francisco, porque yo era peregrino de verdad. Al decirle Resti que yo me había marchado, él apretó el paso para cumplir lo prometido. Le di un fuerte abrazo que le emocionó y los tres juntos reanudamos nuestro caminar.

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A poco más de un kilómetro apareció la Ermita de San Nicolás, del siglo XIII. Es hermosa la imagen de Santiago Peregrino que se venera en su interior. Allí se encontraba un pequeño grupo de italianos, enviados por su obispo de Peruggia, para atender tanto a los peregrinos como al mantenimiento y conservación de la ermita. Es preciosa. Aquí oí hablar de un peregrino alemán que hacía el Camino a caballo; le llamaban Freddi. Le fui viendo por el Camino hasta Astorga, donde perdí su rastro.

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Cruzando el Pisuerga hicimos de una tirada casi 11 kms, hasta Boadilla del Camino. El sol era muy fuerte y llegamos escasos de fuerzas y con mucha sed. A la entrada hay una noria manual, que, haciéndola girar, te recompensa con una riquísima agua fría. Bebimos y llenamos nuestras botellas para el resto de la etapa; aún quedaban 5 kms. y medio bajo un sol asfixiante.

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En Boadilla hice un breve recorrido para admirar el bellísimo Rollo jurisdicional de piedra, gótico de finales del siglo XV. La Iglesia parroquial, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora, posee un retablo renancentista con pinturas de Juan Villoldo (siglo XVI), rematado por un Calvario gótico del XIV. A Pedro de Flandes, Juan de Cambray y Mateo Lancrin se atribuye el retablo mayor realizado hacia el año 1548.

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Luigi se adelantó con otros más jóvenes. Oscar se detuvo porque se le habían comenzado a hacer ampollas en los pies; me quedé con él. Se cambió de calcetines y calzado y decidió continuar. Ahora andábamos más lentos; él me pidió que yo siguiera a mi ritmo, pero me negué. Poco a poco fuimos avanzando hasta llegar a la orilla del Canal de Castilla. La humedad y los mosquitos hicieron más penosos los 4 últimos Kms.

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Desfallecidos, agotada el agua de nuestras botellas, abotargados por el intenso calor, logramos llegar al Albergue de Frómista. Allí estaba Luigi, sus compañeros y otros para mí aún desconocidos, todos descalzos, tumbados por el suelo, sin resuello, para darnos la bienvenida. El Albergue estaba cerrado.

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Despojado de mi mochila me tumbé sobre un banco de madera. Las avispas zumbaban a nuestro alrededor. Me dieron de beber, cosa que agradecí con toda mi alma, ya que no me quedaban fuerzas ni para andar los diez metros que me separaban de la fuente de la Plaza.

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El Hospitalero llegó a las 14’45.
Tumbado sobre mi litera, estuve esperando turno para ducharme. Sólo había una ducha y éramos más de 30. Así que opté por visitar, una vez más, la joya románica de San Martín. Luigi me acompañó para escuchar mis comentarios, y visitamos también la de San Pedro. Unas jóvenes peregrinas me pidieron que les dejara seguir mis explicaciones, a lo que accedí con sumo gusto
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En la de San Pedro se celebraba Misa a las 18 horas y me quedé con Luigi y las chiquitas. El aspecto de Luigi inquietaba a unas señoras, que se encontraban detrás de nosotros. Sus comentarios se cortaron cuando vieron que también él se acercaba a comulgar. Salimos, y después de invitar a todos a unos refrescos, volví al Albergue. Logré ducharme pasadas las 7 de la tarde.

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Luigi y yo dimos un paseo y busqué una cabina para hablar con mis hijos. No pude contactar ni con Yago, ni con Juanjo. En nuestra casa tampoco había nadie; así que decidí llamar a casa de Rafa. Se puso su madre, simpatiquísima, a quien rogué que transmitiera a todos que me encontraba bien y que al día siguiente iría a Carrión.

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Buscamos un Mesón para cenar y lo hicimos en uno muy próximo a la carretera de Carrión.

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Diario de JUANJO ALONSO, Agosto/ 1997

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12. Una amatista

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Diario de mirada de agua

CastrojerizFrómista
6 de octubre de 2004

El amanecer es espectacular. El de hoy y el de estos últimos días también. Es uno de los placeres más importantes del día, de cada día para mí.

Sentir amanecer, sentir como llega la luz abriéndose paso entre distintos colores por todo el ancho cielo, que en esta tierra castellana, tan llana, se aprecia especialmente.

El fresco de la mañana, el comienzo del caminar, el sol acompañando, la vida despertando de la nocturnidad, con mi nueva compañera Rocío a risas nada más comenzamos el trayecto.

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Hospital de San Nicolás

*enlace: El Camino en Monumentos

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Paramos en Itero, en el hospital de peregrinos de San Nicolás. Está gestionado por una cofradía italiana, también es un sitio muy adecuado para pasar la noche, pero a nosotras no nos ha coincidido así. Muy amable el hospitalero italiano, nos invita a un tentempié compuesto por café y fruta.

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Estábamos preocupadas por el agua de los pozos de la zona, mis compañeras que iban dos etapas por delante de mí, estaban pasando serias dificultades, diarreas y gastroenteritis.

Hablándolo con el hospitalero nos dijo que el agua era potable, lo que sucedía era que con el cansancio acumulado muchos cuerpos no tenían las mismas resistencias a los distintos minerales, que cada organismo establecía un aviso para que se produjera el descanso adecuado.

Mis conocimientos médicos son escasos. Lógica, y primeros auxilios, todo lo más. Pero lo que si veníamos comprobando todos era que cualquier peregrino, de cualquier edad, condición física, objetivos previstos para este Camino, que nos encontramos desde Roncesvalles, más tarde o más temprano, por unas razones o por otras, su cuerpo le estaba indicando que se lo tomase con tranquilidad. Empezábamos a descubrir que sí, que el equilibrio entre mente, espíritu y cuerpo era muy esencial…

Cuidar la espiritualidad es muy necesaria, unos lo hacían a través de rezos y unión con Dios, otros a través de descanso mental. De alguna manera sientes y aprendes a escucharte y a estar en comunión con la naturaleza. Creo que esta es una de las razones por las que te engancha el Camino: sentirse en comunión, sentirse en paz contigo mismo, con los demás y con el espacio, todo fluye de una manera muy natural.

Una vez más me sucede, el hospitalero no hacía más que observarme atentamente y me dice: “tengo algo para tí”. Coloca en mi mano una piedra, una piedra semipreciosa de color violeta, una amatista.

Me dice que imprime confianza en la persona que la lleva, que tengo mucha valentía y fuerza para llegar hasta donde me encuentro, pero además necesito encontrar dentro de mí la confianza y la paciencia.

A Rocío le regaló un rosario.
Seguimos caminando en paz y muy contentas por encontrarnos en Itero con esta persona. Rocío un poco más adelante decide quedarse y no caminar más. En mi caso quise continuar hasta Frómista, el camino no se me hacía duro, y sabíamos que nos encontraríamos al día siguiente en Carrión de los Condes
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San Mart�n

*enlace: El Camino en Monumentos

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Llego a Frómista, satisfecha conmigo misma, algo cansada pero muy contenta. La iglesia de San Martín es preciosa, la tarde se presentaba con lluvia de tormenta, y pensé que soy una persona muy afortunada.

– Diario de GUADALUPE, Mirada de agua, Octubre/ 04 –

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13.

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Enlace a todos los artículos de esta temática:

en: EL CAMINO DE SANTIAGO (itinerario que sigue la Vía Láctea)

¿Dónde encontrar más historias e información? Diarios de Peregrinos

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EL DISCAPACITADO Y EL CAMINO

*ENLACE WEB: EL CAMINO DE SANTIAGO PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD

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